Windows Licking

Dedan y Scout intercambiaron una intensa mirada antes de abalanzarse el uno sobre el otro. Scout alzó su bate para golpear la cabeza del guardián, el arma produciendo un sonido seco al chocar contra el cráneo del ser. Sin embargo, Dedan era más resistente de lo que Scout había calculado, pues el golpe no parecía haber tenido efecto alguno sobre él. Scout retrocedió de un salto a al ver que su rival se prepara a lanzar un puñetazo como contraataque. El fallido ataque golpeó la pared, haciéndole un agujero.

Scout tragó saliva. Si uno de esos golpes le daba, podía darse por muerto. ¿Qué pasaría si moría durante un sueño? ¿Se despertaría sin más o acabaría todo con un viaje al Respawn? Scout decidió que prefería no pararse a comprobarlo.

El guardián se lanzó de nuevo a por Scout, quien esquivó el golpe gracias a sus reflejos. El mercenario sacó su pistola y disparó un par de balas, que rebotaron contra el cuerpo del guardián. El joven gruñó frustrado.

"Piensa, Jeremy. ¿Cómo derroto a este tipo duro como acero?"

Pero Scout no tenía tiempo para pensar, pues el guardián volvía a por él, esta vez corriendo a gran velocidad como si fuera un rinoceronte embistiendo. Scout se deslizó por el suelo para esquivarle, el guardián chocando contra la pared de manera estrepitosa. La cabeza de Dedan se quedó atascada en la pared, en una situación tan absurda como divertida para los ojos de Scout.

-¿No te dijo tu madre que nunca debes correr en casa?- se burló Scout.
-Mocoso desgraciado...- rugió furioso el guardián mientras lograba sacar la cabeza de la pared tras forcejear un poco.-¡Deja de huir como un cobarde!- le gritó mientras se giraba tabaleándose.

Scout sonrió al ver el punto débil del guardián: su propia fuerza. Además, parecía que la rabia le impedía pensar con claridad. Si le provocaba para que se lanzara a por él y lograba que siguiera golpeándose contra las paredes de la sala, tendría una posibilidad de ganar.

Y así hizo. Haciendo uso de su velocidad y de su habilidad natural de ser tremendamente irritante, Scout conseguía que su plan funcionase, Dedan cayendo en sus burlas y chocándose repetidas veces contra la pared mientras Scout le esquivaba. El guardián parecía estar cada vez más y más mareado y parecía moverse con dificultad.

Finalmente, Dedan se desplomó en el suelo, jadeando con dificultad, y tan abatido debido a los continuos golpes en la cabeza que no tenía fuerzas para levantarse. Scout había emergido como ganador, la velocidad sobreponiéndose a la fuerza bruta. El joven sacó su escopeta y la introdujo en la cavidad donde Dedan tenía uno de sus ojos.

-¿Es...una broma?¿He... he...perdido?- dijo Dedan respirando con dificultad, agotado tras el combate.

El guardián clavó su otro ojo en Scout, esperando algo que no llegaba a ocurrir.

-¿Vas a matarme o no?- preguntó tras unos segundos de silencio.
-¿Por qué iba a hacer eso?- fue la respuesta de Scout.- No me han pagado para liquidarte. Solo quería tener una pequeña charla contigo.
-¿Cómo? ¿No... me vas a matar?- preguntó Dedan, visiblemente sorprendido.-Pero tú se supone...
- Ahora abre bien tus orejas- dijo Scout con seriedad, pero tras mirar al rostro de su rival se dio cuenta de algo y cambió su tono de voz-...espera, no tienes orejas. ¿Cómo coño consigues oír?

Scout tosió y volvió a centrarse en el tema.

- Escucha atentamente: no soy un espectro, no soy el líder de los espectros y no quiero tener que matar a alguien aquí salvo que sea en defensa propia.-Luego miró a los ojos al guardián y añadió- ¡lo que quiero decirte es que no tienes derecho a tratar a tu gente así! Puede que esa panda de asmáticos sean un tanto raritos, pero tu hostilidad no les beneficia. De hecho, están sufriendo mucho. La cosa es que me parece que en el fondo te importan, porque he podido ver te tienen mucha estima. Dime, ¿por qué te comportas como el mayor gilipollas del mundo con ellos?

Dedan permaneció pensativo durante unos segundos.

-Ellos... yo quería construir el mundo con ellos, trabajando en equipo- explicó finalmente.-Al principio todo fue bien, pero son unos incompetentes: no saben hacer nada. Siempre tengo que estar ayudándoles y corrigiendo sus errores. Es tan molesto, tan irritante...
-Pero tu eres su guardián- le rebatió Scout.- ¿No es tu trabajo enseñarles? El trabajo en equipo consiste en entender los fallos de tus compañeros y ayudarles a mejorar, así ellos te ayudarán a ti. Aunque te saquen de quicio, aunque creas que no sirven para nada, aunque a veces su comportamiento haga que te entre ganas de meterles un tiro, ellos siempre están ahí para apoyarte, en lo bueno y en lo malo. Si simplemente les gritas cuando se equivocan, nunca aprenderán nada.

Dedan se quedó mirando al joven, asimilando sus palabras. ¿No era él mismo quién en un principio había estado tan entusiasmado por comenzar a trabajar? ¿Cuando se había vuelto tan cruel? Además, había hecho una promesa que aún no había cumplido ¿Y si los espectros eran su castigo por haber olvidado?

-Te he juzgado mal, lo siento- dijo el guardián tras dar un largo suspiro.- Me has hecho recordar algo importante. Tienes razón: mi actitud con mis trabajadores ha sido repulsiva. Se merecen una disculpa, y tu también. Siento haberte atacado. Creía que eras otro ser.
-Eso está mejor- dijo el mercenario retirando su escopeta.

El guardián se llevó como pudo una mano al bolsillo y le extendió un tarjeta.

-Esta es la carta de Cáncer. Te llevará a la siguiente zona. Creo que allí hay alguien que necesita, al igual que yo, que le recuerdes algo.
-¿Estarás bien, tío duro?- preguntó antes de aceptar la carta.
-Sí. Solo necesito descansar- respondió este poniéndose de pie. El guardián hizo crujir su espalda.- Rayos, parece que ya no estoy para estos trotes. Ahora vete. Me has provocado una tremenda jaqueca y necesito recuperarme en silencio.

Scout asintió y cogió la tarjeta que Dedan le había ofrecido. Nada más tenerla en la mano un destello de luz blanca le cegó. Cuando abrió los ojos de nuevo, se encontraba ante una gran ciudad de edificios color fucsia.

-Agg, es tan rosa que daña a la vista- se quejó el joven.

Scout se adentró en la ciudad. El primer edifico era una gigantesca biblioteca de varias plantas. Scout no solía visitar las bibliotecas ya que el único tipo de lectura que consumía eran los cómic. Era incapaz de leer cualquier otro libro o texto, pues desde pequeño había sufrido de una dislexia muy pronunciada que nunca había tratado de corregir. La narrativa visual de los cómics era lo que le permitía entender los textos que los componían.

Pese a su problema, decidió explorar el interior del edificio, pues quizás alguien sabría informarle acerca de aquel peculiar lugar y ver si, al igual que la Zona 1, sufría alguna clase de problema. No tardó en comprobar que efectivamente algo iba mal: la mayoría de los libros eran falsos, hechos de plástico con puntas redondeadas (a excepción de unas estantería señaladas que contenían un único libro de verdad en cada una), y los habitantes de aquel lugar parecían sufrir de paranoia y tenían miedo de absolutamente todo. Además, también había fantasmas por todas partes. Scout decidió deshacerse de ellos.

Scout subió unas cuantas plantas, acabando con los fantasmas allá donde los encontraba, hasta que en una de ellas se encontró con un gato blanco. Al principio pensó que se trataba del gato que le había hecho resolver puzzles en su primer sueño, pero no tardó en darse cuenta de que aquel gato de mirada apagada y cara triste y amargada no era el mismo que conocía.

-¿Quién eres tú?- le preguntó el gato al descubrirle, mientras se acercaba a él con agresividad.
-Menudos modales... Está claro que no eres "El Juez"
-¿El... El Juez? No, no lo soy. Me llamo Japhet. Soy el creador de esta ciudad. También dirijo a los espectros, instrumentos reales de mi venganza.
-¡Así que eres tú quién está detrás de está infección de espectros!- exclamó Scout, poniéndole el bate en el hocico.- ¿Sabes los problemas que han causado tus cosas en la otra Zona? ¡Un tipo casi me mata por tu culpa!
-¿La otra zona? No se nada de la otra Zona. Estos espectros me los ha mandado la Reina para devolver la justicia a ESTA zona- corrigió Japhet, impasible. Luego miró a Scout a los ojos y añadió- debes de tener una gran determinación para haber puesto un pie en la biblioteca y llegar hasta aquí. Reconozco que tienes cierta valentía, una cualidad excepcional un lugar del mundo tan plagado por el miedo como este.
-Bueno, tampoco es para tanto- dijo Scout retirando el bate y adoptando una postura "molona".
-Sin embargo, mi venganza no dejará a nadie sin castigo- prosiguió el gato.-¡Tú deberás ser el primero en sucumbir a los ataques de mi ejército ectoplásmico!- decía mientras daba vueltas alrededor de Scout amenazantemente.- Pensándolo mejor, no necesito mis fantasmas para acabar con un niñato como tú. ¡Voy a saborear la justicia por mi mismo!

Acto seguido, Japhet había saltado a la cara del mercenario y había tratado de arañarle, pero este lo había agarrado en el aire.

-¿Por qué todo en este maldito mundo quiere matarme?- decía Scout manteniendo a Japhet lo más alejado que podía de si mismo, mientras este alzaba sus garras hacia su cuello tratando desgarrarlo. Finalmente, el gato le mordió la mano y Scout lo arrojó contra una de las estanterías cercanas, el golpe tirando los libros de uno en uno sobre la cabeza del animal.

-Tu espíritu es valeroso, y tus brazos están hechos a su imagen- dijo el gato tras sacudir la cabeza y recuperarse del golpe.- Debo confesar que quizás te he subestimado. Desafortunadamente, debo despojarme de mi caballerosidad cuando es necesario. Sobre todo ante un nuevo enemigo. ¡Espectros venid a mi! ¡Bailad juntos y haced sonar la canción de los justos!- y lanzando una maliciosa mirada a Scout, añadió- el tormento de los hombres cura mis heridas... Tu cuerpo servirá de alimento a los intangibles espíritus por toda la eternidad.

Scout se preparó para una inminente llegada de fantasmas, pero nada ocurrió.

-¿Espectros? - preguntó Japhet, mirando hacia los lados, confuso.-¡Espectros! ¡Venid a mí, os lo ordeno!-gritó mirando al techo.
-Menudo patinazo- dijo Scout sin ser capaz de contener su risa.
-¡Maldición! ¿Con qué clase de magia estás logrando evitar que mis fantasmales acólitos se unan a mí, funesto humano?
- Corta el rollo con las palabras grandes que no te entiendo, "Chespir".
-Es "Shakespeare", cretino insufrible- corrigió Japhet furioso.- ¡Debes sufrir mi ira!

Y una vez más, Japhet se abalanzó sobre Scout, pero este estaba ya preparado y, usando el bate cual raqueta de tenis, golpeó al gato en el estomago, con tal fuerza que lo estrelló contra el techo. Japhet cayó al suelo de nuevo a los pocos segundos.

-¡Pobre idiota!- exclamó Japhet levantándose del suelo, mirando a Scout fijamente con furia.- Todavía no es el momento de revelar mi auténtica naturaleza. Pero debes saber que no ganarás nada con tu espera, odioso bufón.

Y con esas últimas palabras, tras un fogonazo de luz similar al que había envuelto a Scout tras usar la carta de cáncer, Japhet se teletransportó lejos de aquel lugar.

-Por eso prefiero a los perros- dijo Scout después de dar un largo suspiro.

Tras ese extraño encuentro, y viendo que no podía seguir subiendo, el joven decidió abandonar la biblioteca seguir explorando la nueva zona. Para su sorpresa, en el exterior del edificio se encontró con otro gato, que esta vez sí reconoció como aquel de su primer sueño. El Juez, como se había presentado este, era un pequeño gato también de color blanco, con una enorme sonrisa de enormes y afilados dientes que sobresalían de su boca. Scout no pudo evitar recordar la conversación que había tenido con él cuando lo conoció.

-No puede haber ser vivo alguno aparte de mi persona en la Zona 0, por lo que supondré que eres un mero producto de mi imaginación- había dicho el extraño gato el gato al joven mercenario nada más aparecer, bate en mano, en un extraño lugar compuesto por un edificio anaranjado, rodeado por un mar de color gris.

"¡Coño! ¡Un puto gato que habla! ¿Es esto otra parte de Pyrolandia? Espera... ¿cuándo me he puesto las gafas?" se había preguntado Scout mentalmente.

-No importa, me presentaré de todas maneras- había continuado el gato.- Soy "el Juez", y estoy deseando conocer tu nombre.
-Me llamo... Scout- había respondido el joven, acostumbrado a no revelar su verdadero nombre de primeras desde que empezó a trabajar como mercenario.

El gato se había quedando mirando al aire, como buscando una presencia o algo que debería estar ahí y no estaba.

-¿Estás solo? - preguntó. Scout se había limitado a asentir." El Juez" entonces se acercó a él y se frotó entre sus piernas, como hacían los gatos normales y corrientes.-Y tienes un cuerpo físico: eres real... ¿Qué has venido a hacer aquí?
-Nada . Ni si quiera sé donde estoy. Lo último que recuerdo es estar en mi cama...

En ese momento, Scout había entendido porque aquel lugar era tan raro.

"Esto debe ser un sueño"

-Si no tienes nada que hacer... - volvió a decir "el Juez"- quizás podrías hacerle un favor a este mundo. Últimamente hay muchos espectros haciendo de las suyas en las zonas que lo componen. Yo podría hacerte de guía por este área y explicarte como funciona nuestro peculiar entorno.
-Así que tengo que darle caña a unos fantasmas. Me gusta la idea.

De vuelta al presente, "el Juez" había reparado en la presencia de Scout y se había acercado a hablar con él.

-Saludos, mi querido y enérgico compañero, ¿no te ha traído tu viaje a un lugar de óptimas condiciones?
-Pues si te digo la verdad, este sitio da más mal rollo que la otra zona- respondió Scout encogiéndose de hombros.- Los tíos de ahí dentro tienen libros de mentira porque les dan miedo los de verdad. Además, ¿a qué tarado se le ocurrió la idea de poner puzzles en una biblioteca? Y el fucsia del exterior de los edificios me daña la vista. Le doy un cero- criticó el joven.
-Yo debo admitir que estoy encantado con ella. Esta zona es más seca que los parajes anteriores- opinó el sonriente gato.- A los felinos no nos agrada la lluvia.
-Es verdad: los gatos odiáis el agua. Cada vez que Engineer trata de bañar a su gato acaba lleno de arañazos- comentó Scout, divertido al recordar la escenita que montó el gato de Engineer la primera vez que trataron de darle un baño. Si no hubiera sido porque la mano derecha de Engineer era metálica, el animal se la habría destrozado con sus "zarpitas".
-En fin, he oído de un viejo amigo que el centro comercial del norte ha caído victima de los asaltos ectoplásmicos. Quizás sería sabio por tu parte ir allí y ...¿cómo decías?¿Darles caña?- Scout asintió y decidió seguir el consejo del "el Juez". Tras despedirse de él brevemente, se dirigió hacia el centro comercial.

Nada más entrar allí, volvió a encontrarse con el vendedor.

- ¿Por qué sigues aquí?- le preguntó este nada más verle.- ¿Y por qué no estás respetando el guión?
-¿Guión? Que le jodan al guión. Yo haré lo que me de la gana, que para algo este es mi sueño- le replicó Scout de mala manera.
-Entonces, ¿vas a seguir adelante? ¿Incluso si eso al final solo te acaba perjudicando?

-Un sueño es solo eso: un sueño- repuso Scout.- Y quiero saber cómo acaba...

El vendedor rió y dijo:

- Sigue adelante, pues. Pero no digas que no te lo advertí.

Scout entonces se había adentrado en las galerías del laberíntico centro comercial. Tras dar vueltas como un loco, eliminado a los fantasmas que encontraba a su paso, por fin había dado con la salida, pero antes de atravesarla, resonó un alarido sobrehumano.

-¡ARRIBA, PANDA DE VAGOS! ¡HOY SALIMOS AL CAMPO DE BATALLA!

Aquel era el grito que todas las mañanas, sin falta, despertaba a toda la base (salvo a Sniper, quien solía madrugar), en las que había que combatir. Soldier afirmaba que los gritos motivadores eran el mejor despertar para los guerreros. Para este grupo de guerreros, los gritos motivadores solo daban más ganas de mandar a la mierda a Soldier.

Scout despertó en su cama, y lo interpretó como señal de que aquella noche no había ocurrido nada. Parecía mentira que hubieran pasado sólo dos días desde que supuestamente atacase a Demoman por la noche, pero el cansancio de la batalla y el viaje habían hecho que pareciese como un evento lejano, como si todo no hubiera sido más que una pesadilla.

Scout se vistió e hizo una rápida visita al cuarto de baño para lavarse la cara.

-Maldito Soldier- mascullaba Scout por lo bajo mientras bajaba la escalera para ir a desayunar.- Estos sueños son raros, pero muy interesantes. ¿Por qué me ha tenido que despertar tan pronto?

Scout entró en la cocina, donde ya estaba todo el equipo esperando a que Engineer sirviera las tortitas. El desayuno transcurrió con normalidad, salvo que extrañamente fue Spy quien salió a recoger el correo pese a que era el turno de Medic para hacerlo. Sniper leía en voz alta las noticias más interesantes que encontraba en el periódico, Wheatley no dejaba de decir tonterías, Soldier comentaba la absurda estrategia del día que nadie iba a seguir y Scout trataba de mangar comida a los demás mientras estaban despistados... Justo cuando terminaron, sonó la sirena que los llamaba a combatir.

Los nueves mercenarios fueron directamente a la sala de reaparición a ultimar los preparativos. Cada uno se equipó sus armas (y sombreros favoritos) y esperaron al final de la cuenta atrás.

En Nightfall la "misión", que como todas las misiones más bien parecía ser un juego, consistía en una carrera de vagonetas de tres rondas. El primer equipo que llevara el carro-bomba a la base del otro ganaba la ronda y conseguía más ventaja para la siguiente. En la última ronda, el carro ganador explotaba y a los perdedores se le descontaban los destrozos causados de su sueldo.

Las puertas se abrieron y Scout montó sobre la vagoneta, porque por algún motivo que desafiaba a la lógica, esta consideraba que la estaban empujando dos personas cuando Scout la tocaba. Con él estaban Medic y Heavy. Los demás habían ido a despejar el camino o a colocar las defensas.

Durante los primeros segundos, el trayecto fue tranquilo pero el trío de la vagoneta no tardó en encontrarse cara a cara con un grupo de miembros del otro equipo. Pero ya estaban preparados para tal eventualidad. Medic solo tuvo que activar una Übercharge sobre Heavy para acabar con todos aquellos que no lograron huir a tiempo al ver como se volvían invencibles. A los pocos segundos, cuando el efecto de la über había pasado, Scout oyó un peculiar sonido a espaldas de sus compañeros.

-¡Cuidado!- gritó al reconocer que aquel ruido lo había hecho el Spy del BLU al hacerse visible con el Duplicante, muy cercano a ellos. Antes de que el Spy enemigo pudiera reaccionar, Scout saltó sobre la espalda de Heavy con rapidez y le disparó en la cara.
-Scout honra a equipo- le agradeció Heavy.

Parecía que todo les iba como la seda, pero al siguiente paso entraron en el rango de una centinela enemiga que estaba estratégicamente colocada y tuvieron que abandonar la vagoneta para ponerse a refugio de las balas mientras esperaban a que Medic completase una segunda über. Lograron salir de su rango con apenas un par de heridas, pero fueron a dar de bruces contra una trampa de minas del Demoman enemigo que este no tardó en explotar, poniendo fin a sus vidas.

Tras reaparecer, los tres se encontraron con Spy.

-No he podido quitar aún esa centinela- admitió el francés, frustrado.- Su Pyro no para de esparcir fuego por todas partes y para una vez que me cuelo y consigo quitar de medio al Engineer y poner el zapador, resulta que el maldito monstruo lleva "el demoledor" encima.
-¡No te quejes, que es a mi al que le han dado un martillazo!- exclamó Wheatley.-Bueno, en realidad se lo han dado al receptor.

-Oh, ¿al pequeño cacharrito le han dado un martillazo en el receptor? Pues a mi me han quemado vivo tres veces, así que no lloriquees porque dudo que una máquina pueda sentir dolor- le echó en cara Spy al AP-SAP.- Y no: uno nunca se acostumbra a morir calcinado.

-El enemigo se aproxima al punto- anunció la Administradora.
-No bueno...- murmuró Heavy preocupado.
-Más vale que volvamos a la carga rápido- opinó Medic. Sus compañeros asintieron y se apresuraron a salir a ayudar en la defensa.

Sin embargo, era demasiado tarde: las defensas del RED habían caído sus rivales ganaron la primera ronda.

El equipo juró que eso no volvería a pasar la segunda ronda. Spy se alió con Scout para acabar con el nido del Engineer enemigo, el segundo distrayendo al Pyro mientras el primero acababa con las construcciones. Soldier, Heavy y Medic fueron esta vez los encargados de mover la vagoneta, mientras Demoman se dedicaba a poner trampas con sus bombas lapas al equipo enemigo. Sniper, Engineer y Pyro se quedaron defendiendo en la línea trasera. Finalmente consiguieron ganar, con una über que Soldier y Medic usaron para despejar el punto de control. Aquella victoria dejó a ambos equipos en una condición de igualdad para la última fase.

En la tercera ronda ambos equipos lucharon con ferocidad para proclamarse campeones. Cohetes y granadas, llamas y balas, jeringuillas y jarras de pis volaban de un lado a otro en el campo de batalla, los dieciocho mercenarios dando lo mejor de si mismos para acabar con sus rivales. Finalmente, Demoman, Scout y Spy lograron alcanzar el punto final con la vagoneta tras echar abajo las defensas del enemigo. Los tres (junto con el Demoman y el Engineer del BLU, quienes eran la última línea de defensa) se apartaron corriendo antes de que se produjera la explosión.

Pero esta no se produjo.

-¿Qué?- se preguntaron los miembros del RED, confusos.
-¿Qué?- se preguntaron los miembros del BLU, confusos pero aliviados.
-¿QUÉ?- gritó la Administradora indignada, su mensaje retrasmitiéndose a la vez, pero por canales diferentes, a ambos equipos.- ¿Puede alguno de vosotros, panda de incompetentes,explicarme por qué no ha explotado la vagoneta?

Todos los miembros de ambos equipos miraron a los dos Engineer quienes a su vez se miraron entre ellos.

-Acércate tú- le dijo uno a otro, temeroso de que explotara cuando estuvieran cerca.
-Ni hablar: te acercas tú.
-Bueno, lo hacemos los dos a la vez, ¿vale?- sugirió el primero. El otro Engineer asintió.

Ambos Engineer bajaron a la zona donde había caído la vagoneta y se aproximaron con precaución para examinarla. Tras pulsar un botón, la bomba de la vagoneta se abrió como si fuera un cofre.

-Esperad. ¿Me estáis diciendo que eso no es bomba grande y es en realidad un contenedor con forma de bomba que tiene bombas más pequeñas dentro?- preguntó el Sniper del RED, diciendo en alto la pregunta que tenían en mente muchos de los mercenarios. Los ingenieros asintieron.-¿A quién se le ha ocurrido algo así?
-A Redmond y Blutarch- respondieron ambos Engineer al unísono.
-No sé por qué no me sorprende...- murmuró el australiano.

Los dos Engineer procedieron a revisar el interior de la bomba falsa, pero se llevaron una desagradable sorpresa.

-Está vacío... ¿cómo han podido robaros los explosivos?- preguntó el Engineer del BLU.
-No ha sido cosa nuestra: anoche revisé todas las defensas de la base y funcionaban bien. Y ya deberías saber que es la Administradora la que se encarga de la seguridad externa- le susurró el del RED de vuelta.
-No es mi culpa que vuestros compañeros sean unos descerebrados que no saben defender los recursos que pongo a su disposición sin mi ayuda- respondió la Administradora sólo a los dos Engineer.- Además: yo también necesito dormir- la mujer hizo una pausa, probablemente para tomar una calada de su cigarro, antes de añadir esta vez para los equipos completos - revisaré las grabaciones de seguridad de esta noche, a ver si encuentro algo.

A los pocos segundos, la Administrador volvió a hablar.

-La cámara del almacén de BLU está dañada desde las 03:14, y la del almacén de RED está dañada desde las 04:02- expuso.- Ninguna otra cámara ha captado nada. Se abrirá un expediente y mandaré a un investigador a investigar lo ocurrido. Hasta que no se aclare nada, las misiones quedan canceladas.

Todos los mercenarios gritaron varias protestas que llegaron a oídos sordos. Algunos se quejaban porque al cobrar por misiones iban a perder dinero, otros porque les gustaba la violencia y el resto por ambas cosas. Finalmente, todos suspiraron resignados y se fueron cada uno a su base.

-No me agrada nada tener a los criados de la arpía por aquí- comentó Soldier con rabia mientras abría la puerta de la base.
-Ya somos dos- concordó Demoman.- Pero ero si lo piensas es lógico que quiera saber que ha pasado. ¡Han desaparecido kilos de explosivos como si nada!

El equipo entró en el salón, que estaba decorado igual que el de la base de Sawmill, aunque era ligeramente más pequeño.

-¿Y qué hacemos ahora? Necesito actividad y simplemente darle vueltas a la base es aburrido- se quejó Scout.
-¿Os apetece una partida de baloncesto?- sugirió Soldier a Demoman y Scout, pues sabía que a ellos le gustaba ese deporte.
-¿Con que pelota?- le cuestionó Demoman.
-¡Podemos usar la cabeza viviente del Spy del BLU que tiene guardada Medic!- sugirió Soldier.
-Ya me gustaba la idea, pero ahora sí que no pienso negarme- rió Scout maliciosamente.-Doc, ¿nos dejas la cabeza del Spy?
-Un experimento para ver cómo reacciona alguien al ver su propia cabeza usada de pelota suena interesante. Tenéis mi permiso sólo si me dejáis unirme- accedió Medic.
-Yo también quiero- dijo Sniper, cosa que sorprendió a sus compañeros, pues el australiano no solía participar en sus actividades.- Hoy el Spy del BLU me ha apuñalado varias veces y no he tenido oportunidad de vengarme. Quiero oírle gritar- explicó el australiano.

Pyro se acercó a ellos dando saltitos, por lo que todos interpretaron que el piromaníaco también quería jugar.

- A Heavy no gustar idea, pero si todos jugar, Heavy apuntarse. Cosa poder salir de control y no querer que nadie salga herido. Heavy evitará desmadramientos.
-Bueno, solo quedan por unirse Engineer y Spy- dijo Soldier satisfecho, mirando a los aludidos.

Spy puso los ojos en blanco. No pensaba participar en aquella barbarie aunque no tuviese algo mejor que hacer.

-Yo tengo varios asuntos que atender, y contra antes me ponga a ello mejor- dijo Spy.- Nos vemos a la hora de cenar. Disfrutad de vuestro jueguecito- añadió con sarcasmo.
-Y yo debo ocuparme de revisar las defensas de la base para ver lo que ha fallado. Lo siento chicos, otro día será- se excusó Engineer.

El francés salió del salón y se dirigió a su habitación. El resultado de la investigación de Miss Pauling había llegado por la mañana, tal y como la joven había prometido, pero no había tenido tiempo de leerlo. Nada más entrar, cerró la ventana para no oír los chillidos de la cabeza del Spy del BLU y así no distraerse con los gritos de su propia voz pidiendo por auxilio. A continuación sacó a Wheatley de su chaqueta y lo dejó en la cama.

-Oh, hola compañero - saludó el zapador al ver a Spy.-¿Qué tienes en la mano?- preguntó dirigiendo su ojo al sobre de Miss Pauling.- ¿Una carta de una admiradora?
-Es algo importante. De hecho, es tan importante que te voy a guardar en el cajón para que no molestes- le dijo al zapador.
-No, no tranquilo. Me callaré. Tengo libros en mi base de datos para leer, porque ya sabes que soy un intelectual y todo eso. Te prometo que no molestaré- rogó el zapador.
-Vale, pero al mínimo ruido vas al cajón.

Tras sentarse en su butacón de lectura, Spy abrió la carpeta. El francés contempló con sorpresa el contenido: era más de lo que esperaba.

-Adoro como trabaja esta chica- dijo satisfecho mientras sacaba un recorte de periódico con varias cosas subrayadas y apuntes con una letra elegante, la de Pauling, en los bordes. " Banquero secuestra a dos niños y se suicida" rezaba el titular.

- La historia que nos contó Scout

Spy comenzó a leer con interés la versión oficial de los hechos, en la que Miss Pauling había subrayado algunas cosas interesantes: "El hombre era adorado por sus empleados y una persona muy respetable", "sin historial delictivo" "aquella mañana, unos gamberros habían escrito en la pared varias pintadas que decían cosas raras y en cierto modo siniestras, como "incluso los dioses caen algún día"y "ahora es tú turno de huir". Miss Pauling, además, había agregado un par de fotos de la casa de aquel banquero con las pintadas y sin ellas, así como una ficha con información detallada del sujeto que había secuestrado a Scout y su amiga trece años atrás. Spy leyó cada detalle de la información que Miss Pauling había logrado recoger en una noche. Decididamente, invitaría a la muchacha a una cena amistosa en cuanto pudiera. Sonrió divertido al imaginar los celos de Scout cuando lo hiciera.

El joven por su parte se había marchado a su habitación y se había puesto a leer su colección de cómics. No sabía cuanto tiempo llevaba sumergiéndose en las páginas de "Spidermann" o "El Capitán Australia" (que eran los únicos cómics que suministraba MannCo aparte de las aventuras de Saxton Hale) cuando una visita inesperada lo sacó de su lectura.

"Hola"

A Scout se le calló el cómic de las manos, dando un respingo al oír de pronto la voz de "Bat" en su mente.

-¡¿Qué cojones estás haciendo aquí?! - le gritó enfadado.

Ahí, frente a su cama, estaba él, con exactamente la misma apariencia con la que lo recordaba de años atrás. Scout lo miró con fría furia.

"Aún estás enfadado..." inquirió el Bateador.

-No jodas, Sherlock. Apareces después de trece años, te das vueltas por el país imaginario de uno de mis compañeros y poco después atacan a uno de ellos y dudo mucho que sea coincidencia... ¿Fuiste tú verdad?- le acusó Scout.

"¿Como te has dado cuenta?"

-¡Me debes una explicación muy gorda, Bat!- le recriminó ignorando la pregunta de este.- Y no me voy a tragar el cuento de que eres un héroe que está salvando el mundo.

"Purificando el mundo" le corrigió.

-Es lo mismo, ¿no?

"Tienes razón: te debo una explicación" dijo el Bateador tras un silencio incómodo. "Ven conmigo"

-No voy a moverme de aquí- se negó Scout.

"Entonces te vas a quedar sin respuestas" replicó "El Bateador" encogiéndose de hombros.

Y dicho esto, "el Bateador" saltó por la ventana. Scout lanzó un par de maldiciones por lo bajo y deliberó durante unos cuantos segundos lo que debía hacer. Finalmente decidió seguir a su viejo amigo.

El joven se apoyó en la ventana y se deslizó por un tubo de desagüe hasta el jardín exterior de la base. La leve lluvia que había acompañado durante todo el día había cesado, pero la temperatura había bajado bastante. Aún así, Scout siguió decidido a su antiguo amigo hacia los límites que separaban la base del bosque. Pese a la oscuridad de la noche, la silueta de "el Bateador" parecía emitir una tenue luz propia. El purificador se encontraba ya tras los límites de la base, adentrándose en el bosque. Scout trepó la alta verja que llevaba al otro lado.

-Más vale que merezca la pena...

Tras horas leyendo los documentos de Miss Pauling, los cuales Spy había esparcido y pegado en la pared de manera organizada para poder estudiarlos mejor, el francés suspiró resignado. Esperaba que la investigación de Miss Pauling arrojase alguna pista sobre la identidad de "el Bateador", o al menos una idea del motivo que le llevó a atacar a no sólo a aquel banquero, sino a dos hombres más.

Miss Pauling también le había dado informes de dos casos similares que habían ocurrido en diferentes intervalos de tiempo: uno de ellos correspondía a un hombre fornido, patrón de construcciones, y el otro correspondía al que aparentemente había sido un reputado médico de un prestigioso hospital de Boston, conocido por tratar enfermedades raras no contagiosas. Reconocía el nombre del hospital, pues él había pagado la factura médica de la madre de Scout cuando ella había dado a luz al joven allí.

Las condiciones de los crímenes eran casi idénticas: ambos habían tenido vidas normales hasta que de pronto habían enloquecido y se habían acabado suicidando. Sólo se diferenciaban en los mensajes de las pintadas que habían aparecido en sus casas, por lo que Spy no tenía dudas de que ambos acontecimientos habían sido también a causa de "el Bateador". Pero, ¿por qué motivo? Aparte de las circunstancias de su muerte, no había nada más que los conectara.

Además, en cuanto a aquel hombre que secuestró a Scout, no había ninguna referencia a enemigos mortales, posibles estafas que hubiera cometido, problemas legales, asuntos con compañías rivales ni nada por el estilo, por lo que no había nada que apuntara a una persona concreto que quisiera vengarse de él, y eso también se aplicaba a los otros dos casos.

Spy dio una calada a su cigarro sin apartar la vista de los documentos. Era extraño: la investigación de Miss Pauling era profunda y estaba llena de información relevante e importante, pero aún así parecía estar incompleta. Además, la joven siempre escribía su propia conclusión al final de sus investigaciones, pero esta vez esa conclusión no estaba en ningún lado. La pieza que le faltaba al rompecabezas seguía ausente.

-Bateador...¿quién eres?- se preguntó en voz alta.

-Miaou, esa no es la pregunta que deberías estar haciéndote.

Spy se giró sobresaltado. Tras él había aparecido, aparentemente de la nada, un hombre con una máscara similar a la cara de un gato sonriente. Su cuello era ancho y llevaba un jersey blanco con un corazón negro en medio. En un fugaz movimiento, el francés sacó un revólver de su chaqueta.

-¿Quién eres tú y cómo has entrado aquí?- le preguntó en tono amenazador mientras le apuntaba.
-Y de nuevo te equivocas de pregunta- se limitó a responder su misterioso interlocutor, ignorando el hecho de que Spy le estuviese apuntando con un arma.- Pero supongo que debo responderte. Me llamo Zacharie. Normalmente soy un mercader, pero os he visto necesitados de guía en este asunto contra cierto bateador y he asumido mi otro rol. He podido entrar porque mi habilidad es aparecer allí donde se me necesite- explicó.

Spy le miró fríamente.

-¿Conoces "al Bateador"?- le preguntó sin dejar de apuntarle.
-Lo suficiente para saber que no hay nada en esta realidad que pueda detenerle- respondió Zacharie.- Si os ha marcado como objetivo, removerá cielo y tierra para purificaros.

El francés se quedó pensativo unos segundos. Nada en esta realidad...¿ qué significaba eso?

- Has dicho que su identidad no es la pregunta que debería hacerme- dijo el francés.- ¿Cuál es entonces?
- En verdad, son tres- respondió Zacharie para sorpresa de Spy.-La primera es: ¿por qué no habéis tenido noticias de él en las últimas veinticuatro horas?

Spy no había reparado en eso. Si tan empeñado estaba su enemigo en acabar con ellos, ¿por qué no se había producido ningún ataque? ¿Qué estaba planeando?

-Dos: ¿qué va a pasar cuando suene la novena campanada?- siguió enumerando Zacharie. Y, antes de que Spy pudiera pensar en aquella extraña pregunta, añadió- y tres: ¿dónde están los explosivos?

Los ojos de Spy se abrieron en shock al entender el significado de aquellas últimas palabras. Había deducido las respuestas a las preguntas que Zacharie había pronunciado, y no le gustaban para nada. No dudó un segundo en salir corriendo de la habitación a avisar de sus compañeros del peligro mortal que corrían.

-Que comience el juego- comentó Zacharie sonriendo para sí bajo la máscara. Antes de desaparecer de aquel lugar, echó una mirada rápida a los documentos que Spy había colgado en la pared y su sonrisa se hizo aún más grande. No importaba cuanto mirase aquel mercenario el rompecabezas: nunca podría resolverlo. Él tenía la pieza que faltaba, los documentos que había robado aquella mañana, bien oculta en su mochila.