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Atravesada entre los párpados


No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

Eduardo Galeano


Shinrin-Yoku

―Sora…

Sora cerró los ojos, rio. Pasó una hoja en su libro.

―Yamato ―respondió ella, riendo―. Sigue leyendo.

―Pero Sora…

―Yamato ―dijo, con firmeza. Cerró su libro y giró su cuerpo hacia su novio―. Estamos en el bosque. Relájate, ¡lee! ―pidió.

―No me relajan los bosques. Me relaja el mar.

―Y a mí me relaja el sol, Yama ―respondió―. Sentarme en un banco, llevar una botella de agua, mi libro preferido… ponerme un gorro y leer toda la tarde ―suspiró―. A ti, sin embargo, el sol te quema el rostro. ―Le tomó la cara con delicadeza y lo besó.

―Cuando pasas mucho tiempo al sol, te llenas de pecas ―rio―. Me gustan tus pecas, Sora.

―A mí también. Pero no me gusta cuando te quemas. No hay protector solar que alcance.

―Es que… ―Yamato ya había abandonado su libro―. A mí me gusta el mar ―dijo, una vez más―. Si no vamos a estar al sol, ¿por qué no sentarnos a la sombra en el mar?

―Yama… ―susurró. Se recostó contra su regazo y lo miró desde abajo―. ¿Tan poco relajante te resulta el bosque?

―No… ―contestó, mientras juntaba pasto con las manos―. Solo quiero saber por qué no quieres ir a leer al mar.

Sora cerró los ojos, giró la cabeza hacia un lado. Yamato retiró el flequillo de su frente y la pellizcó en las mejillas.

―Dime ―pidió.

―Porque… ―suspiró―. La sal del mar arruina las hojas de los libros.

Yamato rio.

―¡Pero no te pido que los leas dentro del agua!

―¡La sal en el ambiente, Yamato! ―se quejó―. Agh, sabía que no lo entenderías. Dame mi libro ―exigió, irguiéndose. Él la sostuvo de los hombros y volvió a tirarla contra sus piernas.

―A veces eres tan ilógica.

―No soy ilógica.

―Obsesiva.

Sora rodó los ojos, molesta. Él le arrojó pasto en la cara.

―Yamato… ―se quejó, una vez más. Sin embargo, no se movió―. ¿No puedes encontrarme en el medio? ―pidió.

―¿Encontrarte en el medio?

Sora se levantó y sentó junto a él. Su libro se había llenado de los pastitos y las ramas que Yamato había arrojado sobre él.

―A ti te gusta el mar, a mí me gusta el parque ―repitió―. Cuando queremos estar solos, descansamos en el bosque. Tiene sentido, ¿no?

―¡No! ―contestó Yamato. Sin embargo, volvió a reír. La abrazó.

―Yama… ―susurró, intentando zafarse.

―Sora ―dijo, con firmeza, en su oído―. Te amo porque siempre quieres ceder, aunque sea un poco. ―La besó en la mejilla y Sora cerró los ojos, disfrutando.


Notas: Shinrin-Yoku significa, literalmente, "baño de bosque", una visita al bosque para relajarse y mejorar la salud.