2 cosas: Primero, ¡por fin estoy avanzando en el fic de Jimmy Two Shoes! Ya tengo ideas para su conclusión, espero que en una forma satisfactoria. Segundo, me disculpo por publicarles este fragmento. Es solo una parte de los capítulos finales y es una versión muy preliminar. Según como avance, haré los cambios, bastantes según lo veo.

La razón de publicarlo es para tomarlo como una especie de recordatorio a mí mismo, que debo terminar la historia sí o sí. Así que, prometiendo lo ya dicho, espero disfruten este... bueno, lo que sea que lo quieran llamar.

EDIT: Vaya que me ha costado. Ya voy actualizando mi fic y espero terminarlo a fin de año. Ahora si lo puedo llamar un capítulo, lo renombré con el título actual, porque Secuestrados era solamente provisorio. Ahora sí, espero lo disfruten.


Heloise estaba muy rara, más de lo habitual. Se encontraba en el laboratorio de su casa, jugueteando con un rayo láser gigante controlado por pilotaje, únicamente para realizar un dibujo en uno de los muros. Nunca se había sentido tan feliz como ese momento, desde lo ocurrido hace 2 días, fantaseaba muy seguido con ese chico tan generoso y bonito, llamado Jimmy Two Shoes. Su imaginación se hizo muy fructífera, pero sin sentido. Aquella la llevaba a recrear escenas desde que Jimmy era su guardaespaldas y la tomaba en brazos mientras pateaba a sus enemigos; pasando por una escena al más puro estilo Bunny y Clyde, donde eran baleados sin piedad, pero que jamás se separaban a pesar de su lecho de muerte; hasta una escena muy animé, donde su amado era un súper guerrero y lanzaba un poder de su mano para destruir el planeta, mientras que la de traje carmesí era sostenida con el otro brazo.

Se mostró aún más satisfecha cuando vio su dibujo terminado, el cual era el rostro de Jimmy dentro de un corazón. Lo contempló durante mucho tiempo.

—Jimmy… —balbuceó Heloise— tenemos tanto en común: somos humanos… y eso es todo, creo. ¡Pero sé que podemos formar un lazo muy fuerte entre nosotros! Es por eso que no… puedes irte…

ΜΛΦΛΜ—

—Esa chica… —dijo Jimmy—. Luego de lo que pasó con su hermanito, inmediatamente deseé seguir su voluntad. Busqué siempre la forma de hacer feliz a la gente, de un modo u otro, a mi familia, amigos, desconocidos…

Aquel día, Jimmy le revelaba, a Heloise, la parte oculta en el fondo de su corazón.

»Pero por más que intenté, jamás pude volver a darle una sonrisa a mi antigua novia. No solo era el hecho de no superar la muerte, sino que, no sé cómo, temía verme… Ella misma me confesó que cuando me veía, veía a su hermanito. Sin embargo, lejos de alegrarse, sentía temblores en su cuerpo, le producían crisis de pánico cada vez más severas. Se sintió culpable por no haberle salvado la vida y sentía vergüenza al verme, porque creyó que yo había hecho más por él que ella. Traté de decirle que no era así, todos nosotros hicimos lo que estaba a nuestro alcance para ayudarlo.

»No pudo recuperarse. En cada visita, se sentía peor. Estuve noches pensando en lo mejor para ella, me daba vueltas la cabeza, pensando en la forma de devolver esa sonrisa tan hermosa que irradiaba en ella. La causa era una sola: yo. Creí que lo mejor para su felicidad era que yo desapareciese de su vista, al menos, por un tiempo.

»Sin embargo, el haberlo hecho, no hizo sino acrecentar el problema: hablé con ella y le dije que para quitarle el dolor, debíamos terminar nuestro noviazgo y darnos un tiempo, para descansar. No vi la gravedad de mi decisión en el instante, porque ella se limitó a sonreír. Luego de 2 días, me enteré que no dejaba de llorar, se lamentó porque se echó la culpa por haber terminado, lo tomó como que yo detestaba seguir con ella. No era así, yo quería seguir con ella. Me lamenté de mi error, por hacer lo mejor, empeoré las cosas. Me siento avergonzado, no buscaba otra cosa más que desaparecer de la vida de todos. Había decidido irme lo más lejos que pudiera, pero no quería dejar las cosas sin solución. Me dirigí directamente a su casa de mi exnovia para arreglar la situación, pero…

Un largo silencio se formó. Jimmy se mantuvo pensativo. Heloise, a quien el primero le contaba su historia, lo miró con cierta perplejidad y enunció:

—¿«Pero» qué?

Jimmy llevó lentamente su mirada en su amiga.

—Apareció aquella luz, la que me trajo a este mundo… ¿Cómo pude olvidarlo? ¡Heloise, necesito volver a mi mundo!

La niña de traje carmesí, aunque no del todo conmocionada por la historia de Jimmy, la tomó por sorpresa su petición.

—¿Volver, dices?

Jimmy agitó su cabeza de arriba abajo con rapidez, mostrando una sonrisa de entusiasmo. A Heloise no le agradaba la idea: no quería que la única persona que le hacía sentir emociones que desconocía tener hasta ese momento, se fuera para no volverla a ver. Quería decirle «Por favor, no te vayas, quiero tenerte a mi lado, Jimmy», por desgracia, su orgullo y reputación la impedían de hacerlo.

»He realizado… ciertos experimentos. He logrado viajar a través de otras dimensiones… pero es un proceso inestable y requiere muchísimo tiempo para transportarte con seguridad. Hablamos de meses, incluso, años.

Heloise podía construir una máquina interdimensional desde cero en unos 3 meses, pero le exageró a Jimmy el estimado por su discrepancia de llevarlo a casa.

—No quiero dejar las cosas como están ahora, soy alguien de compromiso y no puedo dejar la situación en el aire. Sé que es mucho pedirte, pero si pudieses lograrlo, te estaré eternamente agradecido.

Heloise sentía como sus mejillas se sonrojaban al tener a ese chico tan lindo, mirándola tan de cerca. Sacudió levemente su cabeza para controlarse, en tanto, el rubio no entendió el porqué de ese gesto.

—OK, Jimmy. Solo por ti, haré lo que esté a mi alcance.

ΜΛΦΛΜ—

La enana de traje carmesí y cola de caballo estuvo otro rato mirando fijamente su dibujo, cuando a lo lejos se escucha una voz muy familiar, la cual no había escuchado en buen tiempo:

—¿Heloise? ¿Dónde estás? Acabo de llegar.

Heloise se asustó que aquella persona viese ese dibujo tan revelador, así que cargó el rayo a su máxima potencia y disparó para borrarlo, dejando un agujero enorme en el muro. Segundos después apareció Dorkus, su asistente, por dicho agujero y sorprendido por aquella explosión. Se trataba de una especie de rata topo con pelo únicamente en su cabeza, de piel color blanco opaco, forma de bala con patas y un solo ojo protegido por un monóculo. Vestía traje formal, tenía orejas puntiagudas, dientes de ardilla y un peinado de cantante pop de los 70.

—¿Qué hiciste? —dijo éste— ¿Estás probando nuevo armamento?

—Ah… ¡Sí! —dijo Heloise con nerviosismo— ¡Un láser desintegrador! En su máxima potencia deshace lo que sea que pongas en frente… y funciona mejor de lo que creí.

—Ok… Volviendo al tema, me dijiste que había una urgencia, te robaron algo de gran valor, ¿me puedes decir al fin qué se trata específicamente?

—Fue mi reporte, el que registré mis más importantes proyectos.

Dorkus la miró un momento.

—Tu reporte… el que ocultas en una habitación secreta, protegida con sistemas de alta seguridad… ¿Fue robado?

—Sí. Burlaron los sistemas y no fui capaz de enterarme sino hasta que entré a la habitación a buscarlo.

—Son unos verdaderos suicidas y, conociéndote, debes tener en mente un castigo muy despiadado, como los que acostumbras hacer.

—No te preocupes, rata sabionda —dijo ésta haciendo una mueca de orgullo—. Recuperé mi reporte y los responsables supieron lo que es meterse conmigo, pero el juego aún no acaba. Ellos me trajeron el reporte a mis manos, pensaban acabarme y de paso, deshacerse de éste en el momento. Debo suponer que reprodujeron todo lo que anoté y ya no les servía. Así, puedo decir que hay más gente involucrada en esto, y tengo planeado destruirlos sin piedad.

—Y entonces… ¿Por dónde empezamos?

—Acompáñame.

En ese instante, se dirigieron rápidamente al laboratorio de Mysery Inc., donde unos 6 escoltas acompañaban a Schrödinger, el repli-cat secuestrado. Dorkus mostraba un rostro de extrañeza al ver a un antiguo enemigo cooperando.

Se formó una especie de interrogatorio, Schrödinger sentado en una mesa blanca, bajo una luz incandescente. En tanto, Heloise y Dorkus estaban en frente y de pie, preparados para obtener respuestas.

—Durante el tiempo en que no nos vimos, ¿Has recibido visitas aparte de las nuestras, gato?

—¡Claro que no!- exclamó Schrödinger, con su acento cantado –Aparte de tu no muy placentera aparición, hace 3 años que no he visto a ninguno de ustedes.

—Lo recuerdo —dijo Dorkus—, fue aquel día que te notificamos del exterminio de tu raza.

Heloise miró a su asistente un instante, Schrödinger no pareció inmutarse ante aquella frase.

—Y eso me extraña —acotó Heloise—. Supuestamente hemos acabado con todos, menos a ti. Pero estos días me encontré con unos cuantos repli-cats atacándonos, curiosamente son iguales entre sí, tal vez sean una familia numerosa o algo... y por lo visto me quieren a mí, a Beezy y a Jimmy.

—¿Beezy? —preguntó Schrödinger— ¿El hijo de Lucius Atroz VII?

Dorkus observaba las reacciones del gato enano, Heloise no le informó a detalle lo que ocurría, más allá de que su reporte fue robado y posteriormente recuperado, que fueron dos tipos vestidos de negro y uno era un repli-cat. No hizo mención del asunto de Beezy ni de Jimmy.

—Vaya que te sorprendiste —dijo Heloise con una mueca cínica.

—¿Por qué razón desconfías de mí? —Preguntó el gato con impotencia—. ¡Soy inocente!

—Aquí, la que hace las preguntas soy yo —dijo Heloise severamente. Luego levantó su mano e hizo un chasquido de dedos, 2 de los escoltas se acercaron y permanecieron detrás de Schrödinger, mientras otros 2 quedaron tras Heloise y Dorkus.

»Según lo que respondas, será lo que determine mis sospechas. En la última semana, ¿Dónde has estado?

—¿Dónde más? En mi mansión. No me he movido más lejos de ahí en los últimos años, más que para jugar golf en la piscina de lava.

—¿Has hablado con alguien más?

—¡Heloise, Ya te dije que no! Solo hablo con mi nana pulpo, el jardinero avestruz de 2 cabezas y ese cartero que me trae todos los meses el recordatorio que debo el impuesto de los últimos meses.

—Ok. Siguiente pregunta: ¿te gusta el color negro?

Tanto Dorkus, como los escoltas, miraron levemente a su jefa por su peculiar pregunta.

—Meh… Prefiero más el color gris —dijo Schrödinger, que lo tomo como una pregunta cualquiera—. Por eso preferí vestir de ese color a mis antiguos soldados.

—Heloise —dijo el asistente, sonriente—, ¿Le dijiste aquello porque el repri-cat y el zombi vestían de ese color?

La del traje carmesí lo miró y, con una leve mueca en sus labios, le asintió con su cabeza. Acto seguido, miró a su interrogado para continuar.

—Bien, en estos años, ¿no se te ha pasado por la mente, una idea de iniciar una venganza en mi contra o en la de Lucius?

Schrödinger miró con algo de nerviosismo a su captora.

—Je… Je… Pero… ¿de dónde has sacado esa idea tan absurda?

—Vamos, gato. Tu cara me dice otra cosa.

—¡No sé de qué hablas!

—¡Dilo!

—¡No!

—¡Dilo!

—¡Que no, no sé de qué hablas!

—Sé que quieres desahogarte. Si no eres culpable, como dices, te llevaré de nuevo a tu mansión, sin un rasguño. Pero esa pregunta la debes responder, con total sinceridad.

El gato enano antropomórfico miró con preocupación, en el fondo, Heloise tenía razón. Por otra parte, lo que diría podría traer consecuencias a futuro. Mas luego de pensarlo un poco, decidió hablar:

—No sabes cuánto deseo tengo de vengarme de ti o todos los que me derrocaron ese día. Fue la peor humillación que tuve en mi vida y como soldado, siento como me trago ese orgullo todos los días de mi vida. Pero nada puedo hacer, recuerden que me deshice de todos mis fieles soldados… con su ayuda… ¿Eso querías, Heloise?

La mencionada sonrió con un total descaro.

—Me sorprende tu valentía, gato. Era lo que necesitaba saber, ahora responde lo siguiente: ¿Cómo es que sabías que el otro tipo de negro era un zombi?

—Co… ¡¿Cómo?! —dijo Schrödinger, descolocado por aquella pregunta, en ningún momento mencionó algo como un zombi. Sin embargo…

»¿No respondes? Lo haré más fácil: ¿Cómo sabías que mi reporte estaba en una habitación secreta, si no le he contado de esto a nadie?

Schrödinger, con una expresión desentendida, no sabía que estaba pasando; para él, esas preguntas no tenían ningún sentido…

Pero para Dorkus, sí que lo tenían y era el inicio de un mal presagio para él. Éste dirigió lentamente la mirada a Heloise y ésta hizo lo propio, mostrando una risa sádica.

—Aun no respondes, Dorkus. Deja acomodarte.

Ésta apuntó a Dorkus con un par de dedos, acto seguido, los 2 escoltas lo sujetaron y llevaron su rostro a la mesa con violencia. Schrödinger se atemorizo de lo ocurrido, simplemente no entendía que estaba ocurriendo.

Dorkus cayó como un novato, Heloise jamás mencionó a un zombi y aunque sabía la existencia del reporte, nunca en la vida le fue mencionado donde lo ocultaba.

La rata blanca investigó mucho tiempo la casa, tenía la certeza de que no evadiría todos los sistemas de seguridad, pero tendría el tiempo suficiente para concretar sus planes, además de la confianza que depositaba en el «Sombrero de Mago». Pero todo empeoró con la llegada del chico interdimensional, alguien para lo que no estaban preparados y que tuvieron la desgracia de enterarse tarde, sumado al fracaso de su agente contratado.

El diario que tanto buscaba contiene memorias y proyectos pasados de los que no existe registro alguno en otra parte, pero que solamente se trataban de bosquejos poco detallados para llevar a cabo. Sin embargo, reconociendo el talento de Heloise para crear máquinas, sumado a los conocimientos técnicos que ésta poseía, no era dificultad alguna para Dorkus el recrear aquellos bosquejos con un éxito abrumador. Muestra de ello eran los bocetos de una maquina clonadora, de la cual la dueña jamás llevó a la práctica. Sin embargo, contenía cálculos y datos tan exactos que el asistente fotografió gran parte de esté sin que su jefa se diera cuenta, en un tiempo en que ésta lo usó durante una prueba de campo fuera de su casa. Creó la maquina a espaldas de Heloise con un 89% de efectividad y usó una muestra de pelo que le extrajo a un repli-cat durante el exterminio, detalle que Heloise tomó para sospechar de él; en tanto, la del zombi se lo proporcionó un viejo enemigo que sobrevivió a la lucha contra la «reina de la miseria», con el cual estaba cooperando para un plan a gran escala. Cuando sus clones robaron el reporte, copiaron todas y cada una de las páginas, para luego ir de lleno al proyecto que más les importaba: un portal interdimensional.

En ese pequeño instante se dio cuenta de todo: Heloise sospechaba de él, no había nadie más que la conociera tan bien en materia científica. Schrödinger no era más que una fachada para hacerle pensar que era su potencial culpable, aludiendo la aparición de un repli-cat en todo este asunto. Heloise lo mandó a llamar para tenerlo en sus garras desde un principio, esperando el menor indicio de culpabilidad para actuar. Repasó sus acciones y reflexionó que su error estuvo en actuar con exceso de confianza y desesperación cuando todo se salió de control.

Aun así…

—¡Está bien, está bien! ¡Me atrapaste! ¡Por favor suéltame, que me duele la cabeza!

—Déjenlo en pose de tortura medieval.

Los escoltas tomaron los diminutos pies de Dorkus, un pie por soldado, y lo mantuvieron de cabeza. La sangre le subía lentamente a su cabeza, era notoria su cambio de color a rojo.

»¿Para quién trabajas, Dorkus?

El asistente miró la indiferente expresión de la pequeña niña de traje carmesí, con incomodidad por mirar todo de cabeza.

—¿Qué te hace dudar que estás viendo a la mente maestra ahora mismo?

—Dorkus —dijo la malvada con una sonrisa de burla—, en todos estos años, no has tenido la capacidad de liderar un grupo de trabajo y, aunque la tuvieses, los escoltas de Molotov solo me obedecen a mí y a Lucius.

La rata blanca miró con ira a su jefa, odiaba el menosprecio que constantemente le mostraba.

»Te preguntaré una vez más: ¿Hay alguien más contigo?

—No deberías preocuparte por él —dijo Dorkus, gruñendo con total enfado—, sino por tu amigo Jimmy.

Heloise abrió levemente los ojos ante el extraño comentario. Inmediatamente, otro de los escoltas, con cierto temor de interrumpir a la reina de la miseria, apareció para entregar un mensaje de urgencia.

—¡Mil perdones por la interrupción, señorita!

Heloise lo miró con ira.

—¿Qué quieres? Estábamos por comenzar la parte divertida.

—¡Es una urgencia! ¡Es… es sobre el señor Beezy y también de Jimmy Two Shoes!

El nombre del rubio fue suficiente para llamar su atención. Se posicionó en frente del mensajero para escuchar.

ΜΛΦΛΜ—

Instantes atrás, Jimmy, junto a Cerbee y Beezy, estaban compartiendo en la casa que Heloise le entregó la noche en que se conocieron. Si bien, aún estaba en un deplorable estado, producto de que nadie la habitaba, Jimmy puso sus humildes retoques: ordenó un poco y levantó un florero, con una planta carnívora muerta, en la mesa de centro en donde tenía apoyados sus pies, junto a su gran amigo rojo. El hijo del gobernador absoluto de Myseryville le trajo un antiguo televisor a tubo y una consola de videojuegos antigua.

Ambos estaban probando los muchos videojuegos que Beezy poseía, el demonio rojo gigante era un verdadero amante de la tecnología, las animaciones, los superhéroes y todo lo considerado cultura geek, gustos que, afortunadamente, también compartía Jimmy. El humano rubio se maravillaba con los nuevos videojuegos, en ese instante, estaba jugando uno llamado NASU(*), uno de los tesoros más personales de Beezy, que cuidaba celosamente pero que gracias a la amistad que había nacido entre los 2, sentía la suficiente confianza como para dejarlo tomar el control.

—Es uno de los juegos más raros que he tenido. No tengo idea de quien lo creó o de donde proviene en realidad. Recuerdo que ordenaba mi estante y repentinamente apareció, como si nada.

—¡Guau! —dijo maravillado Jimmy—. ¡Es algo así como un juego misterioso! Si no fuera tan difícil…

—Tienes razón. Por más tiempo que lo haya jugado, nunca paso de los 300 puntos.

Cerbee, quién descansaba plácidamente en la sucia alfombra de la casa, sintió un sonido extraño, imperceptible para su dueño y su amigo. Se levantó con energía y rápidamente salió al patio para ver cuál era la causa. Afuera, habían unos cuantos escoltas de Lucius, vigilando al chico por orden expresa de Heloise, pero no eran los causantes del particular ruido que se acrecentaba. Cuando prestó mayor atención, enfocó su mirada hacia arriba, y notó unos objetos en el cielo. Eran 6 puntos que caían a alta velocidad. En la caída, comprobó que eran esferas metálicas, con franjas que abarcaban toda su mitad, las que tenían sensores de proximidad integrados.

Abruptamente, las esferas se detuvieron a un par de metros en el aire. Los escoltas miraron con susto, solo en ese momento se dieron cuenta de la presencia de esas cosas metálicas, en cuanto a Cerbee, no sentía agrado y se acercó a una para destruirla. En cosa de segundos, los extraños artefactos abrieron un vástago sobre sus cabezas y en cosa de segundos, provocaron un destello de luz altamente cegador. Los escoltas que vigilaban quedaron inmediatamente cegados por ese potente resplandor, incluso Cerbee no soportó ese sorpresivo ataque, sumando la cercanía de los aparatos, cuyo efecto duró unos cuantos segundos e, inmediatamente, cayeron al suelo, volviéndose chatarra inservible. Jimmy y Beezy, en el momento, tuvieron la mala suerte de mirar a través de las ventanas e igualmente recibieron directamente el destello, quedando inmediatamente ciegos por unos instantes.

—¡Ah, no puedo ver nada! —gritó Beezy con desesperación.

—¡Tampoco yo! —exclamó Jimmy —¿Qué fue eso?

Cerbee sintió otros sonidos, si bien no podía distinguir nada por su ceguera temporal, hizo un esfuerzo enorme para intuir que se trataban de unas figuras voladoras. Estuvo cerca de acertar: eran 6 robots voladores, de un brillante color blanco y de tipo humanoide solo de la cintura hacia arriba, porque de abajo solo eran propulsores de ionización de aire por electromagnetismo, es decir, con electricidad se magnetizaba el aire para alterar sus propiedades y permitirles desplazarse en él a entera voluntad. Estos sostenían, en sus manos mecánicas, unos raros cristales azules. El perro de un solo ojo hizo todo lo posible por usar sus otros sentidos con tal de detener su avance, pero sin su vista, le era difícil ser siquiera un obstáculo a considerar. Escuchó como los robots pasaron muy cerca de él y el último trató de saltar para al menos, deshacerse de uno. Lamentablemente, su imprecisión solo le permitió acercarse a poco menos de un metro de uno de los robots, quedando muy enfadado por lidiar con su limitación.

Tanto Jimmy como Beezy se frotaron reiteradamente sus ojos, en un inútil intento de recobrar su visión. El rubio abrió sus ojos, pero solo podía distinguir luces y sombras difuminadas, aunque sí pudo notar unas presencias que se le acercaban cautelosamente. 3 de los robots rodearon a Jimmy y usaron sus cristales, los cuales emitieron un suave destello azul y lo dirigieron al ser interdimensional. Éste comenzó a flotar en el aire sin entender el porqué, siendo incapaz de mover su cuerpo. Acto seguido, los robots pusieron los cristales en sus pechos, desarmaron sus brazos y, con sus piezas expandidas, comenzaron a acoplarlas entre sí para evitar soltarse, formando una especie de triangulo alrededor de Jimmy.

Beezy estaba recobrando su vista, pudiendo ver borrosamente las figuras. Miró a todos lados y pudo distinguir a su mejor amigo siendo capturado.

—¡JIMMY! —gritó.

Los 3 robots restantes se dirigieron hacia Beezy y también lo paralizaron con sus cristales. Repitieron la misma operación que con Jimmy.

Cerbee, guiado por el grito del hijo Atroz, corrió torpe, pero rápidamente a la casa. También su vista estaba volviendo a la normalidad, pudiendo entrar. Sin embargo, los robots ya estaban tomando impulso para despegar y en el momento de que llegase el perro de un solo ojo, ya habían despegado. En un último esfuerzo, saltó con toda su fuerza para al menos, destruir a uno de los robots, pero apenas le fue capaz de hacer un rasguño, ensartando levemente sus garras en su estructura metálica. Cayó sobre sus patas al suelo, resignado de perder a su dueño Jimmy, la mejor persona que había conocido en toda su vida, también a Beezy.

Su rabia por no poderlo salvar, se convirtió inmediatamente por una tristeza agobiante por sentir que no lo volvería a ver. Inmediatamente miró al cielo, en un soñador intento de dar con su amigo secuestrado, pero nada. Lo dominó una ira incontrolable por sentirse un inútil. En cuanto a los sorprendidos escoltas, se sintieron igual de frustrados por no haber cumplido a cabalidad con la misión encomendada de proteger al ser interdimensional.


NOTAS

*NASU es un videojuego (o minijuego) presente en Yume Nikki. Como curiosidad, está basado en un proverbio japonés conocido como «Hatsuyume».