Digimonnomeperteneceyescriboestahistoriasinfinesdelucro.
Atravesada entre los párpados
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
Eduardo Galeano
Kuidaore
―… también quiero manzanas asadas con azúcar negra, leche con chocolate para beber y pepinillos para el postre… ¡ah! ―exclamó Sora, alzando un dedo al aire―: también nos hace falta mayonesa… para ti ―aclaró.
Yamato dejó caer sus manos sobre la mesa a la vez que su boca se abría hasta el piso, literalmente.
―¡Sora! ¡La obstetra dejó muy en claro que los antojos no son una excusa para subir de peso indiscriminadamente!
―¿Es que no me querrías, si fuera gorda…? ¿Cuándo tenga, por ejemplo, ocho meses de embarazo? ―lamentó. Se tapó la cara con las manos, melodramática.
Ese gesto, a Yamato, lo hizo acordar a Mimí.
―Toda está comida… ¿es para ti, o para los inventos culinarios de Mimí? ―preguntó, escéptico. Alzó una ceja al verla rodar los ojos.
―Si Mimí estuviera aquí, me compraría toda la comida que quiero… ―canturreó.
―Pues invítala ―respondió, con simpleza.
―Tal vez lo haga… ―Sora se inclinó sobre la mesa, sabía que a Yamato le encantaba ver su escote de embarazada. Con dos dedos caminó sobre la mesa hasta alcanzar su teléfono celular.
Yamato, sin embargo, lo tomó antes que ella.
―¡Está bien! ―exclamó, pálido―. ¡No la llames! Te compraré toda la comida que quieres.
―¡Gracias, Yamato! ―gritó, parándose y saltando a sus hombros. Su panza, sin embargo, le impidió llegar cómodamente a su marido.
―Lo que importa es la intención ―sonrió―. Sora… no te ofendas, pero quiero saberlo: ¿hasta cuándo vas a hacerme comprar comida así, en forma tan… indiscriminada?
―Hasta dejarte en bancarrota, claro.
Y con un casto beso en la mejilla, de costado, ya que de frente no llegaba, Sora regresó a hacer su extensa lista de la compra.
Notas: Kuidaore, comer hasta estar en bancarrota.
