Thor entró en el palacio de Jotunheim, matando a cuanto guardia se le atravesaba en su camino. Su ejército finalmente había logrado quebrar a la oposición Jotun, la guerra que se había librado durante varios años entre ambos reinos finalmente llegaría a su fin.
En su camino hasta aquí había luchado y vencido a ambos hijos del Rey opositor, Helblindi y Býleistr. Había acabado con la cola y ahora solo quedaba cortarle la cabeza a la serpiente.
Laufey, el tirano, quien había traído oscuridad a su reino y había llevado la guerra y la muerte hasta las puertas de Asgard. La ambición de poder del gigante de hielo no tenía límite, y durante años había luchado su padre frenando el avance Jotun por los otros reinos, incluso perdiendo un ojo en un enfrentamiento con el líder gigante.
Asgard uniendo fuerzas con Vanhaheim, Muspelheim y Alfheim, habían logrado tras muchos años de lucha finalmente debilitarlo y reducirlos, por lo que ahora el fin de esta guerra sangrienta se podía vislumbrar. De Thor dependía el último paso.
Corrió por los pasillos acompañado de su pequeño grupo élite. Frandal, Sif, Hogun y Volstarg le abrían el camino hacia el salón donde estaba Laufey.
Al llegar al lugar, Thor lo encontró esperándolo, sentado en su trono con su imponente tamaño y armado con su larga lanza .
—Vaya así que el viejo decrépito envió a su engendro menor. Tan débil es Odin que ni pudo venir a enfrentarme personalmente, tanto me subestima, bien podría haberme enviado a su hija, ya sabes, la fuerte, la heredera, no al remplazo.
Thor no caería ante ese intento por desestabilizarlo. Porque, pese a lo que podría creer Laufey, Thor no se sentía inferior a su hermana, su familia era unida y fuerte. Él era un general, entrenado en las mismas condiciones que sus soldados y se había ganado su rango por mérito propio, no por ser hijo del Padre de Todo.
En cuanto a su hermana era su mejor amiga, su mayor apoyo y viceversa. Pero Laufey no sabía estas cosas, creía que la familia real de Asgard poseía los mismos problemas de otras casas reales, que la ambición de poder, el asesinato entre familiares y el regicidio eran comunes. Pero para gracia de Thor y desgracia de Laufey, los Odinson eran un frente unido y fuerte, por lo que sus provocaciones caían en saco roto. Y que Laufey lo subestimara sería su ventaja.
—Mi padre no perdería el tiempo contigo maldito. Yo soy más que suficiente para enfrentarte y vencerte.
—Ja, ya veremos.
El gigante se lanzó con todas sus fuerzas a luchar con el joven príncipe aesir. Ambos esquivan los golpes del contrario demostrando sus habilidades. En un giro Thor quedó en el piso y su martillo a varios metros, por lo que Laufey vio la oportunidad de dar el golpe final, pero cuando la lanza caía para atravesar al príncipe en su pecho, con un rapido movimiento Thor llamo a su martillo, el Mjolnir partio la lanza por la mitad y Thor tomó la mitad afilada dándole la vuelta. La lanza atravesó a Laufey , encajandose profundamente en el pecho del gigante, que no tuvo tiempo a reaccionar a lo que ocurría antes de caer muerto sobre el principe.
Thor suspiró, se había acabado, finalmente. Se retiró el cuerpo inerte del rey de encima, y con su espada cortándole de un tajo la cabeza se dirigió hacia el balcón. Miró hacia abajo a ambos ejércitos enfrentándose. Levantó su martillo al cielo y gritó haciendo resonar fuertes truenos y relámpagos que iluminaron la oscura noche.
El sonido estridente hizo que toda actividad en el campo de batalla se detuviese, tanto soldados asgardianos, aliados o gigantes enemigos miraron hacia la fuente del poderoso grito.
Thor levantó la cabeza cercenada del rey gigante y se dirigió a todos los que escuchaban.
—Laufey ha caído, la guerra a terminado, deponed las armas y rendios, evitemos más derramamiento de sangre inocente. Mucho os ha costado ya esta guerra sin sentido, una guerra que no buscabais y en la que habéis sido los más perjudicados. Desde este momento Jotunheim está bajo la protección de los 9 reinos y del Padre de todo. Es momento de buscar y abrazar la merecida paz y el descanso, de llorar a nuestros muertos y levantarnos nuevamente.
Uno a uno, los soldados jotun fueron soltando sus armas y cayendo al suelo arrodillados. Algunos lloraban por el alivio. Otros solo se quedaban mirando al frente con la vista perdida y el dolor en el rostro, el dolor de años de inútil sacrificio.
Thor suspiró, ahora Jotunheim debía comenzar a construirse desde las cenizas, y tendrían un largo camino por delante.
