Instantes atrás, Heloise hablaba con Dorkus, a quien lo tenía esposado con un instrumento medieval para apretar los pulgares de las manos y encadenado de los pies hacia una de las esquinas. Estaban dentro de uno de los convoyes, sostenido por los robots de combate, por lo que estaban flotando en el interior. Molotov ya se sentía molesto de no poder caminar como siempre, mientras que Heloise ya se sentía familiarizada con la falta de gravedad.
—Y entonces… ¿Qué quiere hacer el doctor Sehnsucht con el portal?
Heloise miraba con frialdad a quien fuera su asistente. Dorkus se sentía muy intimidado, nadie la conocía de mejor forma que él y sabía la peligrosidad de la «reina de la miseria», sobre todo cuando la traicionaban.
—¡No…! ¡No lo sé, Heloise!
—¿En serio? Le entregaste mi bitácora, sabiendo a la perfección que quería los planos de mi mayor proyecto y, en todo el tiempo que colaboraste con él, ¿no le preguntaste siquiera para qué lo quiere usar?
Dorkus sintió como el frío sudor recorría encima de su único ojo con monóculo. Sabía que su jefa tenía esa aura oscura que la había representado en sus más cruentas batallas y estaba muy seguro que, al más mínimo error, sería historia.
»Vaya que me gustaría trabajar con ese nivel de confianza, Dorkus.
—¡En serio no lo sé, Heloise! ¡No tengo la respuesta!
—¿Para qué insistes? No ganas nada con ocultarlo. Ya escuchaste al doctor Sehnsucht, dejó en claro que no confiaba en ti. Si te acercas a él, lo más seguro es que acabe contigo.
—Te conozco, Heloise…. —dijo la criatura blanca, con voz temblorosa—. Cuando esto termine, también acabarás conmigo.
—En lo que respecta a tu situación…
Heloise se acercó de forma intimidante a centímetros de su asistente traidor, con una mirada más fría y sicótica. Dorkus sintió temblar su cuerpo ante el gesto y suspiró hacia adentro con toda sonoridad, como si hubiese aparecido un fantasma en frente de él.
»… No tienes opciones. Solo te estoy ofreciendo la alternativa menos dañina para ti.
Molotov también sentía cierta intimidación ante su superiora, pero su condición de militar y guerrero le otorgaba la experiencia para mantenerse en calma en situaciones de peligro. En su mente tuvo una loca idea sobre la situación: Heloise solía mostrar una sonrisa cínica o una mirada indiferente para torturar o intimidar. Pero no había visto en ella esa mirada de ira contenida, haciendo todo lo posible para no desatarla. Eso le hizo reflexionar que, en el fondo, la chica de traje carmesí se sentía dolida de la traición, sobre todo de parte de alguien en quien más confiaba.
»De todas formas, si no hacemos algo —dijo mientras se alejaba, volviendo a su mirada indiferente—, el portal nos absorberá cuando esté a toda su capacidad. Si para entonces, no se ha definido el destino, quedaremos atrapados en un limbo por resto de nuestras vidas. Así que te haré una pregunta menos complicada: ¿Cuáles son las mejores rutas para ingresar a la torre del doctor?
Dorkus se calmó del temor y respondió:
—Pe… pero Heloise, ¿Cómo vas a ingresar por el campo de fuerza?
La diminuta hizo una mueca con sus labios, porque consideraba esa pregunta como una con obvia respuesta.
—Nunca me dejas de sorprender, rata sabionda. Tengo al candidato perfecto, que también me trae algo para lidiar con el problema de gravedad.
Un sonido extraño se escuchó. Heloise salió del convoy y mostró una sonrisa. Vio un reconocible levantamiento de polvo, a decenas de metros de altura. Lo que lo provocaba no era otro que Cerbee, quien venía con toda rapidez para ayudar a su dueño. Traía en su hocico una enorme bolsa limpia de basura, el cual contenía, entre otras cosas, un par de cascos con sistema antigravitatorio y un par de antenas con base imantada de un metro de altura, que cumplían similar función que los cascos, con la facultad de mantener la gravedad a unos 50 metros a la redonda.
El perro de un solo ojo se paró en la compuerta en donde estaba la enana. La última fue a recibir su encargo.
—Muy bien. Entrégamelo.
Sin siquiera esperarlo, Cerbee mostró sus caninos a la de traje carmesí. El odio que sentía por ella no había desaparecido.
»Ah… —Heloise llevó un par de dedos de su mano derecha y los apoyó en el agujero de su oído de igual lado—. Sammy, ¿estás en zona segura?... Bien, necesito que persuadas a Cerbee,
Molotov y Dorkus les costó un poco deducir que Heloise tenía un intercomunicador al interior de su oído y no pudieron escuchar la conversación que sostuvo con el asistente del gobernador absoluto. Únicamente ella y Cerbee pudieron, porque el perro también llevaba un intercomunicador en su oreja izquierda.
—¿Ya está contigo? —dijo la gárgola de color verde.
—Sí. Pero ya sabes: estoy arriesgando mi integridad al tenerlo cerca.
Cuando Heloise usó su notebook, lo hizo para dar indicaciones a los escoltas de las instalaciones de Mysery Inc. para preparar los artefactos traídos por Cerbee. En cuanto al último, fue Sammy quien le pidió llevárselos, luego que la pequeña se lo pidiera. Sabía los problemas en los que se metería si se comunicaban ambos cara a cara, era un descaro —hasta para ella— el hacerlo luego de las múltiples torturas a las que fue sometido.
—Está bien. Cerbee, escucha: recuerda que Heloise comanda el rescate de Jimmy y Beezy. Si no la apoyamos, no solo los perderemos, sino que será nuestro fin.
El pequeño can aún no se calmaba del todo, pero al menos, escupió la bolsa con desgana y mucha saliva, la cual cayó en manos de su enemiga.
—Mira, pedazo de basura viviente —dijo Heloise a Cerbee, tratando de no pensar en la baba en sus manos—: sé que quieres acabar conmigo y ya tendrás tu momento de hacerlo. Pero tenemos una razón para trabajar juntos y esa es rescatar a Jimmy.
El perro fue tranquilizándose paulatinamente.
»Solo tú me puedes ayudar. Te diré qué hacer e irás acompañado por alguien de confianza.
Luego de estar en gran calma, Cerbee miró directo a los ojos de Heloise y, sintiendo que no tenía más opciones, asintió en forma discreta.
—ΜΛΦΛΜ—
Entonces Cerbee hizo lo suyo. Tomó un fuerte impulso, dejando su reconocible estela de polvo, gracias al casco antigravitacional que Heloise le proporcionó para no flotar y perder equilibrio. No se sentía complicado en su acercamiento porque no había nada que lo detuviese. Solo vio a los escoltas de Lucius que aun flotaban, momentos antes que la de traje carmesí activara sus antenas. Ya unos metros del campo de fuerza de la torre, lo único que hizo fue buscar la parte más blanda del suelo, lo cual fue verdadero desafío, porque descubrió que bajó toda la arena tenían las estructuras metálicas que protegen todo.
—¡Oye-oye! ¡¿Qué vas a hacer?!
Cerbee se detuvo y miró a la criatura que tenía amarrada a su espalda. La «persona de confianza» que lo acompañaba no era otro más que Dorkus, quien fue amarrado con cinta de embalaje por Heloise, para indicarle ciertos puntos de ingreso a la torre. Para evitar algún intento de traición, la de traje carmesí le inyectó un nano-robot detrás de su oreja derecha, con la facultad de monitorear, mediante ultrasonido, su alrededor. Además, enviaba electroshocks cortos, pero muy potentes, cuando presionaba un botón en su control remoto.
Cerbee, con expresión desdeñosa, apuntó con su pata la dirección a la que se dirigía, de acuerdo a lo que la criatura blanca de un solo ojo había dicho.
»Sí, está bien. Pero no hay forma alguna de atravesar este poderoso campo de fuerza. Solo podemos pasar por debajo, pero las estructuras metálicas por debajo no nos permitirán excavar.
Cerbee golpeó un par de veces el piso, el cual le provocó una risa a su compañero, mas su mueca se esfumó al notar que iba en serio. A final de cuentas, lo de la estructura era apenas una molestia, porque el perro gris de un ojo tenía la suficiente fuerza para destruir el metal, escavando lo como si fuese lodo un poco más seco. Dicho y hecho, Cerbee fue escarbando, haciendo un enorme agujero durante minutos, pasando por todo el grueso metal que protegía la base de la torre. Sólo tenía que mover sus patas y, un poco, sus enormes colmillos para ir despejando el camino. En cuanto a Dorkus, éste trataba de acuclillarse lo más que le permitían sus fuertes amarras, de los pies hasta antes de su ojo, por temor a ser dañado por los trozos de metal. Una vez concretado, ambos pudieron entrar al primer piso, Cerbee se contentó por ingresar y poder ver a su dueño pronto, en tanto, Dorkus estaba tembloroso por el temor —mas salió ileso.
Pero el escándalo que generaron —el fuerte ruido de la excavación en el metal— no pasó desapercibido. Los primeros guardias clones habían llegado, eran 20, quienes se fijaron en el extraño sonido y vinieron preparados con artilugios de ataque. Entonces, Cerbee no esperó tiempo y los atacó en cosa de segundos, dejando el camino despejado.
—¡No hagas esas maniobras tan peligrosas! —exclamó Dorkus, asustado por ver su vida en riesgo.
Cerbee no hizo caso y avanzó hasta encontrar unas escaleras. El can miró a Dorkus.
—¿Quieres saber si debes avanzar por ahí? Pues… No, busca otra ruta.
Mientras el can iba por otro lado, Dorkus quedó pensativo y exclamó:
»¡No! ¡Sí debes ir por las escaleras, me confundí!
Cerbee se detuvo y se devolvió para subir.
»Pensándolo bien, no subas, busca otra ruta.
Cerbee lo miró con molestia. En un breve instante, la criatura blanca sintió un flujo de energía que recorrió su cuerpo y le hizo temblar sus músculos en ese lapso. Adolorido, Dorkus recordó el nano-robot que Heloise le puso.
—Decídete, inútil —dijo Heloise, por intercomunicador.
—¡Auch, está bien!... sube las escaleras... Es una desgraciada.
Dorkus recibió una nueva descarga breve.
—Recuerda que te estoy escuchando.
—¡Au! ¡Lo sé! ¡Lo sé!
En el siguiente nivel, se encontró con un nuevo grupo de robots y clones, volviendo a repetir su hazaña; en niveles posteriores aumentaba la cantidad de clones, pero no eran mayor problema para el can de un solo ojo. Después de todo el esfuerzo, llegó al nivel en donde vio a su dueño y al mejor amigo del primero, en peligro de ser atacados por la esfera cegadora que lanzaron en casa de Jimmy. Más el can fue lo suficientemente rápido para recordar las gafas de sol que Heloise les proporcionó, por lo que se puso un monóculo oscuro y le puso otro a la rata blanca amarrada a su cuerpo, el cual no había visto el panorama y no entendió de inmediato que ocurría. Antes de que se activara el dispositivo, el can se lanzó sobre Jimmy y Beezy y les puso los lentes a tiempo. Luego a atacar a los clones y los robots, por fin vio cara a cara a Jimmy, quien también se mostró contento.
—¡Cerbee!... ¿Qué es esa cosa detrás de tu espalda?
—Me llamo Dorkus —dijo el aludido, con molestia— y soy asistente de Heloise.
—Te conozco —dijo Beezy—, siempre te veo holgazaneando en un asiento con rueditas.
—Eh… Je je je… —dijo la criatura blanca, ocultando su vergüenza— oye, ¿por qué no les das los cascos antigravitacionales?
El perro obedeció, pero luego de entregárselos, Cerbee los vio tan divertidos flotando que no se le ocurrió mejor cosa que buscar un cordel para amarrarse al cuello. Luego de mirar un instante, la única cosa que podía ocupar como tal era alguno de los cables dejados por los robots destruidos. Tiró con sus mandíbulas uno y lo ató a su collar, para que el par lo sujetara y se mantuviesen flotando, mientras él iba recorriendo la torre.
—¡GUIIIIII! —gritó Jimmy, cuando Cerbee iba en movimiento.
—¡Qué divertido! —Gritó Beezy.
—¿En serio Heloise utiliza tantos recursos para rescatar a estos 2? —dijo Dorkus en voz baja, lo cual fue oído por Cerbee y lo castigó deteniéndose y revolcándose en el suelo, sabiendo que estaba en su espalda— ¡Au! ¡Au! ¡Está bien, está bien! ¡No hablaré mal de nuevo! ¡Detente!
Dorkus recibió una nueva descarga eléctrica.
—¡Auch! ¡Ya había aprendido la lección!
—Sí —dijo Heloise—. Era para estar segura.
El perro sonrió y continuó. El plan para Heloise era la desactivación el campo de fuerza. Sin embargo, en caso de no lograrlo, crearía una ruta alternativa, lo suficientemente buena como para que las tropas de Lucius se infiltrasen y atacasen con fiereza.
—ΜΛΦΛΜ —
En el convoy, Heloise monitoreaba el sistema ultrasonido instalado el Dorkus. Gracias a las antenas traídas por Cerbee, los escoltas podían mantener los pies sobre la tierra, sin sentir las alteraciones del portal.
—Todo va según el plan —dijo Molotov.
Sin embargo, la última se mantuvo pensativa.
—Sí… demasiado.
Heloise esperaba una defensa más férrea en contra de sus infiltrados, tratándose de alguien tan peligroso como el doctor Sehnsucht. Buscaba la forma de desorganizar sus tropas y llevar a sus escoltas a su victoria. Pero el sistema, que escaneaba toda la estructura de la torre, le hizo descubrir algo muy oscuro, lo que le provocó una expresión de sorpresa.
—¡Heloise! —exclamó el doctor Sehnsucht, a través de sus múltiples parlantes.
—Así que quieres hablar… —dijo Heloise, para sí misma.
La de traje carmesí salió del convoy y tomó el micrófono para comunicarse con él.
—¿Qué pasa, Heloise? ¿Acaso mi campo de fuerza es demasiado para ti? ¿Te abrumó mi portal interdimensional?
—Tu campo no es la gran cosa… —dijo la enana malvada, con expresión indiferente— y recuerda que yo diseñé el 85 por ciento de las bases para construirlo, así que es prácticamente mío.
El doctor chaparro de cabello abultado agradecía no tener cámaras para revelarse a sus enemigos, porque estaba apretando sus dientes con ira por el sarcasmo de la enana de cabello con cola de caballo. Pero luego de un instante, se calmó y sonrió con mucha dificultad.
—Supongo te has preguntado por qué razón he activado el portal a su baja capacidad.
Heloise miró curiosa hacia la torre, Molotov vio preocupado su sorpresiva mirada.
»No escucho respuesta… lo tomaré como un «sí». Lo que me encanta de ejecutar un plan es la paciencia que le dedico para su éxito…
—¿Podrías ir al grano? —dijo Heloise—. Vas a matar a mis tropas del aburrimiento.
—Y en eso nos diferenciamos, maldita enana del demonio.
Heloise sonrió ante el exabrupto de su enemigo, sabía que podía aprovechar su falta de control.
»Lo siento, ¿en qué iba?... Bueno, estoy a la espera de una señal.
En tanto, en el interior de la torre, Cerbee corría con mucha rapidez, siempre venciendo a los robots y los clones que trataban de enfrentarlos, soltando su collar para mantener flotando a Jimmy y Beezy unos segundos y luego volviendo a ponérselo cuando «limpiaba» el sector. Su objetivo final era llegar al cuarto de control y desactivar el campo.
—¿Y se puede saber cuál es esa señal?
—No lo sé, Heloise. Tú me darás esa señal.
Heloise frunció el ceño, incrédula de las palabras del doctor.
»O mejor dicho, tus ratas dentro de mi torre me la darán.
La maligna niña súper genio alejó el micrófono de sus labios:
—Esperaba a Cerbee —dijo para sí misma—, se lo entregué tal como quería, el muy desgraciado…
—Antes que la señal llegue, ¿quieres saber cómo pienso usar el portal?... Claro que quieres saberlo. Todos aquí en Myseryville sabemos la reputación que tienes por tus acciones pasadas, ya es un hecho que los humanos son considerados peligrosos y que debemos tener cuidado con ellos. Eso quedó demostrado con la entrada de tu amigo, el humano interdimensional. Entonces, ¿por qué no traer más humanos que trabajen para mí y crear el mayor ejército que haya existido en la historia?
Heloise entrecerró los ojos mientras fruncía el ceño.
»Cientos, miles de tu especie, viniendo a someter a las criaturas de todo este planeta. Pero no quiero arriesgarme por eso: sabiendo lo bien preparados que son ustedes los humanos, preparé mi torre con un arsenal que los puede destruir. Mi misión es conquistar ese planeta y esclavizarlos a todos, así tendré un ejército personal para destruir cualquier planeta, cualquier fuerza militar que exista y por eso, una vez que tu mascota llegue, no sólo mi torre se elevará para ingresar, sino que liberará a las mayores creaciones de mi maestro.
Cerbee y los demás habían llegado a una puerta metálica, se dispuso a destruirla con sus dientes, doblándola como una lata de sardinas. Lo que nadie se percató fue que un par de clones esperaba en el interior, apretaron un botón y electrocutaron al perro con el sistema instalado en la puerta. De paso, también electrocutaron a Dorkus, desactivando los sistemas de rastreo incorporados en él. Fue todo tan rápido, que ni Jimmy ni Beezy se percataron cuando uno de ellos tomó las cuerdas que sostenían y los llevó a ambos a la sala.
—¿Qué sucede? —se preguntó Jimmy.
—Es el momento —dijo uno de los clones.
Aquel clon apretó un botón en un teclado encima de un mueble metálico. Con ello, produjo un aumento enorme en el poder del portal en el cielo. Al doctor Sehnsucht le provocó un exagerado estiramiento de sus comisuras:
—Esa es la señal…
—ΜΛΦΛΜ—
Había iniciado el verdadero calvario para Heloise y sus escuadrones: el portal había aumentado su potencia a niveles insostenibles, por lo que toda cosa que ya permanecía flotando por sus efectos era arrastrado por el portal. De hecho, los soldados de Lucius —con el aludido y Sammy—, quienes pilotaban el derribado Myserycarrier, huyeron tan lejos de la zona de conflicto, que salvaron de ser arrastrados por el torrente. No obstante, miraron atrás y notaban como la gravedad se aligeraba a kilómetros, por lo que muchas cosas en las cercanías de la torre estaba flotando sin una aparente explicación. La torre finalmente empezó a elevarse de su posición, provocando movimientos en el suelo, los cuales eran imperceptibles para quienes permanecían flotando. Ya en una altura considerable, la torre demostraba aún más características de la que parecía: era una especie de nave espacial, cuya parte baja contenía una infinidad de compuertas que podían liberar de todo, desde soldados robots, hasta armas de ataque y algunos eran usados como propulsores. Sin embargo, el momento de peligro para Heloise y todos sus aliados, comenzó en el momento en que aparecieron unos enormes robots desde las profundidades. Salieron a tal velocidad que apenas pudieron distinguirlos. Ya en el cielo, pudieron distinguir que se trataban de enormes robots con forma de serpiente, 11 en total, de color blanco y con forma de vagones unidos con esferas enormes. La parte del inicio tenía cabeza de serpiente y se movían en el cielo como si estuviera nadando en el mar, aprovechando la falta de gravedad que el portal producía.
—¡Este es tu final, Heloise! —gritó el doctor por el parlante— ¡Tuyo y de todos tus lacayos! ¡Gracias a mis robots, a los que llamé White Snakes!
Estás creaciones habían sido, en principio, planeada por el maestro del profesor Sehnsucht, un doctor llamado Taxidorn, pero perfeccionado por su alumno. Estas eran las armas más letales que podrían crearse, muestra de su poder se había revelado en el preciso momento de su salida, cuando entre las compuertas de sus vagones unidos, comenzaron a aparecer armas en todas partes. Se tratan de cañones láser que disparaban a toda direcciones, siempre en forma perpendicular al físico de los vagones que componían estas serpientes y además estos rodaban por la unión circular, lo que podían hacer giros de 360 grados, de forma que disparasen en toda la direcciones posibles. Las armas de los robots serpientes iniciaron sus disparos a los soldados de Heloise, los cuales fueron efectivos y devastadores.
—¡Maldita sea! —exclamó Heloise. —¿Cómo los detengo? ¿Qué será de Jimmy y los demás?
En ese momento, escuchó un sonido en su oído, proveniente de su intercomunicador interno. Llevó un par de dedos para activarlo.
—¡¿Qué diablos quieren?! ¡¿No ven que estoy ocupada?!
—Heloise, soy yo, Sammy.
—Lo sé, qué bien que llames en un momento tan oportuno. Si estás con Lucius, aprovecha de decirle ¡que es un completo idiota por haber desperdiciado semejante armamento, que necesito más que nunca!
—Te llamábamos porque creemos que el Myserycarrier aún puede ser útil.
—¿Sí? ¿Y qué utilidad tendría todavía ese montón de chatarra? ¿Los misiles que se controlan con la computadora destruida de la nave? ¿Los láseres que también requieren de la computadora interna para maniobrarlas? ¿Los dispositivos de autodestrucción para casos de…?
Heloise tuvo un pensamiento muy particular. Miró los restos del Myserycarrier, el cual, por su enorme peso, apenas estaba a unos centímetros del suelo y apenas se elevaba. En ello, vio en frente a Schrödinger, completamente solo y una inquietante mirada de duda.
»… Emergencia…
—ΜΛΦΛΜ—
La torre avanzaba con lentitud, los White Snakes arrasaban con todo lo que tenían cerca y los escoltas de Lucius no podían hacer nada más que huir a partes más seguras. El doctor Sehnsucht sentía la victoria en sus manos al atravesar el portal. Sin embargo, una voz se escuchó por altavoz:
—¡Doctor Sehnsucht!
El doctor no resistió la curiosidad de mirar por las cámaras lo que ocurría abajo. No pudo creer lo que las pantallas le mostraban: Era Heloise, con un arma láser en su sien derecha y su cuello sostenido por un peludo antebrazo. El responsable no era más que el antiguo general de los extintos repli-cats, Schrödinger. Tanto Molotov, como sus soldados, miraban con preocupación a su jefa, impotentes de hacer algo para protegerla. El doctor lo reconoció de inmediato, pero vio que estaban en peores condiciones que en sus mejores días.
—¿Schrödinger? ¿Qué haces en este sitio?
—¡Heloise me trajo contra mi voluntad! —dijo el gato—. ¡No sé la razón, pero estoy seguro que piensa acabar conmigo cuando todo termine! ¡Y no lo pienso permitir!
Sehnsucht habló por su intercomunicador a sus clones, dando la instrucción de detener el avance de la torre, manteniéndose en la altura en la que quedó mediante la manipulación de la gravedad interna. En la sala de control —donde se encontraban capturados Jimmy, Beezy, Cerbee y Dorkus—, los clones se dirigieron a un tablero de control que vio el rubio, accionaron unos botones y detuvieron el avance según las indicaciones recibidas. También desactivaron a los White Snakes, quienes se mantuvieron en posición de ataque.
El doctor se mantuvo en expectativa y dijo:
—¿Qué piensas hacer con ella?
—¡Destruirla! ¡Pero pienso mejor entregártela a ti, con la condición de mantenerme en un lugar seguro para mi jubilación!
Pasaron varios minutos en espera de la respuesta, pero vieron como un dron bajó desde la torre hasta llegar frente al arriesgado felino y su víctima. El dispositivo abrió una pantalla, mostrando al doctor cara a cara.
—Heloise… ¡¿Crees que soy un estúpido!? ¡¿Quieres que crea que la reina de la miseria está en peligro en frente de mis ojos, cuando ha salido milagrosamente de situaciones más que extremas?! ¡¿Esperas que me trague el hecho que una miserable criatura te esté amenazando con una pistola de juguete, en comparación a mis más temibles inventos, los que destruiste a tu antojo?! Lo siento, no soy tan iluso.
Luego de terminar de hablar, Heloise puso una mueca que denotaba cinismo. Mirando a Schrödinger, levanto su mano derecha a modo de indicarle que la soltara. El último, mirando con extrañeza, obedeció y, entregando la pistola a Molotov, se ganó detrás de la enana malvada.
—Ya no eres tan ingenuo como antes —dijo Heloise—, en verdad, creí que caerías igual que otras veces. Pero todavía estoy segura que tu propio error nos dará la victoria.
—¿Tú crees? ¿Y cuál sería ese supuesto error que cometeré, Heloise?
La chica de traje carmesí sonrió.
—El hacernos ganar tiempo con tus distracciones.
Antes de que el doctor pudiese siquiera reaccionar, la de traje carmesí puso sus 2 dedos en su oído y susurró «ahora», mientras las tropas huían de sus posiciones. A lo lejos, Sammy, sosteniendo un radiotransmisor y habiendo escuchado a la malvada niña genio, le levantó su pulgar arriba a su señor Lucius.
—Era lo que quería —dijo el demonio rojo sonriente, para luego levantar un pequeño control y apretar un botón.
El botón presionado por Lucius activó un mecanismo de autodestrucción de las 2 mitades del Myserycarrier. Las explosiones se sintieron como una lluvia de piedras que golpeaban el suelo a alta velocidad. Tanto Heloise como Schrödinger, bajaron a su zona segura en el convoy al momento de la explosión. El doctor no hallaba claridad en ese ataque, porque estaba a una distancia considerable en el cielo. Sin embargo, al sentir los primeros escombros metálicos golpeando su base, se preocupó de sobremanera: por la falta de gravedad, las partes destruidas e incendiadas de la nave alcanzaban una mayor altura, por lo que podían golpear sin problema a la torre del doctor Sehnsucht. Lo peor era que la parte baja no estaba protegida por la barrera de luz. Cada uno de los golpes en la base provocaba perturbaciones en el interior.
—¡Maldición! —dijo el doctor—. ¡Activen a los White Snakes, ahora!
En tanto, en la sala de control, las sacudidas por los golpes no se hicieron esperar. Los clones no podían mantenerse quietos, por lo que debían fijarse entre observar a los 4 polizones y ver el sistema de control. Al no poder sostenerlos ni sostenerse a sí mismos, Jimmy y Beezy podían andar libres.
—Creo que desactivaré el casco —dijo Jimmy.
Haciendo caso, Beezy también desactivó su casco, lo cual les mantuvo en el aire sin sentir los temblores. En tanto, tanto Cerbee como Dorkus estaban recuperando la conciencia.
—¿Qué esperan? —se escuchó la voz del doctor por altavoces en la sala— ¡Enciendan a los White Snake!
Jimmy, viendo como los clones no eran capaces de moverse por el movimiento, apeló a su buena voluntad y fue al tablero de botones, donde vio cuando desactivaron a los robots serpiente. Fue flotando hasta allá ante las miradas de impotencia de sus captores y al quedar en posición para operarlas, se vio confundido.
—Eh… Oiga —le dijo hacia un clon repli-cat—, ¿cuál es el botón para prender a los robots?
Todos los que estaban dentro de la sala miraban incrédulos al ser interdimensional por su aparente ingenuidad. El clon al que Jimmy le dirigió la palabra quiso aprovecharse de la situación.
—Bueno… Debes presionar el botón que está…
—¡Este! —dijo Jimmy sin dejar terminar al clon y, de paso, presionarlo.
—¡Eh-No! ¡Ese botón no!
Jimmy se sintió mal, pero no se había percatado que el botón presionado desactivaba el campo fuerza que protegía toda la nave. Al notarlo, el doctor Sehnsucht dijo exaltado:
—¿Qué rayos ocurre?
Sus palabras fueron escuchadas tanto en el interior de la torre voladora como en el exterior, debido a que estuvo cerca del micrófono sin percatarse. Ese fue un sonido agradable para Heloise, porque se dio cuenta en un abrir y cerrar de ojos que esto se encontraba fuera de los planes. Tomó el megáfono y gritó a Molotov y a los escoltas en condiciones de pelear:
—¡Es el momento! ¡Disparen a discreción!
Los soldados tomaron sus armas y dieron con todo a la estructura y los inmóviles White Snakes. Los daños se hacían cada vez más evidentes, el doctor parecía preocupado. En tanto, en la sala, uno de los clones zombi tuvo la idea de desactivar su cinturón antigravitacional y así ir flotando al tablero en donde se encontraba Jimmy.
—¡Quítate! —le dijo a Jimmy, mientras lo empujaba con la mano posada en su hombro.
Presionó el botón que activó de nueva cuenta a los White Snake. Comenzaron a moverse y, al notar las ráfagas de disparos enemigos provenientes de todas partes, algunos se apegaron a la torre para iniciar maniobras de defensa a falta del escudo, mientras el resto se replegaba para contener lo mejor posible la amenaza.
—Señor —dijo Jimmy al clon que lo empujó—, por favor, déjeme activar de nuevo el botón que presioné.
—¿Qué haces?
Para no haber rencores entre él y sus captores, el humano rubio decidió presionar el botón para reactivar el campo de energía. Lo que no se había percatado era que al activarlo, provocó que los White Snakes que estaban como escudo fuesen rebanados por el campo, de la misma forma que lo hizo con el Myserycarrier. Al ver a parte de sus mejores creaciones caer como costales de chatarra inservible, el doctor Sehnsucht comenzó a maldecir palabras en el idioma alemán. Todo mientras Heloise mostraba una sicótica sonrisa de oreja a oreja.
En cuanto a Jimmy, miró con nerviosismo la situación.
—Eh je je je… ¡Ups! —dijo, mientras apretaba el botón que desactivaba la barrera.
Como si no hubiese sido obvio, los clones fijaron su mirada hacia el ser interdimensional con toda su ira, sacando sus armas para el ataque.
—¡Maldito!
Pero antes de atacarlo, uno de los clones fue mordido por Cerbee, el cual lo lanzó lejos con su hocico.
—¡Cerbee, estás bien!
El perro solo se demoró un par de minutos en deshacerse de todos los clones, Mientras Dorkus —liberado por los clones para encadenarlo— y Beezy solo miraban, alegres de no tener que hacer trabajo sucio.
—Se siente muy bien estar desamarrado —dijo Dorkus, una vez acabado el peligro.
—Así es —dijo Beezy—. Ahora te volveré a amarrar.
—¿Qué?
Beezy tomó a Dorkus como si se tratara de un peluche y lo ganó de nuevo en la espalda de Cerbee. Tomó los restos de cinta de embalaje dejado por los clones y lo pasó por toda la parte baja del cuerpo de la rata blanca de un solo ojo. Quedó tan apretado y firme como si la cinta hubiese sido nueva.
»Nota personal: no volveré a traicionar de nuevo.
Los 4 estaban libres de los clones, así que se dispusieron a subir en medio del desastre.
El doctor, exaltado por completo, vio como el portal perdía estabilidad. Al notar su desventaja, sobre todo viendo como los White Snakes eran derribados uno a uno y siendo arrastrados por la gravedad del portal, usó su carta final. Tenía un control con el que presionó un botón y produjo que la punta de la torre, en donde se hallaba, se desprendiera del resto de la estructura y usase sus propios propulsores para dirigirse al portal. Configuró los datos del anillo para que, cuando pudiese atravesar el portal, este dejara de funcionar y provocase que la gravedad volviese a su estado normal, haciendo que caiga todo lo que había arrastrado durante su funcionamiento.
Todos en la superficie habían notado el desprendimiento de la punta, en especial, Heloise.
—¡Maldición! ¿Cómo lo alcanzaré en tan poco tiempo?
En tanto, el doctor dijo para sí mismo:
—Puede que no avance con todo mi armamento, pero no importa. Llevo los suficientes implementos para conquistarlo todo con mis propios medios. Cuando los humanos estén a mi voluntad, los traeré de vuelta y acabaré con la maldita de Heloise, de una vez por todas.
Cuando los 4 intrusos llegaron a la cima, vieron que la parte desprendida de la torre llevaba muchos metros de altura.
—Logró escapar —dijo Dorkus.
—Bueno, hicimos lo mejor que pudimos —dijo Beezy—. Ahora, ¿quién quiere almorzar?
Sin embargo, Cerbee miraba fijamente la nave. En un instante tuvo una gran idea, la cual le ladró a sus otros compañeros con mucha energía.
—No es tan descabellado lo que dices… —dijo Dorkus—, pero no creo que funcione…
El perro de un solo ojo interrumpió al enano y apagó su casco antigravitacional y el de Jimmy, ambos quedaron flotando sobre Beezy y éste los sostuvo.
—Haré lo que dices, pero siento muchas dudas sobre esto.
El demonio gigante se puso de rodillas, mientras el perro puso una de sus patas sobre el botón que desactivaba el casco. Cerbee comenzó a contar d y, en la última cifra, Beezy dio un brinco, al mismo tiempo que su casco era apagado por el perro. Esa acción les hizo ganar una altura considerable.
—¡Sí, Cerbee! —Exclamó Jimmy—. ¡Tenías razón!
La idea de Cerbee era usar la alteración de la gravedad provocada por el portal, usando el salto de Beezy para alcanzar la mayor distancia posible. Todos estaban felices del resultado. No obstante, la nave iba a una velocidad considerable, lo que volvía a ensanchar la brecha entre ambos.
—Era muy bueno para ser verdad —dijo Dorkus con una evidente resignación.
En tanto, Beezy tuvo una idea en medio de la adrenalina.
—¡Lo tengo!
Dorkus lo miró extrañado, pero no tuvo momento para reflexionar porque el demonio rojo los tomó a los 3 y, tomando impulso con sus brazos tras su espalda, los lanzó para ganar más velocidad.
»¡Buena suerte!
Mientras veían como Beezy quedaba atrás flotando, Jimmy y los demás vieron como se acercaban aún más rápido a la nave.
—¡Guau, Beezy es un genio! —expresó Jimmy.
Sin embargo, a unos metros de llegar, notaron como perdían velocidad. Dorkus se resignó de nueva cuenta.
—Al final todo el esfuerzo fue inútil.
Cerbee no pensaba rendirse, quería llegar como sea. Pero no encontraba forma de llegar. Solo pensó en la única solución posible, aunque sin saber cómo lograría detenerlo. El perro se apegó a Jimmy y abrió su hocico, absorbiendo a su dueño hasta la mitad del cuerpo.
—Cerbee, ¿Qué haces? —preguntó Jimmy, dentro de su hocico.
—Eso mismo te pregunto —dijo Dorkus.
Usó su nariz para llenar sus pulmones de aire, para hacer la suficiente presión para lanzar al rubio hacia la nave del doctor Sehnsucht. Jimmy fue a toda velocidad, esparciendo la baba que le dejo su monstruo mascota.
—¡AAAAAAAAAAAAA!
—No lo puedo creer —dijo Dorkus—, ¡está llegando!
Mediante un binocular, Sammy pudo distinguir a Jimmy llegando a la punta de la torre.
—Señor Lucius —dijo—, Jimmy está alcanzando la nave.
—¿Jimmy? ¿Y qué hará él contra el doctor? Estamos perdidos.
—Confío que todo saldrá bien.
En cuanto a Heloise, estaba tan ocupada en su ataque que no tenía su binocular en mano. Por ello es que apenas pudo distinguir la punta de la torre llegar al portal y un punto indistinguible acercándose a la primera. Llevó sus dedos a su oreja:
—¿Qué ocurre, Dorkus?
—¡Heloise! Tratamos de perseguir la nave que se desprendió de la torre porque ahí va el doctor Sehnsucht. Pero no pudimos llegar todos, así que no nos quedó de otra que lanzar a Jimmy para que lo alcanzase. Ahora estamos flotando en el cielo.
—¿A Jimmy?
—Oye, no me culpes, culpa a Cerbee, que a él se le ocurrió lanzarlo.
Heloise se sintió preocupada, No podía encontrar una forma en la que el amable chico interdimensional hiciese algo en contra de tan peligroso adversario. Temía lo peor.
Respecto a Jimmy, el impulso fue tan fuerte, que el rubio chocó de cara contra la estructura. No fue dolor lo que sintió, sino una molestia en su rojiza nariz. Miró a todos lados la posición en la que estaba, una sonrisa le nació, un sentimiento de nostalgia brotó en él porque le había recordado el día en que cayó inexplicablemente del cielo, cuando llegó en su primer día a Myseryville. La única diferencia era la cantidad de metal que flotaba en el cielo, sobre todo a los White Snakes inoperativos y destruidos. Tenía la sensación de que uno de ellos se acercaría y chocaría con la nave, pero desvió su atención para escalar la punta de la torre. Hacerlo no le costó nada por la poca gravedad. Cuando llegó a la cima y se paró —lo cual no necesitó su casco por la velocidad a la que iba—, vio de frente la pistola láser del doctor Sehnsucht.
—¿Creías que me detendrías tú solo, humano? —dijo el doctor—. He notado que eres un chico amable, ¿Por qué no abandonas tu intención de detenerme y vamos juntos a tu mundo? Cuando atravesemos el portal, este cerrará de inmediato y solo yo tendré el control para abrirlo de nuevo.
Jimmy estaba nervioso porque sabía que el doctor no era alguien amable, pero sentía la suficiente valentía y tranquilidad para mantenerse firme, aún con el arma que el último sostenía. Estuvo largo tiempo levantando su cabeza, mirando el portal abierto, que lo iba a llevar en cualquier momento hace su hogar, pero eso también significaría que el doctor ingresase y provocase todo tipo de desastres en su mundo. Jimmy fijó su mirada en la del doctor, emitiendo una sonrisa.
—Tengo razones para ser amable con las personas y esa razón se encuentra en el mundo que usted quiere ir. No me molestaría que entrara y lo conociera, es un maravilloso lugar. Pero sus intenciones me fuerzan a negarme y pensar en una forma de detenerlo.
—Qué inocente eres, niño. ¿Crees que con esas palabras vas a convencerme de cambiar mi forma de pensar? ¿Piensas que dejaría a un lado mi plan de conquista?
—Me gustaría de todo corazón que se ocurriera, pero sé que no puedo.
Sehnsucht mostró una sonrisa de victoria y Jimmy, una de resignación.
»Por eso mi intención es hacer lo posible para impedir su ingreso. Usted dijo que una vez atravesemos el portal, esta máquina se cerraría de inmediato, ¿cierto?
—Exacto, pero en tu posición, niño, ¿qué harías para salir de tu situación?
—Bueno señor, sabiendo que no puedo hacer nada en contra de usted…
Jimmy fijó su mirada en algo atrás del doctor.
»… Sólo me dispongo a hablar para hacer tiempo.
—¿Disculpa?
—Me refiero a hablar lo suficiente para qué el robot que está detrás de usted choque con esta nave.
—¡¿Qué?!
En ese momento, los restos de un White Snake se acercaban peligrosamente a la posición en donde el doctor y Jimmy se encontraban. Venía con tanta fuerza que terminó por chocar la estructura, doblándola a tal punto que desvió el curso de la nave y levantó al doctor en el aire. Jimmy aprovechó para lanzarse sobre él, quitarle su pistola para lanzarla lejos y quitarle la máquina en sus manos.
—¡Mi máquina! —gritó el doctor.
Con sus pies, Jimmy empujó al doctor Sehnsucht hacia lo lejos, en donde no tenía posibilidad de estabilizarse en el aire y poder perseguirlo. También lanzó la máquina en sus manos lo más lejos que pudo. Lo que no se percató Jimmy, fue que el empujón al doctor hizo impulsarlo hacia el portal. Miró directo, en aquel momento sus pensamientos afloraron en un cúmulo de confusión. Por un lado, sabía que debía volver a su hogar, arreglar los temas que dejó pendientes con su novia, con su familia y con todos a quienes conocía en su mundo. Pero por otra parte, abandonaría un mundo increíble, un mundo de criaturas grotescas, espeluznantes, pero que tuvo la valentía de aceptarlos, le gustaba ser tolerante con todos y sintió que era como visitar un país con costumbres muy distintas, lo cual le sirvió para desenvolverse en aquel nuevo mundo, al adaptarse en cierta forma y a sentirse a gusto, cómo uno más dentro de una casa.
Cuando vio cada vez más cerca la luz del portal, cerró los ojos. Heloise vio como lo atravesaba, también Sammy y Lucius. Beezy, Cerbee y Dorkus miraron con pena.
En ese entonces, el anillo se apagó por completo y la luz desvaneció casi en totalidad. El anillo perdió toda la fuerza que tenía para mantenerse en el aire y empezó a caer debido al abrupto cierre del portal. Todo volvió a su gravedad normal y todo lo que se mantuvo en el aire, escombros, soldados, clones, robots y la torre misma, fueron cayendo con fuerza hasta el suelo, como si se tratase de una lluvia torrencial. Schrödinger, espantado por la escena, decidió huir lo más lejos que pudo, desapareciendo entre la lluvia de metal y piedra.
En ese momento, los 3 acompañantes de Jimmy se asustaron al notar como caían peligrosamente. Beezy estaba encendiendo y apagando su casco, sin lograr nada.
—¡Ah! ¡Esta cosa se descompuso!
—¡No se descompuso! ¡Los cascos estaban calibrados para funcionar con la gravedad del portal! ¡Desátame y lo configuraré para salvarnos todos!
Beezy tomó a Cerbee y le quitó la cinta de embalaje a su alrededor. Dorkus fue directo al casco del demonio rojo y presionó botones con tal de reducir la gravedad en ellos.
»¡Sujétense todos con fuerza!
Dorkus presionó el último botón y el cuerpo de Beezy se aligeró, habían disminuido su velocidad, como si usaran un paracaídas.
—Eso es más razonable —dijo Beezy, con más tranquilidad.
Mientras veían como el resto de los escombros y el enorme anillo caían, ellos se mantuvieron en el aire por varios minutos, hasta que al llegar al suelo, Beezy cayó de cara y se arrastró unos cuantos metros, mientras Cerbee y Dorkus permanecieron atrás.
—¡Au! Estoy bien…
Tiempo después, cuando el enorme anillo metálico y todos los escombros en el cielo cayeron por completo, Heloise y su ejército, escondidos en zonas seguras para evitar los daños, salieron para contemplar el resultado de su batalla. Lo único que la malvada enana de traje carmesí atinó a hacer, fue mirar hacia el cielo. Era el punto en donde Jimmy atravesó el portal, sabía que no tenía sentido alguno mirar arriba, pero en ese breve instante ya sentía nostalgia por volverlo a ver. Más se sintió sorprendida al ver un extraño destello de luz de colores.
—El portal aún no ha cerrado. Es un residuo, pero…
Sin embargo, luego de unos rápidos cálculos mentales, pronosticó que no permanecería abierto por mucho tiempo, lo que quitaba toda esperanza de ver una vez más a su querido chico de las estrellas. Heloise era capaz de crear un portal, pero no conocía las coordenadas para llegar al mundo del chico rubio. Así que pensó en lo único que podía hacer en aquél momento: deshacerse de todo y todos que intentaron destruirla. Acabaría con el doctor Sehnsucht y sus clones para terminar con el ciclo y volver a su vida normal —y monótona—, en espera que otro evento fuera de lugar ocurriese y la maravillase de la misma forma que cuando conoció a Jimmy Two Shoes.
