N.A: Hola! Quería decir que si han llegado hasta aquí, es porque les está gustando la historia... (GRACIAS) y también quería dejarles una pequeña...
ADVERTENCIA: Este capitulo tiene un mini lemon :) como también los capítulos que vendrán por lo que cambiaré el rating a Mature de ahora en adelante. Por lo que tendrán que buscar esta historia en esa categoría.
Sin más preámbulos, disfruten la lectura...
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— Ah... Doble D~
Los únicos sonidos que se escuchaban por la habitación eran gemidos, jadeos, suspiros y el rechinido de la cama.
Marie se hallaba en el cielo, vociferando altamente su alegría, a la par que el chico a quien había perseguido por años y que por fin había reciprocado sus sentimientos la estaba embistiendo contra el colchón de la antigua cama.
— Marie... — gruñó el chico Ed, acercándose a su rostro para besar sus labios. — Eres hermosa. — jadeó al separarse.
La peliazul lo tenía totalmente sujeto: ambas piernas rodeaban su cadera mientras que sus brazos lo abrazaban a ella por la espalda, dejando marcas en dicho lugar como un gato encantado con su poste para dar arañazos. Agarró sus manos, entrelazando sus dedos y las presionó contra el colchón, evitando que pueda moverlas, haciendo uso de eso para ayudar a un vaivén más rápido.
— Te amo, te amo, te amo... — susurraba con cada embestida que recibía.
Doble D aceleró sus movimientos al sentirla apretar más sus piernas contra él. Gruñía en voz baja, no necesitaba expresar en voz alta su placer; Marie hacía eso por ambos. Estaba cerca. Era una sensación maravillosa, un placer como nunca antes había sentido. Se sentía genial, agobiado, amado y, debía admitir que estaba alimentando a su orgullo de hombre al hacer gritar a la chica de esa manera.
— Doble D... voy a acabar...
El chico se retiró hacia atrás, la tomó de las caderas y la levantó para penetrarla mejor, apuntando a ese lugar tan delicioso, algo que la hizo llegar al clímax mucho más rápido. Al sentirla contraerse contra él también lo llevó a su orgasmo, liberando su esencia dentro de ella luego de unas embestidas más.
Se dejó caer sobre ella, haciendo que su acelerada respiración fuera más dificultosa.
— Lo siento. — se disculpó el chico con un sonrojo, proponiéndose a levantarse pero ella lo sostuvo.
— Nooo~ Quédate así. — murmuró con una sonrisa.
El chico Ed se quedó como estaba, sin saber más que hacer. Recargo su peso en sus codos y se levantó un poco para no aplastarla por completo. La miró al rostro, un leve sonrojo se apoderaba de sus mejillas y se veía satisfecha.
— Debí usar preservativo. — habló, recordando su imprudencia al no usar protección en el acto.
— No pasará nada. — respondió Marie, acariciando los brazos del chico. — Estoy en mis días seguros. Además, tomaré una pastilla por si acaso. — añadió.
Eso pareció quitar un peso de los hombros del chico.
— ¿Estuviste calculando todo esto? — preguntó soltando una risita y curvándose un poco, hasta que se dio cuenta que aún seguía dentro de ella. — Voy a salir, ¿Si?
La observó asentir antes de deslizarse con suavidad fuera de ella. Marie se removió algo incómoda al no sentirse completa.
— ¿Sabes? Para ser tu primera vez excediste las expectaciones. — comentó con una sonrisa ladina. — No tengo con qué compararte, pero eres bueno. No me sorprende; eres el único de tus amigos que sabe cómo tratar a una mujer, amor. — sonrió cuando él retomó su posición anterior, cubriéndolos a ambos con una sábana.
Doble D desvió la mirada algo avergonzado.
— Yo leo mucho, eso es todo. Te ayuda a adentrarte al mundo del conocimiento de un área. — murmuró. — Y en cuanto a los buenos modales… Tienes a mi madre para agradecer, me entrenó muy meticulosamente en ese campo desde temprana edad. Me enseñó cómo debe comportarse un caballero, y también ayudó a desarrollar mi forma de caminar, vestir, hablar y mi responsabilidad con los estudios y la casa. El chico perfecto. — dijo con algo de melancolía.
Marie lo tomó del rostro y besó su frente.
— Mi chico perfecto.
Doble D sonrió y la besó. Fueron dándose besos cortos hasta que él se separó, acomodándole un mechón de cabello.
— Quiero que seas mi novia.
La sonrisa de Marie cambió a una de picardía.
— ¿Oh? ¿Me lo estás pidiendo ahora? — cuestionó, viendo cómo la cara del chico cambiaba a una nerviosa, a punto de comenzar a tartamudear alguna respuesta, para luego echarse a reír. — Tu siempre has sido mi novio, Doble D. — dijo para luego darle un corto beso. — Solo que nunca lo admitiste.
El chico sonrió y volvió a darle cortos besos.
— ¿Qué hay de tus amigos? — habló Marie, acariciando su espalda.
Doble D se detuvo.
— No me digas que estás pensando en ellos ahora. — murmuró, sacándole una risa a la chica, para luego bajar besos por su cuello y hombro.
— ¿No se molestaran por esto? — siguió. — Un Ed y una Kanker. Juntos. Por cuenta propia. — con eso por fin llamó su atención, mirándola a los ojos. — Enloquecerán, ¿Cierto?
El chico se quedó pensativo por unos segundos.
— En ese caso, no se lo diremos. — respondió con simpleza.
— ¿Quieres mantener esto en secreto? — preguntó, arqueando una ceja.
— ¿No te agrada la idea? La… emoción de tener un secreto que nadie más sabe. La idea de escaparse y- — fue interrumpido.
— La adrenalina de que pudieran atraparte. — completó ella con una amplia sonrisa. — Estás lleno de sorpresas, bombón. Quién diría que te gustaran esas cosas. — el chico no le contestó, limitándose a sonreírle. — Está bien. Será un secreto. Nuestro pequeño sucio secreto. — concedió. — Se lo ocultaremos a mis hermanas también. De seguro se pondrán celosas y no escucharé el final de eso.
— Sabía que no te resistirías. — rió, dejando un recorrido de besos por su pecho.
— Si… Así como no me resistiría a una segunda ronda si sigues moviéndote así, novio. — susurró seductora.
Doble D no puso objeción, bajando una mano hacia sus piernas para separarlas. El momento fue interrumpido por un portazo.
— ¡DOBLE D! — exclamó Ed, ingresando a la habitación.
El mencionado se sobresaltó y Marie pegó un grito, cubriéndose los senos con las manos.
— ¡ED! ¡NO VEAS! — pidió el chico de la gorra.
— Uy, perdón. — dijo tapándose los ojos con las manos al ver la situación en la que estaban. — Espera… ¡Doble D estás con una Kanker! — exclamó.
— ¡Sal de aquí, Ed! — ordenó su amigo mientras que cubría con su cuerpo a la chica. Al ver que su amigo abrió la boca para protestar agregó: — ¡Te lo explicaré! ¡Espera afuera!
Ed le hizo caso a su amigo de gorra, saliendo de la habitación, dejando la puerta entreabierta detrás de él. Doble D suspiró levantándose de la cama, dejando atrás la sábana, para ponerse rápidamente sus bóxers. Iba levantando ropa del suelo, pasándole la suya a Marie, quien se había sentado en la cama.
— Esto apagó la llama, ¿No? — comentó la chica, tratando de aliviar el ambiente. — Hasta ahí llegó lo de tener un secreto.
Doble D no contestó, optando por solo quedarse vestido con sus pantaloncillos e ir a revisar a Ed, quien se encontraba parado en el pasillo, balanceándose con nervios sobre sus pies.
— Ed. — llamó.
— Es una Kanker, Doble D. — murmuró con algo de miedo. — Eddy nos hizo jurar que nunca estaríamos con ellas.
— Me gusta, Ed. — confesó repentinamente. — Queríamos mantener esto en secreto, por temor de que Eddy y tú vayan a pensar de que es un gran problema.
— ¡Es que es un gran problema! — soltó Ed, para luego mirar a ambos lados. — Tengo que decírselo a Eddy.
— ¡No!
Doble D no supo de dónde sacó las fuerzas para retener a su amigo antes de que salga corriendo, y lo empujo dentro de la habitación, cerrando la puerta detrás de él. Para su alivio, Marie ya estaba terminando de vestirse.
Al ver a su novio empujar tan bruscamente a otro chico e ingresar a la habitación sin camisa, con calma y seriedad la hizo morderse el labio. Ed aterrizó cerca de sus pies, y al verla se levantó rápidamente.
— ¿Qué hay, grandote? — habló con una sonrisa.
Ed miraba con nervios a los dos, jugando con sus manos.
—No puedes decirle a Eddy, Ed. — dijo el chico de gorra con seriedad. — No puedes decírselo a nadie.
—Pero… — al ver la mirada que la pareja le dio, calló sus protestas. — Está bien.
— ¿Estás seguro de que puede guardar un secreto? — preguntó Marie, dudando del chico.
— ¡Claro que puedo guardar secretos! — Protestó Ed. — Así como guardé el secreto de que May y yo tenemos maratones de comics y películas los jueves.
Ambos lo miraron con sorpresa en el rostro, Doble D más que Marie.
— Así que eso es lo que hacía. — comentó la chica, cruzándose de brazos con la mirada perdida hacia arriba.
Ed se palmeó la cara, percatándose de lo que acaba de decir. Al bajar lentamente su mano pudo registrar los chupetones y arañazos que llevaba su amigo en su cuello y espalda, cuando éste había girado hacia la pared para lidiar con la ignorancia de su amigo. Claro que Ed no sabía que se trataran de eso.
— ¡Doble D estás herido!
El mencionado arqueó una ceja, tratando de buscar lógica a lo que acababa de decir, hasta que recordó con un sonrojo lo que Marie le había hecho.
— No son heridas, Ed. Son…-
— Marcas de amor, que le dejas a alguien muy querido cuando están teniendo sexo. — interrumpió Marie con una sonrisa. — Estoy segura de que May querrá hacer lo mismo contigo, ¿no lo crees?
Ed se puso rojo, cubriendo su rostro debido a que entendió lo que implicaba la chica, quien recibió una mirada por parte de su novio.
— ¿Qué? No pude resistirme.
Doble D suspiró y volvió a dirigirse a Ed, quien seguía con el rostro rojo de vergüenza.
— ¿Cómo nos encontraste? — preguntó.
— Pues... — arrastró sus pies por el piso. — Eddy se dio cuenta de que el dinero que le dieron era falso cuando el señor vendedor se lo dijo y fuimos a rescatarte del remolque de las Kankers. Luego May dijo que Marie podría estar en el basurero y fuimos ahí pero Eddy se cansó de buscar y me dijo que siguiera yo y que él iría a su casa.
Doble D rodó los ojos al escuchar el testimonio de su amigo. Marie soltó una risita.
— Después me encontré con Jonny, y me dijo que Tablón le dijo que los vio entrar a éste lugar y aquí estoy. — terminó con una sonrisa. — ¡Oh! Y Doble D: Ella tiene nuestras ganancias de los chocolates. — acusó, apuntando a la peliazul con un dedo.
El chico de gorra se giró hacia ella, mirándola expectante. Extendió su mano luego de esperar un momento sin recibir nada de la chica. Marie suspiró sacando una faja de billetes del bolsillo de sus pantalones, los contabilizó y se los dio al chico, dejando una cantidad para ella.
— ¿Qué? — habló con molestia. — Tienen cuarenta ahí: veinte para cada uno. Es justo.
— Bien, me supongo que Eddy no se merece su parte. — habló Doble D, resignado, dividiendo el dinero y dándole algo a Ed.
Marie se encogió de hombros, pero se quedó tiesa al recordar algo.
— Ed. ¿Dijiste que fueron a ver a mis hermanas? — cuestionó con preocupación.
Ed asintió con energía.
— Sí. Ah, y Lee le dijo a Eddy que te dijéramos dejes de co... co... — no recordaba la palabra. — Comerte a Doble D y que lleves tu trasero a casa. — terminó con una sonrisa.
— ¡Mierda! — susurró, apresurándose hacia la puerta.
— Ey, ¿A dónde vas? — preguntó Doble D consternado, sujetándola del brazo.
— No saben dónde estoy. Y gracias a esos estúpidos me van a cuestionar cuando llegue a casa. — se acercó a su rostro depositando un fugaz beso en sus labios. — Nos vemos.
Doble D la vio irse, quedándose quieto en su lugar. Ed caminó hacia él.
— Yo tampoco entiendo a las chicas, Doble D.
El Ed de gorra suspiró y fue a recoger su camiseta del suelo.
— Vámonos, Ed. Te daré tostadas con mantequilla para asegurar tu silencio. — habló, caminando por delante de él.
Mientras que los chicos salían de la casa abandonada, Marie llegaba al parque de remolques. Una vez allí comenzó a caminar cojeando, debido a una punzada en sus piernas que había estado ignorando todo el camino.
— Carajo… debí esperar un poco más para correr. — se quejó, caminado lo más rápido que podía. Se mordió el labio, evitando una sonrisa. — Mm… Doble D. Así que era verdad eso que decían sobre los callados.
Llegó a su respectivo remolque, sacó sus llaves y abrió lentamente la puerta, tratando de hacer el menor ruido posible. Creyó haber tenido éxito en escabullirse hasta que vio a Lee sentada de brazos cruzados en el sofá, y May la miraba desde las escaleras. Sin más motivo para hacer silencio, cerró la puerta de un portazo, queriendo acabar rápido con el interrogatorio e irse a dormir.
— ¿Dónde estabas, Marie? — habló su hermana mayor.
— Sí. No te hemos visto en todo el día. — añadió su hermana menor.
— Por ahí. — respondió encogiéndose de hombros y caminando lo mejor que podía sin cojear hacia las escaleras.
— Los Eds vinieron por aquí. — siguió Lee. — Dijeron que te llevaste a Doble D.
— Sí. Lo necesitaba para un experimento que al final salió bien. No te preocupes: no le hice nada. — caminó detrás May, quien volteó a hablarle.
— ¿Qué clase de experimento? — interrogó.
— Noé. — respondió al instante, subiendo por las escaleras.
— ¿Noé? — repitió, tildando la cabeza hacia un lado en confusión.
— Noé de tu incumbencia. — contestó con una sonrisa antes de cerrarles la puerta de la habitación.
May se quedó viendo la puerta antes de voltearse a ver a Lee, quien ahora se hallaba haciendo zaping en la televisión.
— ¿Vamos a dejar que se vaya solo así? — cuestionó con los brazos extendidos hacia los costados.
— Déjala. — replicó su hermana mayor. —Le quitaremos información tarde o temprano.
La Kanker rubia se quedó callada, volteando nuevamente a ver hacia la puerta cerrada con preocupación. Algo había sucedido que su hermana de ninguna manera iba a contarles. Por más de que fueran cercanas, cada hermana tenía un sucio pequeño secreto que no se atrevían a contarles a las otras y May sospechaba, que este se trataba de uno. Por lo que dejó pasar lo que acababa de ocurrir para no pensar más en ello. Después de todo, todos tenían algo que ocultar, ¿no es cierto?
Continuará…
