Yo estoy viva, este fic está vivo... y también el otro que ustedes ya saben.

Es corto, pero ya es el último de esta pequeña historia.

Gracias por ser estar conmigo a pesar de todo este tiempo! :D


—¿Estás listo? —preguntó Bokuto mirándolo con un poco de vergüenza.

Akaashi suspiró.

—¿Alguien alguna vez lo está? —le respondió tratando de sonar más seguro de sí mismo, tratando de ocultar el nerviosismo que sentía.

Akaashi se hincó en el piso.

—¡Espera! —exclamó Bokuto y salió corriendo en dirección a su cama, tomó una almohada y se la puso a Keiji en el suelo—. ¡Para tus rodillas!

El pelinegro lo miró desde abajo, y se arrodilló sobre la almohada, haciendo otro suspiro nervioso.

Se armó de valor para decir lo siguiente.

—No sé si estoy listo, sólo sé que lo deseo —confesó mientras sentía calor en sus mejillas.

—Yo también lo deseo —respondió el otro con voz suave.

—Lo sé —aceptó.

Keiji observó a Bokuto desabrochar su pantalón y bajar la cremallera, hurgar en su ropa interior y sacar su miembro frente a él.

—Debo ser muy bueno porque ya estás duro —comentó seco.

El otro se rio.

—¡Akaashi! —exclamó—. Es que estoy imaginándome lo que estás a punto de hacer.

Keiji resopló.

Con sus manos tomó la longitud de Koutaro y abrió su boca para cubrirlo entero, lo tocó con su lengua y escuchó a su novio gemir.

—Tu boca es tan húmeda y caliente… —describió el chico del cabello de dos tonos.

Keiji lo miró serio, quería decirle que no necesitaba su narración de lo que estaban haciendo; pero si hablara tendría que sacar el miembro de su boca y arruinaría la manera en que Koutaro estaba suspirando con sorpresa.

Así que, en lugar de eso, el pelinegro comenzó a succionar y lamerlo.

Había hecho suficiente investigación sobre felaciones en internet para tener una idea de más o menos qué debía hacer.

Sabía que debía mantener sus labios alrededor del miembro, el ruido era señal que todo iba bien, y debía usar su lengua para lamer la zona inferior que era la más sensible. No lamerlo como si se tratara de un helado o algo así. Debía respirar por su nariz y mirar a su compañero para verificar que lo estaba disfrutando.

Cuando vio a Bokuto lo descubrió mirándolo de regreso, sus ojos entrecerrados y sus labios entreabiertos y jadeando suavemente, él colocó una mano en los cabellos de Keiji y acarició las hebras a la par de su oreja, pellizcó un poco su lóbulo.

Keiji se sintió seguro de sí mismo y quiso llevarlo un paso más adelante.

Leyó que, si lo introducía hasta tocar el fondo de su garganta y luego tragaba, los músculos de su garganta se cerrarían alrededor y apretarían más, causándole más placer a su pareja.

Lo que no sabía era lo difícil que era eliminar el reflejo de náuseas.

El pelinegro dio una arcada al atragantarse con el pene de su novio, y comenzó a toser de forma lastimera.

—¿Keiji, estás bien?

El aludido asintió, y respiró rápidamente hasta normalizar su pulso; se llevó una mano al pecho, patéticamente, incluso se limpió una lágrima que había salido de la esquina de su ojo.

Se sintió como un idiota por tratar de manejar más de lo que podía soportar, y miró a Koutaro pensando que había arruinado todo el ambiente.

Pero la forma como lo veía le demostró lo contrario.

Los ojos del chico mayor estaban nublados por un aire de deseo y lujuria, como si se hubiera encendido una llama aún más fuerte que antes. Sus labios se separaban mostrando un poco sus dientes en una especie de ligera sonrisa que se veía tan depredadora como hambrienta.

Así que a Bokuto le gustaba sentirse más grande que la boca de Keiji.

El menor sintió como si lo estuvieran desnudando con la mirada, a pesar de estar completamente vestido. Su pantalón comenzó a sentirse apretado en medio de sus piernas.

Así que volvió a meterlo en su boca, y esta vez sin tomar más riesgos, comenzó a succionar.

Aceleró el ritmo cuando Koutaro comenzó a gemir, lo escuchó sisear y miró hacia arriba para encontrarlo con los ojos cerrados y mordiendo sus labios.

—Diablos, Keiji… —gimió el otro.

—¿Mmm? —preguntó mientras continuaba con sus ministraciones.

—Ah... voy a.… ah… Kei…

Ya había leído esta parte, y había tomado la decisión de tragar, así que lo introdujo de lleno en su boca esperando poder hacerlo sin dificultad.

Pero de la misma manera fracasó.

Tragó un poco, pero el resto que cayó en su lengua se derramó hasta su mentón.

—Maldita sea… —dijo suavemente.

En medio de sus jadeos, Bokuto trajo una toalla para limpiar su rostro de los restos de semen que no había podido manejar.

—Eso fue increíble… —comentó el mayor—. Diablos, Keiji eres tan sensual, soy tan afortunado.

—¿Te gustó? Eso espero, me duele la boca —dijo abriéndola y cerrándola repetidamente, se sentía acalambrada.

Luego agregó.

—Eres muy grande, Bokuto-san —dijo con una sonrisa coqueta.

Koutaro abrió mucho sus ojos.

—¡¿De verdad?! —preguntó tan emocionado que hasta él mismo se dio cuenta, se aclaró la garganta y se corrigió—. Quiero decir: no es para tanto, Akaashi.

Keiji le dedicó una mirada y el otro se echó a reír.

Por supuesto que el chico que siempre era el más hábil en voleibol, y el más fuerte en la cancha lógicamente querría ser el mejor en la cama, y si Akaashi le decía lo grande y fuerte que era, el otro chico brillaba de orgullo.

—Ven aquí, es hora que te haga sentir bien —interrumpió sus pensamientos su novio, abrazándolo por su espalda baja y bajando su mano hasta su trasero para darle un apretón.

—Ah… ¿Kou…?

Akaashi fue besado con fuerza, tanta que fue impulsado hacia atrás y se acostó en la cama con Bokuto encima de él.

—Keiji, espero que no te moleste, pero estoy a punto de comerte entero —le prometió.

—¿Y qué estas esperando?

El pelinegro sintió cada centímetro de su piel arder con cada toque del otro chico, y su ropa fue removida por completo hasta quedar a su completa merced.

Koutaro lamió sus labios en anticipación y Keiji sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

Ninguno de los dos era experto en el tema de intimidad, pero Akaashi estaba dispuesto a descubrir todas las clases de placer con Bokuto.


Al iniciar con el segundo año lectivo de Akaashi se encontró con nuevos compañeros, los chicos de primer año estaban formados en fila para presentarse con su solicitud para ingresar al club de voleibol de Fukurodani.

Y su estrella y capitán, estaba al inicio de ellos. Extendió los brazos para darle la bienvenida a todos.

Por supuesto que nadie más que Keiji sabía que Koutaro había puesto cinco alarmas ese día para no llegar tarde frente a todos sus nuevos kouhais.

—¡Bienvenidos al mejor club de todo Fukurodani! —exclamó.

Los chicos nuevos sonrieron emocionados.

—Nuestro objetivo es ser los mejores jugadores de Tokio y los mejores jugadores de todo Japón —aseguró el chico—. Nuestro equipo lleva cinco años seguidos llegando a las nacionales y nuestra meta final es ganarlas. ¿Quién está conmigo?

Todos los chicos gritaron al unísono, incluyendo los jugadores de segundo y tercer año.

—El trabajo en equipo es clave y es lo más importante para avanzar —Koutaro se cruzó de brazos—. Soy Bokuto Koutaro y soy su capitán, y también su mayor competencia si desean ser la próxima estrella del equipo.

Keiji elevó una ceja y miró a Konoha girar sus ojos.

«Humilde como siempre» murmuró el castaño para sí mismo.

El capitán se rio fuertemente mientras los rostros de los chicos nuevos se iluminaban con emoción.

A los días Yuki les presentó a Kaori Suzumeda, que compartiría el papel de mánager con ella, la chica los saludó amablemente y con su gran sonrisa que inmediatamente les agradó a todos. La chica tenía pecas en su rostro, era muy amable y les prometió que haría todo lo que pudiera por ayudar a todos.

Entre ambas sacaron la medida de todos los jugadores para los nuevos uniformes.

—Tengo malas noticias para ti, Bokuto —dijo Yukie con ojos cerrados y cruzándose de brazos.

—¿Ah sí? —preguntó él con genuina curiosidad—. No me digas que te retirarás del club, ¿quién más me prestará dinero para comprarle cosas bonitas a Akaashi?

—Muy gracioso… —se rio ella con sarcasmo—. Es peor que eso, te estás engordando y ahora eres talla «L» —le anunció señalándolo con un dedo acusador.

Akaashi miró las anotaciones en el cuaderno de la chica, evidentemente las mediciones en Koutaro habían variado más de un par de centímetros.

—Oh vamos, ¡eso quiere decir que mis músculos son más grandes! —se defendió él.

—Llámalo como quieras, si eso te hace sentir mejor —agregó ella de forma maléfica.

Keiji sabía cuál era la razón, el cuerpo del otro seguía creciendo y sus músculos fortaleciéndose. El pelinegro se sintió afortunado de tener a alguien tan maravilloso como Bokuto sólo para él.

—Akaashi-san —interrumpió sus pensamientos Kaori—, también vamos a tomar tus medidas, no creo que hayas variado mucho pero el armador oficial debe brillar con un uniforme que le quede perfecto.

Así que hizo caso a las chicas y dejó que tomaran sus medidas, al igual que el resto del equipo.


Keiji se sentía orgulloso de pertenecer a uno de los equipos más fuertes de Tokio, de lo cotizados que eran por todos, frecuentemente eran llamados por otras escuelas para juegos de práctica y campamentos de voleibol.

Volvió a ver a Kuroo en el campamento de ese año, y lo bien que se llevaba con Bokuto. La ridícula manera como uno intentaba detener cada remate, y como el otro celebraba cuando hacía puntos a uno de los mejores bloqueadores de tercer año. Ellos juntos era como fuego y gasolina, cada uno animaba al otro a hacer todo tipo de tonterías.

Como cuando Kuroo le susurró a Bokuto que quería llamar la atención de un chico rubio de primer año de otra escuela, así que se les ocurrió invitarlo a jugar un tres a tres con ellos mismos. Y aparentemente funcionó, porque, aunque el chico de lentes se mostraba irritado y harto de ellos y de sus estupideces, terminó aprendiendo mejor el arte de bloquear un buen remate.

Bokuto y Kuroo se encargaron de enseñarle tanto teórica como en práctica las bases fundamentales para esto.

Incluso a pesar que al inicio Tsukishima huyó de ellos, algo cambió en él porque después regresó.

—¿Y esto? —preguntó Akaashi al verlo llegar nuevamente donde ellos.

—¿Y esto? ¿Y esto? —repitió Bokuto.

—¿Y esto? ¿Y esto? ¿Y esto? —agregó Kuroo.

Eran unos idiotas, Keiji giró los ojos.

Terminaron intercambiando números de teléfono con él para seguir en comunicación.

Cuando comenzaron las rondas de los entrenadores para guiar a todos a sus respectivas habitaciones, y los chicos de primer año de Karasuno se despidieron de ellos; Tetsuro le dio los cinco a Koutaro.

—¡Gracias, Bo! Conseguí su número.

—Guau, hermano eso es genial —sonrió el del cabello de dos tonos.

Bokuto era muy sociable, así que Keiji no se sorprendió de lo bien que se llevó con el pequeño chico extrovertido de Karasuno. Hinata Shouyou estaba encantado con Bokuto y le hacía todo tipo de preguntas respecto al deporte, y Koutaro le respondía con la misma energía, de lejos se miraban como un hermano mayor jugando con el menor.

La amistad con Hinata y Tsukishima lo llevó a hacerse amigo del resto del equipo de Karasuno, tanto que invitaron a Bokuto y a él a la ciudad de Miyagi a turistear.

Era una ciudad más pequeña y menos bulliciosa que Tokio, pero se sentía acogedora.

Sí, los chicos de Karasuno estaban dementes, pero eran personas bastante interesantes.


El club de voleibol era lo más importante para Keiji, ahí se encontraban sus amigos más cercanos y la persona que más quería.

Fukurodani fue al torneo nacional una vez más en su segundo año en el equipo.

Jugaron cada juego con todo lo que tenían, conectaban perfectamente el armador con cada miembro del equipo. Punto tras punto, juego tras juego, equipo tras equipo.

El esfuerzo realmente pagaba.

Había valido la pena, todas esas tardes, después de los juegos de práctica; las levantadas del balón hacia su estrella y su forma de rematar hasta que incluso habían arruinado un par de balones –que luego le había tocado pagar-. Todo había dado fruto.

Keiji recordó todas esas prácticas, los partidos jugados, los juegos internacionales de voleibol que vio en la televisión, corrieron como imágenes frente a sus ojos mientras gritaba con todas sus fuerzas y corría hacia Bokuto.

Y todos corrían hacia su capitán.

Se abrazaron todos fuertemente, lágrimas caían de sus ojos por la emoción.

La gente aclamaba el nombre de su escuela, y las porristas aclamaban el apellido de Koutaro.

—¡¿Te lo prometí no?! —le gritó Bokuto, por encima de las voces de todos, Keiji lo miró—. Hace un año te prometí que ganaríamos.

Ganar las nacionales, coronar a Fukurodani como la escuela con el mejor equipo de estudiantes de voleibol de todo Japón había sido surreal.

Keiji apenas entendía lo que le decía en medio de los gritos de todos los miembros de su equipo, pero abrazó con fuerza al chico que hizo que eso fuera posible.

—¡Eres el mejor, Bokuto-san! —le aseguró, obteniendo un sonrojo del mayor.

—Sato estaría muy feliz de ver esto —le dijo Bokuto, más tarde cuando estuvieron solos.


No era de sorprenderse que debido al espectáculo que la escuela de Fukurodani había dado, y el éxito que tuvieron con todos los partidos que jugaron; el nombre de Bokuto fue anotado por personas influyentes.

Koutaro le contó a Keiji que había sido llamado por el director de la escuela para reunirse con sus padres e informarles que le había sido ofrecida una beca deportiva en una universidad importante en Tokio.

—¡Kou, eso es increíble! —exclamó emocionado Keiji, abrazándolo cuando le dio la noticia.

—Sí, ¿verdad? —preguntó el del cabello en dos tonos.

—Estoy muy orgulloso de ti —el pelinegro tomó ambas manos del otro con las suyas y lo miró a los ojos.

—Sabes, Keiji —dijo con una sonrisa más leve—…. No está tan cerca de nosotros, es un viaje de ocho horas.

Akaashi negó con su cabeza.

—Está bien, debes aprovecharla —le aseguró—. Yo estaré aquí, y estudiaré mucho el próximo año para entrar a la misma universidad, ¿te parece?

La expresión de Bokuto se iluminó con eso.

—Eso me encantaría —le confesó.


Keiji fue elegido en el equipo de voleibol como el siguiente capitán, agachó su cabeza frente a todos prometiéndoles que haría su mejor esfuerzo para hacer un buen trabajo.

Recibió aplausos de todos los compañeros de su equipo y la promesa silente que llegarían nuevamente al torneo nacional, y que ganarían y Bokuto les prometió que iría a verlos jugar.

—¡Gracias por estos tres años! —exclamó Bokuto de repente y agachó su cabeza.

Los demás chicos de tercer año hicieron lo mismo y se dirigieron a ellos y a sus entrenadores.

También los imitó su mánager, Yuki.

Keiji miró a todos los de tercero, próximos a graduarse, agachando su cabeza en agradecimiento a sus menores y a sus entrenadores. Recordando cada uno su propia experiencia, en sus mentes reproduciéndose como una película los eventos de los últimos tres años de sus vidas.

Todos los que en unos días dejarían de usar el uniforme de Fukurodani para siempre tenían lágrimas en sus ojos.

Koutaro le había dicho que había sentido que esos tres años habían pasado demasiado rápido.

Todos los de primer año y segundo año, y Keiji incluido, les agradecieron por la agradable experiencia de haber jugado con chicos tan talentosos.

Pero todo tenía su final, y todos debían avanzar.


Cuando el final de sus clases llegó y la campana sonó, su profesor se despidió y les pidió que disfrutaran el verano y que regresaran al siguiente año lectivo con nuevas motivaciones para estudiar.

—Serán de tercer año la próxima vez que nos veamos, y es el año donde deben pensar en su futuro y en qué clase de adultos quieren ser. Por favor no se lo tomen a la ligera.

Los alumnos agradecieron a su profesor y se retiraron.

Keiji metió sus cuadernos en su mochila y se la llevó al hombro.

Salió de la escuela preguntándose donde debía estar él, pensó que debía ir a su casa probablemente, pero quizás ese día querría estar con sus compañeros y nadie más.

Konoha, Washio, Sarukui, Komi y Bokuto, todos se despedían ese día de su equipo de voleibol y de Fukurodani.

—Ey, ey, ey… —interrumpieron sus pensamientos.

Keiji se dio la vuelta y ahí estaba justo la persona que ocupaba su mente todo el tiempo.

—Bokuto-san —lo saludó.

—Ya no soy tu superior, Keiji —le respondió el otro sonriendo.

—Me alegra verte, Koutaro —usó su nombre también—. Pero ahora serás un universitario, sigues siendo mi superior.

Bokuto abrió sus ojos el doble.

—¡Tienes razón! —se llevó las manos a la cabeza—. ¿Cómo podemos eliminar esta brecha que nos separa?

—Se me ocurren algunas ideas —le contestó en tono sugestivo, y luego agregó—. No quería perderme verte en uniforme una última vez.

—Y yo tengo todo otro año para verte en uniforme —le dijo con una sonrisa y luego se llevó una mano a la barbilla—. Ahora que lo pienso, tengo una relación con un menor de edad, puedo meterme en problemas por eso.

—Guau, Bokuto-san, nunca te tomé por un Shotacon.

La expresión divertida de Koutaro se desmoronó en una de preocupación.

—Dices eso tan serio que no parece que estés bromeando.

Keiji se rio, divertido. Eso pareció tranquilizar al otro.

—¿Te parece si sigo llamándote Koutaro?

—¡Es lo mejor! —aseguró el otro, pensó por un momento y pareció recordar algo—. ¡Ah! por cierto…

El chico del cabello de dos tonos tomó el lado derecho de la chaqueta de su uniforme, y sin ningún cuidado, de un tirón arrancó el segundo botón, escuchándose el sonido de los hilos al romperse y quedando la prenda desordenada.

Keiji no quería que arruinara su uniforme de esa manera.

—¡Esto es para ti! —le dijo Bokuto ofreciéndole el segundo botón de su uniforme.

Debía haber sido predecible, pero el acto tan cursi lo tomó desprevenido, Akaashi se insultó internamente por no haber previsto lo que Koutaro quería hacer.

No le quedó de otra más que enterrar su cara entre sus manos y esperar que nadie viera lo que estaba pasando.

—¡Eres tan vergonzoso! —lo regañó.

—¡Y tú eres muy lindo cuando te sonrojas! —respondió el otro.

Muy a pesar de su vergüenza, Keiji tomó el botón y lo miró con detenimiento.

La gente a su alrededor, los estudiantes celebrando el inicio de sus vacaciones, y para varios el final de sus días de escuela y el inicio de su vida adulta. Todo eso pareció lejano y se acalló a sus oídos, quedando nada más ellos dos.

—Vamos a ir con los chicos a jugar videojuegos a mi casa, ¿quieres venir?

—Sólo si te quedas con el uniforme por un poco más.

—¿Tienes un fetiche con el uniforme, Keiji?

Akaashi se rio.

Era un poco desalentador pensar en lo que depararía el futuro, ¿seguirían juntos? ¿Se verían lo suficiente como para mantener su relación a flote? ¿Lograría Akaashi entrar a la universidad de Bokuto que se concentraba más en el deporte? O si sería lo mejor buscar otro rumbo para su futuro; uno que dependiera totalmente de él mismo.

Sólo esperaba que Bokuto se sintiera igual que él, mientras ambos compartieran los mismos sentimientos, Keiji estaba seguro que ellos estarían bien.

Akaashi fue tomado por sorpresa debido a lo mucho que había caído enamorado de la estrella de Fukurodani, y que el sentimiento era mutuo.


Mi idea con este fic era cubrir la historia desde que Keiji llegó a Fukurodani y cuando Bokuto se gradúa... no es la misma que en el manga, así que tómenlo como ficción.

Muchas gracias por leer! Si puedes dejar un review me harias muy feliz :D