Digimonnomeperteneceyescriboestahistoriasinfinesdelucro.

Atravesada entre los párpados


No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

Eduardo Galeano


Cloud Nine

―Papá... ¿quién de ustedes habla mejor el inglés? ―preguntó Kotaro.

Yamato levantó la vista de su libro y lo observó, sentado en la cabecera de la mesa y rodeado de libros escolares.

―Yo, por supuesto. ¿Necesitas ayuda? ―preguntó, esperanzado en que su respuesta no sonara ególatra.

―Debo traducir esta canción. ―Yamato se acercó hasta su hijo y observó por sobre su hombro la letra de una canción de Luke Benward―. No entiendo por qué dice "Nube nueve". No tiene ningún sentido.

Yamato sonrió y despeinó el pelo de Kotaro, algo que el niño detestaba pero que Yamato no podía dejar de hacer. Le puso un separador a su libro y se sentó en la mesa con él.

―Nube nueve, o Cloud 9, en realidad, es cuando estás muy contento. Estás tan contento, que flotas entre las nubes, ¿entiendes?

Pero la cara de su pequeño pelirrojo le hizo entender que no, no entendía.

―¿Por qué no me das un ejemplo? ―pidió―. Debería ser... ¿un momento en el que hayas sido muy feliz? ―Yamato asintió y luego se tomó unos momentos para pensar, mientras giraba entre sus manos uno de los lápices de Kotaro.

―Pues, por ejemplo ―comenzó―. ¿Recuerdas como te conté que tu madre me regaló un pastel en la navidad del año 2002?―Kotaro asintió, ya que esa era una de sus historias preferidas―. Luego, en febrero del año siguiente yo le confesé que la amaba. Y ella me respondió un tiempo después.

―¿No te lo dijo enseguida? ―preguntó, sorprendido.

―Pues, no. Porque ella era la rehén de un digimon ―explicó.

―¿Y tú flotabas en las nubes de felicidad mientras a ella la tenían de rehén? ―preguntó, escandalizado.

―¡No, no! ―exclamó. Soltó el lápiz y este rodó por la mesa―. El momento fue cuando ella me respondió que me amaba―suspiró―. Pero ese no es un buen ejemplo. Tenemos, a ver... ―hizo una pausa para pensar―. Cuando me invitó a vivir en su pequeño departamento. Cuando conoció a la abuela Kinu y se quedaron tan encantadas con la otra que Sora empezó a enviarle sus propios arreglos de ikebana sin que yo lo supiera. Cuando tu madre aceptó casarse conmigo ―sonrió―, y cuando me regaló unos zapatos de bebé para mi cumpleaños. Era por el embarazo de Mayumi, ¿sabes? Así me lo informó. ¡Y luego cuando se quedó embarazada de ti! Recuerdo que Mayumi quiso dormir durante semanas con nosotros porque estaba celosa ―volvió a sonreír, y no detuvo su diatriba.

Yamato continuó rememorando sus momentos Cloud 9 sin prestar atención a que Kotaro ya había corregido su tarea y hasta había comenzado a guardar sus útiles.

―Parece que todos tus momentos Cloud 9 son con mamá ―comentó Kotaro, sin mirarlo.

Recién en este momento Yamato interrumpió su monólogo y notó que su hijo ya estaba listo para levantarse.

―¿A dónde vas? ―preguntó, sorprendido.

―A casa de tío Takeru. Voy a contarle sobre los momentos más felices de tu vida. Sin él ―amenazó.

Yamato no captó el tono jocoso de su hijo.

―No, Kotaro. ¡Kotaro! ―gritó, mientras veía a su honesto y sincero hijo alejándose de él, cerrando la puerta de la cocina y, en su imaginación, dirigiéndose hasta la puerta de salida de la casa―. ¡Kotaro! ―volvió a insistir.