Digimonnomeperteneceyescriboestahistoriasinfinesdelucro.
Atravesada entre los párpados
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
Eduardo Galeano
Un corazón en la palma
Para Ayumi-chan, ¡que te pongas bien
apenas leas esta viñeta!
―¿Yamato?
La sorpresa de Yamato no se correspondía con sus acciones. Si se encontraba en la tienda de libros donde trabajaba Sora, lo normal sería que se encontrara con Sora. Así se lo hizo saber ella.
―Al menos podrías avisarme que venías. ¡Estamos en una época muy ocupada del año! No puedo distraerme contigo… ―lamentó.
A otra persona le habría sonado como una queja, o un reproche, pero en los oídos acostumbrados a Sora de Yamato, era una promesa de cosas lindas por la tarde, o noche.
―De hecho, he venido a comprar un libro… para Takeru.
―Entonces llamaré a una de mis compañeras para que te atienda. No quiero que me regañen por atender a mi novio en vez de a los demás clientes.
Yamato asintió, Sora sonrió y pocos momentos después vio a su adorado alejándose de la mano ―no exactamente de la mano― de una de sus compañeras de trabajo.
La cual le devolvió al novio, dándoselo en la mano ―de verdad― no más de media hora después.
―¿Puedes ayudarlo tú? Busca un libro de antropología y no sé mucho del tema, te prometo que te cubriré ante nuestra jefa.
Sora levantó una ceja, en actitud interrogativa, hasta que su compañera estuvo lo suficientemente lejos para no escuchar.
―¿Desde cuándo le interesa la antropología a Takeru? ―preguntó, sospechando una mentira.
―Ha pensado en estudiarlo en la universidad ―contestó, con naturalidad―. Me ha hablado de un libro sobre folklore japonés pero yo no sé el nombre, pensé que tal vez alguien aquí podría ayudarme igual… es, después de todo, la librería más grande de Odaiba. ―Sora asintió.
―¿Ya han buscado en el estante correspondiente? ―preguntó, con suspicacia.
Es que había días en que Yamato, con tal de verla un momento, podría inventar cualquier excusa en vez de simplemente decirle que quería verla a la salida, o tomar un café, o caminar juntos.
Por ello le siguió la corriente, pero luego de revisar libro por libro ―como él juraba que ya había hecho con su compañera― y no solo no encontrarlo, sino además recibir cada vez más explicaciones sobre el "supuesto" libro, Sora comenzó a convencerse de que no había tal mentira tras esa búsqueda y que, de hecho, él buscaba un libro de antropología para su hermano.
Y entonces se dio cuenta.
―¡Yamato! ―exclamó, contenta. De no haber estado en público, se le habría colgado para darle un beso en ese cachete tan apetitoso que tenía―. Dijiste folklore japonés pero… ¿no será acaso un libro dedicado enteramente a los Dioses de la Fortuna?
―¡Eso era! ―respondió, feliz. Se golpeó la frente con una mano y a punto estuvo de alzarla en el aire―. ¿Lo conoces?
―¡Sí! Mi padre habla todo el tiempo de él; aún no se lo ha comprado pero yo lo tengo visto.
Sora lo guio entre estanterías y sillones hasta el frente de la tienda, donde se ubicaban los best-sellers y entradas recientes y ahí, casi reluciendo bajo la luz artificial y fluorescente, se encontraba el espécimen buscado. La diosa Benzaiten relucía en la portada.
―¡Sora, gracias! ―agradeció. Se resistió a besarla, pero no a apretarle la mano, suavecito. Ella se sonrojó pero, tímida, le dibujó un corazón en la palma antes de soltarlo―. Ahora necesito algo más ―pidió. Sora asintió―. Encárgate de que tu padre no se compre este libro antes de las fiestas, Sora, que si no es esto, ¡no sé qué regalarle!
En un día cualquiera Sora habría atado cabos en pocos segundos pero, tal vez por el exceso de trabajo, o posiblemente por la cercanía de su novio, en ese momento no lo entendió.
―¿Quieres llevar dos? ―preguntó, alzando otro―. Pero no es necesario que le regales algo a mi papá, Yamato… su regalo probablemente sea pedirme que no vayas a casa ―lamentó.
―No voy a llevar dos ―dijo, depositando el libro extra en su lugar.
―Yamato… ―La cara de sorpresa de Sora era una de las preferidas de Yamato, porque alzaba ambas cejas pero fruncía la nariz, como si temiera que la sorpresa en realidad fuera una mala―. ¿Acaso este libro…?
Yamato controló que nadie los mirara, pero igual no se atrevió a besarla en su trabajo. A veces, Sora se pasaba de tierna.
―Sí, era para tu padre desde el primer momento ―admitió, sonriendo―. Y ahora ve a trabajar… ya verás que luego de este regalo, tu padre no podrá volver a acusarme de no interesarme en la cultura japonesa.
―Yamato, ¡no es necesario! Y no es por eso que mi padre se molesta contigo, él…
―Sé que es solo por celoso, Sora. Y si algún día tenemos una Cielito, yo también la celaré ―admitió―. Pero no podré quejarme si el novio de Cielito rebate uno a uno todos mis argumentos.
Y como Sora tampoco pudo rebatir ese argumento, lo acompañó hasta la caja y luego lo esperó, serena y con su bufanda rosa en el cuello, para tomar un café y caminar juntos al final de su turno.
Notas: Este drabble es para Ayumi-chan que se está sintiendo enfermita. ¡Espero que mejores pronto! Me he basado en un prompt navideño que decía que un personaje ayudaba al otro a buscar un regalo muy importante.
Espero que les guste y que me dejen reviews, pero sobre todo espero Ayumi que cuando despiertes y leas esto te sientas diez puntos :).
