Luego de un montón de tostadas con mantequilla para callar a Ed, Doble D consiguió que este no le dijera nada a Eddy de lo sucedido en la casa abandonada del vecindario. De hecho, todo lo que Eddy hizo fue preguntarle si no lo habían golpeado para luego recriminarle que su Kanker lo había estafado y robado "su dinero" y para tope tendría que pagarle lo que le debía. Doble D por supuesto se rehusó, dando una explicación lógica de por qué no debía hacerlo y que el que haya perdido el dinero fue ciertamente culpa de Eddy, al estar pensando con su billetera y confiar en una Kanker.
Después de una disculpa, Edd pudo volver a su hogar, callado como siempre sin la presencia de nadie en la casa. Aunque pudo divisar una nota adhesiva fuera de lugar, pegada por la pared de la sala, junto a las escaleras. Se acercó, la agarró y leyó el contenido.
"Querido Eddward:
Lamento informarte que tu padre y yo no estaremos en casa por unos días, debido a una importante junta de negocios. Te dejamos el refrigerador lleno de víveres y comida congelada en el congelador por si los necesites en nuestra ausencia. También te dejamos el dinero en caso de emergencias.
Con amor, mamá."
Edd suspiró, doblando la nota en un perfecto cuadrado y depositándola en el basurero, para después dirigirse a su habitación.
Y allí se encontraba, a la mañana del tercer día.
Le había inventado excusas a Eddy para no salir. Necesitaba pensar. Un pasatiempo era hacer tareas del hogar, cualquiera que encontrase que mantenga su casa perfectamente limpia y ordenada, para después terminar recostado en su cama, con ambas manos detrás de la cabeza, mirando al techo. Pensó en lo que Marie le había hecho notar sobre sus padres: nunca estaban en casa. Pocas veces recibía una llamada, pero esas casi siempre se trataban de su madre, al igual que la mayoría de las notas.
Cuando comenzó a sentirse solo, pensó en la propia Marie. Se había acostado con ella, luego de una repentina confesión de sentimientos que, luego de años, estaba reciprocando. Para después entablar una relación con ella.
Sintió sus mejillas arder. Había hecho las cosas totalmente al revés, algo muy inusual para él, pero eso no pareció molestarle para nada a la chica. Es más, se veía muy feliz. Deseaba poder verla, gozar de su compañía y muestras de cariño. Pero el ir al parque de remolques y arriesgarse a ser vistos por sus hermanas en caso de que estén en casa, pondría en peligro su relación secreta. Y se sentía un estúpido al no haber, por lo menos, intercambiado números.
— Oh, Marie. Cómo desearía que estuvieras aquí. — habló en voz alta.
— Deseo concedido, amor. — escuchó una voz femenina responder.
Doble D se incorporó rápidamente para ver, para su sorpresa, a la peliazul sentada en el marco de la ventana.
— ¡Marie! — exclamó. — ¿Qué haces aquí?
— ¿Qué no puede una chica visitar a su novio? — contestó con una sonrisa torcida, levantándose de su lugar y caminando hacia el chico. No pudo evitar admirar sus largas piernas, que siempre iban cubiertas por pantalones y ahora estaban expuestas. De hecho, casi toda de ella lo estaba, ya que llevaba shorts cortos y una musculosa negra que dejaba ver su sostén negro. Pero no la culpaba; era verano y hacía calor.
— ¿Cómo llegaste hasta aquí? — volvió a preguntar, relajándose y colocando sus manos en la cintura de la chica, cuando ésta se sentó en su regazo.
— Escalé la canaleta de lluvia. — se encogió de hombros, rodeando su cuello con sus brazos. Depositó un suave beso en sus labios, que fue correspondido al instante. — Aunque necesito un favor, de hecho. — dijo una vez separados.
— ¿Qué cosa? — dijo curioso, tildando la cabeza.
— Pues, el agua del grifo está saliendo un tanto… sucia. — arrugó la nariz. — De un color marrón para ser más clara. Y resulta que la plomería no es lo mío.
— ¿Quieres que le eche un vistazo a tu cañería? — dijo con diversión.
Marie sonrió.
— Primero que nada, muffin: eso sonó muy mal. — soltó una risita. — Segundo: sí. Y al juzgar por el listado de todo lo que sabes hacer no me sorprendería que plomería se encuentre ahí.
— No te equivocas. Déjame ir por mis herramientas.
La peliazul lo dejó levantarse, y ambos salieron de su habitación, porque al parecer sus herramientas se encontraban en el sótano. Marie optó por esperarlo en la sala y comenzó a curiosear. Ya había estado en su casa antes, pero nunca tuvo tiempo para admirar el lugar, ya que las veces que había entrado, era para perseguirlo y acorralarlo en un beso.
Se fijó en los impecables muebles, la alfombra, los cuadros en la pared, siendo la mayoría reconocimientos y diplomas, y no pudo evitar sentirse algo fuera de lugar, a comparación de lo que era su hogar. Por primera vez se sintió consciente de su nivel socioeconómico. Doble D era un chico brillante con un futuro por delante, de clase relativamente alta al observar su alrededor. Y ella… era solo una basura de remolque que se saltaba las clases de la escuela, por más de llevar buenas notas, y que tenía un empleo de mierda en un taller. Tenía suerte de que siquiera se fijara en alguien como ella
Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta de cuándo volvió Edd, sino hasta que este puso una mano sobre su hombro.
— ¿Estás bien? He estado tratando de llamar tu atención y no contestabas. — dijo con preocupación.
Marie sonrió negando con la cabeza.
— No es nada. Solo recordaba cosas.
Doble D no presionó más el asunto, y la tomó de la mano, llevando una caja de herramientas en la otra. Decidieron salir por la puerta trasera y saltar las cercas para evitar que alguien los viera, siguiendo un camino en silencio hasta el parque de remolques. Al llegar ahí, el chico recordó algo que lo hizo ponerse tieso en un instante.
— Tus hermanas no se encuentran en casa, ¿verdad?
La chica Kanker pareció recordar la situación, soltando inmediatamente la mano de su novio.
— No te harán nada. Solo querrán ver la tubería arreglada. — aseguró.
Cuando llegaron al remolque de las Kankers, Marie abrió la puerta de una patada, anunciando su llegada. Doble D tragó saliva al ver a May acostada en el piso tratando de recibir aire fresco de un ventilador. Su vestimenta estaba en las mismas condiciones que la de Marie, solo que debía tener su largo cabello rubio recogido en la punta de su cabeza para evitar el calor.
— Ya era hora. — se quejó. — ¿Por qué rayos tardaste...? Oh, hola, Doble D. — saludó al verlo ahí, cambiando totalmente su humor.
— Saludos, May. Marie me informó de su situación, así que venido para brindarles mi asistencia.
May se quedó contemplando sus palabras por un momento, para luego dirigirse a su hermana.
— ¿Trajiste a tu hombre para hacer el trabajo? — preguntó burlona.
Marie bufó, jalando del brazo del chico hacia la cocina.
— Como sea. ¿Dónde está Lee?
— Fue a buscar el almuerzo. — respondió, también yendo a la cocina.
Había una pila de trastes sin lavar, presumiblemente por el hecho de que el agua no salía limpia. Marie abrió el estante debajo del fregadero, donde se encontraban las cañerías de éste conectadas al suelo.
Doble D se arrodilló en el piso, dejando su caja de herramientas al lado para proceder a utilizar una llave inglesa en la cañería.
— ¿Estás seguro de que sabes cómo hacer esto? — preguntó May, inclinando la cabeza a un lado para ver mejor el trabajo.
—Sé cómo realizar el trabajo, gracias. — respondió indignado. — Mi papá me adiestró en estas áreas...
Para finalizar su palabrerío, al aflojar una tubería, fue salpicado por agua sucia, empapando y ensuciando así la camiseta que llevaba puesto.
—... Creo que debí cerrar el flujo de agua antes de hacer eso... — murmuró, quieto como una estatua.
— ¿Tú crees? — ambas hermanas replicaron al mismo tiempo con sarcasmo.
Marie se apresuró a cerrar la llave del agua para evitar más accidentes y se dirigió al chico de gorra, extendiendo una mano hacia él, expectante. Doble D se quedó viendo la mano con confusión.
— ¿Qué?
— Tu camiseta: está sucia. Dámela. — pidió. — Voy a limpiarla.
El rostro del chico reflejaba inseguridad. No importaba que sean novios, se sentía incómodo con poca ropa cerca de ella, por temor a que sus hormonas le dieran una mala jugada a tan temprano tiempo en su relación. Más aún con May ahí presente. Pero la mirada impaciente que le estaba dando Marie era más insistente que nunca, por lo que removió su artículo de ropa, quedando sin nada debajo y su torso desnudo a la vista.
La peliazul se apuró en salir de ahí y subió las escaleras, dejando al chico solo con su hermana. Con un sonrojo, ignorando la mirada de impresión reflejada en el rostro de May, siguió con su labor. Aunque todavía podía sentir su mirada clavada en su espalda. Para su suerte, las marcas que Marie le había dejado ya estaban casi desaparecidas.
La pubertad lo había ayudado en ese aspecto físico. No estaba marcado como Kevin o Ed, que hacían deportes, pero se notaban músculos, dejando en claro que ya no era el chico flacucho y debilucho de antes.
Continuó observando la tubería, ahora pudiendo despojarla de su lugar ya que la corriente de agua había sido desconectada. Le dio una mirada al sistema, sacando la conclusión de que el agua venía del arroyo, por lo que debería ser cristalina. Pero, ¿qué era lo que la contaminaba al salir? Se fijó que una de las tuberías era algo antigua y oxidada, por lo que la removió para examinarla mejor.
— ¿Cuál es el problema? — escuchó hablar a la rubia.
— Pues, el agua viene del arroyo, por lo que debe ser cristalina. Pero al parecer esta tubería vieja la corrompe y hace que salga del color marrón y sucia. — Respondió Doble D. — Por lo que la solución sería reemplazarla por una nueva.
May asintió con la cabeza.
— Creo que debe haber una como esa entre la colección que tenemos arriba. ¿Quieres que vaya a revisar?
— Por favor. Ten esta como referencia. — dijo entregándole la tubería oxidada.
Cuando May se fue, Edd se levantó del suelo, dándose tiempo para desperezarse por la incómoda posición en que se encontraba. Aunque se sobresaltó cuando escuchó un silbido.
— No me molestaría bajar todos los días las escaleras y llevarme esta vista. — comentó la peliazul, viéndolo de arriba a abajo, para luego soltar una risita al verlo cubrirse con sus brazos.
— Ya me has visto antes. — murmuró. — No hay necesidad de chequearme tan… intensamente.
— Sí. Pero eso fue antes de que hayas… madurado. — dijo acercándosele. — Y no había la suficiente luz la otra noche, bombón. — replicó con un puchero, rodeando su cintura con sus brazos.
Doble D se encontró acorralado contra un estante. No le molestaba mucho ya que había superado estas cosas durante los años. La chica acarició su rostro con cuidado.
— Necesitas una afeitada. — murmuró, pasando una mano con delicadeza por su barba de tres días.
— Pensé que no te importaría algo de vello facial. — habló con algo de diversión, arqueando una ceja.
— No me importa. — confirmó. — Pero te ves mejor sin él, bomboncito. — acercando su rostro para un beso.
Duraron así por unos segundos hasta que el chico se separó.
— Tu hermana podría encontrarnos así. — susurró, recostando su frente con la de la chica. — Y tendrás muchas explicaciones que dar.
— Hará ruido anunciando su llegada. — protestó, queriendo retomar el beso.
— Marie. — fue todo lo que bastó para que ella, sin ganas, hiciera caso y se separara.
— No puedo evitarlo. — murmuró. — Saber que puedo ser lo más empalagosa que quiera y que tú no me rechazarás. — volvió a abrazarlo, frotando su cabeza contra su pecho. El chico la tomó de los hombros, separándola a una distancia de brazos.
— Puedes venir esta noche a casa. — habló rápidamente al notar su cara de decepción. — Mis padres no estarán. Podremos pasar tiempo de calidad. — sugirió.
El rostro de Marie se iluminó.
— ¿Como una cita? — preguntó, una sonrisa comenzaba a colarse en su rostro.
— Lo que desees. — aseguró, consiguiendo así complacer a la chica.
Quedaron ahí parados en silencio, sin saber qué hacer, más que esperar a que May regresara. Que al parecer se estaba tomando su dulce tiempo. Al instante la puerta del remolque se abrió, dejando ver a Lee con una bolsa de alimentos en una mano. Marie disimuló y fue a abrir el refrigerador al par que Doble D se agachó y comenzó a "inspeccionar" las tuberías.
— ¿Interrumpo algo? — preguntó con ironía.
— Por fin llegas; me muero de hambre. — replicó la peliazul cerrando el refrigerador.
— Sip. Haré unos sándwiches. — se fijó en Doble D, quien le dedicó una sonrisa algo nerviosa.
— Hola, Lee — saludó amablemente.
La expresión de la chica era indescifrable.
— ¿Por qué está él aquí? — preguntó.
— Había que reparar la tubería. — respondió su hermana.
— Así que trajiste a un cachorrito. — comentó con una sonrisa, para molestia de Edd. — ¿Por qué no tiene nada encima?
Marie prácticamente podía sentir que la miraba con ojos entrecerrados.
— El torpe se ensució con el agua, así que le saqué la camiseta para limpiarla. — replicó con indiferencia.
Lee iba a agregar algo más pero escucharon a May bajar ruidosamente las escaleras.
— ¡La encontré, Doble D! — anunció, levantando un caño de tubería en el aire.
— ¡Excelente, May! — exclamó el chico Ed, extendiendo una mano para recibir la tubería. — Ahora podré terminar con esto.
Comenzó a hacer unos ajustes, y conectar la nueva tubería en su lugar. Le llevó un poco de tiempo, y el calor comenzó a afectarle, haciendo que gotas de sudor recorran su rostro. Una vez instalada la nueva tubería, se levantó y abrió el grifo del agua, decepcionándose de ver que aún salía marrón. De repente el agua dejó de salir, y el grifo hizo un sonido extraño, para luego volver a correr agua y esta vez cristalina.
Doble D sonrió satisfecho, sabiendo que si se ponía a saltar de alegría las hermanas lo verían raro. Volteó a ver a las anteriores y para su sorpresa, las tres lo estaban mirando fijamente, recargándose sobre sus codos por la mesada de la cocina. Marie lo estaba devorando con la mirada, teniendo la punta de su dedo índice atrapado entre sus dientes; Lee estaba usando una mano para quitar sus rizos de su rostro, dejando ver su ojos, teniendo una pequeña sonrisa y May estaba comiendo un sándwich.
— ¿Ocurre algo, damas? — preguntó con nerviosismo, las gotas de sudor aumentando por lo que llevo una mano al rostro para limpiarlas.
— Esto es mejor que televisión paga. — habló Lee, reincorporarse en posición recta.
— En absoluto, bombón. — replicó Marie, haciendo lo mismo que su hermana mayor.
— ¿Ésta es tu rutina de ejercicios, Doble D? — preguntó May, sentándose en una silla, sacándole una risita a sus hermanas. — Se ve que has estado haciendo ejercicio.
— N-no, May. — replicó con mejillas rojas. — No hago ejercicio. — guardó sus herramientas de vuelta en su caja.
— Deberías. — dijo Lee. — Así podrías lucir una linda chaqueta de cuero como Hache, ¿No lo crees, Marie?
Su hermana respondió con un codazo en el brazo.
— Cállate, Lee.
Esto despertó la curiosidad de Doble D.
— ¿Quién es Hache?
La mayor y menor de las Kankers sonrieron con complicidad.
— Es un personaje de una película. — explicó Marie.
— Es el crush de Marie. — rió May.
— Sí. Un chico malo. — siguió Lee.
El chico de gorra arqueó una ceja, cuestionando a su novia con la mirada.
— El típico crush de cualquier chica. — se defendió la peliazul, jalando del brazo a Doble D hacia la sala para no seguir escuchando las burlas de sus hermanas que se volvieron más sonoras cuando realizó esa acción.
— Ya terminaste tu trabajo: hora de irte. — le entregó su camiseta, que ahora estaba libre de rastros de agua sucia.
Abrió la puerta del remolque, empujándolo hacia afuera una vez que se puso de vuelta la camiseta. Antes de que pudiera cerrar la puerta, él la detuvo.
— ¿Te veo esta noche? — susurró, consciente de que sus hermanas estaban solo a unos metros.
Marie asintió levemente con una sonrisa. El chico sonrió y comenzó a caminar, alejándose del remolque. Volteó para mirarla una última vez y ver que ella le había lanzado un beso. Sintiéndose romántico, simuló atraparlo y guardarlo en su bolsillo. La chica sonrió, negando con la cabeza y cerró la puerta, preparándose para la montaña de excusas que tendría que inventarle a Lee para que la deje salir.
No era consciente, de hecho, de que su hermana mayor ya estaba al pendiente de sus intenciones, al haberlos escuchado por la ventana justo antes de entrar a su hogar.
Continuará…
N.A: Lee ya sabe del secreto :) que creen que hará? Puntos para el que adivine qué película referencié :v
Fernando917: Marie tiene esa actitud de bromas pesadas. Y por lo de Ed y May, siempre tuve la impresión de que ambos tendrían ese acercamiento (no necesariamente romántico) ya que los dos tienen los mismos gustos.
DexterMadness31: Muchas gracias y sí, estarán las tres parejas.
Jose Fett: aquí está tu quinta parte XD
