Digimonnomeperteneceyescriboestahistoriasinfinesdelucro.
Atravesada entre los párpados
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
Eduardo Galeano
Por los primeros 500 posts de nuestro topic Sorato. Inspirado en June JK.
Rutina
A Sora le cuesta levantarse. El despertador de Yamato suena temprano, a las seis. No necesita levantarse tan temprano, muchos días. Pero algunos hábitos tardan en morir.
Él apaga el despertador antes de abrir los ojos. Gira hacia su izquierda y abraza a su esposa pelirroja por la cintura; ella duerme mirando hacia la izquierda. Una mano bajo la almohada, el cuello ligeramente orientado hacia abajo y la cola echada hacia atrás, como si esperase que Yamato se mueva hasta ella, a las seis de la mañana, para abrazarse y pegarse a su cuerpo.
La forma en que se asientan sus cuerpos es perfecta. Él pasa un brazo bajo su cuello y ella se endereza, inserta sus cabellos en la curva de su cuello y respira sonoramente, una vez. Yamato sabe que Sora, medianamente, está despierta. Pero no se mueve hasta media hora más tarde, a veces más, cuando él amaga con levantarse. Gira sobre sí misma y atraviesa un brazo sobre el pecho de su marido, marcando territorio. No quiere que se vaya.
Pero él, luego de muchos besos y algunas cosquillas mal recibidas, se levanta. Ella lo encuentra para el desayuno, una vez que Yamato ya se bañó y afeitó.
Sora no tiene muchas rutinas de belleza, pero Yamato las conoce a todas. Comienza a peinar su corta cabellera por el lado izquierdo, con un cepillo de cerdas de jabalí que está siempre lleno de cabellos pelirrojos. Le gusta estar cerca de Sora cuando se cepilla, porque el ambiente se llena de olor a coco y orquídeas. Usan el mismo shampoo, y Yamato no sabe por qué en el pelo de ella huele mucho más rico.
El cepillado se realiza en silencio, en cepilladas cortas y princesas y con un rostro neutral. Sora sigue dormida.
Se sienta en el tocador mientras él elige su corbata del día. Sora usa tres cremas en el rostro: Yamato sabe que la última es un protector solar, porque no le permite salir de la casa sin embadurnarlo antes. Es pegajoso y el olor lo persigue todo el día.
Pero ella solo huele a coco y orquídeas.
El set de maquillajes de Sora es bastante modesto. Yamato no sabe sus nombres, pero reconoce que utiliza algo para emparejar el tono de piel y luego se cubre las ojeras. Un polvo rosa que se pasa con un pincel peludo, bien ancho; y a continuación, lo observa por el espejo. Siempre lo encuentra mirándola y Sora nunca deja de sorprenderse. Abre sus ojos y la boca al mismo tiempo, un poquito. Detiene el pincel a medio camino, casi tocando su nariz, mientras su otra mano abandona su intento de encontrar algo en el neceser.
Yamato se sonroja y, molesto por haber sido atrapado in fraganti, vuelve la vista al frente y elige a desgano una corbata del montón. Cuando intenta ponérsela ella ya está junto a él, sonriendo.
Sora ya despertó.
—El bordó no combina con tus ojos —le dice, o algo similar. El desenlace es, siempre, que ella le elija otra corbata y se la anude en el cuello.
Yamato es bastante más alto que Sora, sobre todo tan temprano en la mañana, cuando Sora aún no se calzó los tacos. La observa desde arriba mientras sus pequeñas manos trabajan en su cuello.
Cuando Sora se concentra, su rostro expresa seriedad. Yamato sabe que, si la encuentra diseñando con una sonrisa, todo lo realizado en ese rato acabará en el tacho de reciclaje. Cuando Sora sonríe, es porque está pensando en otras cosas. Y cuando le anuda la corbata, Yamato piensa que está pensando en que él debe lucir correcto para tener un gran día.
Sora seria es muy graciosa. Él puede ver sus pestañas rizadas y pelirrojas muy quietas, casi como si no parpadeara. Las comisuras de su nariz tiemblan y las puntas de sus cabellos parecen flotar mientras se balancean a los lados al ritmo de sus micromovimientos.
Yamato no la deja terminar, a veces. Se inclina sobre ella y la besa en el pómulo izquierdo. Ella intenta terminar el nudo, pero no lo logra antes de que él apoye su rostro en el hombro de Sora. Se deja besar, se relaja y lo abraza por la cintura. Yamato sabe que Sora sonríe, mientras él se embarra en sus cabellos pelirrojos.
Coco y orquídea.
—¿Qué estabas mirando, recién? —pregunta, mientras termina su propio maquillaje minimalista.
—Eres muy hermosa —quiere decirle él.
—El sol parece más claro cuando brilla sobre tus cabellos –le quiere decir otros días, o:
—Me gusta más el pomo amarillo que usas en tus pestañas. El azul las pegotea y a mí me gusta contar tus trescientas veintidós pestañas.
Pero siempre contesta algo como:
—Parece que hoy no va a llover.
O:
—¿Compro mayonesa?
¿Sabrá Sora que en su cabello el coco y la orquídea huelen a los mejores recuerdos de su marido? ¿Sabrá que siempre duda antes de vaciar la tercera cucharada de azúcar en su té, y que su mano tiembla antes de verterla? ¿Y que siempre despierta con una mano cerca de sus labios, resabio de cuando de pequeña se dormía con el pulgar en la boca? ¿Y qué sus hijos siempre querían que ella leyera los cuentos porque los cuenta con el cuerpo y no solo con la voz?
Yamato ama que se enjabone antes de lavarse el cabello. Que desayune el arroz antes de endulzar el té. Que elija cada día la exacta corbata que él, de verdad, quería vestir. Que cante en la ducha y que mendigue minutos entre las sábanas.
¿Sabrá Sora todo esto?
¿Y sabrá Sora que Yamato sabe todo esto?
Notas: ¡Felices primeros 500 posts! Bien, ya estamos llegando a los 600, pero vamos muy rápido, honestamente. Para esta viñeta me inspiré en la respuesta de June a una pregunta que era algo como "¿Quién sabe más datos inútiles del otro?", y ese es Yamato. Las mejores ideas son de ella. Las menos originales son mías.
Espero que les guste, a todas, y le recuerdo a cualquier fan sorato que esté dando vueltas por allí que es bienvenido al Proyecto 1-8.
