Al día siguiente, Doble D completó su rutina diaria de las mañanas y se dirigió a su auto, listo para otro día de educación. Se sentía excepcionalmente bien ya que pudo ver a Marie el día anterior, y la sesión que tuvieron valió la pena el mini infarto que le dio cuando llegaron sus hermanas. Oh la sensación eufórica de tener a su cálido y femenino cuerpo cerca, apretándolo, era algo de lo que nunca se cansaría. Trató de calmarse un poco cuando sintió revoloteos en su estómago de solo recordarla.
"Creo que me he vuelto adicto a ti, Marie"
Enfocó su mente en otra cosa, como en el grandísimo detalle de que ella conservó todo lo referente a él, y los momentos que pasaron en sus infancias. Era prueba de que su devoción hacia él era genuina. Después de todos estos años evitándola, ella no se dio por vencida, y eso traía calidez al corazón de Doble D, sintiéndose feliz de enamorarse de alguien así de testaruda.
Abrió la puerta del garaje y allí estaban Ed y Eddy, esperándolo. No se dio cuenta que había estado tarareando alegremente sino hasta cuando Eddy lo miró raro cuando éste se subió al asiento de copiloto.
— ¿Qué mosco te picó?
— ¡Buenos días, mis amigos de toda la vida! — saludó. — ¿Cómo se encuentran en este maravilloso día? Espero que estén tan ansiosos por otro día educativo tanto como yo. La educación es la clave del éxito, es lo que mi padre siempre decía...
Durante todo su sermón diario, había encendido el motor y se puso en marcha hacia la escuela, Eddy habiendo colocado un auricular en una oreja desde que oyó "día educativo" en un intento de ahogar las palabras del chico de gorra. Ed quitó la cabeza por la ventana, con la lengua afuera como un perro, dejando que la brisa mañanera del temprano otorro choque por su cara. Doble D, sorprendentemente, no le había prestado atención, ahorrándose sus reproches sobre el peligro que quitar alguna parte del cuerpo en un vehículo en movimiento, optando por seguir hablando alegremente sobre lo que los esperaba en el futuro.
Llegaron a la institución y estacionó el auto en su lugar designado. Al entrar y caminar por el pasillo los de primer año se hacían a un lado, Eddy sacando el pecho en orgullo debido a su nueva reputación.
— Les dije que seríamos reyes de la escuela si nos unimos al equipo. — habló una vez llegaron a sus casilleros.
— Veo que las mismas reglas de la Cadena Alimenticia se aplica en este sentido. — murmuró Doble D, sacando sus libros para su primera clase.
— Es como un Pokemon evolucionado. — rió Ed. — Pero no hacían eso por mi antes.
— Eso es porque salimos con Doble D, y a él nadie lo respeta. — rió Eddy siendo acompañado por Ed.
A el chico de gorra no le hizo gracia el comentario, mirándolos con desprecio. El más bajo se acercó a él riendo, rodeando su hombro con un brazo, a lo que él respondió quitándoselo de encima.
— Aw, vamos Doble D, no te enojes.
— Soy muy respetado, gracias. — replicó, cerrando su casillero. — No sabes la cantidad de dinero que me gano siendo tutor.
Pudo ver como básicamente a los ojos de Eddy se transformaron en símbolos de dolar y rápidamente se giró para irse. Lastimosamente, el chico lo atrapó.
— ¿A dónde vas, conejo Blas? — preguntó, sujetándolo de la camiseta.
— Ni creas que te daré mis ganancias.
— Oh vamos, yo-
— Emm, disculpa, ¿Ed? —una voz femenina los interrumpió.
Los tres se giraron para encontrarse a una inquieta May Kanker. Estaba tambaleandose sobre sus talones y con una sonrisa en el rostro.
— ¿Puedo hablar contigo un momento? — preguntó, haciendo ojos de perrito.
Ed miró a sus amigos, que se encogieron de hombros y luego volvió su mirada a ella.
— Seguro. — contestó.
May no tardó en tomar su mano y jalarlo hacia otra dirección, volviéndose hacia los otros Eds con una mirada excusante. — Es en privado, chicos.
Doble D y Eddy se quedaron observando como se marchaban hasta perderlos de vista entre la multitud de estudiantes.
— Bien, eso fue raro. — comentó Eddy.
— No lo veo así, recuerda que las Kankers últimamente se han olvidado de nosotros. — replicó automáticamente Edd.
— Sí, pero aun así...
— Oye Eddy, ¿Cómo te fue ayer con tus padres? Ya sabes, cuando les diste la noticia de que entraste al equipo. — cambió de tema mientras volvía a caminar hacia su salón.
— Oh. No lo hice, no estaban en casa.
— Tuviste la casa para ti, ¿Y no nos llamaste ni a Ed ni a mí? — cuestionó el de gorra, arqueando una ceja.
— Lo hubiera hecho pero... me distraje. — comentó con una sonrisa torcida.
— ¿Con qué? No me digas que con las revistas porno de nuevo. — rodó los ojos.
Eddy rápidamente siseó que para que se callara mientras observaba con una sonrisa nerviosa a los estudiantes que pasaron y giraron sus cabezas a verlos. Doble D pudo jurar que hasta escuchó un "Estúpido pajero" entre el barullo del pasillo.
— No fue con eso, idiota. — siseó. — Algo mejor.
— ¿Oh? ¿Con qué?
Eddy simplemente sonrió y dobló un pasillo. — Nos vemos, Doble D. — se despidió con la mano, sin volterse a verlo.
Doble D se quedó viendo en su dirección con incredulidad, hasta que negó la cabeza y siguió su camino. Lo que Eddy haga en su tiempo no es asunto suyo, y viceversa. No tenía por qué entrometerse, ni tampoco dar explicaciones. Aunque en su caso, sí tenía o no dejarían de molestarlo, por lo que leves indirectas y cambios de tema debían ser aplicados.
Llegó al laboratorio de ciencias, sentándose retirando un taburete de la mesa izquierda en la segunda fila y sentándose. Últimamente no le gustaba sentarse tan al frente de las clases, era como si fuera la mascota de los profesores. Y aunque le guste ayudar y responder preguntas le garantizaba puntos extras y reconocimiento, no quería ser visto como un chupa-medias. Además, como le había dicho a Marie, ya no quería seguir con sus costumbres de chico bueno y cambiar su rutina no estaría mal.
Otros estudiantes también fueron entrando, la clase llenándose cada vez más. Sintió un toque en su hombro y giró la cabeza para encontrarse con May, sonriéndole de la misma manera que lo haría con Ed, algo que lo puso un poco inseguro.
— Hola Doble D. — saludó, su rostro radiante y soltando una risita para darle un toque de inocencia.
Conocía esa jugada, Nazz solía hacerlo todo el tiempo; balancearse entre la línea de ser amigable y flirtear. Era algo que garantizaba que la chica que lo hiciera obtuviera lo que quisiera al ser linda. Y funcionaba en varios chicos, como lo comprobó al escuchar varios suspiros alrededor suyo.
— Hola May. — saludó de vuelta educadamente.
— ¿Puedo sentarme aquí? Las demás mesas ya están ocupadas.
Doble D se volteó para comprobar que en verdad se trataba de eso, e ignorando las miradas de envidia y expectación de los otros estudiantes varones, asintió levemente, bajando el taburete de la mesa por ella.
— ¡Gracias!
Tomó asiento a su lado, bajando sus cosas en el suelo y sacando sus libros de su mochila. No tomó mucho para que el maestro llegue e inicie la clase. Realmente no tenía problema con que May se siente con él; ella es uno de los prodigios de la clase. Solo la manera como se lo había pedido, más la sonrisa, era inquietante. Le recordó a esa vez en San Valentín, hace años.
Un escalofrío fue evidente en todo su cuerpo y tuvo que luchar por mantener la compostura cuando la rubia lo miró de reojo.
— ¿Sucede algo? — preguntó mientras preparaba la mezcla que el maestro les había indicado en el pizarrón.
Negó rápidamente. — Nada. Solo que el olor a acetona es algo fuerte. — se excusó.
May soltó una risita. — Pues te acostumbrarás. Yo lo hice. En casa es raro no olerla.
Doble D asintió levemente, recordando ver los distintos tonos de colores en las uñas de Marie.
La clase continuó normalmente, pues lo único que el maestro les dejó fue un trabajo de maqueta que tenían que terminar en grupos para la siguiente semana. Y como cada mesa estaban dos personas, el "grupo" consistía en realidad en parejas. Doble D quedó con May, de nuevo no le veía lo malo a eso, la Kanker menor era excelente con la química. Estaban recogiendo sus cosas cuando terminó la clase, para ir a sus siguientes. Pronto eran solo ellos en la clase.
— ¿Te veré esta tarde luego de la práctica? — preguntó May, pasando una tira de su mochila sobre su hombro.
— De hecho, hoy no puedo, tengo un compromiso pendiente. — replicó Edd, haciendo lo mismo con su mochila de mensajero.
No era mentira, tenía una cita con Marie después de su práctica.
— ¿Qué te parece mañana? — preguntó de vuelta.
— Mañana está bien. — sonrió May. — ¿Tu casa verdad?
Doble D asintió.
— Muy bien, entonces nos vemos…
Lo siguiente que pasó dejó al chico helado, pues la chica se había puesto de puntitas e inclinado hacia él, depositando un suave beso en el borde de sus labios. Quedó ahí por unos segundos para luego acercarse a su oído.
— …Amorcito.
Se separó rápido y prácticamente corrió fuera del salón. Doble D quedó ahí, congelado, tratando de procesar lo que acababa de pasar. Llevó una mano al área donde lo había besado, y podía jurar que todavía podía sentir sus labios palpitantes ahí.
Abrió por completo su ojos, esto no podía estar pasando. May Kanker definitivamente no había coqueteado con él, no lo había besado, ni lo había llamado por el apodo cariñoso de ese horrible día de San Valentín… ¿Verdad? No ahora, cuando se encontraba saliendo con Marie…
…Pero May no lo sabía, ¿O si?
Apretó sus manos en la tira de su mochila de mensajero y se apuró a salir del salón, su cabeza hecha un lío. ¿Qué demonios se supone que debería hacer ahora?
Continuará…
N.A: se prendió esta mierda :v con un super regreso luego de un mes de hiatus.
