Cap. 41: Caos (parte 2)

Abraxas sonreía, a pesar de tener una máscara cubriendo en su totalidad su rostro, sonreía cual niño emocionado. La niña estaba herida, con diversas manchas en su túnica desde tierra, hojas y sangre. Su respiración era dificultosa, pero nada que no se pudiera arreglar.

El Lord estaría feliz, dejo escapar una carcajada, la novia de su hijo no sabría en que se metió. Se acercó al vampiro que cargaba a la joven, rebusco en su ropa y encontró la varita. Una muy extraña, le parecía conocida pero no recordaba de dónde.

-vete adelantando, Bardark. –dijo serio mientras miraba un punto indeterminado del Bosque.-no quiero que nuestro invitado nos la arrebate.

Eso último lo dijo mientras lanzaba una potente "BOMBARDA", los Mortifagos se sorprendieron pero rápidamente pudieron ver el blanco del hechizo. Tiberius Malfoy había invocado un "Protego" a tiempo para cubrirse de la explosión. Miro con rabia al mortifago, de sobra sabía que era su hija. Sintió una punzada de dolor, él amaba a su hijo a pesar de todo lo que había hecho, reprimió sus emociones, Daniela le necesitaba.

El vampiro emprendió el vuelo llevándose a la joven inconsciente. Morty empezó lanzando fuertes "Sectusempras" a sus enemigos, los mortifagos lograron esquivarlos, los hechizos contantes y de tortura iluminaban la oscuridad del bosque.

El mago estaba tan concentrado en sus tres atacantes que no se percató de la mirada fiera que lo observaba de espaldas.

Bardark o como la cachorra lo había nombrado con anterioridad Plasmius, observaba la escena desde lo lejos, logro oír perfectamente el grito desgarrador del Lord Malfoy y lo vio caer en su propio charco de sangre. Dirigió su vista a la niña que traía en brazos, sonrió, oh… como anhelaba poder ser el quien le diera la noticia. Se regocijaría en sus lágrimas, en su desesperación en su dolor.

Morty ya no podía respirar, todos los huesos de su cuerpo estaban rotos, una de sus costillas había atravesado sus pulmones, como pudo se volteo boca arriba, Greyback sonreía con prepotencia, escucho vagamente como era ordenado a retirarse por su hijo Abraxas.

El licántropo parecía molesto por no acabar con el mago, pero aceptó a regañadientes. Se escuchó el ruido de desaparición, señal de que la barrera había sido retirada.

-es una pena… siempre quise ser yo quien te derrotara sin ayuda de nadie, pero he de admitir que no eres un mago a quien subestimar padre.-Abraxas se arrodillo hasta quedar a pocos sentimos de su padre, se retiró la máscara que cubría su rojos y dejando ver esos ojos grises y fríos.-no te preocupes por ella, el Lord la cuidara muy bien, y se encargara de ponerla en su lugar.

Morty no decía nada, su garganta se empezó a llenar de sangre, no le quedaba mucho tiempo. Miro los ojos de su hijo, los ojos hereditarios de los Malfoy, la punzada de dolor regreso. Se enfocó en ellos recordando el pasado, momentos maravillosos como sus días de colegio con su mejor amigo y mano derecha Balvanera, el día en que conoció a su amada Harmony, el día en que Abraxas nació, pero también tuvo recuerdos dolorosos la muerte de su mejor amigo y de su hija y yerno, la desesperación por la el paradero desconocido de la cachorra, momentos donde recobraba la esperanza como el nacimiento de Lucius y el reencuentro con Daniela.

Lagrimas se empezaron brotar en sus ojos, tantas cosas que vivió, tantas alegrías y dolor… sonrió de lado… tuvo una buena vida.

-"Avada… Kedavra"-El bosque fue iluminado por la maldición asesina, el último recuerdo de Lord Tiberius Malfoy fue la mirada gris de su hijo.

Seneca caminaba en círculos junto con Augusto, Madam Longbottom también se encontraba en la habitación pero ella prefería estar sentada tomando una taza de té. Hacia horas que la última heredera Balvanera y Lord Malfoy habían salido en un llamado de auxilio. Los tres mago querían llamar al resto de la orden pero ellos sabían que solo alterarían la paz sin fundamentos.

-¡Por favor señores! ¡Compórtense!-la voz de la matriarca sonó imponente, ambos magos se detuvieron y la voltearon a ver.

-Augusta…-trato de hablar Seneca, pero la expresión fiera de la mujer hizo que todo intento de palabra enmudeciera.

-ellos llagaran en cualquier momento, alardeando como siempre de que solo fue una redada sin preocupación. No deberían estar dando vueltas como locos-finalizo la mujer, ella no lo admitiría pero tenía ese extraño presentimiento de que nada bueno estaba ocurriendo, pero no iba a darles más razones a los patriarcas Prince para pasearse como perros en la sala.

-es suficiente, iré a la ubicación de la esfera y les avisare una vez que l encuentre-dijo tajantemente Augusto pero fue detenido por la punzada de magia que sintió en su pecho, misma punzada que sintieron los otros dos mago y bruja.

-…no…-murmuro Augusta con la voz casi en susurro, en su mano derecha se encontraba un anillo elegante de oro, un pequeño círculo en medio dividido en 5 facciones por una delgada línea. Una de las 5 facciones ya estaba negra desde hacía muchos años, ahora esa noche una segunda facción se iba oscureciendo, dando a entender a los tres magos restantes miembros de ese antiguo quinteto de amigos, que uno más había caído en batalla.

La mirada de augusto se oscureció, el también poseía un anillo en su mano, observo el objeto con detenimiento, rabia y coraje era lo que sentía, tristeza profunda y desgarradora por el saber que un buen mago y amigo no volvería a atravesar la chimenea y retarlos a un juego de ajedrez.

-debemos llamar a la orden… y a Dumbledore….-los tres magos se miraron con determinación y asintieron, una parte del plan que no deseaban nunca realizar… se estaba por cumplir.

Lucius Malfoy jamás creyó volver a pisar esa mansión, jamás pensó que volvería a subir por esas escaleras y jamás pensó que volvería a entrar al despacho de su abuelo…

Pero ahí estaba, en su mano izquierda había aparecido no hace más de 15 minutos el anillo que lo hacía ver ante la ley mágica como el nuevo Patriarca de la Familia Malfoy.

Los ojos del rubio estaban cristalinos, sus manos temblaban mientras sostenía el pomo de la puerta que le permitiría entrar al despacho de su abu… no… ahora era el despacho de él.

Dio una respiración profunda y entro, el fuego estaba apagado, haciendo que la habitación estuviera sumergido en una oscuridad total. El escritorio seguía lleno de papeles sin ningún orden aparente, había una taza de café a medio tomar a un lado, los pergaminos enrollados que se supone debían de leerse a quien iba dirigido...jamás serian leídos por esa persona.

Con la yema de sus dedos rozo el respaldo del asiento, la habitación aún tenía el olor de la colonia Giorgio Armani recordaba con exactitud, una risa casi fingida salió de su garganta.

Observo mejor el lugar, se sentía enfermo… siempre supo que todo eso le pertenecería a él algún día, pero… siempre espero tener a su abuelo ahí con él. Al único que podría ver como figura paterna, el único que realmente se preocupaba por él, que velaba por su salud.

La quijada del rubio empezó a castañear, sentía frio, como aquel frio que sintió cuando su madre murió al tener el solo 5 años de edad. Como aquel frio que siempre le daba su padre con sus palabras, miradas y acciones. Como aquel frio que el mismo se impuso porque no veía otra forma de vivir más que obedecer a su padre. Como aquel frio que siente uno al perder lo que más amas…

Levanto su varita y empezó a agitarla n el aire en círculos.

-¡YO LUCIUS ABRAXAS MALFOY, RECLAMO EL TITULO DE NUEVO PATRIARCA DE LA FAMILIA MALFOY, NIEGO LA ENTRADA A ABRAXAS TIBERIUS MALFOY Y DE TODO AQUEL QUE DESEE ENTAR PARA FINES OSCUROS! ¡YO SOY EL NUEVO LORD MALFOY!-la magia que rodeaba los terrenos de la mansión vibro en todo su apogeo, sintiendo la rabia y la tristeza del nuevo lord, cerró sus puertas para no abrirse nunca más a ningún aliado del Señor Oscuro.

Lucius se retiró las lágrimas, la mansión había negado la entrada a aquel culpable de la muerte de su abuelo, y que gritaba por tal acto desde afuera de las protecciones.

Abraxas Malfoy.