The Race of a Thousand Ants

Había pasado ya más de una hora desde que Medic enviase a Pyro al sueño de Scout, y los mercenarios no podían ocultar su nerviosismo y preocupación. No podían hacer nada desde fuera, y pese a que Medic no había tardado en descubrir formas alternativas de entrar en un mundo onírico, no disponían de los medios para ello.

-Yo sigo diciendo que lo más viable es invocar a un demonio para que nos abra una "puerta onírica"- defendía Medic, sin poder ocultar su entusiasmo.

-Oh sí: como si un espectro de sueños no nos estuviera dando ya bastantes problemas, tu quieres invocar algo más peligroso- le recriminó Demoman.

-Sería divertido- insistió Medic con una sonrisa.

-No, no lo sería- replicaron Demoman, Engineer, y Sniper a la vez.

Spy puso los ojos en blanco, apartó la mirada del resto del equipo y se fumó el tercer cigarrillo de la noche. ¿Por qué había cambiado "el Bateador" tan bruscamente de objetivo? ¿Por algo que Scout había descubierto en sus sueños? Debía ser eso. Pero, ¿el qué?

-¡Esto agobia a Heavy!- exclamó de pronto el ruso, sacando a Spy de sus cavilaciones. En su tono de voz, se notaba la rabia y frustración que sentía.- Pequeño Scout estar en peligro y equipo aquí quieto sin hacer nada.

- Tampoco es que podáis hacer algo.

Los mercenarios se incorporaron de un brinco, dejando de lado lo que estaban haciendo, y agarraron las armas más cercanas a ellos al oír aquella voz. En un segundo, Zacharie, quien había aparecido de la nada, se vio rodeado por un serrucho, tres escopetas, un revolver, una espada y un machete. Pero eso no pareció preocupar en absoluto al misterioso mercader, que se limitó a sonreír bajo su máscara de gato.

-¿Qué quieres ahora, Zapatería?- preguntó Soldier con tono autoritario.

-Es Zacharie, si no te importa- le corrigió el mercader con total tranquilidad, pero un poco molesto al ver que se habían equivocado con su nombre.

-¡TE LLAMARÉ COMO ME DE LA GANA, GUSANO COBARDE!- le gritó el americano furioso. Y acercando su escopeta al pecho del mercader, demandó: - más vale que nos digas que pretende ahora tu amiguito el fantasma, si no quieres acabar como un colador.

Zacharie se limitó a reír.

-¿Qué pretende? Pues, tal y como os advertí, va a eliminar a Scout- se limitó a responder.- Las elecciones que ha tomado vuestro compañero en el mundo onírico le han hecho ver que "el alma del joven está demasiado corrompida por la maldad de ambos mundos como para poder ser salvada"- citó imitando de mala manera la voz y actitud de "El Bateador".- Así que ha decidido que debe conservar sólo su cuerpo.

-¿A qué se ha debido ese cambio brusco de planes?-le interrogó Spy.- ¿Qué elecciones ha tomado Scout para que "el Bateador" quiera matarle? ¿Qué ha encontrado?

-No ha encontrado nada... aún. Pero está demasiado cerca de encontrar algo que podría destrozar toda la obra de "el Bateador"- respondió, conservando siempre un tono burlón que ponía nerviosos a todos los mercenarios.-Y eso no nos conviene a ninguno de los dos. Vuestro amigo ha metido las narices en donde no le importa y eso va a costarle la vida. Por supuesto, el guardián del mundo onírico llamado Pyrolandia también ha de caer con él - añadió Zacharie, y aquellas palabras no hicieron sino enojar aún más a los mercenarios, sobre todo a Engineer.- Y ahora debo irme. Puede que mi socio necesite de mis servicios.

Con un chasquido de dedos Zacharie desapareció del círculo de mercenarios armados que le rodeaba, dejando a los siete hombres frustrados mientras bajaban sus armas lentamente.

-¿Qué cojones es ese tipo? - preguntó Demoman, aún sabiendo que nadie podía responderle.

- Por si no estuviéramos nerviosos ya, ahora llega ese pedazo de hijo de puta a reírse de nosotros y empeora las cosas. Como pille a ese cabrón...- gruñó Engineer, y sus compañeros sabían que estaba realmente furioso porque sólo en ese estado soltaba palabras de semejante calibre.

Medic suspiró, recogió el libro, que había tirado bruscamente al coger su serrucho, y volvió a sumergirse en su lectura. Aunque dudaba poder encontrar algo útil, era lo único que podía hacer para pasar el rato, ya que su reserva privada de cadáveres para experimentar se había perdido en la explosión de Sawmill.

-Supongo que tendremos que tener fe en Scout y Pyro- comentó Sniper.

-Pues a mi eso no me anima mucho...- replicó Soldier.

Scout y Pyro aparecieron en la última zona: "la Habitación". Scout suspiró. Después de un largo viaje, por fin había llegado al lugar donde encontraría las respuestas que tanto buscaba. O al menos, eso esperaba.

Se encontraban en una estancia pequeña, de paredes negras y donde el suelo hacía las veces de una isla rodeada de plástico. La sala sólo tenía una salida: una estrecha puerta a través de la cual sólo se veía una peculiar luz blanca. Sujetando a Pablo, quien seguía sin recuperar la consciencia, entre sus brazos con firmeza, el joven lanzó una mirada a Pyro, quien asintió con determinación.

-Bueno, ¿entramos ya o esperamos a que ese tipo nos alcance y nos mate?- preguntó Globunicornio con impaciencia.

Juntos dieron un paso adelante, adentrándose en la luz, decididos a encontrarse con la Reina y acabar con aquella pesadilla de una vez por todas.

Lo que les recibió fue un largo pasillo que de nuevo conducía a una única salida. Avanzaron con paso cauto, sin saber si podría haber alguna trampa en aquel lugar, pero llegaron al otro lado sin que ocurriese nada extraordinario.

La siguiente sala era bastante grande, pero estaba completamente vacía salvo por un rincón en el que alguien había colocado unas sillas. De nuevo, sólo había otra puerta aparte de la cual por la que habían entrado, esta de un tamaño mayor.

Aquella última puerta les había llevado a una pequeña habitación donde sólo había una cama. Pyro, nada más verla, saltó y empezó a botar sobre ella. Scout puso los ojos en blanco ante el infantil comportamiento del pirómano y examinó la habitación, pero aparte de la cama no había nada más que una página de un calendario en la pared.

- Eh, ¿puede alguno de los dos leer lo que pone ahí?- pidió Scout a sus acompañantes al ver unas palabras medio borrosas debajo de la fecha del calendario.

-Puedo intentarlo si no es algo muy complejo: Engi me ha estado enseñando- se ofreció Pyro, dejando de saltar en la cama y acercándose al calendario.- A ver, aquí pone: "Febrero 11 Domingo", y debajo "Zacharie es el mejor tipo que conozco, es muy simpático"- leyó con la lentitud propia de un niño que acaba de aprender a leer.

Scout rió secamente por lo bajo al oír aquellas palabras. Al menos con él el tal Zacharie no había sido simpático ni de lejos.

Scout echó un último vistazo a la habitación. No había ni ventanas ni más puertas en ella y, por lo tanto, no había nada más que investigar.

-Aquí no hay, nada ni nadie. Menudo chasco, ¿tanta mierda hemos pasado para llegar a esta porquería de sitio?- gruñó Scout.- Vámonos, Pyro- le dijo a su compañero mientras abandonaba aquel fiasco de estancia.

Sin embargo, al regresar a la estancia anterior las sillas no estaban colocadas en el mismo lugar: alguien las había colocado formando una especie de círculo.

-Es una cara sonriente- informó Globunicornio, quien al ser capaz de flotar podía ver la composición desde un punto alto.

-No lo entiendo- dijo Scout confundido, mientras daba un rodeo alrededor las sillas.- No hemos oído ningún ruido de sillas moverse, y tampoco a alguien le hubiera dado tiempo de colocar todo esto así mientras estábamos hay dentro. ¿Qué crees que ha pasado, Pyro?

Pyro se encogió de hombros y respondió:

-Quizás hayan sido los espectros.

-No hemos visto a ninguno desde que hemos llegado- refutó Scout.

Ambos mercenarios dieron un par de vueltas más alrededor de las sillas, por si acaso fuese un puzzle. Al ver que no pasaba nada, decidieron abandonar la sala y regresar a la entrada de aquel siniestro sitio, en busca de alguna pista que se les pudiera haber pasado.

Sin embargo, al atravesar la puerta que supuestamente daba al pasillo que conducía a la entrada, volvieron a encontrarse en ella habitación pequeña.

-¿Qué cojones está pasando aquí?- exclamó Scout.

-¡Mira! ¡Eso no estaba antes!- informó Pyro señalando a la pared.

El piromaníaco tenía razón: al lado del calendario había aparecido lo que parecía ser una página de un diario pegada a la pared. Los tres se acercaron a ella y Pyro comenzó a leerla.

-"Este sitio no me gusta mucho. Por suerte, papá está aquí. Hoy hemos jugado juntos. Me ofreció un cómic. Me dijo que estaba enfermo y que tenía que tomarme estas pastillas".

Una idea pasó por la cabeza de Scout: la letra del diario parecía ser de un niño pequeño. Un niño pequeño que además estaba enfermo. ¿Podría ser aquella la habitación de Hugo, el "soñador" que había creado aquel mundo?

-Este sitio me da mala espina. ¿Podemos irnos?- pidió Globunicornio.

Scout examinó la habitación de nuevo, por si había aparecido algo más. Al no ver nada raro, decidió abandonarla a ver si algo más había cambiado.

Para su sorpresa, no habían vuelto a la sala de las sillas, sino a la entrada.

-Vale, esto ya empieza a dar mal rollo- pensó Scout en voz alta, desconcertado. Su opinión era compartida por sus dos acompañantes.

Con muchísima menos determinación que al principio, debido a los extraños eventos que acababan de presenciar, decidieron adentrarse en el pasillo una vez más. Pero esta vez el pasillo no estaba vacío.

-¡¿PERO QUÉ COJONES ESTÁ PASANDO AQUÍ?- exclamó Scout, alarmado al ver como una docena de criaturas deformes, semejantes a osos blancos, se acercaban a ellos amenazantemente.

El grupo de Scout adoptó una posición defensiva al ver las criaturas cada vez más cerca. Los osos se abalanzaron sobre ellos.

-¡Deteneos!- oyeron gritar a una voz infantil desde el fondo del pasillo, que inmediatamente comenzó a toser con violencia.

Los osos se convirtieron en un montón de peluches, que comenzaron a desaparecer hasta que sólo quedo uno.

Scout y Pyro miraron al final del pasillo. Un niño que en apariencia no podría tener más de cuatro o cinco años y de aspecto debilitado, se encontraba apoyado en el marco de la puerta. En sus brazos sostenía lo que parecía ser una pata de jamón.

El niño comenzó a andar hacia Pyro y Scout, con pasos lentos y débiles. Los dos mercenarios fueron todo lo rápido posible hacia él, Pyro sujetándole antes de que cayera al suelo.

-Lo siento. Esas defensas no eran para vosotros...- se disculpó el pequeño.- Quien quiera que seáis-

-¿Eres Hugo?- adivinó rápidamente Scout al ver la cara del niño de cerca, sin llegar a entender por qué parecía incluso más pequeño y frágil que en la fotografía de la ficha médica.

El niño asintió, visiblemente sorprendido al ver que aquel desconocido conocía su nombre, antes de comenzar a toser de nuevo.

-¿Cómo sabéis quien soy?- quiso saber Hugo.

-Una larga historia...- respondió el joven mercenario.- Yo soy Scout, y este friki de aquí es Pyro- presentó a continuación. Pyro saludó alegremente.

-Ah, y a mí que me den, ¿no?- se quejó Globunicornio.

-¡No uses ese vocabulario delante de un niño!- riñó Pyro a su amigo imaginario.- Este es Globunicornio. Parece antipático, pero en el fondo es un trocito de pan- añadió dirigiéndose a Hugo, mientras le apretaba de las mejillas al globo con cariño.

El niño contempló a los tres durante un instante antes de fijarse de lo que llevaba Scout e sus brazos.

-¡Un gato malherido!- exclamó Hugo preocupado.- Ha sido él, ¿verdad?- añadió frunciendo el ceño.

-Si por él te refieres a "el Bateador", sí: ha sido él- confirmó Scout.

-¿Acaso viene hacía aquí?- preguntó asustado el niño al mercenario, quien asintió.- Pero entonces... no, no puede ser- balbuceó Hugo, cada vez más asustado y con lágrimas en los ojos.- ¿Por qué ya no puedo sentirlos? ¿Dónde están el señor agradable, el pajarito y el señor grande? ¿Cómo lo ha hecho tan rápido? Hace un momento los tres estaban bien. ¿Cómo ha podido pasar?

Hugo comenzó a hiperventilar y toser violentamente, consternando a Scout y Pyro, quienes no sabían que hacer en aquella situación.

-¡Cálmate, peque!¡No permitiremos que te haga daño, ¿vale?!- le prometió Scout al chiquillo, mirándole a los ojos. El pequeño asintió, calmándose poco a poco. Por alguna razón, aquel extraño le inspiraba confianza.

-¿Qué estáis haciendo aquí?- preguntó Hugo una vez se hubo tranquilizado.

-Queremos hablar con la Reina- respondió Scout inmediatamente, pues estaba esperando esa pregunta.- Y ver si puede curar a Pablo- añadió extendiendo al gato.

-Entiendo. Voy a avisarle. Mientras podemos esperar en mi habitación.

Hugo, caminando de la mano de Pyro, condujo de nuevo al trío por la sala de las sillas y volvieron a la habitación pequeña, aunque ahora esta era de color rojo, con un extraño grabado en la pared.

El niño hizo aparecer una cama e invitó a Pyro y Scout sentarse. El bostoniano acomodó a "el Juez", quien hizo un leve movimiento, pero no se despertó.

-Ella no tardará en venir- informó Hugo a sus invitados.

-¿Qué pasa con "el Bateador"?- le preguntó Scout.

-Mis defensas se han reactivado. Probablemente tarde bastante en llegar hasta nosotros,así que mientras, si quieres, puedes entretenerte con esto- informaba Hugo mientras extendía un cómic a Scout.- Es mi cómic favorito. Una de las pocas cosas que me regaló mi padre, junto a una caja de música, pero esta última se perdió- explicó con nostalgia.

Scout se acordó de algo. Rebuscó rápidamente entre las cosas de su mochila y extrajo un pequeño objeto de ella.

-¿Es esta, por casualidad?- dijo Scout con una sonrisa mientras mostraba la caja de música al pequeño.

-¡Las has encontrado! - exclamó este, sonriendo por primera vez.-¿Dónde estaba?

-En un cofre en la zona 3- respondió Pyro.

-¿Cómo habrá llegado hasta allí?- se preguntó Hugo en voz alta mientras abría la caja de música, una corta melodía de notas melancólicas saliendo de ella

-Tú sabrás, al fin y al cabo tu creaste este mundo- le dijo Scout.

De nuevo Hugo le miró, anonadado.

-¿Cómo sabes tanto de mí y este lugar?

- Las hemos pasado canutas por culpa de "el Bateador"- respondió Scout.- Al parecer mi novia tuvo que investigar bastante para dar con información útil sobre lo que estaba ocurriendo- añadió, poniendo una sonrisa bobalicona al pensar en Miss Pauling.

La risotada de Pyro cortó completamente la sonrisa de Scout.

-Scout, déjate de ilusiones: Miss Pauling no es y nunca será tu novia- le dijo Pyro en tono de burla.-Alguien tan guapa, inteligente y en general genial como ella nunca se enamoraría de un tipo creído, prepotente, arrogante, canijo y bobo como tú- añadió con sarna.

-Te prefería cuando no era capaz de entenderte- le espetó Scout.- ¿Cómo te soporta Engi?

-Pregúntaselo a él- le respondió.

-Entonces, ¿vosotros venís del mundo real?- quiso saber Hugo, cortando la discusión.

-Bueno, al menos yo. El friki y el unicornio antipático vienen de Pyrolandia según ellos- respondió Scout.

-¡A tu madre no le parecí tan antipático la otra noche cuando me la tiré!- replicó Globunicornio, ofendido.

-Uno: mi madre no puede verte y ni si quiera sabe que existes, así que esas palabras no funcionan viniendo de ti- respondió Scout. Y luego le echó en cara:- Dos: esas cosas no se dicen delante de un niño tan pequeño.

-No soy tan pequeño como aparento: tengo ocho años- dijo el niño, visiblemente avergonzado.- Pero tengo esta imagen porque mi enfermedad me hizo demasiado frágil.

Scout lanzó una mirada compadecedora al pequeño.

-Ya que "la Reina" no parece venir, quizás tú podrías responder mis preguntas mientras tanto... -se le ocurrió de pronto. ¿Quién mejor que el mismísimo creador de aquel sitio para obtener respuestas?- Eso sí, sólo si quieres- añadió.

Hugo meditó durante unos segundos, pero finalmente asintió.

-Pregunta lo que quieras.

Durante unos instantes, la mente de Scout se quedó en blanco. ¿Por dónde debía empezar? Ahora que las respuestas estaban a su alcance, no sabía que preguntar. Finalmente, el mercenario decidió hacer la pregunta que según él era la más importante y directa al punto.

-¿Puedes hablarme sobre quiénes son "La Reina y "el Bateador"?

-Yo los creé a ambos- respondió Hugo.

El pequeño comenzó a relatar:

"En el mundo real, papa y mamá siempre discutían. Creo que era por mi culpa. Yo siempre he estado enfermo y mi padre insistía en que debían ingresarme en un hospital, mientras que mi madre se negaba, pues ella defendía que un hospital no me salvaría y que sólo me haría infeliz.

Un día mi enfermedad empeoró y mi padre finalmente me ingresó en el hospital sin consultarle a mi madre. No me gustaba aquel sitio: me sentía muy sólo. Mi madre intentó sacarme una vez a la fuerza, pero mi padre se enteró y volvió a hacer que me ingresaran.

Él rara vez iba a visitarme, pues al parecer tuvo que aumentar su jornada laboral para poder permitirse la factura del hospital, pero la segunda vez que me ingresó pidió a mi médico que no me dejasen solo. Así, me asignaron a una habitación donde estaban tratando a otros pacientes, donde tuve la compañía frecuente dos señores muy amables. Además, mi doctor me regaló un pájaro muy bonito. Sin embargo, a los pocos días, los dos señores se fueron y me desearon que me recuperara pronto.

Después de eso mi enfermedad no hizo más que empeorar. Cada vez me sentía más y más débil, y las medicinas que me estaban haciendo tomar no parecían tener efecto alguno. Entonces, una de las veces que me dormí, no fui capaz de despertarme.

Me vi completamente sólo en la oscuridad. Yo odio la oscuridad: me asusta mucho. Pero alguien apareció. Se llamaba Zacharie, y me dijo que yo tenía el poder de eliminar la oscuridad con mi imaginación".

Scout frunció el ceño al oír el nombre de Zacharie, pero no dijo nada para no interrumpir el relato de Hugo.

"Empecé a imaginar cosas para intentar alejar la oscuridad, como él me había dicho. Primero imaginé mi habitación, y esta apareció ante mis ojos. Después, empecé a crear cosas, estancias y seres más allá de ella. Al principio parecían garabatos, pero poco fueron tomando forma más y más nítida.

Entonces conocí a tres amigos: el señor amable, el pajarito y el señor grande. Ellos me ayudaron a construir el resto de las zonas de este mundo, y nos convertimos en sus guardianes. La verdad es que como llevaba mucho tiempo sin poder ir a la escuela, no sabía muy bien como habían surgido los mares, las ciudades y demás cosas de nuestro planeta, así que me fui inventando los elementos que componían este mundo sobre la marcha.

Luego imaginé a mis padres, pero no quería que se pelearan. Creé unos nuevos: un papa y una mamá que siempre estuvieran conmigo. Los convertí en el rey y la reina de mi nueva realidad y les di a cada uno un papel: el Rey protegería a los habitantes de mi mundo y destruiría las amenazas que pudiesen surgir; mientras que a la Reina se ocuparía de curar, reparar y guiar a los ciudadanos a la felicidad. Ambos además, tenían la responsabilidad y autoridad de impartir justicia.

Aunque ninguno de los dos eran mis padres de verdad, podía sentir que me amaban de igual manera. Por fin me sentía feliz y en paz.

Pero la paz no duró mucho...

Al principio, mientras lo creaba todo me había sentido como nunca en mi vida: fuerte, sano y feliz. Sin embargo, poco a poco, empecé a sentirme enfermo otra vez, y los seres que poblaban mi mundo empezaron a caer en la desesperación y la locura.

Un día, el Rey montó en cólera al ver que el mundo estaba comenzando a desmoronarse y que la Reina no estaba cumpliendo con su obligación, usando su poder sólo para mi. Enloqueció debido la desesperación de no poder hacer nada por el mundo, pues él podría destruir a los espectros que habían comenzado a atacar a mis ciudadanos, pero no para reparar todo lo que estos dañaban.

El Rey comenzó a decir que todo era impuro, que las acciones de todos era lo que estaban corrompiendo nuestro hogar, provocando por tanto la aparición de los espectros, y que los pecadores debían ser castigados. Finalmente, decidió que esa corrupción, que sólo existía en su mente, no le alcanzaría a él: cerró su corazón y renunció a su papel, transformándose en la criatura que ahora se hace llamar "el Bateador". Entonces, trató de acabar conmigo. Por suerte, "La Reina" logró detenerle a tiempo y lo encerró en la nada que separa las zonas, privándole de su libertad de movimiento: su fuerza de voluntad.

Desde entonces este mundo está en decadencia y lentamente se muere... y temo que yo me muero con él."

Y así, Hugo terminó su relato. Pyro y Scout lo habían escuchado con atención, pero Globunicornio se había dormido a la mitad. Ambos mercenarios meditaban ahora sobre lo que les había sido revelado. Para Pyro, la historia de Hugo le infundió el temor de que un día ocurriese lo mismo en Pyrolandia, y se prometió a si mismo que nunca lo permitiría. Pero para Scout, la historia de Hugo le había hecho entender más de lo que había esperado.

Lo primero, era la gravedad de las acciones de "el Bateador". ¿Cómo podía una persona enloquecer tanto como para tratar de matar a alguien a quien supuestamente quería como a su propio hijo y destruir todo lo que este había creado? ¿Cómo podía alguien volverse tan cruel?

Lo segundo, era la identidad de los tres guardianes. Dado que Hugo parecía haber basado a las personas importantes de su mundo en una distorsión de sus recuerdos, Scout había deducido que Dedan, Enoch y Japhet debían ser los compañeros de habitación y el médico del pequeño: las personas que "el Bateador" había matado en la vida real.

Scout sintió una rabia profunda al averiguar que "el Bateador" debía haber matado a aquel banquero porque lo había reconocido como Enoch. ¿Tan ciego y loco estaba aquel monstruo que había considerado su amigo para atacar una persona cuya única culpa fue estar en la cama de al lado de un niño enfermo? Aquel hombre ni siquiera podía saber que Hugo había creado un ser inspirado por él y lo había puesto a cargo de una parte de un mundo imaginario. Culparle de las acciones de Enoch, castigarle por unos pecados que no había cometido, no tenía sentido. Y eso se extendía a los otros guardianes. "El Bateador" había llevado a la muerte a personas inocentes...

Scout contuvo las lágrimas al recordar el cruel destino de Jackie. Pero aún así, los que se encontraban con él en aquella habitación notaron su pesar.

-¿Estás bien?- preguntó Pyro, consternado.

-Sí, no pasa nada. Sólo era un mal recuerdo- respondió este, aunque la conmoción se denotaba en su voz.

Su compañero entendió y decidió no preguntarle nada más. A Scout le llevó un par de minutos tranquilizarse, pero cuando lo hizo cayó en la cuenta de algo:

-Un momento: si según dices la Reina lo encerró en la nada y lo privó de su fuerza de voluntad...¿cómo es posible que corra libre por ahí?- cuestionó.

-Siempre estuve segura de que volvería- respondió una severa voz de mujer.

Los presentes se giraron hacia la puerta. Allí estaba una mujer que no tenía rasgo alguno en la cara,con una larga melena plateada y un traje a juego.

-Está buena para no tener cara- murmuró Globunicornio, quién se acababa de despertar, contemplando a la recién llegada de arriba a abajo.

-Tú debes de ser "la Reina"- dijo Scout sin hacer reverencia alguna o mostrar el debido respeto.

-Y tú un joven irrespetuoso- le echó en cara la mujer, manteniendo su tono severo.- Pero te lo perdono porque sé lo que has hecho por este mundo, incluso si desconoces su importancia.

"La Reina" se acercó a la cama donde se sentaban Scout, Pyro y Hugo y señaló a Pablo. Pyro se apartó para que "la Reina" pudiera cogerlo. Cuando la mujer lo tuvo en sus brazos, el cuerpo de Pablo se iluminó unos segundos. Cuando la luz cesó, las heridas de "el Juez" se habían cerrado, aunque este seguía inconsciente.

-Pobre criatura- dijo "la Reina", su voz habiendo adquirido un tono dulce.- Es un milagro que haya sobrevivido a "El Bateador".- A continuación, "la Reina" se giró hacia Hugo, y con el mismo tono dulce pero a la vez acusador le preguntó- ¿por qué no me habías dicho que los tres guardianes han caído a la vez?

-Pensaba que ya no te importaba nada salvo yo- respondió este. Parecía estar disgustado con "la Reina" por ese hecho.

-Tampoco me has dicho que él ya está aquí- añadió la mujer, con un poco más de dureza.

-¡¿En serio?!- se sobresaltaron Pyro, Scout y Globunicornio

-Las defensas deberían frenarle- replicó el niño.- Necesitaría ayuda para superarlas.

-¿Por qué tienes tanta confianza en esas defensas?- quiso saber Scout.

- Tanto "el Bateador" como "la Reina" son parte de mí: mis custodios, aquellos que me protegen de todo lo malo. Sus recuerdos básicos son los que yo tengo de mis padres, sus emociones las que yo creía que ellos sentían hacia mí -informó Hugo. -Pero, en el fondo, ellos no son más que una extensión mía: una parte de mi alma. Las defensas de este lugar mezclan mis recuerdos de la realidad con mis recuerdos de la creación de este mundo. Su fin es recordar a "el Bateador" lo que es, con la esperanza de que su cese en su destructivo empeño- explicó.

- A su vez, este lugar está plagado de enigmas que requieren tiempo para ser resueltos- añadió "la Reina".- Cuando llegue ya estaré preparada para entablar combate con él.

Scout se levantó de un salto.

-¡Debo ser yo quien le derrote!- exclamó el mercenario con firmeza.-Tengo cuentas pendientes con él

-Tú te quedarás junto a Hugo- le ordenó "la Reina".- Si yo fracaso, tú eres la última esperanza.

De nuevo aquellas palabras. ¿De verdad se había convertido en él héroe que salvaría aquel mundo sin proponérselo? Cuando se lo había dicho a Dedan en su primer encuentro, lo había hecho como si fuera una broma... Por un lado, aquello aumentaba su ya de por si enorme ego, pero por otro lado sentía que la misión igual le venía un poco grande.

-Y ahora debo marcharme y cumplir, por una vez, con mi deber. Protegeré a Hugo con mi vida- anunció "la Reina" antes de abandonar la habitación.

"El Bateador" se había perdido.

¿Qué estaba haciendo en aquel lugar, aquel complicado laberinto que se repetía y alteraba su mente continuamente? Estaba convencido de que no era la primera vez que lograba atravesarlo, pero no lograba recordar cómo lo había logrado ni por qué ahora no era capaz de hacerlo.

Pero lo que más le aterraba era que se estaba perdiendo a si mismo. Recuerdos que no sabía si eran suyos no cesaban de parecer en su cabeza, la cual parecía que le iba a estallar en cualquier momento. Pensamientos extraños entraban y salían de su mente. Lágrimas brotaban de sus ojos sin motivo aparente. ¿Qué eran esas emociones?¿Por qué lloraba? ¿A quién le hablaban esas personas? ¿Quiénes eran? ¿Qué estaba haciendo allí? Destruir, crear...¿cuál era su verdadero propósito?

-¡¿Quién soy?!- gritó el ser desesperado.

Totalmente debilitado, el ser se desplomó en el suelo inconsciente.

-Amigo... ¿estás bien, amigo?

Una voz resonaba en la oscuridad. Aquella voz le resultaba familiar...

-¡Despiértate!- gritó la voz

El ser abrió los ojos, confundido.

-¿Quién soy?- preguntó a media voz.

-Eres "el Bateador", ¿no te acuerdas?- le respondió la persona que se encontraba frente a él.

El ser parpadeó. Se hallaba de nuevo en la entrada de aquel lugar. Había caído ante las trampas que "la Reina" y Hugo le habían preparado. Poco a poco su agonizante dolor de cabeza iba desapareciendo, su identidad volviendo a él.

Él era el salvador de aquel mundo, el ser conocido como "el Bateador". Su deber era purificar el mundo, o mejor dicho ambos mundos. Primero ese mundo, que había renacido por accidente al intentar atrapar en él la mente de un joven que ahora se hacía llamar Scout, para después retomar su misión de purificar el mundo que su gente conocía como "real".

-Claramente no puedes pasar por este sitio preparado expresamente contra ti sin un guía- rió Zacharie.

-Pensaba que como ya lo había superado una vez, podría volver a hacerlo- dijo "el Bateador", lamentando haberse dejado cegar por su orgullo.

-Aquella vez no ibas sólo y ni si quiera eras dueño de tu cuerpo: esa entidad, titiritero, jugador o como quieras llamarlo te guió-le recordó el mercader. - Tú sólo tenías que dejarte llevar.

-¿Qué puedo hacer entonces?

-Yo puedo guiarte, si quieres- se ofreció el mercader.

"El Bateador" frunció el ceño y preguntó:

-¿Y cuánto me va a costar?

- Sólo que me garantices que todo esto terminará. Que este mundo, este sueño, llegará a su fin verdadero - respondió Zacharie con un tono extrañamente frío, sustituyendo al jovial que siempre usaba.- Caiga quien caiga y muera quien tenga que morir.

-No esperaba esas palabras tan macabras de ti- dijo "el Bateador", sorprendido ante el súbito cambio de actitud del mercader.

-Hay muchas cosas que no esperas de mí- rió Zacharie, recuperando su tono jovial. A continuación sacó un pañuelo y se lo puso a "El Bateador" en los ojos antes de añadir- juguemos a la gallinita ciega.

Scout se hallaba leyendo el cómic que le había prestado Hugo: "las aventuras de Boxxer", que narraba las aventuras de un superhéroe boxeador contra su enemigo, que tenía un cierto parecido a "el Bateador". Había oído hablar del cómic, como buen fan del género, pero nunca había llegado a leer alguno de ellos porque la compañía que los editaba había quebrado. Jamás habría imaginado que llegaría a leerlo, mucho menos en semejantes circunstancias. A su lado, Globunicornio se echaba la siesta y, en el suelo de la habitación, Pyro dibujaba mientras le contaba historias a Hugo, quien le escuchaba embelesado sin separarse de su pata de jamón. Pablo seguía inconsciente, pero Scout confiaba en que no tardaría mucho más en despertarse.

De pronto el pequeño sintió un escalofrío recorriéndole el cuerpo y no puedo evitar estremecerse.

-¿Pasa algo?- le preguntó Pyro.

-Está avanzando más deprisa que antes. No tardará en llegar ante "la Reina"-informó Hugo.

-¿Crees que ella tiene alguna posibilidad de derrotarle?- le preguntó Scout.

-No estoy seguro - respondió Hugo en tono dubitativo.- No sé como ha sido la evolución de "el Bateador", pero debo confiar en ella.

Zacharie había guiado a "el Bateador" por las diferentes salas y pruebas de "la habitación" durante largo rato. Siguiendo las indicaciones de Zacharie, pero ciego a las criaturas que poblaban aquel lugar con el fin de debilitarle mentalmente, había resuelto todos los puzzles que había encontrado a su paso. Habían regresado una vez a la sala inicial cuando Zacharie retiró la venda de los ojos de "el Bateador".

-Ya estamos cerca del clímax, amigo- le informó el vendedor.

"El Bateador" asintió. Era el momento de luchar contra "la Reina", pero aquella era una batalla que había sido ganada tiempo atrás. El purificador se dirigió hacia la puerta, tras la cual encontraría la azotea desde la cual "la Reina" vigilaba aquel mundo corrupto.

-Espera, ¿no vas comprar nada?- le detuvo Zacharie, agarrándole del hombro.

-No lo necesito- le respondió "el Bateador" fríamente.

-¿Seguro?- insistió el vendedor en tono suplicante.

-Sí, seguro.

- Bueno en ese caso recuerda: "Bis Vincit..."

- "...Qui se Vincint In Victoria"-completó "el Bateador".- Ya me lo dijiste la ocasión anterior.

-No esperaba que lo recordaras- replicó Zacharie encogiéndose de hombros.- En fin no te entretengo más. ¡Au revoir!

"El Bateador" dejó atrás a Zacharie entró de nuevo en aquella puerta. Esta vez le recibió un hermoso cielo violeta y una larga escalera que llevaba hacia "la Reina". Con paso rápido "el Bateador" subió hasta encontrarse con ella.

-Por fin estás aquí, "Bateador"- le recibió ella.- Llevo esperándote mucho tiempo.

-No tengo tiempo para tu palabrería, Eloha- le espetó el purificador con total desdén.- Dime dónde está Scout y haré de tu purificación una rápida.

Aunque el vacío rostro de "la Reina" no mostraba expresión alguna, en sus palabras se notó un claro tono de sorpresa al decir:

-Entonces, ¿has venido hasta aquí por ese irrespetuoso joven?- A continuación, añadió con tono sarcástico- que pena: pensaba que me habías echado de menos.

-¿Echarte de menos?¿A ti que fracasaste en tu tarea?- replicó el purificador con fría furia. Ella tenía la culpa de la decadencia de aquel mundo. Ella tenía la culpa de todo.-¡Tus nefastas obras fueron lo que me llevaron a embarcarme en la purificación de este mundo!

-Tu tampoco lo hiciste mejor- replicó cruelmente Eloha.- ¡Él te necesitaba y tú le diste la espalda!¡Te obsesionaste con tu idea de la pureza y abandonaste tu papel!- le recriminó.

"El Bateador" gruñó.

-¿Y tú que hiciste? ¿Prepararle fiestas? ¡Por tu culpa fracasamos en nuestro deber!- le gritó furioso "el Bateador", sus add-ons apareciendo de manera automática activados por su rabia. "La Reina" hizo aparecer sus propios add-ons.

-¡No dejaré que pongas un dedo encima al hijo que nos trajo al mundo!- exclamó la mujer furiosa, ordenando a sus add-ons lanzarse a por "el Bateador", sólo para ser bloqueados por los add-ons de este. La monarca de aquel mundo se dispuso a atacar a"el Bateador", pero este simplemente se limitó a mirarla con desdén.

-No perderé el tiempo luchando contra ti. Desaparece de mi camino.

"La Reina" contempló horrorizada cómo todo al su alrededor empezaba desvanecerse en luz blanca, incluido su propio cuerpo. Ni si quiera había tenido la oportunidad de enfrentarse a "el Bateador": le había ganado antes de empezar a luchar. Quería preguntar cómo antes de desvanecerse, pero no podía articular palabra alguna. Su cuerpo se desvanecía más y más en la luz

-Vuelve a dormir. Olvida todo lo malo y ten dulces sueños- le dijo "el Bateador", y aunque sus palabras fueran dulces, el tono frío del purificador hacía que sonaran siniestras.

-Mira...tiene tus ojos...-logró decir "la Reina" en un susurro llevo de nostalgia y añoranza por la familia que una vez fueron, antes de desaparecer en aquella luz blanca.

"El Bateador" recordaba aquellas palabras: fueron las mismas que pronunció después de derrotarla, cuando había purificado aquel mundo por primera vez.

-Están llenos de temor...- murmuró el purificador, recordando que en aquella ocasión había pronunciado esas mismas palabras como respuesta.

En la habitación roja, Hugo lanzó un grito de terror, asustando a los presentes y despertando a ambos Globunicornio y Pablo, él último intentando reconocer el lugar dónde se encontraba tras recuperarse del sobresalto inicial.

-¿Qué ocurre Hugo?- preguntaron Scout y Pyro al unísono, preocupados por el pequeño.

-Ella ha caído. Él está a punto de llegar...- respondió Hugo atemorizado.

-Tranquilo, no dejaré que te haga daño- le repitió Scout.

-Ya es un poco tarde para eso- replicó "el Juez" en tono entristecido.

Scout le miró confundido, pero aliviado de verlo despierto.

-¿Qué significa eso?- preguntó el bostoniano.

-La verdad es que "el Bateador" ya ha purificado este mundo, y dado que ha sido recreado de sus propios recuerdos, no podemos hacer nada para salvar a Hugo.

Hugo comenzó a llorar desconsoladamente. Pyro lo abrazó con dulzura, en un intento inútil de consolarlo. Por su parte Scout miró al gato atónito y furioso, ¿cómo se atrevía a decir eso delante de aquel chiquillo frágil?

-Cuando "El Bateador" poseyó tu cuerpo, él recreó este mundo para atraparte aquí. Y digo recreó porque él ya lo había destruido en una ocasión anterior- se apresuró a aclarar "el Juez".

-¿Y por qué no lo has dicho antes?- preguntó Scout, estupefacto ante la revelación.

-Lo siento. Mi memoria estaba bloqueada, pero mientras luchaba con "el Bateador" en la zona 0, recordé que había fracasado la primera vez que destruyó este mundo onírico. Pero aún tenemos una oportunidad de detener a "el Bateador" y reconstruir el mundo.

-No si yo puedo evitarlo...

Finalmente allí estaba "el Bateador". Pyro ocultó a Hugo tras de sí y sacó su Pyroleta. El cuerno de Globunicornio comenzó a brillar indicando que se estaba cargando de magia. Scout alzó su bate. Todos estaban listos para el combate, salvo "el Juez" quien no hizo movimiento alguno.

-Aquí me tienes, Bat- dijo Scout dando un paso al frente.- Está vez no huiré.

-¿Entonces admites que estabas equivocado y aceptarás tu purificación?- preguntó "el Bateador" con solemnidad.

-Y una mierda: ¡voy a hacerte pagar por todo!- anunció Scout con agresividad antes de lanzarse bate en mano a por aquel que en un pasado lejano había considerado su amigo.

En el mundo real, el resto del equipo trataba de pasar el tiempo como mejor podían. Medic seguía inmerso en la lectura de su libro, Engineer tocaba la guitarra sin prestar atención a las notas mientras vigilaba los cuerpos de Pyro y Scout, expectante a notar un cambio en alguno de ellos, y el resto del equipo trataba de jugar a las cartas, aunque ninguno estaba de humor para ello.

De pronto oyeron el sonido de un vehículo aparcar en el exterior de la base.

-¿Tendremos suerte por una vez y serán los del otro equipo?- preguntó Sniper.

-No caerá esa breva- respondió Demoman, desanimado.

La puerta de la base se abrió bruscamente, seguido de un "oh vaya, no esperaba golpear tan fuerte..."

El equipo no pudo evitar sorprenderse al oír aquella voz femenina. Miss Pauling entró en el salón y recibió la acogida más cálida que podía esperar de los mercenarios dado su estado de ánimo. La ayudante de la Administradora los saludó con una sonrisa, antes de ponerse seria al ver los cuerpos de Scout y Pyro completamente inconscientes.

-La Administradora me ha enviado para hacer un informe detallado sobre lo que os está ocurriendo- informó Miss Pauling antes de que alguno de los mercenarios pudiera hacer alguna pregunta.- Desde luego no se os puede dejar solos sin que un fantasma, mago o criatura mitológica os ataque- suspiró resignada.- A ver...¿alguien puede hacerme el favor de explicarme con pelos y señales a que ser sobrenatural habéis cabreado esta vez y como podemos detenerlo?