Sii... este fic está vivo todavía.
Quedó mas corto de lo que hubiera preferido, pero es que creo que haré un cuarto cap.
El riesgo que tomé fue calculado, pero maldición soy mala en matemáticas... (siempre quise usar ese meme)
Asiii que seguramente haré un cap más con el que termino esta historia.
Gracias por ser pacientes conmigo! Los espero abajo :D
Keiji estaba jadeando, su pulso era rápido y su respiración errática, había cerrado sus ojos y se concentraba completamente en sentir. Los abrió un momento y miró los de Bokuto que lo miraban con detenimiento. Keiji se acercó para besarlo, sintiendo el otro jadear también; le mordió el labio para no soltarlo tan fácilmente y escuchó al otro gemir, ante esa respuesta, sonrió dentro del beso.
Miró a Bokuto mover sus manos de arriba hacia abajo, dándoles placer a ambos. Keiji había hecho un puño de la camisa del chico de cabello bicolor, intentando no soltar más gemidos.
—No… —comentó Bokuto con voz grave—. Quiero escucharte —indicó.
Keiji gimió con sólo escuchar eso, no podía negarse ante una petición del otro.
—Me gustas así —su novio hizo un quejido ronco—. Cuando pierdes el control de esta manera.
Cerró sus ojos y se dedicó a sentir, dejó de pensar en el espectáculo que estaba dando mientras Bokuto los masturbaba. Sentía la mano cálida y pesada moverse con tanta rapidez que estaba seguro que no duraría mucho tiempo.
—Me gusta cuando dices mi nombre —escuchó decir al otro.
Keiji ni siquiera se había dado cuenta que había estado diciendo "Bokuto-san", ni cuánto tiempo llevaba repitiéndolo. En ese momento ya no sentía la misma vergüenza que antes, su excitación obtenía lo mejor de él.
—Koutaro… —dijo en voz baja, inmediatamente notó que Bokuto aceleraba su ritmo.
—¿Quieres más? —. Escuchó la voz del otro sin aliento.
Keiji asintió.
Escuchó una barítona risa de su novio.
Jadeó cuando sintió la mano del otro moverse con rapidez, bombeaba de arriba hacia abajo con agresividad. Se escuchó a si mismo decir una vez más el nombre del otro y fue besado en ese momento, su vista estaba nublada así que cerró los ojos mientras gemía en la boca de Bokuto.
Su respiración era errática pero comenzó a normalizarse después de su clímax, sintió que era rodeado por el brazo izquierdo de Bokuto y se dejó caer sobre el pecho de él. Sintió el colchón de la cama hundirse un poco bajo el peso de ambos.
Keiji apoyó su cabeza en el cuello del otro, le gustaba estar cerca de él post-orgasmo.
—Abrázame —le pidió.
—Ermm…
—¿Hay algún problema? —no le parecía que pudiera haber uno a menos que Koutaro prefiriera la soledad después de su propio orgasmo. Eso sería un poco decepcionante.
—Eh, tengo la otra mano llena de semen —explicó Bokuto.
Decir eso era poco romántico.
—No me importa —opinó.
Tal vez al decir eso, Keiji podía regresar un poco el romance.
—¿Estás seguro?
Bokuto debía dejar de seguir preguntando.
—Lo estoy —insistió para dejar el tema.
—De acuerdo.
Miró a Bokuto levantar el otro brazo para rodearlo, y sintió algo húmedo y pegajoso tocar su espalda. Se arrepintió de haberlo presionado para que lo abrazara.
Estaba a punto de decir algo cuando sintió que acariciaban su trasero, aunque la mano que lo tocaba estaba sucia. Escalofríos recorrieron su cuerpo.
—Te dije que no te gustaría que te tocara con las manos llenas de s-
—No dijiste eso exactamente, además no importa. Somos nosotros, ¿no? No es la primera vez que toco algo así desde que estamos juntos, ¿sabes?
Bokuto le besó la frente, Keiji cerró los ojos.
—Sí, somos nosotros —concordó su novio—. Me gusta mucho tu cuerpo.
Keiji rio suavemente.
—Koutaro, tu cuerpo definitivamente es mejor —dijo, luego besó el hombro del otro, sintió el músculo caliente debajo de la piel.
—No es cierto —le aseguró, después de unos segundos agregó—. ¿Nos duchamos juntos?
—Mmm… no quiero moverme.
—Vamos, Akaashi. Quiero verte mojado —insistió Bokuto.
Keiji suspiró. La oferta era atrayente, pero la cama del chico de cabello bicolor era realmente suave, era una lástima levantarse cuando se sentía tan cómodo ahí.
—Está bien —dijo y miró el rostro del otro iluminarse.
Le gustaba hacerlo feliz.
La distancia entre Keiji y sus compañeros de primer año en realidad no volvió a acortarse, le parecía una lástima porque Aki y Nozomi eran sus amigos. Una parte de eso lo entristecía, pero no se le ocurría qué podía hacer para hacerles cambiar de opinión.
Cuando iba al club de voleibol Bokuto lo llamaba y se acercaba a él; Keiji era más cercano con los jugadores de segundo y tercero. No sentía que era mal visto por ninguno de ellos, no podía saber lo que pensaban pero era tratado de la misma manera que los otros jugadores del equipo oficial.
Al final de uno de los días de práctica todos fueron convocados para las palabras de su capitán, Sato se puso de pie frente a todos para hacerles un anuncio.
—Ha sido un buen año, hemos tenido buenos juegos e incluso fuimos al torneo nacional.
Todos celebraron cuando dijo eso, silbaron y otros exclamaron que eran el mejor equipo de Tokio.
—Hay algo que quiero mostrarles, después del final del torneo publicaron el tomo del mes de la revista de deportes de las secundarias en Tokio, ¿quieren ver lo que dice?
—¿Cuál es el punto? Todos sabemos que Itachiyama ganó —dijo Bokuto desde donde estaba sentado al lado de Keiji.
Pudo notar cierto tono de amargura en su voz, era obvio que aún le dolía haber perdido.
—Creo que tú especialmente querrás ver lo que dice —le aseguró Sato.
—No seas egoísta, Bokuto. Yo quiero saber qué dicen de ellos —agregó Konoha desde el otro lado, haciéndole una mueca a su estrella.
—¿Por qué? ¿Planeas irte de Fukurodani para jugar en su equipo? —presionó el chico de cabello bicolor en tono burlesco, recibió una señal con el dedo medio de Konoha y luego se rio.
—Eres tan mal perdedor, Bokuto-kun —interrumpió la pelea su mánager, Yukie—. Solo escucha lo que Sato-san tiene que decir.
Con dos personas diciéndole lo mismo, Keiji le tocó un brazo hasta que su novio se rindió.
—Bueno, comentan a Fukurodani como uno que jugó en las semifinales y luego el partido final entre Itachiyama y Shiratorizawa con el ganador siendo los chicos de Tokio.
—¡Predecible! —gritó Bokuto.
—¡Alguien cúbrale la boca! —contrarrestó Washio desde atrás de donde estaban.
—Bokuto-san, estás haciendo el ridículo —le reprendió Keiji.
—¿Realmente quieres leer sobre ellos?
—Claro que quiero —contestó, era obvio que quería saber lo que opinaba una revista de deportes sobre el equipo de voleibol que era considerado como el mejor de todas las escuelas de Japón.
Bokuto le dedicó una mirada herida como si Keiji hubiera hecho algo tan horrible e innombrable como hacerle daño a un indefenso cachorro, o a un búho.
—¡Traidor! —gritó de nuevo.
Keiji suspiró, estaba consciente que todos los estaban mirando. Escuchó a Sato hablar y se dio cuenta que había continuado leyendo en voz alta, ignorando el ruido que todos los chicos sentados en el piso hacían. No tuvieron más opción que callarse para escuchar el resto.
—"Itachiyama es considerada la academia más fuerte en cuanto al voleibol con su estrella Sakusa, quién es considerado como el mejor jugador de voleibol por debajo de los diecinueve años de todo Japón"
Todos los presentes escucharon que Bokuto bufó, Keiji se preguntó si todos también estaban rodando los ojos al mismo tiempo que él.
—Luego habla del segundo lugar que lo tiene un chico llamado Kiryu, el tercero es de Ushijima Wakatoshi de Shiratorizawa, que llegaron a la final.
Keiji recordó el partido que fueron a ver los tres. La manera cómo uno dominaba el balón como si pudiera controlarlo con la mente, y cómo el otro tenía una fuerza tan descomunal que atravesaba cualquier bloqueo y parecía que la pelota explotaría cada vez que impactaba contra el suelo de la cancha.
Se dio cuenta que Sato seguía hablando.
—"El quinto lugar lo tiene otro jugador de Tokio llamado Bokuto Koutaro, estrella del fuerte equipo de Fukurodani, con su cabello de dos tonos es difícil perderlo de vista y con su asombrosa fuerza y técnicas de remate es fácil ver por qué se considera a esta academia como uno de los oponentes más formidables, no sólo de Tokio, sino de todas las escuelas de Japón".
Todos aplaudieron otra vez y silbaron al mismo tiempo.
—¿Apuesto a que ahora te sientes mejor? —preguntó Sarukui sonriendo.
—Ojalá ellos supieran los problemas que tenemos que enfrentar contigo, señor estrella —agregó su mánager riendo.
Keiji pensó que Bokuto sería el primero en ponerse de pie y celebrar con sus puños al aire, pero se dio cuenta que no había hecho ningún ruido. Miró a su lado para apreciar un sonrojo en las mejillas de uno de los cinco mejores jugadores jóvenes de Japón.
—¿Puedo ver la revista? —pidió el chico de cabello bicolor.
Sato se la dio.
Bokuto la estaba viendo con detenimiento.
Keiji miró la fotografía a la par de la descripción, Koutaro parecía flotar en el aire esperando rematar, se le veía muy concentrado.
—Lograron que no quedara borrosa —comentó el chico suavemente.
Cuando estuvieran solos le diría qué tan buena foto le parecía esa y cuánto le gustaba mirarlo en el aire demostrando su talento innato para el voleibol. Sería vergonzoso decirlo en ese momento cuando sus compañeros podían escucharle, y aún más penoso tener una erección al pensar en eso.
—Como ustedes saben —interrumpió el silencio Sato —, faltan dos meses para terminar el año escolar. No es momento para pensar en eso todavía, pero quiero saber si todos piensan lo mismo en cuanto a quién debe ser el capitán el próximo año.
Al mismo tiempo se escucharon diferentes respuestas, pero al final todas eran distintas formas de llamar a la misma persona.
"Bo", "Bokuto", "Bokuto-kun", "Koutaro", "Kou", "el simplón este".
Keiji se unió a ellos repitiendo la manera como él lo llamaba públicamente: Bokuto-san.
Esta vez la estrella de Fukurodani tenía un sonrojo más intenso que antes.
—Chicos... —dijo demasiado suave para que pareciera su voz.
—Bueno, vamos a darnos un abrazo antes que lo hagamos llorar —anunció Sato y todos se acercaron para rodear a su próximo capitán.
Keiji podía asegurar que todos sabían que el equipo estaría en buenas manos.
Aunque la felicidad de ese día duró más o menos una semana.
Los cuentos de hadas no existen, las historias de amor no suelen ser perfectas.
No todos llevan solamente recuerdos felices de la secundaria plasmados a su vida como adultos.
La mente de Keiji estaba en automático.
No era algo que fuera común que pasara, en los últimos años de la academia de Fukurodani nada parecido había ocurrido. ¿Por qué el primero fue el club de voleibol? Keiji nunca lo sabría; las palabras se estaban registrando en su mente, se repetían una y otra vez en la voz sin emoción del entrenador.
Keiji escuchó sollozos a su lado, se preguntó si él mismo estaría llorando si creyera que lo que acababa de escuchar era verdad.
Sabía que los vehículos conducían rápido, si había un desliz por neumáticos viejos o por una calle demasiado lisa el vehículo perdía el control y era peligroso para el conductor, los pasajeros y los transeúntes.
Así que Fukurodani tenía un estudiante menos en sus aulas, y el equipo de voleibol se había quedado sin capitán.
Sato Etsu era un transeúnte que estuvo en el lugar y en el momento menos oportuno.
¿Era destino? ¿Era mala suerte?
Era una mierda, eso era.
Los ojos de Keiji comenzaron a arder y se llevó las manos al rostro para sentir que tocaba con sus yemas gotas claras y saladas.
No vio si los demás estaban igual, pero se imaginaba que ese era el caso.
Sintió una mano en su hombro y se dio cuenta que Konoha estaba consolándolo, el rubio tenía los ojos rojos.
El entrenador volvió a hablar diciendo que los mandaba a todos a casa, se suspendían las prácticas de club para guardar luto y rezar para que la familia Sato pudiera encontrar paz.
Dio una especie de discurso que Keiji apenas escuchó.
Miró a ambos lados a pesar de saber que Bokuto no se encontraba ahí, de alguna manera estaba seguro que él sabía la noticia antes que todos.
Keiji se fue directo a la casa del chico de cabello bicolor.
La madre de Bokuto abrió la puerta y Keiji agachó la cabeza.
—Lo siento mucho, Keiji-kun. Lo que pasó es terrible —dijo la señora.
—Lo sé —respondió él, quiso ser fuerte en ese momento por él mismo y por su novio que debía estar en mal estado.
—¿Puedes subir a la habitación de Kou? No ha comido en todo el día —dijo ella.
Keiji asintió y se dirigió a las escaleras.
Le pareció adecuado tocar la puerta.
No hubo respuesta.
No le sorprendió, así que abrió igual.
—No tengo hambre —dijo el otro, se encontraba acostado en su cama, dándole la espalda a la puerta.
—No soy tu madre —saludó Keiji, miró a Bokuto tensarse.
Aunque no se giró para verlo.
—¿Qué haces aquí, Akaashi?
—Vine a ver como estabas —respondió sin emoción.
—Estoy vivo.
La voz del otro chico sonaba muy apagada, completamente diferente a su estado normal.
—Lo sé —contestó Keiji y caminó hacia él—. ¿Puedo sentarme contigo?
Lo miró asentir así que se acercó, se aseguró que el otro escuchara sus pasos para no tomarlo por sorpresa. Cuando ya estuvo detrás, se sentó en la cama girándose un poco para mirarlo, era una posición un tanto incómoda si sus pies estaban en el suelo pero no sabía si Bokuto lo querría más cerca que eso.
Keiji puso una mano en un costado de su novio, para que supiera que estaba ahí, con él; que no se iría a ningún lado. Era bueno guardando silencio y sabía que había momentos donde las palabras eran innecesarias, donde podían sobrar si abría la boca y su voz pudiera quebrarse.
Quitó su mano cuando sintió que Bokuto se movía hasta sentarse, cuando lo miró pudo notar que sus ojos estaban rojos e hinchados; su nariz también, su piel era tan clara que el color rojo sobresalía como si fuera pintura seca.
—L-le escribí anoche y no me c-contestó… —tartamudeó con dificultad.
Keiji esperó.
—Llamé a su casa y su madre me contestó, estaba lloran… —La voz de Bokuto se quebró en ese momento.
—No tenemos que hablar de eso si no quieres —aseguró Keiji.
—Iba a graduarse en un mes y medio…
Mirar lágrimas en los ojos de Bokuto rompió el corazón de Keiji, no pudo evitar que su mirada se hiciera borrosa y que cuando parpadeó las gotas bajaron por sus mejillas.
Abrazó a Koutaro fuertemente y sintió que los brazos del otro lo rodearon.
—Tú debes ser el menor que recibe consuelo del mayor, ¿cierto? —La voz del chico del cabello bicolor sonaba profundamente dolida.
—Era tu amigo, lo sé muy bien —respondió Keiji sintiéndose culpable por llorar cuando debía estar intentando consolar a su novio en lugar de recibir eso de él.
—Era el mejor, ¿no?
—Lo era.
Sintió que Bokuto topaba su boca al hombro de Keiji y lo escuchó sollozar más libremente con los sonidos ahogados a medias sobre su camisa del uniforme.
No supo cuánto tiempo estuvieron así, pero no volvió a moverse. Esperó a que el otro se desahogara hasta que el hombro de su camisa estuviera completamente húmedo.
—¿Quieres beber algo? —Pensó en cuándo era la última vez que Bokuto había bajado de su cuarto y que podía deshidratarse después de llorar tanto sin un trago de agua.
—Quédate a cenar —dijo el otro alejándose un poco de él para liberarlo del abrazo— ¿Bajamos?
A pesar de cómo Keiji se sentía, dejó mostrar una pequeña sonrisa ante la respuesta tan favorable que obtuvo.
El día siguiente se sintió muy entumecido, su cuerpo se movió sólo porque estaba acostumbrado a la rutina diaria.
Fue a sus clases, y cuando terminaron fue al gimnasio del club de voleibol. Habían dicho que estaría cerrado durante esa semana, pero sabía que ahí encontraría a Bokuto.
Se veía tan diferente con el cabello sobre su rostro sin gel, su uniforme más desordenado que de costumbre y ojeras oscuras con un tono violeta.
—Te ves terrible —le dijo la estrella antes que pudiera saludarlo.
—Tú también, Bokuto-san —. Sí, estaba seguro que el cansancio por su insomnio era evidente para el otro también.
Keiji no dijo nada más y siguió a Bokuto porque él sabía la dirección. El viaje en tren fue en completo silencio, ni siquiera sacaba su móvil para revisar si había mensajes de los demás del equipo de voleibol. El chico de cabello bicolor tenía la mirada perdida y el de cabello negro no podía hacer nada esta vez para consolarlo.
El velatorio tenía clásicamente el color negro adornándolo en todas partes, incluso la ropa de los familiares de Sato.
Keiji tomó el incienso y le pasó uno a Bokuto para pagar sus respetos mientras el sacerdote cantaba el sutra.
Sato se miraba muy tranquilo, Keiji recordaba haberlo visto dormido en ocasiones cuando regresaban en el autobús de los juegos más extenuantes. Era bastante similar a estar descansando, seguramente tenía paz.
—Ey, chicos, compramos flores —Konoha los saludó sombríamente desde un lado donde estaban todos los integrantes del equipo de voleibol, y en seguida les pasó a cada uno una flor.
La familia del capitán colocó varias de distintos colores alrededor de su rostro y torso.
Keiji siguió a Bokuto cuando caminó hacia adelante para colocarla al lado de la cabeza de Sato.
—Nadie quiere otro capitán que no seas tú —murmuró su novio suavemente, haciendo puños con sus manos.
Keiji se mordió los labios.
Así pasaron los siguientes días, Keiji iba a casa de Bokuto para ver una que otra película. Ninguno comentaba mucho, era tan extraño el silencio de Koutaro que se sentía como si no estaba con él.
Fue como otro de los modos deprimidos de la estrella, pero esta vez duró varios días.
Keiji no pudo usar los trucos usuales para levantar el ánimo del chico de cabello bicolor, así que hizo lo que consideró mejor: quedarse a su lado. No le decía nada ni usaba el sarcasmo con él. Su propio estado anímico también estaba por los suelos.
Estaban mirando un partido de voleibol que Bokuto había grabado de las olimpiadas de ese año, cuando sintió la mano de su novio colocarse en su cintura. Keiji lo entendió como una indirecta, por lo que se movió para estar sentado más cerca de él. Quizás el otro necesitaba un poco de calor humano.
La mano que lo tocaba se metió por debajo de su camisa y tocó su piel, Keiji sintió un ligero escalofrío pero no se inmutó.
Mientras sentía que acariciaban un lado de su cuerpo, miró cómo la otra mano de Bokuto se acercaba a él.
—¿Bokuto-san?
La segunda mano acarició su ombligo y la piel debajo de este.
Lo que sea que él iba a decir fue cortado por una bocanada de aire que dio sin pensarlo, Bokuto había introducido su mano bajo su short, y estaba tocándolo por encima de su ropa interior.
Bokuto se cambió de posición colocándose encima de Keiji, con una rodilla a cada lado de él, sobre la alfombra de su habitación.
Puso cada mano en un hombro del chico frente a él, mientras se hacía para atrás hasta recostarse en el suelo, levantó la mirada y cerró los ojos cuando fue besado.
Gimió suavemente cuando sintió que la mano del otro lo tocaba por debajo de su ropa interior.
Besó a su novio con la misma intensidad que él le daba, abrió su boca para acariciar sus labios con su lengua.
Una parte de él pensó que seguramente la puerta de la habitación tenía llave, pero que afortunadamente la madre de Koutaro había salido a tomar el té con una vecina con la que eran buenas amigas. Estaban a salvo incluso si llegaban a casa a tocar la puerta de su habitación.
Por eso intentaba ser lo más silencioso posible, respirar controladamente a pesar de los masajes que el fuerte chico le daba a su entrepierna.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando una gota de agua cayó en su rostro.
Abrió sus ojos y sintió otra gota caer en su pómulo.
Keiji empujó suavemente a Bokuto con una mano y con la otra tomó su muñeca para apartarlo de su toque.
Ver a Bokuto llorar quebraba su corazón.
—Creo que es mejor que llores para desahogarte —le dijo suavemente a pesar que odiaba verlo así.
—No quiero llorar —dijo Bokuto y se limpió el rostro con el antebrazo rápidamente—. Quiero hacer esto.
—¿Crees que te hará sentir mejor?
—No sé, estoy harto de llorar —dijo el otro de forma más cortante.
Keiji se sorprendió por eso, pero de alguna manera encontró su voz para responderle.
—De acuerdo, ¿me quito la camisa para ti? —dijo poniendo ambas manos en el dobladillo de la prenda.
—No, déjamelo a mí —Bokuto puso ambas manos sobre él, Keiji dejó que le removiera su ropa.
La boca de Koutaro se unió con la clavícula del pelinegro y sintió los dientes rozar con el hueso debajo.
Keiji sintió otra lágrima caer sobre su pecho.
—Bokuto-san, podemos detenernos si quieres.
—¿De qué hablas, Akaashi? ¿Cómo voy a dejar de tocarte?
—Creo que sé lo que intentas hacer.
—¿Besar cada centímetro que tienes? —Koutaro depositó un beso con la boca abierta sobre su pezón, Keiji se mordió los labios.
—Está bien si quieres desahogarte conmigo —dijo Keiji, él le entregaría voluntariamente su cuerpo a Bokuto para que hiciera lo que quería con él, pero prefería que fuera bajo circunstancias más correctas—. Pero creo que hacer esto no te hará sentir mejor respecto a lo de Sato-san.
Bokuto se detuvo y levantó la mirada.
Sus ojos amarillos estaban muy enrojecidos.
—No puedo quedarme en casa mirando películas y jugando videojuegos, necesito algo más que pensar en él y llorar.
—¿Necesitas el voleibol, no? —le dijo mientras buscaba su camiseta nuevamente, le dio la vuelta y volvió a vestirse—. Te entiendo, yo también. ¿Qué te parece si mañana buscamos al entrenador para decirle que estamos listos para reanudar las actividades del club?
—No puedo regresar ahí y ya no verlo con nosotros —Koutaro bajó la mirada.
—Lo sé, yo también he pensado lo mismo.
—¿Tú qué sabes? —Bokuto elevó su voz de repente—. ¡Apenas lo conocías!
Keiji guardó silencio, aunque estaba sorprendido por el tono del otro.
Koutaro se llevó las manos a su cabello y lo tomó con los puños.
—Arghh ¡Lo siento! Sé que sólo quieres ayudarme.
—Está bien. No puedo entender lo que sientes, sé que lo conoces desde la escuela media y yo desde este año.
—¡No es eso! —Bokuto suspiraba exasperado—. Keiji, no quiero descargarme contigo.
—También sé eso.
—No quiero aprovecharme de ti o tu cuerpo.
—Lo sé.
—Diablos, ¿¡cómo puedes mantener la calma todo el tiempo!?
Keiji, muy a su pesar, rio un poco.
—Alguien de los dos tiene que hacerlo.
—Lo siento.
—Ya dijiste eso.
Bokuto bajó su mirada y se quedó callado.
Keiji habló.
—Creo que podemos continuar guardando luto con los otros amigos de Sato-san, haciendo lo que todos tenemos en común con él.
—¿El amor por el voleibol?
Keiji sonrió.
—El amor por el voleibol.
Después de tres semanas, el club volvió a abrir sus puertas.
Se notaba un aire apagado entre los demás jugadores, que parecía una llama débil que se negaba a extinguirse.
El entrenador los hizo calentar y luego practicaron recepciones.
Hubo varios fallos en comparación al desempeño usual de cada uno.
No era mucho, pero era ya un avance.
A medida el tiempo pasó, el humor iba mejorando entre los miembros del club.
Pudieron realizar verdaderos partidos de práctica, saques, bloqueos y recepciones. Incluso Bokuto se reía cuando los demás tenían problemas para bloquear sus remates.
Se sentía como si las cosas estaban volviendo a la normalidad, a un paso lento y progresivo.
El entrenador los reunió y junto a su mánager les dijo que ya era el momento de decidir quién sería el siguiente capitán.
—Aunque todos ya sabemos quién será el capitán que nos llevará a las nacionales el próximo año —dijo Yukie Shirofuku, su mánager de segundo año; y luego agregó—. Lástima que requiere cuidados veinticuatro-siete, y se comporta como un bebé gigante y problemático.
Todos se giraron para mirar a Bokuto, quien le sacó la lengua a su mánager.
—Eres muy cruel para tener novio —le dijo él.
—Para que lo sepas, hay un chico muy lindo que me envió solicitud a Facebook que es de la clase cuatro de nuestro año —le respondió ella sosteniendo con firmeza su libreta de anotaciones de los jugadores del club.
Bokuto pareció pensarlo un momento.
—No puede ser más lindo que Akaashi —le dijo con malicia.
Ella miró a Keiji unos segundos, él sintió su rostro ponerse cálido ante el comentario ridículo de su novio y el escrutinio de la mayor.
—Diablos —dijo ella chasqueando la lengua—. No sé cómo lo haces, Koutaro. Con lo tonto que eres a veces.
Bokuto le sacó la lengua de nuevo.
—Aún me debes dinero —le recordó ella.
—¿Te hiciste algo en el cabello? Se te ve muy lindo.
—¡No me cambies el tema! —dijo ella golpeando el suelo con sus zapatos.
—Yo veo su cabello igual —comento Konoha confundido, por lo que recibió risas por parte de sus compañeros.
—En fin —interrumpió su entrenador—. ¿Todos de acuerdo en que Bokuto-kun sea el capitán el próximo año?
Todos afirmaron al unísono, los compañeros de la estrella silbaron. Keiji fue parte de ellos, y miró a Bokuto sonreír con orgullo.
—Gracias, chicos.
—Muy bien, felicidades equipo. —Los animó el entrenador—. Ahora, señor capitán, ¿prefieres elegir al vice-capitán este año o el siguiente?
—¡Este año! —Respondió Bokuto con energía—. ¿Solo yo voy a elegirlo?
—Pues así lo hemos hecho siempre, el capitán elige su vice-capitán —dijo el entrenador poniéndose una mano bajo el mentón—. Aunque puedes preguntarle a los demás qué opinan también.
—¿Están todos de acuerdo en que Akaashi sea vice-capitán? —preguntó la estrella.
Keiji luchó contra el calor de su rostro, a veces le parecía que la atención que Bokuto le daba era injusta para los demás.
—Creo que Akaashi-kun debería ser el vice-capitán —hablaron desde atrás de ellos.
Keiji abrió mucho los ojos al notar que se trataba de Nozomi, su compañero de primer año. No se llevaban muy bien desde la vez que le había dicho que se había aprovechado de la preferencia de Bokuto para ser el armador titular.
—Amm —titubeó Nozomi al cruzar miradas con Keiji—. Aki y yo pensamos que como Bokuto-san fue vice-capitán siendo de segundo año, que se debería mantener la tradición de elegir a alguien que sea un año menor que el capitán.
—Pero Akaashi es de primero —comentó Bokuto confundido.
—El otro año será de segundo —le respondió Washio-san, colocando una mano comprensiva en su hombro.
—¡Cierto! —se dio cuenta el nuevo capitán.
Keiji miró a sus compañeros que pronto serían de segundo año con él y les agradeció con un gesto de la cabeza. Ellos sonrieron y Aki le hizo un gesto de victoria con los dedos índice y medio de su mano.
—Ya veo —dijo el entrenador y se dirigió a Yukie—. ¿Estás anotando esto?
—Sí —indicó ella, luego habló en voz alta—. Bokuto Koutaro como el capitán, Akaashi Keiji como vice-capitán. ¿Van a elegir sus números de camisetas los demás?
—Dos —dijo Washio.
—Tres —dijo Sarukui.
—Cuatro —dijo Bokuto.
Yukie dejó de escribir y todos se voltearon para ver al chico.
—¿No quieres ser el uno, Koutaro? —preguntó ella.
—Nah, el número cuatro también se reserva para las estrellas.
—No cuando son capitanes —contrarrestó ella.
Keiji creía que sabía por dónde iba la decisión de Bokuto.
—El número uno seguirá siendo de Sato-san —estableció, a lo que los demás asintieron solemnemente.
—Tú deberías ser el cinco —sonrió su novio.
—Es una buena idea —respondió Keiji.
—Yo quería ser el cinco —se quejó Konoha—. Me gustan los números primos.
—Lo siento —dijo Keiji avergonzado.
—¿Te anoto el siete, Akinori? —Preguntó Yukie—. Es otro número primo.
—Mmm… es el número de la buena suerte, de acuerdo.
—Los de primero, quedan libres el seis y los números después del ocho en adelante.
Ese día Komi no llegó porque había estado enfermo del estómago, por lo que fue el único de segundo que terminó con el alto número que era el once, junto a los de primero y los números que quedaron libres para los chicos que llegarían el próximo año.
Quedaron en que esperarían que el año siguiente iniciara para tomar medidas a todos los jugadores, los nuevos incluidos.
Shirofuku-san también les dijo que buscaría por la escuela por alguien que quisiera ser su mánager para enseñarle de todo cuando ella fuera de tercer año.
La reunión terminó en celebraciones, y promesas de los de segundo hacia los de tercero. El juramento de seguir sus pasos, ganar por ellos y por Sato-san.
Keiji y los demás de primero prometieron que serían buenos sempais hacia los chicos que llegarían el siguiente año lectivo.
Al final, que llegó el día de recoger las cosas de su casillero y sus zapatos de gimnasio para llevarlos a casa por las siguientes semanas; se encontró a Bokuto esperándolo fuera de su última clase. Keiji llegó hasta él y lo saludó, luego el otro dijo lo que tenía en su mente.
—Wow, seré de tercero —comentó el chico de cabello bicolor—. Todos me verán como el mayor y me pedirán consejos.
—Creo que eres muy bueno dando consejos de voleibol.
—¿Cómo te sientes tú al ser de segundo?
Keiji lo pensó por un momento.
—Creo que será extraño tener kouhais que confíen en mí.
—Pues yo pienso que serás un excelente sempai.
—¿Mas excelente que tú?
—¡Millones de veces mejor que yo!
Bokuto se echó una carcajada y Keiji rio con él.
—Pues, has sido muy bueno conmigo —le dijo con sinceridad.
A Keiji le encantó la forma en que las mejillas de Bokuto se colorearon de rojo.
—E-eh… pues, ya sabes… e-era lo que tenía que hacer como tu semp-
El pelinegro apoyó su frente en el hombro del otro y cerró los ojos.
—Me has hecho muy feliz este año, Koutaro —sintió al otro tensarse y le pareció escuchar su corazón latir—. Por favor, cuida de mí el próximo año también.
Sintió la mano de Bokuto en la parte posterior de su cabeza, sosteniéndolo.
—Lo haré, Keiji. Te lo prometo.
Akaashi tenía muy buenas expectativas de su siguiente año escolar. Las vacaciones sonaban poco atractivas cuando pensaba que vería menos a Bokuto, casi deseaba que acabaran rápidamente para volver a jugar el deporte que tanto amaba junto a la estrella de Fukurodani.
Siempre me he preguntado por qué Bokuto usa el número 4 en su camiseta, y pues... lo único que han dicho canonmente es que es el número de los ases, (como Iwaizumi) pero en el caso de Ushijima el sí usa el 1 porque es el capitán... así que no se, la idea de la muerte de un capitán me llamo la atención. Sería un acto dulce de Bokuto llevar el número 4 para dejar el 1 libre por su ex capitán... así que esto paso.
Supongo que este cap parece un final, y esa era la idea inicial... Pero a medida escribía cada vez más quería hacer a Bokuto en su tercer año, ya que en el canon lo muestran muy poco. Me gusta imaginar qué aventuras puede tener esta pareja que Haikyuu no nos muestra fuera de cámaras.
Por eso mismo... ermm como soy mala contando(?), seguramente pueden esperar un capitulo más para esta historia... maldita sea.
Puedes decirme lo que hay en tu cabeza con un review~
