Digimonnomeperteneceyescriboestahistoriasinfinesdelucro.
Atravesada entre los párpados
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
Eduardo Galeano
I remember most fondly those lifetimes where we get to grow up together,
when you share your secrets and sorrows and hiding places with me.
Yamato la conoció en la playa. Todas las mañanas acompañaba a las mujeres de la aldea, pero no trabajaba con ellas. Sora pescaba. Se alzaba su pequeña, raída, gris falda sobre las rodillas y, salpicando sal y manchándose las mejillas, se abría paso hasta los hombres que tironeaban de las redes y, una más (o una única, tal vez. Porque nadie era más llamativo que ella, la niña pelirroja), tiraba, escogía, devolvía, destripaba.
Una vez, ella le confesó por qué.
―Cuando era chiquita, antes de que llegaras a la aldea, sentía mucho rechazo por la muerte.
Él, en realidad, la conocía desde que era muy chiquita. Por eso mismo, sabía que no era necesario interrumpirla, remarcárselo.
―Yo no veía la comida ni las necesidades. Solo veía la muerte. La sangre. Algo que, para mí, era una masacre.
Yamato, que la conocía desde siempre, desde siempre entendía su sensibilidad.
Sora, sin embargo, había sabido superarse a sí misma y romper su sensibilidad, o al menos eso fue lo que le contó esa vez.
―Y entonces pasamos hambre. ―Yamato no necesitó detalles y tampoco se entristeció, porque él también lo había vivido―. Mis papás, yo, la aldea. Entonces lo entendí.
Yamato movió el pie para, con delicadeza (a Sora no le gustaría de otro modo), alejar al grillo que quiso subírsele encima. Ahí, encerrados en ese tronco de árbol en el hueco a media altura, nadie los veía (y ellos tampoco veían a nadie). Por eso mismo, tal vez, los insectos también lo habían elegido de escondite.
―¿Es muy insensible de mi parte sentirme así? Es decir… no sentir nada. Meter el cuchillo. Descamar. Ver la vida escaparse. Destripar. Cocinar, comer. Y no pensar, ni por un segundo, en la vida del pez que se escapó por su boca abierta y sus ojos blancos.
Ah, pero Sora sí lo pensaba, y Yamato no le contestó. Sabía que ella se confundía, pero Sora se confundía a propósito. Por eso, tal vez, era más que su cabello anaranjado y sus mejillas manchadas las que llamaban su atención.
Notas: ¡Hola! Este drabble se inspira en esa frase del poema 25 lives de Tongari. Tengo algunos más escritos, aunque no todo el poema. Espero traerlos pronto.
¡Feliz aniversario del sorato!
