— Has estado raro, Doble D. — comentó Eddy. — Más de lo normal.

El trío de Eds se encontraban en la habitación del más bajo, pasando el rato. Ed estaba en una silla, leyendo un cómic; Edd se encontraba leyendo un libro sentado en el suelo, usando la cama como respaldo y Eddy estaba recostado en la cama, dejando su cabeza colgando por un costado.

— ¿A qué te refieres? — preguntó, cerrando el libro, pero marcando la página con un dedo.

— Te encerraste en tu casa por tres días. ¿Acaso Marie te hizo algo tan traumatizante que tuviste que recobrar la compostura? — preguntó con burla. — De no ser porque hemos madurado ya habría hecho que Ed tirara la puerta para sacarte a la fuerza.

Doble D frunció el ceño.

— Gracias al cielo. — replicó con sarcasmo.

— Si… Mi pregunta era en serio. — dijo Eddy luego de una pausa.

— No hizo nada fuera de lo normal. — se apuró a contestar el chico de gorra, volviendo a su lectura.

— Claaaro. Me imagino que los chupetones fueron porque no tenía lápiz labial. Ya sabes… las Kankers y su manía de marcarnos. — bromeó.

— Pero hace rato que no lo hacen, Eddy. — comentó Ed.

— Sí. Creen que ignorándonos caeremos en sus garras. — rió el chico. — Si empalagosas no nos gustaban.

Doble D inconscientemente apretó su agarre del libro.

— Aunque debo admitir que se pusieron buenas. Jamás saldría con ellas, por supuesto. — siguió. — Pero si me lo piden, no me negaría a un rapidín, después de todo eso era lo que siempre buscaban…

— ¡EDDY! — exclamó el chico de gorra, interrumpiéndolo. — ¿Puedes dejar de hablar de ellas de esa manera? — dijo volviendo su vista al libro. — Son seres vivientes, tienen sentimientos, al igual que nosotros.

Eddy entrecerró los ojos.

— ¿Acaso Marie te lavó el cerebro? — preguntó acercándose a él, aunque seguía estando de espaldas.

— Puede ser, Eddy. — habló Ed. — Ellos estaban… estaban… — notó la mirada de advertencia de Edd desde su lugar. — Estaban hablando cuando los encontré.

Eddy se dejó caer frente a Doble D, arrebatándole el libro y arrojándolo hacia un costado de la habitación.

— Eso fue totalmente innecesario. — murmuró el chico de gorra, admirando sus ahora vacías manos.

— ¿Qué carajos te dijo esa Kanker? — preguntó peligrosamente cerca de su rostro, sosteniéndolo de la camiseta.

Doble D frunció el ceño, y con una mirada de determinación se levantó del suelo para superarlo en altura.

— Me expresó remordimiento por sus acciones. — contestó. — Sin resentimientos, le concedí la oportunidad de quedar en buenos términos. — con una mano, abofeteo el agarre de Eddy en su camiseta.

— ¿"Buenos términos"? — repitió incrédulo. — ¿No recuerdas el juramento que hicimos? ¡No podemos estar con ninguna Kanker!

— ¿Quién habló de estar con ellas románticamente? Estoy hablando de amistad aquí. — replicó, desviando la mirada hacia Ed, siendo incapaz de mentirle en la cara. — ¿O me vas a decir que "estar con ellas" incluye amistad?

Eddy gruñó, volviendo a recostarse en su cama.

— Está bien, pueden ser amigos. Pero si eso sirve como escalón para que esas lobas quieran algo más, te juro que te daré una golpiza.

Doble D sonrió satisfecho y se dirigió a recoger su libro, que fue vilmente maltratado al ser arrojado contra la pared y que ahora se hallaba en el piso, en un costado de la habitación. Conseguir que Eddy acepte por lo menos una amistad con las Kankers no era mucho, pero era un logro.

— ¿Qué es un rapidín? — escuchó a Ed preguntar y maldijo en su mente por lo que se venía al escuchar la carcajada de Eddy.

— Eso, amigo mío, te lo mostraré. — respondió el más bajo de los Eds, yendo a colocarse frente a su computadora.

— Y esa es mi señal para irme. — habló Doble D, caminando hacia la puerta.

— Eres un aguafiestas, Cabeza de Calcetín. — replicó Eddy, tecleando, con Ed sentado a su lado. — ¿Cómo esperas ganar habilidad así?

— Dudo que sitios pornográficos que degraden la imagen de una mujer al volverla un objeto de esclavitud sexual sea de enseñanza para ganar habilidad en esa área, Eddy. — contestó con sarcasmo.

Eddy bufó. — Con esa actitud de sabelotodo y chico bueno, no conseguirás una chica que te soporte. Pasarán por encima de ti como el resto del mundo. Diablos, incluso seguirás virgen.

Muy tarde.

—Nos vemos, caballeros. — se despidió, cerrando la puerta tras suyo.

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Después de disfrutar de una cena y una película, la pareja se encontraba rodeada de etiquetas del montón de objetos científicos que consistían habitación del chico de gorra. Actualmente se encontraban admirando la colección de insectos del mismo.

— Y este artrópodo depredador, más comúnmente conocido como Escorpión, lo recibí esta semana. — explicó, enseñándole una versión disecada del mismo y preservado por una cobertura de plástico. — Pero mira, éste no es solo un Escorpión cualquiera: ¡Es un Centuroides Gracilis - El Escorpión azul! — comentó con emoción. — Por fin he podido añadirlo a mi creciente colección de arácnidos.

Marie admiró como el rostro de su amado se iluminaba cuando hablaba de algo que le gustara.

— Wow. Se ve genial. — replicó con una sonrisa, acercando una mano para sostenerlo y admirarlo de cerca.

Edd se quedó sin palabras, percatándose de las genuinas palabras de la chica. Poco a poco comenzó a sonreír.

— ¿Te gusta? — preguntó en voz baja.

— ¿Los huesos e insectos? Diablos, sí. — respondió sonriente. — Sé que no es femenino ni nada pero, también me gustan los autos así que...

— Marie, tus gustos no definen quién eres. — interrumpió, acercándose a ella y depositando un dulce beso en sus labios, que pronto se volvió profundo y con intensidad por lo que el chico se separó y retiró el arácnido de sus manos para ir a regresarlo a su respectivo lugar.

La peliazul aprovechó para sentarse en su cama y cuando él volvió hizo lo mismo.
Estaba nervioso. A pesar de haberlo hecho antes, ninguno movía ni un solo músculo. Marie decidió tomar algo de iniciativa y recostó su cabeza en su hombro. Tras un minuto de no recibir una respuesta, lo miró de reojo algo confundida.

— ¿No quieres hacerlo?

—No… ¡DIGO! ¡Sí quiero!... Yo… —se trababa con sus palabras. Logró mirarla a los ojos, cuando ésta se reincorporó. — ¿No crees que esto es algo apresurado?

—¿Qué cosa?

— Todo. — soltó. — Nuestra relación acaba de empezar y ya tuvimos... — fue silenciado con un dedo.

— Mucha gente pasa por esto, ¿Sabes? No es algo anormal. — sonrió. — No te sientas mal por eso. Además... — aprovechó para sentarte a horcajadas en su regazo. — Te dije que tú ya eras mi novio desde hace años.

Depositó un pequeño beso en su frente y le dedicó una sonrisa reconfortante.

— Puede que sepas todo de mi pero... Aun siento como si yo no sé nada de ti.

La sonrisa de Marie cayó un poco, adoptando una mueca pensativa.

— Pensé que te gustaba... — murmuró.

— ¡Eso es cierto! — se apuró a decir, abrazándola por la cintura y escondiendo su rostro en su cuello. — Me gustas, Marie. No me arrepiento de pedirte que seas mi novia; quiero estar contigo.

La chica le devolvió el abrazo, aplicando caricias a su nuca que lo hicieron visiblemente relajado.

— Mi primer piercing me lo hizo Lee con una aguja de tejer. — habló de repente.

Doble D se recompuso, mirándola confundido.

— ¿Disculpa?

— Mi primer piercing me lo hizo Lee con una aguja de tejer. — repitió. — Dijiste que no sabías nada de mí, y pues, quise cambiar eso. Fue lo primero que se me ocurrió. — desvió la mirada.

Edd no supo que decir, más lo único que hizo fue soltar una risita.

— ¿Una aguja de tejer? — cuestionó. — ¿Cómo lo hizo?

— Le dije que quería un piercing, pero no tenía dinero para hacerme uno, así que calentó la aguja con un encendedor y me la clavó en la oreja. — replicó con una sonrisa. — Casi le rompí la mano a May, me estaba sujetando como "apoyo moral". — rió. — Desafortunadamente el agujero quedó muy grande para un arete, así que tuvimos que taparlo con un tornillo y sujetarlo con una tuerca. — explicó, levantando un mechón de cabello azul que estaba cubriendo la oreja con dicho tornillo. — Claro que Lee hizo que May lo lavara en alcohol antes.

El chico dejó salir una pequeña risa de incredulidad, llevando una mano a su oreja para inspeccionarla.

— Están dementes. — murmuró con una sonrisa. — Aunque debo admitir que esto es algo ingenioso.

— Si, bueno, trabajamos con lo que tenemos. Ideas en cinco minutos. — respondió encogiéndose de hombros

— Curioso. Siempre pensé que el arete era diseñado en forma de tornillo.

— ¿Lo habías notado? — preguntó, haciéndolo recostar en la cama y colocando su cabeza en su pecho.

Doble D asintió y, mirando al sistema solar colgado de su techo, procedió a contarle todas sus observaciones. De como siempre se hallaba junto a sus hermanas, siempre al lado izquierdo de Lee. De cómo alteraba su caminata cada vez que pasaba frente a él, añadiendo más ritmo al movimiento de sus caderas de un lado a otro. De cómo arrugaba la nariz cuando estaba disgustada con algo. De cómo se sentaba en las clases haciendo garabatos en su cuaderno, a veces mascando chicle, sin prestar atención y sorprendentemente al final obteniendo buenas calificaciones. Lo relajada pero al mismo tiempo concentrada que se veía cuando pintaba en las clases de arte. Y las veces que la veía, con Lee y otro grupo de estudiantes rebeldes que se juntaban con ellas en las horas libres, fumando cigarrillos en áreas más "privadas" de la escuela y lo bien que se veía haciéndolo.

— Y luego dices que no sabes nada de mí. — rio, pero después levantó la cabeza para mirarlo a los ojos. — ¿Crees que me veo bien fumando? — preguntó incrédula.

El chico de gorra asintió levemente.

— De una extraña, exótica manera, te ves bien. Como si encajara contigo.

— Y yo que pensaba que solo los hombres se veían bien fumando. — bufó. — Ya me habían dicho que complementaba mi apariencia, pero no me esperaba eso viniendo de ti. — continuó. — Sabiendo que provocan cáncer y todo lo demás.

— Eddy también lo hace. — replicó rápidamente. — Y sí, le he dado muchos sermones de cómo daña a la salud de un individuo, pero sabes cómo es él: Nunca escucha. Francamente me he hartado de hacerlo. — dejó salir una pequeña risita. — Además, solo lo hace para impresionar chicas. — la miró a los ojos. — ¿Cuál es tu excusa?

Marie contempló la pregunta por unos segundos, apretando los labios.

— Supongo que es porque todos lo hacen: mi mamá, Lee, mis amigos… solo sigo la corriente. — se encogió de hombros.

Doble D dejó salir un sonido de comprensión, apretando los labios. Quedaron en silencio, sin saber que más decir, hasta que el chico habló.

— ¿Podrías enseñarme? — preguntó, adoptando una posición sentada.

— ¿Qué cosa? — replicó ella, recargando su peso en sus codos.

— A fumar, por supuesto. — contestó sonriente.

En respuesta la peliazul dejó salir una carcajada no muy bonita y propia, a lo que comenzó a borrar la sonrisa del chico.

— Estoy hablando en serio. — con eso la chica paró de reír abruptamente. — Quiero probarlo.

— Doble D. — negó. — Eres un chico amable, gentil, respetuoso, considerado y muy propio. En síntesis eres un santo. No voy a mancharte con un vicio como la nicotina. — dijo con seriedad.

En respuesta el chico hurgó en el bolsillo de sus pantalones y sacó un pequeño paquete de cigarrillos y un encendedor.

— ¿Pero qué…? ¡¿Cómo supiste que los tenía ahí?!

— Los sentí antes. — replicó levantándose y llevando un cigarrillo a la boca.

— Doble D, ¡NO! ¡Devuélvelos! — exclamó, levantándose de la cama y tratando de quitárselos pero el chico volteaba fuera de su alcance, encendiendo la colilla del cigarrillo con el encendedor.

Dio una gran jalada, y para su sorpresa y disgusto, el humo no terminó siendo de su agrado, tosiendo de forma violenta y lágrimas se asomaron a sus ojos. Marie logró arrebatárselos de las manos, guardando el encendedor de vuelta en su bolsillo y apagando el cigarrillo contra la pared.

— Eso es lo que consigues al no escucharme. — regañó. — ¿Por qué mierda quieres exponerte a algo como esto? — reclamó observando como lograba controlar su tos y respiración.

— Quiero intentar hacer cosas malas por una vez en mi vida. — respondió con voz ronca. Al ver la cara de confusión de la chica, procedió a explicarse. — Estoy cansado de ser maldito bueno bueno que todos pueden pisotear. Quiero rebelarme. Demostrar que soy más fuerte de lo que parezco.

— Pero esa no es la manera. No necesitas cambiar…Te amo tal como eres.

Edd sonrió. — Es por eso que tú me pondrás límites. Me mantendrás en tierra firme, al igual que lo hiciste esa noche. — sostuvo su rostro con ambas manos. — Armaremos una lista, ¿sí? Cosas que solo tú aprobarás y que solo lo haré una vez… a menos que permitas que lo haga más veces. — pudo ver que la chica seguía insegura. — No cambiaré, Marie, solo haré cosas diferentes. Todo lo que me permitas.

La peliazul se mordió el labio, considerando las palabras de su amado. Al final dejó salir un suspiro.

— ¿Prometes hacer todo lo que yo te diga?

El chico Ed tomo sus manos, entrelazando sus dedos, demostrando que no mentía. — Lo prometo. — y para terminar llevó sus manos a su boca, dando suaves besos en el dorso. La chica sonrió por el gesto, devolviéndolo con un beso en ambas mejillas y luego en sus labios.

— Muy bien, será mejor que hagamos esa lista. Y para empezar tendremos… — lo empujó, haciendo que caiga de espaldas en la cama. — Sexo fuera de matrimonio. — subiéndose sobre él y viéndolo con una expresión amorosa. — Creo que eso es algo muuuuy malo.

El chico sonrió, tomándola de la cintura y sorprendiéndola al cambiar de posiciones con ella abajo.

— Estaré feliz de cumplir con tus órdenes, Marie. Después de todo, esto es solo el comienzo.

Continuará...


Jose Fett: no sé que pienses que sea pero gracias :v