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Atravesada entre los párpados


No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

Eduardo Galeano


Para Marin-Ishida, por el primer año de vida del topic Sorato.

Un astronauta abrazando la luna

Los días de lluvia, a Sora le gusta vestirse de verde. Lo aprendió de Mimí, quien dice que ninguna eventualidad climática puede aguarle la tarde. Sora busca, para combinar, el pendiente transparente, con forma de luna, que Yamato le regaló cuando eran novios. Sonríe al escuchar su voz.

―Me gusta que te vistas de verde, es por lo que te dijo Mimí, ¿no? Regalarle una sonrisa a las nubes. Te ves preciosa, te quiero.

Sora se abraza mientras siente un tintineo simpático en sus brazos, una sensación conocida. Algo así como una caricia.

Al día siguiente ya no llueve. Aún no salió el sol, pero sabe que no va a llover. Piensa en relajarse y darle un respiro al verde, pero entonces recuerda: «regalarle una sonrisa a las nubes». Mientras busca un nuevo conjunto, siente que Yamato le leyó la mente:

―Siempre me ha parecido simpático que seas tan leal a algo que hace tanto tiempo te dijo tu amiga. Oye… ¿no serás tú un poco dueña del emblema de la amistad? ―ríe―. No me quejo, el verde se te ve mejor que nada. Eres linda.

Sora atraviesa su día feliz, radiante en verde y riendo sola.

―Sora, lamento lo que te dije ayer ―dice Yamato, a la mañana siguiente―. Eso de que el verde es tu mejor color. La verdad es que todos se te ven bien… el verde, tal vez, es más llamativo. Por el color de tu pelo. Qué lindo color de pelo tienes, Sora.

―Qué conversador y tierno eres algunas mañanas, me pregunto cómo puedo hacer para que lo seas más seguido ―responde.

Le lleva unos segundos arrepentirse.

Yamato, sin embargo, no contesta. Ese día, Sora no la pasa tan feliz.

―¡Buen día, Sora! ―saluda a la mañana siguiente―. Ya es principio de mes, no olvides comprar leche de almendras cuando salgas de tu atelier. ¡Y no, no compres leche de vaca! Luego te cae mal. ¡Hazme caso!

Mientras Sora se prende, sola, la pulsera con todos los planetas que él le regaló, se siente pesimista: «luego te cae mal, y yo no estoy ahí para cuidarte».

Ese día llueve, y Sora no se vistió de verde. Yamato no le avisó.

Sí le avisó de la leche de almendras, y por eso esa noche puede madrugar dibujando con algo tibio que tomar. Para cuando se acuesta, pasadas las dos am, ya no es tan malo que Yamato no esté ahí.

―Ponte algún accesorio que te hayas comprado tú, Sora, o que te haya regalado alguien más. ¡Todos los días vistes accesorios con motivos del espacio! Parecerás una diseñadora temática.

Sora suelta una carcajada involuntaria mientras, a regañadientes, se quita los pendientes de media luna que se había puesto.

―Eso incluye la ropa, Sora. Te quiero

Ríe una vez más mientras, atrapada, se quita su abrigo con botones en forma de estrella.

―Hola, Sora. Hoy te estoy mirando desde aquí arriba, ¡no olvides apagar la luz del balcón antes de irte!

―¡No está la luz prendida, Yamato! ―regaña, contenta.

Él no contesta más. Sora, haciéndose la desentendida, toma el anillo con un pequeño meteorito engarzado. No debe contarle todo lo que hace, ¿no?

―Buen día, Sora. ¡Sonríe! Y recuerda que el verde combina con tu cabello. ¿Cuántas pecas tienes hoy? ¡Que tengas un buen día!

―Sora, hoy es el cumpleaños del marido de Hikari, lo tengo aquí anotado. Llévale un regalo de mi parte, ¿sí? Y no te pongas el pequeño vestido negro, se te entalla mucho en el escote… y no estoy ahí para verlo.

―¿Te has hecho los chequeos médicos, Sora? Te tocan por esta fecha. Si no me quieres contar, al menos háblalo con alguna de tus amigas. Alguien debe tener una constancia.

Play, stop, play, stop. Así transcurren los días de Sora cuando Yamato está en el espacio. Algunos días llora; le echa la culpa a las hormonas. Otros días ríe por sus ocurrencias, y porque cree que en la JAXA pueden prever el clima de dos meses enteros.

A veces se pregunta si no estará guionado por Takeru, ¡las cosas tiernas que le dice!

Otras veces, llora un poco más.

La mayoría de los días, sin embargo, Sora sonríe. Sonríe porque Yamato se fue siguiendo su sueño, y porque parte de su sueño también es que ella, ahí abajo, sonría para él. Por eso, para cada día de cada viaje, Yamato le prepara una pequeña grabación. Con fecha y hasta con hora a veces. Con consejos, instrucciones, mensajes, chistes y besos, muchos besos. Para Sora son una caricia, son una manera de continuar con su día a día. Son su forma de levantar la cabeza y enfrentar las rutinas sin su marido, sin su compañero, sin su amigo. ¿Lamenta por un segundo que Yamato haya elegido esa carrera?

Sora sonríe mientras se prende un pequeño astronauta abrazando la luna en su chaqueta.

―No seas ridícula, Sora, ya no eres una adolescente. ¡Al menos escóndelo bajo la solapa! ―parece escuchar que le dice Yamato.

Se alisa el cabello con las manos, ataviada con su accesorio y, con una sonrisa inmensa, Sora sale a enfrentar su día a día.


Notas: Este fic es para Marin-Ishida, mi amiga invisible del topic Sorato. ¡Me puse tan contenta cuando me tocaste! :D La verdad es que no era esto lo que tenía en mente, quería hacer algo de humor, pero cuando no pude escribirlo recordé este video tan hermoso que nos dejaste y aquí ves. Espero que te guste :)

Para quienes no lo han visto, Marin encontró un video publicitario de una marca de accesorios llamada Tous en la que Gwyneth Paltrow es una diseñadora de modas a la que su marido, astronauta, le deja una grabación por día. Ese video está hecho por Kakudou, nadie me puede decir lo contrario.

Muchas gracias por leer, y no olviden comentar.