Soft Breeze

-¡Espérame!

Una niña de unos diez años, de cabello rubio y rizado, corría tras un niño de su misma edad, quién era demasiado rápido para ella. Odiaba con todo su ser el vestido rosa con lacitos que llevaba puesto, pues era muy incómodo y limitaba sus movimientos a la hora de jugar. Aunque aún llevando una ropa más adecuada para el juego, no habría podido alcanzar a su amigo.

Aquel era el chico más rápido del barrio. Era un talento que había desarrollado y entrenado de manera instintiva y natural, pues era el menor de una familia muy numerosa y había tenido que aprender a sacar toda la velocidad que podía para adelantar a sus hermanos mayores en su vida diaria para hacer cosas como, por ejemplo, coger el mando de la tele, servirse los cereales buenos o ser el primero en ocupar el cuarto de baño por la mañana.

-¡Eres una lentorra!- replicó el chico desde lo alto de un tobogán. En su rostro se había dibujada una radiante sonrisa de triunfo al ver que su compañera quedaba mucho más atrás. El chico vestía con unos pantalones medio rotos y una camiseta de un equipo de béisbol desgastada, que además le quedaba dos tallas grande. Las puntas de su rebelde cabello castaño se movían mecidas por la suave brisa de primavera que soplaba sobre aquel parque de Boston.

Cuando la niña alcanzó el tobogán en el que estaba su amigo, este se dejó caer por la rampa. Sus ojos azules se clavaron en los verdes de ella. Se quedaron mirándose un par de segundos, hasta que él le sacó la lengua.

-¡Mal educado! ¡Esa no es manera de tratar a una señorita!- le reprochó la chica.

-Tú de señorita no tienes ni un pelo, aunque tu madre se empeñe en vestirte así los domingos.

La chica soltó un suspiro de exasperación.

-No se cuando se dará cuenta de que ya soy mayor para decidir que vestir.

El chico rió el comentario de su amiga. Las chicas de su estatus social solían ser remilgadas y estiradas, pero ella era rebelde y enérgica, lo cual le impedía encajar en ese círculo.

Y por eso mismo, aquel veloz chico que tampoco terminaba de encajar en su entorno y que, años más tarde, se convertiría en uno de los nueve miembros de un equipo de letales mercenarios, disfrutaba tanto de la compañía de aquella niña.

Llevaban siendo amigos desde que los dos tenían uso de memoria. Ambos se habían criado en el mismo barrio, aunque la familia de ella era mucho más rica y menos numerosa que la de él. Aquel domingo para ellos sólo era uno más de los numerosos que habían compartido juntos.

También sería el último.

Ambos chicos estuvieron jugando hasta bien entrada la tarde. El vestido de ella se llenó de barro, pero no le importaba la reprimenda de sus padres, quienes querían convertirla en una señorita refinada. Merecía la pena aguantar los castigos mientras pudiera disfrutar de aquellas tardes con su mejor amigo. Un amigo del que probablemente sus padres intentarían separarla tarde o temprano por ser una "mala influencia".

Cansados, ambos se sentaron, cada uno en un columpio. La chica comenzó a balancearse y a cantar, con voz casi angelical, una canción que reflejaba su deseo de ser libre.

Somewhere over the rainbow

Way up high,

There's a land that I heard of once in a lullaby.

Somewhere over the rainbow
Skies are blue,
And the dreams that you dare to dream
Really do come true.

Someday I'll wish upon a star
And wake up where the clouds are far
Behind me.
Where troubles melt like lemon drops
Away above the chimney tops
That's where you'll find me.

Somewhere over the rainbow
Bluebirds fly.
Birds fly over the rainbow.
Why then, oh why can't I?

If happy little bluebirds fly
Beyond the rainbow
Why, oh why can't I?

-Buuu, que canción más cursi- abucheó Scout una vez su amiga terminó la canción, pese a que la había escuchado completamente embelesado.

-Al menos no soy yo la que tiene amigos imaginarios- le replicó esta tras darle un suave codazo.

Scout se puso rojo como un tomate.

-¡Hace dos años que dejé esas chorradas, Jackie! Ya soy mayor para eso.

La chica rió, pero a Scout no le había hecho mucha gracia. Sobre todo porque no era verdad que hubiese dejado de tener amigos imaginarios hacía dos años.

Scout no tenía ningún amigo real aparte de ella. El chico no era precisamente popular en el colegio. De hecho, su cuerpo enclenque y delgado, junto a su ropa vieja y desgastada, heredada de sus hermanos mayores, era motivo de burla. A eso había que sumarle que, ya desde pequeño, Scout era un tanto arrogante, lo cual a veces desquiciaba a profesores y alumnos, y si los matones no le pegaban era porque nunca lograban alcanzarle.

Para colmo de males, Jackie estudiaba en un colegio privado y por las tardes tenía clases de canto, violín y otras cosas que ambos niños consideraban chorradas y que a ella ni si quiera le gustaban, por lo cual apenas se veían entre semana. Su relación con sus hermanos tampoco era de lo mejor, pues la convivencia entre ellos acababa siendo una competición diaria. Su relación con su madre era perfecta, pero no quería preocuparle con más problemas de los que necesitaba, así que no solía contarle lo que le pasaba.

Aún así, Scout tenía a alguien que escuchaba todos sus problemas, aunque ese alguien no era real. Y aunque le había dicho a Jackie que hacía dos años que ya no tenía amigos imaginarios, lo cierto es que había hablado con él la noche anterior.

Su amigo imaginario era un hombre de unos treinta años, quizás menos, que vestía de jugador de béisbol. No era muy hablador, pero le escuchaba con interés. A veces, desaparecía y no volvía a verle hasta pasados unos días. Cuando le preguntaba a dónde se marchaba, él respondía que había ido a "purificar el mundo", por lo que Scout tenía asumido que era un superhéroe.

Jackie sabía desde tiempo atrás que Scout tenía un amigo imaginario, y a veces usaba aquello para tomarle el pelo. Pese a todo, sabía que era un asunto delicado y que otros niños podían usarlo contra él, así que siempre procuraba que no hubiese nadie cerca cuando sacaba el tema.

El Sol empezaba ya a ponerse en el cielo de Boston. Scout dio un largo bostezo, pues estaba agotado.

-Vaya, se está haciendo tarde...- dijo Jackie tras mirar la posición del Sol en el cielo.- Debería volver ya, o madre y padre se enfadarán más aún.

-Tienes razón- concordó Scout.- Marchémonos ya. Estas calles no son adecuadas para que una señorita elegante ande sola por la noche- añadió en tono burlón.

-Ni tampoco para los bebés con amigos imaginarios- replicó esta.

Ambos amigos se miraron a los ojos y comenzaron a reír a carcajadas. Pero de pronto un chillido de terror resonó por el parque, cortando sus risas.

-¿Qué ha sido eso, Jery?- preguntó Jackie asustada. Scout se puso delante de ella para protegerla.

Un hombre enchaquetado, gordo y calvo, de apariencia ricachona, corría aterrado desde la entrada por el camino que llevaba a la zona de juegos, donde se encontraban ellos.

-¡Déjame en paz!- gritaba el desquiciado hombre a la nada. El hombre se llevó las manos a la cabeza.-¡No! ¡Yo no tengo la culpa de nada!

Los dos niños miraron al hombre aún más asustados, pensando que era un loco que se había escapado del manicomio. El hombre se fijó en ellos y en un rápido movimiento agarró a ambos con su enorme brazo por el cuello.

-¡LÁRGATE O LOS MATO AQUÍ MISMO!- gritaba el hombre a la nada, completamente fuera de sí.

Ambos niños empezaron a gritar pidiendo ayuda, pero el parque estaba prácticamente vacío, salvo por el viejo cuidador, quien al ver la situación había salido corriendo a avisar a la policía, o eso era lo que los niños esperaban. El hombre, al ver que gritaban, les apretó un poco más.

"Tranquilo Jeremy. No te pasará nada malo, te lo prometo" oyó decir Scout en su cabeza a una voz familiar.

-¿Bat?- preguntó el chico con un hilo de voz, dado que el gordo brazo del hombre apenas le espacio para respirar.

Frente a él apareció su amigo imaginario, mirando con frialdad al hombre que sostenía a ambos niños.

"Es el momento de pagar por lo que hiciste"

-¡Yo no he hecho nada! ¡Déjame en paz!- rogaba el hombre atemorizado, sacudiendo su cabeza de un lado a otro.

Scout no terminaba de entender lo que estaba ocurriendo. ¿Estaba aquel hombre viendo de verdad a su amigo imaginario? ¿Cómo era posible?

"Bat" avanzó hacia el hombre, quién miraba de un lado a otro. Scout supuso que en realidad no podía verle, solo oír su voz, porque en caso contrario hubiera seguido corriendo.

En ese momento, se oyó la sirena de un coche de policía.

-¡Suelte a los niños y levante las manos!- gritó un agente que llegó corriendo, apuntando al hombre con una pistola.

-¡NO!- replicó el atemorizado secuestrador.- ¡Usted no lo entiende! ¡Si los suelto me matará!

-Repito: suelte a los niños- ordenó el policía.- No haga esto más difícil.

El hombre no aguantó más la tensión y salió corriendo, cargando con Scout y Jackie. Oyeron al policía disparar y al hombre quejarse de dolor, pero aún así el secuestrador seguía corriendo. Los siguientes momentos fueron angustiosos para ambos niños.

Finalmente, tras un tiempo que ninguno de los dos podía determinar, el hombre los soltó: estaban en el interior de un edificio abandonado, donde ambos solían ir a jugar, bastante cercano al parque. Los dos amigos aprovecharon para coger todo el aire que no habían podido respirar. El hombre se arrancó la manga de su chaqueta y la usó para tapar una herida en su brazo, que probablemente había sido provocada por el disparo del policía.

-No os quiero hacer daño- dijo el hombre seriamente entre jadeos, mientras bloqueaba la puerta con varios trastos, entre ellos un armario bastante grande.- Os prometo que si os quedáis aquí callados os haré una tarta en cuanto salga de este lío.

Una vez hubo bloqueado la puerta, el hombre se dejó caer al suelo y comenzó a llorar. Ambos niños le miraron sin saber que decir.

-¿Qué he hecho?- decía entre sollozos mientras contemplaba a los dos niños, que estaban tan asustados y confusos como él.- Ahora soy un secuestrador, un criminal... Mi vida está arruinada.

Jackie, pese al miedo, se acercó a aquel hombre, ignorando el intento de Scout de detenerla. Se arrancó uno de los lazos del vestido y se lo tendió como si fuera un pañuelo.

-Gracias, jovencita- dijo este mientras se sonaba, haciendo un ruido similar al de un elefante.

-Dígame señor, ¿por qué nos has secuestrado?- preguntó Jackie con curiosidad. Al ver derrumbarse a aquel hombre, había pensado que quizás no era tan malo.

-No era mi intención- respondió el hombre con la voz entrecortada- hay una cosa que lleva todo el día persiguiéndome. Oigo su voz en mi cabeza, me dice cosas horribles vaya a donde vaya y... tengo tanto miedo- el hombre rompió a llorar de nuevo.

Scout miró al hombre con desconfianza: sabía que quién le había seguido era "Bat", y este era un superhéroe, así que aquel hombre debería haber hecho algo muy malo. Al fin y al cabo, "Bat" había dicho que había llegado el momento de que pagara por sus crímenes.

"No puedes huir"

"Bat" apareció de la nada en aquella habitación. El secuestrador se puso de pie de un brinco al oír su voz y comenzó a mirar de un lado para otro.

-¡¿Por qué me persigues?!- gritó el hombre aterrado.

"Deberías saberlo... ¿No reconoces mi voz?"

El hombre enmudeció uno instantes, y con temblorosa voz dijo:

-No. No tengo ni idea de lo que estás hablando...

"Lo has olvidado, ¿verdad? Nos conocimos hace diez años"

Scout miró a "Bat" sin entender nada de lo que estaba pasando ¿Cómo era posible que su secuestrador y su amigo imaginario se conocieran? ¡Se suponía que lo había creado él!

-De verdad, no sé de que estás hablando, pero si ya han pasado diez años, ¡¿por qué me atormentas ahora?!- pregunto el aterrado hombre.

Durante un segundo, a Scout le pereció que una fugaz pero cruel sonrisa se dibujaba en el rostro de su amigo.

"Nunca es tarde para purificar el mundo"

-¡Bat!- exclamó el niño de pronto. Jackie y el hombre le miraron, la primera extrañada y el segundo más aterrado aún al darse cuenta de que aquel chico conocía al invisible ser que le atormentaba.- ¿Qué es lo que ha hecho este hombre?

"Bat" le miró fijamente, y Scout supo que tenía sus ojos clavados en él pese a que los ocultaba su gorra. Un escalofrío le recorrió.

"Es una historia muy larga. Limítate a quedarte al margen."

-Un poco tarde para eso, ¿no?- le replicó el niño señalando a Jackie y al secuestrador.

"Lo lamento. No deberías de haberte visto involucrado en mi lucha... Pero no te preocupes: me aseguraré de sufras ningún daño"

Entonces se oyó un fuerte ruido, algo le golpeó en la cabeza y todo se volvió negro.

Cuando Scout abrió los ojos, lo primero que vio fue el rostro de su madre.

-¿Mamá?

El niño se incorporó y su madre le abrazó con fuerza.

-Oh, mi niño, estás bien- lloraba la mujer de alegría.- Estaba tan asustada.

Scout miró a los lados, por encima del hombro de su madre. Estaba en la cama de una habitación de paredes blancas y llena de artilugios que no tenía ni idea de para que eran. Le habían clavado un tubo de algo conectado a una especie de saco de plástico al brazo. Sin duda alguna, se encontraba en una habitación de hospital.

Tenía una sensación extraña en la frente, así que se llevó una mano ahí y comprobó que la tenía vendada.

-¿Qué ha pasado?- quiso saber.

Su madre le soltó, le miró a los ojos y dio un largo suspiro antes de decir:

-La policía nos ha contado que siguieron el hombre que os secuestró a ti y a Jaqueline. Cuando llegaron al edificio donde os retenía, encontraron que la puerta estaba bloqueada y tuvieron que echarla abajo- explicó la mujer.- Un fragmento de algo te golpeó la cabeza y te desmayaste. Dos de los agentes te llevaron al hospital más cercano y tras identificarte, me llamaron- hizo una pausa y añadió, antes de echarse de nuevo a llorar y abrazarle.- Me has dado un susto de muerte, pero estás bien. Mi pequeño esta bien. Ya ha pasado todo.

Disfrutó un momento del largo abrazo de su madre antes de preguntar lo que en verdad le preocupaba.

-¿Dónde está Jackie?

Su madre palideció. Varias veces movió los labios tratando de decir algo, pero las palabras no le salían. De pronto rompió a llorar una vez más, pero esta vez no era de alivio o felicidad.

-¿Qué ocurre mamá?- preguntó alarmado y asustado.- ¿Dónde esta Jackie? ¿Qué le ha pasado?

-Jeremy, cielo...- dijo la mujer con el aliento cortado.-Ella... Jaqueline... ya no está entre nosotros.

La madre de Scout se había quedado dormida en un butacón cercano, vencida por el estrés y el agotamiento. Scout por su parte, llevaba horas mirando al techo, intentado asimilar lo que su madre le había contado. Intentando asimilar que nunca volvería a ver a su mejor amiga.

Por lo que le había contado, después de que la policía echara abajo la puerta, el hombre salió corriendo escaleras arriba, agarrado fuertemente a Jaqueline. Los agentes le persiguieron hasta que le acorralaron en la azotea y entonces el hombre, sin soltar a la niña, saltó.

Ambos murieron en el acto al chocar contra el suelo.

-Me mentiste- dijo de pronto el chico.

"Bat" apareció a su lado.

"Te dije que no te iba a pasar malo, y estás bien"

-¿Qué no me iba a pasar nada malo? ¡Por tu culpa Jackie está muerta! Si no hubieras llevado a aquel villano al parque, nada de esto habría pasado- le culpó Scout.

"Yo no pretendía..."

-No me valen tus excusas. Se supone que eres un héroe, ¿o no? Deberías de habernos salvado a los dos- "Bat" no respondió a la acusación.- Lárgate. No quiero verte nunca más- le ordenó el chico.

"Pero..."

-Por favor- le pidió, incapaz de contener más las lágrimas. "Bat" suspiró profundamente.

"Esta bien, me iré. Pero algún día, cuando más me necesites, volveremos a vernos"

-Ese fue el último día que vi a los dos únicos amigos que tuve en la infancia- contaba un Scout de veintitrés años a sus compañeros de equipo. Estos le miraban, compadecidos por la traumática experiencia que sufrió cuando era tan joven.

-¿Qué pasar después?- quiso saber Heavy, hablando por todos.

- Después de salir del hospital la policía me interrogó y conté todo lo ocurrido con pelos y señales- siguió relatando Scout.- Naturalmente, no creyeron nada que involucrara a un amigo imaginario. Me llevaron al psicólogo y, tras semanas de terapia, me convencieron de que "Bat" nunca había existido y que le eché la culpa a algo ficticio porque mi mente infantil no entendía nada de lo que había ocurrido.

-¿Y te quedaste completamente sólo?- preguntó Sniper.

-No. Es curioso, pero ser víctima de un secuestro hizo que la gente de pronto comenzara a interesarse más por mí- respondió este.- Recibía un mejor trato por parte de mis compañeros de clase y los profesores, e incluso encontré algunos a los que podía llamar "colegas", pero nunca encontré a nadie a quien apreciara ni en quien confiara tanto como Jackie.

"Hasta que os conocí" añadió en su mente, pero no llegó a pronunciar las palabras.

-Entonces, ¿por qué crees que es ese tal Bat es quién se ha colado en Pyrolandia?- supuso Engineer.

-Él dijo que volvería, y ayer le vi en dos ocasiones después de oír la canción- respondió Scout.- Pero no sé porque no me ha hablado: en el pasado fuimos amigos, al fin y al cabo. Al menos debería explicarme porque ha vuelto.

-Puede que te lo hayas imaginado debido al estrés postraumático- le dijo Medic.

-Quizás pero, ¿no es demasiada coincidencia?- rebatió Scout.

-Esto es absurdo- opinó Soldier.- ¡Los amigos imaginarios son ñoñerías infantiles y no existen!

Globunicornio le dijo algo a Pyro, y este se lo comunicó a Engineer.

-De parte de Globunicornio: que te jodan con un cuerno de mamut- le transmitió el texano.- Pero los mamut no tienen cuernos, sino colmillos...

-A lo mejor en Pyrolandia tienen mamut con cuernos y colmillos- comentó Sniper en tono de burla. Pyro asintió, confirmando lo que había dicho el australiano. Tras una breve pausa, el resto del equipo rompió a reír.

-No he pillado nada...- murmuró Wheatley.-¿Qué es un amigo imaginario y qué tiene que ver un mamut en todo esto?

-En fin, creo que va siendo hora de ir recogiendo nuestras pertenencias- dijo Medic.- Ya seguiremos indagando en este asunto más tarde.

El resto del equipo asintió y se dirigieron cada uno a sus respectivas habitaciones.

-Tu madre nunca me contó nada de esto- le dijo Spy a Scout cuando ambos estaban a solas recogiendo sus cosas en la habitación que compartían.

-Eso es porque le hice prometer que no se lo diría a nadie- respondió Scout.- No es un asunto del que me guste hablar, como entenderás.

-En cambio, nos lo has contado.

-Porque creí que os afectaba directamente: una sombra nos acecha en Pyrolandia, mi amigo imaginario que quiere salvar el mundo a base de, aparentemente, volver locos a los criminales para hacer que se tiren por azoteas vuelve a aparecer y luego atacan a Demo.- Se encogió de hombros y añadió.- Todo encaja, ¿no?

Spy no dijo nada ante la explicación de Scout. No, había algo que no encajaba. Demoman había visto a su atacante y había afirmado que era Scout. Si hubiera sido el amigo imaginario del que hablaba el joven, él no habría podido verle.

-A no ser...-murmuró en voz baja mirando a Scout de arriba a abajo.

-¿A no ser qué que?- le interrumpió Scout con irritación, creyendo que Spy seguía en sus trece de echarle la culpa de ocurrido a él.- Mira, si vas a seguir acusánd...

De pronto Scout le entró mareo y se tambaleó, cosa que a Spy no le pasó desapercibida.

-¿Qué te ocurre?- le preguntó el francés, preocupado. Antes de que el joven, quien se había quedado totalmente paralizado, pudiera contestar, este se desplomó en el suelo. Spy se apresuró a acercase a él, y le tomó el pulso, comprobando así que solo estaba inconsciente.

-¡MEDIC!- llamó el francés inmediatamente, y se giró para salir al pasillo a buscar al alemán, pero en ese instante algo le agarró por la espalda, deteniéndolo en seco.

-No será necesario.

Spy se dio la vuelta y se soltó del agarre. Scout se había levantado y le miraba con rabia. Antes de que el francés pudiera sacar un arma, el bostoniano le agarró del cuello, con una rapidez y fuerza que no era típicas en él.

Cuando las miradas de ambos se cruzaron, Spy supo que quien estaba frente a el ya no era su compañero.