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Atravesada entre los párpados


No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

Eduardo Galeano


Para Cassandra Lilith Mircalla, por tu cumpleaños


Como caballero sin andante armadura

Yamato hincó la rodilla en el piso, como todo un caballero. Se levantó el flequillo e intentó ubicarlo detrás de su oreja, no como caballero sino como todo un cómodo. Alzó la vista, enfocó en Sora esos tremendos ojos azules, oscuros como la noche y transparentes como los vidrios. A ella le temblaron las piernas, y casi se arrodilla también. Yamato entonces, el caballero Yamato, sin andante armadura ni brillante caballo, seguro como una gelatina y templado como el invierno, estiró los brazos, preparó la voz, y la alzó:

―Sora Takenouchi, ¡cásate conmigo! ―exclamó, caballero, tembleque y brillante, en el medio del patio de la escuela.

Sora no se desmayó, eso no era muy Takenouchi. Tampoco alzó la mano hacia la frente ni lloró, ni se apretó el corazón ni le gritó a los cuatro puntos cardinales que «este es el día más feliz de mi vida». Nada de eso, porque nada de eso era muy Takenouchi. Sí era muy Tachikawa: ella se desplomó en el piso, se apretó con una mano el corazón y con la otra la frente, lagrimeó y exclamó que:

―¡Este es el día más feliz de tu vida! ―imperativamente, por las dudas que a Sora se le escapara notarlo.

No, Sora no reaccionó de esa manera. Ella, luego del primer momento de confusión, de hacerse gelatina y de buscar la cámara oculta ―¿qué novio se declaraba a los dieciséis años en el patio de la escuela?—, respiró hondo, se puso en los zapatos de princesa que su andante caballero sin brillante caballo quería otorgarle, y preguntó:

―Yamato, ¿es que estás loco?

Mimí lloró: el sueño de su vida hecho pedazos. Hizo escándalo, se paró, gritó, la acusó de romperle el corazón. Tuvieron que llevarla aparte algunos de los curiosos observadores, porque se iba a tirar sobre Sora a arrancarle los cabellos por mala, ¡y se iba a tirar! El resto de los observadores se quedó: no todos los días se rompía la pareja que más corazones rompió en la escuela.

―Estoy loco, ¡loco de amor por ti! ―exclamó el caballero sacado de una telenovela latinoamericana.

Se irguió, sacudió el polvo de su pantalón. La verdad es que no le había ofrecido ningún anillo, porque no lo tenía. Había sido una propuesta bastante casera, normalita. Improvisada dirían las malas voces, y ese día estaba lleno de malas voces.

―Ay, Yamato ―protestó, molesta.

―Esta Sora no se enternece por nada ―hubiera dicho Mimí, pero no estaba porque se la habían llevado al baño a calmarla porque Sora le había roto el corazón al negarse a casarse con Yamato.

―Sora ―volvió a exclamar con elocuencia, ya de pie―. No permitiré que cargues a nuestro hijo tu sola. ¡Yo me haré cargo! ¡Te amo! ¡Te amo como el sol cuando amanece ama al cielo al que amanece y los pájaros al amanecer aman al sol que los amanece que yo no amo porque me amanecen! ―expresó, con elocuencia de caballero andante.

―¡Que elocuente! ―exclamaron los observadores no maliciosos, antes de murmurar con locura por el hecho de que Yamato hubiera dejado embarazada a Sora, a Sora de todas las chicas de la escuela.

Algunos murmuraban con locura desde el principio; muchos de los observadores no estaban para nada interesados en la capaz capacidad de Yamato Ishida de unir palabras en forma bonita con otras: él era músico, algo de eso debía tener.

No, para nada. Ahí importaba que Yamato Ishida y Sora Takenouchi ya no eran vírgenes, y de ahora en adelante se encargarían de que lo supiera hasta Mimí que seguro no lo sabía y ahí sí que le arrancaría los pelos a Takenouchi (Takenouchi no era muy querida, que digamos. Muy linda, muy deportista, muy buena, muy interesante, muy de novia con el chico más lindo de la tierra).

―Yamato ―murmuró, cuando se le pasaron todos los colores del rostro: los colores de la vergüenza, de la pena, de la bronca, de la trágame tierra, hasta de la ternura con su caballeroso novio―, yo no estoy embarazada. ―Hubiera agregado que no lo estaba porque «aún soy virgen, tonto», pero sabía que no hubiera valido la pena. Nadie le hubiera creído, habría hecho quedar muy mal a Yamato y no quería hacerlo pasar por la vergüenza que ella estaba pasando.

―¡No me mientas! ―exclamó el caballero―. Sé honesta, sé sincera, seré claro: ¡no me arruinarás el futuro, ni me separarás de mi familia, ni me ocasionarás ningún mal!

―Guau, ¡que elocuente! ―murmuraban.

―Sora Takenouchi, eres el amor de mi vida. ¡El único amor de mi vida! ―exclamó, con una mano en el corazón―. Me casaré contigo aunque no lo desees.

Sora levantó una ceja antes de contestar. Yamato claramente estaba muy metido en un personaje y por eso no prestaba atención a las tonterías que decía.

―Está bien, Yamato. Tal vez algún día lo querré ―contestó, con paciencia―. Pero hoy no, porque no estoy embarazada, y no me interesa discutir como lo sé frente a toda la escuela.

Yamato enrojeció, él y Sora nunca hablaban de esas cosas.

―¡Pero Sora!

―Yamato, ¡no! ―exclamó, con firmeza y fiereza.

―¡Pero le dijiste a Taichi que estabas embarazada y que por eso habías faltado ayer a la escuela!

―¡¿Pero cómo le voy a decir eso a Taichi?! ―reclamó, enojada. Lo de la paciencia no era el fuerte de Sora, si se tenía que enojar, se enojaba y ya.

―¡Pero Sora! ―Se le había acabado la elocuencia.

―Además, ¡¿por qué discutiría mi vida sexual con mi mejor amigo?! ―exclamó, con certeza. Luego le dio pena, porque había admitido la efectiva realización del hecho frente a toda la escuela.

Por suerte Mimí no había vuelto, que si se tenía que poner a explicarle a ella…

―¡No lo sé! ―reclamó, molesto.

La acalorada discusión que mantenían en el patio de la escuela les había impedido observar que hacía ya varios gritos poco elocuentes que Taichi había comenzado a alejarse, persona a persona, hacia atrás, al fondo, fuera de la vista de sus amigos agarrados en vergüenza.

No lo hizo a tiempo.

―¡Taichi! ―exclamaron ambos, súbitamente, a unísono, uniendo sus corazones a sus voces y a sus gestos de enojo y realización.

Taichi quiso escapar, lo intentó. Empujó a una joven, distrajo a otra, miró hacia atrás y quiso saltar hacia la meta como arquero atajando un penal. No lo hizo a tiempo, está claro que Sora era tan ágil como él y aunque nadie lo diga, Yamato también. Sobre todo una vez que se ha quitado su andante armadura y se ha bajado de su brillante caballo.

Yamato lo detuvo de los pelos, Sora de las ropas.

―¡Taichi! ―volvieron a gritar, porque una vez enfrentado se daban cuenta de que no sabían bien de qué acusarlo.

―¡Verdad mentira! ―gritó, en forma de defensa, alzando los brazos por sobre su cabeza como si fuera a tirar un triple de básquet (más o menos).

―¿Qué? ―preguntaron ambos, porque una vez puestos sus corazones a latir al unísono y sus voces a compenetrarse en la dualidad etcétera, no podían dejar de hacerlo. Era todo un proceso, eso de descompaginar a sus corazones que latían al unísono y entonces sus voces dejarían de ser compenetradas en la dualidad etcétera, y no era momento de llevar a cabo todo ese proceso.

―Se lo saqué a Yamato verdad-mentira ―justificó, alzándose de hombros, como si no acabara de cometer una travesura casi ilegal de tan mala―. Como ustedes no me contaron que habían activado, se lo saqué verdad-mentira. Le dije que estabas embarazada y acaba de confirmármelo ―volvió a alzarse de hombros―. En definitiva es todo culpa de ustedes dos por privados. ¡Yo qué me hubiera imaginado que Yamato se convertiría en un caballero de la entrada a los diez minutos siguientes de clase! ―A él no se le daba tan bien lo de la elocuencia, aún. Aprendería.

La dualidad de los corazones que latían compenetrados en un unísono etcétera funcionó una vez más: el golpe de Sora fue derecho a la mejilla izquierda, el de Yamato al estómago.

Taichi, caput.

Ahora habría que lidiar con Mimí, y eso era enteramente otra cuestión.


FIN


Notas: Este es un fic para Cass porque la adoro y hoy es tu cumpleaños y quiero que sea tu mejor cumpleaños hasta este año. ¡Qué alegría cumplir en época sorato! Eres una linda y te mereces mucho sorato.

El headcanon es de Marin, lo robé con permiso XD. Así que Cass, también debes agradecerle a ella por este regalo.

¡Soratistas que andan leyendo por ahí! Tenemos una actividad sorato organizada para esta navidad. Interesadas/os, comunicarse conmigo o con Ayumi-nightbeauty (mejor conmigo porque soy más linda y simpática).