Doble D solo pudo observar cómo sus amigos no hacían nada para sacarlo de la situación en la que lo metieron, mientras se alejaba y para luego ya no verlos más una vez que Marie le dio la vuelta a la esquina. Se removió un poco, provocando que la chica ralentice sus pasos.

- No te muevas que eres pesado. - reprochó. - Solo harás que te suelte y te golpees contra el piso. - dijo volviendo a apresurar el paso.

- Perdóname por no querer cooperar en esta situación. - respondió sarcástico.

Marie rodó los ojos.

- Por favor, ¿Cuándo te he lastimado? Todo lo que hice fue expresarte mi cariño, al contrario de ti...

Doble D se sonrojó y agachó la cabeza en signo de vergüenza. Nunca se había puesto a pensar en los sentimientos de la peliazul. Los Eds siempre corrían de las Kankers, tratando de escapar de sus besos, sin cuestionarse ni un poco el por qué lo hacían. La primera vez que se vieron no fueron más que amables y ellos se aprovecharon de esa amabilidad, fue natural que ellas se hayan molestado y les hayan hecho la vida imposible desde entonces.

Claro que a pesar de eso, las Kankers nunca los habían golpeado. Podrían haberlos amarrado, cargado y manoseado en contra de su voluntad, pero nunca los golpearon con intenciones de lastimarlos, a excepción de ese día donde tuvieron una lucha, y esa otra vez en la cafetería de la escuela pero Eddy había empezado esas peleas. Incluso los salvaron de una terrible golpiza por parte de los chicos del vecindario, aunque al final terminaron golpeados por el hermano de Eddy. Y había escuchado que ellas tomaron represalias por eso.

Eran unas chicas que en verdad los querían y lo demostraban, de una forma verdaderamente extrema, pero el sentimiento estaba ahí. Quizás sean las únicas que hayan demostrado interés en ellos, ¿y qué hacían? Corrían como tarados de su afecto. No es como si fueran feas, porque no lo eran, tenían sus defectos, como cualquier persona, pero aun así no eran feas ante la vista, aunque Doble D debía admitir que era un suertudo, ya que a su parecer, Marie era la más atractiva de las tres.

Al estar perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta de que la Marie había llegado a su destinatario de no ser por el crujido de la puerta al abrirse. Esto confundió a Doble D, ya que al mirar a sus alrededores pudo notar que no se encontraban en el parque de remolques, el hogar de la chica, sino en una residencia del vecindario. Habían entrado por la puerta trasera, y al observar la casa pudo notar que estaba abandonada, al ver las evidentes telarañas y rastros de polvo.

- Marie, ¿Dónde estamos? - preguntó con cautela.

- ¿No recuerdas el lugar de nuestra boda, bombón? - respondió con ironía.

Al pasar por la sala, el chico de gorra pudo comprobar de que en verdad se trataba de la casa abandonada donde Kevin los había retado a entrar luego de que Jimmy haya dicho de ver movimiento por una de las ventanas, que culminó con las Kankers tendiéndoles una trampa, obligándolos a "casarse" con ellas. Incluso a la puerta principal todavía le faltaba la cerradura, luego de que el dedo de Eddy se haya quedado atascado en ella.

Lo llevó a otro salón que parecía ser el comedor, ya que una gran mesa y sillas se encontraban allí. Se veía bastante limpio, algo raro considerando que la casa estaba abandonada. Marie lo sentó en la cabecera de la mesa.

- Ahora se buen chico; y espérame aquí. Traeré la cena.

Marie se retiró de la habitación y Doble D pudo observar platos y cubiertos frente a él. Cena para dos. También un candelero con las velas encendidas para dar cierta iluminación ya que las ventanas estaban tapadas y la poca luz que se colaba estaba desapareciendo.

- ¡La cena está servida! - anunció la chica peliazul volviendo con una cacerola y dejándola en la mesa.

Al destaparla para servir la comida en los platos, Doble D se lamió los labios al olfatear el delicioso aroma de la comida, su estómago protestando silenciosamente la falta de comida en las últimas horas.

- ¡Espero que te guste mi estofado! - dijo con una sonrisa. - Es de mis mejores platillos. - tomó un tenedor y lo clavó en la comida para llevársela a la boca del chico. - Di: Ahh.

Doble D hizo caso a su petición, sin quitarle los ojos de encima, y probó la comida, evitando cerrar los ojos al degustarla. No quería perderla de vista.

- ¿Y bien? - preguntó con ansias.

- Está deliciosa, Marie. - le respondió con una pequeña sonrisa.

Marie pareció soltar el aire que se estaba aguantando. - Me alegro. - y para sorpresa del chico, sacó una navaja de su bolsillo y con eso cortó la soga que lo tenía atado, para luego sentarse en su respectivo lugar y comenzar a comer.

Esto dejó al chico algo confundido: ¿No pensaba que trataría de escapar? Se golpeó mentalmente por pensar en eso. Sería totalmente grosero hacerle eso. Sin cuestionárselo mas, agarró los cubiertos y comenzó a comer por cuenta propia. Trató de sacar conversación.

- ¿Cómo va todo con tus hermanas?

- Igual que siempre. Lee es una mandona, y May es una idiota. Pero somos hermanas así que tengo que pasar eso por alto. - respondió encogiéndose de hombros. - Aunque tengo que salir de nuestro hogar a veces para poder soportarlo.

- ¿Y qué haces en ese tiempo libre? - sorprendido de que esté hablando tan abiertamente. Normalmente solo le saltaría encima a coquetear si llegara a preguntar algo personal.

- Recojo partes mecánicas en el basurero y las reparo. Es un hobbie.

- Vaya, no sabía que te interesaba la mecánica. - replicó con interés.

- Eh, es mi área buena. Si algo no funciona yo debo repararlo. Mamá dice que si soy buena en algo tengo que explotarlo. Aunque ahora sospecho que solo lo dice para no pagar algún servicio técnico. - dijo frunciendo el ceño.

- ¿Sabes algo? Después de todos estos años, jamás he visto a tu madre. Es como si no te conociera de verdad. - replicó pensativo.

- Nunca terminas de conocer a una persona, Doble D. - contestó, llamándolo por el nombre que raras veces utilizaba. - Y mamá casi nunca está en casa, ni siquiera nosotras la vemos mucho.

- Creo que somos dos. - respondió el chico de gorra, mostrándole una sonrisa empática. - Mis padres tampoco nunca están en casa, aunque nos comunicamos por notas adhesivas, donde me dan mis tareas por hacer en el día.

- Y tú siempre siendo un buen chico, las cumples, por más de que ellos no estén ahí para verlo. - la sonrisa del chico se borró. - No sé por qué lo haces.

El salón quedó en silencio, de no ser por el sonido de los cubiertos haciendo contacto con los platos. En algún momento, Doble D dejó de comer, dejando su plato a medio acabarse, quedando pensativo con la vista a la nada. Eso llamó la atención de la chica, quien se levantó y fue a pararse a su lado.

- ¿Sucede algo? - preguntó con preocupación, llevando una mano al rostro del chico, dándole leves caricias.

Doble D solo negó con la cabeza y le dedicó una sonrisa reconfortante. Marie recogió los platos.

- Traeré el postre. - dijo retirándose, no sin antes depositar un beso en la mejilla del chico.

El beso lo dejó helado, inconscientemente llevó una mano a su mejilla, y para cuando se dio cuenta, su corazón estaba latiendo fuertemente. Solo que esta vez no era por miedo, más bien por emoción. Se dio cuenta de que por fin pudo entablar una conversación fluida, sin tartamudear, y que ni una vez estuvo temblando, ni sudando de los nervios. Se sentía cómodo con ella, eso era lo que lo dejaba helado.

Marie volvió con un pequeño cupcake y lo dejó frente a él.

- Algo muy dulce para mi bombón. - dijo con una sonrisa.

Doble D admiró el pequeño pastel con decorado cremoso encima.

- No pensé que te venía bien la repostería.

- Ah, yo no lo hice, se lo robé a May. Está muy gorda; no lo va a extrañar. - dijo encogiéndose de hombros.

- No deberías expresarte así de tu hermana. No está gorda. - le reprochó el chico, tomando el cupcake con una mano.

- ¡Ha! Dile eso a su trasero. - se mofó la peliazul. - Anda: come.

Doble D le hizo caso a la chica y removió el envoltorio antes de llevárselo a la boca. Al hacerlo, un poco de glaseado manchó la punta de su nariz cuando le dio una mordida, lo que le sacó una risita a Marie. Doble D, con algo de confusión, se limpió con un dedo el glaseado en su nariz, quedando admirándolo en su dedo, luego dirigió su vista a Marie, quien seguía riendo, y un impulso lo llevó a mancharle la cara con el glaseado.

Doble D soltó una risa nerviosa al ver la cara de shock de Marie, que de pronto cambió por una sonrisa torcida. Una sonrisa que conocía demasiado bien. La había visto muchas veces en el pasado, cuando él estaba a su merced.

- ¿Así que quieres jugar? - preguntó con picardía.

Doble D se levantó rápidamente de la mesa al par que Marie tomaba más del glaseado en sus dedos, dejando al cupcake abandonado y no tan bonito a la vista. Lo persiguió alrededor de la mesa, lo que recordaba los viejos tiempos, solo que está vez Doble D se estaba divirtiendo, y sentía que la adrenalina de la persecución lo emocionaba a tal punto que se dejó atrapar.

Marie lo tumbó al suelo y se sentó a horcajadas en su estómago, igual que como solía hacerlo, y le embarró el glaseado en la mejilla, sin parar de reír al igual que el chico, que estaba inconscientemente con las manos en la cintura de la chica.

- Vaya forma de desperdiciar un buen postre. - comentó cuando consiguió parar de reír.

Se limpió el glaseado con su dedo índice, a lo que Marie tomó su mano, llevando ese dedo a la boca, dándole una pequeña lamida para luego comenzar a chuparlo. El acto hizo que el rostro del chico se volviera rojo como un tomate y que soltara un pequeño jadeo. La peliazul liberó su mano y agachó la cabeza.

- Lo siento. No me pude contener. - eso sorprendió al chico. Jamás se había disculpado por su conducta amorosa antes.

Ella se levantó y lo ayudó también a pararse.

- Marie... ¿Por qué te molestaste en preparar todo esto? Nunca antes te habías disculpado por algo. - habló el chico luego de un silencio.

- ... Porque quería algo diferente. Y porque me dije a mi misma que ésta sería la última vez que trate de hacerte mío, ¿Y por qué no hacerlo de una forma distinta? Después de todo, solo besarte no funcionaba. - dijo, desviando la mirada.

- Marie...

- Te sometí a hacer cosas sin tu consentimiento, te acosaba...

- Fuiste mi primer beso. - completó él con una sonrisa.

- Fue forzado. - replicó la chica. - Y mucho de los que siguieron también.

- No fue tan malo...

- ¿"No fue tan malo"? ¡Te acosaba sexualmente! ¿Cuántas veces he profanado su boca? - dijo con exasperación.

- Las suficientes para hacerme entender que fui un imbécil al no hacerte caso en ese entonces. - respondió con seriedad.

Ahí estaba la nueva actitud asertiva que había adoptado. Había servido de mucho el que ya no se acercara a él, ya que lo hizo perder su miedo.

- El que te hayas alejado de mi me hizo verte desde otro punto. Admirándote como nunca antes pude: tu cabello, tus ojos, tu sonrisa. - se explicó. - Cada vez que te veía, comenzaba a temblar de anticipación, y que no hicieras nada me volvía loco. Y verte prestar atención a otros chicos hacía que me hierva la sangre. Y con el paso de los años tú... cambiaste. Y te volviste más hermosa de lo que ya eras.

Marie no podía creer lo que escuchaba. Su amor de la infancia estaba confesando sus sentimientos por ella. Por dentro estaba hecha un lío de emociones, sin saber qué responderle. Pero todas coincidían en algo. Así que le rodeó el cuello con los brazos y lo besó.

Soltó un suspiro de felicidad al sentirlo corresponder el beso y apagarla más a él, tomándola de la cintura. Gimió al sentir sus lenguas jugueteando. Una sombra de deseos carnales se apoderó de él. Cuando ella trató de separarse, él soltó un gruñido y la apretó más. Marie soltó una risita.

- Tranquilo, tigre. - rió un poco, pero soltó un jadeo de sorpresa cuando el chico la levantó y la sentó en la mesa, continuando besándola. - Espera... aquí no. - consiguió susurrar contra sus labios.

Doble D la miró confundido y retrocedió un poco para dejarla bajarse de la mesa. Marie lo agarró de la mano y lo guió por la casa, subiendo por las escaleras, hasta llegar al dormitorio principal. Para sorpresa del chico, había unas cuantas velas encendidas dándole una luz tenue a la habitación, una cama matrimonial en el medio. El colchón y las sábanas parecían limpias a la vista ¿Qué tanto había hecho Marie? Se volteó para ver que ella había cerrado la puerta, y ahora le dedicaba una mirada seductora llena de lujuria.

- Ven aquí, guapo...

Doble D tragó saliva. Sintió como sus piernas se movían, avanzando hacia ella, acorralándola contra la puerta y besándola con pasión. La peliazul lo empujó un poco, adentrando sus manos dentro de su camiseta para tocar su torso. El chico dedujo lo que quería y se sacó la camiseta y lo que tenía debajo, quedándose con el torso descubierto frente a ella.

Marie no tardó en abalanzarse contra su cuello y pecho, lamiendo y mordiendo, dejando chupetones que él tendría que explicar después. Retrocedió un poco y se quitó la blusa, dejando al descubierto su sostén negro. El chico sintió su rostro arder cuando bajó la vista, más aún cuando ella tomó una de sus manos y la pegó a uno de sus senos. Se dio cuenta de que cabía perfectamente en su mano.

Comenzó a masajearlo, y al escuchar un gemido de la chica, hizo lo mismo con el otro, imitando la misma acción que había hecho con su cuello. No supo en qué momento la chica se desprendió de sus pantalones pero cuando se percató, ya estaba acostado en la cama, con ella sobre él solo en ropa interior. Una erección presente en sus boxers que ella le estaba dando atención al frotarlo contra su entrepierna. Una mano estaba sujeta el rostro de ella y la otra entrelazada con la suya.

Se tomó un momento para contemplarla de verdad: esos ojos color avellana nublados de lujuria, la sombra del mismo color que su cabello que los cubrían, mejillas con pecas totalmente sonrojadas, labios rojizos y levemente hinchados por los besos, perforaciones en la ceja izquierda y orejas. Era hermosa ante sus ojos.

- Tú y yo... vamos a jugar a mami y papi. - dijo jadeante.

Eso sacó al chico de su trance.

- ¿Mami y papi? - preguntó, la mirada perdiéndose en la nada.

- Mmhmm. - asintió. - Voy a expresarte mi amor de la misma manera... - paró de hablar cuando se dio cuenta de que él ya no se estaba moviendo. - ¿Qué ocurre?

- Madre y padre no expresan nada. Ellos se comportan de una manera profesional el uno con el otro... duermen en camas separadas. - murmuraba el chico. - Raras veces lo veo juntos.

Marie lo miraba con preocupación, mientras que él seguía hablando de sus padres. Eso era lo que lo carcomió hace rato, cuando metió el tema de sus padres. No debió utilizar esa expresión. Ahora el pobre estaba sufriendo.

- Doble D...

- Me criaron para ser el hijo perfecto, y aun así no recibí ni un poco de aprecio. Las notas son solo para mantenerme ocupado. - lágrimas habían comenzado a salir de sus ojos, aún con la mirada perdida. - No me quieren...

Fue callado por los labios de Marie. Eso lo hizo tocar tierra. Cuando se separaron, ella limpió el rastro de lágrimas que quedó.

- Tonto. No debes pensar en eso ahora. - habló con suavidad. - Si tus padres no te aprecian como debe ser, pues al carajo con ellos. Me tienes a mí. - se mordió el labio, mirándolo directamente a los ojos. - Tal vez ya lo sepas; pero yo te amo, Eddward. Siempre lo hice.

La respiración del chico se hizo más rápida y la abrazó, apegando su cuerpo al de él, hasta poder sentir sus latidos. Eso sorprendió a la chica, más aún cuando los volteó a ambos, quedando debajo de él.

Comenzó a bajar besos por su cuello y pecho.

- Dilo de nuevo. - demandó en un murmullo.

- Te amo, Doble D. - suspiró, comprendiendo su pedido.

- Otra vez. - esta vez deshaciéndose de su sostén y besando sus senos, mientras que una mano bajaba hacia sus bragas, adentrándose en ellas y acariciando sus húmedos pliegues.

- Te amo. - gimió, adentrando una mano por debajo de su gorra para poder sujetar su cabello.

Continuará…