Inventario del cinturón con dimencion de bolsillo 38/200

– Barras nutritivas x10

– Bolsa para dinero, con dimensión de bolsillo propio x1: 200 monedas de oro

– Palos Kali, negros x4

– Navaja x1

– Brújula x1

– Cantimplora x1

– Capa para el frío x1

– Pedernal inagotable x1

– Reproductor MP3 con todas las canciones que conozco y gustan, con batería infinita (no podría vivir sin mi música) x1

– Auriculares inalámbricos x1

–Frasco con veneno de Escorgorilla x1: 500 ml

–Tiras de carne seca de Escorgorilla x15


NARRADOR TERCERA PERSONA, SERYU

Antes de que se decidiera por alimentar a Koro, algo llamó la atención de ambos, un sujeto misterioso que usaba chaqueta larga y capucha estaba corriendo a toda velocidad a través del parque.

Podría tratarse de una persona que simplemente estuviera apurada por irse, pero si ese fuera el caso ¿por qué utiliza la capucha? ¿que tiene que ocultar? También podría tratarse de un miembro de Night Raid que trata de pasar desapercibido. El sujeto era realmente rápido, si lo perseguía tardaría un rato en atraparlo.

Seryu no tardó en decidirse, cualquier sospechoso tenía que ser detenido. Sin embargo antes de que se dirigiera por el mismo rumbo, algo más llamó su atención.

Un par de chicas venía platicando por el otro lado sin ninguna preocupación aparente. Aunque una de ellas, vestida de rosa, parecía estar quejándose sobre algo, pero lo que en realidad llamó su atención fue su compañera. Alta y delgada, vestimenta china de color lila, cabello largo y magenta, usaba anteojos, y una enorme tijera sobre su espalda. No había duda.

–Sheele de Night Raid –se dijo a sí misma, olvidándose por completo del extraño de la chaqueta.

La justicia sería servida.


NARRADOR PRIMERA PERSONA: PDV DE RAMÓN

Fue una suerte que el grupo se hubiera dirigido a una zona menos poblada porque el aroma ya casi se había disipado y tuve que cruzar varias cuadras para volver a tener un rastro que seguir. Aunque lo que encontré estaba empezando a disiparse igualmente.

–¡GYAAAHH!

Pero ya no fue necesario.

Logre correr hacia el origen de ese grito que sin duda fue de una de las niñas, lo que me llevó hasta lo que parecía ser una mansión de estilo japonés de un solo piso, y de un terreno extenso. Tenía apenas algunos guardias rondando afuera.

No pude detenerme a pensar en una forma rápida y segura de entrar por los constantes gritos de dolor y suplica que las niñas daban, y que no perturbaron en nada a los guardias, tenía que actuar enseguida. Afortunadamente para mí ya era de noche, y hoy había luna llena.

Un último grito me señaló el extremo de la mansión al que debía dirigirme.


TERCER PUNTO DE VISTA. DENTRO DE LA MANSIÓN.

Air no podía creerlo. Quería que todo fuera una pesadilla, una muy horrible pesadilla de la que fuera pronto a despertar.

Todo había parecido tan perfecto cuando llegó junto a Fal y Luna a la capital, y fueron recibidas por un joven guapo llamado Bach que parecía una persona tan amable y considerada. Incluso les había llevado a comprar ropa nueva. Pero al final todo había sido una farsa para traerlas a una especie de infierno.

Bach no solo había jugado con ellas, sino que las había entregado sin ningún remordimiento a unos hombres que no tardaron en 'romperlas'. Ya le habían roto las piernas a Fal, y otro acababa de sacarle uno de sus ojos a Luna. Los gritos y súplicas no tardaron en oírse en ninguno de los casos, y fueron seguidos por las risas de esos monstruos.

Sólo Air no había hecho ruido alguno, la horrible imagen de sus amigas torturadas y el miedo eran tales que no podía reaccionar. Ni siquiera había oído cuando otro de esos sujetos –uno con nariz redonda de payaso– señaló al hombre que la sujetaba. Solo cuando sintió su ropa siendo desgarrada, pudo reaccionar.

Le dijeron que sería entregada a un perro en celo.

Las lágrimas empezaron a caer de los ojos de Air, mientras veía como el perro se aproximaba; mientras oía cómo golpeaban a Fal; mientras Luna imploraba por qué la dejaran y se agitaba para que no le quitaran su ahora único ojo.

*Ruido de ventana quebrándose*

Akame ga Kill - 09 Gekisen OST

Todos detuvieron lo que hacían de forma abrupta en lo que se volteaban hacia el origen del repentino ruido, detrás de Chad y sus clientes.

Trozos de vidrio estaban esparcidos por el suelo, y una figura empezó a alzarse del lugar. Tenía una estatura promedio y salvo por una chaqueta sin manga gris, tenía el cuerpo cubierto de negro junto con la cara oculta bajo una capucha.

Uno de los guardias le exigió identificarse, pero no dijo nada. Sólo se quedó mirando hacia donde estaban las niñas y ligeramente empezó a temblar.

Todos vieron un par de puntos rojos carmesí que empezaron a brillar de donde deberían de estar los ojos, seguido de un fuerte gruñido los alteró a todos. Bach sobre todo. Al mirar esos 'ojos' sólo pudo pensar en la famosa asesina de Night Raid.

El primero en reaccionar fue el perro que por instinto se alejó lo más posible del extraño, mientras aullaba aterrado.

Los guardias que salieron de su sorpresa corrieron enseguida hacia la figura encapuchada con armas listas: cuchillos, garrotes, espadas y solo algunas armas de fuego.

Tres eran los más próximos al extraño, que seguía en su lugar gruñendo.

OST 1:32

De pronto el extraño saltó hacia ellos y apoyó las manos en la cabeza del más próximo; de un giro le torció el cuello matándolo, antes de caer al suelo y arrojarlo al grupo más cercano derribándolos a todos.

Enseguida desapareció en un borrón para luego aparecer encima de Bach, estrellando con su mano la cabeza de uno de los clientes –uno que no dejaba de babear– con tal fuerza que le destrozó el cráneo, para luego repetir su anterior movimiento arrojando el cuerpo a otros tres guardaespaldas. Solo que estos, ya habiendo visto ese movimiento, y se prepararon para evitarlo. Hasta que el cadáver pasó por encima de ellos.

Fue un engaño.

El extraño aprovechó su trampa y en otro borrón de velocidad pasó entre ellos, quienes unos segundos después cayeron al suelo muertos mientras sus cuerpos se desangran por unos cortes –dos por la garganta y uno por el pecho–. Luego el extraño, no… Monstruo a los ojos de todos, se detuvo tras los cuerpos y se gira hacia otro que trata de decapitarlo con una katana por su lado izquierdo. Lo detiene embistiéndolo. Luego lo sujeta y usa como escudo humano contra un tirador, al cual también embiste con el cuerpo contra una pared, apuñalándolos de muerte con la katana.

No se quedó mucho tiempo en su lugar impulsándose de nuevo hacía un lado, evitando por poco unos disparos que golpearon los cadáveres. Al notarlo, vio que justo detrás de donde había estado se encontraba un grupo de cinco: dos espadachines, un sujeto con sais, y los dos tiradores responsables de los disparos, recargando.

Aprovechando que estaba cerca de una columna se impulsó con ella para llegar al grupo.

Con gran agilidad paso entre los tajos de las espadas y saltó sobre el usuario de sais para alcanzar a los tiradores que ya volvían a apuntarle. Logra desviar el disparo y el arma del primero, luego perfora y retira las garras de su garganta en un instante. Se trasladó hacia el segundo, con quien pelea por el arma, y en un rápido movimiento entra en su espacio para dirigir el arma hacia el usuario de Sais y matarlo con el disparo.

El tirador trato de agarrarlo, pero el extraño volvió a girarse hacia él y le mordío el lado izquierdo del cuello, arrancándole un gran pedazo de piel y músculo, dejándole morir desangrado.

El encapuchado no permitió que el cuerpo cayera al suelo porque en seguida volvió a girar hacia dónde estaban los espadachines, permitiéndole parar un corte que llegó a los pulmones del hombre muerto; mientras que con la mano logró parar la segunda al sostenerla cerca del mango, y de alguna forma evitando ser cortado.

Los dos espadachines se aterraron ante la muestra de habilidad del extraño, y más cuando notaron que al parar la segunda espada no dio ninguna muestra de dolor.

–¡Q-qué diablos eres tú? –gritó el pensamiento de ambos el segundo.

Pero la única respuesta que hubo fue que al primero le cortó la garganta de un tajo, y al segundo le quitó la espada sin problemas, por el miedo que tenía, para luego enterrarle el filo en el cuello.

Mientras el extraño peleaba con este último grupo de guardias. Qué era el último que quedaba dentro de la sala, salvo por los que sostenían a las niñas. Bach y sus dos últimos clientes miraron cada vez más aterrados lo que sucedía frente a ellos.

Un solo hombre estaba aniquilando todo un grupo de guardias entrenados y armados como si nada. El joven rubio que trataba de mantener la calma estaba cuestionando cómo ese sujeto podía pasar entre sus hombres y dejarles esos cortes profundos si no llevaba arma alguna en sus manos.

–"¡Esperá cortes?"

Entonces miró la herida de uno de los cuerpos, y descubrió cuatro cortes en forma de garra; cortes profundos. Entonces miro la criatura y entre la poca luz que le daba pudo divisar unas largas, gruesas y filosas garras de las que brillaba algo de sangre. Lo que lo calmó un poco, sabiendo ahora que no se trataba de la famosa asesina que –bien se sabía– manejaba una espada. Entonces tenían una oportunidad de escapar.

Sin decir nada corrió hasta el fondo de la habitación siendo seguido por sus clientes que lo notaron irse y los tres guardias que tiraron a las niñas para seguirlos hacia la trampilla que los llevaría al túnel de escape.


Cayendo al fin el cuerpo del segundo espadachín, Ramón pudo escuchar el grito de las niñas al caer de forma brusca al suelo. Virandose hacia ellas, notó al tipo rubio metiéndose dentro de una trampilla, siendo seguido por tres guardias y unos hombres en trajes blancos.

Sabiendo que no los alcanzaría tomó las dos espadas de los cuerpos y las arrojó hacia el grupo que se peleaba por entrar por la puerta secreta, esperando que se clavaran en alguno de ellos. Logró darle a los sujetos de blanco, que fueron los últimos en llegar, matándolos.

Estaba a punto de correr hacia la trampilla cuando un sonido agudo lo detuvo de golpe. Alguien, no muy lejos, estaba usando un silbato que resultaba muy agudo para sus oídos.

FIN DEL OST.

NARRADOR PRIMERA PERSONA: PDV DE RAMÓN

Ésos malditos silbatos. A diferencia de los perros tengo la fortuna de poder cubrirme los oídos, pero eso no evita que siga zumbando en mis tímpanos esos molestos ruidos.

Afortunadamente no duró mucho y pude centrarme en esos bastardos de nuevo. Sin embargo era demasiado tarde para seguirlos. Habían logrado entrar por la puerta oculta, que cerraron, y era probable que contará con algún seguro con el que terminaría peleándome antes de poder alcanzarlos. Además era probable que fuera alguno de ellos el que hiciera sonar el silbato como una señal de alarma, por lo que es probable que vengan guardias hacia aquí y...

*Sollozos*

Llantos, unos dolorosos llantos me recordaron de golpe que mi objetivo no eran esos miserables.

Al voltearme pude sentir cómo mi pecho se hundía ante la vista de las tres niñas, que se habían acurrucado entre ellas para consolarse. El aroma del miedo las cubría a todas y pude sentir la sangre de una de ellas: la niña de azul solo sostenía a sus amigas con una de sus manos mientras se tapaba el ojo derecho, o donde debió de tener su ojo, si la sangre que corría por su manga me aclaraba lo que le había pasado. La de amarillo se encontraba sostenida por sus dos amigas mientras me miraba con claro miedo y hacía un inútil esfuerzo de resistir el dolor que seguro provenía de sus rodillas rotas y asentadas en ángulos que no deberían de ser posible. Solo la de rosa parecía no tener nada ademas de su ropa desgarrada, pero como las otras dos estaba aterrada con verme.

No pude evitar cuestionarme como trataría con esto.


19-Diciembre-2019


Originalmente tenia pensado que una de las niñas fuera tomada como rehén y falleciera, pero por el tiempo que me ha tomado en escribir el capítulo (tanto por mis responsabilidades, como mis distracción) al final lo he tenido que dejar así. Eso, y que recorde que esta no debía de ser una historia tan detallista.