Wow, cuesta tener 2 fics al mismo tiempo *se seca el sudor de la frente*, bueno como les prometí a las amantes del BokuAka, aquí esta el segundo cap de este fic school life :D

Quiero decir que Sato, Nozomi y Aki son OCs, porque en el canon no salen los mayores de Bokuto (que este fic es de cuando él era de segundo), ni hay otro compañero de Akaashi en lo que nos ha mostrado el autor.

No más, enjoy!


El día siguiente todos lo supieron, Keiji hubiera pensado que los demás se darían cuenta con el tiempo, no porque Bokuto anduviera diciéndolo una y otra vez.

—¡Akaashi me invitó a salir y le dije que sí!

Era vergonzoso escucharlo, repetir eso a cada miembro del equipo, Keiji cerraba los ojos cuando sabía que lo iba a decir en voz alta. Después de oírlo diez veces creyó que había dejado de importarle; hasta que escuchó a Bokuto decírselo a su entrenador.

—Felicidades, Bokuto-kun. Ahora, vamos a entrenar —fue lo que él dijo simplemente en respuesta.

Bokuto caminó en su dirección, Keiji pudo sentir su rostro aumentando de temperatura.

—Creo que ya todos lo saben.

—Felicidades, Bokuto-san, ¿por qué tenías que decirles?

Su novio ladeó la cabeza, con una mirada confundida.

—¿No te parece importante, Akaashi?

No sabía si Bokuto hubiera entendido si él le explicaba que no era urgente que todos lo supieran lo antes posible, que eso tampoco significaba que fuera un secreto, simplemente pudieron haber disfrutado de un poco de privacidad antes que todo Fukurodani se enterara.

Keiji era una persona reservada, y Bokuto era completamente lo opuesto. No habría podido guardar algo que evidentemente lo hacía feliz. Eso era tierno.

—Sí es importante —decidió no preocuparse que los demás supieran.

—Akaashi-kun, ven acá. Quiero hablarte de una nueva táctica para mejorar nuestros ataques desde atrás —escuchó al capitán decir.

Bokuto se encogió de hombros cuando Keiji lo miró.

Escuchó lo que Sato le dijo y le pareció que era una gran idea, nadie era una mejor carnada que la propia estrella y ningún rival pensaría que ellos optarían por un pase atrás teniendo a su más poderosa arma en la fila de adelante.

—Claro que le molestará ser usado de carnada.

—Lo superará —aseguró Keiji, era tonto dejar de usar una técnica que les podría dar uno o varios puntos sólo por considerar los deseos egocéntricos de una persona.

—Eres malo, Akaashi-kun.

—¿De verdad? —. Keiji no entendía por qué eso era cruel, le parecía que las victorias se ganaban al hacer desaparecer el sentido del "yo" en un equipo.

—También eres listo, sabes cómo tratar con Koutaro. Creo que eres perfecto para él.

Keiji desvió la mirada hacia sus zapatos.

—G-gracias.

—Es muy fuerte, todos sabemos que es un gran jugador.

—Lo es.

—También sabemos se deja llevar. Una victoria o una derrota, un punto por un gran remate o uno del otro equipo por un error suyo, es fácil que se alegre como también que se deprima. Koutaro es una verdadera montaña rusa.

Keiji pensó en que no le molestaría entrar al parque de diversiones que era Bokuto Koutaro.

—Es muy impredecible —agregó.

—Exacto. Decidí que eres la persona ideal para pedirte esto.

—¿Eh?

—Iba a pedírtelo desde antes, no sabía que iban a hacerse novios. Supongo que ninguno de los de tercero se sorprendió, era obvio el interés contigo que él tuvo desde que llegaste.

No pudo sostener la mirada de Sato, su rostro debía evidenciar que lo que decía provocaba un efecto sobre él.

—¿Qué ibas a pedirme? —quiso cambiar el tema, solo un poco.

—Ah, claro. Pues este es mi último año, y los de segundo están de acuerdo que Koutaro debería ser el próximo capitán. El tipo es brillante en voleibol, pero tiene problemas en todo lo demás.

—¿Qué, exactamente, es todo lo demás?

—¿Ves? Son tantas cosas que hasta me preguntas a qué me refiero. Cuando tiene un buen día, Koutaro puede ser de los mejores jugadores de las escuelas de todo Japón. Pero necesita a alguien para los días malos que seguramente va a tener. Tú eres bueno manejándolo; creo que puedes gritarle o darle un golpe en la cabeza cuando sea necesario.

—Pero, siempre está de buen humor, ¿no? —replicó un poco sorprendido.

—Supongo que eso es gracias a ti y que estás en nuestro equipo. Pero ya vendrá un momento donde perderá toda esa confianza que tiene, y debes estar preparado.

—¿Preparado? —Keiji estaba asustándose un poco.

—Por eso quiero dejarlo en tus manos cuando me gradúe. No es la gran cosa, pero Koutaro puede ser muy dependiente… y lábil —Sato dio un suspiro—. ¿Sabías que el año pasado usaba todo su cabello de blanco? Este año decidió dejárselo de dos colores porque creyó que eso impulsaría su habilidad o algo así.

Keiji abrió más los ojos.

—No, no lo sabía.

—Koutaro es un buen tipo, es honesto y leal —. Se puso tan serio que Keiji lo miró a los ojos sin parpadear—. Me gustaría que lo cuidaras bien, pero si es una carga, puedo dejarlo en manos de alguien más, Akaashi-kun.

No, eso no. Jamás permitiría que alguien más lo tuviera.

—No, yo cuidaré de él.

Sato sonrió.

—Bien dicho.

Keiji regresó a su posición de armador y colocó la pelota para sus compañeros de prácticas.

Cuando terminaron de entrenar Bokuto se acercó a él y le habló en voz baja.

—¿Qué me dices si te prometo que ganaremos las nacionales? —lo escuchó decir con mucha seguridad en sí mismo.

—Diría que eso es más difícil de lograr.

—Cumplo mis promesas, tú sabes eso —miró a Bokuto sonreír.

Keiji sonrió también.

—Asumo que esperas que yo te prometa algo también.

La sonrisa de Bokuto se estiró y se colocó ambas manos detrás de la cabeza mirando al frente, cerró los ojos y un sonrojo se posó en sus mejillas cuando volvió a hablar.

—Si ganamos las nacionales, me darás un beso.

—Hecho —prometió Keiji, mirando sus zapatos de nuevo. Sintió la familiaridad del calor en su rostro otra vez.


En el tiempo que llevaba de conocer a Bokuto llegó a pensar que era una persona que siempre estaba de buen humor. Le sonreía todo el tiempo y era optimista aun cuando todos estaban nerviosos.

La primera vez que Keiji vio a Bokuto dejar de sonreír fue cuando perdieron en el torneo nacional.

Keiji había sido tan ingenuo de pensar que ellos de verdad eran el equipo más fuerte de todo Japón, cuando ni siquiera eran el más fuerte de Tokio. La ciudad más grande del país admitía tres equipos cada año, y otro de los que había clasificado en Tokio fue Itachiyama con su propia estrella en ascenso, Sakusa.

No fue una derrota aplastante, pero seguían siendo dos sets en comparación a uno, el equipo que logró primero los 25 puntos no fue Fukurodani.

Keiji mordió sus labios al sentir sus ojos humedecerse, realmente había deseado esa victoria.

Se limpió la cara con la camisa e intentó tragar el nudo en su garganta, debía estar muy deshidratado para no poder llorar ni tragar saliva.

Buscó su botella con agua.

Miró a Bokuto que tenía la vista hacia abajo como si hubiera algo interesante en el suelo de madera del gimnasio.

Se dirigieron a su barra e hicieron una reverencia, sus animadores les aplaudían con lágrimas en los ojos. Keiji insistía en mirar a Bokuto, quien no interactuaba con nadie más que para decir "¡muchas gracias!" a sus compañeros que habían llegado a aplaudir, cantar y gritar para ellos; y ahora lloraban por ellos también.

Keiji caminó en fila siguiendo a sus compañeros fuera de la cancha, haciendo espacio para que tomaran fotografías al equipo que avanzaba a la final.

—¿Has visto a Bokuto-san? —le preguntó a Sato.

—Está en el baño, pero quizás debas dejarlo un rato solo —le contestó el capitán, tenía los ojos húmedos y rojos.

Keiji escuchó pequeños sollozos de algunos de sus compañeros, y se oyó un golpe seco a la pared que dio otro de ellos.

Quizás Sato tenía razón, él llevaba más tiempo de conocer a Bokuto. Tal vez lo que todos necesitaban era lamentar esta derrota y luego volverían a la normalidad.

Caminó hacia el bus que los llevaría de regreso a casa, antes de subirse se dio la vuelta y miró a Bokuto ser escoltado por el capitán de su equipo, se acercó un poco y escuchó su conversación.

—Podemos ver la final si nos quedamos, te digo que una tía vive a diez minutos del estadio y si dormimos ahí podremos ver jugar las comadrejas mañana.

Bokuto seguía mirando el suelo y no respondió.

—Dicen que se enfrentarán a un equipo de Miyagi que también clasificó el año pasado, tienen su propia estrella y todo.

El de cabello bicolor murmuró algo.

—¿Qué dices?

—Que no importa, perdimos —repitió en palabras lentas.

—Vamos Koutaro, ¿no quieres saber quién gana? —preguntó el capitán intentando mejorar sus ánimos.

—No importa quien gane las nacionales si nosotros perdemos. —Esta vez la voz de Bokuto sonaba irritada.

—¿No es eso un poco egocéntrico? —Preguntó Keiji en voz alta y cuando ambos lo miraron, agachó la cabeza—. Disculpen, los estaba escuchando.

Miró a Bokuto, quien le regresó la mirada unos segundos.

No le contestó, y luego escuchó a su estrella chasquear la lengua e irse de paso, se subió al bus, dejando a los dos tras él completamente ignorados.

Keiji sintió que debió enfadarse por ese comportamiento, y lo hizo, pero también se mezcló con preocupación genuina por la extraña actitud de su novio.

—Nunca lo había visto así.

—Te presento el "modo deprimido" de Koutaro, donde se convierte en alguien que pierde todo su talento y energía. Le pasa cada vez que perdemos, o no juega tan bien o al sacar muy malas notas, o si se enferma, o cuando no puede jugar voleibol, o cuando...

—Creo que lo entiendo. ¿Esto era de lo que me advertiste antes?

—Ya lo tienes —asintió el capitán.

—Ya veo —Keiji admitió sorprendido.

¿Realmente una derrota era todo lo que se necesitaba para que el gran Bokuto Koutaro perdiera toda la confianza en su habilidad? Su inmensa fuerza y excelente dominio de un balón en menos tiempo de un segundo para hacer todas esas anotaciones quedaban pequeñas con la primera derrota que el equipo soportaba desde que Keiji formó parte de él.

Era un pensamiento verdaderamente estúpido.

Perder es doloroso después de tanto esfuerzo, pero lo superas, te levantas y vuelves a intentar llegar a las nacionales y ganarlas la próxima vez.

Keiji le dijo esas palabras a Bokuto cuando se subió al bus, le dolió un poco que el otro hubiera buscado un asiento sólo junto a la ventana y que hubiera puesto su bolso a la par para que nadie se sentara con él.

No obtuvo respuesta verbal más que ver a su novio encogerse de hombros.

Keiji se colocó detrás del asiento de la estrella, miró a Sato sentarse a su lado.

—Vas a frustrarte mucho si intentas hablarle a alguien que no te escucha, te recomiendo que lo dejes en paz hasta que se le pase —susurró el de tercer año.

—Me pediste que lo cuidara, Sato-san —. La voz de Keiji era suave por naturaleza, no tenía que bajarla tanto.

—No eres una píldora de la felicidad, Akaashi-kun —Sato ladeó la cabeza—. Koutaro es muy terco. A veces cuidar significa estar ahí para cuando él vuelva a ser el mismo.

—¿Le pasa muy seguido? —preguntó con genuina curiosidad.

—Nadie es perfecto, aún las súper-estrellas-talentosas-del-voleibol tienen sus problemas —le contestó el capitán con el débil intento de una broma.

—Entiendo.

El resto del camino fue en silencio, el capitán se durmió en el asiento de al lado. Keiji miraba el reflejo de Bokuto observar la ventana con insistencia. El paisaje cambiaba cada segundo alternando entre casas, edificios y unos cuantos parques.

Cuando llegaron todos tenían caras tristes, pero ya nadie estaba llorando. Se felicitaron unos a otros por un buen juego e hicieron promesas que la próxima vez llevarían a casa las medallas de victoria del torneo nacional de las academias de Japón.

Sintió un poco de paz al saber que podía volver a intentarlo en un año.

Keiji se levantó y notó que Bokuto no se movía del asiento.

—Ya llegamos, Bokuto-san —le dijo con serenidad.

El chico de cabello bicolor lo ignoró mientras continuaba con su vista en la ventana.

—¿Vas a quedarte aquí? Sabes que se llevarán el autobús y pasarás frío y hambre toda la noche. —Si la estrella se estaba comportando como un niño, de esa misma manera sería tratado.

Miró a Bokuto encogerse de hombros.

—Puedes hablar, ¿no? Deja de ser tan infantil y mírame a la cara —Keiji cerró sus puños.

—Akaashi-kun, él escuchará al conductor, sabe que no puede quedarse aquí más tiempo —le dijo Sato como si fuera una petición.

—¿Eso quieres, Bokuto-san? ¿Estás esperando que el conductor venga y te eche a patadas?

El otro seguía sin responder, Keiji sintió que Sato tocaba su hombro mientras le urgía que se bajaran.

—¿No eres mi superior? Creo que yo debo ser el chico novato de primero que está triste y llorando mientras tú me consuelas asegurándome que lo intentaremos de nuevo el próximo año.

—Niños, ¿olvidaron algo? —Se escuchó la ronca voz del hombre de mediana edad que había manejado el vehículo. Los miraba por el retrovisor.

—Sí, gracias. Ya lo tenemos —mintió Sato por los tres.

Keiji no dejaba de ver al niño engrandecido que se negaba a moverse del asiento.

—Yo iré mañana a ver jugar a Itachiyama, ¿está bien si te acompaño, Sato-san?

—Ah, sí, claro —respondió el capitán sorprendido de que hablaran con él.

—¿Vas a venir tú también o te quedarás aquí sintiéndote miserable toda la noche?

Bokuto lo miró por primera vez.

—No quiero ir —dijo simplemente.

—Chicos, debemos bajarnos ya. El conductor nos está mirando —agregó Sato con preocupación.

Keiji cerró su mandíbula, él también estaba deprimido, todos en el equipo lo estaban. También sentía la ira de haber perdido ese día. El partido fue importante para cada uno de los seis jugadores en la cancha, para los que estaban en la banca y los que gritaban desde la barra. Diablos, el partido significaba el último recuerdo de los chicos de tercero. Keiji necesitaba a Bokuto también, quería aferrarse a alguien más fuerte que él y quería escuchar que le prometiera que ganarían la próxima vez.

Pero su mayor estaba comportándose como un niño.

Y ahora quería golpearlo.

En lugar de eso se agachó y lo tomó por los hombros.

—Te necesito conmigo —dijo con voz débil.

Bokuto lo miraba a los ojos.

—Nadie me necesita —respondió cortante—. Ni siquiera puedo ganar las nacionales.

Que ambicioso, ganar no era algo que uno hacía solo. Bokuto estaba hablando como si él fue el único que jugó.

No estaba seguro de qué estaba pensando en ese momento, su mano se hizo un puño que se detuvo en la cara de Bokuto sin ningún tipo de fuerza. Abrió ambas palmas sobre las mejillas del chico para sostener su rostro.

Y lo besó.

Sintió al otro tensarse pero Keiji ya había cerrado los ojos.

Se separó abriéndolos lentamente y miró al otro con los ojos realmente abiertos.

—P-pero no ganamos… —tartamudeó Bokuto confundido.

—Si te sientes mal por romper tu promesa, yo también romperé la mía para que ambos seamos culpables —respondió suavemente.

Después de eso siguió a Sato a la salida del bus, miró hacia atrás para comprobar que Bokuto iba tras ellos. El rostro de la estrella estaba en un agradable tono de rojo.

—Creo que te subestimé —comentó Sato en voz baja.

Keiji asintió a pensar de sentir su rostro arder, pero sonreía como si tuviera la mayor seguridad en sí mismo en todo el mundo.


Si encontrara un punto positivo al hecho de perder los partidos nacionales habría sido no tener que levantarse temprano.

Pero prometió que iría a la final.

Keiji insultó mentalmente su alarma y se quejó con gruñidos ante la idea de levantarse.

Bostezó todo el camino a la estación de tren, se subió, bajó y volvió a subir según la ruta que había hablado antes con Bokuto. Le escribió un texto.

Yo: La pantalla dice que en 4 minutos estaremos en tu estación. Voy en la quinta cabina después del conductor.

Bokuto Koutaro: Perfecto!

Tenía los ojos entrecerrados y se apoyó en la ventana detrás de él, sus músculos dolían por todo el ejercicio físico de los últimos días. Escuchó las puertas abrirse y la gente bajar, luego una persona produjo mucho ruido al caminar y al sentarse a la par suya.

—Akaashi, ¿estás dormido?

La voz lo hizo sonreír, abrió los ojos y vio a Bokuto mirándolo con curiosidad, con la cabeza inclinada como un infante.

—Para ser un ave nocturna, parece que te gusta mucho estar despierto tan temprano.

Miró a Bokuto sonreír ampliamente.

—Vamos, Akaashi, ¿qué clase de búho eres? ¿Del que se queda despierto la noche entera y duerme todo el día?

—Mmm… no sé, quizás sea más búho que tú.

Bokuto se rio y Keiji sintió que el sonido producía efectos extraños en él.

—Duermo seis horas al día desde que tengo memoria, mis padres pensaron que era un problema, pero ya se acostumbraron. Solo tengo cuidado de no despertarlos antes de su hora.

—Envidio tu energía —murmuró Keiji con los ojos cerrados nuevamente.

—Eres lindo cuando duermes —escuchó el susurro cerca de su oído.

A una velocidad como si fuera la luz cuando toca la tierra, o el sonido de un avión que realiza piruetas, lo abandonó todo rastro de sueño que alguna vez tuvo.

—Ya estoy bien, estoy despierto.

Después de varios minutos, el metro hizo un sonido de campana cuando llegaron a la estación que habían acordado.

Abajo, saliendo de la estación encontraron a Sato bostezando.

—Me arrepiento de mis decisiones, nos hubiéramos quedado en casa.

—Estoy de acuerdo —aceptó Keiji.

Bokuto resopló.

—Vamos, chicos. Es una hermosa mañana en la gran ciudad de Tokio, miren lo afortunados que somos al haber nacido aquí —exclamó extendiendo ambos brazos a sus lados como si estuviera en la proa del Titanic.

Bokuto había olvidado que la estación del metro era un lugar que siempre estaba lleno de gente y que Tokio era una ciudad muy poblada porque las personas a su alrededor tuvieron problemas para caminar a la par del estorbo que era el chico que extendía sus brazos a los lados. No tuvo más remedio que disculparse con los transeúntes recibiendo miradas rencorosas.

—¿Dónde está el gimnasio? —preguntó cuando la multitud los dejó acercarse nuevamente.

—Síganme —dijo Sato.

Se subieron a un bus, y luego a otro para llegar a su destino.

El inmenso estadio se veía un poco diferente al día anterior, si eso tenía sentido alguno. Keiji sentía como si fuera un extraño en un lugar al que no pertenecía. Como si, al perder, habían perdido el derecho de entrar.

Se preguntó si los demás sentían eso también.

Se sentaron donde Sato les indicó, en una de las sillas del lado de Itachiyama. Lejos de la barra de estos. No iban a vitorear al campeón como si fuera su propia academia, ni tampoco querían quedar sordos al estar tan cerca de los gritos de sus animadores.

Pero querían ver el ganador de las nacionales.

—La final es entre Itachiyama y una escuela de Miyagi que también jugó en los nacionales el año pasado —explicó Sato.

La barra que apoyaba a los del uniforme morado gritaban.

¡SHIRATORIZAWA! ¡SHIRATORIZAWA!

—¿Quién es la estrella? —preguntó Bokuto.

—Ahí está el que usa el número uno —respondió Keiji señalándolo—. Ese es el capitán, ¿no?

—El capitán debe ser de tercero, la estrella puede ser cualquiera —explicó Bokuto.

El más alto del equipo de Shiratorizawa dio un salto tan grande que parecía que todo su pecho estaba por arriba de la red, la mano que remató produjo un sonido tan fuerte que se oyó por encima de los gritos de los estudiantes. El balón golpeó el suelo y rebotó hasta llegar a donde ellos estaban, en las bancas de la segunda planta para ver el partido. La pelota fue tomada por un estudiante que estaba tres filas delante de ellos, mirando el partido final.

—El balón acaba de rebotar más de cuatro metros —comentó Sato por lo bajo.

—¡Esa es la estrella! —gritó Bokuto muy animado—. ¿Cómo se llamará?

La barra de Shiratorizawa gritaba.

¡USHIJIMA! ¡USHIJIMA!

—Creo que ya sabemos cómo se llama —Keiji estaba realmente sorprendido, ése era un nivel nuevo de fuerza que no conocía.

Miró boquiabierto al tal Ushijima jugar contra Sakuza, Shiratorizawa contra Itachiyama. Era como ver un partido de voleibol profesional, la pelota parecía desaparecer cuando se movía tan rápido.

El público gritaba ante cada servicio, cada remate y recepción. Ambos jugadores, la estrella de cada equipo daba todo de sí. Quizás estaban sudando a mares.

Keiji pensó que el mejor jugador de voleibol que había visto en persona era Bokuto, pero ni siquiera él se comparaba con esos movimientos, los dos chicos dominaban el balón como si lo controlaran con la mente. Fuerza bruta contra excelente técnica, el pueblo de Miyagi contra la gran ciudad de Tokio.

Se sentía intimidado por toda esa habilidad. No pudo evitar sentirse triste por pensar de esa manera, miró a Bokuto para comprobar que estaba bien.

El chico del cabello bicolor tenía los ojos muy abiertos, su cuerpo estaba inclinado hacia adelante; sus manos estaban como garras sobre sus rodillas y sus piernas se movían, temblaban impacientes de arriba hacia abajo con vibraciones imparables y emocionadas.

En la cara de Bokuto había una sonrisa depredadora.

Sintió escalofríos al verlo.

—¿Bokuto-san? —preguntó.

—Voy a ganarles el otro año, Akaashi —le respondió lentamente—. A ambos. A Sakuza, a Ushijima, y a quien sea que se nos ponga enfrente.

Keiji se mordió los labios, le hubiera gustado mucho besar a Bokuto en ese momento. Probar un poco de esa pasión que estaba experimentando. Le agradaba esa determinación en la estrella, fue una de las cosas que le atrajo de él.

De repente el partido había dejado de ser la cosa más interesante del gimnasio, Bokuto era realmente bueno para robar el protagonismo de quien fuera. Incluso Sato lo estaba mirando.

—Cálmate o te vas a arrojar a la cancha para jugar tú también —dijo en broma el capitán.

No fue suficiente para calmar la emoción de Bokuto, pero sí para recobrar la atención de Keiji en el juego otra vez.

Sintió la necesidad de cruzar las piernas.

Debió pasar así otros veinte minutos.

El partido terminó e Itachiyama se declaró a sí mismo como ganador del torneo nacional, se escuchaban gritos aclamando a Sakuza.

Keiji pensó que le hubiera gustado mucho que gritaran por Fukurodani, y apostó a que Bokuto hubiera sido muy feliz si aclamaran su nombre como la estrella que lleva a su equipo a ganar por sobre todas las escuelas de Japón.

Aún tenían el próximo año.

Cuando bajaron de las gradas de los espectadores, en medio de tanta gente, Bokuto se les perdió por un momento.

—Creo que deberías ir por él —opinó Keiji.

—¿Yo? —preguntó Sato ofendido—. Es tu novio, tú eres responsable de ser su niñera.

Keiji suspiró, suprimiendo un sonrojo.

—Sato-san, el otro año yo me encargaré de él; es justo que estos últimos meses que sigues siendo parte de nuestra escuela le dediques atención mientras puedas.

—Siempre seré parte de Fukurodani —sonrió el capitán—. Aunque me gradúe, tenga un buen trabajo, me case y luego tenga hijos y nietos que jueguen voleibol. No es algo que dejas de ser.

Keiji sonrió.

—Que bonitas palabras —admitió con sinceridad. Sato era bueno para dar discursos, como todo gran capitán—. Apuesto a que Bokuto-san querrá escucharlas cuando lo encuentres.

Sato se rio.

—Ahí está —señaló el capitán. Era obvio que lo iba a ver primero, era más alto.

—Ey, ey, ey —saludó Bokuto—. ¡Miren lo que compré!

El chico se dio la vuelta para mostrarles que tenía puesta una ridícula camiseta con un estampado aún más ridículo, eran oraciones que describían cómo debía ser una estrella. Lo único sorprendente de esa prenda era la cantidad de palabras que cabían en ella, si Bokuto fuera algunas tallas menores probablemente no habría tenido espacio para ese párrafo.

El camino de una estrella.

Primero, la estrella debe inspirar a sus compañeros.

Segundo, debe romper cualquier muro.

Tercero, debe golpear cada balón con resolución.

—Es… —Keiji no sabía cómo decirlo con el mayor tacto posible—. ¿No te parece que es demasiado, Bokuto-san?

—¿Demasiado genial? —preguntó el de cabello bicolor con una enorme sonrisa.

—Es un poco arrogante, ¿no crees? —agregó Sato.

—¿Lo es? —El chico miró la camiseta que tenía puesta, aunque de frente no podía ver el estampado—. Me gusta, ustedes solo están celosos.

—Pensándolo bien, creo que es perfecta para ti —dijo Sato y prosiguió a reírse.

—Este color me favorece, ¿no? —preguntó Bokuto modelando la parte de atrás.

De verdad no tenía idea del sarcasmo.

—Qué lástima que no seamos estrellas para usar una igual —dijo Keiji continuando con la broma.

—No se preocupen, ya sabía cómo se sentirían —dijo el chico y luego hizo un sonido de "Ta-da" como si fuera un mago sacando un conejo de un sombrero de copa; sólo que en lugar de eso, fueron dos camisetas que les extendió a cada uno.

Keiji la tomó con sus manos y la extendió, la suya era color azul oscuro y decía "Estás viendo al mejor armador de Japón", miró a la par suya y leyó la roja de Sato que decía "Todos confían en el capitán número 1".

—¡Koutaro! —exclamó Sato y le dio un abrazo, el otro respondió con un carcajada.

—¿Te gusta, Akaashi? —preguntó después.

—Muchísimo, Bokuto-san. Gracias —dijo con completa sinceridad. Viéndolo de cierta manera, ése era el primer regalo que su novio le daba. No podría usarla en público, jamás se atrevería a hacerlo porque sería una tontería; él estaba muy lejos de ser el mejor armador de Japón. Pero podría usarla en la noche, en su cuarto cuando sus pensamientos sobre Bokuto lo llevaran a dormir.

—Estás sonriendo otra vez. —Los ojos del otro parecían brillar, había una sonrisa en sus labios que Keiji imitaba.

—Ustedes son lindos, chicos —interrumpió Sato y sacó a ambos de su encantamiento—. Pero, por favor, no se besen frente a mí otra vez.

—No, claro que no —repuso Bokuto—. ¿Quieren que los espere mientras van al baño a probársela?

—No te preocupes, esta es mi talla —agregó Sato demasiado rápido—. Koutaro, te prometo que cada vez que vayas a mi casa estaré usando esta camiseta.

Sí, por supuesto que Sato tampoco la usaría fuera de su casa.


Después de todo lo que pasó con el Torneo de Primavera, lo único que quedaba por hacer los próximos meses era prepararse para el año siguiente. Los de tercero iban poco a las prácticas, se quedaban en casa estudiando para sus exámenes finales y los de admisión en sus respectivas universidades.

El equipo era un tanto diferente sin ellos, pero Keiji tenía más tiempo para disfrutar la compañía de Bokuto y en realidad no podía quejarse de eso.

Cuando faltó un tercio del equipo de voleibol fue que comenzó a notar el extraño comportamiento de sus compañeros.

Fue en sus clases. Comenzó cuando le dejaron un trabajo en parejas, donde cada uno era libre de elegir con quien quería hacer esa tarea. Cuando Keiji le preguntó a Nozomi, éste le contestó sin mirarlo mucho a los ojos.

—Ya le dije a Takahashi-kun que me iba con él.

—Ya veo —contestó él sin mostrar demasiada sorpresa, ese Takahashi ni siquiera estaba en el equipo de voleibol.

Aunque era obvio que algunos de los jugadores tenían amigos fuera del club, quizás había elegido otro compañero porque le gustaba como trabajaban juntos. No quería ser paranoico, así que decidió no pensar mucho en eso.

Se unió con alguien más, una chica llamada Ayu. No hubo problemas al momento de trabajar juntos, la chica había tenido una pelea con su mejor amiga así que había estado buscando otra pareja para el proyecto.

Sacaron una buena nota al final, ella le dijo que si él quería podrían trabajar juntos de nuevo. Él estuvo de acuerdo, aunque en el fondo sabía que cuando la chica hiciera las paces con su amiga querría regresar con ella.

Por suerte para todos, no hubo más trabajos de grupos.

Pero los exámenes se avecinaban, Keiji no tuvo más remedio que reducir el tiempo que dedicaba al bebé gigante de cabello bicolor.

¡¿Cómo que no nos veremos hoy tampoco?! —preguntó Bokuto en voz tan alta que Keiji tuvo que alejarse del móvil—. Akaashi, ¿te he hecho algo? ¿Me estás castigando?

Se acercó al micrófono del teléfono otra vez.

—Bokuto-san, tengo exámenes esta semana. ¿No los tienes tú también? —. Se apoyó el móvil en el hombro mientras guardaba sus libros en su mochila.

Le pediré notas a Konoha, él es muy listo.

—¿No puedes usar tus propias notas? —preguntó mientras retomaba el teléfono con la mano y se colocaba el bolso al hombro.

Akaashiii… No podré estudiar si paso pensando en ti todo el día —dijo el otro alargando su nombre.

Keiji sonrió, sintiendo calor en sus mejillas.

—Me estás cambiando el tema, ¿no tomas notas, cierto?

No puedo hablar, Akaashi —Keiji escuchó el sonido de Bokuto imitando interferencia de ruido blanco—. Estoy debajo de un puente—. Su novio repitió el sonido dos veces más— ¡Aquí hay espías! —. Después de eso colgó.

Keiji se rio aunque probablemente el otro no lo escuchó.

Los exámenes fueron fáciles, pero eso fue el resultado de que él pasara estudiando el fin de semana entero. Sus notas tenían todo lo necesario y se sentía confiado en que haría felices a sus padres.

Cuando volvió a sus clases, notó la segunda cosa extraña en el comportamiento de sus compañeros.

—Nozomi, ¡gracias por estudiar conmigo! Estoy seguro que pasaré todas mis clases —dijo Aki.

Keiji no debió haber escuchado una conversación de la que él no era parte, pero sus voces eran tan fuertes que no pudo evitarlo. Era como si querían que él supiera de lo que hablaban.

Lo impactante de eso era que ambos eran del club de voleibol.

—¿Estudiaron juntos? —preguntó Keiji sorprendido al acercarse a ellos.

—Eh… sí, pero no fue la gran cosa. Solo le pedí ayuda a Nozomi con unas fórmulas que me costaba recordar —explicó Aki.

—¿Por qué? No me digas que te hubiera interesado ir con nosotros —dijo entretenido Nozomi.

—¿Reunirme para estudiar nuestras clases? Cuando los tres podríamos habernos complementado con nuestras anotaciones, ¿por qué no querría algo así? —cuestionó Keiji.

—No lo sé, quizás solo pensamos que conseguirías ayuda de los de tercero. Te pasarían sus notas de años anteriores o algo así —contestó Nozomi.

—Akaashi-kun, no es como si tú te acercaste a nosotros para preguntarnos qué haríamos —se defendió Aki.

—¿Tienen celos de que me lleve bien con los de tercero? —Keiji no estaba seguro de lo que buscaba con esa pregunta, pero pareció que tomó a sus compañeros por sorpresa.

Ambos compañeros suyos parecieron irritados.

—Ellos son lindas personas, son buenos con nosotros también —se defendió Aki.

—¿Entonces por qué serían tan amables de darme sus notas a mí y a nadie más? —cuestionó a ambos.

No le parecía justo haber pasado por esto solo, él era su compañero también. ¿Cómo habían podido dejarlo de lado?

—Quizás tú se las pedirías, aprovecharías esta oportunidad si pudieras —agregó Nozomi.

Eso había sonado extraño.

—¿A qué te refieres con eso? —preguntó alerta de repente, se cruzó de brazos.

—Esa es tu personalidad, sabemos que eres ambicioso. Eso no es malo, Akaashi-kun, te hará llegar muy lejos —escuchó a Aki decir.

Pero Keiji no le prestó demasiada atención, estaba mirando a Nozomi fijamente.

—¿Vas a explicarte? —le preguntó lentamente.

Nozomi se encogió de hombros.

—Supongo que no puedo culparte, si yo fuera tú, también sacaría el mayor provecho de tener una cara bonita.

Keiji abrió más los ojos, no podía creer lo que estaba escuchando.

—¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo?

Nozomi levantó una mano y lo señaló con un dedo.

—Todos en el equipo comentan que tú no representarías a Fukurodani como el armador de no ser por Bokuto-san.

—¡¿Qué?! —Keiji no pudo evitar elevar su voz—. ¿Tú crees eso? —esta vez se dirigió a Aki.

—Nadie más de primero es parte del equipo que juega en el torneo de primavera, y menos en las nacionales —agregó Aki con menor fuerza—. Solo hay una posición de armador en un equipo y Akaashi-kun la tiene a pesar de ser nuevo.

—Ustedes no saben lo mucho que me he esforzado —agregó completamente molesto. Keiji se había quedado tardes enteras practicando, había anotado en un cuaderno movimientos de mano para hacer señales a sus compañeros sobre sus colocaciones sin decirlas en voz alta, había ido a ver a los ganadores del torneo nacional para estudiar sus movimientos y las levantadas de sus armadores. Eso hacía que el mereciera más crédito que cualquier buena cara.

—¿Crees que nosotros no nos hemos esforzado? —preguntó Nozomi molesto—. Obviamente tenemos una gran desventaja cuando la propia estrella te toma bajo su ala.

—¿Cómo puedes d-?

El teléfono de Keiji sonó.

Intentó ignorarlo pero la música se hizo más fuerte, lo sacó y miró la pantalla. No podía haber un peor momento para que esta persona eligiera llamarle.

Contestó rápidamente, ante la mirada satisfecha de Nozomi. No hubiera sido justo mandarlo al buzón de voz cuando no tenía la culpa de nada.

—No puedo hablar en este momento —dijo apresuradamente.

—¡Akaashi! —sonó la alegre voz de Bokuto, estaba seguro que era tan fuerte que sus compañeros habían escuchado también. No era que eso importara, lo más seguro era que sabrían de quién se trataba aún sin tener evidencia—. Me gusta oír tu voz, ¿quieres venir a mi casa a jugar videojuegos? Te estoy mandando la dirección por esa genial aplicación de mapas.

—De acuerdo, adiós —Keiji se sintió mal de haber respondido tan cortante, pero tocó el botón rojo para colgar.

Miró de nuevo hacia arriba donde sus dos compañeros lo tenían enfrente.

—Akaashi-kun, no intentes negar todo después de lo que acabamos de ver —pidió Aki.

—No podemos enfadarnos porque estás usando tus armas para llegar más lejos, todos lo haríamos si fuéramos tú —agregó Nozomi.

Keiji apretó los dientes.

—¡Ey, ey, ey! —se escuchó una voz que se acercaba.

Cerró sus ojos con fuerza.

—Hey, hola chicos. ¿Cómo les va?

—Muy bien, Bokuto-san. Acabamos de tener nuestros exámenes, pero creemos que todo saldrá bien —dijo Aki.

—Y todo debería salir bien, porque el entrenador pide las notas y si le parecen malas los amenaza con sacarlos del equipo —dijo Bokuto con una expresión dramática, como si estuviera recordando alguna anécdota.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Keiji.

—Iba camino a mi casa para mandarte la dirección, pero luego pensé que sería algo pésimo de mi parte hacer eso. Así que me regresé para que caminemos juntos y pudieras ver que buen novio soy —Bokuto pareció notar que los otros seguían ahí—. Hey chicos, ¿quisieran ir a mi casa a jugar videojuegos? Tengo los que me dieron para mi cumpleaños.

Keiji quería morir soterrado en ese momento o que le cayera la torre de Tokio encima.

—Ah, ya estamos cansados después de tantos desvelos, Bokuto-san. Tenemos mucho sueño, pero gracias por la oferta.

—Oh, de acuerdo, será en otra ocasión —dijo la estrella, luego lo miró—. ¿Nos vamos nosotros?

Keiji asintió.

—Adiós —dijo empezando a darse la vuelta.

—Adiós Nozomi, adiós Akira —dijo el otro agitando la mano.

Keiji explotó.

—¡Se llama Aki! ¡¿Cómo puedes olvidarlo?! ¡Está en el mismo equipo de voleibol que tú!

Bokuto pareció confundido un momento. Luego se sorprendió, se giró rápidamente hacia los compañeros de Keiji e hizo una reverencia con la cabeza.

—Lo siento mucho, Aki. No volverá a pasar. Siempre he sido pésimo con los nombres.

Keiji se sintió terriblemente culpable, pero Aki habló antes que él.

—N-no hay problema, Bokuto-san. Ya ha pasado antes que creen que Aki es corto para Akira, descuida.

Keiji sintió la mirada de Nozomi sobre él, lo miró y pudo ver el resentimiento que su compañero le tenía.

—¿Nos vamos, Bokuto-san? —le dijo.

—Ah, está bien —le contestó y se despidieron de los otros con su mano.

Ambos le contestaron y se dieron la vuelta.

Se preguntó a sí mismo si Nozomi tenía celos de él o de Bokuto. ¿Quería ser el famoso ícono de voleibol de Fukurodani o quería estar con él como Keiji lo estaba?

—Estás raro —comentó Bokuto a la par suya, cuando ya estuvieron solos—. No es común que hables fuerte.

—Lo siento, Bokuto-san —Keiji se puso la mano en la frente haciendo presión en sus sienes—. No volverá a pasar.

—No es eso, algo te tiene alterado y quiero saber qué es.

Estaba consciente que Bokuto lo miraba, pero él mantenía su vista al frente.

—Creo que me fue mal en el examen de hoy —mintió, sintiéndose todavía más culpable de responderle así a alguien que sólo estaba preocupado por él.

—No digas eso, apuesto a que te fue muy bien. ¡Es obvio, eres muy listo! Si yo pude pasar el primer año, estoy seguro que para ti será pan comido. No tienes nada que temer, Akaashi —. El chico sonreía de oreja a oreja.

Se le quedó viendo unos segundos.

—Eres una buena persona, ¿sabes? Quiero que sepas eso —contestó.

—Me estás asustando, hablas como si tienes una enfermedad incurable.

Keiji se rio.

Bokuto pasó un brazo por sus hombros.

—Me gusta más cuando sonríes.

Toda la tensión que Keiji tenía antes fue desvaneciéndose a medida que caminaron juntos a la parada de bus y se dirigieron al hogar del chico de cabello bicolor.

Keiji se inclinó al ver a la madre del otro, ella lo saludó amablemente y le indicó que siguiera a su hijo al cuarto.

Cuando cerró la puerta pudo hablar con normalidad.

—Veo que no heredaste la parte blanca de tu pelo de tu madre —dijo con sarcasmo.

Bokuto tardó unos segundos en comprender lo que le estaba diciendo, luego habló como si fuera un científico explicando su hipótesis a unos monos, con un dedo levantado y sus ojos cerrados en concentración.

—Mis padres tienen el cabello completamente negro, pero los doctores dijeron que tengo una extraña mutación que hace que nazca blanco de ciertas partes.

—Si llego a creerte eso merezco salir mal en todos mis exámenes de ahora en adelante.

—¡Saldrás bien! —aseguró Bokuto y segundos después agregó—. Y eres malo, Akaashi.

Keiji sonrió mientras el otro se dedicaba a encender la consola que tenía. Caminó a un estante que tenía muchos juegos.

—¿Call Of Duty? Es del que hablas todo el tiempo —le preguntó.

—No, ese no. Creo que eres muy adorable para dispararle a la gente —Bokuto seguía mirando entre sus juegos.

—¿No crees que soy bueno disparando?

—Con tu puntería de armador, creo que eres excelente. Pero prefiero verte haciendo algo más lindo —le respondió todavía buscando.

La palabra "armador" le trajo un mal recuerdo de hace pocas horas con sus compañeros.

—¡Aquí está! Afortunadamente tengo un Wii también, podemos jugar Mario Kart.

Keiji se sumergió en sus pensamientos mientras el otro se tomaba la tarea de conectar la consola al televisor de su habitación.

Cuando vio al frente de nuevo fue porque le estaban poniendo un control en su mano que estaba conectado a un Nunchuk que tomó con la otra.

Keiji probó moverse en la pantalla y comprobó que era el segundo jugador, eligió su personaje y presionó el botón "A".

—Mmm… Dry Bones, no lo hubiera imaginado. Pensé que elegirías a Toad, Yoshi o algo con ojos grandes.

—¿Qué pasa, Bokuto-san? ¿Los esqueletos no te parecen adorables?

—Oh sí, son realmente lindos. Especialmente sus costillas, son como las de un Koopa muerto.

—¿Ahora tú estás siendo sarcástico?

Bokuto se rio fuertemente en respuesta, luego seleccionó su propio personaje.

—¿Oh en serio? ¿Donkey Kong? —cuestionó Keiji.

—¿Qué? ¡Me gustan los personajes grandes! Ya verás como nadie puede empujarme a los precipicios, además DK es muy divertido cuando celebra sus victorias.

¿Subir los puños al aire? Eso le parecía conocido, solo faltaba que Bokuto se golpeara los pectorales al gritar.

—Tal vez este juego se ve inocente pero ha sido responsable de arruinar muchas amistades, no lo tomaría tan a la ligera —dijo como si estuvieran tratando con una bomba a punto de estallar—. Es algo maligno escondido detrás de una pantalla bonita, algo así como tú —dijo con un guiño.

Sin estar pensando en eso antes, esas palabras le recordaron lo que le habían dicho, recordó la cara de sus compañeros al hablar con él.

—Ey, ey… era una broma —Bokuto lo miró preocupado.

—Lo sé, lo entendí —Keiji le respondió con un intento de sonrisa—. Juguemos ya.

Se maldijo a sí mismo por dejar que le afectara por tanto tiempo, era como si no pudiera apartar los pensamientos de su mente.

El semáforo dio verde para comenzar la carrera pero Keiji seguía pensando en lo mismo una y otra vez.

No podía concentrarse, apenas sus dedos se movían para seguir adelante.

—Akaashi, creo que sigues alterado por algo o eres realmente pésimo para este juego —dijo Bokuto interrumpiendo sus pensamientos.

Keiji lo miró dándose cuenta que el chico ya no tenía los controles en sus manos.

—No dejes de jugar por mí —insistió.

—Ya terminé, gané primer lugar. Tú apenas te has movido —le dijo el de cabello bicolor.

—Ah —Keiji ni siquiera se había dado cuenta, su mente estaba divagando demasiado.

Vio a Bokuto acercarse a él y rodearlo con sus brazos, fue una sensación cálida y agradable tener los músculos de Bokuto alrededor de su cuerpo. Keiji levantó una mano hacia un bícep y enterró los dedos sosteniéndose de él como si fuera a caerse si lo soltaba.

—Bokuto-san… —lo llamó y sintió los labios del otro sobre su cuello.

—Todo saldrá bien, Akaashi. Yo confío en ti —le susurró al oído.

Su novio seguramente hablaba de las notas de los exámenes por la que le había dicho que se preocupaba, y Keiji se sintió culpable de haber mentido antes, pero al mismo tiempo sentía demasiada tranquilidad al ser consolado de esta manera por él.

Respiró en su esencia y sintió más besos del otro en su cuello, que llegaron a su mandíbula y subieron a su mejilla.

Suspiró mientras cerraba los ojos, hizo un pequeño quejido cuando sintió que Bokuto se alejaba, solo para espirar con satisfacción cuando besó sus labios.

Ignoró la culpa de nuevo, esa pequeña voz que le acusaba de mentir y aprovecharse de esta persona que era tan amable con él.

—No me gusta verte triste, Keiji —le susurró.

Sintió un escalofrío al escuchar su nombre de la boca del chico de cabello bicolor.

Respondió el beso con más entusiasmo, queriendo probar más del chico que estaba con él. Sintió cómo era empujado suavemente hacia atrás, alineó sus piernas para dejar al otro colocarse encima de él, con una rodilla a cada lado de su cuerpo. Sentía cómo estaba siendo dominado y cómo lo permitía completamente, que Bokuto lo guiara en el beso, e hiciera lo que quería con él.

Keiji extrañó los labios de Bokuto cuando se separó de él, pero sintió un beso en su oreja y luego una mordida suave en su lóbulo. Abrió la boca para exhalar el aire que había estado conteniendo, suspiró profundamente y se mordió los labios para no emitir sonidos.

—Eres tan hermoso, no puedo resistirme —escuchó el susurro del chico que estaba con él.

Keiji abrió los ojos, y volvió a recordar las palabras de Nozomi.

Los besos de Bokuto se sentían distantes, y eran acompañados de culpa y remordimiento.

No podía seguir así.

—Bokuto-san…

—Dime Koutaro —comentó el otro mientras bajaba una mano a su cintura, Keiji sintió escalofríos nuevamente al sentir el contacto con su piel.

—Deberíamos… p-parar —hablaba con dificultad al sentir un dedo del otro hacer cosquillas en su abdomen, acariciaba la piel alrededor de su ombligo.

—Mmm… ¿quieres parar? —murmuró Bokuto, Keiji se preguntó si sólo estaba repitiendo en automático o si realmente estaba consciente de lo que estaba diciendo.

No quería detenerse, de verdad era lo que menos deseaba. Sentía como el calor se estaba acumulando en la mitad inferior de su cuerpo, como su cadera se elevaba para estar más cerca del fuerte chico.

Se sintió asqueado de sí mismo, como si estuviera aprovechándose otra vez de Bokuto. Era lo que todo su equipo creía, que él estaba usándolo para conseguir su posición de regular.

—Por favor —susurró las palabras sin pensar, incluso creyó que no las había dicho en voz alta pero fue suficiente para que Bokuto se alejara de él.

—¿Estás bien? —Susurró el otro sin aliento, luego abrió mucho los ojos—. ¡¿Keiji, estás llorando?!

—Ah, no —contestó débilmente y se llevó una mano a los ojos, se sorprendió de darse cuenta que estaban húmedos, pero las lágrimas todavía no bajaban por su rostro.

Bokuto se retiró completamente de él y Keiji se arrepintió de haber abierto la boca, lo miró alejarse hasta ya no tocarlo para nada y sentarse frente a él con las piernas dobladas. Bokuto se inclinó hacia adelante topando la cabeza a la alfombra de su cuarto.

—Lo siento mucho, debí detenerme antes. Por favor, no llores.

Keiji estaba harto de ver a Bokuto disculparse.

—No es tu culpa —Keiji se levantó y se pasó el brazo por los ojos limpiando las lágrimas antes que se acumularan—. No has hecho nada malo.

Bokuto se miraba muy triste y Keiji no soportaba verlo así, quiso abrazarlo en ese momento pero sabía que si lo hacía, él mismo se sentiría peor de seguir obteniendo placer a costas del otro.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —Keiji dijo al mirar al otro con los hombros caídos, se veía tan diferente a su forma normal de erguirse orgulloso de sí mismo, de cierta forma arrogante al saber que él era la persona más fuerte que se paraba en la cancha. Era algo que admiraba de él y que le atraía muchísimo.

¿Le gustaba Bokuto por su fuerza? ¿Por su masculinidad?

¿O sólo le gustaba porque podía hacer que el entrenador y el capitán se fijaran en él para ubicarlo en la posición de un jugador regular?

—¿Por qué estoy en el equipo oficial?

Bokuto movió la cabeza a un lado como si fuera un cachorro, levantó una ceja claramente cuestionándose el origen de dicha pregunta.

—Eres el armador, Akaashi —respondió Bokuto como si estuviera recordándole algo tan obvio como que tenía que respirar para seguir viviendo.

—¿Por qué soy el armador oficial? —continuó.

—Porque eres un gran jugador —la estrella sonrió mientras dijo eso, pero su sonrisa flaqueó cuando vio que Keiji no la compartía.

—Si no estuviéramos juntos, yo no sería el armador, ¿cierto? —Era una conclusión lógica, Keiji había llegado tan lejos en su primer año porque Bokuto se había fijado en él.

—No entiendo, Akaashi. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? —Pareció que hizo esa pregunta con auténtica confusión.

Keiji casi sonrió.

—¿No crees que yo te seduje para convertirme en armador regular? —preguntó cortante, mirando al otro fijamente. La sola pregunta sonó ridícula al decirla en voz alta.

Bokuto abrió más los ojos y se movió hacia atrás; a Keiji le dio la impresión que intentaba alejarse de él.

—¿Por qué dices eso? —preguntó el otro cambiando su expresión a una de dolor.

Keiji se apresuró a contestar.

—Es lo que creen en el equipo. Yo me aproveché de ti y te usé para lograr el lugar que tengo ahora.

—¿Y lo hiciste? —la voz de Bokuto sonaba temerosa de la respuesta.

—Amo ser armador, y quería mucho estar en el equipo. Pero no quiero que sea así, si voy a lograrlo quiero que sea por mis méritos en el voleibol; no porque la estrella crea que me veo lindo.

—Pero es que lo eres —le respondió—. No es que yo lo crea, todos lo que te ven lo saben.

—¡Bokuto-san, por favor! —dijo rápidamente, luchó contra la intención de llevarse las manos al rostro—. No más halagos, ¿es esa la razón de que esté en el equipo?

—¿Crees que estás en el equipo porque eres lindo? —preguntó Bokuto y luego se rio—. ¿Has visto los demás jugadores regulares? No es que sean exactamente supermodelos.

—Creo que puedo estar en el equipo oficial sólo porque tú me pusiste ahí.

—Pero yo no te puse ahí, los regulares los elige el capitán y el entrenador —explicó el otro.

—¿Me dirás que tú nunca le dijiste a Sato-san y al entrenador que me eligieran como el armador del equipo?

La mirada que le dedicó Bokuto explicó varias cosas, Keiji suspiró.

Lo sabía, ahora él también junto a todo el equipo de voleibol. Koutaro sí era el responsable de su actual posición.

Sintió que estaba aprovechándose con las oportunidades que los demás no tenían. El pobre armador de segundo año nunca tuvo una posibilidad porque Keiji había acaparado la atención de la estrella del equipo. Nunca estuvo en el mismo nivel que el resto, siempre acercándose a las personas que tenía que hacerlo para lograr una buena ventaja por sobre todos sus compañeros.

Keiji cerró sus puños con fuerza, pensó que Aki y Nozomi tenían razón de resentirle tanto.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz grave.

—Akaashi, ¿crees que yo elegiría belleza sobre voleibol?

Keiji iba a comentar que la palabra "belleza" era exagerada, pero decidió escucharlo terminar primero.

—Si te soy sincero me parece ofensivo que pienses que te quiero en mi equipo sólo porque eres hermoso —explicó el otro.

Bokuto debía dejar de usar esas palabras alegóricas a su supuesta apariencia porque Keiji se distraía mucho cuando hablaba.

—¿Querías que pasáramos tiempo juntos, no?

—¡Claro! Pero si les hablé a los demás de ti fue porque realmente creo en tus habilidades, creo que eres el mejor armador para mí.

Eso lo enterneció, pero no logró calmar todas sus ansiedades.

—Así es como te sientes y eres adorable por eso —Keiji hizo una pausa mientras Bokuto preguntaba "¿soy adorable?", luego continuó—. Pero no es como los demás en el equipo se sienten respecto a mí.

—¿A qué te refieres?

—Sé que tú y yo trabajamos bien y somos compatibles, nos gustamos mutuamente y eso hace todo más fácil. Pero no tengo esa misma conexión con el resto.

—¿Quieres besarte con los demás del equipo?

—Por supuesto que no. No digas tonterías, Bokuto-san.

Bokuto se rio.

—Me alegro. Pero Akaashi, te he visto jugar con el resto también, y conectas con ellos.

Keiji se acercó al chico.

—¿Eso crees?

—¡Claro! Cuando los chicos quieren que cambies tus levantadas, eres bueno escuchándolos, ¿más bajo? ¡Tú se los das! ¿Más lento? ¡Lo haces! ¿Más cerca de la red? ¡Todos obtienen lo que quieren! Pones atención a sus críticas y cambias rápidamente para mejorar cada vez que volvemos a jugar. Yo he visto cómo has evolucionado desde la primera vez que te vi dando un pase; puedo ser la estrella, pero hay otros cuatro jugadores que dependen del armador para anotar nuestros puntos. A menos que esté el líbero en la cancha, entonces son tres aparte de mí —Bokuto le sonrió y Keiji sintió sus labios estirarse para imitarlo—. ¿Realmente crees que te dejarían ser el armador de Fukurodani sólo porque yo lo digo?

Escuchó al otro reír y fue un sonido muy fresco y contagioso.

No pudo evitar acercarse al otro y abrazarlo fuertemente; segundos después se dio cuenta de lo que había hecho, pero para entonces su novio le había regresado el abrazo y lo sostenía con firmeza. No hubiera podido soltarse fácilmente con la fuerza del otro, pero no era como si quisiera separarse de él.

—Gracias por decir eso, lo necesitaba —confesó suavemente, sintiendo sus palabras chocar contra el hombro del más fuerte.

—No puedo creer que dudes de ti mismo —comentó.

—¿Tú nunca dudas de tus habilidades?

—¡Todo el tiempo! —exclamó Bokuto, luego bajó la voz—. Te entiendo, es bueno que no te conformes. Eres ambicioso como yo.

—¿Crees que nos parecemos? —preguntó Keiji respirando profundamente, sintiendo el calor del otro envolverlo.

—Me recuerdas a mi más joven.

Keiji se rio.

—¡Oh, por favor! Eres un año mayor, no exageres. Además no tengo "modos deprimidos" cuando algo no me sale bien.

—Odio que le hayan puesto nombre, todos nos sentimos tristes cuando perdemos —se quejó Bokuto.

—Así como tu alegría sobresale en el equipo, lo mismo ocurre con tus episodios de tristeza.

—Akaashi, ¡qué cruel! Lo haces sonar como una enfermedad.

—Bueno, es un problema para todos. Pero puedo besarte para ayudarte con eso, funcionará hasta que te aburran mis besos.

—Creo que jamás me aburriría —comentó Bokuto con voz más grave que antes.

Keiji se separó para verlo a los ojos, la mirada del otro era intensa. Era tan imponente que se sintió como si fuera la presa de un cazador. No creía que pudiera moverse, así que no lo intentó. Se quedó quieto mientras miraba a Bokuto acercarse a él.

Sintió los labios de Bokuto rozar los suyos, pero de repente paró y dejó de avanzar. Keiji sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

—¿Puedo? —la pregunta quedó en el aire, la voz de Bokuto sonaba más ronca.

Con lo estático que estaba no podía asentir con la cabeza, tuvo que confiar en su voz.

—S-sí —tartamudeó, sintiéndose tonto.

Sintió el beso como si estuviera regresándole algo que había perdido, rápidamente le respondió, no quería hacer a Koutaro esperar. Se dejó guiar nuevamente, movía sus labios con la misma intensidad que el otro le daba.

Recordó que al otro le había gustado acostarlo en el suelo así que Keiji rodeó a Bokuto con sus brazos y se hizo hacia atrás llevándolo con él.

Escuchó un gemido que no era suyo.

Keiji se sintió derretir ante el beso, todos sus sentidos se estaban llenando de Koutaro.

Abrió los ojos un momento para ver el rostro tan cerca de él, suspiró sintiendo el aroma con un toque perfumado. Llevó sus manos hacia su cabello, sintiéndolo sorprendentemente más suave de cómo se veía.

—Mi madre nos llamará en un rato para la cena —comentó el otro en medio del beso.

—¿De verdad? —preguntó Keiji dándose que cuenta que le faltaba el aliento.

—No le gusta que espere mucho porque se enfría —explicó.

Keiji podía sentir los labios de Bokuto aún sobre los suyos.

—¿Es ella o eres tú quien no le gusta comer frio? —preguntó porque le parecía que era algo que combinaba con el amor que el otro le tenía a la comida.

—¿Importa? Keiji bajaremos en media hora —dijo el otro separándose de él completamente.

Le gustaba como sonaba su nombre en la boca del otro, también le gustaba como se sentían sus labios en la boca del otro. Aunque hubiera querido, no tenía otra opción más que responder de una sola manera.

—Supongo que tendremos que aprovechar el tiempo, entonces.

Miró el rostro de Bokuto iluminarse en un segundo, irónicamente parecía un niño a quien se le estaba prometiendo el juguete que tanto quería.

Media hora sonaba como si fuera mucho tiempo, pero Keiji no lo sintió. Besar a Bokuto se había convertido en su actividad favorita para realizar fuera de la escuela.

Le encantaba cuando el beso se hacía lento y más perezoso, llevaba un ritmo tan afín a él, parecía difícil de creer que la hiperactiva estrella de Fukurodani pudiera besar tan dulcemente.

Cada vez que se alejaba, Keiji levantaba la cabeza en búsqueda de esos labios hasta que descendían de nuevo para volver a unirse con los suyos, una y otra vez, se preguntó si esa sensación era similar a embriagarse. Simplemente no podía tener suficiente, estaba seguro que podría hacerlo por horas.

Sintió que Bokuto se alejó de él cuando escuchó la voz de su madre llamándolos para la cena. Se movió cuando él se levantó, era obvio que él tampoco había querido detenerse.

Cuando miró a su novio de pie se dio cuenta de lo que sobresalía en su pantalón.

—Creo que necesitas un tiempo para calmarte, Bokuto-san —comentó divertido.

El otro miró hacia abajo y luego se dio la vuelta para comenzar a saltar.

—El ejercicio ayudará a que baje —dijo sin levantar la voz, una reacción extrañamente diferente a la que Keiji tendría si lo descubrieran con una erección.

—Estás tranquilo —señaló sin pensarlo.

—No es la primera vez que me pasa contigo —explicó el otro rápidamente.

Keiji miró hacia otro lado, sintiendo su rostro calentarse.

—¡Bokuto-san!

—¡Creí que ya lo habías notado las otras veces! —se defendió terminando de saltar y acomodándose el pantalón y ropa interior.

—¡No lo había notado! —respondió con los ojos cerrados.

—¡¿Qué?! Lo siento, por favor ignora que viste eso.

—¿Eso? —Keiji preguntó, era un poco gracioso referirse a Bokuto de esa forma.

Esta vez fue turno del otro de sonrojarse.

—Akaashi, ¿podemos ignorar que todo esto pasó?

Keiji se rio.

—Creo que tu mamá nos está esperando —dicho eso, se puso de pie y se estiró la camisa del uniforme. Se vio en el espejo para arreglar los mechones de cabello que se habían despeinado.

Notó que Bokuto lo estaba mirando.

—Diablos, eres tan lindo. No puedo evitarlo.

—¿Q-qué-?

Escuchó al otro reír.

—¡Ahora tú estás sonrojándote otra vez! —gritó el otro como si fuera una victoria.

—¡Nos escucharán! —susurró con agresividad.

—Sí, sí, bajemos ya —aceptó el de cabello bicolor, aun riéndose.

Keiji miró sus pies mientras bajaba las escaleras, respiró profundo y saludó a la madre de Bokuto agachando la cabeza de forma amable como le habían enseñado en su hogar. Todo esto intentando ignorar el hecho que había estado devorando y dejándose devorar el rostro por el hijo de esta señora hace solo unos minutos.

Sintió un poco de culpa, pero se desvaneció cuando vio la sonrisa de la estrella de Fukurodani al otro lado de la mesa.


¡Amo esta pareja!

Creí que sería un two-shot, pero se me alargannnnn asi que pueden esperar la tercera parte en algún momento después de subir el siguiente cap de LCDA.

Leeré sus reviews muy agradecida, lovelies!

Nos leemos luego~