Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin les pertenecen a sus respectivos autores, editoriales y productoras. Es una historia destinada sólo al entretenimiento y sin fines de lucro.


La guerra de los sexos

Ya era el número 99.

Era el pretendiente número 99 que Petra Ral rechazaba… no, que Petra Ral hacía que corriera despavorido para no volver jamás. Estaba cansada de que su padre le pusiese enfrente cuanto hombre había en Paradis para que se casase, de la misma manera que él estaba cansado de la terquedad de su hija en no casarse. De más está decir que su peor pesadilla era que su querida Petra terminara solterona y fuera el fin de su linaje.

Dieter Ral, rico comerciante, vivía y moría para ver a su única hija Petra entrar de blanco en una iglesia. Su reputación como padre y hombre de negocios dependían de cómo acomodara a su retoño en cuestiones domésticas. Pero la jovencita tenía otras ideas en mente. A sus 19 años, Petra Ral soñaba con ser soldado y defender a la humanidad de los titanes, cosa que hacía que a su padre le agarrara un ataque de gastritis. Y obviamente si Petra quería ir a la Legión de Reconocimiento, el matrimonio debía ser asunto vetado en su vida. Y no se defraudaría a sí misma.

Una tarde, ambos llegaron discutiendo a casa debido al último rechazo de la joven.

-¡No hacía falta que lo tiraras al río como respuesta a su invitación!

-Se lo que tramas, papá. – lo atajó la chica. Cuando el pretendiente en cuestión le propuso dar un paseo el fin de semana, ella respondió con un empujón al río mientras departían en el muelle – A ese lo tiré, al próximo lo ahogo.

-¡Vas a terminar matándome, Petra! – se lamentó el pobre hombre.

-Lo único que quiero es ir a la Legión de Reconocimiento. – trató de razonar Petra – No es difícil de entender.

-¡Claro que es difícil de entender! – replicó Dieter - ¡Nadie querrá casarse contigo queriendo ser soldado y ten por seguro que si te casas, tu esposo no te dejará ir allá!

-Por eso me casaré ni aunque el sol salga de noche.

-¡Me vas a matar! – repitió él dirigiéndose a su habitación, dejando a su niña sola en la sala tramando nuevas maneras de espantar novios impuestos.

La joven Petra Ral era una criatura menuda y de cabello pelirrojo muy corto, de piel sonrosada y ojos color miel que eran una especie de trampa mortal para los jóvenes casaderos, quienes se engañaban con el aspecto angelical de la mozuela, desatando a la bestia en su interior cuando ya era demasiado tarde para mantener una distancia prudencial. La belleza de Petra Ral era una perdición para ella y ahora también para su padre, quien veía que a este paso, moriría sin verla yendo a un altar para unirse con alguien en santo matrimonio.

La última carta que se jugaría Dieter Ral tenía nombre y apellido, y serían dos hombres los encargados de ayudarlo.


Era hora de poner en marcha el plan de Erwin Smith y Kenny Ackerman, comandantes de la Legión de Reconocimiento y de la Policía Militar respectivamente. Lo que les ofrecía un angustiado Dieter Ral era la salvación a sus finanzas.

Habían mandado llamar a Levi Ackerman, capitán de escuadrón y sobrino de uno de los hombres. Él era una de las claves en el asunto.

La idea era la siguiente: en esos momentos, la Legión de Reconocimiento no contaba con financiación para las excursiones fuera de los muros, y habiendo probado de todo sin resultados, veían cómo esa fuerza militar estaba a nada de desaparecer. Un desesperado Erwin se contactó con Nile Dawk y Kenny Ackerman para pedir un último socorro para su Legión, y a éste último se le ocurrió una idea tan brillante como suicida.

Matrimonio.

Erwin casi cayó para atrás con aquella propuesta, ya que él estaba comprometido con la capitana Hanji Zöe, mientras que Mike Zacharius, el otro capitán, estaba casado con su subordinada Nanaba. Kenny simplemente rió y le dirigió una mirada astuta que el rubio entendió al instante. Todavía quedaba un capitán soltero.

Levi.

¿Cómo lo iban a convencer? Eso lo veremos ahora.

El susodicho entró a la sala de reuniones del cuartel y miró a los presentes con las cejas levantadas. Era un hombre pequeño de 35 años, de expresión indiferente y mirada gélida de color azul oscuro, con el cabello negro cortado y peinado de manera impecable y vestido pulcramente. Se podría hasta decir que a pesar de andar de punta en blanco, era considerado feo para los estándares en los que imperaban hombres como Erwin. Además, su carácter irascible no ayudaba.

-Tsk… ¿No se supone que es una reunión de emergencia? – preguntó desconfiado - ¿Dónde están Mike y Hanji? Ni siquiera veo al maldito borracho de Pixis.

-Bueno, yo me voy. – dijo Nile retirándose. No quería ser testigo del ataque de histeria que veía venir.

Quedaron los otros tres solos y un silencio incómodo se cernió en la habitación.

-Levi, la Legión de Reconocimiento se extinguirá. – soltó sin más Erwin.

Levi se quedó boquiabierto.

-¡Y yo estoy aquí para ayudarlos, mi querido sobrino! – clamó Kenny.

El azabache salió de su asombro y lo miró con extrañeza.

-Ahora soy tu querido sobrino, desgraciado. – le espetó con ironía – Ya se me hacía raro que estuvieras aquí. Ahora pareces un ángel, todo servicial con las alas y el arpa. Pero yo sé que tienes la cola escondida en algún lado, viejo demoníaco.

-Tsk. Algún día vas a entender que quiero tu bien, mocoso.

-Bueno, basta ya. – intervino Erwin – Levi, recurrí a Kenny porque has visto por ti mismo nuestra difícil situación debido al nulo presupuesto que tenemos para salir afuera y descubrir más acerca de los titanes.

-¿Tan mal estamos? – quiso saber Levi, preocupado.

-Zackly está a nada de firmar el documento que declara la eliminación de la Legión de Reconocimiento de las fuerzas armadas. – le explicó Kenny – Por eso Erwin pidió mi ayuda como último recurso de mantener la Legión a flote y di con una idea que nos salvará a todos.

-¿Y cuál es tu idea?

-Levi, tienes que casarte con una joven rica y con una gran dote que resolverá todos los problemas económicos de la Legión.

Levi se puso blanco de la sorpresa y a continuación deformó el rostro como nunca.

-¡¿QUÉ?! – gritó, haciendo que los pájaros de los árboles circundantes al castillo levantaran vuelo aterrados. - ¡¿POR QUÉ YO?!

-Levi, eres la única autoridad soltera de la Legión. Yo estoy con Hanji y Mike con Nanaba. – razonó su comandante.

-¡¿PERO CASARME?! ¡¿CASARME YO?!

-Sí, y encontré la novia ideal. – exclamó Kenny alegremente. – Petra Ral.

El rostro del joven azabache pasó de blanco a verde azulado.

-¡¿Petra Ral?! – graznó con un dejo de horror - ¿Esa a la que apodan La fiera de Trost? ¡Sería mejor que me metiera en la boca de un titán!

-Sí que eres ingrato, mocoso. – le dijo su tío – Quiero casarte con el mejor partido de Paradis y tú sólo gritas como cerdo yendo al matadero.

-Kenny, todo el mundo sabe que esa Petra es una fiera salvaje. – replicó Levi – Además, debe ser más fea que el diablo.

-Espera, Levi. – interrumpió Erwin – ¿Nunca has visto a Petra?

-Ni quiero. – respondió el capitán – Una mujer con tan mal genio debe ser más fea que un titán.

-Pero si Petra Ral es muy hermosa…

-Ya deja, Erwin. – Kenny fingió estar ofendido – Uno que trata de ayudar y este enano que sólo insulta y desprecia.

-El matrimonio sólo es bueno para la mujer. – seguía quejándose Levi – Por eso no me caso. Para mí, la mujer sólo sirve para hacer sinvergüencerías.

-Tu lenguaje, mocoso.

-¿Qué te haces, depravado? Tú eres el sinvergüenza número uno de la jodida humanidad.

-¡Basta! – exclamó Erwin enojado – Levi, eres la última esperanza de la Legión. Sin esta oportunidad, ya no existiremos como tal.

Levi se calló, y para sorpresa de los otros dos hombres con él, el joven azabache pensó largo y tendido sobre la posibilidad de ganar una dote para la Legión, a costa de su propia tranquilidad y cordura.

-Tsk… ¿Qué tan rica es? – preguntó de repente y después de un rato, haciendo que Kenny y Erwin dieran un respingo.

-Su padre es comerciante, y su madre le dejó una buena herencia al morir. Son más ricos que los Reeves.

¡Más ricos que los Reeves! Eso sí que era asombroso. Y también era algo bueno, considerando su situación.

-¿Qué pasa, enano? – se burló Kenny - ¿Ahora te parece atractiva? ¿No que para ti es una fiera?

-Y lo es. – contestó su sobrino, iracundo. Famosas eran las historias que contaban acerca de Petra Ral – Un demonio con faldas. Pero no le temo a las víboras ni al titán más bravo. – y concluyó – Si ella es rica, me caso.

Kenny sonrió con satisfacción y Erwin suspiró de alivio, todo bajo la mirada filosa de Levi.

Ambos hombres no perdieron el tiempo. Se comunicaron con Dieter Ral y concertaron un encuentro para que suegro y yerno se conocieran y pautaran una visita a Petra.


Dos días después, se encontraron los cuatro en las oficinas de Kenny en Trost.

Después de las presentaciones y saludos de rigor, fueron al grano.

-Confieso que me imaginaba a alguien un poco más… - el señor Ral no sabía cómo decirlo mientras miraba de pies a cabeza a Levi – Un poco menos…

-Entiendo lo que quiere decir. – masculló Levi – No soy ni refinado ni rico, pero sé lo que quiero y cómo lograrlo.

-Y según el señor Kenny, usted quiere conocer a mi hija Petra.

-Es lo que más quiero. – dijo Levi con expresión de piedra y nulo entusiasmo.

-Mi Petra es muy linda. – contó Ral más animado – Aunque ya le habrán dicho que tiene un carácter algo difícil.

Levi rió.

-Señor Ral, estoy acostumbrado a domar yeguas salvajes… - se interrumpió al ver los rostros de escándalo de los tres a su alrededor.

-No me gustó la comparación. – dijo el Sr. Ral ofendido. – Entre una yegua salvaje y mi hija Petra existe una gran diferencia.

-No quise irrespetar a su hija. – se disculpó el azabache – Sólo quise decir que no le temo a nada.

Erwin saltó para ver si podía arreglar la situación y la imagen de su amigo a los ojos de Dieter Ral.

-Además, Sr. Ral, es sabido que a Petra no le gustan los hombres de buenos modales, así que puede que le guste Levi. Es un misterio para todos nosotros.

-El corazón de Petra despedirá chispas cuando conozca a Levi . – agregó Kenny en doble sentido y riendo.

-Nada cuesta intentar. – se convenció el Sr. Ral. – Muchacho, quedas invitado para ir mañana a mi casa a conocer a mi hija. Es mi tesoro y quiero que la cuides muy bien cuando la cortejes. Y ni qué decir del matrimonio, ella nació para llevar vida de reina.

Levi simplemente lo miró fijamente con indiferencia.

-No se arrepentirá. – dijo secamente mientras tomaba su té.

-Aunque hay un pequeño inconveniente. – recordó su futuro suegro – Está obcecada con la idea de ser soldado en la Legión, por lo cual a la larga creo que también le conviene a ella. Pero un marido respetable no permitiría semejante cosa de su esposa…

-No hay problema, puede ser soldado una vez que nos casemos. – interrumpió Levi resuelto – Es más, mejor para nosotros, así también ayuda en la Legión. La verdad, no me hacía gracia tener a una mujercita delicada en el castillo, pero viendo que puede ser útil, estoy más tranquilo.

Dieter Ral lanzó un suspiro de alivio.

-Petra no se esperará esta sorpresa. – murmuró frotándose las manos.

Pero de alguna manera u otra (algunos sirvientes de la casa le eran más fieles a ella que a su padre), Petra llegó a enterarse de lo que su progenitor tenía preparado para ella y la llegada de un nuevo pretendiente, por lo que la joven pelirroja se sonrió y se juró que quienes se llevarían la sorpresa serían otros.

Al caer la noche y después de actuar como buena niña con su padre, subió a su habitación y soltó una risita maligna mientras observaba una de sus almohadas.


A la mañana siguiente, llegó el momento de la verdad.

Dieter Ral recibió a Levi Ackerman con ceremonia y buen talante, ante las miradas de alerta de los criados, quienes ya se estaban preparando para una batalla campal. Levi bufaba fastidiado ante aquello, ya que revelaba que su futura mujer no era una flor que se dejara oler como las demás damas. Tendría que reunir toda su fuerza de voluntad para no abandonar la contienda en caso de que ella fuera insistente en no casarse… ¡Jamás había hecho algo así! ¡Insistir con una mujer a la que ni conocía, y además, comportarse como un caballero! ¡Qué castigo!

Pero ya era tarde y esta era la única manera de salvar a la Legión.

-Iré a llamarla. – dijo el Sr. Ral antes de dirigirse hacia las escaleras - ¡Querida Peeetraaaa! ¡Tienes visita!

-¡Ya voy, papá! – respondió una dulce voz.

Levi suspiró. Era hora de llevar a cabo la actuación.

Pero lo que apareció los dejó con la boca abierta a los dos.

Petra se presentaba ante ellos con un holgado camisón y una enorme barriga de embarazo que sostenía firmemente con sus manos. Obra de su almohada, por cierto. Era capaz de lo que fuera para que el pretendiente de turno saliera de allí sin querer volver.

Dieter Ral cayó en el sofá para recuperar el aliento mientras que Levi, pasmado por unos segundos, decidió iniciar con su papel de hombre dispuesto a casarse a como diera lugar. Aunque reconocía que ella sería un hueso duro de roer, además de que era muy bella y apetecible.

-Eres más hermosa que una rosa. – empezó el azabache poniendo cara de maravillado – Pareces un ángel caído del cielo… ¡déjame besar esas manos esculpidas por Dios! – y se abalanzó hacia una sorprendida Petra para agarrar sus manos, lo que provocó que la almohada cayera entre las piernas de la pelirroja desbaratando su plan. Justo lo que buscaba Levi.

-¡AAAHHH! ¡GROSERO! – bramó ella.

-Eres una joven muy delicada. – prosiguió Levi para luego felicitarse - ¡Levi Ackerman, eres un hombre con suerte!

-¡¿De qué se ríe, troglodita?!

-Señor Ral, no me dijo que su hija era una joven bastante… alegre y enérgica. – le dijo el azabache a un asombrado Dieter Ral de manera irónica.

-¡Váyase de mi casa! – exigió una enfurecida pelirroja.

-¡Petra, respeta a nuestro invitado! – la regañó su padre. Luego se dirigió al novio – Disculpa el comportamiento poco sutil de Petra. Ella no sabe medir sus palabras.

-Cuando nos casemos se le pasará.

-¡Seré viuda en la luna de miel! – chilló la otra - ¿Se puede saber quién es este animal?

-¡Yo soy el hombre que estabas esperando, amor mío! – proclamó Levi alegrándose de su actuación, pues la joven no sabía qué hacer con tan insistente festejante - ¡Estoy rendido a tus pies encantado con tanta hermosura!

Petra giró violentamente la cabeza hacia su padre. - ¿Cómo puedes presentarme a alguien de semejante calaña? – aunque en el fondo le parecía muy atractivo a pesar de no ser precisamente un Adonis.

-¡Debo reclamarte yo por haberte aparecido con esa barriga de embarazada! – rebatió Dieter.

Levi levantó la mano.

-¡A mí me gustó! Eso habla de que muere por ser madre. – exclamó fingiendo entusiasmo – Me gustaría tener diez hijos, pero si ella prefiere completar la docena, estaré de acuerdo. Nuestro nido estará lleno de pichones.

Como toda respuesta, una embravecida Petra le tiró la almohada (que el capitán esquivó con facilidad) para luego correr como alma que lleva al diablo por las escaleras y desaparecer de la vista de los dos hombres.

Ambos resoplaron cansados.

-Ya verás que en el fondo, Petra es un pan de Dios. – le aseguró Dieter.

Levi le dirigió una mirada significativa.

-Señor Ral , su hija es peor que una mordida de titán. – replicó - Conozco a los animales ariscos y ella es peor que un caballo desbocado.

-¡No permitiré que siga haciendo esas comparaciones!

-Lo que quiero decir es que cuando uno quiere domar a un animal salvaje, no tiene que hacérselo entender, porque pateará. – le explicó el azabache – Hay que ser mañoso y acercarse poco a poco.

-Ahora entiendo tu comportamiento con ella. – reflexionó su suegro.

Y fue así que Levi se despidió decidido a seguir con sus avances con Petra. Se casaría con ella como fuera.

Primer encuentro: Levi 1 – Petra 0


Al día siguiente, el azabache volvió, para ser recibido con una salva de disparos en forma de insultos de parte de la pelirroja. Pero él ya estaba prevenido.

Petra no se había arreglado a propósito, para que el otro se decepcionara con su imagen y se fuera, pero aquello tuvo el efecto contrario, pues a Levi le gustó mucho que no pareciera superficial como tantas otras.

-Hola, mocosa. – la saludó él.

-¿Qué quiere, bestia de carga? – arremetió ella.

-¿Ya olvidaste el amor que te declaré ayer, mocosa?

-Lo de ayer fue una pesadilla. Y no me llame mocosa.

Levi no le hizo caso y siguió hablando.

-Vine porque quiero hacerte una pregunta: ¿Te vas a casar conmigo, sí o no? Mi mocosa titánica. – y agregó para provocarla - Ya quiero tener hijos.

-Usted no habla, usted rebuzna. – contraatacó ella – Y nunca tendré hijos con usted porque no quiero ser madre de unos pequeños salvajes.

-Pero si ellos salen iguales a usted, serán unos salvajes muy bonitos. – disparó él en respuesta.

-Le haré la vida un infierno.

-No… Será el paraíso, mi mocosa titánica. – le dijo guiñándole un ojo. Y dijo con voz seria – Además, como soy capitán de la Legión, tú te vas a ir a vivir conmigo en el cuartel. Y hasta podrás ser soldado si quieres. – añadió, y al ver la cara que puso su mocosa supo que había dado en el blanco.

-¿Soldado? – balbuceó ella. ¡Ironías de la vida! Siempre supo que para ser soldado tendría que evitar el casamiento y ahora la oportunidad se le ofrecía de la mano de este. Era su más grande anhelo, proteger a la humanidad de los titanes, sacrificar su vida por una gran causa como aquella. En su ensoñación, estuvo a punto de asentir, pero recordó que ese hombre quería casarse con ella, y aunque le tentó la idea de aceptar sólo por el puesto, no se rendiría tan fácilmente. Petra Ral no era mujer de someterse así nomás. Trataría de buscar otra manera de que su padre aceptara su reclutamiento, sin necesidad de sacrificar cosas en el camino.

-No me interesa. – le dijo al fin – Sería peor, pues además de mi marido, sería mi superior. Y no estoy por recibir órdenes por partida doble de un hombre como usted, que habla como burro.

-No tienes que decirme eso, mocosa. – se ofendió Levi - Todo tiene un límite, así que a mí me respetas.

-¿Y quién se cree usted que es para pedirme respeto?

-¡Pareces una víbora! ¡Largando veneno por la boca!

-¡Qué me importa! – explotó la joven – ¡La boca fue hecha para ser usada! – y empezó a caminar hacia las escaleras, dando por terminada la visita. Pero una mano fuerte la tomó del brazo y la detuvo.

-¡Ahora te voy a enseñar, mocosa del demonio, cuál es el mejor uso que se le puede dar!

Dicho esto, la atrajo hacia él, y sin darle tiempo para reaccionar, selló su boca con la suya. Fue un beso lleno de muchas cosas: desesperación, adoctrinamiento, deseo… ¿y algo más? Petra sentía que en cualquier momento se desvanecería en brazos de ese bruto que la atormentaba de ese modo, tanto por el estado de aturdimiento por ese beso sin previo aviso como por la falta de aire en sus pulmones. Pero él no le daba tregua y seguía besándola sin contemplaciones, mirándola a los ojos con una mirada llena de burla y autoridad. Y por primera vez en su vida, Petra Ral se sintió indefensa, a merced de un hombre que podía hacer con ella lo que quisiera en cualquier momento. Ese pensamiento la enfureció y encendió como una hoguera su ego herido, y haciendo gala de una fuerza que a ella misma la impresionaba, pudo empujar al capitán a un lado bruscamente.

Levi sonrió satisfecho. Lucía mucho más hermosa estando despeinada, sonrojada y con los labios hinchados, pero sobre todo, lo embargaba de orgullo el estado de embrutecimiento con el que la había dejado. Pero como a una mujer no se le puede anticipar, no vio venir la fuerte cachetada que le propinó su joven novia.

-¡NUNCA NINGÚN HOMBRE SE ATREVIÓ A TOCARME! – rugió ella con lágrimas de cólera en los ojos. - ¡FUERA DE MI CASA! ¡SALGA Y NO REGRESE NUNCA MÁS!

-¡La palabra nunca no existe para Levi Ackerman! – le aseguró el azabache sobándose la mejilla - ¡Algún día me rogarás para que te dé un beso!

-¡Pues será en el día de San Nunca!

-¡En vez de un anillo parece que te pondré un par de herraduras!

-¡Pues le harán falta a usted!

-¿Sabes? Entre más brava te pones, más linda eres… y cuánto más linda eres, más ganas tengo de besarte. – la volvió a tomar en brazos – Así… - y le dio un beso rápido en los labios antes de salir corriendo de la casa.

Petra quedó congelada en su sitio. No podía creer que otra vez ese crápula la hubiera besado de sorpresa.

-¡BESTIA!

Resultado: Levi 1000 – Petra 0


Ya para la visita número 50, Petra se estaba cansando de él y sus palabras de amor fingidas.

Palabras de amor que él sin darse cuenta ya las estaba tomando y diciendo como la verdad más absoluta.

Pues poco a poco, en medio de las batallas verbales y de ingenio que se prodigaban, se había empezado a enamorar de ella. Su actitud rebelde y decidida, además de que era una mujer hermosa como pocas, había hecho mella en el joven capitán, que más que nada y milagrosamente, ahora quería sentar cabeza y qué mejor que una aspirante a soldado para tener de compañera. Erwin, entretanto, respiraba aliviado tal descubrimiento. Ahora la cuestión era que Petra se diera por vencida, estuviese enamorada o no.

En cuanto a la pobre pelirroja, su situación no cambiaba para bien. Levi era insistente con sus visitas diarias y su padre se había vuelto más frío con ella, pero el colmo de males fue la revelación que le hizo una noche después de discutir sobre el compromiso obligado con el azabache.

-¡Petra, a ellos les interesa tu dote! – le había gritado Dieter en un intento de que lo pensara mejor - ¡La Legión de Reconocimiento está a punto de desaparecer por falta de dinero, y si no te casas con él, nunca serás soldado! – había hecho lo posible y con paciencia para darle a ella la oportunidad de aceptar de buen grado el matrimonio con el capitán, y aunque sabía que esa verdad sería muy cruda para ella, era hora de ponerla entre la espada y la pared - ¡Cásate con él y serás soldado en la Legión, y con ello la salvadora! ¡Si no, no habrá manera ni aunque cuentes con mi autorización, pues ya no habrá Legión!

Aquello fue un golpe muy duro para ella, pues prácticamente la dejaba sin opciones. Bueno, la única opción que tenía no le hacía ninguna gracia y era justamente lo que había estado evitando hasta ese momento.

Así que en la próxima visita de Levi, aceptó casarse con él.

El capitán no podía ser más feliz, pues la Legión estaba salvada… y muy en el fondo, él también.

-PEEEEERO… - avisó la pelirroja poniendo cara de pocos amigos – Tengo mis condiciones.

-Pues te escucho, mi mocosa titánica.

Petra le dirigió una mirada asesina, pero dejó pasar el comentario.

-Primera condición: quiero vivir con todas las comodidades. – enumeró.

-Eso no es problema. – respondió Levi – Tendrás todo a tu altura.

-Quiero ropa bien lavada y bien planchada.

-Jamás se verá en el castillo ropa o uniforme mejor lavado que los tuyos.

-Quiero el castillo limpio como un espejo. – no tenía ni idea de la manía de Levi con la limpieza y cómo sus declaraciones lo enamoraban más.

-Juro que te peinarás mirando el suelo.

-Veo que nos estamos entendiendo. – dijo la joven satisfecha – Y ahora la última condición: quiero un cuarto sólo para mí.

-¡¿Qué?!

-Lo que escuchó: camas separadas y cuerpos separados. – comandó ella con serenidad – Seremos marido y mujer sólo en el papel.

Levi sintió que se le venía el mundo encima.

-¡De ninguna manera! – exclamó furioso – Si nos vamos a casar…

-Tampoco voy a cocinar. – seguía diciendo ella – Si me obliga a hacerlo, comerá arroz con piedras y pastel de pasto.

-¡Pero…!

-Voy a casarme por la salud mental de mi padre y por el bien de la Legión, no porque quiera – lo interrumpió su novia – No quiero un esposo de verdad… - y se retiró sin darle tiempo a su futuro esposo de protestar.


Con sus altos y bajos, finalmente llegó el día de la boda. Casi toda Trost estaba allí; aunque sólo unas pocas personas fueron invitadas, los demás querían ver la proeza de quien sería el esposo de la fiera Petra. Sí que el hombre era digno de asombro y respeto.

Estaban todos en la iglesia local, con un inexpresivo y apuesto Levi con su mejor traje militar de gala y con Erwin de padrino. Ambos hombres esperaban impacientes la llegada de la novia. Hanji y Nanaba también estaban ansiosas, las dos morían por hacer amistad con la mujer de Levi (había que ser valiente para casarse con el enano) debido a la gran ayuda que le prestaría a la Legión.

Cuando Petra entró en la iglesia acompañada de su orgulloso y aliviado padre, Levi pensó que estaba contemplando a un hada caminar hacia él, pues su bellísimo vestido blanco parecía brillar producto de un poder sobrenatural al igual que sus joyas y tocado. Una punzada de vanidad creció en el pecho del azabache, quien miró a su alrededor como diciéndole a todo el mundo que él sería el dueño de semejante mujer. Pero al ver el semblante mortal de la pelirroja, se le pasó. Después de todo, se trataba de Petra Ral.

Cuando la joven llegó junto a él, el azabache se apresuró en comenzar la ceremonia antes de que la novia se arrepintiera.

-Ya puede empezar la ceremonia, señor padre.

El sacerdote los miró azorado. No parecían una pareja de las tantas que había casado.

Dieter Ral se dio cuenta y le dijo:

-Case a los tortolitos, padre. Ellos pelean pero se quieren.

-¡Cásenos, padre! – bufó una fastidiada Petra.

-¡Así se habla, mi mocosa titánica!

El padre dio comienzo al ritual.

-Estamos aquí para celebrar el matrimonio de Petra Ral y Levi Ackerman. No quiero extenderme, pues sé que los novios están ansiosos por unirse en la abundancia y en la pobreza, en la guerra y en la paz. – se apuró – Les pregunto: señor Levi Ackerman, ¿acepta usted a la señorita Petra Ral como su legítima esposa…?

-¡Ya no quiero casarme! – chilló Petra para espanto de todos.

-¡Tampoco yo! – gritó Levi a su vez, para no quedarse atrás.

-¡Por favor, esta es la casa de Dios! – se desesperó el sacerdote – Según entiendo, el señor Levi Ackerman aún no dijo que sí a la pregunta que le hice sobre si aceptaba a la señorita Petra Ral como su legítima esposa…

-¡Sí, sí! – exclamó Levi molesto.

-Y la señorita Petra Ral no piensa decir que sí a la pregunta de si acepta al señor Levi Ackerman como su legítimo esposo.

-Sí… - dijo ella desganada, dándole la razón al cura.

-¡Ambos acaban de decir que sí! – rugió el sacerdote contento - ¡Yo los declaro marido y mujer!

A Levi y a Petra las quijadas se les cayeron al suelo.

-¡¿Qué?! – bramó la pelirroja.

-¡Ya están casados! ¡Fuera de mi iglesia!

Levi estaba furioso y contento al mismo tiempo, pero dejaría salir su mal genio.

-¡Nos vamos, mocosa!

-¡¿Adónde?! – lo desafió la otra.

-¡Al cuartel! ¡En la fiesta se quedan los demás! ¡Estoy cansado y quiero dormir, y mi esposa se va conmigo! – la cargó cual costal de papas y salió de la iglesia ante las miradas atónitas de todos.

-¡ERES UN ANIMAL!

-¿Pero esos dos vinieron a casarse o a pelear? – se preguntó el cura aún extrañado.


Cuando llegaron al castillo de la Legión, las cosas siguieron pintando mal para Petra. Levi la llevó a una habitación y empezó a desvestirse.

-¿Este es mi cuarto o el tuyo? – quiso saber, sonrojada.

-De los dos. – contestó secamente su marido mientras se acostaba en la cama.

-¡NI HABLAR! – vociferó su mujer - ¡Habíamos quedado en que tendríamos habitaciones separadas!

-¡Pues me importa una mierda! – replicó bruscamente el azabache - ¡Además, nunca dije que aceptaba esa condición! ¡Estamos casados hasta que la muerte nos separe!

-¡PUES TE MATO AHORA MISMO! – Petra se abalanzó sobre él para golpearlo, a lo cual el joven capitán sólo respondió agarrando firmemente sus brazos y robándole un beso mientras se reía de ella. Petra se zafó de él con las mejillas arreboladas.

-¡Atrevido! – quiso salir de allí y buscar otro lugar adonde dormir, pero estaban bajo llave. Sonriendo como un demonio, Levi le mostró las llaves antes de guardarlas en su pantalón.

La pelirroja sólo lo miraba con rabia. Luego se dirigió hacia un armario al otro lado de la habitación y empezó a escudriñar adentro.

-¿Qué haces, mocosa? – quiso saber Levi. Ella no le contestó.

Después de unos segundos, vio que Petra sacaba una gran cantidad de almohadas y las colocaba en hileras en medio de la gran cama matrimonial, como si fuera una trinchera.

-Esto debería bastar. – dijo la chica una vez que terminó su obra. – Y no te atrevas a violar esta barrera.

Levi la miró exasperado, pero no podía contrariarla por el momento, se sentía estresado por todo.

-Tsk… - y se dio la vuelta para dormir.

Por lo menos la continuidad de la Legión estaba garantizada.

En un nuevo impulso, Levi se dio la vuelta y miró hacia su esposa. Con una sonrisa malévola, le dijo:

-Si lo que quieres es guerra, guerra tendrás… mocosa.

Ella, por su parte, lo contempló con la ira crepitándole por todo el cuerpo, y le juró:

-Vamos a ver quién gana esta guerra…

-Me encantará enamorarte, cadete Ral.

Sí que sería una guerra muy bonita.