Batman por fin lo vio quedarse quieto, inmóvil, iba a enseñarle a la Capucha Roja lo que significaba traicionarlo. Ya no era su hijo, solo veía a un frío asesino que destruyó su confianza.
Había sangre por todos lados, en su traje, en la capa ya se encargaría de limpiarlo. Pero primero tendría que limpiar su error, nunca debió hacerlo Robin, nunca debió llevarlo a la familia Jason Todd era su desgracia. El le abrió las puertas, lo alimento, le dio techo, lloró su muerte y cuando regreso era solo una cosa que usaba el cuerpo del que había sido su hijo una vez. Pero eso acababa esta noche, por fin iba a enmendar sus error y encerrarlo para siempre y nunca voltear atrás.
Batman casi resbala con el charco de sangre que yacía en el suelo, lo miró con desprecio, era solo basura que tenía que limpiar, se inclinó y arranco del pecho magullado de Red Hood la insignia del murciélago, era una deshonra que la Capucha lo portara nunca lo había merecido. Pensó en todas las oportunidades que le dio para redimirse pero siempre sería el asesino que el entreno, su desgracia, su vergüenza debió verlo venir antes que sucediera lo de Felipe.
Con asco lo tomó del casco y lo arrastró, para arrojarlo a Blackgate o tal vez a la zona fantasma. En el cuartel de la Liga tenían un portal que él podía usar, esperaría a tener el cuartel solo para él solo y entonces darle a Capucha el destino que merecía.
Mientras lo arrastraba y pensaba cómo deshacerse de su error una flecha voló electrocutandolo para dejarlo inconsciente. Fue lo último que supo del Jason.
