Luego del relajante baño, a los dos le dio hambre, por lo que ahora se encontraban preparando la cena, cortando vegetales para hacer salsa. Estaban preparando espagueti, ya que a ambos se les antojó algo de pasta. A Doble D se le había pasado por la cabeza decirle en ese momento, pero ella se veía tan feliz con su contagiosa risa cada vez que le ponía comida en la cara y él imitaría su acción. No quería arruinar el momento. Otra vez.
— ¿Sabias que los deportistas normalmente comen espagueti antes de alguna competencia porque contiene las proteínas y carbohidratos que necesitan para alimentar sus reservas de energía? — dijo una vez que terminaron de cocinar y empezaron a comer.
— Huh... Ahora todas esas películas tienen sentido. — replicó la chica con una ceja alzada, mientras envolvía su tenedor con los fideos. — ¿Planeas gastar algo de energía después, por eso escogiste espagueti? — preguntó con una sonrisa seductora, o al menos la más seductora que podía lograr con comida en la boca.
Doble D soltó una risa, tomando un sorbo de su vaso de agua. — No exactamente. Es algo que no comía hace tiempo, es todo. — se inclinó hacia adelante para limpiarle un poco de mancha de salsa que había quedado en el borde de su labio inferior. Pasó su pulgar por su labio, para luego llevárselo a su propia boca y dedicarle una mirada de descaro.
Claro que Marie lo pateó por debajo de la mesa.
— ¡Ya deja querer hacerme sonrojar! — el chico rió en respuesta. — ¡No es divertido, maldita sea!
Edd dio una mirada inocente, a lo que la peliazul hizo un mohín, llevando su vaso a la boca para darle un sorbo a su bebida. — Te ves tan tierna cuando haces eso. — lo escuchó decir, y escupió un poco de su bebida.
Lo miró con incredulidad mientras que Edd se carcajeaba cubriéndose la boca con una mano.
— ¡Basta! — reclamó, lanzándole un pedazo de pan a la cara, logrando callarlo.
No hizo falta decir que ese acto casi hizo escalón a una pelea de comida. Casi. Doble D al querer responder se dio cuenta de que ya no había nada que lanzar, a lo que negó la cabeza, recogiendo sus platos para llevarlos al fregadero.
— Déjame lavar esto. — dijo colocándose unos guantes de goma amarillos.
Empezó con la tarea de lavar los trastes. O eso era lo que planeaba, hasta que sintió unas manos frías adentrarse por debajo de su camisa, haciéndolo sobresaltar.
— ¡¿Por qué tus manos están frías?! — exclamó.
— Las dejé un momento en el vaso. — escuchó la réplica en su oído, seguido por suaves besos en su nuca, haciendo que se estremeciera. — Déjame a mí. — lo tomó de uno de los brazos.
— No, querida, es mi casa, debo...
— Marie Kanker se está ofreciendo a lavar los platos por ti, ¿Y te estás negando? — arqueó una ceja.
El chico no respondió, por lo que Marie lo apartó, arrebatándole los guantes. — A un lado. Haré esto y tú puedes esperarme un rato; tengo ánimos para postre.
Él simplemente tildó la cabeza. — Pero si no tenemos- — se calló cuando ella soltó una risita, lamiéndose los labios. — Oh...
Ok, ahora era él quien se estaba sonrojando.
Caminó hacia la mesa y se apoyó contra ésta, observándola en silencio. La chica estaba fregando un plato con una esponja, tarareando una melodía sin sentido. La vista parecía algo tan normal pero tan raro al mismo tiempo: nunca había pensado ver o imaginar a Marie actuar como una ama de casa. Una rápida imagen de ella vestida solamente con un delantal de cocina, como a veces aparecían en los dibujos de Ed, pasó por su mente. Sacudió rápidamente la cabeza; tendría que dejar de ver esas cosas con él.
Sin embargo, otro pensamiento se hizo paso. Y era lo que había estado evitando decirle todo el momento que ella ha estado ahí.
Vamos Eddward, decídete. Es ahora o nunca.
— Marie...
— ¿Hmm? — la chica no volteó a verlo.
— Esta mañana... ocurrió algo extraño. — prosiguió.
— ¿Enserio?
— Fue algo... verdaderamente extraño. Ocurrió de la nada y... — empezó a jugar con el cuello de su camisa.
— Dime. — la oyó decir. De verdad el que no lo esté mirando lo incomodaba. No sabía cómo era su expresión facial.
—... May me besó.
Su cuerpo se puso totalmente rígido cuando vio que ella cesó sus movimientos con los trastes, colocando el último plato para dejarlo secar. De pronto comenzó a sacarse lentamente los guantes y él por instinto cerró los ojos.
— No sé por qué, fue tan repentino, ni siquiera le di señas. Ay Marie, te juro que no sé qué pudo provocar eso pero- — abrió los ojos cuando sintió su tacto en su mejilla.
La chica lo miraba con ojos intensos, como si estuviera buscando algo.
— ¿Me amas? — preguntó.
— Con todo mi ser. — replicó sin dudarlo.
Marie acercó su rostro y plantó sus labios en los de él. Edd jadeó con alivio, correspondiendo al beso en un santiamén. Atrajo su cuerpo al suyo, apretándola contra él.
— Entonces no tengo por qué preocuparme. — dijo ella una vez que rompió el beso.
— ¿No estás enojada?
Ella lo abrazó en respuesta, recostando su cabeza contra su pecho. — Sé que jamás harías algo así… voluntariamente. May por otra parte… tuvo que tener una razón para hacerlo, y el que lo hiciera por gusto no cuadra.
— ¿A qué te refieres? ¡Me llamó amorcito y todo!
— Heh, eso te espantó, ¿No es así? — rió por lo bajo. — Me refiero a que no lo hizo porque le gustes ni nada de eso. Después de todo, Ed dijo que se juntaban cada semana. Si se molestó en mantener eso en secreto, quiere decir que hay algo entre ellos.
— ¿Qué estás diciendo?
— Solo digo que hubo una rata por aquí. — retrajo su cabeza para mirarlo.
Edd lentamente abrió por completo los ojos. — ¡Lo sabe! ¡Sabe lo de lo nuestro! — exclamó, sujetándola de los hombros. — Aunque ahora tiene sentido el que haya querido hablar con Ed esta mañana.
Marie apretó los labios. — May no pudo actuar por sí sola, sabe que la aplastaría; y lo haré cuando se entere, pero alguien tuvo que orillarla a hacerlo.
— Y creo que vas con que ese alguien es Lee, ¿O me equivoco? — completó él. Ella asintió lentamente. — No entiendo por qué haría esto.
— Si fuera una Kanker; y lo soy. — sonrió con orgullo. — Querría jugarle alguna broma a mis hermanas si me enterara de algún secreto sucio que tengan, hasta que me lo confiesen.
— ¿Entonces fue solo una jugarreta para alterarme? — ella asintió. — Pues lo lograron. — pasó una mano por su rostro.
Marie agarró esa mano, y la presionó contra sus labios, dándole un beso en el dorso para luego apegarla a su mejilla.
— Ya veremos que haremos con ellas. Y no te alteres, ya te dije que no estoy enojada. No contigo al menos. — su sonrisa sincera cambió a una pícara en cuestión de segundos. — Y para demostrarlo… — volvió a llevar su mano a su boca, pero esta vez se aseguró de adentrar el dedo índice, succionándolo mientras lo miraba con seducción. El rostro del chico se tiñó de rojo, claramente apenado ante el gesto. — … todavía tengo ganas de ese postre.
Edd abrió grande los ojos cuando sintió su mano presionándose contra su entrepierna a través de la ropa. La miró con incredulidad a lo que ella respondió con un guiño y un corto beso en los labios. En un rápido movimiento se puso de rodillas, aunque él la detuvo antes de que pudiera desprender la hebilla de su cinturón.
— Por favor, Marie, aquí n- — un movimiento en su visión periférica llamó su atención, dirigiendo la mirada hacia un rincón de la cocina.
Marie lo miró con fastidio hasta que notó su mirada distante. — ¿Qué? — observó el punto hacia donde estaba mirando y vio que allí se encontraba una araña de un tamaño enorme. Se puso de pie rápidamente quitándose un calzado y fue hacia ella con intenciones de eliminarla.
— ¡Espera! — Doble D la jaló del brazo.
— ¡Es una araña! — chilló en protesta.
— Exacto.
La peliazul lo miró incrédula pero se transformó en sorpresa cuando lo vio acercarse y tomar a la araña en manos.
— Mildred, ¿Cómo llegaste hasta aquí? — se dijo a sí mismo.
— ¿Mildred? — preguntó, colocándose el calzado de vuelta.
— Es el nombre que le puse cuando la adopté como mascota; se supone que debe estar en el sótano.
— ¿Adoptaste a una araña? — caminó hacia él observando al arácnido por detrás de su hombro. De hecho que dio un paso hacia atrás cuando él volteó todo su cuerpo hacia ella.
— ¿Te gustaría sostenerla? — preguntó sonriente.
Marie se preparó para rechazar la oferta pero él tomó una de sus manos antes de que pudiera hacerlo, logrando que ella deje salir un chillido.
— No tengas miedo; las arañas son seres peculiares, solo atacan cuando se sienten amenazadas. Y claro, cuando tienen hambre; pero esta no te va a comer. — rió.
Observó con asombro como la araña caminó desde la mano de Edd hasta la suya y se quedó ahí, como si la estuviera analizando, con esos múltiples ojos. Marie solo la miraba de vuelta con ojos bien abiertos, sus hombros bien tensos y listos para soltar a la araña y golpear a Edd en caso de que la pique. Sin embargo esto no sucedió por unos buenos diez segundos.
— Creo que le agradas. — dijo el chico a su lado, y ella sintió la necesidad de sonreír. — Ven; llevémosla al sótano.
Abrió la puerta que iba a dicho lugar y bajaron las escaleras. Ahí se encontraban los electrodomésticos de lavandería y un estante lleno de artefactos extraños que debían ser los antiguos inventos de Edd. Marie se agachó y dejó a la araña en el suelo. Una vez que lo hizo, está caminó rápidamente hacia una dirección oscura, donde Marie creyó que se encontraba su nido.
— ¿Ves que no había nada que temer? — escuchó al chico hablar.
Marie bufó. — Solo tú dejarías de lado una mamada por atender a una araña. — se giró hacia él con una sonrisa burlona. — ¿Por qué la llamaste Mildred? — volvió a enderezarse.
Doble D se encogió de hombros. — Supongo que me gustaba, lo vi en un libro y se me quedó, ¿Por qué la pregunta?
Ella copió su gesto. — Es bonito; suena a que tiene clase. Me gusta.
El chico sonrió, un comentario haciéndose presente en su mente pero no se atrevió a decirlo. En su lugar la tomó de la mano. — Ya que nos atendimos de este asunto, podemos volver a lo nuestro.
Marie le sonrió seductora, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello. — Me parece bien, Eddward. Puedes cargarme hasta tu habitación. — dio un brinco, enredando sus piernas por su torso.
Él se padeció. — Pero cuentan como dos pisos, Marie. — protestó.
— Y será mejor que no me dejes caer. — replicó, dejando besos por su cuello.
Edd suspiró haciendo todo el esfuerzo posible por cargarla por dos rondas de escaleras hasta su cuarto.
Continuará…
N.A: Holis :D pasó tiempo verdad? Casi no me venía inspiración para seguir con algo nuevo, por eso iba más con las traducciones.
Mildred es en realidad el nombre de la araña de Edd en la serie, y también el nombre de su hija no-canónica con Marie :v pero no llegaré hasta ese punto en esta historia.
Marie una vez más demostrando que es la Kanker más astuta e inteligente.
