Daniela llego acuestas a la mansión, su caminar era pesado así que se dirigió a su habitación antes de que Onus o algún otro de sus visitantes la viera.

-¿POR MELIN QUE TE PASO?!

-"Carajo"-pensó la cachorra mientras Petunia llamaba al resto del grupo, la pequeña fue recostada en el sillón, tratando de mantenerla lo mas cómoda posible.

La imagen de la niña era desastrosa, la túnica antes una belleza ahora solo eran harapos rasgados posiblemente por un animal. Tenía la cara cubierta de lodo, hierbas y hojas por todo su cabello y una larga cortada en su brazo. Tenía sangre seca cayendo por su rostro y sus ojos parecían envueltos en bolsas de cansancio.

-por lo que más quieran no le digan a Lucius de mi estado-murmuro Daniela tratando de no respirar tan aprisa.

-¿¡Quién te hizo esto!?-la voz del rubio resonó por todo el salón, Daniela mentalmente se pateó.

-Gracias, son realmente de confianza-dijo con sarcasmo, mientras todos hacían de oídos sordos.

Síes días después, la mansión Da Gama se preparaba para la festividad del fin de año. Daniela seguía visitando a Herpo, tuvo que contarle a sus compañeros y visitantes de su acuerdo con Herpo.

-¿Negociar en enseñarte magia oscura? ¿No era más fácil comprar libros?-pregunto un molesto Lucius, reacio a permitir que su amada saliera herida

-Herpo el loco no es cualquier mago oscuro, el mismo ha creado sus propios hechizos. Hechizos que me ayudaran a vencer a Voldemort. Hechizos que nadie conoce.

-¡¿Hechizos que casi te matan?!

-Lucius estas sobre actuando-todos miraron a Severus.-Daniela tiene razón, Voldemort es una mago muy habilidoso y la única forma de vencerlo es pisar su terreno. Suena mal lo sé-dijo notando la mirada consternada de Petunia-pero Voldemort no se apiadara de nosotros solo por ser niños, él nos matara si tiene oportunidad. Y no podemos demostrar que somos débiles. Tenemos que aprender la mayor cantidad de hechizo que nos puedan ayudar para la guerra.

Desde ese día, todos empezaron a entrenar y aprender más variaciones de hechizo, la biblioteca Malfoy desapareció de su mansión, dándole una gran rabia a Abraxas.

Herpo entrenaba arduamente a la niña, sabía que sus métodos eran poco ortodoxos, pero era la única forma de sacar a flote todo su potencial. El basilisco fue ordenado a obedecer a Daniela en caso de alguna emergencia, la niña estaba sorprendida, pues se suponía que el basilisco era el único Horrocrux del mago.

Herpo le explico que había trasladado su Horrocrux a un sustituto, no le dijo más, pero la niña sabía que cualquier método que uso el mago, no sería nada honorable.

Esa tarde, Daniela término su entrenamiento, sintiendo como su magia se fortalecía día a día. Estaba por retirarse cuando sintió una ráfaga de fuego purpura aterrizar en el piso.

-¡¿PERO QUE MIERDA!?

-¿conoces el hechizo verdad?-pregunto el anciano, acercándose y dejando que el fuego se consumiera.

-Fuego demoniaco…

-no, Corpore Flammae…este es uno de los hechizos más oscuros que puedan existir. Su creador es desconocido pero su destrucción es monstruosa. Este hechizo, enviado a cualquiera de tus enemigos, los consume y ninguna magia puede extinguir el fuego. Todo lo contrario…

-lo alimenta de más…, entre más magia le tengan en resistencia sus llamas avivaran más y mas…

-…puedes irte, tu entrenamiento por hoy a terminado.-con eso el desapareció, dejando que Daniela observara la marca humeante en el suelo.