Digimonnomeperteneceyescriboestahistoriasinfinesdelucro.
Atravesada entre los párpados
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
Eduardo Galeano
Aclaración: Situado en Saikai, Sora visita a Yamato antes del concierto, por la mañana.
En el camerino
―¡¿Todo esto es para ustedes?! ―exclamó Sora, aplaudiendo una vez.
Yamato se rascó la cabeza, avergonzado por su sorpresa.
―No es la gran cosa… ―murmuró, indicando los espejos escritos y los asientos desvencijados.
―¿Bromeas? ¡Es tu primer camerino personal!
Metió las manos en los bolsillos, incómodo.
―Lo comparto con toda la banda ―explicó.
―Yamato, ¡acepta un cumplido! ―pidió, sonriendo―. Es, ¿cuánto? La… ¿segunda, tercera vez que tocas con KOD? ―Él se alzó de hombros―. Creo que esto es todo un logro y me gustaría que estuvieras contento por ello.
―¿Vendrás esta tarde? ―preguntó, intentando cambiar de tema―. Aún no sabemos en qué orden nos toca, o mejor dicho a qué hora, por las demoras entre banda y banda…
―Por supuesto que vendré. ―Sora saltó de su silla giratoria y se acercó hasta él―. No me lo perdería por nada. Bueno… tal vez por un ataque digimon ―bromeó.
―Que simpática estás hoy ―susurró una vez que ella se estacionó delante suyo. Ahora fue Sora la que alzó los hombros.
―Estoy contenta por tus logros, aunque tú aún no lo aceptes.
Yamato se ruborizó y quiso girar la vista, pero se mantuvo hipnotizado por la mirada de ella.
―¿A qué hora viene Takeru?
―Pronto. Va a ayudarme a preparar los instrumentos y averiguar los últimos datos… horarios y eso. Ya sabes, él es nuestro… manager ―sonrió―. ¿Por qué preguntas?
―Para aprovechar el tiempo. ―Sora pasó ambos brazos por detrás de su cuello, lo acercó hacia sí rápidamente y lo besó sin pausa.
Se separó en lo que para Yamato fue un segundo, lo besó en el cachete y se alejó hasta la puerta.
―Debo terminar mi entrenamiento ―justificó, indicando su ropa de gimnasia―. Pero me bañaré y te veo en unas horas, Takeru puede avisarme la hora exacta.
―¡No te vayas aún! ―reclamó, acercándose torpemente hacia ella.
Sora sonrió, le tiró un beso con la mano y cerró la puerta tras de sí.
