-¡No es una cita! ¡Solo es una salida entre dos personas! -refunfuñó Yuuri como por doceava vez en lo que iba de día.
Y Phichit a cada una solo le miraba con una sonrisa divertida y una ceja arriba.
-¿Ah, no? Pues a mí me suena como una -dijo ensanchando su sonrisa- ¿No es así, Seung?
-Supongo que si -contestó el aludido acostado a su lado, viendo su celular.
Yuuri infló las mejillas y fue al baño para cambiarse los lentes por lentillas. No le gustaba demasiado usarlas, pero creía que la ocasión lo ameritaba.
-Listo -suspiró parpadeando, comprobando que veía todo en "HD"- No es una cita -se dijo mirándose en el espejo, tratando de tranquilizarse.
Pegó un saltito cuando su celular timbró y el nombre "Ota" ocupó la pantalla. Apretó a prisa el botón para contestar, pulsando a la vez y de forma accidental el altavoz.
-Hola, estás listo para nuestra cita, ¿Yuuri? -resonó la voz de Otabek en el baño.
El japonés se sonrojó. No podía decirle a él que no era una cita.
-S-Si -murmuró.
-¡Aja! -exclamó Phichit abriendo la puerta del baño con tal fuerza que la hizo chocar contra la pared, cosa que hizo que Yuuri pegara un salto del susto- ¡Así te quería agarrar, puerco!
-¡P-Phichit! -reclamó Yuuri poniéndose una mano en el corazón. Casi se le había caído el celular.
-¡Sabía que era una cita!
-¡Por Dios! -exclamó evitando reír a causa de los nervios y la sorpresa.
-Lo siento, Yuuri, respeto tu privacidad como hombre joven, pero reafirmé mi autoridad como tu amigo espiándote de todos modos -dijo de forma alegre- Tu versión de Onodera: "No es una cita", ¡es tan mentira como el original!
Yuuri se quedó viéndole sin saber qué decir.
-... Yuuri, estaré abajo en diez minutos -dijo la voz de Otabek desde el celular, cosa que le hizo estremecerse y sonrojarse.
Se había olvidado completamente de que el chico seguía en la línea. Quitó el altavoz rápidamente y se llevó el aparato al oído, rezando porque no hubiera escuchado aquello.
-S-Si, estaré allí -aseguró mirando acusatoriamente a Phichit.
-Está bien. Hasta luego -dijo antes de colgar.
Yuuri se alegró de que, si había escuchado, no lo hubiera mencionado.
-Yo no sabía que seguía allí -apresuró Phichit a defenderse, levantando las manos mientras huía del baño- ¡No me mates! ¡Tengo hámsters que mantener!
-¡Phichit, ven aquí! ¡Debo jalarte la oreja! -exclamó yendo tras él- ¿Cuántas veces me harás pasar vergüenza?
-¡Ahh!
Y luego de que el japonés correteara al moreno algunos minutos, el primero se encontraba sobre el segundo en el suelo, atacándole con un cojín.
-¿Te disculpas? -preguntó Yuuri jadeando, Phichit era bastante difícil de atrapar cuando quería.
-S-Si, lo siento, ¡lo siento! ¡Dejaré de hacer el tonto cuando hables por teléfono!
-¿Y...?
-Y... con alguno de tus intereses amorosos o clientes -dijo rápidamente- Al menos de momento -susurró y recibió otro almohadazo que le hizo reír- ¡Seung, ayúdame!
-No...
-¡No me quiero ir, señor Stark! -alargó riendo.
Yuuri suspiró y miró la hora en su reloj. Dio un almohadazo más a Phichit y se levantó.
-Bien, estas disculpado -sonrió ofreciéndole una mano- Puedes ir en paz -Phichit rodó los ojos y aceptó su mano para levantarse- Bueno, debo irme ya.
-Sí, sí, ve a tu cita no cita -refunfuñó echándose junto a Seung en el sillón.
-Bien... Nos vemos luego -asintió tomando su billetera y llaves antes de detenerse en el pequeño escalón de la entrada a colocarse los zapatos- Ah y Phichit...
-¿Si? -alargó.
-No me espíes por el telescopio -abrió la puerta y le miró acusatoriamente-, ¿sí?
El moreno bufó y se hizo el desentendido.
-¡¿Yo?! ¿Cómo puedes pensar que yo...?
-Phichit -alargó.
-Ya, bien, no lo haré -dijo con un puchero, cruzando los dedos tras su espalda.
-Bien -sonrió Yuuri- Seung, no dejes a Phichit ver más memes. ¡Cuídense! -exclamó y cerró la puerta.
Phichit sonrió y contó internamente un minuto.
-Vas a espiarle igualmente, ¿verdad? -preguntó el coreano cincuenta y cinco segundos de silencio después.
-Por supuesto que si -rió levantándose a acomodar el telescopio para poder espiar- Perfecto -ronroneó.
Yuuri salió del edificio al mismo tiempo que Otabek en su moto se sacaba el casco para verle.
-¿Listo?
El japonés no pudo evitar repasar rápidamente la ropa de total chico malo que el moreno tenía ese día y, se preguntó qué harían ese día.
-Si... creo -soltó una risita, tomando el casco que le ofrecía- ¿Qué haremos hoy? -terminó por preguntar.
-Si te lo digo... perdería el factor sorpresa -respondió apoyando una mano en el asiento, levantando una ceja- y no sé si querrías ir. Así que es mejor llevarte sin decir nada.
Yuuri abrió un poco sus ojos.
-¿Haremos vandalismo o iremos con una pandilla? -soltó sin poder evitarlo.
Otabek parpadeó algo... sorprendido.
-¿Te di esa impresión? -un pequeño asentimiento por parte del japonés le dio la respuesta, y Otabek estuvo a punto de reír- ¿Te cambiarías de acera si me vieras en la calle? -preguntó entrecerrando los ojos, ya entendía por qué a Yuri le encantaba molestarlo.
El japonés se puso el casco bajo el brazo y ladeó la cabeza pensando en una respuesta.
-P-Pues si fuera de noche, en un mal barrio y estoy solo... sí, probablemente sí... -murmuró apenado, con cierto temor de haber ofendido al chico, quien no contestó de inmediato.
Otabek parecía sopesar seriamente su respuesta, haciendo crecer los nervios de Yuuri.
-Perfecto -dijo finalmente y se encogió de hombros- Te vas a poner el casco y a subir, ¿o no? -preguntó tomando el suyo para colocárselo.
-A-Ah, ¡s-si! En seguida -asintió colocándoselo para subir tras él.
-¿Listo para el vandalismo y las pandillas? -preguntó en un tono un tanto divertido- Te va a gustar ser un chico malo por un día -rió encendiendo el motor, haciéndolo rugir.
-¿Eh...?
Y antes de que dijera algo más, Otabek partió.
Yuuri no podría decir a dónde estaban yendo, solo sabía que estaban saliendo de la ciudad y anduvieron en la vía por un buen rato, hasta que pararon junto a otro montón de motos y algunos autos detrás de unos enormes edificios residenciales de aspecto viejo que estaban siendo pintados. Podía ubicar que no estaban muy lejos de la playa.
-¿A dónde vamos? -preguntó sin ver nada muy especial en aquel el lugar, salvo la enorme presencia de vehículos.
-Hacia allá -apuntó a una estructura más pequeña, disimulada y abandonada que, al parecer de Yuuri lucía como la entrada al sistema de metro.
-¿Tomaremos el tren? -ladea bajándose con cuidado.
-No. La idea de una nueva estación de metro fue abandonada en este lugar hace mucho tiempo. El propietario de este complejo -señaló los edificios viejos- compró la construcción y la iba a convertir en un tipo de... acuario subterráneo, guión parque -explicó luego de colocarle un candado a la moto y comenzar a caminar-, pero cuando iba a abrir el lugar el hombre murió y ya nadie se quiso hacer cargo...
-Eso si es mala suerte -murmuró Yuuri.
-Si -asintió-, pasó mucho tiempo y el nieto del sujeto le hizo arreglos hace años y... la convirtió en otra cosa -sonrió.
-¿En qué cosa? -preguntó Yuuri sin ver el potencial oculto de la estructura, pero Otabek no respondió.
De cerca se notaba que el lugar lucía abandonado a propósito, ya que al pasar las cadenas, el cartel de peligro, bajar las (bastante cuidadas) sucias escaleras eléctricas y pasar por la puerta custodiada por dos tipos grandes en traje... el lugar tomaba un aspecto completamente distinto.
Aunque desde que vio a los tipos con traje y la férrea puerta negra desde lejos, Yuuri ya se imaginaba que el lugar no era el abandono que aparentaba.
-Oh, por Dios... -susurró.
El sitio sin duda era enorme. Era como una caverna moderna llena de luces de neón y decoraciones de esta misma naturaleza por todas partes, acompañadas de ocasionales y bien colocadas luces de navidad iluminando rincones oscuros. La paleta de colores del lugar era desde negro a distintos tonos de rojo y colores que hacían una buena combinación con este.
-Sip, eso mismo pensé la primera vez que vine -asintió metiéndose las manos en los bolsillos, echando una mirada al escenario donde el dj de turno pinchaba- Primero pensé que Jean me había llevado a un sitio de drogadictos, pero solo resultó ser un club...
-Me gustan los graffitis y el motivo de leones -comentó mientras caminaban cerca de la pista, pues a pesar de la hora, había un grupo considerable de personas que se movían al ritmo de la música- ¡A Yurio ha de encantarle este lugar!
-Lo ama... si sabe que te traje y no le invité, me mata -exhaló una risita- Así que... no lo comentes.
-¡Soy una tumba! -asintió solemne, pues ya conocía el carácter del rubio- ¿Tocas aquí? ¿A dónde vamos? -preguntó justo cuando Otabek abría una puerta azul marino que daba a unas escaleras de caracol con poca iluminación y muchas luces de navidad.
-Ocasionalmente si estoy en la ciudad -asintió cerrando tras de él al pasar- Lion's tiene cuatro pisos. El León Rojo es la pista de baile, el León Amarillo es un restaurante -señaló la puerta amarilla cuando pasaban por su rellano, a la vez que se hacía a un lado para evitar a un grupo de chicos que subían-; el León Verde -dijo abriendo la puerta del correspondiente color en el siguiente rellano- es una zona de juegos. Este y el León Amarillo están usualmente llenos a cualquier hora.
Dentro era el mismo motivo que en el León Rojo, pero mientras en el contrario sobresalían las llamas, el León verde tenía solo su paleta de colores verdes y otros que combinaban bien con este, el negro no sobresalía demasiado y las decoraciones se inclinaban hacia lo natural. Yuuri entendía un poco la mezcla del montón de tecnología que había en el lugar con la temática, después de todo, se había visto Voltron.
-¿Y el León Azul? -preguntó sin poder apartar la mirada de dos chicos que estaban arrasando con las puntuaciones en uno de los stands de Just Dance.
-Te llevaré luego... es con diferencia mi favorito -sonrió un poco.
Yuuri le miró, no sabía si se refería a Lance en si o solo al piso. Entrecerró un poco los ojos e hizo otra pregunta.
-¿Y qué hay del León Negro?
Otabek le devolvió la mirada.
-Entonces captaste la referencia.
-Claro, soy fan -dice con una sonrisa algo divertida.
El kazajo solo pudo exhalar una leve risita y avanzar.
-He hablado con el dueño y también es fan -dijo saludando a un par de personas con la mano desde lejos- Por ser la cabeza del lugar, se considera a sí mismo el León Negro y... así capitanea a Voltron. Pero por tema de derechos, ya sabes, el lugar se llama Lion's y no Voltron o El Castillo de los Leones -resopla divertido.
-Wow... eso es bastante... -alargó Yuuri intentando buscar una palabra.
-¿Obsesivo? ¿Descabellado? -aportó el contrario.
-Si...
-Sí, el tipo está loco, pero es una buena persona y es... inteligente -opinó al pasar una puerta eléctrica que daba a un pasillo laberintico algo más oscuro y frío, lleno de música y ruidos de lo que Yuuri calificó como... ¿balas?- Este sitio es bueno, tiene seguridad, cámaras, atención médica, aire acondicionado y distintas entradas disimuladas en el exterior al igual que las salidas de escape.
-Eso es... bueno -opinó de forma sincera, ya que no sabía que un lugar así pudiese existir; aunque en Japón había varios clubes sorprendentes bajo tierra, Lion's era exagerado y sorprendente.
Otabek iba a decir algo más, pero a la vuelta de la esquina apareció un chico alto de cabello castaño claro, ojos azules y ropa negra abultada de aspecto militar con un pañuelo verde en el brazo que les interrumpió.
-¡Otabek! -exclamó alegre- ¡Otabek Altin, tiempo sin verte! -dijo sorprendido- ¡No sabía que seguían en la ciudad!
-Emil, yo tampoco sabía que estabas aquí -sonrió levemente, saludando con la mano al checo para luego darle un breve abrazo.
-Ah, bueno, ya sabes, estoy de vacaciones y logré traerme a los Crispino y a mi hermano menor -sonrió rascándose la nuca- ¿Cómo están Yuri y JJ? Y... ¿quién es tu amigo? -miró a Yuuri con curiosidad.
-¡Y-Yuuri Katsuki, señor! -se apresuró a hablar.
-¿Señor? -repitió sorprendido. Miró a Otabek y luego a sí mismo- ¡Ah! Lo dices por la ropa -rió y negó al mismo tiempo- No, no, chico, este es el uniforme y protecciones de airsoft -explicó con un tono energético- Me llamo Emil Nekola y durante las vacaciones me dedico a llenar de balas a la gente de otros leones -sonríe con autosuficiencia-, es un placer.
-Oh, eso es... ¿grandioso? -ladeó no muy seguro, pero con una sonrisa- También es un placer y... nunca he probado el airsoft, no me agrada el dolor.
-Con protección adecuada solo te queda un pequeño moretón -bromeó el castaño como si nada, y eso no convenció a Yuuri.
-Es básicamente inofensivo -negó Otabek- Solo se usa protección reglamentaria por si acaso... Espero que no te moleste, pues te traje a jugar.
En definitiva aquello no convencía nada a Yuuri, cuyo yo interior negaba repetidas veces y amenazaba con comenzar a sudar como cerdo en un horno.
-N-No me molesta -dijo a pesar de estar nervioso. Aquello era la oportunidad de probar algo nuevo y no lo iba a dejar pasar, no cuando la presencia segura de Otabek le daba valentía.
Aunque últimamente se sentía más seguro, no era solo por ayuda del moreno, Yuuri sabía que también debía agradecer a Yurio y a JJ.
-Bien, perfecto vamos a cambiarnos -sonrió Otabek- ¿Quienes juegan en este momento?
-Azul, viejo -respondió Emil- Dominación, equipo contra equipo, las simulaciones históricas son en la noche -alarga con emoción.
-Genial -asintió el kazajo- Vamos, Yuuri, hay que prepararnos.
-Sí, prepárense porque les voy a patear el trasero -ríe el checo dispuesto a seguir su camino- Voy a buscar al equipo ¡Los veo adentro, chicos!
-¡Adiós! -sonrió Yuuri viéndole irse- Luce como un buen sujeto.
-Lo es -ladeó Otabek estando de acuerdo- Quizás solo demasiado amigable -Yuuri soltó una risita- Vamos, hay que prepararnos.
Y ambos siguieron por el camino contrario a Emil.
El equipo azul llevaba un uniforme muy parecido al que Yuuri había visto en Emil, pero su pañuelo era evidentemente del color propio.
-Los chalecos y cascos tienen dispositivos electrónicos los cuales al ser impactados por las bbs emiten una señal que indica la eliminación del jugador, llegando a desactivar la marcadora de airsoft -explicó el líder del equipo azul: Michele Crispino, a las diecinueve personas que ya estaban listas y armadas frente a él en el campo.
Y mientras Michele explicaba las reglas, Yuuri no pudo evitar darle un vistazo al campo de juego. Se notaba que habían seguido excavando para que aquel sitio fuera enorme por sí solo, un lugar aparte que formaba parte del piso del León Verde. Pudo identificar más allá una compuerta cerrada que supuso daba al exterior. Gracias a la poca luz del lugar, pudo ver búnkeres, trincheras, muros, contenedores marítimos, restos de vagones y carriles, montículos y alguna que otra torre pequeña puesta estratégicamente.
-... ¿Entendido? -preguntó Michele.
-¡Sí, señor! -exclamaron todos, cosa que hizo salir a Yuuri de sus pensamientos y pegar un saltito.
-Es hora de ganarle a ese fastidioso de Emil -gruñó bajo Michele- ¡Abran la puerta en cinco! -gritó colocándose su casco.
El japonés miró nervioso a su alrededor y se pegó a Otabek.
-O-Ota, y-yo no escuché nada -admitió con vergüenza.
El kazajo le miró y sonrió levemente, aunque Yuuri no lo sabría ya que ambos tenían sus cascos puestos.
-Dos se quedan cuidando la bandera, tu y yo vamos con otro chico avanzando -le explica mientras le guía a la entrada del campo- por el lado derecho. Los verdes tienen su bandera afuera. Solo dispara a todo lo que tenga un pañuelo verde, da puntos. Intentaremos tomar la bandera.
-D-De acuerdo -asintió y en ese momento se alegró de haberse puesto sus lentes de contacto, pero al instante bajó de su nube porque... tenía una mala puntería.
El juego avanzaba de una forma en la que Yuuri no recordaría más de la mitad de lo que sucedió. Solo podía decir con seguridad que en algún punto de la partida, uno de sus compañeros había caído y ahora solo quedaban Otabek y él escondidos muy cerca de la bandera del equipo enemigo.
-Tenemos que esperar una distracción...
Yuuri no sabía nada de estrategias en ese juego, así que solo esperó hasta que el momento se dio y, lo siguiente que pasó fue una mancha muy confusa de acciones en la cual actuó su adrenalina.
No sabía en qué momento. No sabía cómo. Él había terminado tomando la bandera del equipo verde mientras el resto del equipo hacía una distracción y Otabek le cubría la espalda. Y para cuando Yuuri salió del estupor, estaba sin el traje y el resto de sus compañeros le levantaban celebrando la victoria.
Otabek se quedó un poco atrás, observando la escena con cierta pizca de orgullo, si bien Yuuri no tenía una buena puntería, había sido bastante rápido en el momento preciso. Sonrió y avanzó mientras escuchaba a su líder de equipo tras él junto a parte de los verdes.
-¡En tu cara, Emil! ¿Ves, Sara? Eso te pasa por ir en el equipo de un tonto como él -se escuchó decir a Michele desde un lado.
Sara rodó los ojos mientras Emil reía levemente.
-¡Felicidades por ganar, Mickey! -exclamó el checo lanzandose a abrazar al moreno.
-¡AH! ¡Suéltame!
El kazajo prefirió mantenerse al margen e ir a buscar a Yuuri, quien había sido llevado hasta la puerta eléctrica del campo.
-¡Otabek! -exclamó al verle, mientras sus ojos brillaban con emoción- ¡Mira! Me dejaron quedarme con la bandera, dicen que es como una especie de premio cuando un nuevo hace una jugada importante, también porque nuestro grupo hizo bastantes puntos -sonrió mirando la bandera- Aunque... tu hiciste la mayoría -murmuró ofreciéndosela- Es justo que la tengas.
Otabek negó.
-No, tu tomaste la bandera -se encogió de hombros tranquilo.
-Pero tu ofreciste tu "vida" por mí -replicó recordando fugazmente cómo le hizo de escudo en varios momentos durante la partida.
Otabek entrecerró los ojos un momento, luciendo pensativo mientras se metía las manos en los bolsillos del pantalón.
-Es normal, esas balas no hacen daño -terminó por decir levantando una ceja.
-Te haría daño si te dan en un ojo... -murmuró Yuuri-, pero sabes a qué me refiero.
-Si... probablemente sin el equipo harían un daño considerable -alargó pensativo, pero le restó importancia pasando un brazo por sus hombros- Vamos a celebrar al León Azul.
Yuuri no pudo evitar olvidar el tema y sonrojarse un poco, empezaba a sentirse sudar debajo de la ropa a pesar del cómodo frío del lugar.
-B-Bueno.
Terminaron bajando al último piso y el japonés no se hacía una idea de qué habría en el nivel dedicado al León Azul, pero en cuanto Otabek abrió la puerta y dejó ver un lugar lleno de azul, arena y sonido de olas, simplemente perdió el aliento. No había tanta pintura ni decoración como en los otros Leones, ya que todo el color lo daban las peceras dispuestas por todas las paredes rocosas del cavernoso lugar con una gran variedad de plantas y vida marina dentro de estas. Las luces de neón azul en el tope de las peceras daban al lugar una apariencia casi irreal, una experiencia mágica. Se sentía como si estuvieras bajo el mar conviviendo con los peces que nadaban tranquilamente, ajenos a cualquier cosa que no fuera su vida.
Fuera de la sensación mágica que se sentía allí. El dueño también había pensado en sus ingresos al hacer ese lugar. Apartando las peceras recicladas del proyecto de su abuelo, habían pequeñas tiendas de estilo marino que vendían bebidas, aperitivos, otras alquilaban tiendas de campaña y tablas de surf, entre varias cosas más.
-Wow...
-Sí, wow -asintió Otabek admirando el paisaje- Esto salía al mar, por eso cancelaron la construcción del metro, no se dieron cuenta de ello hasta después. Es como un pedacito de playa olvidada que tiene salidas escondidas a las otras dos más cercanas -murmuró a medida que avanzaban. Más adelante se veía al grupo de chicos con los que hicieron equipo- Me gusta mucho este lugar... la marea no es muy alta, solo se escucha el sonido de las olas y de las personas hablar.
Avanzaron en silencio hasta salir de la caverna y ver como el sol bajaba lentamente, dando un lindo atardecer sobre el mar. Yuuri se dio cuenta de que... el tiempo se le había ido volando allí dentro.
Ambos caminaron por la blanca arena de la playa, disfrutando en silencio del espectáculo de colores que ofrecía el anochecer sobre el cielo y sobre la tierra, ya que todo el lugar estaba siendo bañado por el momento de luz purpurina con toques de azul, naranja y el amarillo del sol a medida que caía.
Yuuri suspiró.
-Gracias por traerme aquí, es... la mejor cita que he tenido -murmuró en cuanto se detuvieron a tomar un descanso sobre una roca.
Otabek asintió tomando asiento.
-No es nada -suspiró estirando las piernas, no le importaba demasiado llenarse de arena- ¿Te gustó tu día de vandalismo? -preguntó un tanto divertido, recordando cuando le fue a buscar.
Yuuri se sonrojó.
-Si... lo siento.
El moreno negó y rió levemente.
-No lo hagas, solo te tomaba el pelo.
-Uh... -suspiró Yuuri relajándose un poco.
Hablaron sobre todo y sobre nada, desde lo linda que era la vista y lo mal que sabía el jugo de uva, hasta la posible existencia de sirenas bajo aquel mar o de aliens más allá del cielo sobre ellos. La conversación fue agradable y poco a poco el uno conocía un poco más del otro gracias a los pequeños detalles. Yuuri quizás por su capacidad de empalizar con otras personas; Otabek por todo lo que ya había escuchado del asiático gracias a sus dos mejores amigos. Hablaron hasta mucho después de que las estrellas hubieran tomado el completo control del cielo, entonces, ambos se sumieron en un cómodo silencio.
-¿Recuerdas que te iba a decir lo que significaba el nombre de mi moto, no? -murmuró mirando una estrella titilar en la lejanía, y Yuuri le prestó atención- No es la gran cosa... solo le puse así porque significa "guerrera" en kazajo, lleva mucho tiempo conmigo y ha aguantado demasiado -dijo sin darle demasiada importancia.
-Vaya... es... lindo -murmuró Yuuri con una leve sonrisa, encogiéndose un poco en su lugar a causa del frío.
Otabek suspiró.
-Ya debería llevarte a casa. Fue un buen día, ¿no? -preguntó moviendo sus pies.
El japonés asintió. No podía negar que Otabek era... un caballero, uno guapo. Sentía la necesidad de hacer algo para acabar aún mejor aquella cita.
-Eh... ¿Otabek? -le llamó un poco avergonzado, armándose de todo el valor que pudo.
-¿Uhm? -ladeó para verle, pero se sorprendió gratamente cuando los labios del japonés chocaron con su mejilla.
-G-Gracias de nuevo -tartamudeó el chico levantándose con rapidez luego de aquel tímido beso- V-Voy a entrar a comprar algo, te veo allí... -y rápidamente corrió de vuelta a la cueva del León Azul.
El kazajo solo atinó a ver como Yuuri regresaba a la cueva, entendiendo que quizás quisiera estar solo para procesar lo que acababa de hacer, pues aunque a simple vista no fuera la cosa para alguien más... para ellos de cierta forma lo era.
Otabek tocó su mejilla sonrojándose un poco. Solo podía pensar que estaba en problemas, pues debía admitir sinceramente que, quizás Yuuri Katsuki si le gustaba un poco.
