El asesinato de Grumman fue más de lo que podía soportar. El mensaje era claro, habían perdido esa batalla. Ni siquiera podrían despedirse apropiadamente.

El anciano naturalmente había dejado asentado que él era su sucesor en caso de su deceso, pero en la situación actual no había forma de que Roy pudiera tomar ese puesto.

No sin arrasar con más de la mitad del ejército.

Podría decirse que era justo. Acabar con unos cuantos cientos para evitar que estos exterminen a miles. Pero era un intercambio equivalente que no deseaba llevar a cabo, que no dejaría ninguna balanza equilibrada.

Vinieron tras de ellos, naturalmente. Ningún General a la vista, solo 10 pobres soldados que no pasaban de sargentos. Hizo todo lo humanamente posible para que ninguno salga lastimado, pero cuando la bala de uno de ellos conectó con su brazo, Riza lo derribó de un disparo. Y a 4 más, antes de que pudieran reaccionar. Eran novatos, no estaban preparados para enfrentar al Ojo de Halcón. Ni mucho menos al infame Alquimista de la Llama.

Él tuvo que ocuparse del resto. Unos pocos más no harían mella en su ya pesada alma.

Había sido precavido y había avisado a Miles y a Scar de lo que se estaba gestando, así que ellos estaban evacuando a la mayor cantidad de ishvalíes que podían.

Ellos también tenían que irse.

El actual emperador de Xing se había visto muy preocupado por su seguridad y les ofreció (casi que rogó) que se dirigieran al gran país del Este.

La única despedida que le había dolido tanto como esta fue cuando dejó a Riza para volver a convertirse en alquimista estatal. Esa vez había dejado su corazón y su amor atrás.

Ahora dejaba su tierra, sus metas, su trabajo. Hasta la tumba de su mejor amigo y a su familia.

Riza puso una mano en su hombro.

- Nunca creí que tendría que marcharme de Amestris. -

-Ni yo. No sé qué haré, solo sé ser militar. - Y alquimista, pero toda su actividad como alquimista la había llevado a cabo en el ejército. Nunca había trabajado de otra cosa, ni había vivido de otra manera.

-Encontraremos qué hacer, qué ser. -

Asintió. Y recordó las palabras de Riza el día que empezó esta absurda batalla.

"Amestris no tiene cura. El odio está arraigado a sus raíces".

Empezaba a creer que eso era verdad.

Intentó, intentaron. De corazón trataron de limpiar el alma de su Nación, de barrer con todo el odio que la contaminaba. Pero no lo lograron. Por cada centímetro cuadrado que ellos limpiaban, el odio y el veneno avanzaban otros diez.

Odiaba rendirse. Odiaba dejar de pelear, pero tampoco era estúpido.

Cuando se preparaban para el Día Prometido sabían que la balanza no estaba equilibrada, pero contaban con la ignorancia de su enemigo para actuar. Esta vez… Cada movimiento que hicieran sería previsto por diez personas con más poder que ellos. Ya habían entregado demasiado por Amestris, no iban a entregar sus vidas en una pelea sin sentido y que no llevaría a ningún lado.

Así que se marchaban, para tal vez no regresar nunca más al suelo que los vio nacer, crecer y al que le entregaron sus vidas.


Holaaa! Perdón si este me quedó muy cortito, es que preferí hacerlo así por si deseo continuar con al menos algún capítulos más! Espero que aunque sea les esté gustando lo que intento hacer con esta historia