Primero que nada:
Agradezco a Liliana Morales, Kenya Uchiha O.o y a pesesita08 por darle su voto de confianza a este especial de los enamorados. Espero no decepcionar con lo que se viene XD.
pesesita08: Me alegro tanto de que La guerra de los sexos te haya gustado. Lamento decirte que la historia termina ahí, dejo a la imaginación del lector la continuación de esa guerra. De más está decir que terminaron limando asperezas con todo e hijos XD. Gracias por tu comentario!
El derecho de amar - 1° Parte
Ingolstadt, Alemania, 1920
Aprovechando que sus padres habían salido temprano esa tarde a un evento de negocios, Petra Ral salió con cuidado y sin ser vista de la hacienda que su familia poseía en la región de Baviera para ir trotando campo traviesa hacia su destino.
Al llegar al punto de encuentro, vio que allí la esperaba un joven alto, de ojos verdes y piel bronceada. Era Eren Jäger, el amor de su vida. Pero mortalmente vetado para ella debido a las reservas de su padre por no ser de familia acaudalada. La joven, sonriendo, llegó sigilosamente detrás de él y le tapó los ojos con las manos. - ¿Quién soy? – preguntó con voz dulce.
-Seguramente es mi adorada pelirroja, aquella que me mira con sus ojos que parecen dos soles y me hace sentir el hombre más feliz del mundo. – contestó el chico riendo y dándose la vuelta para abrazar a su amada. Después de un rato de arrumacos y palabras de amor eterno, ambos dieron un paseo por las colinas mientras se disponían a hablar.
-Eren, ¿qué haremos? – se preocupaba Petra – Ya no me gusta que nos veamos a escondidas, pero me da miedo que mis padres te rechacen. ¡No quiero separarme de ti! – exclamó abrazándolo.
-Yo tampoco, Petra. – respondió él aferrándose a la pelirroja – Pero tampoco puedes culparlos por ello. Soy pobre y no tengo nada que ofrecerte.
-¡No me importa! – sollozó Petra - ¡Yo te amo!
-¡Y yo a ti! ¿Sabes? Me han contado que en unas semanas saldrá un barco de Génova hacia Nueva York. – su rostro se deformó de entusiasmo - ¡Podríamos huir a América y comenzar una nueva vida allá!
Petra se quedó pensativa, sopesando esa opción que podría ser la única que le quedara para poder estar con Eren y ser felices, porque si dependiera de su familia, ella estaría casada con algún heredero rico de la región. Algo que ella no quería de ninguna manera.
-Me iré contigo, Eren. – decidió – Si es contigo soy capaz de atravesar toda Europa para poder ir a América y hacer una vida contigo. – Eren, feliz, la abrazó y besó, pero…
-¡PETRA! ¡¿Qué haces con ese desgraciado?!
Era su padre. Sin duda alguien la siguió y le informó de su encuentro secreto.
Aterrados, los amantes vieron que no tenían de otra que enfrentar al Sr. Ral, por su amor y su futuro juntos. Era hora de dejar de ocultarse y jugarse por su amor.
-¡Señor Ral, yo amo a su hija! – exclamó apresuradamente el castaño - ¡Trabajaré duro para que no le falte nada! ¡No nos separe!
-¡Yo lo amo, papá! – clamó una angustiada Petra - ¡Si no es con él, no será con nadie!
-¡Cállate! – le espetó el Señor Ral - ¡Qué manera de deshonrar a tu familia! ¡Viéndote con un don nadie! ¡Quién sabe qué andaban haciendo!
-¡Jamás irrespetaría a su hija! – juró Eren.
-¡Cierra la boca! ¡Vete de este pueblo antes de que acabe contigo! – lo apuntó con una escopeta que traía - ¡Y nunca más te atrevas a acercarte a mi hija!
En un acceso de valentía, Petra se colocó delante de Eren, entre su amor y el arma.
-¡Pues me vas a tener que matar a mí también!
-¡Apártate, Petra!
-Petra, ve con tu padre. – le susurró Eren – Volveré por ti y juro que nos iremos a Italia juntos. – dicho esto, desapareció velozmente en la oscuridad.
El Señor Ral bajó su arma y se acercó a Petra, propinándole una cachetada. Ella, a pesar del dolor, no se inmutó.
-Golpéame todo lo que quieras. – lo desafió – Si no estoy con él, moriré o iré a un convento.
-Eso lo veremos. – masculló su padre con furia. La tomó bruscamente del brazo y la llevó a su hacienda, donde su decepcionada madre la esperaba para darle el típico sermón de dama respetable. Después de soportar la alharaca de sus progenitores, la pelirroja ya planeaba juntar sus cosas y esperar a la señal de Eren cuando algo la dejó helada.
-Los criados juntarán tus pertenencias, y mañana mismo irás en tren hasta Le Havre en Francia, y de allí te embarcarás a Londres. – le anunció su padre – Sin duda, nuestros parientes ingleses sabrán vigilarte y así te alejarás de ese Jäger. Nunca permitiré que mi hija se case con el huérfano de un médico venido a menos y una tabernera.
Petra sintió que el alma se le caía al piso.
-¡NO! ¡NO ME ALEJES DE EREN! ¡TENGO DERECHO A AMAR! – gritaba mientras era llevada a su cuarto por los sirvientes, quienes le suministraron calmantes para dormirla y poder hacer su equipaje en paz.
A la mañana siguiente, una débil Petra por efecto de la medicina salía de Ingolstadt con su aya para dirigirse a su destino a Inglaterra.
Dos semanas después y habiendo resuelto los detalles para el escape, Eren trató de buscar a Petra entrando sigilosamente a la mansión, cuando se encontró con un sirviente que por piedad al muchacho le reveló lo sucedido con la señorita. Con el corazón roto y sumido en lágrimas, Eren decidió ir solo a la ciudad italiana de Génova para ir a Estados Unidos. Se juró que haría fortuna y buscaría a Petra para casarse con ella siendo un digno pretendiente.
Pasaron varios días, y estando en el puerto de la ciudad francesa de Le Havre, una deprimida Petra y su aya esperaban el barco que las llevaría hasta Southampton. En el viaje y escuchando conversaciones de otros pasajeros, se enteró de que del puerto inglés salía otro barco rumbo a Nueva York con la llegada del suyo, ya que muchas personas harían transbordo de un barco a otro. Y a la joven se le ocurrió una idea.
Una vez que llegaron a Southampton, la pelirroja se las apañó para escaparse de su vigilante y pudo lograr su cometido de ocultarse en ese barco rumbo a América. Sentía la corazonada de que Eren iría también y que tarde o temprano se reunirían. No le importaba pasar por penurias mientras esperaba por su encuentro. Con el corazón en la mano y esperanzada, Petra comenzó su aventura hacia una tierra desconocida en donde nadie la esperaba.
O eso pensaba ella.
No sabía que en ese mismo momento el barco que llevaba a Eren también se dirigía a ese mismo destino.
Ambos iban decididos a volver a verse, pero no contaban con las trampas que el destino les depararía.
Nueva York
En una elegante mansión de Washington Square, un joven azabache organizaba aburrido unos papeles, tenía que estar todo a punto cuando se trataba de sus fábricas y bancos. Su nombre era Levi Ackerman, y era considerado el mejor partido de la ciudad. Pero su carácter poco amigable no hacía que las damas la tuvieran fácil con él. El muchacho no sentía el más mínimo interés en cuestiones amorosas, pues en asuntos de mujeres iba al burdel y listo. El día en que necesitara de un heredero, lo consideraría. Pero ese era asunto lejano.
Nacido en cuna de oro, era hijo de Kuchel y Jon Ackerman, primos lejanos cuyo matrimonio fue concertado desde que eran niños. Pero un desafortunado accidente lo privaría muy pronto de sus padres teniendo él doce años y su hermana Mikasa cinco. Creció bajo la tutela de su competente tío Kenny Ackerman, hermano de su madre, mientras que Mikasa fue enviada a un internado de señoritas junto a Isabel, única hija de Kenny y su mujer, Traute Caven, noble alemana. Las vacaciones escolares eran muy esperadas por ambos hermanos y su prima, pues era en esos momentos cuando podían estar juntos.
Levi era un joven muy apuesto; algo bajo para un hombre promedio, pero eso no lo privaba de robar suspiros por doquier. Siempre vestido pulcramente de traje, con su cabello azabache bien cortado y buena planta de caballero. Su piel pálida y sus afilados ojos azules sólo le agregaban más atractivo al hombre, y su aguda inteligencia y sentido del liderazgo eran dignos de admiración en su círculo social.
Levi seguía escribiendo y firmando, cuando Kenny ingresó al despacho para guardar más documentación de bienes para la familia Ackerman en la caja fuerte.
-Más dinero. – supuso Levi secamente y sin entusiasmo.
-Gracias a los cielos. – rió Kenny.
-No hay necesidad de ser más ricos.
-Recuerda, mocoso: el dinero no lo es todo en la vida, pero es lo principal.
-Tsk… para mí es más responsabilidad. Pues no sólo soy dueño de mis propias fábricas, sino que también soy tu heredero.
-Ya deja de quejarte. – lo atajó su tío – Isabel y Mikasa regresarán dentro de poco y no querrán verte la cara de amargado. Deberías ir pensando en alguna noviecita.
-¿Para qué? Ya tengo todas las mujeres que quiero.
-No quiero empezar otra pelea. – dijo Kenny – Volveré al banco y a mis propios asuntos. – y agregó – Además, Traute está loca por encontrar una dama de compañía para Isabel ahora que termina el colegio. Y se le ocurrió que tiene que ser alemana; con esas exigencias, no encontrará ninguna. – y salió del despacho refunfuñando.
Levi suspiró fastidiado y volvió a lo suyo.
Al cabo de un mes, Petra llegó al fin al puerto de la ciudad de Nueva York, despuntando del barco hacia su nueva vida. Siguiendo a los demás, se instaló en la posada de los inmigrantes para tener techo y comida mientras esperaba la llegada de algún barco de Italia.
Dos días después, se topó con una mujer que interrogaba a las mujeres de la posada. Ella le comunicó que su ama estaba obcecada con contratar una jovencita alemana para ser criada de su hija, y la joven pelirroja se postuló para el puesto, ante la necesidad de un trabajo. Al final del día, y viendo que Petra era la única que cumplía con requisitos como un acento sin vicios, buena presencia y maneras, la mujer se llevó a la jovencita de Baviera hacia la mansión de la familia Ackerman.
Al momento de salir, Petra no escuchó que anunciaban la llegada de un barco proveniente de Génova, por lo que su encuentro con Eren se posponía aún más.
Cansado, Eren sólo paró por la posada de los inmigrantes para comer y pasar una noche, antes de encaminarse a la mañana siguiente a las afueras de la ciudad, donde estaban las fábricas.
Cuando Petra llegó a la mansión Ackerman en compañía de la criada de la familia, ésta la llevó directamente hasta la señora de la casa, quien quedó encantada con la joven pelirroja, quien a su vez solamente fue reacia a contar más acerca de su familia, sin revelar que era rica. Pero por lo demás, luego de la entrevista, la señora Traute había quedado satisfecha con la nueva doncella que esperaría por la llegada de su hija Isabel Ackerman.
Durante la cena la rubia señora Ackerman les daba la buena nueva a los dos hombres de la casa.
-No entiendo tu obsesión porque sea alemana.
-Es que quiero que tenga a alguien con quien practicar su alemán…
-Para eso contratas a una institutriz. – insistió su marido.
-Pero necesito a alguien que esté a todas horas con ella, y no para enseñarle nada. – explicó por enésima vez su mujer – Kenny, sabes que antes de su boda con el hijo de los Church quiero mandarla una temporada con sus abuelos en Berlín, y no quiero que pase vergüenza con su lengua materna. Sabes que siempre fue muy floja con eso.
-Bueno, bueno… - concluyó Kenny.
Levi escuchaba todo con una ceja levantada y expresión agria.
-Ya no hablen más de matrimonio, me indigestaré…
En su nueva habitación, Petra reflexionaba sin poder creer cómo las cosas habían tomado un rumbo diferente a lo planeado. Al principio planeaba huir con Eren, luego ir a su encuentro en barco, y ahora era empleada en casa de una familia norteamericana rica. Estaba sorprendida con su suerte, pero agradecida tener dónde pasar los días en lo que esperaba a su amado.
Según le habían comentado, sólo se dedicaría a ser dama de compañía de la señorita Ackerman a su regreso y le hablaría expresamente en alemán, para mejorar el acento de la chica. No parecía algo malo ni trabajoso, dado que ella también era joven de buena cuna, no acostumbrada a hacer tareas domésticas. Sí que la fortuna estaba de su parte.
Decidió dar un paseo por el jardín de la residencia antes de dormir y se dispuso a salir.
Sólo que allí ya había alguien más.
Era Levi Ackerman, quien fumaba en silencio y con mirada concentrada. Se dio la vuelta para mirarla y quedó anonadado con lo que vio.
La jovencita pelirroja ante él tenía tal aura de ángel que el joven no pudo dejar de fijar la vista en ella. Mujeres más voluptuosas y atrevidas habían pasado por su vida, pues ese era su patrón, debido a su desprecio por las niñas inocentonas y de frágil aspecto. Pero al verla se daba cuenta de que no pertenecía a la primera descripción, así como también de cierto sentimiento de paz que le provocaba el sólo contemplarla. Algo que lo asustó a tal punto de poner cara de espanto.
Petra, sin embargo, interpretó que estaba molesto por su irrupción.
-Disculpe, señor, no quería molestarlo. – dijo con una reverencia para luego desaparecer de su vista.
Él sólo quedó en silencio, incapaz de hablar. Después de un rato y con la mirada aún fija en el punto donde estaba la muchacha, susurró – Espera…
Estaba decidido: mañana mismo averiguaría más por medio de su tía acerca de esa joven, y empezaría a tratarla, pues su curiosidad y algo más bullían en su interior.
A la mañana siguiente, Eren caminaba tranquilamente en un sendero rumbo a una de las fábricas más alejadas de la ciudad. Había oído que pagaban mucho mejor que en las demás, pero por la distancia a la ciudad y otros pueblos, muchas personas no querían dejar tanto tiempo a sus familias. Andaba pensando en el dinero que haría y en Petra cuando unos ladrones se cruzaron en su camino. Después de molestarlo diciéndole cosas que el joven alemán apenas entendía, se abalanzaron sobre él golpeándolo y arrebatándole sus pocas pertenencias.
Lo dejaron inconsciente en medio del camino.
Esa misma mañana, en el internado de señoritas Paradis en las afueras de Nueva York, Mikasa e Isabel Ackerman terminaron su desayuno como de costumbre y asistieron a sus clases hasta la tarde, que la tenían libre. Las chicas aprovechaban para recorrer y explorar como siempre los predios del internado, que consistía en un extenso bosque a su alrededor. Una de las cosas que habían descubierto, para alborozo de las jóvenes, era una abandonada casa del árbol cerca de los límites de la propiedad. Con cuidado de no ser descubiertas, la arreglaron y equiparon, hasta convertirla en su cuartel de ocio: allí pasaban horas leyendo, haciendo los deberes, comentando los finales felices de las novelas románticas que leían y planificando qué hacer con sus vidas. Mikasa aún no tenía nada decidido, mientras que Isabel, enamorada de su prometido Farlan Church, no veía la hora de casarse con él y comprobar por sí misma la felicidad del matrimonio.
Las jóvenes recorrían el bosque cuando, con horror, vieron un cuerpo tirado en medio del camino que estaba fuera de los límites del internado. Temiendo que estuviera muerto, saltaron las rejas para verlo más detenidamente, pero se percataron de que aún respiraba. Era un joven que estaba tan golpeado que apenas podía moverse, por lo que las primas Ackerman decidieron llevarlo (con cierta dificultad) hasta la casa del árbol para así darle cuidados y un techo temporal. Por sus ropas y su acento al murmurar cosas sin sentido, concluyeron que no tenía adónde ir.
Con el correr de los días y con Levi dominando lo poco que Petra había revelado de su vida, el azabache intentaba con precaución acercarse a la pelirroja, con resultados infructuosos. Siempre estaba ocupada ayudando y aprendiendo de los demás sirvientes, y cuando no estaba atareada, su tía Traute la tenía horas dándole indicaciones y contándole sobre el día a día de Isabel. Levi nunca podía acercarse a ella, por lo menos no disimuladamente; quería hablarle, preguntarle más sobre ella, y no sabía por qué, contarle sobre él. Sentía una necesidad de interactuar con ella que lo enojaba, tratando de convencerse a sí mismo de que todo era por la novedad, por no ser como las demás mujeres, ricas o pobres, que coqueteaban con él sin pudor. Entre más quería acercarse a la pelirroja, más ella huía de él, sin duda asustada por su semblante imponente y actitud amenazadora.
Kenny se daba cuenta de aquello y reía solo.
Hasta que un día, la vio leyendo serenamente en el jardín, por lo que respiró hondo y se sentó junto a ella.
-¿Qué lees, mocosa? – quiso saber. Petra dio un respingo, pues no lo sintió hasta que lo tuvo a su lado.
-Es una historia de amor. – respondió cuando se hubo calmado – Pero los protagonistas no pueden estar juntos por la presión de la sociedad; además, ella es separada y él está comprometido con otra. – y agregó con expresión triste – Es un amor imposible.
Levi notó su tristeza e intentó desviar el tema.
-Tsk, entonces no leas esas cosas. – le dijo arrebatándole el ejemplar de La edad de la inocencia de las manos. – Me imagino que hay libros mejores que este para pasar el rato.
-Tiene razón, señor Ackerman…
-Sólo dime Levi, mocosa. – luego la miró – ¿No te molesta que te diga mocosa?
-No, señ… no, Levi, no me molesta.
-Traute nos contó que vienes de Alemania. ¿De qué parte?
-De Ingolstadt, un pueblo muy lindo de Baviera.
-Supongo que su belleza no fue suficiente como para que siguieras viviendo allí. – ella iba a abrir la boca para decir algo, pero él prosiguió – Espero que no me mientas. Por tu manera de conducirte puedo captar que eres de buena familia. Huiste de tu casa. – no era una pregunta.
Petra empezó a rememorar a la fuerza todo lo vivido hasta ese momento, lo cual hizo que unas lágrimas cayeran por sus mejillas. Levi la miraba fijamente.
-Mis padres son hacendados. – explicó renuente – Me enamoré de un joven pobre y ellos no lo aceptaron, y cuando planeábamos huir hasta aquí, nos descubrieron y nos separaron. Mientras me llevaban a Londres pude escapar y abordar un barco hasta esta ciudad, y estoy segura de que Eren vendrá también. – y añadió – Es por eso que todas las semanas voy a la posada de los inmigrantes.
Por alguna extraña razón, el corazón de Levi parecía volverse de piedra, a juzgar por la pesadez que sentía en su pecho. – Así que un amor imposible como la novela. – reflexionó.
-Cuando me reúna con él ya no será imposible. – dijo Petra con optimismo – Le cumpliré a la señora Traute y a la señorita Isabel, y una vez que termine mi trabajo, me iré con él y empezaremos una vida juntos.
-¡Pero no estés tan segura de que vendrá! – le espetó él - ¡No puedes poner todas tus esperanzas en una sola persona que ni sabes si se encontrará contigo! ¿Y si no pudo venir? ¿Y si te olvidó y está con otra?
-Usted no sabe nada. – le contestó la pelirroja dolida – Eren me ama y yo a él, y tarde o temprano estaremos juntos. Él jamás estaría con otra así como yo jamás estaría con otro hombre.
-Eso ya lo veremos. – masculló Levi levantándose como un tornado y dejando a la chica perpleja. Aunque ni él se entendía.
Después de encerrarse en su despacho y calmarse con un trago de whiskey, contempló por la ventana cómo Petra Ral salía hacia la posada de los inmigrantes. Con rabia, apretó su vaso y lo rompió.
Mientras, Eren se recuperaba en la casa del árbol bajo los cuidados ocasionales de Isabel y Mikasa. El chico no entendía mucho el inglés, pero por suerte podía comunicarse fluidamente con Isabel en alemán, a pesar de su acento torpe.
El castaño admiró la belleza de las dos. Aunque Isabel, con su cabello rojo oscuro y sus ojos verdes, le parecía más amigable y abierta, era la callada azabache llamada Mikasa quien llamaba su atención. Era sumamente hermosa.
Después de que los tres se contaran sus vidas y proyectos, a Isabel se le ocurrió algo.
-En unos días nos volvemos a Nueva York, ¿quieres venir con nosotras? – le propuso – Mi padre y mi primo son dueños de fábricas y bancos, y seguramente si nos cuidas en el camino querrán agradecerte con un puesto. – miró a su prima - ¿Verdad, Mikasa? Levi no se molestará.
-Creo que podemos interceder por ti para que puedas trabajar. – dijo la azabache tímidamente.
-Les estaré muy agradecido, pero no quiero ser una carga para ustedes. – replicó Eren. – Además, si descubren que estoy aquí, los tres estaremos en problemas. Mejor me recupero y sigo mi…
-¡Nada de eso! – exclamó Isabel - ¡Si hace cinco años nadie del internado descubrió esta casa, ahora no lo harán! Sobornaremos al chofer para que subas al carruaje cuando pase por aquí.
Una vez decidido el plan y al llegar el día de la partida, los tres jovencitos partieron para Nueva York.
Era el atardecer cuando todos los habitantes de la mansión Ackerman, entre amos y sirvientes, esperaban ansiosos la llegada de las señoritas. Traute le daba unas indicaciones más a Petra mientras que Levi la miraba con disimulo. Esa misma tarde había pasado nuevamente por esa dichosa posada en busca de su amor, cosa que a él lo fastidiaba. Y lo peor de todo era que no entendía por qué.
Cuando las jóvenes llegaron vieron que alguien más las acompañaba. Después de efusivos saludos entre familiares y palabras de bienvenida por parte del personal, Isabel presentó al muchacho castaño que las acompañaba.
-¡Padre, Levi, él es Eren Jäger! – chilló con entusiasmo - ¡Lo hemos socorrido en un momento duro para él y ahora nos ha cuidado en nuestro regreso a casa! ¡Por favor, dénle un trabajo, lo necesita! ¡Es bueno! – insistía mientras una sonrojada Mikasa asentía con vehemencia.
Levi iba a acercarse al joven para agradecerle y proponerle trabajar en su propio negocio cuando algo lo detuvo: vio que el tal Eren miraba hacia un punto con la boca abierta, impresionado por algo y con los ojos salidos de las órbitas, como si hubiera visto un fantasma. Con lentitud y pensando que ese nombre se le hacía sospechosamente conocido, el heredero Ackerman giró hacia el punto en el que el joven fijaba la vista.
Sólo para ver a Petra Ral en el mismo estado de conmoción que el recién llegado, con las lágrimas cayendo copiosamente de sus ojos y con cierto brillo de alegría en ellos. Pues al fin la joven pelirroja se reunía con el amor de su vida.
Así que ése era el tal Eren. Levi sintió como la cólera y la desilusión hacían un nudo en su estómago, pues había descubierto, tarde, que se había enamorado locamente de la doncella de compañía de su prima. Enamorado sin ninguna oportunidad de ser correspondido.
Él también era víctima de las trampas del destino.
Continuará...
Nota: Les juro que es un Rivetra XD
