Mientras tanto, en el momento en que Ed y Eddy vieron a su amigo desaparecer junto a la chica Kanker, el más bajo de los Eds se dio cuenta de que el frasco con dinero su dinero estaba vacío, de no ser por la moneda de 25 centavos que aún seguía ahí.

— ¿Pero que...? ¡Esa Kanker me robó mi dinero! — gritó Eddy, agarrando el frasco y sacando la moneda para inspeccionarla. - Eh, ¿A quién le importa? Le saqué 200$. - arrojó el frasco de vidrio detrás de él, escuchando como se rompía contra el piso.

— Pero Eddy, ella se llevó a Doble D. — murmuró Ed con una mirada triste.

— Lo recuperaremos. Como siempre. — se encogió de hombros. — Ahora: ¡Vamos por esas chelas!

Comenzó a caminar en dirección a la bodega que había en Peach Creek, lanzando la moneda al aire y agarrándola antes de que caiga al suelo una y otra vez. Ed, aún preocupado, dirigió una última mirada hacía donde la pareja había ido antes de ir tras Eddy, sin cuestionarse más.

Para cuando llegaron a la licorería, ya había oscurecido, y no había casi gente. Eddy casualmente se dirigió hacia el mostrador, donde se encontraba el que atendía la tienda con toda su atención en su celular.

— Quiero tres packs de cerveza. — habló el chico.

El hombre levantó la vista, inspeccionándolo, hasta que soltó una risita.

— ¿Tienes edad para comprar alcohol? — preguntó con ironía.

Eddy rodó los ojos. — Tengo dinero. — dijo, enseñándole los 200$.

El hombre le arrebató los billetes, y los empezó a ver cautelosamente. Soltó una risa sarcástica y le arrojó los billetes de vuelta.

— Buen intento, chico. — dijo con seriedad, para luego volver la vista a su celular.

— ¿De qué hablas? ¡Es dinero! — exclamó Eddy.

— Dinero falso. — replicó el vendedor, sin desviar la vista de su celular.

— ¡¿Qué?!

Eddy extendió los billetes a la luz para verlos mejor. Se quedó completamente de piedra al ver que en verdad era falso: en vez de llevar a Benjamin Franklin la imagen era de él. Eran los Eddy dólares que había usado para una estafa hace años.

Ed se paró detrás y también vio los billetes, pero su reacción fue otra.

— Vaya Eddy, no sabía que hayan hecho un billete con tu cara. — comentó.

Eso hizo explotar al chico.

— ¡ESA DESGRACIADA TUVO EL DESCARO DE ESTAFARME! — gritó a todo pulmón, sacándole una risa discreta al vendedor. — ¡Y también se robó mi dinero! ¡Oh, cuando la encuentre voy a... Urgh! — dijo estrangulando el aire.

— De seguro que está con Doble D, recuerda que lo vendiste por billetes falsos. — dijo Ed.

Eso hizo parar en seco, dándose cuenta de la situación en que puso a su amigo.

— ¡Oh no, Doble D! — dijo con preocupación, llevando ambas palmas a su rostro. — ¡Rápido Ed, hay que encontrarlo!

Salió corriendo de la tienda, seguido por Ed. El vendedor volvió su vista a su celular, habiendo escuchado todo.

— Este trabajo no puede ser más interesante. — comentó.

Los chicos salieron corriendo por la calle, dirigiéndose a una dirección desconocida para Ed.

— ¿A dónde vamos Eddy? — preguntó.

— Pues al remolque de esas tres, ¿A dónde más? — respondió.

— Pero ¿Qué tal si no están ahí? ¿Y nos capturan también a nosotros como pasó en: El ataque de las arañas vampiro 2? — preguntó con inseguridad.

— Es por eso que te tengo a ti, Ed. Vas a rescatarnos si algo sale mal.

Siguieron corriendo hasta que llegaron al parque de remolques. Al tener a la vista el conocido remolque azul, Eddy comenzó a ralentizar sus pasos, viendo que estaba a punto de entrar a la boca del lobo.

— Las cosas que hago por ti, Doble D... — murmuró.

Se acercó la puerta y golpeó fuertemente con insistencia. La puerta se abrió dejando ver a Lee Kanker en persona, haciendo que Eddy retroceda al tenerla tan cerca.

— Vaya, vaya, vaya. Mi hombre por fin se dignó a visitarme. — habló con sarcasmo y algo de burla, cruzándose de brazos y haciendo que su escote se acentúe más.

Lee no había cambiado mucho, de no ser por la gran prueba de que la pubertad había pasado por ella. Al ser la mayor, era la más alta de sus hermanas, y por ende, más alta que Eddy, pero más bien estaba a la altura de Doble D. Tenía el peinado rizado de siempre, logrando cubrir sus ojos del resto mundo. Llevaba puesta una bata de color rosa que le llegaba hasta por debajo de las rodillas, y estaba descalza.

— No te tomes por aludida, Kanker. Devuélvannos a Doble D. — demandó Eddy, tratando de no bajar la mirada al escote de la chica.

— No está aquí. — respondió la chica, con simpleza.

— No finjas. — presionó Eddy.

— Sí. Marie se lo llevó ya hace rato. — añadió Ed.

El sonido de la voz del grandote invocó a la menor de las Kankers a la puerta. Empujó hacia un lado a su hermana mayor para hacerse un lugar.

— ¡Hola gran Ed! — saludó con energía, mostrando una sonrisa que dejaba ver sus grandes dientes sobresalientes a falta de un aparato de ortodoncia.

Ed saludó tímidamente con la mano.

May Kanker tampoco había cambiado mucho. Era igual de alta de que Marie. Su lacio cabello rubio ahora era más largo, llegando hasta su cadera. Pecas visibles en sus mejillas, el único rasgo que compartía con sus hermanas. Llevaba puesto una camiseta de color gris y shorts rojos ajustados, calcetines blancos y zapatos negros.

— Si están buscando a Marie, ella no está aquí. — contestó la rubia.

— Si, esa chiquilla siempre anda en sus asuntos fuera de casa. — añadió Lee.

— ¿No está aquí? — dijo Eddy incrédulo.

— ¿Acaso dudé la primera vez? — dijo Lee con algo de molestia. – No, enano, no está aquí. Y si no estás aquí para invitarme a salir, mejor lárgate. - habló antes de cerrarle la puerta.

Eddy apretó los puños con fuerza y comenzó a golpear la puerta de nuevo.

— ¡Lee, abre la maldita puerta!

La Kanker mayor abrió la puerta, levantando los mechones de cabello para revelar sus ojos, dando una mirada totalmente seria. Eso hizo retroceder al Eddy, no era muy seguido que la chica mostrara ambos ojos, y si lo hacía era para tratar de seducirlo. Pero no podía negar que el color era hipnotizante.

— ¿No fui clara? ¡El sabelotodo no está aquí! — le gritó en la cara.

— ¡¿Pues en dónde está?! — gritó de vuelta el chico.

— ¡¿Y yo como mierda voy a saber?! ¡Ve a buscarlo a otro lugar! — iba a cerrar la puerta de nuevo pero Eddy la detuvo.

— Se supone que es tu hermana menor. ¿No debería ser tu trabajo saber dónde se encuentra? — demandó.

Lee se preparó para hacerlo abandonar la propiedad, al estilo Kanker, hasta que May la interceptó.

— Marie suele vagar por el basurero. — habló, ganándose una mirada por parte de su hermana. — Si no está ahí, entonces debe estar en cualquier otro lado. Vamos, Marie lleva desaparecida por horas. Ya me preocupó. — argumentó.

Hubo un silencio largo hasta que por fin el chico registró lo que la rubia había dicho y retrocedió lentamente hacia su amigo.

— Gracias May. — habló, recargando la voz en el nombre de la menor de las Kankers mientras miraba específicamente a la hermana mayor. — Al menos alguien quiso cooperar. Vámonos Ed.

Comenzaron a alejarse del remolque hasta que la pelirroja llamó su atención.

— ¡Oye!

Eddy se dio la vuelta, mirándola desinteresadamente.

— ¿Si?

Lee suspiró. — Si encuentras a mi hermana, hombrecito, dile que deje de cogerse a Dos D y que traiga su trasero a casa. — murmuró. — Y tal vez no te golpee por aparecer aquí a esta hora y decirme qué hacer. — amenazó con un puño en el aire.

Eddy tragó saliva. — Lo tendré en mente.

De pronto Ed lo tomó de la cintura con un brazo y lo levantó, comenzando a correr.

— ¡A la dimensión apestosa! — declaró con un brazo hacia adelante, como si estuviera volando.

— ¡ED, BAJAME!

Las chicas los vieron salir corriendo del parque de remolques desde la puerta.

— Son unos tontos. — habló Lee, negando con la cabeza.

— Sí. — concordó May, con una sonrisa enamorada. — ¿No son lindos?

En respuesta recibió un tirón de cabello.

— ¡Ay, Lee! ¿Por qué fue eso? — preguntó, sobándose una parte de la cabeza.

— No les damos información a menos que se pongan a rogar. Conoces la regla. — regañó, cerrando la puerta y yendo hacia el sofá frente a la televisión.

May bufó. — Como si fuera que lo que dije era cierto. Ni siquiera sabemos si está ahí. — se quejó.

— Les diste un lugar por donde empezar, eso es algo. — contestó sin quitar la vista de la televisión. — Ahora ve y termina con la cena. — ordenó.

— Ihiri vi y tirmini quin li cini. — remedó hasta que vio que la pelirroja se preparaba para levantarse. — No dije nada. — se apuró a decir y se dirigió a la cocina diciendo palabrotas y quejándose de su hermana mayor en voz baja.

Continuará…

….

Luudin: Me alegra de que te haya gustado :) y ahora ya sabes de dónde sacó Marie tanto dinero XD

Fernando917: ¡Gracias! Y sí, yo también espero eso :v veremos por donde me lleva la inspiración.