-¡Yuri, si sales por esa puerta, yo... yo...! -saltó JJ intentando evitar que el rubio saliera de cita con su cerdito.
-¿Tu? -alargó el ruso por simple afán mientras abría la puerta.
-Yo... ¡voy a destituirte como mi amigo!
Y luego de estas palabras, el rubio solo salió de la habitación azotando la puerta.
-¡No! -exageró JJ tirándose al suelo con las manos en la cabeza.
-Que intenso... -fue todo lo que pudo decir Otabek mirando su celular.
A medida que el tiempo pasaba Jean no podía quedarse tranquilo, imaginaba todos los horrores que Yuri podría hacerle a su ángel y temblaba.
-¿No exageras? Apenas y lo conoces... -habló Otabek buscando dar algo de sensatez al asunto, ya que él siempre había sido el menos impulsivo de los tres.
Cada quién ocupaba un puesto en esa amistad. Jean, el sujeto socialmente inepto; Yuri, el adolescente temperamental; y luego estaba Otabek, el pegamento más sensato que unía aquella amistad por el hecho de ser el más... normal de los tres. Por lo tanto, para el kazajo era normal interceder de forma discreta en las riñas entre Jean y Yuri para evitar que estas pasaran a mayor. Y aquel encaprichamiento que los dos tenían de repente por el japonés podría terminar siendo peligroso.
-¿Y? ¿No has escuchado hablar del amor a primera vista? ¿O segunda? -preguntó con cierto cantar en la voz- Estoy flechado, Otabek -suspiró llevando su celular con el fondo de pantalla de Yuuri a su corazón.
Otabek pensó que si él fuera Yuri ya habría rodado los ojos, pero como no lo era, solo se aclaró la garganta.
-No digo que no es verdad lo que sientes, solo me parece muy apresurado y...
-Sh... No quiero saberlo -dijo cerrando los ojos y negándole con un dedo- Porque... Con un beso de amor soñé, y un Yuuri que me lo de... -cantó comenzando a bailar por la habitación.
Otabek se tapó la cara con una almohada. Nunca había visto a JJ así. ¿Qué tipo de magia vudú japonesa había usado aquel sujeto?
-Al menos sé que no le afectará a Yuri -murmuró para sí mismo al sacarse la almohada de la cara para volver a intentar hacer entrar en razón a Jean.
-¿Do you know da wae? -preguntó Phichit con aquel tono molesto que había estado usando últimamente desde que usaba el VR Chat.
-¿Phichit, puedes parar con eso? -preguntó Yuuri con paciencia.
-You don't know da wae, ma brother -negó estacionando el auto de Seung, quién iba en el asiento del copiloto.
-Gracias por traerme -suspiró Yuuri ante su respuesta, sacándose el cinturón.
-No hay de qué -rió el tailandés- Es una buena desviación camino al cine. Seung no me deja conducir su auto todos los días -dijo contento, acariciando el volante.
-Porque quieres andar pegado al celular y yo aprecio mi vida -se limitó a contestar el coreano, pues este le había quitado el celular.
Yuuri exhaló una risita y asintió para luego salir del auto.
-Suerte con Rey y Kylo -dijo al cerrar la puerta.
-¡Suerte en el parque! -alargó Phichit felizmente.
-Que la fuerza te acompañe, joven padawan -asintió Seung de forma solemne.
El tailandés dio una palmada y apuntó a los dos asiáticos.
-Oigan... ¡entendí esa referencia! -celebró, pues él no era fan de la saga y solo iba por su novio. Volvió a dar otra palmada- ¡Oh, Dios!, ¡hice una referencia de la referencia!
El coreano sonrió levemente y se acomodó en el asiento antes de dar un beso en la mejilla de su moreno.
-Felicidades.
-¡Ja! Cada vez voy entendiendo más sus charlas freaks -dijo orgulloso de sí mismo, preparándose para arrancar el auto- Avísame cuando salgas, Yuuri, yo haré lo mismo... Aunque no creo que estés listo antes que nosotros. Intenta no morir y pásala bien, ¿sí?
Yuuri asintió.
-Sí, lo intentaré.
-Ya has hecho esto muchas veces, ¡tu puedes! ¡Hasta luego! -alargó Phichit poniendo el auto en marcha.
El japonés se apartó y despidió con la mano a sus dos amigos hasta que el auto ya estuvo lo suficientemente lejos. Respiró hondo y volteó a ver el enorme parque donde le habían dejado. Bien, ahora solo falta encontrar a Yuri, pensó sacando su celular para revisar los mensajes.
-Uhm, no me ha escrito -musitó sentándose en una banca cercana a la fila de gente que compraba en las taquillas- Quizás... ¿se olvidó de la cita? -se preguntó dudando en si llamarle o no- Él quería venir aquí, no creo que se le olvide -suspiró apretando el botón de llamada y al segundo tono Yuri le contestó.
-¿Cerdo?
-Ah, sí... hola, Yuri -murmuró algo nervioso por aquel apodo que no le gustaba demasiado- Ya estoy aquí, quería preguntarte dónde nos encontraremos.
El rubio no contestó de inmediato y al parecer de Yuuri, también estaba en la calle.
-Pues es muy simple, bastará con que te des la vuelta, cerdo -contestó y Yuuri obedeció casi al instante para observar que... no había nada.
-¡¿Estás jugando conmigo?! -exclamó Yuuri sintiéndose como un tonto.
Al otro lado se escuchó al rubio reír.
-No puedo creer que en verdad lo hiciste, eres un cerdito tonto -burló aun riéndose.
-¡No soy un tonto! ¡Y deja de decirme cerdo! -replicó sonrojándose al haber quedado en verdad como un tonto.
Yuri solo pudo volver a reír. En verdad pensaba que el cerdo se veía lindo sonrojado por aquella broma.
-Bien, bien, pero no dejaré de decirte cerdo, cerdo... -dijo acercándose, pues realmente si estaba cerca- Ahora, ¿quieres dejar de taparte la cara y dejarme ver ese lindo sonrojo? -preguntó ya parado frente al japonés.
-¿E-Eh? -murmuró el mayor sacándose la mano de la cara y subiendo la mirada. Frente a él estaba aquel guapo rubio imponente con el cual tenía una cita en ese momento y que, aparentemente le gustaba molestarle- A-Ah...
Yuri solo sonrió ampliamente y colgó la llamada.
-¿Estás listo para jugar con el tigre, pequeño cerdito? -ladeó ofreciéndole una mano para que se levantara y le acompañara.
Yuuri no estuvo seguro de qué contestar, pero de todas formas tomó su mano con cierta duda.
-Supongo que si -murmuró.
-Bien, entonces andando -asintió apretando la mano del japonés para dirigirse al parque.
Yuuri mentiría si dijera que no la estaba pasando bien. El ruso era un chico con bastante energía y le llevó de juego en juego durante casi toda la tarde, ya que tomaban pausas para descansar y beber algo porque Yuuri usaba la excusa de que no era tan joven como él.
-Tonterías -murmuró el rubio tomando de su refresco en medio de una pausa- No eres más que unos años mayor que yo, lo que pasa es que estas fuera de forma y te cansas rápido, cerdo -dijo tocando su barriga, ocasionando que se sonrojara.
-Ah, no hagas eso -musitó Yuuri apenado acomodándose el abrigo- No es mi culpa que mi cuerpo almacene grasa fácilmente -se lamentó con un suspiro, dejando de repente el algodón de azúcar que había estado comiendo.
El ruso entrecerró un poco los ojos y volvió a picarle la barriga con un dedo solo para molestarle.
-Es verdad que deberías hacer un poco más de ejercicio por tu salud, pero... -alargó desviando la mirada a su bebida- no te ves tan mal, no estas gordo, solo relleno... Si estás bien contigo mismo entonces no debe de importar lo que digan los demás, y si no estás bien, pues cambia solo por ti y no porque alguien te lo diga -terminó frunciendo el ceño al notar las cursilerías que decía. Se sonrojó un poco y seriamente volvió a verle- ¿Está claro, cerdo? -dijo un poco más alto de lo necesario.
Yuuri solo pudo sonrojarse y sorprenderse ante tales palabras. Se tapó la boca ocultando una pequeña risa ya que, en las pocas horas que habían convivido, se había dado cuenta de que aunque Yuri tenía un carácter difícil, no era para nada un mal chico.
-Quedó claro -asintió.
Yuri se sonrojó aún más y se levantó de un salto.
-¿De qué te ríes, cerdo tonto? -indagó pudiendo sentir cómo sus orejas se ponían rojas, hasta la risa del mayor le parecía... linda.
-De nada, de nada -negó intentando calmarle mientras aún poseía una sonrisa.
-Más te vale, cerdo -refunfuñó tomando un peluche de león que había ganado en uno de los puestos hace rato- Vamos, escoge la última atracción antes de volver a casa -dijo tomando su bebida, comenzando a alejarse de la mesa.
-¿Ah? ¡Espérame! -exclamó Yuuri apresurándose a tomar sus cosas para seguir al rubio- Ahh, ¿qué te parece la rueda de la fortuna? -jadeó al llegar a su lado ya que el rubio era bastante alto y más rápido que él.
-Ha, ¿esa atracción tan lenta? ¿Estás seguro? -ladeó para mirarle.
-Sí, bueno... como está anocheciendo pienso que la vista ha de ser muy linda desde allí arriba -opinó comiendo un trozo de su algodón-, pero si gustas podemos subir en otra que te guste más.
Yuri consideró por un momento la montaña rusa, pero todo el día habían hecho las cosas que él quería, así que estaba bien hacer lo que quería el cerdo por un rato. Se acercó a la atracción y la miró pensativo.
-No, si es lo que quieres está bien -asintió seguro, comenzando a hacer la fila- Pero... es un tanto... -alargó mirando alrededor. En todos lados de aquella atracción solo había parejas y familias- alarmante. Cerdo, ¿estas intentando decirme algo? Apenas nos conocemos, no creí que fueras tan rápido -dijo fingiendo estar pensativo, mirándole de forma acusatoria.
Más Yuuri solo negó rápidamente.
-No, no, no -alargó nervioso- No es lo que piensas...
-¿Seguro? -le interrumpió Yuri levantando una ceja, sonriendo de lado- No me importaría tomarte la palabra -dijo pasando su brazo por su cintura para abrazarle- ¿Así está bien?
Y Yuuri volvía a sentir los efectos de salir con un chico atractivo. Estaba comenzando a sudar por la cercanía que comenzaba a tomar el contrario.
-Y-Yuri, y-yo no, esto es...
-Vamos, legalmente estamos en una cita, ¿no puedo abrazarte? -alargó de forma amargada, dejando su cabeza sobre la del japonés.
El ruso nunca admitiría que le gustaba molestar a Yuuri.
-B-Bueno, de poder hacerlo... puedes, p-pero no s-sería correcto... -alargó ocultando lo rojo de su cara con el algodón de azúcar para que nadie pudiera ver su pena.
-¿Por qué no?
EL azabache solo pudo pensar en que no era correcto para sí mismo, no era correcto si moría de una taquicardia y de deshidratación por culpa del rubio.
-Porque voy a morir de la vergüenza -musitó con la voz temblorosa, mirándole un poco sobre el algodón con sus ojos algo aguados.
Y aquello fue suficiente para que el ruso se sintiera flechado. Sintió como el calor subió a su cara y ahora el apenado era él. De inmediato pegó a Yuuri a sí mismo para dejar de verle la cara y que a la vez no notara su propio sonrojo.
-¡AH! Exageras, cerdo, ¡solo era una broma! -dijo rápidamente- Eres un tonto -palmeó su espalda- Quédate tranquilo. Mira, la fila avanza, ¡vamos! -exclamó apretándole contra su cuerpo para caminar.
El tibio cuerpo del chico contra el suyo ocasionaba en Yuri cosas que no podía comprender, pero que alguna vez llegó a sentir por Otabek cuando era más joven. Se sentía extrañamente cómodo y sin ganas de patear al chico porque le estuviese tocando. Encontraba la forma de actuar de Yuuri y que aún estuviera nervioso contra su pecho algo adorable.
-¿Subes o debo cargarte como princesa, cerdo? -preguntó al llegar al vagón.
-¡N-No! Yo puedo -balbuceó de inmediato, separándose del rubio para entrar en el vagón.
Yuri sonrió levemente y le siguió. Seguía sin entender por qué aquel pequeño y aburrido espacio encantaba tanto al mayor, pero lo entendió una vez llegaron a fría cima. Las luces de la ciudad en contraste con la oscuridad de la noche lucían cual estrellas en el cielo.
Yuuri suspiró y el rubio le miró.
-Bueno... Tenías razón, es un buen lugar para acabar el día -admitió dejando a un lado el peluche.
-Sí, lo es -suspiró el contrario apoyando la sien contra la ventana.
Los dos duraron un poco en silencio, admirando el paisaje.
Yuri no entendía como alguien tan normal y especial como Yuuri había acabado en una página como Sugar por lo que, curioso se aclaró la garganta.
-¿Puedo hacerte una pregunta personal? -comenzó seriamente.
-Adelante -asintió Yuuri sin despegar la mirada de la ciudad.
-¿Por qué estás en Sugar? No lo dice en tu perfil -preguntó de forma directa- y no pareces la clase de persona que le guste salir con otros y que le mantengan.
El azabache le miró algo pensativo. No había puesto esa clase de información porque en realidad no se la pedían.
-Bueno -alargó acomodándose para mirarle de frente-, me retiraron el dinero de mi beca -suspiró bajando la mirada a sus propias manos- Ya que regresar a mi país no era opción y no puedo trabajar porque solo tengo visa de estudiante... mi amigo Phichit tuvo esta idea y solo la tomé -terminó apenado- ¿Es raro, verdad? -musitó inseguro.
Yuri en verdad no supo qué decir ya que no se esperaba aquello. Soltó algo de aire.
-Bueno... aguantas a un montón de tipos para poder terminar tu carrera -levantó una ceja y se cruzó de brazos- No me parece malo. Si soy sincero esperaba algo más tipo que eras un inútil y esta fue la única forma que encontraste para subsistir.
-¡Hey! No soy un inútil -replicó mirándole seriamente a la vez que se subía los lentes por el puente de la nariz- Para tu información, ¡me graduaré luego del próximo semestre y sacaré la licenciatura!
El ruso rió un poco.
-Solo bromeaba. Eres muy sensible, cerdo -bufó dándole un golpecito en la frente.
-No soy sensible, ¡tú eres un niño muy pesado! -se quejó tocando el lugar donde golpeó su frente.
-¿Ha? -alargó poniendo una mala cara- No soy un niño, cerdo. ¡Tengo dieciocho!
-Pues eso no es muy adulto que digamos -murmuró por lo bajo, más para sí mismo.
-¿Eh? ¿Qué dijiste, cerdo? -alargó acercándose a él.
En ese mismo instante el vagón volvió a ponerse en marcha anunciando el fin de su tiempo en la atracción. Yuuri se quedó sumamente quieto ya que no le entusiasmaba la idea de moverse al mismo tiempo que el aparato.
-N-Nada -se apresuró a decir- ¿P-Podrías evitar moverte mientras esta cosa se mueve, por favor?
Yuri levantó las cejas y se detuvo por un momento.
-¿Te da miedo?
-No, solo no me fascina el movimiento que hace cuando avanza y alguien dentro se mueve -murmuró sumamente quieto.
-Ah... y me decías niño a mí -murmuró algo divertido.
-Pues en edad, para mí lo eres...
El ruso frunció el ceño.
-Bien, voy a demostrarte que no soy un niño -asintió inclinándose aún más hacia él al punto de sentir su respiración sobre la propia.
-¿A-Ah? ¿Q-Qué estás haciendo? -tartamudeó Yuuri nerviosamente.
-Demostrarte que no soy un niño... -musitó el rubio a punto de unir sus labios y...
-Otabek, ¿quieres decirle a Yuri que es una mala persona? -dijo JJ sentado de espaldas hacia sus amigos, con los brazos y piernas cruzados.
-Estas son tonterías, ¿por qué no se lo dices tú mismo? -suspiró Otabek sin despegar la mirada de su laptop ya que estaba haciendo algunas mezclas.
-Solo díselo, ¡no hablaré con él! -replicó el canadiense.
Yuri rodó los ojos mientras se cambiaba, evidentemente les escuchaba.
-Es tu problema, no el mío -contestó el kazajo- ¿Qué quieres que le diga?
-Ya te lo dije, anda... -respondió haciendo una seña con las manos.
Otabek respiró hondo y terminó de sacarse los cascos para mirar al recién llegado, quien tampoco le había dirigido la palabra al molesto canadiense.
-Yuri...
-¿Si, Otabek? -respondió el rubio volteando a ver a su amigo como quien no quiere la cosa.
-¿Por qué hago esto? -se preguntó Otabek pasándose una mano por la cara al verse obligado en participar en su juego de niños- JJ me pidió que te dijera que eres una mala persona.
-¿Ah, sí? -replicó el rubio poniéndose una mano en la cadera- Pues dile que él es un idiota.
-JJ -alargó Otabek con más facilidad-, eres un idiota.
Jean volteó a ver al kazajo,
-¡Pues dile que él es un mal amigo y que sus golpes parecen de niña!
-... Yuri... eres un...
-¡Dile a JJ que es un grandísimo perdedor! -replicó mirando aún a Otabek.
JJ hizo un pequeño ruidito, ofendido.
-¡Ha! Pues dile a Yuri... dile... y dile que... ¡que coma tierra! -siguió el canadiense al quedarse sin ideas para atacar al ruso.
Yuri solo bufó.
-¿Eso es lo mejor que puedes decir? ¡Pues dile a Jean que es un...! -más no pudo terminar de hablar ya que Otabek interrumpió.
-¡BASTA! -exclamó el kazajo tomando la laptop y sus cascos- ¡No soy una lechuza mensajera! -bufó levantándose junto a sus cosas- Me retiro, tengo trabajo que hacer...
-¡No, yo me retiro! -cortó JJ levantándose.
-Al fin... Aun no entiendo que haces en mi habitación -dijo Yuri con fastidio.
-¡No es tu habitación, es del hotel! -contestó yendo hacia la puerta- ¡Monstruo besa Yuuris!
-Pues Yuuri no es tuyo y al menos yo si lo besé -dijo el ruso sacándole la lengua-, y tú no.
-¡Lo besé, pero en la mejilla! ¡Lo que hiciste cuenta como acoso! -dijo JJ ya fuera de la habitación- ¡Usurpaste y machaste los labios de mi delicado príncipe!
-Anda con tus apodos de mierda a otro lado -bufó cerrándole la puerta en la cara, cansado ya de la tonta pelea- Es un verdadero idiota, ¡ni que a Yuuri le gustara que le llamara de esa forma! -murmuró con molestia pasando a echarse en su cama.
Otabek, quien se había mantenido en silencio volvió a sentarse en su lugar. Esos dos sí que eran ruidosos cuando querían, más una duda acerca del tema alcanzó su mente.
-Yura...
-¿Qué? -respondió el contrario con tono molesto.
-¿En verdad besaste a Yuuri? ¿No es muy pronto? -ladeó colocándose los cascos en el cuello pensando que se había equivocado acerca de su amigo.
Yuri también había caído por el japonés.
El rubio no contestó de inmediato, parecía dudar en si decirle o no a su mejor amigo. Hasta que finalmente se decidió.
-No...
-¿No? -repitió el kazajo con impresión.
-No... Al menos no legalmente... El estúpido vagón se movió y accidentalmente choqué nuestros dientes y... -se tapó la cara con la almohada- ¡Fue tan jodidamente vergonzoso! -chilló reteniendo el ruido con la almohada.
Y entonces Otabek solo pudo reír bajo y colocarse sus cascos para seguir trabajando mientras Yuri se quejaba de su mala suerte.
