I.
24 de Enero de 2020.
17.28 horas.
Narra Wos:
Más de tres semanas desde aquella noche de fiesta en el Dome. No sé qué fue mejor, si el escabio, el espectáculo o volver a repetir una noche con Ribba. Desde ese día nos juntamos las pocas veces que pudimos, ya que aprovechamos la primer quincena del año para vacacionar un poco. Pero ayer el regalo de Dani fue de lo mejor de mi cumpleaños.
Los Quintos nos consiguieron portales para poder ir y venir a conveniencia, Daniel, Ecko y algunos más se fueron a Villa Gesell con sus crews, Nacho y otros para Mar del Plata y yo opté por irme para el sur con amigos. He de admitir que fue extraño tener guardaespaldas rodeándonos a lo lejos, pero mejor prevenir que lamentar.
Hace cuatro días habían redoblado nuestras custodias, luego de que unos cobardes asesinaran a un chico a golpes a la salida de un boliche en Gesell. Todo el país se encuentra atónito y nos pidieron que evitemos movernos solos o sin avisar a los vigilantes. Hoy nos juntaríamos todos otra vez, luego de que Vale nos avisara que los Quintos tenían una propuesta para hacernos.
Iba junto a Dani, Teo y Manu rumbo al punto de reunión, cruzando a Ivo y Seven en el camino, que se separaron nerviosos al vernos venir. Estaban bastante tiempo juntos desde que Serue y Nikki terminaron, pero debe ser mi imaginación nomás. Llegamos al punto de reunión, donde unas chicas de uniforme negro nos esperaban.
Al entrar pasamos por una pequeño cuarto de control para luego ingresar a una gigantesca sala, se extendía hacia ambos lados unos doscientos metros, y otros cuatrocientos hacia el fondo y a lo alto. Imaginé que es donde Ecko nos contó que Nicolás lo trajo cuando escapó. Al parecer éramos los últimos en llegar, ya que todos estaban sentados en el suelo hablando con los Quintos, que se giraron hacia nosotros al vernos.
— Bueno, cartón lleno. Arrancamos les parece? — alzó la voz Emiliano mientras se levantaba, acción que repitieron los Quintos. — Quédense sentados, más fácil para verlos.
— Qué onda? Perdón la demora, nos perdimo' arriba. — saludé mientras nos sentamos, el resto de los chicos saludó también. — De qué se trata esto?
— Vamos a hacerlo fácil. Cuando Nico los fue a buscar al hotel, usó un encantamiento que se llama "Sappere Aude". Básicamente lo que hace es transmitirles una gran cantidad de información sin que se les funda la mente. — explicó Agustín. — Pero la información que les dio en ese momento era para que conocieran lo básico digamos. Sobre nosotros, la República, los dioses, el Origen, Orden, Caos, etc.
— Obviamente no les mostró todo, porque llevaría mucho más tiempo que terminen de procesarlo, y eso que les tomó alrededor de dos semanas lo primero. — continuó Victoria.
— Así que hoy vamos a mostrarles otra parte de la realidad. — acotó Valentina, con su sonrisa de siempre. — No debería tomar más de una hora que asimilen esto. — terminó alzando una mano.
— Sappere Aude. — repitieron los cinco al unísono, un círculo se dibujó a los pies de cada uno, y una figura luminosa, el glifo del encantamiento, brilló frente a nuestros rostros.
La información comenzó a fluir por mi mente a toda velocidad, como si hubiesen conectado un pen-drive a mi cabeza y descargaran toda su información. Al cabo de cuarenta y tantos minutos, entendía mejor el concepto de Esencia que me había explicado Emi, el cómo el Origen maneja y articula las energías que conforman la realidad. Y sobre todo, esa capacidad latente en nuestros cuerpos, aguardando ser liberada.
— Pará, pará, pará. Es posta esto? — preguntó Mateo. — Podemos tener poderes?
— Poderes suena a algo de ficción, pero para hacerlo simple, si, pueden obtener habilidades. — respondió Victoria al ver la mezcla de confusión y entusiasmo del rizado. — Pero eso incluye tener que entrenarse para controlarlos, y no es algo fácil de hacer. — concluyó.
— Pero qué onda? Vamos a poder volar y eso? — cuestionó el menor de los Mansilla esta vez.
— No es tan así. Eso depende de cada uno, de su Esencia. — explicó Emiliano. — La Esencia de cada uno es como su alma, que a lo largo de la historia recorrió varias vidas y volvió al Origen para renovarse.
— En cada una de esas vidas, asimiló diversas experiencias, y puede que alguna habilidad, eso la moldea con el tiempo, y no se borra al regresar al Origen. — continuó Valentina mientras conjuraba algo similar a una masa de energía multicolor sobre su palma. — Cada Esencia va asimilando distintos retazos de energía, que se graban para siempre. Entonces, cuando nosotros la activamos, puede que el usuario active alguna de esas habilidades.
— Y ahora lo importante, si aceptan que activemos sus habilidades, tienen que hacer un juramento. — añadió Nicolás, que se había mantenido al margen, observando a cada uno. — Primero, es que nunca van a usar dichas habilidades para lastimar a un inocente. Segundo, nunca van a usarlas para sacar un rédito propio, o aprovecharse de otros. Y tercero, tendrán que aceptar el entrenamiento sin quejas, así como las misiones junto a nosotros. El costo de romper su juramento, es que perderán todo su poder, sin vuelta atrás. — finalizó.
— No es algo fácil de hacer, requiere mucho trabajo y dedicación. Pero sí les aseguramos que no va a interferir ni con sus carreras ni con sus estudios. — continuó Victoria. — Además, deben considerar que las misiones pueden tornarse peligrosas, aún con nosotros. Y que si los necesitamos, deberán responder.
— Y si no nos interesan ni las misiones, ni las habilidades ni nada de eso? — cuestionó Cazzu esta vez, que estaba sentada junto a Tomás y Nikki. — Onda, tenemos que involucrarnos sí o sí?
— Para nada, esto es sólo una propuesta y completamente opcional. — respondió Agustín. — No los obligaríamos jamás, porque eso sólo crearía problemas. Y la idea de esto, es que traiga soluciones.
— Bueno, suficiente charla por hoy. Procesen la información tranquilos, piensen si quieren que esto forme parte de su vida o no. Mañana a la misma hora esperamos acá a los interesados, y vengan sin planes para la noche. — sentenció Victoria. La multitud se comenzó a dispersar entre murmullos.
22.47 horas.
Luego de la reunión quedamos con Dani en juntarnos con Manuel y Teo para hablar sobre esto, pero primero cenaremos con nuestras familias y les explicaremos un poco sobre las propuestas, además pensaríamos por nuestra cuenta sobre ello.
Nos juntamos en una plaza frente al edificio donde nos hospedamos, la noche era agradable y en el centro del lugar había una gran fogata. Según me contó Vic, era parte de la llama de Hestia, la diosa griega del hogar. Estaba sentado en el pasto fumando un pucho cuando Dani me sorprendió por la espalda.
Lo atrapé justo y cayó sobre mi, así que aproveché a rodearlo con ambos brazos y dejar un beso en su cachete, que se tornó rojo en un par de segundos. Se sentó a mi lado nervioso, aún no se anima a mostrarse totalmente en público. Charlamos un rato hasta que Manu y Teo se nos unieron.
— Qué onda wachos? Cenaron rico? — saludé a los chicos al verlos llegar.
— Todo bien, ustedes? — respondió Manu con una sonrisa.
— La mamá de Manu hizo tremendas milanesas con puré y me morí de amor. — agregó Teo.
— De gordo te vas a morir vos. — lo molestó el castaño. — Cuatro milanesas se encajó el pibe.
— Eu, con las milanesas no te metas. — refunfuñó Daniel, frunciendo el ceño.
— Bueno basta nenes chicos. Igual sí, con la milanesas no, Diccionario. — burlé a Manu, señalándolo con un dedo amenazador. — Y hablaron con tus viejos?
— Sí, mi vieja no está del todo segura, y yo la verdad tampoco. Pero Trueno está como nene chico y se los ganó a base de pucheros. — respondió el castaño. — Así que tenemos permiso, pero yo lo voy a pensar en la noche y mañana veré. Ustedes?
— Mis viejos la verdad no quieren y me hicieron tremendo quilombo, pero Agustina les comió la cabeza de que ya soy mayor y puedo decidir sólo. Y la verdad es que me pinta si. Quiero saber qué potencial tengo. Además, le escribí a la Vale y me dijo que en un futuro podemos dejar de hacer misiones, que son más que nada para entrenar. — agregó Dani y luego dirigió hacia mí, expectante de mi respuesta.
— Yo no, no me cabió. — mentí, y vi la decepción mezclada con confusión en los ojos del teñido. Antes de juntarnos le había dicho que me gustaba la idea. — Te estoy jodiendo, bobo. Mis viejos no me hicieron drama mientras tenga cuidado, y también hablé con Wawa y el Tobo, que me dijeron que lo hiciera.
— Uh bien ahí Wosito. — gritó Dani, seguido me abrazó. Los chicos me miraron con cierta curiosidad.
— Bueno, ya está entonce', dale Manu, faltas vos para fundar los cuatro fantásticos. — rogó Teo haciendo un puchero. Tenía razón el castaño, compra a cualquiera con esa carita.
— Lo voy a pensar, rompebolas, mañana te digo y vos se lo gritas a quien quieras. — finalizó Manuel.
— Si! — exclamó el rizado estirando la última vocal, acto seguido se tiró sobre el castaño para hacerle cosquillas. — Viste que sos el mejor?
— Salí de arriba mío porque ya decido que no. — amenazó Manu, notoriamente avergonzado. Teo se alejó como un cachorrito recién retado buscando mi lástima o la de Daniel, que nunca llegó.
II.
25 de Enero de 2020.
17.36 horas.
Narra Dam:
Estaba junto a Matías y los Quintos esperando por si alguien más venía. Ecko me avisó que Lit le había confirmado, y Agustina me dijo que Dani también pensaba venir. Todavía no logro comprender cómo una chica como ella se interesó en mí, pero no voy a quejarme tampoco. Además, sirve para molestar al teñido.
Al cabo de unos minutos llegaron Dani junto con Valentín, Manuel y Mateo, que venía presentando a los cuatro fantásticos a todo el mundo. Eso le valió un golpe en la nuca por parte de Replik, cosa que sí nos robó una carcajada. Un rato después entró Mauro, con unas ojeras bastante grandes.
— Ah pero miralo al bello durmiente, dale gil que hace diez minutos estamos acá parados. — bromeó Agustín. Aún me costaba ver a ese chico a los ojos, ese gris tormentoso me aterra un poco.
— Bueno wacho, no se puede ni dormir la siesta ya. — se quejó el ojiverde. El resto se limitó a reír.
— Bien, creo que esos son todos. — dijo Emiliano, mientras estiraba ambos brazos.
— Tan poca gente? — consultó Wos. Dani estaba curiosamente apoyado sobre su hombro, recordé que Agustina me contó que andaba en algo, pero ni a ella sabía bien en qué. ¿Será Oliva ese algo? — Me esperaba a treinta personas o algo así, gritando por poder volar y coso color.
— Es más común de lo que parece. Hemos reclutado grupos de más de cien personas, y sólo tres se presentaron al otro día. — respondió riendo Victoria. — La idea de tener poder junto con responsabilidades no siempre es bien aceptada, por eso creamos el juramento. Además hay gente a la que simplemente no le interesa, se siente cómoda como está.
— Y tipo, pueden explicarnos mejor cómo es eso del juramento? — preguntó extrañamente serio Matías.
— Es básicamente un salvoconducto, para no tener que estar pendiente de lo que hacen. Lo de no lastimar a un inocente me parece que es obvio, miren a los rugbiers imbéciles de Gesell sino, el mejor y peor ejemplo de el poder mal utilizado. — comenzó Emiliano. — Por otro lado, sobre no sacarle rédito personal, es medio confuso, pero para que entiendan, una vez una piba podía implantar ideas en la gente. Tuvimos que desaparecer unos meses y cuando volvimos, había aprobado todos sus exámenes y mucha gente le había "donado" guita para empezar su negocio, ustedes imaginarán cómo. — finalizó.
— Digamos que no terminó muy bien. Eso fue previo a que creáramos el juramento. — agregó Valentina. Hoy las puntas de su cabello brillaban con más intensidad. Agu me contó que pasaba cuando estaba feliz o emocionada por algo. — Así que luego configuramos el encantamiento, para evitar problemas extra.
— Y cómo es el juramento ese? Tenemos que recitar algo? Arrodillarnos y rezar? — preguntó Manuel, que parecía más curioso por la jura que por el hecho de tener poderes.
— Es un Juramento Inquebrantable, similar al que hacen en cierta película de magos, si alguno la vio. — respondió Nicolás. — Sólo que en lugar de matarlos, anula sus habilidades y las sella. Así que si están listos, deberíamos arrancar, porque que sus habilidades se manifiesten puede tardar bastante.
— Wacho, seguro que no me voy a morir, no? — preguntó Lit escondido tras la espalda de Spallatti.
— No salame, para qué haríamos algo que los mate? — musitó Agustín, luego de apretarse el puente de la nariz con dos dedos. — Hacen esto por su propia voluntad, ya conocen los riesgos. Empezamos?
— Entonces qué tenemos que hacer? — consultó por lo bajo Dani, temiendo que el Quinto se enoje más.
— Simplemente ubiquense uno al lado del otro, los tomaremos del antebrazo y nosotros nos encargamos del encantamiento. Si no hay problemas, quedará listo. Pero si en el fondo tienen dudas de poder cumplir con la promesa, se romperá antes de terminar. — explicó Emiliano ahora.
El grupo asintió, y formamos una fila, como nos indicaron. Yo estaba primero, por lo que me tocó con Valentina. A mi lado a Trueno le tocó con Emiliano, luego Victoria con Manuel y Nicolás con Wos. Agustín se colocó al lado de la fila, unió sus manos y un símbolo se dibujó sobre el dorso de ambas. — Juramento Inquebrantable. — exclamó, sus ojos comenzaron a brillar mientras extendía ambas manos.
Un cosquilleo comenzó a recorrer mi piel, concentrándose en mi antebrazo. Valentina me miraba fijo con su sonrisa característica, y el brillo de su cabello parecía magma ardiente. Unas cadenas blancas surgieron de la nada, rodeando el antebrazo de ambos y al unirse ambas puntas, sentí la energía recorrer todo mi cuerpo, similar a un escalofrío.
A mi lado, en las primeras dos parejas se repetía la secuencia, pero algo raro pasaba entre Nicolás y Valen. En lugar de blanca, la cadena que los unía era azul con destellos celestes, algo que alertó a todos los Quintos, quienes cruzaban miradas en silencio. Al cabo de un minuto, terminó. Los Quintos intercambiaron algunas palabras y pasaron a los tres del grupo que faltaban.
Esta vez Agustín se juntó con Dani, Victoria con Lit y Nicolás con Matías. Valentina y Emiliano repitieron el encantamiento y las cadenas rodearon los antebrazos de las parejas. La de Agustín y Dani era blanca, pero esta vez, se repitió el color azul entre Nicolás y Ecko, pero también entre Vic y Lit, salvo que su cadena era rosa, con destellos fucsias y morados.
— Puedo preguntar qué pasó? — solté sin más. Me llamaba la atención lo que sucedía, y por la reacción de los Quintos, a ellos también.
— No es nada importante, a veces pasa cuando hay cierta, "afinidad", digamos, nada del otro mundo. — respondió Victoria, que por las miradas recibidas del resto, no parecía muy convincente.
— Ya fue, no se estresen por eso. — sentenció Emiliano para dar por terminado el asunto.
— Ahora formen una ronda y coloquen sus manos unidas detrás de ustedes. — ordenó Nicolás.
Nos posicionamos y los Quintos se distribuyeron a nuestro alrededor. Hicieron una serie de movimientos con sus manos, y varios dibujos aparecieron a su alrededor, junto con un círculo con glifos a sus pies. Los círculos se unieron, formando uno más grande junto con una estrella de cinco puntas en su interior. Alzaron ambas manos, formando un triángulo al unir sus pulgares y dedos índice. Y recitaron: "Scientia est potentia"
Otra circunferencia se dibujó a nuestro alrededor, en su interior aparecieron tres estrellas, dos internas de cinco puntas; y otra externa de doce, por lo que alcancé a contar. En extremos opuestos, dos círculos rodeaban unos jeroglíficos, y en mi mente surgió una idea, "Ma'at", el Orden. Del lado opuesto, "Isfet" pensé esta vez, el Caos. Además, entre las puntas de las estrellas, divisé unos símbolos extraños en la más interna y algunas runas nórdicas en la externa.
Del centro surgió un dibujo del Yin y el Yang, de los cuales se elevaron dos esferas; una blanca y otra negra, que se convirtió en una especie de neblina oscura alrededor de la primera. No lograba cubrir gran parte, pero se movía como si intentara engullirla. De la esfera blanca nació un haz de luz que me impactó en el pecho. Sentí un intenso hormigueo en todo el cuerpo, como si recorriera cada vena y nervio de mi ser. Cuando al fin logré concentrarme, vi que el mismo rayo de luz se repetía en cada uno de los chicos.
Al cabo de unos minutos, caí de rodillas, exhausto. Me costaba respirar, como si hubiese corrido kilómetros, cargando con bolsas llenas de piedras. Miré a mi alrededor y estábamos todos igual, los chicos y los Quintos, todos sentados en el suelo, intentando recordar cómo respirar. Victoria se sentó cruzada de piernas y unió ambas manos como en un rezo. — Cólera de los Ancestros: Bendición de Brahma. — conjuró.
Realmente creí que estaba alucinando del cansancio, pero estoy seguro de lo que vi. Un hombre apareció detrás de ella, sentado de la misma forma sobre una flor, pero mucho más grande y de un brillo rojizo radiante. Tenía cuatro brazos y además, en su cabeza se podían apreciar cuatro rostros, pero extrañamente difuminados. Estelas de luz surgieron de su espalda y rodearon a cada uno de nosotros. Unos segundos después, estaba totalmente descansado, respiraba con normalidad, al igual que el resto del grupo.
— Qué carajos acaba de pasar? — exclamó Lit, con cara de estupefacción. — Y quién era ese viejo?
— Es un vestigio del que fue alguna vez el máximo dios hindú, Brahma, el creador. — respondió Victoria, intentando no golpearlo por la segunda pregunta. — Hace miles de años, los hindúes cayeron en desgracia, el Caos los corrompió luego de que Brahma fuera herido de muerte. Tuvimos que exterminar al panteón entero, fue una masacre.
— Cuando terminamos con eso, las esencias de Brahma, Shiva y Vishnú su unió a la nuestra, lo que nos permite usar su poder cuando lo necesitamos. — continuó Agustín. — El poder de Brahma sana heridas y restituye la energía de quien lo recibe. Y pobre del que lo llame como la cerveza. — advirtió.
— Bueno, bueno, nadie se va a meter con la cerveza. — bromeó Wos. — Y ahora? Ya tenemos poderes?
— No es tan fácil, puede llevar un par de horas que se manifiesten, días incluso. — respondió Victoria.
— Así que vamos a esperar hasta que pase algo, pero no pienso quedarme acá mirando la cara de orto del Niño Diccionario, así que ya vuelvo. — soltó riendo Nicolás. Se desvaneció un par de segundos y volvió, pero esta vez, con varias cajas de pizza y refrescos. — Ahora sí, a esperar como Dios manda.
III.
23.04 horas.
Narra Dam:
Llevamos alrededor de cinco horas esperando, y no ha pasado absolutamente nada, más que Daniel peleando con Mateo por el último pedazo de pizza, niños chicos. Los Quintos nos contaron más sobre la caída del panteón hindú, y nos mostraron cómo funcionaban las otras "Cóleras".
La "Paz de Vishnu" invocó a un colosal gigante de resplandor celeste con cuatro brazos. Según nos dijeron, se encarga de defender un lugar o una persona asignada, y es muy difícil de vencer. Luego está la "Ira de Shiva", que invoca unas gigantes manos de brillo amarillo, que emulan los movimientos de su conjurador. Es como pelear mano a mano con un títere gigante.
En determinado momento comencé a sentir un extraño picor en el brazo derecho. Se fue intensificando desde el hombro hacia el antebrazo, pero comenzó a arder en la palma de la muñeca y me preocupé. Llamé la atención de los chicos que vinieron rápido hacia mi, Agustín me inspeccionaba el brazo mientras Valentina aligeraba el dolor.
— Córranse para atrás. Rápido! — exclamó el ojigris, invocando una extraña hacha. — Vamos a tener que amputarle el brazo antes de que sea tarde. — soltó con un tono demasiado serio, y me congelé.
— Callate imbécil. — dijo Emiliano detrás de él, lo tomó de la muñeca y lo lanzó varios metros hacia atrás. — Te está jodiendo el muy pajero. Estás bien, se está revelando tu habilidad nomás. — agregó.
Y logré respirar, al cabo de unos segundos un dibujo apareció, un semi círculo cruzado por una línea perpendicular que terminaba como una flecha y otra línea la cruzaba también, como uniendo los bordes del arco, sin tocarlos. Todo brillaba con un extraño tono amarillo. Valentina lo analizó y llamó a Nicolás.
— Este te va a tocar a vos. — soltó la Quinta. — Magia de Proyectiles, es muy buena loquito.
— Magia de proyectiles? Qué es eso? — cuestioné, bastante confundido. El Quinto del Agua invocó un arco plateado en su mano y al tensar el hilo de luz una flecha nació. ¿Seré un arquero entonces?
— Esto es lo básico, pero vas a poder usar armas de fuego también. La Magia de Proyectiles más que nada potencia tus sentidos, sobre todo la vista. — dijo respondió Nicolás. — En esencia, vas a poder acertarle a todo lo que esté en tu campo de visión, pero además, podés controlar tus disparos, curvar trayectorias, y varias cosas más. Es muy poderosa. Ahora, concentrate en tu mano y trata de imaginar un arco, sin muchos detalles, solo el cuerpo y la cuerda que une ambos extremos. — ordenó.
Y así lo hice, al cabo de largos minutos y varios intentos fallidos, tenía un arco de luz dorada en la mano. Tenía un agarre firme, a pesar de estar hecho de nada más que energía. Tensé la cuerda y una flecha apareció y desapareció al aflojar el agarre. Valentina señaló un muñeco con varios círculos en el pecho.
Y solté la flecha, que vergonzosamente terminó unos treinta metros lejos del objetivo, algo que se repitió en varios intentos. Al soltar la siguiente sentí como podía dirigirla con la mirada, así que me concentré en el muñeco, y esta vez, lo rozó. Ya tenía mi victoria del día, aunque insistieron en que siguiera. Cargué otra flecha y la solté, pero un saludo me desconcentró, y Agustina entraba en la sala. La flecha giró, directo hacia ella.
Cerré los ojos por pánico, cuando volví la vista Emiliano estaba frente a ella, pero la flecha estaba incrustada en una barrera blanca, apenas visible. El Quinto de la Tierra volvió la vista al grupo y gritó por Mauro. Todos lo observamos sorprendidos. Tenía una mano alzada rodeada de una pequeña estela de energía y sus ojos brillaban en blanco a pesar de su expresión de temor.
— Cómo hiciste eso Lit? — preguntó Victoria mientras se acercaba a él. Tomó su brazo y revisó su muñeca. Un óvalo atravesado por una línea a lo largo y dos círculos pequeños despedía un fulgor blanco.
— N-no s-sé. Vi que la cosa le iba a pegar y me asusté, me salió s-sólo. — respondió, muy nervioso.
— Quién lo hubiera imaginado, es Especialista en Barreras. — soltó Agustín, con un rara satisfacción.
— Básicamente podés crear todo tipo de escudos, barreras o murallas. — agregó la Quinta de la Luz. — Y en eso soy la mejor, así que vos venís conmigo. Podés usarla para defender a otros o a vos, podes encerrar a alguien, etc. Vas a aprender a emplearla contra magia, ataques físicos, hasta combinados.
— No sé qué carajos está pasando, pero perdón por molestar, necesito hablar con Daniel. — dijo Agustina en un tono serio. El teñido se alejó con ella para charlar más tranquilo.
— Bueno, así que tenemos Magia de Proyectiles y Especialista en Barreras. Interesante. — analizó Nicolás mientras pasaba su pulgar por el mentón. — Dam, dale concentrate y seguí practicando.
— Lit, vení así te explico lo básico. — agregó Vic detrás de mi.
— Por qué él sí tiene explicación básica y yo no? — protesté, a lo que Nico rió.
— Porque no hay guía rápida, tenés que enfocarte en tu objetivo y hacer que la flecha lo atraviese. Es la mejor manera de aprender, tus ojos se van a acostumbrar y luego vas a poder controlarlo mejor. — sentenció el ojiazul, cruzando ambos brazos. — Mirá.
Conjuró su arco plateado nuevamente y lanzó una flecha hacia arriba, que desapareció unos metros luego de partir. Un segundo después, un centenar de saetas caían sobre el desgraciado muñeco. Parecía una lluvia, pero de flechas, y altamente destructivas, que al parecer odian a los muñequitos con una marca de objetivo en el pecho. Varios muñecos más aparecieron para reemplazar a su compañero caído.
Estuve practicando media hora más, intentando concentrarme entre el murmullo de los chicos, la discusión de Daniel con su hermana y los lloriqueos de Lit por no poder crear una barrera completa. Pero avancé, ahora lograba asestar dos disparos a la vez, pero el tercero siempre se desviaba. Seguí practicando un rato más, que duró muy poco, unos diez minutos después entró el padre de los Ribba hecho una furia.
IV.
23.57 horas.
Narra Dani:
Estaba entrando en pánico, Agustina me avisó que alguien me sacó una foto besando a Valentín y mi padre se había enterado. Vino para avisarme que me estaba buscando, pero como él no conoce el edificio, logró llegar antes. No sabía qué hacer, no quería involucrar a los chicos en esto y menos a Valen. Me decidí por retirarme pero mi padre llegó antes de que pudiera reaccionar, estaba rojo de ira, maldiciendo.
— Daniel! Se puede saber qué es esto?! — gritó apenas me vio, señalando la foto en su celular. — Desde cuando andas con el tipo ese? — cuestionó ahora apuntando a Oliva.
— Pará pa, calmate un poco, estás haciendo una escena. — intentó calmarlo Agustina, sin éxito.
— Vos callate pendeja, que después voy a hablar con vos también. — exclamó. — Eso de andar de pollerita suelta se terminó. Y vos, vas a ir a tener que pedirle disculpas a tu madre por esto. — finalizó.
— Yo n-no tengo que disculparme por nada, no hice n-nada malo. — intenté articular controlando los nervios. — Qué te importa con quién ando o no? Es mi vida, ya dejá de intentar controlar todo!
— A mi me vas a respetar, pendejo de mierda. — elevando más su tono de voz, acercándose de forma amenazante. Valentín se interpuso en su camino. — Y vos, voy a hablar con tus padres por andar llenándole la cabeza de estupideces a mi hijo.
— Creo que necesita calmarse, señor. — musitó Oliva. — Esto no le está haciendo bien a ninguno.
— Vos no me vas a venir a decir cómo tengo que criar a mis hijos, escuchaste? — exclamó, pero esta vez se abalanzó sobre Valentín. El miedo y la ira me sobrepasaron ante el temor de que le hiciera daño. Sentí cómo la temperatura descendió a mi alrededor, estaba realmente furioso.
— Basta! — grité con todas mis fuerzas, alzando ambas manos y cerrando los ojos.
Y el silencio reinó en el lugar, al volver la vista, un muro de hielo se había formado entre mi padre y Oliva, en su base el suelo estaba cubierto por una capa helada, que surgía desde mis pies. Mis brazos estaban cubiertos de escarcha y me desplomé. No entendía qué pasaba, los chicos me miraban igual de atónitos, mientras los Quintos mantenían un semblante serio.
— Q-qué es esto? — soltó mi padre en estado de shock, mirándome con una mezcla de ira y temor.
— Es suficiente, Osvaldo. — sentenció Emiliano a sus espaldas. — Vamos afuera, usted y yo necesitamos hablar.
— Hablalo acá mejor, delante de todos, que quede claro. — ordenó Valentina y Emi estuvo de acuerdo.
— Cuando llegaron por primera vez tuvimos una entrevista, y recuerdo muy bien su incomodidad en el tema, señor Labocha, pero aún así veo que no quedó del todo claro. — comenzó el Quinto de la Tierra. — En la República no tiene cabida ningún tipo de discriminación, bajo ningún concepto.
— Él es mi hijo, ustedes no tienen ningún derecho a.. — intentó replicar.
— Su hijo es mayor de edad, y aún si no lo fuera, no tiene ninguna potestad para ordenar sobre su persona, porque aparte, no es su propiedad. — continuó Emiliano, su semblante atemorizaba. — Además, no entiende que lo único que está logrando con su actitud es lastimar a sus hijos?
— Quiero que mis hijos salgan derechos, y Daniel es un hombre, debe comportarse como tal. No estar haciendo esto. — exclamó mi padre. — Primero no me respeta con eso de los poderes y encima esto?!
— Eso le corresponde decidirlo a Daniel y a nadie más. Qué hacer con su vida y su cuerpo lo define él. — explicó lo más paciente posible Emi. — Usted, como padre debe apoyarlo y respetarlo, sobre todo.
— É-él, es mi hijo, no quiero un hijo que sea un desviado. — susurró, y sentí mi corazón encogerse.
— Pues está muy equivocado, si cree que sus gustos son un "desvío", señor. — dijo esta vez Victoria. — Su hijo es una excelente persona, y no merece para nada el trato que está recibiendo de usted.
— Vaya a respirar un poco de aire fresco, mañana hablaré con usted sobre esto. — ordenó Emi y mi padre asintió en silencio, pude notar arrepentimiento en sus ojos, cuando intentó hablarme y no pudo.
Me sentía horrible, estaba sentado contra la pared abrazando mis rodillas. Valentín y Agustina tuvieron que alejarse, creo que el frío que emana de mi cuerpo los estaba lastimando. Nicolás se dirigió hacia mi, pero primero posó su mano sobre el muro de hielo, que se desintegró al instante. Le pedí que se alejara, temiendo que pudiera herirlo también, pero él se limitó a dedicarme una sonrisa amable y acercarse hacia mi.
Vi como la escarcha comenzó a rodear sus piernas mientras se aproximaba, pero no parecía inmutarse. Se hincó frente a mí y posó una mano en mi pecho. — Paz. — susurró y al fin logré tranquilizarme y controlar mi respiración. La capa de escarcha sobre mi cuerpo y a mi alrededor se evaporó en pocos segundos, y Valentín junto a mi hermana se acercaron para abrazarme.
— Eso fue más bravo de lo que me hubiese gustado, pero al menos sirvió de algo, así que fuera esas caras largas. — soltó Nico, que me analizaba el símbolo en mi muñeca, que parecía un copo de nieve. — Magia elemental de Escarcha, de las más poderosas, la verdad. La magia elemental puede volverse volátil con las emociones de su usuario, por eso se activó ante el estrés de la situación. — continuó.
— Podrá controlar las otras dos? — consultó Valentina. — Sería muy raro que no.
— De qué habla? Qué otras dos? — cuestioné confundido. Nicolás se volvió hacia mí.
— La Magia de Escarcha, salvo en muy excepcionales casos, se genera por combinar Magia de Aire y Magia de Agua, de ahí el hielo. — explicó el ojiazul, mientras conjuraba una esfera de agua y otra de viento, que al unirse se convirtieron en nieve.
— Entonces el Dani es como una Elsa marimacho? — preguntó divertido Mateo, ganándose una mirada asesina por mi parte y una bola de nieve en la cara de parte de Nicolás. — Ay, era una broma, giles.
— Pero sí, bienvenido al club, Elsa. — soltó entre risas Agustín, tendiéndome una mano para levantarme.
— Los detesto, sabían? — murmuré con el ceño fruncido. Valentín soltó una risita y me rodeó por la cintura, a lo que me puse colorado y los chicos soltaron una carcajada.
Nos quedamos una hora más en la sala de entrenamiento, Dam y Lit seguían practicando mientras Nicolás me explicaba cómo controlar mis poderes. Lo último que necesitaba era enojarme y convertir a alguien en un palito de helado. Al finalizar los Quintos nos invitaron al penthouse, donde más tarde se unirían otros chicos.
Estábamos de fiesta en la sala de estar, Valen estaba mi lado, tratando de darme espacio para que no me sintiera incómodo ante el resto, pero aún así rozábamos nuestras manos de forma discreta, soltando alguna que otra risa por lo bajo. Manuel se acercó junto con Teo, que colgaba de su hombro bastante borracho. Le dedicamos una sonrisa pícara al castaño que se limitó a girar los ojos y mirar hacia otro lado, sonrojado.
— Asi que.. Cuándo pensaban contarnos? — cuestionó Manu. — Y ya todos están enterados, dejen de hacerse los cohibidos.
— Cómo que todos? Si la mayoría no estaban ahí. — murmuré, un poco confundido.
— La foto, la vieron todos. Muchos están hablando de eso, re felices por ustedes. Así que dejen de rozarse las manos como si fueran novios en los años '20 y déjenme un lugar. — ordenó entre risas.
— Ah listo entonces. — soltó Valen, rodeándome con ambos brazos y moviéndome sobre sus piernas.
— V-valentín! — balbuceé nervioso y muy sonrojado, sólo pude atinar a esconderme en su cuello.
— Miralo al Danilo todo tierno. — dijo Teo, tirándose sobre Manuel, que también se puso colorado.
— Apa, hay algo que no nos hayan contado tampoco? — preguntó Oliva, Manuel simplemente desvió la mirada desentendido y Mateo nos miraba medio confundido. Nosotros reímos ante la situación.
— Negra, podés ayudarme un poco acá? — gritó Manuel a Valentina, que pasaba delante de nosotros.
— Qué pasó nene? — cuestionó la morocha, intentando descifrar la situación, siempre con su sonrisa.
— Este gil está re pasado, no quiero que se me duerma arriba. — explicó el castaño, señalando a Teo.
— Ah bueno, bueno. A ver, Teo, mirame. — la Quinta tomó el rostro del menor y exhaló un vapor frío en su boca. — Ya está, ahora se le pasa. — explicó, le guiñó un ojo y se retiró bailando al son de la música.
— Manuel. — dijo Valen en un tono serio, que hasta a mi me sorprendió. — No me contestaste la pregunta. Aprovecha ahora antes de que se le pase. — sonrió al finalizar.
— N-no pasa nada gil, somos amigos, nada más. — musitó el castaño nervioso. — O sea, él no creo que me vea de otra forma, y no quiero confundirlo cuando ni yo estoy seguro.
— Entonces ordena un poco tu cabeza, después podés pensar en planteárselo. — dijo Victoria, que apareció de la nada a nuestras espaldas. — Y no asumas cómo te ve él, te podrías llevar una sorpresa.
— E-está bien. — susurró el castaño, desviando la mirada nuevamente.
— Dani, tu hermana se queda a dormir acá hoy. Querés quedarte o te vas con Valen? — me preguntó la Quinta esta vez. No estaba seguro de qué responder, pero Oliva habló antes que yo.
— Se viene conmigo, mi hermano no va a estar en casa hoy, así que no es molestia, bah, si él quiere, claro. — respondió el ojiazul, expectante por mí, así que asentí antes de esconderme en su cuello.
— Eu, eu, eu. Y eso? — cuestionó Teo, mirando con sorpresa al otro lado de la habitación. Al girar vimos como Ivo y Seven se besaban contra una pared. Me preocupé por Nicole, pero al encontrarla la vi sonreír a lo lejos, no parecía para nada incómoda. Todo estaba perfecto, esta era una buena noche.
V.
26 de Enero de 2020.
16.19 horas.
Narra Manuel:
Fue una noche bastante agitada, Mateo que se puso insoportable y encima ni Ribba ni Oliva me ayudaron a llevarlo, muy ocupados jugando a los novios. Al menos Emi me dejó en la cerca del departamento, así que sólo tuve que cargarlo hasta el cuarto. Mateo estaba entre medio dormido y medio muy alcoholizado, lo que no hizo nada fácil no llamar la atención, pero para mi suerte, nadie se despertó a ver qué pasaba.
Ayudé a que Teo se acostara y me cambié para hacer lo mismo. Mientras me cambiaba un extraño brillo llamó mi atención, en el lomo de un libro de mi repisa había una extraña figura de un fulgor dorado que se desvaneció en cuanto me acerqué. Tal vez yo también me había pasado de alcohol esa noche, después de todo. Me dirigí a la cama nuevamente y antes de acostarme un empujón me hizo perder el equilibrio.
Y ahí estaba Mateo, riendo como un nene chico mientras me abrazaba y yo intentaba esconder mis nervios. Se acomodó en mi cama y me hizo espacio para que lo acompañara, algo que se le había hecho costumbre cuando el pasado lo acechaba. Le dediqué una sonrisa y me acosté junto a él. Estaba demasiado exaltado, mis cachetes ardían y no quería que lo notase. — Gracias por bancarme todas wacho. Te quiero. — soltó justo antes de quedarse dormido, y mi corazón se revolucionó.
Ahora me encontraba leyendo a la sombra de un edificio del complejo, era un lugar tranquilo y casi nadie transitaba por aquí. Me llegó un mensaje de Vic recordándome que más tarde debíamos reunirnos para ver si había novedades, le confirmé y continué la lectura. Al cabo de un rato algo extraño sucedió, algunas palabras sueltas habían tomado el mismo fulgor dorado de la madrugada que se desvanecía pocos segundos después.
Intenté ignorarlo, hasta que al dar vuelta la página, la siguiente estaba completamente en blanco al igual que el resto del libro. Revisé las anteriores y se repetía lo mismo, un libro lleno de hojas en blanco, esperando a ser escrito. Me aterroricé y me apuré a guardarlo en la mochila sin dudar. Seguro estaba alucinando, debe haber alguna explicación racional para esto. Decidí ir a merendar antes de ir a la sala de entrenamiento.
Habían pasado un par de horas así que me dirigí hacia el edificio central. En el camino me crucé con Damián y Nicolás, que al parecer seguían hablando algo sobre el extraño arco de luz que conjuraba el primero.
— Qué onda Diccionario? — saludó Nico recibiendo una mirada furiosa como respuesta y se limitó a reír.
— Todo bien Manu? — agregó Dam sonriendo. — Y? Alguna novedad desde anoche?
— Todo bien si. Y no, nada nuevo. Me parece que no tengo ninguna habilidad especial yo. — mentí.
— Tranqui con eso, hay gente que demoró casi dos meses en presentar alguna señal. — aseguró el ojiazul, que me miraba de manera curiosa. — Vamo' que Dani ya está allá y no quiero que congele a Teo.
— Ahora se explica por qué siempre tiene cara de orto, bostero pecho frío. — bromeó Dam.
Ingresamos a la sala donde el resto de los Quintos charlaban con Lit y Dani. Al cabo de unos minutos llegaron Ecko junto con Wos y Teo, que aún tenía signos de la resaca. Victoria rodó los ojos al ver el estado del menor y se dirigió a hacer eso del extraño aliento. Dos minutos después Palacios estaba como un niño hiperactivo observando como Dani creaba una esfera de nieve y Dam seguía practicando su tiro.
Emi apareció con varias botellas de agua, alfajores y más comida chatarra para esperar el resto de la tarde. Vale nos dijo que podía ir a leer si quería, ya que vamos a estar varias horas acá. Asentí y el temor me invadió, el único libro que tenía era el de la tarde, y no lo había vuelto a abrir desde lo que pasó. Lo saqué lentamente, temiendo que explotara o algo, pero ahí estaba, normal como siempre.
Pasé casi una hora leyendo, Trueno y Matías le tiraban cosas a Lit para que practicara sus escudos, Oliva miraba embobado a Dani y Dam seguía intentando disparar cinco flechas a la vez. Continué mi lectura hasta que volvió a suceder, palabras sueltas brillaron y al cambiar de hoja el libro estaba otra vez en blanco.
Otra vuelta de página y ahora sí había algo escrito, con unas letras extrañas y el mismo brillo dorado. Se repetía una y otra vez, en cada hoja, y por alguna razón, en la última lo entendí: Luz. Vic se acercó unos segundos después, por lo que atiné a cerrar rápidamente el libro e intentar ocultar mis nervios.
— Qué lees Manu? — preguntó con una sonrisa amable, aunque su mirada denotaba curiosidad.
— E-em, "1984" de Orwell. — respondí nervioso, mostrándole la tapa. — Hace tiempo estoy por leerlo y bueno, aproveché. — mentí. Es la tercera vez que lo leo, pero ella no necesitaba saber eso.
— Y es un libro nuevo que tiene lucecitas? — replicó, esta vez su mirada era desafiante.
— E-eh? No, no. Por qué lo decís? — negué nervioso. Ella se limitó a analizarme, giró su vista hacia el grupo y lanzó una navaja a Agustín, que le rozó el brazo, generando un corte bastante grande.
— Ouch, puta. Y eso por qué fue? — chilló el ojigris, pero la morocha se giró hacia mí y sacó un pequeño libro de cuero de su espalda. Lo abrió frente a mi, que estaba aterrorizado, no quería navajas cerca mio.
— Podés leer esto? — señaló una hoja en blanco, por lo que negué. — Concentrate, Vainstein.
Y eso hice, intenté tragarme el miedo y presté mayor atención a las páginas. Esta vez divisé un texto escrito en una tinta dorada, apenas visible por el color de la hoja. A medida que recorría la hoja, una frase comenzó a brillar con más intensidad, algo en mí hizo que la Quinta se percate de eso.
— Ahora concentrate en la herida, fijate cómo el corte recorre la piel. Después pronunciá lo que sea que estés viendo. — ordenó esta vez, con un tono más calmado. Respiré hondo y le seguí el juego. Me concentré en el brazo del Quinto, en la sangre que brotaba de la herida. Una frase surgió en mi mente.
— Palabra sagrada: Fe. — pronuncié mientras alzaba una mano hacia Agustín. Su herida comenzó a desprender el mismo fulgor dorado y al cabo de unos segundos desapareció.
— Felicitaciones. — exclamó Emiliano esta vez, mientras me palmeaba el brazo. — Forjado por la Luz.
— F-forjado, por q-qué? La luz? — cuestioné exaltado, no entendía nada de lo que estaba pasando.
— Exacto, la Luz sagrada es una fuerza primordial vinculada al Orden. — comenzó a explicar Agustín. — Se generó por la creencia conjunta de varios seres de un Universo lejano, así como nace un dios acá, sólo que similar al Origen, no demuestra poseer conciencia. Es básicamente energía pura, que sus adeptos pueden canalizar para sanar heridas o contra sus enemigos. — finalizó.
— Entonces es como una religión? — pregunté con algo de desagrado, no me gustaba nada la idea.
— Sí, hay una religión basada en la Luz, pero que vos estés vinculado no te obliga a que la sigas. — continuó Victoria esta vez. — Un Forjado por la Luz es un ser cuya esencia en algún momento fue expuesta a su energía primordial, así que para canalizarla, dependes de vos mismo, no de la Luz en sí.
— Aquellos que siguen sus doctrinas son conocidos como Paladines o Sacerdotes, en su Universo y de la misma forma que los de acá, profesan sus creencias y voluntad. — finalizó Vale.
— Estamos todos de acuerdo en que le podemos decir foquito de luz, no? — se burló Dani, y esperando que los Quintos lo reprochen, hubo acuerdo por unanimidad. Traidores.
— Bueno, bueno. No me rompan las pelotas. — bufé ofendido. Teo se escondió detrás de Emiliano, acción repetida por Dani usando a Valen como escudo humano y Lit creó una barrera perfecta. Cobardes.
— Primero que nada, vas a necesitar esto. — dijo Vic, entregandome otro libro similar al de ella. — Son las "Escrituras Sagradas". No necesitas aprenderlas ni nada, pero te ayudarán a canalizar mejor el poder.
Tomé el libro y comencé a ojearlo, varias frases brillantes surgían entre los textos, hasta que una me llamó la atención. Me dirigí hacia uno de los muñecos de entrenamiento, por alguna razón sabía exactamente qué hacer. Me concentré en él y alcé un brazo. En mi muñeca se dibujó una figura, tres círculos unidos por una línea, un poco inclinada. El del centro tenía uno más pequeño dentro.
— Palabra sagrada: Condena. — recité, y un rayo de luz dorada fulminó al objetivo desde arriba.
— Ya se prendió esta mierda. — soltó Wos divertido y aterrado al mismo tiempo.
— Y hay guía básica para mi? — pregunté a Victoria, que se limitó a ladear la cabeza.
— Sólo que leas el libro, con el tiempo distintos encantamientos se te van a ir revelando, así que podés concentrarte en eso. — respondió luego de encogerse de hombros.
— Menos mal que me gusta leer, supongo. — ironicé, rodando los ojos. Ella se limitó a reír.
— Y a ustedes quién les dijo que pararan? Dale muevan el orto que la semana que viene quiero que sepan lo básico al menos. — ordenó Nicolás mientras los empujaba.
— Puto, yo te pedí que me enseñaras lo básico y me ignoraste. — protestó Dam, ganándose un chorro de agua que lo ensopó. Bufó indignado mientras conjuraba su arco. — Ahora vas a ver.
— Acá te espero, fideo con patas. — desafió el Quinto del Agua antes de retroceder a toda velocidad.
Luego de un rato, algo me llamó la atención. El niño hiperactivo estaba bastante callado. Lo busqué con la vista y lo encontré sentado en el piso, alejado y de espaldas al grupo. Comencé a acercarme lentamente para sorprenderlo, lo asustaría o le haría cosquillas, pero no me gusta verlo apagado. Estaba apenas a unos metros cuando suspiró y golpeó el suelo. Toda la sala se sacudió y el suelo se agrietó bajo su puño.
VI.
21.07 horas.
Narra Mateo:
Estaba furioso conmigo mismo, me sentía patético, un fracaso. Con lo mucho que me emocionaba todo esto, aún seguía sin tener ni una mínima prueba de mis capacidades. Me puso feliz que Manu al fin conociera sus habilidades, pero ese simple hecho provocó que empezara a dudar de mi mismo. Quería gritar y no podía, no sin preocupar a los chicos. Atiné a golpear el suelo para descargarme, y todo se sacudió a mi alrededor.
No lograba entender qué pasó, me volteé a ver si fue algo de los chicos pero solo encontré a Manuel detrás de mí, mirándome con una mezcla de miedo y sorpresa. Emiliano se acercó a mí rápidamente y posó su mano en mi frente. — Paz. — susurró y logré calmarme. Luego seguí su mirada que estaba fija en el piso, a mi lado, y me estremecí. Había una gran grieta en donde había golpeado, nada tenía sentido.
— Será posible? — preguntó Valentina mientras se hincaba a mi lado y dejaba caricias en mi espalda.
— D-e qué hablan? Qué e-es posible? — pregunté. No me gustaba nada su tono de sorpresa.
— Hace banda que no aparecía uno. — agregó a su espalda Agustín con ambas manos detrás de su cabeza. — Cuánto? 1500 años, más o menos? — finalizó.
— Si, 1500 y pico de años. — confirmó Victoria. Todos me miraban demasiado fijo, me sentía abrumado.
— Calmate, Teo. — dijo Emiliano, me tomó del hombro y agarró mi mano derecha observando mi muñeca. No me había percatado del ardor, pero en ella se habían dibujado cuatro líneas horizontales, siendo las del centro más grandes que las de los extremos. — Sos un Maestro Elemental de Tierra.
— Qué mierda es eso? — chillé, lo que robó una risa de los Quintos. Los chicos observaban confundidos.
— Tranquilo, es algo bueno, en realidad. — explicó Vale en un tono calmo. — Nos sorprendió porque hace mucho no encontrábamos a uno. Pero esto sólo demuestra todo el potencial que tenés.
— Soy al único que le gusta esta paradoja? En serio Trueno es un Maestro Tierra? — soltó Nicolás.
— Ves Mateo? Ni para hacer honor a tu nombre servís. — bromeó Lit, recibiendo un golpe en la nuca de parte de Spallatti. — Ay, wacho violento.
— Felicitaciones pendejo. — dijo Ecko sonriendo, algo que el resto de los chicos replicaron.
— Pregunta. — alzó la mano Wos. — Qué diferencia tiene con la Magia? Tipo, hay una Magia de Tierra también, no? — consultó.
— Si, pero digamos que la mayor diferencia entre Magia elemental y Maestría elemental es la interacción del usuario con su elemento. — explicó Emiliano. — La Magia hace uso del elemento, mientras que un Maestro se vincula con su Esencia al mismo. Es capaz de manejarlo mejor, moldearlo mejor e incluso nutrirse de él.
— También existen los Maestros de Escarcha? — preguntó Dani, que parecía algo decaído por el tema.
— Nunca hemos encontrado uno, la Maestría elemental que conocemos siempre se ha limitado a Fuego, Agua, Aire y Tierra. Ni siquiera la Luz tiene algo similar. Pero, la Existencia es extensa, así que tampoco puedo negarlo. — explicó Vic. — Para que entiendan mejor, existen tres formas de manejar los elementos, cada una se diferencia según el nivel con el que la Esencia del usuario se vincula con su propio elemento.
— La primera es la Magia elemental, que hace un uso básico del elemento, puede moldearlo y manejarlo pero con ciertos límites. — continuó Agustín. — Pero por ejemplo, no se le da tan bien si el elemento está mezclado con otro. Un mago de Viento apenas puede manejar la Escarcha. O un mago de Fuego necesitaría Magia de Tierra, propia o de un compañero, para poder manejar magma, y hay varios ejemplos así. La ventaja de los magos, que es su magia casi nunca se limita a un sólo tipo. — finalizó.
— La segunda es el Control elemental, que tiene un manejo más extenso del elemento, al punto que puede manejarlo en varios estados y mezclado con otro. — agregó Valentina. — Por ejemplo, la Tierra Control permite manejar el metal, el magma o el lodo. Y además, tiene muchos menos límites que la Magia, pudiendo moldearlo de mejor manera.
— Y por último está la Maestría elemental, que es lo que posees vos, Mateo. — dijo Emiliano, que estaba cruzado de brazos. — Es la forma más pura de manejar un elemento, y la que menos límites tiene de las tres. Un maestro es capaz de canalizar la energía desde y a través del propio elemento. Lo que potencia sus habilidades y puede recargar su propio poder. Algo importante es que tanto Control como Maestría se limitan a un solo elemento, a diferencia de la Magia. — finalizó.
— Entonces puedo controlar la tierra? — consulté aún sin entender nada, los chicos se limitaron a reír.
— Sí, y con el tiempo, mucho más que eso. — respondió Emiliano. Cerró su puño y el suelo se reparó, como si nunca hubiese sido dañado. — Controlar la energía misma del elemento y utilizarla a gusto.
— Lo bueno es que tenes al mismísimo Quinto de la Tierra pa' que te enseñe. — soltó Valentina palmeando el hombro del mencionado. — Y bueno, ahora sólo faltan dos. — volviéndose a Matías y Valentín. — No se quemen la cabeza, ya van a salir. Sigamos entrenando, quieren? — el grupo asintió.
— Felicitaciones pendejo insoportable. — me susurró Manu con una sonrisa luego de cruzar su brazo por mi cintura, el corazón me dio un vuelco. — Tu viejo estaría orgulloso.
— G-gra… Gracias. — dije notoriamente sonrojado. Nunca se había mostrado tan cariñoso conmigo y mucho menos me había afectado tanto. — Me gusta pensar que sí. Gracias de nuevo, Manu.
El castaño se acercó a Victoria ya que se encargaría de ayudarlo con sus poderes. Matías y Lit estaban junto a Agustín que les tiraba esferas de aire para que el teñido las detuviera mientras que Valentina conjuraba aros de fuego para que Dam les disparara. Dani y Wos hablaban con Nico y Emi, parecía que le explicaban algo al más bajo que asentía con la mirada gacha.
Unos minutos después el Quinto de la Tierra se acercó a mí, tenía una sonrisa de suficiencia. Invocó cuatro pilares a mi alrededor. Uno de roca, otro de arena, el tercero de tierra y el último de diamante, o algo similar.
— Vamos, Maestro Tierra. — burló. — A ver qué podés hacer con toda esa hiperactividad. — desafió.
Narra Dani:
Algo me molestaba, no logro entender qué. ¿El hecho de ser Mago era peor que un Maestro? ¿Dependía de tu suerte y lo que sea que haya hecho tu yo pasado para tener más poder? No logro comprenderlo, no parece justo. ¿Por qué alguien por azar era automáticamente mejor que yo? La duda me estaba carcomiendo, sentí la temperatura bajar aunque no le presté atención, hasta que Nicolás chasqueó sus dedos frente a mí. Señaló mis brazos con la mirada y lo noté, estaba rodeado de escarcha, otra vez.
— No sé por qué te alteró tanto, pero no tenés que preocuparte por eso wacho. — dijo el Quinto. — Ser capaz de usar Magia, Control o Maestría no determina tu valor ni mucho menos.
— Siento que algo está mal. Por qué un mago no puede estar a la altura de un maestro? — cuestioné.
— Quién dice que no lo está? — retrucó. — La capacidad de vincularse con un elemento no lo hace necesariamente mejor. El esfuerzo, el entrenarse, la convicción, eso es lo que importa. No importa cuán poderoso puedas volverte, si no usas bien ese poder, es un desperdicio.
— En serio te pusiste tan mal por eso enano? Porque pensaste que no eras lo suficientemente bueno? — preguntó Oliva, sus ojos transmitían preocupación. — Vos vas a ser genial para lo que sea que te propongas, no dudes de eso. No importa si sos mago de helados, un foco de luz o un arquero fracasado como Dam. — continuó. Una flecha rozó su cabeza pero no le dio importancia. — Sé que vas a hacerlo bien siempre. Además, cada vez que dudes, me vas a tener a mí de fan número uno. Y acordate que este es superpoderoso y todo eso y terminó internado por unas sombritas. — finalizó señalando al Quinto.
— Si sabes que puedo achicarte la pija hasta que quede como un maní, no? — amenazó indignado. Wos se limitó a esconderse detrás de mí soltando una risa, que se me contagió. — Pero sí, tiene razón, tu nivel depende de vos, de nada más. He visto grandes Maestros Elementales recibiendo palizas de simples magos. Porque sabían qué estaban haciendo, estaban convencidos de eso y usaban la cabeza.
— Gracias, a los dos. — respondí. — Y por favor, no se la achiques que después el que sufre soy yo.
— Lo pensaré. — soltó el Quinto mientras se alejaba un poco. Wos tragó saliva con miedo. — Ahora dale, maguito de helados, dicen por ahí que es porque sos de Boca, pecho frío. — desafió sonriendo.
— Valen, alejate. — advertí al más alto. Concentré el poder en ambas manos y las alcé. Una aguja de hielo se formó sobre mi cabeza. Me enfoqué y salió disparada a toda velocidad hacia el Quinto. Un dedo le bastó para detenerla antes de que se partiera en pedazos.
— Una Pica Glacial tan fácil? Wacho, mandale que esto ya se puso bueno. — soltó Nico con una sonrisa.
— Qué es una Pija Glacial? — consultó Wos mientras yo canalizaba mi poder otra vez.
— Pica Glacial, salame. — corrigió. — Es un hechizo potente, y en realidad bastante difícil para un principiante. Requiere bastante esfuerzo porque tiene que mantener el equilibrio del hielo para que no se resquebraje y al mismo tiempo darle suficiente potencia para aumentar su poder destructivo. Y el Tarzán de maceta lo hizo así nomás. — finalizó. Nadie me dice enano y sale impune.
— A quién le decís tarzán de maceta? — amenacé, separé las manos que conjuraban la pica sobre mí y dos más del mismo tamaño aparecieron a su lado. La mirada del Quinto se tornó desafiante. — Vas a ver.
VII.
28 de Enero de 2020.
17.43 horas.
Narra Nicolás:
Había sido una mañana agitada, los panteones nórdicos y griegos están más agitados de lo usual. Tuvimos que asistir al Hotel Valhalla para defenderlo de un asalto con Vale y Agu, mientras que Vic y Emi viajaron a Nueva York por unas alertas algo extrañas de parte de Quirón. En un rato tendría que reunirme con los chicos para seguir entrenando pero primero había que movilizar una flota entera hacia la Ciudadela.
Luego de cumplir con mis deberes me encaminé hacia la sala de entrenamientos, Vale y Agu llegarían más tarde luego de asegurar el Valhalla mientras que Vic y Emi estaban ocupados. Así que esta vez me tocaba a mi cuidar a los niños. — Qué divertido. — pensé. Un instante después algo me puso alerta, alguien se movía entre las sombras, así que activé el sistema de emergencias. Extendí mi poder por todo el complejo para encontrar al intruso, pero tardé demasiado y me dirigí a toda velocidad a su encuentro.
Un enmascarado tenía tomado de rehén a Braian, el amigo de Ecko, mientras apuntaba un arma a su cabeza. Matías estaba frente a ellos con las manos en alto. Los guardias estaban listos para interceder pero los frené, no había forma de detenerlo sin que lo matara. ¿Qué hace un Merodeador acá y qué quiere? Apuntó su arma a Spallatti y acto seguido atravesó un portal negro detrás de él. Matías intentó seguirlo pero lo tomé del brazo.
— Soltame Nicolás! Tengo que ayudarlo! — exclamó el teñido con una expresión de miedo en su rostro.
— Y qué vas a hacer? Darles el gusto de tener dos rehenes? No tenés tus habilidades todavía. — le reproché, por lo que bajó su mirada con pena. — Ahora vamos a cazar al hijo de puta ese.
Abrí otro portal con los vestigios del primero y entré junto con Ecko y un escuadrón. Apenas lo atravesamos fuimos recibidos con una balacera. Protegí a Spallatti pero los soldados estaban bajo intenso fuego y éramos superados en número. Estábamos en las ruinas de un edificio y al pasar unos minutos todo el escuadrón estaba muerto. El enemigo cesó el fuego y me levanté al ver al enmascarado de pie junto a Braian de rodillas.
Analizaba la situación cuando lo impensado sucedió y alcé un brazo para tapar la vista de Matías, no necesitaba ver eso. Un disparo resonó en la sala y Braian caía desplomado. Estaba furioso, pero ahora mismo no podía reaccionar sin poner en peligro al teñido, que miraba atónito el cuerpo de su amigo. Y en ese momento lo sentí, la calma antes de la tormenta. Al aire se crispó por lo que levanté un escudo detrás nuestro.
Un segundo después Spallatti gritó con toda sus fuerzas, apuntando con sus manos al enmascarado frente a nosotros. Apenas pudo esquivar la descarga eléctrica que nació de sus dedos, aunque alcanzó a rozar y quebrar parte de la máscara. Un momento de confusión, y el Merodeador disparó contra el teñido pero me interpuse desviando las balas. Matías volvió a rugir y otro relámpago destrozó una pared junto con tres enemigos que fueron incinerados por el ataque.
Una andanada sombría sobrepasó los escudos y no logré detenerla, pero al parecer no importó. Una barrera de relámpagos cubría a Ecko de los ataques enemigos, sin importarle si eran mágicos o físicos. Como si tuviera voluntad propia, la barrera interceptaba toda agresión hacia su dueño. Logré concentrarme y derribé una pared del edificio para librarnos de varios enemigos más. Spallatti estaba perdiendo el control, su único objetivo era el enmascarado, debía hacer algo antes de que empeorara y cometiera una estupidez..
— Enfoque. — exclamé posando una mano en el centro de su espalda. Sentí como su cuerpo perdía tensión. — Necesito que esa ira siga ardiendo, pero no pierdas la concentración nunca. — él asintió.
— El hijo de puta de la máscara es mío. — sentenció, y no pretendía llevarle la contraria.
Golpeó el suelo con su puño y un relámpago atravesó el techo derruido. Vi al enmascarado rodar para evitar los escombros que caían. Volvió a disparar y nuevamente la barrera de Matías desvió cada bala. Me apresuré a encargarme de los pocos enemigos restantes y al cabo de unos minutos, Spallatti bombardeaba con ataques a su objetivo, el único enemigo en pie, que se cubría detrás de un ancho muro de piedra.
No tenía escapatoria, Ecko evitaba al instante cada intento de huida. Su paciencia se agotó, comenzó a canalizar energía en una esfera entre sus manos, la cual sostenía frente a su pecho. Volvió a observar el cuerpo de su amigo y su ira aumentó. Cubrí a Braian con un escudo y observé cómo el teñido liberaba todo su poder. La onda expansiva de relámpagos destruyó todo a nuestro alrededor, incluyendo los restos del edificio.
Creí que podría soportar el daño, pero no fue necesario. En lugar de herirme su poder me había restablecido un poco de energía, algo que me tomó por sorpresa. El enmascarado se arrastraba por el suelo, notoriamente malherido mientras Matías se acercaba para ultimarlo. Me interpuse para interrogar al rival que murió a los pocos segundos a causa de las heridas. Maldije y vi cómo el morocho se dirigía al cuerpo de Braian.
— Está bien. Pude frenar la bala antes de que lo alcanzara. — le dije al ver cómo lloraba con su amigo en brazos. Me devolvió una mirada de confusión. — Te tapé los ojos por si no lo lograba, pero si lo hice.
— P-posta? Braian, wacho, despertate. — gritó mientras sacudía a su amigo, que abrió los ojos unos segundos después para sonreírle. — Hermano, pensé que te había perdido.
— Estoy bien wacho, no sé qué pasó. Dónde estamos? — preguntó mirando a su alrededor.
— Vamos para el complejo, es peligroso seguir acá. — chasqueé los dedos para devolvernos a casa.
— No entiendo nada, me acuerdo que alguien me agarró por atrás, y después nada, todo negro. — explicó Braian una vez en el complejo, mientras lo subían a una camilla.
— Vas a estar bien, van a revisarte por las dudas nomás. Pasamos a verte más tarde. — le dije. Acto seguido se lo llevaron al hospital y Matías me abrazó con fuerza.
— Gracias wacho, gracias. — soltó entre lágrimas. — No hubiese soportado que algo le pasara cuando él dejó todo para venir conmigo. Seguro va a estar bien, no?
— Tranquilo, no pasó nada. — respondí acariciando su espalda. — Y si, quiero que lo vean por las dudas, para evitar riesgos. Y hablando de, te diste cuenta de lo que hiciste allá, no?
— No entiendo nada la verdad, estaba furioso, quería ver a ese hijo de puta muerto. Y cuando alcé las manos sentí como la energía se acumulaba y brotaba en mis manos. — explicó.
— Tengo que admitir que nunca vi nada igual. Además, ese escudo, cómo lo controlaste? — cuestioné esta vez. — Es como si actuara por voluntad propia, porque sé que no estabas pendiente de los ataques a tu espalda. Sin embargo, no te rozó ni uno.
— Ni idea, estaba tan concentrado en el enmascarado que me olvidé del resto. Eso del enfoque me ayudó a concentrarme mejor. Es como esa cosa de la "Paz" que hacen? — consultó al final.
— Sí, la magia egipcia es capaz de manifestar un concepto. Le da poder a las palabras y eso es una gran herramienta. — admití. — Y lástima que murió antes de que lo alcance, no sabemos quién lo mandó.
— Sabés qué era? Estaban preparados para nosotros, lo tenían todo planeado. — continuó.
— Era un Merodeador, son mercenarios de élite. Se encargan de asesinatos, extorsiones, robos, secuestro, etc. Voy a redoblar la seguridad, no tenemos idea de quién lo mandó, pero estoy seguro de que el objetivo eras vos. — expliqué. — No se esperaban que te volvieras medio Thor. — bromeé al final.
— Me parece bien, hay que contarle a los pibes. Vamos a la sala? — soltó mientras comenzaba a andar.
— Sí, vamos. Agu y Vale le deben estar explicando a los pibes lo que pasó. — respondí, siguiéndolo.
— Ah mira, apareció el dibujo en mi muñeca. — señaló. Una figura azul de un rayo bajo un semi círculo.
— Es raro, eso es de Magia Eléctrica. — analicé. — Pero lo que vos hiciste, aunque lo pareciera, no tiene nada que ver con la electricidad. Además, debería ser amarilla, no azul.
— Cómo sabes que no era electricidad? — cuestionó, estábamos ingresando al ascensor.
— Porque cuando hiciste eso de la explosión final, no me cubrí esperando soportar el daño, pero hizo lo opuesto, me ayudó a recobrar de energía en lugar de herirme. La electricidad solo sirve para atacar. — respondí. — Creo que se manifiesta como relámpagos, pero es energía pura. Por eso el símbolo extraño.
— Se sintió tan raro. Mira. — dijo mientras alzó ambas manos. Pequeñas corrientes eléctricas celestes recorrían sus dedos y al acercar sus manos, los rayos se unieron en una esfera en el medio.
— A ver, quiero probar algo. — advertí. Coloqué mi mano bajo la esfera y varios relámpagos pequeños impactaron en mi palma. — Es simple energía, no se manifiesta como Magia, ni como Control. Rarísimo.
Seguimos caminando en silencio, aún procesaba la energía que Matías conjuraba pero no terminaba de comprenderla. Intenté emularlo, concentrar energía en forma eléctrica en mis manos pero fallaba. O se volvía electricidad pura, o simplemente rodeaba mis dedos como una estela. Llegamos a la sala de entrenamiento, pero extrañamente faltaban algunos entre los presentes. Emi, Vale y Agus tuvieron que asistir de emergencia a la flota que iba rumbo a la Ciudadela, así que solo estaban Vic con los chicos.
— Y cómo va el treino? — pregunté. Victoria había hecho copias de sí misma para ayudar a los chicos.
— Van bien, cuando no lloriquean como nenes chicos. — respondió observando a Mateo.
El menor no logró decir nada, una puntada en lo profundo de mi mente me descolocó completamente, al igual que a Victoria. Algo andaba mal, lo supimos en cuanto cruzamos miradas. Los chicos nos observaban preocupados. — El Infierno está bajo ataque. — fue lo único que logré articular.
VIII.
19.07 horas.
Narrador omnisciente:
Los Quintos alertaron a las asistentes de la sala de control y varias pantallas surgieron a su alrededor. Ellos analizaban detenidamente las imágenes mientras los chicos veían con confusión y algo de temor las gráficas cambiantes.
— Boludos, qué está pasando? Por qué se pusieron tan nerviosos? — preguntó Oliva algo perturbado.
— Nico vos dijiste algo de un infierno. Te referías al infierno-infierno? — cuestionó esta vez Dam. — Ese del diablito con el tridente y eso? — Los Quintos aún los ignoraban mientras hablaban entre ellos.
— Eu, digan algo! — chilló Dani mientras lanzaba una bola de nieve, que se limitó a evaporarse.
— Perdón gurises, nos costó un cacho encontrarlo. — respondió Nico mientras Vic escribía algo en las pantallas. — No, no es ese infierno. Hay muchos inframundos, cada uno funciona como una transición de la vida al Origen. Es parte de la renovación de las Esencias. — continuó.
— Ya lo encontré, Vhasthaga. — interrumpió Vic con una sonrisa de suficiencia.
— Vastaqué? — preguntó Matías con la mirada curiosa, Lit rió ante su expresión.
— Algunos inframundos, similares al cristiano, aparecen a partir de las copias de la Tierra de otros Universos, como este caso por ejemplo. Vhasthaga entonces? — consultó observando las pantallas. — Hace décadas no escuchábamos sobre ellos. Cuales son las últimas noticias?
— Por lo que veo, lo último es que hace unos tres años asumió un nuevo Rey del Infierno, cuando su padre murió. — respondió. — Lo más notorio fue hace unos doce años, cuando el hijo adoptado del rey anterior asumió como Rey del Limbo.
— Hijo adoptado? Laorus? El hijo de Nivael y Luroh? — cuestionó con sorpresa el Quinto a lo que Victoria asintió. — Hace más de dos décadas de su muerte, por qué demoró tanto en asumir?
— Ni idea, pero algo malo está pasando. Laorus está combatiendo con Rael, y si logra conseguir las coronas de ambos reinos puede armarse un bardo tremendo. — finalizó la Quinta.
— Mejor nos apuramos, podemos pedirle a la vieja que nos ayude con los pibes? — soltó Nico mientras canalizaba energía frente a él. Un portal de sombras emergió.
— Ya viene en camino. — respondió Vic. Acto seguido, de un portal luminoso surgió una mujer de avanzada edad, sus ojos eran de un verde pálido debido a su ceguera. — Bienvenida, Toph.
— Podrás controlar a estos wachines? Mirá que pueden ser peores que Korra y Bolin. — dijo divertido el Quinto. La anciana se limitó a reír y a girar la cabeza, procesando sus alrededores.
— Yo me encargo. Qué es tan importante que deben ir ambos? — cuestionó Toph frunciendo el ceño.
— Un inframundo en caos, lo típico. — finalizó la Quinta para atravesar junto a Nicolás el portal de sombras. — Ah, y cuidado con el chiquito ese, tiene carita de pillo porque es un peligro.
Los Quintos viajaban a toda velocidad por el pasaje de sombras. Habían invocado sus armaduras y las Hojas Gemelas de cada uno. Nicolás portaba sus espadas de hoja hueca mientras Victoria tenía dos gujas circulares con un disco flotando en el centro de cada una. Otra puntada acribilló sus mentes, algo malo había sucedido. Desplegaron una decena de drones a su alrededor y activaron sus equipos de comunicación.
— Nos escuchan? — comenzó diciendo el Quinto. — Vamos a tratar de transmitir lo que pase acá, siempre que la señal quiera. Ya que no podemos traerlos, queremos que vean por qué existimos.
— Te oímos fuerte y claro. Alguno ve imagen en las pantallas? — cuestionó la anciana Toph.
— Todo negro aunque por momentos hay algún reflejo. — respondió Manuel.
— Bien, quiere decir que hay imagen, sólo que no hay mucha luz. — explicó Vic. — Ya estamos llegando, estén atentos a lo que pase.
Los Quintos llegaron a su destino y desplegaron los drones por doquier. En las imágenes se divisaba una descomunal ciudad, podría confundirse con una urbe cualquiera, de no ser porque todo estaba rodeado de llamas. Los edificios agrietados se elevaban en varias plataformas, y en los espacios libres se divisaban los esqueletos de árboles, rodeados de pequeñas flamas en lugar de hierba.
Al encontrar sus objetivos se enfrentaron a una escena alarmante. Entre los escombros de lo que pareció una gran batalla estaba Rael, el Rey del Infierno tendido en el piso con una herida en el estómago de la cual brotaba sangre en abundancia. A su lado, Laorus, el Rey del Limbo con las alas cercenadas de su hermano es las manos y su consorte, un Alma en Pena llamada Fran, quién lucía la Corona Infernal sobre su cabeza.
Nicolás y Victoria descendieron en picada, ganándose una mirada de asombro del Rey del Limbo. Sin mediar palabra el Quinto expulsó a Laorus varios metros hacia atrás, encerrándolo con un sello. Victoria se apresuró a tomar las alas de Rael y pronunció un hechizo. — Defensa Definitiva: Cubo Perfecto. — Un gran cubo luminoso rodeó a ambos Quintos y el cuerpo del demonio.
— Podés aguantarlo mientras hago esto? — preguntó el Quinto.
— Sí, apurate porque el sello no va a soportarlo más. — respondió Vic. Acto seguido Nicolás comenzó a recitar un encantamiento. Varios glifos luminosos aparecieron a su alrededor, así como un círculo mágico a sus pies. La Quinta posicionó las alas a los lados del cuerpo.
— No! Basta! — exclamó Laorus. Destruyó el sello que lo atrapaba y cargó contra la barrera cúbica. El Quinto concentró toda la energía del encantamiento en su mano derecha y la impactó contra la herida del demonio caído. — Detente! — gritó nuevamente, golpeando con todas sus fuerzas la barrera.
— Nicolás. — alertó la Quinta al ver como Laorus atravesaba las defensas.
Intentó interceptarlo pero éste la evadió, cargando con su daga curva contra el corazón de su hermano mayor. Una cegadora onda expansiva lo hizo volar contra un edificio antes de alcanzar su objetivo. Al volver la vista, su hermano levitaba junto a sus alas, que se acoplaron a su espalda luego de unos segundos. Rael recuperó el conocimiento y cayó de rodillas junto al Quinto del Agua.
— A-así que vinieron. Se nota que estaba m-mal la cosa. — dijo el demonio con una débil sonrisa.
— No es que tengamos muchas opciones, o si? — respondió el Quinto tendiéndole una mano.
— Se puede saber por qué están peleando? — cuestionó la Quinta observando con atención como el Rey del Limbo aterrizaba junto a su pareja.
— He venido a reclamar lo que es mío por derecho. El Infierno me pertenece, eso fue lo que acordamos con mi padre cuando tú te retiraste al Cielo. — exclamó Laorus, señalando a su hermano.
— Tu lugar es el Limbo, Laorus. Vuelve a donde perteneces. — sentenció Victoria.
— E-el contrato, mi padre lo firmó. Tienen que sacárselo. — balbuceó Rael, señalando un pergamino en la cintura del Rey del Limbo. El último perdió la paciencia y cargó contra su hermano nuevamente. Nicolás interceptó la daga y un golpe de Victoria mandó a volar al atacante.
— Esto no va a ser nada fácil. Podés defenderte? — preguntó el Quinto, mientras invocaba una espada de dos manos, cuya hoja era tan negra que parecía absorber toda la luz.
— Hierro Estigio? No estás para bromas eh? — asintió el demonio, observando la espada. Nicolás se limitó a sonreír mientras fusionaba sus espadas en una de dos manos, aún de un sólo filo y hoja hueca.
El Rey del Limbo atacó nuevamente, pero esta vez se enfrentó a ambos Quintos a la vez. Luego de pocos minutos batallando, lo hicieron estrellarse contra el suelo y cargaron contra él para dejarlo fuera de combate. Pocos metros antes de lograrlo dos orbes llameantes los golpearon de lado. El portador de la Corona Infernal había desatado sus poderes como nuevo Rey del Infierno, las llamas salvajes lo rodeaban.
Laorus enterró su mano izquierda en la tierra y alzó una espada de hoja curva con tonos morados, similar a su daga. Unió ambas armas por los mangos y al combinarse formaron una nueva arma de asta de doble hoja. — La Alabarda del Limbo. — susurró el Quinto por lo bajo. Clavó su espada en el suelo y alzó su mano derecha a un costado. La Cuna del Invierno apareció pocos segundos después y cargó contra su enemigo a toda prisa.
Victoria atrapó al consorte con varios lazos de luz mientras cargaba hacia él para quitarle la corona. El Alma en Pena apenas logró zafarse a tiempo para esquivar a la Quinta, y tras varios saltos hacia atrás repitió su ataque con los orbes de fuego infernal. La morocha se limitó a esquivarlos y arremeter contra él nuevamente. Tras varios intentos, asestó una patada en su pecho derribándolo, y lanzó uno de sus discos contra él.
— Fran! Invoca a las Hordas del Infierno! — ordenó Laorus, quien forcejeaba contra Nicolás.
Su pareja acató la orden y se concentró. Un demonio interceptó el disco que volaba directo a su cuello, desmoronándose frente a él. A los alrededores un centenar de demonios surgieron de la negra tierra. Al mismo tiempo, de las lejanas columnas de ceniza y azufre varios demonios alados se dirigían a toda velocidad en defensa de su rey. La Quinta esquivó varios ataques y desintegró a varios demonios a su alrededor.
— Yo te cubro. — musitó Rael a su espalda, blandía la hoja de Hierro Estigio con ambas manos.
Mientras el Rey del Infierno y el Quinto del Agua combatían en el aire, Rael y Victoria asesinaban a decenas de atacantes en tierra, en un vago intento de alcanzar al Alma en Pena. Tras unos momentos de combate, estaban siendo sobrepasados por el gran número de demonios, quedando rodeados.
— Agáchate. — gritó la Quinta a su aliado. Cambió su posición y concentró una gran cantidad de energía es sus gujas circulares. — Chakram de Luz: Nube de Shurikens. — finalizó. Una inmensa cantidad de discos luminosos despedazaron todo enemigo a su alrededor, terrestre y aéreo.
Al desaparecer, un área de varios metros quedaba libre de enemigos. — Palabra de Poder: Barrera. — conjuró, y una gigantesca cúpula de luz dorada los cubrió. Los demonios en el exterior apenas podían atravesarla; los más débiles se desintegraban ante el contacto, mientras que los más poderosos la atravesaban sufriendo demasiado dolor aunque no el suficiente daño. Tras varios minutos, Laorus alzó la voz.
— Por qué hacen esto? Es mi derecho gobernar este reino y lo demostré al vencer a mi hermano. — cuestionó el Rey del Limbo mientras chocaba armas con el Quinto del Agua.
— Tu lugar es el Limbo, no sé qué tipo de contrato hizo Azael contigo, pero bien sabía que vos no podrías nunca gobernar el Infierno. — respondió Nicolás mientras lanzaba varias estocadas.
— Explicame, porque al parecer ustedes los Quintos saben cosas que yo no. — reclamó.
— Es simple, no sos un Ángel Caído. — explicó. — Así como sólo un Ángel puede gobernar el Cielo, sólo un Ángel Caído, devenido en demonio, puede reinar el Infierno.
— Entonces, qué soy?! Qué eran mis padres?! Por qué murieron?! — gritó Laorus con rabia.
— Realmente no comprendo por qué nunca planificaron esto. — comenzó el Quinto. — Tus padres se sacrificaron para salvar a los reinos. El núcleo del Cielo y el del Infierno se habían desestabilizado. Ellos eran los únicos capaces de restablecer el Equilibrio. Sacrificaron sus Esencias para ello. — continuó.
— Ese fue el accidente del que habló Azael? Él me dijo que ellos sabían de su muerte, por eso me mandaron con él. — replicó mientras volvía a acometer contra Nicolás. — Decime!
— No sé por qué simplemente no te explicó todo, pero no es mi deber hablar mal de un muerto. — respondió. — Pero si, ese sacrificio salvó los reinos. Vos estabas con tu madre ese día, por lo que cuando fusionó su Esencia con el Núcleo del Infierno, éste se fundió con tus alas. Eso lo vi con mis propios ojos. Por eso, cuando abandonaste el Infierno, el Núcleo volvió a su forma original.
— Espera, vos conociste a mis padres? — cuestionó con sorpresa. — Qué eran? Qué soy?
— Sí, tu padre se llamaba Nivael y tu madre Luroh. — explicó. — Cuando un alma mortal no tiene un lugar a donde ir, termina en el Limbo, se convierte en un Alma en Pena. Así como un Ángel Caído se convierte en demonio porque fue expulsado del Cielo, si un Ángel muere y termina en el Limbo, se convierte en algo similar a un Alma en Pena. — continuó. — Se convierte en un Ángel Oscuro, Laorus.
El Rey del Limbo estaba descolocado en una mezcla de furia y angustia. Atacó sin descanso al Quinto, que se limitó a desviar todo. En tierra, Victoria y Rael estaban siendo superados por los demonios, hasta que un haz de luz impactó el suelo para luego emitir un potente destello. Una alada figura brillante apareció a su lado.
IX.
19.43 horas.
Narrador omnisciente:
La Quinta de la Luz y el anterior Rey del Infierno, Rael, se encontraban combatiendo un centenar de demonios en su lucha por alcanzar al poseedor de la Corona Infernal, Fran, el Alma en Pena consorte del Rey del Limbo Laorus. A pesar de su poder, la ventaja numérica del enemigo estaba comenzando a mermar en ambos y pronto se verían superados. Una lanza impactó a su lado y emitió una onda expansiva que desintegró a todo enemigo a la redonda. Una conocida figura alada rodeada de un aura de luz aterrizó para tomar el arma.
— Vos? Qué haces acá? — cuestionó Rael al ver a su viejo amigo venir en su ayuda.
— No podíamos quedarnos de brazos cruzados mientras todo se va al carajo, no? — respondió sonriente el ángel Aluriel, hijo de la Deidad Suprema del Cielo. — Además, traje amigos.
Una legión de ángeles emergió a través de una fisura de luz en la altura. Arremetieron contra las hordas demoníacas para liberar el camino de la Quinta hasta el Alma en Pena. Nicolás y su oponente Laorus observaban la escena en medio de su combate.
El Quinto necesitaba un momento para hablar con su nuevo aliado, por lo que posicionó su mano izquierda en forma de rezo y conjuró. — Cólera de los Ancestros: Furia de Shiva. — Con un movimiento lanzó un golpe de palma al aire a su izquierda, desconcertando a su rival que momentos después se vio arrastrado por una gran mano de brillo amarillo que lo envió varios kilómetros a lo lejos.
— Ya se habían tardado. — comentó el Quinto al aterrizar junto al Ángel. — Y desde cuándo sos un Serafín? Ni siquiera una paloma mensajera para mandar saludos. — cuestionó con falsa indignación.
— Nos costó ubicar el portal para el ataque sorpresa, pero ya estamos acá. — respondió Aluriel con una sonrisa de suficiencia. — Y hace un año, la Deidad Suprema comenzó el protocolo para abdicar.
— Y como el hijo mayor, sos el siguiente en la línea. — soltó Nico mientras observaba entrañado el arma en las manos del ángel. — Invocaste la Lanza de los Cielos? Eso sí que no me lo esperaba.
— Eso es la versión de arriba del arma de Laorus, no? — cuestionó Rael con algo de curiosidad. — Me pregunto si.. — se concentró apuntando su mano a la tierra. Segundos después un arma surgió del suelo, un bastón en cuyo final se blandía una hoja de forma de luna menguante, ligeramente alargada.
— Y ahí está, la Horca del Infierno. Si las tres armas legendarias están presentes, menos mal que vinimos. — analizó el Quinto. — Bien, creo que sé cómo atraparlo, pero tendrán que estar atentos.
— Todo esto sucedió porque ni Azael ni sus padres se tomaron el tiempo de prepararlo para esto, es realmente triste. — suspiró Aluriel, Rael asintió a su lado.
— Tampoco habría hecho ese contrato si no hubiese abandonado mi lugar. — admitió el Ángel Caído.
— No lo van a derrotar! — exclamó Fran, mientras canalizaba un torrente de fuego infernal hacia ellos.
— Defensa Definitiva: Acto Reflejo. — pronunció Nicolás mientras alzaba un dedo en dirección del ataque. Un círculo mágico se dibujó frente a él. Dentro se dibujaron cinco estrellas concéntricas de varias puntas, asimilándose a un gran fractal que rotaba en su interior. El ataque fue absorbido y redirigido hacia su origen, mandando a volar al Alma en Pena. Victoria aprovechó y lo atrapó del torso y las piernas con sus lazos de luz, mientras dos pares de ángeles atrapaban cada una de sus manos del mismo modo.
El Rey del Limbo se dirigía a toda velocidad, aumentando el impulso al ver a su pareja en riesgo. Debía encargarse del Quinto si quería tener alguna oportunidad de triunfar. Lanzó una mirada furibunda a su hermano mayor y a su antiguo amigo, quienes se alejaron a los lados del lugar. Se limitó a ignorarlos cargando directo contra Nicolás, su principal objetivo.
El Quinto se limitó a desviar y esquivar los ataques, necesitaba posicionarlo para que los aliados pudieran actuar, o nunca podría detenerlo. Analizó un poco el escenario mientras buscaba una abertura en las defensas rivales; observó a los ángeles y a Victoria forcejeando con el Alma en Pena, y las legiones del Cielo y el Infierno enfrascadas en una carnicería que parecía no tener fin.
Laorus volvió a atacar, pero un paso en falso abrió una oportunidad que Nicolás no desaprovechó. Tomó la Alabarda del Limbo con su mano libre y de una estocada limpia atravesó el torso del Ángel Oscuro. No podía matarlo, por lo que el daño se limitó a músculos y algún hueso. Aterrizó entre Rael y Aluriel para luego liberar una gran cantidad de energía de su cuerpo, desorientando al Rey del Limbo por un momento.
Arrebató el arma a su rival y junto con la propia la lanzó varios metros a los lados. Formó una seña con las manos para luego apuntarlo y pronunciar. — Represión. — Un glifo rodeado de varios círculos apareció sobre Laorus, generando una fuerte presión gravitacional, que dejó de rodillas al Ángel Oscuro. — Ahora! — exclamó el Quinto, sus aliados se posicionaron a ambos lados, descargando todo su poder para contenerlo.
El Rey del Limbo apenas podía moverse, pero no pretendía dejar que lo dominen. Comenzó a liberar su propio poder para contrarrestar el de sus oponentes, pero el Quinto lo detuvo. — Condena Celestial: Cadenas del Tártaro. — conjuró contra él. Una infinidad de cadenas negras rodearon todo su cuerpo, perdiendo toda movilidad de sus miembros e incluso de sus alas moradas.
A lo lejos su consorte, lejos de rendirse, comenzó a liberar todo el poder contenido en la Corona Infernal. Debía ayudar a su amado como sea. Varios ángeles acudieron para minimizar el efecto de sus poderes, con poco éxito. Al cabo de unos segundos una gran figura demoníaca levitaba sobre el Alma en Pena, aunque no estaba bien definida, se notaba su cornamenta curva y alas rasgadas.
— Está liberando la energía primordial del Infierno, si no lo detenemos, destruirá todo. — advirtió Nicolás con un tono serio. — Laorus, reaccioná. Si no lo frenás, tengo que matarlo y no quiero hacerlo.
— Ahora sí te importamos, no? — respondió irónico el Ángel Oscuro, forcejeando con las cadenas.
— Todavía no lo querés entender? Tus padres se sacrificaron para eso? Para que destruyas todo? — cuestionó el Quinto. — Fran morirá, una simple Alma en Pena no soportaría más de un mes el poder del Infierno, y vos capaz una década, luego los consumiría a ambos desde dentro. Aún podés arreglar esto.
— Hermano, por favor. Necesitas entender que sólo así los tres reinos pueden coexistir. Por favor, pará esto. — suplicó Rael luego de hincarse a su lado. — No habrá rencores ni venganza, por favor.
— Tenés hasta que termine el encantamiento, luego de eso la Esencia de Fran se extinguirá para siempre. — advirtió Nicolás.
El Quinto conjuró su arco plateado y apuntó con una flecha de luz hacía el consorte. Comenzó a recitar un encantamiento, decenas de glifos y runas lo rodearon, un círculo mágico se dibujó a sus pies y frente a la flecha. El Rey del Limbo desató todo su poder en un arranque de furia, pero sus ataduras anularon toda su energía. Se quedaba sin opciones, mientras observaba a su amado. Cruzó miradas con Nicolás una última vez, y la saeta salió disparada.
— Basta! — exclamó a toda voz Laorus. La flecha de luz se detuvo a pocos centímetros del pecho del Alma en Pena. — Es suficiente, me rindo. Fran, perdimos, renuncia a la corona.
— No! Este es tu sueño! No pueden, no pueden arrebatárnoslo. — se lamentó el previamente nombrado.
— Tienen razón, aunque no quiera admitirlo, sé que dicen la verdad. Mira lo que el Infierno te ha hecho. — respondió el Ángel Oscuro, observando con pena el cuerpo magullado de su amado. — Dejala ir.
El cuerpo del Alma en Pena perdió toda fuerza, cayendo de rodillas. La corona emitió un leve zumbido, acto seguido el Quinto cargó una flecha y disparó. El Rey del Limbo siguió con terror el recorrido del proyectil, pero respiró al ver cómo impactó en la corona, enviándola a las manos de Victoria. La Quinta la lanzó con prisa hacia Rael, para que detuviera la carnicería a su alrededor.
Momentos después los demonios volvían a la tierra siguiendo las órdenes de su rey, así como los ángeles restantes ascendían a la grieta de luz, tal como indicó su líder. El Quinto observó al Alma en Pena mientras liberaba a Laorus de sus ataduras, quien se dirigió a toda prisa hacia su amado.
— Necesitaremos su ayuda en lo que sigue. Ellos los necesitarán. — susurró Nicolás a sus aliados. Acto seguido, el Alma en Pena se desplomó tomando su pecho con una expresión de dolor. Una cantidad de grietas anaranjadas nacieron del centro de su torso, como si fuera a explotar.
— Qué le está pasando?! — exclamó Laorus con gran preocupación.
— Su Esencia se desestabilizó por portar el poder del Infierno, está a punto de colapsar. — explicó Victoria, canalizando energía. — Podemos contenerla un poco, pero sólo ustedes tres pueden salvarlo.
— Por favor, por favor, no puedo perderlo, por favor. — suplicó el Ángel Oscuro a su hermano y a su viejo amigo. Temía su rechazo, y en parte no los culpaba. Ambos cruzaron miradas y asintieron lentamente.
— Qué tenemos que hacer? — consultó Rael ante la mirada sorprendida de su hermano menor.
— Formen un círculo y alcen sus armas. Luego concentren toda su energía en la Esencia de Fran hasta que se estabilice. — explicó Nicolás, quien ayudaba Vic a contener la energía del Alma en Pena.
Los tres ángeles siguieron sus indicaciones al pie de la letra y al cabo de pocos segundos canalizaban todo su poder en la Esencia del amado del menor.
Un gran círculo se dibujó sobre el grupo. En su interior, rodeados de otras figuras se divisaban tres grandes símbolos, un círculo con dos barras verticales cóncavas, otro con dos barras horizontales convexas y el tercero cruzado por dos barras curvas perpendiculares. Las representaciones de cada reino vhasth. Al cabo de unos minutos, el ritual finalizó. El Alma en Pena respiraba con dificultad, pero estaba fuera de peligro.
Al reincorporarse, un leve resplandor blanco rodeó a Aluriel. Varios tatuajes de luz se dibujaron en sus brazos y torso, y un halo brillante apareció sobre su cabeza. A sus lados aparecían diversas figuras, que en conjunto, se asimilaban a una corona de luz pura. Todos los presentes bajaron la cabeza en señal de respeto.
— Mi padre ha ascendido. — dijo el Ángel tras unos segundos de silencio sepulcral.
— Felicitaciones, Deidad Suprema. — dijo Victoria con una sonrisa, acción repetida por el resto. La Quinta aprovechó a devolver al Alma en Pena al Limbo, para que se recupere con mayor facilidad.
— Y ahora qué? Seguro están pensando en mil formas de castigarme. — soltó Laorus, muy arrepentido.
— Nada de eso, por primera vez en años los reinos están en completo equilibrio. — respondió el Quinto, los otros dos ángeles asintieron. — Al fin los tres núcleos están formados, el ciclo está completo.
— Será mejor que vuelva, debo iniciar los preparativos para asumir el reino. — dijo Aluriel.
— Antes de eso. — interrumpió Nico. — Es hora de que los tres integren el Concilio de Panteones, serán deidades menores, pero merecen su lugar. Eso los habilitará a visitarnos y a acudir ante los llamados. Además, quisiera que asignen un emisario cada uno. Laorus, te recomiendo que envíes a Fran, podrás visitarlo sin problema, y podremos mantener estable su Esencia. — el Rey del Limbo asintió.
— Yo no tengo a nadie de confianza, el único que tenía me dejó por guita. — resopló Rael.
— En realidad, duró dos meses con ese tipo, desde entonces intenta comunicarse con vos y no le diste ni cabida. — explicó Aluriel. — Además, no puede venir al Infierno. Por qué no lo asignas a él?
— Eso tiene sentido. Te parece a vos? — si dirigió al Quinto, quien asintió. — Y vos, "Deidad Suprema"? Vas a mandar al wacho que fuiste a buscar hace unos años? — soltó, Laorus lo miró confundido.
— Si, el amigo de Fran. — dirigiéndose al Rey del Limbo. — Falleció al salvar a su madre de los golpes de su padrastro, fui personalmente a buscarlo hace dos años y medio. — explicó el Ángel.
— Así que fuiste vos el serafín ese? Una Valquiria nos reportó que un ángel le había robado un alma, al parecer el pibe dio buena pelea para salvar a su vieja. — consultó el Quinto en tono jocoso.
— No iba a dejar que los nórdicos se lo llevaran. Lo esperé por años, no lo iba a abandonar así como así. — se excusó Aluriel. — Entonces, quedamos así? Le avisaré a los asignados para que se presenten.
— Eso es suficiente sí. No tengo problema en que estén relacionados, pueden pasar todo el tiempo que quieran en el mundo mortal, pero no descuiden bajo ninguna circunstancia sus responsabilidades. Jurenlo por su inmortalidad. — dijo Nicolás, haciendo que los tres presentes juren su promesa. — Ah, antes de irme, coloquen sus armas delante de ustedes. — Los ángeles acataron la orden. — Paz Perpetua. — conjuró el Quinto, señalando las tres armas. Una runa brilló al frente de cada una. — Listo, con ese encantamiento, ningún reino podrá alzar las armas excepto para defenderse. Y ahora, vayan, reyes de Vhasthaga, les queda un largo camino por recorrer, juntos.
X.
4 de Febrero de 2020.
16.39 horas.
Narra Wos:
Ya pasaron diez días desde que los Quintos activaron nuestras supuestas habilidades. Y digo supuestas porque soy el único que sigue sin tener una. Los chicos se la pasan entrenando siempre que tienen un tiempo libre. Ecko, Lit y Dam ya las manejan a gusto, Agustín está harto de las dagas de Victoria cortándolo para que Replik practique y Trueno todavía tiene problemas para controlar la tierra, pero la paciencia de Emi es inquebrantable, o eso aparenta.
Por otro lado, Dani también avanzó mucho, pero siempre evita hablar del tema para no molestarme, si supiera lo mucho que me gusta ver lo libre que se siente cuando practica. Él, Vic y Nico intentan subirme los ánimos pero la realidad es que me frustra ser el único que no puede hacer nada. Aún así, Vale me está enseñando a pelear como al resto. — Pa' que estés pronto. — me dice cada vez que me tira unos guantes. Aún sigo sin acertarle un sólo golpe, enana engreída.
Hoy teníamos libre y quisimos hacer algo diferente, así que salimos con los chicos a dar unas vueltas al centro de la ciudad. Estábamos paseando por una avenida con Dani y su hermana, Dam y Replik, recorriendo distintas tiendas, comprando ropa y similares. Debo admitir que Agustina es mucho más rápida para eso que Daniel, que revisa todo dos o hasta tres veces.
— Eu, vamos a la tienda anterior, que Agus se quedó con ganas de comprar algo. — avisó Dam mientras salía de la mano con la nombrada. — Volvemo' en un toque.
— Dale, yo voy a adelantarme a una librería que vi, así voy eligiendo algo. — dijo Manuel pasándome algunas bolsas.
— Y yo que soy? Perchero o burro de carga? — bufé, entre las cosas de los Ribba y Manuel, cargaba con todo. Busqué apoyo de Dani con la mirada, que se limitó a sonreír divertido.
— Burro diría yo, pero no de carga. — soltó, haciendo que abra los ojos exaltado.
— C-cerrá el orto Ribba. — musité. Espero nadie nos haya escuchado. Él se limitó a hundir los hombros.
— Voy a probarme esto, y creo que es todo por hoy. — dijo tomando una bermuda y dirigiéndose al probador. — Mirá wacho, hay altas camperas ahí, fijate que alguna debe estar como pa vo'.
Me limité a rodar los ojos y me dirigí al sector recomendado, había unos rompevientos muy interesantes a decir verdad, pero no estaba seguro de cuál me interesaba más. Un estruendo me sacó de mis pensamientos, una fuerte tormenta se había desatado, mucho viento y una lluvia torrencial. Me acerqué a la puerta a ver que pasaba afuera, y un escalofrío me invadió. La lluvia era literalmente negra, como si cayera tinta del cielo. A causa del viento me había salpicado la cara y los brazos, se sentía completamente helada.
Comencé a tiritar de la sensación, mientras intentaba secarme las salpicaduras de los brazos. No sé qué sucedió luego, pero al observar la calle, estaba completamente vacía, los peatones y vehículos habían desaparecido, lo único que resonaba era el sonido de la tormenta y destellos rojos de los relámpagos que crujían en el cielo, tiñéndolo todo de un color carmesí.
Volví hacia dentro del local para buscar a Dani y me preocupé, el local estaba vacío y todo parecía abandonado hace años, las estanterías caídas, unas extrañas partículas de polvo flotando en el aire, demasiado perturbador. Salí a la calle preocupado, tal vez podría encontrar a Manuel o a Dam y Agus, pero no, todo estaba vacío y entonces lo ví.
Parecía una persona, pero su silueta se veía borrosa, difuminada y sombría. Al acercarse pude divisar más facciones, realmente tenebrosas. Sus cuencas oculares estaban vacías, los pocos harapos que lo cubrían parecían hechos de niebla oscura, su piel grisácea y pálida estaba cubierta de arrugas y cicatrices. En un abrir y cerrar de ojos, se encontraba frente a mí.
Alzó un brazo con gran velocidad, no logré ni reaccionar, e inmediatamente sentí un dolor punzante al costado del pecho, como si me hubiese apuñalado. El pánico me invadió, atiné a correr a toda prisa ignorando el dolor y al llegar a la esquina giré para ver si me seguía, pero no había rastro alguno de la silueta.
Aún así continué corriendo, no podía controlar la respiración, el frío me calaba hasta los huesos. Me senté en el primer lugar que me cubrió de la lluvia, en la entrada de un edificio cualquiera. Los relámpagos iluminaban la ciudad y sus estruendos posteriores sólo aumentaba mi estado de nervios.
Sentía una fuerte presión en el pecho, me encontraba acurrucado en una esquina de aquella entrada, rodeando mis rodillas con ambos brazos y escondiendo el rostro, no quería ver a mi alrededor, el agua negra corriendo por la calle, los destellos rojos del cielo y el viento sacudiendo las ramas de árboles marchitos.
Estaba por colapsar, intentaba marcar con el celular algún número que pudiera venir en mi ayuda, pero me rendí al no poder controlar el temblor de mis dedos. Entonces comenzaron, parecían murmullos a lo lejos, escondidos en el viento, pero fueron aumentando hasta convirtiéndose en susurros inestables, no lograba comprender qué decían, pero me hacían estremecer completamente.
Luego comenzaron las visiones, como si me faltaran. Una ciudad devastada, cubierta por la misma tormenta y los relámpagos carmesí. Las calles también estaban vacías, los edificios abandonados y llenos de grietas. En el cielo había un vórtice de nubes negras, con un fulgor rojo en su centro. Comenzó a rotar con más potencia para luego descender a toda velocidad sobre mí.
Me cubrí por reflejo, pero no sentí nada. Ahora estaba en un lugar completamente oscuro, destellos carmesí iluminaban la escena. A trasluz se divisaban corrientes de una arena absolutamente negra moviéndose a mi alrededor, la sentía rozando mi piel, se sentía más fría que el agua de la lluvia. Al cabo de unos segundos los destellos comenzaron a moverse a toda prisa, cómo se hubieran notado mi presencia.
Al concentrarse en un punto, un relámpago me impactó en el pecho y todo se sumió en la oscuridad.
Narra Dani:
Salí del probador luego de elegir la bermuda que más me gustó y me encontré con Dam y Agus empapados. Luego me di cuenta del temporal que azotaba la ciudad. Sabíamos que llovería pero no que lo haría con tanta intensidad. Miré alrededor de la tienda buscando a Valentín pero no lo encontré, sólo divisé las bolsas que estaba cargando al lado de un perchero, pero sin señales de él.
— Eu, y Wosito? — consulté acercándome a los chicos. — Dejó todo ahí tirado.
— No estaba con vos? Nosotros vinimos recién, pensé que estaban en el probador los dos. — respondió mi hermana. — Capaz fue a buscar a Manu?
— Sería raro que deje todo así nomás sin avisar. — continuó Dam, observando a la calle. — Re paja volver a salir así. Dani, no podés hacer algo con la lluvia?
— Tengo cara de controlar el clima? — bufé con mala cara.
— No tonto, pero capaz si podés calentar las nubes, baja la lluvia. — replicó Agustina.
Tenía algo de sentido, así que observé el cielo y me concentré. Sentía el flujo de viento, las partículas de agua y nieve en las nubes. Si la lluvia se producía porque las nubes se enfriaban, tal vez pueda quitar el frío y detener un poco el viento. Uní ambas manos y dejé fluir mi poder. Al cabo de unos minutos tanto la lluvia como el ventoral amainaron lo suficiente como para poder transitar tranquilos. Nos dirigimos a la librería donde se encontraba Replik.
— Wacho, Valen está acá? — le pregunté al encontrarlo ojeando un libro.
— No, no estaba con ustedes? — replicó confundido. — Le dejé mis cosas cuando vine. Lo llamaste?
— Yo traté pero no suena siquiera, capaz se le apagó?. — respondió Dam. Ahora sí estaba preocupado.
Salimos a la calle y en la esquina vimos a la gente observando algo a lo lejos. Nos acercamos y al girar nos encontramos con un cúmulo de sombras levitando en el cielo, como una tormenta contenida. Estaba a dos cuadras así que nos aproximamos rápidamente. Casi por inercia Manuel se colocó delante de Agus mientras sacaba su libro de cuero. Dam conjuró su arco de luz y yo comencé a acumular mi poder en ambas manos.
Al estar más cerca vimo a Nicolás y Victoria canalizando energía el centro del cúmulo umbrío. Al menos la gente no se daba cuenta del arco de Damián. Imaginé que era por la "Niebla" de la que nos hablaron, una energía sobrenatural que esconde la realidad a los mortales que no están preparados para procesarla.
— Arca. — conjuró Vic al mismo tiempo que el Quinto hablaba. — Puro. — pronunció él. Un destello se concentró en el centro de las sombras y las erradicó completamente. Ambos aterrizaron a nuestro, pero sin mediar palabra comenzaron a mirar de un lado a otro, analizando los alrededores, obviando la falta de Wos.
Entonces Nico se concentró en una entrada cercana a su espalda. Se aproximó y lentamente estiró la mano. Pareció agarrar el aire, pero al segundo apareció el brazo de Valentín y este se descubrió completamente. Se veía paralizado mirando la nada, pero sus ojos estaban completamente negros.
XI.
Momentos antes.
Narrador omnisciente:
Victoria y Nicolás se encontraban en el balcón de una sala de conferencias esperando a reunirse con los legisladores de algunos sistemas para el informe mensual. Una gran tormenta se había desatado por la ciudad pero no afectaba la normal actividad del complejo de la República. Mientras esperaban la lluvia amainó repentinamente, algo que llamó su atención.
— Bo, y eso? — consultó Nicolás observando a lo lejos. — Primero la lluvia afloja de la nada y ahora eso? — continuó, la Quinta siguió su mirada y divisó un cúmulo de sombras rotando sobre la ciudad.
— No puede ser algo bueno. — analizó. — Los pibes no estaban en el Centro? Los Ribba, Dam, Wos y Manu. — recordó. Cruzaron miradas de preocupación y un segundo después se dirigían a toda velocidad hacia el lugar. Al llegar analizaron sus alrededores en busca de la fuente, pero no lograron hallarla.
— Arca. — conjuró Vic, pero el hechizo fue disuelto por la potencia de las sombras. Ambos comenzaron a canalizar energía en el núcleo del cúmulo, hasta exponerlo. Mientras lo hacían divisaron a los chicos aproximarse a una cuadra, con armas en mano, preparados para cualquier cosa que surgiera. Notaron que faltaba uno, Oliva. Lograron divisar el núcleo y exclamaron al unísono. — Puro. — pronunció Nicolás al mismo tiempo que Victoria conjuraba nuevamente — Arca.
Al destruir el cúmulo de sombras se dirigieron a los chicos que los miraban algo desconcertados. Decidieron extender su poder por toda la ciudad para buscar el origen de aquellas energías umbrías, entonces el Quinto lo sintió, concentrado en la esquina de la entrada cercana de un edificio. Tenía que actuar con cautela para no generar más problemas, así que lentamente estiró su brazo hasta alcanzarlo. Encontró a Oliva, tenía los ojos completamente negros, y no podían vislumbrar ningún pensamiento en su cabeza. Ambos se alarmaron.
— Tenemos que llevarlo al complejo rápido. — alertó Nicolás mientras lo cargaba con ambos brazos. — Vayan a buscar sus cosas que Vic los lleva. Daniel, agarrame del brazo.
— Vamos, rápido gurises. — ordenó la Quinta dirigiéndose al resto.
El teñido acató la orden del Quinto y segundo después un aura de energía celeste los rodeó. Al disiparse se encontraban en el penthouse de los Quintos. Los muebles se dispersaron y una mesa se elevó en el centro de la sala a modo de camilla, donde Nicolás dejó a Valentín y comenzó a concentrar su poder en el pecho del nombrado. Un ruido llamó su atención y Monzón bajaba las escaleras a toda velocidad junto con Palacios.
— Eu, amigo qué pasó? — preguntó preocupado el ojiverde, sin obtener respuesta por parte del Quinto. Un minuto después aparecieron los chicos con Victoria y Lit le avisó a Matías lo que sucedía.
— Todavía nada? — consultó Vic mientras se aproximaba a la mesa. Nicolás negó con preocupación.
Habían pasado varios minutos, los Quintos seguían canalizando energía en el cuerpo de Oliva. Nicolás continuaba centrado en su pecho mientras Victoria en su cabeza, buscando conectar con su mente. Un momento después Monzón recibió una llamada de Spallatti, al atender sintió la respiración entrecortada al otro lado de la línea y se alarmó.
— L-lit.. Decile a a-alguno que venga, no puedo moverme.. Se me.. Se me parte la cabeza.. — soltó Matías en un tono muy bajo, parecía agonizante. — Decile a Nico que n-no puedo..
— Mati?! Matías?! Respondeme wacho! — exclamó preocupado el ojiverde. — Nico, algo pasa con Matías, vení por favor. — rogó al final. Nicolás cruzó miradas con Victoria quien le asintió para que fuera.
— Ecko? Qué te pasa? — preguntó preocupado el Quinto al tomar el celular, sin obtener respuesta. — Matías, si me escuchas, concentrate en mi voz, pensá en mí, concentrate todo lo que puedas. — le ordenó de la forma más calmada que pudo, concentrando poder en su mano derecha.
Al cabo de pocos segundos lo encontró, la Esencia de Spallatti brillando en la oscuridad. Un círculo mágico se dibujó en su mano y lo azotó contra el piso. — Faro de Anclaje: Comunión de Esencias. — conjuró el Quinto. Varias estelas de energía se extendieron por el suelo frente a él y al acumularse un remolino de llamas azuladas surgió de la nada. Al disiparse la magia se encontraron con Matías tendido en el suelo, apenas respirando. Nicolás se aproximó a él y liberó una gran cantidad de energía en su pecho.
Spallatti se incorporó sobresaltado, sus ojos brillaban con un fulgor celeste y la energía eléctrica de su poder comenzó a manifestarse a su alrededor. Sin decir nada se dirigió rápido hacia Valentín. Nicolás intentó tomar su brazo pero el escudo del ojinegro lo rechazó, sorprendiéndolo. Los Quintos exclamaban su nombre pero Spallatti no reaccionaba. Rodeó el cuerpo de Oliva con ambos brazos y lo apretó con fuerza junto al suyo.
Los presentes observaban exaltados la escena, Matías estaba liberando una cantidad inmensa de poder en el cuerpo de Valentín, tanta que debieron levantar una barrera por precaución. Los relámpagos rodeaban a ambos con intensidad y al cabo de poco más de un minuto, Oliva abrió los ojos sobresaltado para luego caer inconsciente sobre la camilla. Spallatti se tambaleó también al soltarlo, pero fue interceptado por Victoria.
Nicolás se encargó de analizar a Valentín, en busca de alguna herida, entonces lo sintió, la Esencia del castaño brillaba al máximo en su interior mientras una extraña energía carmesí la rodeaban de a poco. Inmediatamente entendió lo que pasaba, y gracias a su conexión mental, Victoria también. Con un ademán dejaron a Oliva en ropa interior.
— Revisale las piernas. — ordenó Nicolás mientras observaba el brazo derecho del ojiazul. La Quinta acató la orden y comenzó por la pierna izquierda. El Quinto revisó la espalda, el cuello y la cabeza de Valentín, mientras Victoria cambiaba a su otra pierna. Un momento después Nico habló. — Lo encontré.
Bajo su axila izquierda, unos quince centímetros aproximadamente, aparecía un símbolo extraño. Dos círculos medianos concéntricos. Del interno nacían varias flechas en todas direcciones. Pequeños fulgores rojos aparecían al contacto con la mano del Quinto. Observó a Victoria quien lo analizaba a su lado y ambos asintieron a la vez.
— Llamen a los pibes de la Ds3, rápido. A Wawa, Tobo o el Depa, que se junten todos en la plazoleta principal, al lado de la hoguera de Hestia y que esperen a Vic ahí. — dijo Nicolás dirigiéndose a los chicos. — Necesitamos a toda la crew y a ustedes también.
— Le aviso a los padres? O al hermano? — consultó Manuel aún más preocupado por el pedido.
— No, puede ser contraproducente, ustedes serán suficiente. — explicó la Quinta para luego desaparecer rodeada de partículas rosa.
— Nicolás, por favor, explicame qué le pasa. — rogó Daniel, con lágrimas asomando en sus ojos.
— Ahora no Dani, necesito concentrarme. — dijo el Quinto, quien concentraba energía en el pecho de Oliva con una mano y sobre la marca de su costado con al otra. Un momento después varios relámpagos carmesí impactaron contra su mano derecha, dejando una herida profunda. — Mierda. — soltó luego de sacudirla, la sangre comenzó a brotar en cantidad.
— Palabra Sagrada: Fe. — conjuró Manuel observando la herida, que junto al propio poder del Quinto sanó completamente. — Qué fue eso?
— Perdón. — susurró cabizbajo Ribba, a lo que Nicolás negó sonriendo para que no se preocupara.
— Agárrense entre todos, pónganse detrás de mí y agarren mis hombros. — ordenó el Quinto a lo que acataron enseguida. Al cabo de unos segundos la energía los rodeó y cambiaron de lugar. Estaban en las Salas de las Ánimas. Los chicos la reconocieron por lo que les habían contado Manuel y Mateo.
— Qué hacemos acá? — preguntó Teo un tanto nervioso mientras Manuel lo rodeaba con un brazo.
El Quinto se metió al agua cargando con el cuerpo de Oliva y luego de pronunciar algo en idiomas antiguos toda la sala se iluminó. Una camilla se formó con el agua y diversos glifos aparecieron a su alrededor. Luego de varios minutos, apareció un portal al fondo de la sala y toda la crew ingresó con Victoria detrás. El terror invadió a los chicos al ver el estado de su amigo, algo que se contagió en el resto de los presentes. — Paz. — pronunció la Quinta atenta situación que se presentaba, logrando quitar la tensión que los abrumaba a todos.
— Luego les vamos a explicar bien, ahora necesitamos que formen dos filas, Wawa al principio de una y Dani en la otra. Al final, en el medio de las dos fila, Tobo. Quiero que vos agarres los hombros de las dos personas delante tuyo, vas a funcionar como un enlace entre ambas. — explicó el Quinto. — El resto, agarre el hombro y brazo de la persona frente a ustedes. Dani vos te vas a apoyar sobre mis hombros y Wawa en los de Vic. — finalizó.
— Ahora tienen que recordar cualquier momento de felicidad que hayan tenido junto a Valen. No importa si estaban solos o no, piensen en el momento más feliz que recuerden en el que él estuviera presente. — continuó Victoria una vez todos estaban posicionados.
Los Quintos trazaron diversos círculos mágicos frente a ellos, combinándolos y modificándolos de a poco. Parecían estar armando una especie de puzzle complicado, pero al cabo de unos momentos, estaban terminados. Ambos alzaron su mano izquierda sobre Oliva y unas partículas blancas surgieron de su cuerpo, acumulándose en las palmas de cada uno. Unieron esa energía a los círculos y asintieron cruzando miradas.
XII.
17.08 horas.
Narrador omnisciente:
Los círculos mágicos frente a los Quintos absorbieron la energía de la Esencia de Valentín al cabo de unos segundos. Victoria comenzó a concentrar el poder en ambas manos mientras Nicolás hacía lo propio en su palma derecha. Ambos observaron al grupo que se encontraba expectante y les indicaron que comenzaran con lo planeado. Daniel tomó por los hombros al Quinto mientras Guadalupe repetía la acción con Victoria.
— Ma'at. — conjuraron al unísono ambos mientras descargaban todo su poder en Oliva. La energía primordial de tonalidad morada se expandió en forma de burbuja alrededor del penthouse y comenzó a rotar a toda velocidad. Los chicos se estaban concentrando en sus memorias más felices junto a Wos. Algunas se remontaban a la niñez compartida, otras, como Dani, a verlo tocar en el Luna Park con el corazón a tope.
Matías no tuvo mucho problema en encontrar sus momentos felices, Valentín estuvo presente cuando su madre volvió a la vida, nunca estuvo tan feliz como ese día. Les habían aconsejado mantener los ojos cerrados para enfocarse mejor, pero aún así no pudo evitar observar la escena, todos estaban con un semblante tenso pero varias sonrisas disimuladas aparecían, hasta que fijó su vista en los Quintos.
Ambos estaban concentrados en Oliva, hasta que se percató de sus respiraciones irregulares, estaban agotando sus energías y no estaba seguro de sí podrían soportarlo hasta que Valentín esté bien. Recordó lo que había estado entrenando, sus poderes pueden restablecer la energía de sus aliados, pero necesita estar en contacto con ellos, algo imposible en este momento. Tampoco quería intentar canalizarlos por el aire, ya que podrían interferir con el encantamiento. Entonces observó al grupo a su alrededor y tuvo una idea.
No necesitaba llegar a los Quintos, de una forma u otra, la cadena humana funcionaría como un gran circuito. Comenzó a acumular su poder en su mano derecha que reposaba en el hombro de Manuel, así como también en su hombro izquierdo, sostenido por Monzón. Comenzó a liberar energía de a poco, hasta que sintió la mirada de Nicolás sobre él por haber recibido parte de su energía. Asintió con seguridad y se concentró.
Un par de segundos le bastaron para liberar todo el poder que tenía, los relámpagos celestes surgieron de su cuerpo y rodearon a todos los presentes hasta alcanzar a los Quintos. No estaba equivocado, un poco más y habrían comenzado a flaquear por falta de energía. Spallatti soportó un par de minutos canalizando su poder hasta que se agotó.
Pero fue suficiente, Valentín había despertado, observando exaltado a todos a su alrededor. Al finalizar todos cayeron de rodillas exhaustos, mientras Oliva seguía sin entender qué sucedía. Alrededor de la marca a su costado se dibujó un círculo de tonos iridiscentes, un sello de Origen.
— Manu, te queda algo de energía? — consultó Vic, con la respiración entrecortada. Observó a los chicos completamente agotados, pero sabía que él siempre tenía una reserva. — Podes..?
— No le pidas que use eso ahora, va a quedar más cansado aún. — musitó el Nicolás.
— Sí, sé que sí. Confiá en mí, sé que puedo hacerlo. — afirmó Vainstein sosteniendo su libro de cuero. Comenzó a concentrarse y al abrir sus ojos estos brillaban. — Palabra Sagrada: Salvación. — conjuró. Un par de alas de un resplandor dorado aparecieron en su espalda mientras canalizaba su poder. El fulgor dorado se sentía tibio como la luz del Sol, restituyendo las energías de todo el grupo.
— Buena wacho, no sabía que podías hacer eso. — soltó Teo sorprendido por la habilidad de su amigo.
— Es una habilidad complicada, pero la aprendió a usar rápido. Es una de los mejores poderes de un Forjado por la Luz. — explicó Victoria mientras revisaba el estado de Valentín. — Vos cómo te sentís?
— Bien la verdad, no sé muy bien de qué pasó. — comenzó Oliva. — Lo último que me acuerdo es ver un lugar oscuro con unas luces rojas moviéndose. Y también había como una arena negra o algo así. Después todo negro, hasta que unos relámpagos celestes aparecieron por todos lados. — continuó.
— Tenemos que revisar algo. — analizó el Quinto. — A los de la crew, muchas gracias por la ayuda. Dennos media hora y prometo que les explicamos todo. Ahora sigan a Vic porfa. — solicitó mientras la nombrada abría un portal. — Y ustedes pibes, agárrense todos, vamos a la sala de entrenamiento.
Al cabo de unos minutos, ya se encontraban en la inmensa sala que usaban para entrenar. Los chicos se observaban curiosos mientras Wos se vestía nuevamente, cuestionando cómo que es que terminó en ropa interior. Los chicos disimulaban risas nerviosas mientras el Quinto activaba los muñecos de entrenamiento.
— Ahora les explico, pero primero hay que probar algo. — explicó Nicolás. Victoria ingresaba a la sala acompañada de Valentina, que había regresado de su viaje.
— Por qué todo lo divertido pasa cuando no estoy? — preguntó la recién llegada con falsa indignación.
— Porque no te quieren. — bromeó Vic a su lado recibiendo una mala cara. — Bueno, y estás seguro de eso? — consultó al Quinto esta vez.
— Sí, bastante. — respondió. — Wos, sentís el picor ese en el pecho, no? — dijo mientras Oliva revisaba la marca en el costado de su torso y asentía. — Bueno, trata de concentrar ese picor en tus manos. — continuó. Pequeños relámpagos carmesí surgieron de las manos del castaño. — Bien, seguí así.
— Boludo, qué es esto? — consultó curioso Oliva, observado la energía rodear sus dedos.
— Caos. — soltó sorprendida Valentina. — Es posible? Hace varios milenios no nos encontrábamos uno.
— Desde el colapso del sistema Mareen, no? — recordó la Quinta de la Luz. — Ese tipo se limpió tres ejércitos invasores sólo. Por él aprendimos una Calamidad, tu favorita tarado. — dijo dirigiéndose a Nico.
— Sí, y es la mejor de todas aunque no te guste. Pero igual, eso no es lo único. — explicó el Quinto, con una mirada expectante. — Valen, ahora usalo contra uno de los muñecos. — Oliva acató la orden y liberó el poder contra su objetivo, que voló en varios pedazos. — Perfecto, pero esta vez, canalizalo pero mantenelo alrededor, que no se disipe enseguida. — continuó, Valentín repitió la acción y tras pocos segundos Nico agregó. — Ecko, ahora usa tu poder en el mismo muñeco, sin dañarlo, que lo rodee.
Spallatti canalizó su poder en su mano derecha y soltó un relámpago celeste contra el muñeco que atacaba Oliva. Al chocar ambas energías, un fuerte resplandor blanco surgió seguido de una colosal explosión que requirió el poder de los tres Quintos para contenerla. Todos cruzaban miradas de temor y sorpresa ante la situación. Nicolás se limitó a sonreír con suficiencia observando a Ecko y luego de dirigirse a él, lo dejó en ropa interior con un simple ademán.
— Pará w-wacho. Qué haces?! — exclamó Spallatti completamente sonrojado, intentando cubrirse.
— Calmate tarado, necesito revisarte. — soltó Nico entre risas, rodeando al pelinegro. — Levantá los brazos, a ver. — ordenó. Observó de arriba a abajo su cuerpo sin encontrar lo que buscaba. Revisó la planta de sus manos y pies, sin éxito. — No entiendo, tiene que estar en algún lado. — analizó.
— Bueno, hay algunos lugares que te están faltando, no? — dijo Victoria con un tono pícaro. Se acercó Matías y posó un dedo sobre su pecho. Una onda de energía rosa se esparció por toda su piel.
— Mira dónde está. Pareciera que lo hicieron en joda. — soltó Nicolás conteniendo la risa, observando el brillo bajo la ropa interior de Spallatti. — Lit, vení que no voy a meterle mano a tu wacho.
— De qué hablas amigo? — preguntó el ojiverde mientras se aproximaba. — No wacho! — exclamó soltando varias carcajadas, recibiendo una mirada asesina de Ecko. — A ver, dejame ver. — dijo al acercarse más. Bajó una parte del boxer y lo divisaron, en su nalga derecha brillaba un símbolo celeste. Rodeado de dos círculos, aparecía una estrella de ocho puntas, con varios círculos pequeños entre ellas. — Te tatuaron el culo amigo. — finalizó entre risas, que se contagiaron entre los presentes.
— Qué carajo es eso? — preguntó alarmado Matías, que no entendía qué sucedía, ni cómo apareció esa marca ahí. — Desde cuándo tengo eso?
— Es un símbolo del Orden, el opuesto al del Wosi, que es del Caos. — explicó Victoria mientras lo observaba. — Cómo lo imaginaste? — consultó al Quinto esta vez.
— Porque fue lo que dispersó el Caos que había consumido la Esencia de Valentín. — respondió hundiendo los hombros. — Ahí empecé a atar cabos, explicaba por qué no entendíamos la naturaleza de sus poderes, ni la versatilidad que tenían.
— Bueno, pero ahora nos van a explicar a nosotros en español? — cuestionó Oliva esta vez.
— Si, lo que esto quiere decir es que vos sos un Usuario de Caos y Eckito es un Usuario de Orden. — soltó Valentina. — Quiere decir que pueden manejar las energías primigenias del Origen. Literal que sólo uno en un trillón de seres vivos tiene esa capacidad. Que ustedes dos puedan hacerlo, es muy extraño.
— Igual, no creo que esas sean todas tus habilidades. Los Usuario de Orden sólo manejan esa energía, pero debido a que se le pueden dar variadas utilidades, no necesitan otras. — explicó con cautela el Quinto esta vez. — En cambio la energía del Caos es destructiva, altamente destructiva, entonces generalmente sus Usuarios aprenden a utilizar otras habilidades para complementarse. — finalizó.
— Sigo sin entender nada. — suspiró Spallatti, generando carcajadas entre los presentes.
— No importa, mañana tienen libre de nuevo, eviten más bardos. — dijo Victoria. — Pero el Jueves vengan preparados porque metemos doble turno. — sentenció. Los chicos comenzaron a soltar quejas ante la propuesta, pero la Quinta se limitó a ignorarlos con una sonrisa engreída.
— Ah, y Daniel, nada de controlar la lluvia y eso que después nos caen a nosotros la quejas. — finalizó Nicolás. — Esta vez no creo que digan nada, pero meterse con el clima puede generar problemas.
— Entonces me tengo que mojar todo cuando podría evitarlo? — bufó el teñido cruzando los brazos.
— Tomá, este objeto mágico sirve para evitar que te mojes. — soltó Valentina mientras le alcanzaba un paraguas. El teñido la miró con odio. — Además, sos bien tonto, no precisas controlar el clima, sólo tu alrededor, controlas Magia de Agua nene, hacé que las gotas se desvíen y listo. Yo las evaporo nomás.
— Hablando de alrededores, tenés un informe que darnos, además Agus y Emi ya están de camino. — dijo Victoria. — Y tenemos que hablar con los de la Ds3, que deben seguir preocupados.
— Si, vamos a laburar antes de que todo se despatarre. — bromeó el Quinto. — Acuérdense, el Jueves doble turno. Y nada de usar poderes así nomás fuera de esta sala si están sólos. — finalizó. Los chicos comenzaron a retirarse comentando sobre lo acontecido, mientras los Quintos cruzaban palabras.
— La verdad que cuando planeamos ir a buscarlos no me esperaba nada de esto. Maestros elementales y Usuarios de Orden y Caos? Forjados por la Luz? Hay algo sumamente extraño. — analizó Victoria.
— Sí, algo me dice que la música fue el detonante, pero había mucho más en juego si los dejábamos ahí. Imaginen si Wos o Ecko caían en las sombras? Eso si hubiese sido un problema. — dijo Valentina.
— Es verdad, sean cuales sean las razones que nos hicieron ir a buscarlos, me alegro de que lo hayamos hecho. Tienen potencial estos pibes, además, creo que están mucho mejor que antes en cuanto a sí mismos. Conocieron facetas que estaban ocultas en su interior y crecieron mucho. — finalizó Nicolás.
Continuaron con su charla por un rato más, y al cabo de unos minutos se encontraron con Agustín y Emiliano quienes habían regresado de sus misiones, para repasar sus actividades y los sucesos ocurridos. Algo extraño se sentía en el aire, todos lo notaban pero inconscientemente lo ignoraban. El futuro puede ser fortuito a veces.
