Advertencia: contenido lemon ;)

«Te amo, Eddward.»

Esas eran las palabras que lo hacían perder toda caballerosidad y timidez que había en él, siendo reemplazada por un instinto animal que deseaba recorrer cada rincón de su cuerpo. Normalmente, era capaz de abstenerse de esos pensamientos. Pero cuando se volvió novio de la peliazul, noto que él era demasiado complaciente, jamás negándole ni un capricho, siempre y cuando sea ella quien inicie con la acción.

Marie era consciente de eso, encargándose de encender el fuego y mantenerlo ardiente. Estaba besando su cuello, sus manos desabotonando su camisa para iniciar leves caricias por debajo de la ropa.

— Ha pasado tiempo, muffin. Te necesito. — murmuró.

Una de las manos del chico estaba rasguñando las tablas del piso con fuerza, tratando de contenerse, mientras que la otra se mantenía en su cintura.

— ¿Que hay de tus hermanas?

— No regresarán hasta más tarde, tenemos tiempo. — llegó hasta un punto sensible para él, succionando en el lugar donde se encontraba su pulso y dejando un chupón.

Doble D soltó un gruñido, subiendo las manos por su torso, debajo de su blusa. Marie al percatarse de esto, se deshizo de su chaqueta, lanzándola por ahí en la habitación, permitiéndole quitarle la blusa con más facilidad. Quedó expuesta de la cintura para arriba.

En un instante ya no se encontraban sentados en el piso, ahora la peliazul se encontraba suspendida en la cama, con Doble D parado frente a ella, aflojando el nudo de su corbata antes que quitarse la camisa ya desprendida, gracias a la chica, y doblarla para dejarla a un costado en la cama. Su mirada estaba clavada en ella, algo que la hizo retorcerse en un lugar, optando por querer quitarse sus pantalones ella misma, pero fue detenida.

— ¿Impaciente? — dijo con ironía, sujetando sus manos que se hallaban sobre su cinturón rosa.

— Vamos... — habló, muy inquieta, retorciendo sus caderas hacia arriba.

Doble D entendió el acto, continuando con lo que ella pensaba hacer, desprendiendo la hebilla de su cinturón, y procediendo a deslizarlos por sus piernas junto a sus bragas.

Nunca podría cansarse de esa vista. Sus ojos se deleitaban con el cuerpo desnudo de su novia: la suave piel nívea, las delineadas curvas de sus caderas, la delgada cintura, el piercing en el ombligo que la complementaba, y sobre todo el pequeño tatuaje, las siglas «DD» talladas en las terminaciones de sus costillas izquierdas.

— Te ves tan exquisita, mon amour.

Se agachó hacia ella, colocando una rodilla sobre la cama, utilizándola para separar sus piernas y sus manos apoyadas a sus costados. Besó con pasión sus labios, introduciendo su lengua, provocando un gemido ahogado por parte de Marie. Una de sus manos viajó por su torso, descansando sobre uno de sus pechos, amasándolo. El gemido emitido esta vez no fue callado por sus labios, siendo que comenzó a un recorrido de besos por su cuello, rodeando su clavícula y terminando en el centro de su pecho, esto a la par que su otra mano estaba realizando el mismo trabajo en el otro seno. Se llevó un pezón a la boca, reemplazando una mano, lamiendo y succionando, mientras que la otra se encargaba de jugar con sus dedos pulgar e índice.

Intercambió de lugares, deleitándose con sus gemidos, hasta que sintió las manos de Marie, una tratando de desprender su cinturón, mientras que la otra lo estaba frotando por encima de la tela de sus pantalones.

— Deshazte de esto. — suspiró.

Edd la ignoró, optando por bajar su recorrido de besos por su abdomen y estómago, llegando hasta sus caderas.

— Eddward... — volvió a insistir, jalando de su gorra y dejando su cabello a la vista.

— Aún no. — murmuró, levantando una pierna por debajo de la rodilla. — Déjame disfrutar de tu cuerpo un poco más; dijiste que teníamos tiempo.

Comenzó a besar desde la rodilla hasta el interior de su muslo, donde dejó una mordida a la que volvió roja con succionar la piel.

— ¡Ah! — jadeó. — ¿Tanto me extrañaste? — preguntó burlona, poniéndose su gorra en la cabeza.

— Siempre dejas marcas en mí. — se explicó, admirando el chupón que había dejado. — Quería devolver el favor. Es un buen lugar para ocultarlo, ¿No lo crees?

— Doble D...

— Ya estás bien lubricada... Ni siquiera te toqué. — admiró, y en un instante su boca estaba llena de ella.

Cuando su relación con Marie comenzó, había estado investigando más sobre el asunto, buscando maneras para complacerla y convertirse en un mejor amante para ella. Sentía que debía serlo, después de todo lo que pasaron. Y en sus tiempos de intimidad, había aprendido todos sus puntos sensibles, sabiendo como ejecutarla como un instrumento hasta que emita los más dulces sonidos.

Marie nunca se había sentido tan sumisa en su vida. Las únicas veces que se permitía serlo. Las maravillas que hacía con su boca la dejaban sin aliento. Y cuando todo el placer acumulado estaba a punto de explotar en el punto de clímax, él se detuvo.

— ¿Q-qué? — susurró, abriendo los ojos, su agarre en las sábanas aflojándose.

Lo encontró limpiándose la boca con el dorso de su mano, sacando su billetera del bolsillo de sus pantalones.

— Venganza por esta mañana. — respondió sin mirarla, quitando un preservativo.

Sonrió al verla tartamudear una respuesta, por fin dignándose a deshacerse de sus pantalones, y de paso sus boxers, dejando su erección al aire libre.

— Eso es diferente, ¡Yo no te dejé al borde de un orgasmo! — protestó.

Se colocó el preservativo y se acercó a su rostro. Le sonrió, mostrando el hueco en medio de sus dientes delanteros, Marie estaba haciendo una mueca.

— No lo es... — replicó.

Cualquier respuesta que tenía la peliazul fue callada cuando se deslizó dentro de ella.

— ¿Vas a seguir quejándote?

— Ohhh no pares... — maulló, enredando sus piernas alrededor de su cintura y sus manos alrededor de su cuello.

Edd comenzó a dar embestidas.

— Tus deseos son órdenes...

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Mientras tanto, May y Lee estaban regresando de la escuela. La práctica había terminado antes, pero aún así, la rubia se había demorado un poco en cambiarse su uniforme de porrista, no quería caminar por la calle y darle ideas con esa falda tan corta a algún pervertido que deambule por ahí.

La mayor tenía su vista pegada en su celular, repasando los videos que había grabado durante las prácticas por si ocurra algún accidente y pueda volverlo a ver para reírse un poco. Pero hoy había ocurrido algo que la dejó con la boca abierta en las pruebas del equipo de fútbol americano, en particular uno concerniendo a cierto Ed con gorra.

— Todavía no puedo creer que Doble D haya hecho un tiro desde esa distancia. — dijo Lee, observando el video.

— Sí. Quién diría que el hombre de Marie tuviera esa capacidad: Se ve tan flacucho. No como mi Gran Ed. — respondió May, juntando ambas manos en su pecho con esa última oración.

— Y pensar que Marie se lo perdió. Bueno, tenemos evidencia. — sacudió el teléfono en el aire.

— Se pondrá tan celosa. — rió la menor.

La pelirroja rio con ella, como si estuvieran realizando una travesura, mientras ingresaban al parque de remolques.

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Edd y Marie habían cambiado de posición, con la peliazul boca abajo y la cabeza pegada sobre la cama, y el chico detrás de ella, sujetando sus caderas su lugar, embistiéndola profundamente. Sus brazos se habían cansado, por lo que sus piernas eran lo único que mantenían su posterior arriba, moviendo su cuerpo con cada embestida.

Los gemidos de Marie inundaban la habitación y Doble D por un momento se preguntó si llamaría la atención de los vecinos.

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Las hermanas entraron al remolque, soltando sus mochilas en el piso frente a la puerta, después de todo las recogerían luego. Lee fue directo al baño, dejando sus celular en el sofá, por lo que May aprovechó para tomarlo y se dirigió a las escaleras, queriendo echarle en cara a su hermana los acontecimientos que se perdió. Pero la voz de su hermana la confundió. Comenzó a subir lentamente, descubriendo sonidos que provenían del dormitorio que compartían las tres.

Al acercarse a la puerta los sonidos se aclararon, reconociendo que se trataba del rechinido de la cama desgastada y aplausos con manos mojadas. No sabía a qué venía todo eso, pero cuando estaba a punto de tomar la perilla de la puerta, escuchó la voz de Marie.

Doble D~ justo ahiiii... — seguido por sonidos masculinos.

May abrió los ojos como platos, su cara ardiendo en un color rojo, retrocediendo y sorprendentemente bajando las escaleras con precisión. Lee salió del baño y de inmediato notó el comportamiento extraño de su hermana menor

— ¿Qué ocurre? — cuestionó.

La rubia levantó una temblante mano, apuntando hacia la puerta del dormitorio. La pelirroja arqueó una ceja debajo de su cabello y fue a revisar, pero a mitad de camino, los sonidos se fueron familiares, al instante reconociendo de qué se trataban. Se giró hacia May, y al ver que abría la boca, la interceptó rápidamente, arrastrándola fuera del remolque hacia el bosque, cubriendo su boca todo el tiempo mientras que esta emitía gritos incoherentes. Una vez que llegaron a una distancia segura, la soltó.

— Marie y Doble D... ¡MARIE Y DOBLE D! — gritó, siguiendo apuntando hacia el remolque.

— Lo sé, lo sé... — Lee trataba de calmarla.

— Estaban... estaban... ¡OH NO, IMAGEN MENTAL! — llevó ambas manos a su cabeza.

— May, May... ¡CALMATE! — le proporcionó una bofetada.

La menor se quedó quieta en su lugar, respirando hondo, hasta que se recompuso.

— Gracias, lo necesitaba. — comentó, sobándose la mejilla. — Pero Lee, ellos estaban...

— Lo sé. Siempre lo supe.

— ¿Como que siempre lo supiste? — preguntó con confusión.

— Oh por favor, May. — lanzó las manos al aire. — Las veces que Marie salía y volvía o muy temprano o muy tarde, ¿No se te hacia sospechoso?

— Ahora que lo dices, tienes razón pero... ¿Desde cuándo lo sabes?

Lee se encogió de hombros.

— Desde el día que lo trajo a arreglar la tubería. Los encontré muy cariñosos un segundo antes de entrar. Aunque trataron de disimularlo.

May no dijo nada, volteándose a ver el remolque con preocupación.

— Pero quién diría que se atrevería a traerlo aquí. Marie tiene agallas, la muy zorrita. — continuó su hermana. — Estaba gimiendo como una estrella porno, ¿Crees que Doble D sea bueno?

— ¡LEE!

— ¿Qué? Tengo curiosidad. — se encogió de hombros.

May miró al suelo con algo de pena.

— ¿Qué haremos? — preguntó en voz baja.

— Bueno, tengo unas tremendas ganas de ir a interrumpirlos en el acto solo para ver sus caras. — se cruzó de brazos. — Aunque creo que me arrepentiré después. Pero, puede que tenga una mejor idea… — le susurró en el oído.

May levantó una ceja ante la idea propuesta de su hermana.

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Doble D se dejó caer en la cama, cansado, respirando profundamente. Marie se hallaba de la misma manera, extendiendo una mano para quitarse el gorro de la cabeza, pues sentía calor. Perlas de sudor bañaban ambos cuerpos luego del esfuerzo físico que realizaron.

— Eso estuvo… jodidamente bien. — suspiró la chica.

Edd soltó una risa entrecortada, tirando de su brazo para atraerla a él. La peliazul recostó su cabeza en su pecho, escuchando los latidos de su corazón, y trazando círculos con su dedo. Una sonrisa contenta se hizo presente en su rostro cuando él besó su frente.

— Te extrañé, Marie. — admitió.

— Lo sé. Si no me hubieras dejado hacer más cosas contigo. — sintió las vibraciones de la risa del chico. — Oye… — levantó la mirada hacia sus ojos. — Te amo.

Edd sonrió, llevando una mano para arreglar un mechón de cabello azul detrás de su oreja antes de besar sus labios con ternura.

— Y yo a ti. — susurró luego de separarse.

Ese era el lugar feliz de Marie. Acostada en una cama, abrazando al hombre que amaba. Solos ellos dos, en un ambiente tranquilo, luego de una sesión de intimidad. Si fuera por ella, se quedaría así por siempre. Pero tristemente, las cosas buenas debían terminar.

Con un suspiro, Doble D se deslió de su agarre, levantándose de la cama. Se despojó del preservativo y se propuso a vestirse, todo bajo la mirada fija de Marie.

— ¿Debes irte? — preguntó, haciendo un puchero.

— Tus hermanas llegarán pronto. — explicó, colocándose su gorra.

Marie se levantó, caminando hacia él para rodear su cuello con sus brazos. Se paró de puntitas, con un beso en mente, pero el ruido de la puerta principal los interrumpió. Una expresión de alarma se hizo presente en ambos rostros.

— ¡Rápido: la ventana!

Asintiendo, Edd se dirigió a la ventana, dispuesto a salir antes de que sus hermanas los encuentren in fraganti. Antes de tirarse, se volteó hacia la peliazul, quien le lanzó un beso de despedida. El chico de gorra sonrió y saltó por la ventana.

Marie rápidamente recogió su ropa y tomó una toalla, cubriendo su cuerpo desnudo, justo a tiempo para que Lee y May ingresen a la habitación.

— ¿Qué hay? — saludó, predisponiéndose a salir por la puerta pero ambas no se movieron de su lugar. — Muévanse, taradas, ¿O no dejaran que me bañe?

Lee sonrió.

— Sí, será mejor que lo hagas: apestas a zorra barata. — comentó, haciéndose a un lado.

May soltó una risa imitando a su hermana mayor. Marie solo se dedicó a enseñarles el dedo del medio mientras bajaba las escaleras en dirección al baño, aunque por dentro ese comentario la hizo sentir alarmada.

Lee le dio una mirada a la habitación: nada parecía estar fuera de lugar. Pero bueno, mejor prevenir que lamentar.

— ¡Oye, Marie!

La mencionada se volteó justo a tiempo para ser golpeada en la cara por unas sábanas dobladas.

— Lava esto de paso.

Marie dio una mirada a las sábanas en sus manos y luego a su hermana.

— ¿Por qué?

— Solo hazlo.

— Pero…

— ¡QUE LAS LAVES!

— ¡Ay, está bien! — replicó fastidiada, para luego encerrarse en el baño de un portazo.

"Algunos no respetan las zonas de sueño de otros" pensó, mirando la cama tamaño matrimonial que compartían las tres desde hace años.

Vio que May estaba sacando libros de su mochila y aprovechó para darle una mirada a su celular. Sorprendiéndose de ver un que tenía un mensaje.

«Ontas?»

Lee se quedó viendo la pantalla de su celular por un minuto, hasta que reaccionó, cambiándose de ropa y agarrando su bolso.

— ¿A dónde vas? — preguntó May, quien se encontraban leyendo una tira cómica en la cama.

— Voy a salir. No me esperen. — contestó, cerrando la puerta tras ella.

May se quedó viendo confundida la reacción de su hermana, pero lo dejó pasar encogiéndose de hombros. Todos tienen sus asuntos, es mejor no entrometerse.

Continuará…

BlossomKookie: Descuida, planeo seguir con la historia XD

N.A: a que no se esperaban eso último xD 3/4 personas ya saben el secreto, ¿Qué creen que pasará?

Nos leemos!