Liliana Morales: Gracias por el comentario, me alegra que te haya gustado! Obviamente el Rivetra es la pareja central, y en cuanto a la otra pareja... en este capítulo está la respuesta! Saludos!


El derecho de amar - 2° Parte

Habían pasado varios días desde la llegada de Eren Jäger, la cual provocó un temblor en los cimientos de varios de los habitantes de la casa Ackerman.

Aunque pareciera increíble, el castaño y Petra no tuvieron oportunidad de reunirse a solas luego del reencuentro, los Ackerman no sabían nada de su cercanía (salvo uno) y no querían que su relación fuera a afectar sus trabajos con esa familia.

Pero a partir de ahí, más que falta de oportunidad, Petra notaba que Eren la evitaba. Al principio lo atribuyó a lo anterior dicho, un intento de preservar las distancias discretamente en pos al respeto que sentían por sus empleadores; pero luego, la pelirroja se percató que lo hacía en todo momento, incluidas las ocasiones en las que podían departir libremente. Apenas ella intentaba acercarse, él salía despavorido hacia otro lado; cuando lograba hablarle, le respondía con monosílabos; y cuando le preguntaba qué le sucedía, solamente la miraba entre fastidiado y angustiado.

Y es que Eren, que también vivía en esa mansión contratado como asistente de Levi y guardián de su hermana, simplemente no sabía cómo encauzar su vida luego de los últimos acontecimientos.

Su confusión tenía nombre y apellido: Mikasa Ackerman.

Petra por su parte, herida y sin entender nada, lloraba durante las noches. Un insomne Levi Ackerman apretaba los puños de pura rabia cada vez que paseaba por los pasillos a altas horas de la noche y la escuchaba. Si pudiera lo mataría.


Un día, aprovechando que estaban los dos solos en la casa, el azabache acorraló a Petra mientras ésta bordaba en el jardín.

-¿Vas a seguir sufriendo por él? – preguntó una áspera voz masculina y conocida que la estremeció.

Ella se dio vuelta para mirarlo aterrada.

-¿Cómo lo sabe…?

-Son demasiado obvios. – la cortó el joven desviando la mirada incómodo – Por lo menos para mí…

-Tengo que darle tiempo. – repuso Petra volviendo a su labor – Aunque esperable, fue muy repentino nuestro encuentro. Tal vez deberíamos esperar a que se acomoden las cosas y…

-No te vayas con él. – la interrumpió Levi sin mirarla.

-¿Qué? – La chica no entendía.

-Que no te vayas con él.

-¿Pero por qué? – quiso saber ella sorprendida.

Fue ahí que él la miró a los ojos. Una mirada suplicante y llena de amor. Y Petra entendió. No hacían falta las palabras para expresar aquello.

-No… - gimió dejando sus cosas y corriendo hacia la casa hecha un mar de lágrimas. Levi simplemente la contemplaba con ojos anhelantes y tristes.


La pelirroja entraba en la casa como un torbellino justo cuando Isabel llegaba de hacer las compras.

-¡Qué bueno que te encuentro, Petra! – chilló en alemán con su acento de dudosa calidad. - ¡Ven! ¡Ayúdame con esto, por favor! – añadió alegremente mientras le señalaba unas cajas y bolsas que el chofer apenas podía llevar.

-¿Y la señorita Mikasa no venía con usted? – preguntó una vez que se encerraron en la habitación de la jovencita casadera para ordenar sus vestidos nuevos.

-Ella y Eren me acompañaron hasta el portón, pero decidieron que tenían algo que hacer. – respondió Isabel restándole importancia. Petra sintió que el estómago se le contraía.

-Veo que están muy apegados. – quiso sacar charla.

-Sí. – le decía la otra sin darse cuenta – Ya sabes, seguramente está muy agradecido por lo que hicimos por él, pero… - y le guiñó un ojo, picarona – me di cuenta de cierta conexión entre los dos, ya sabes: siempre buscan estar solos, les gusta conversar entre ellos y esas miradas que se dedican… - ella enumeraba esos hechos tranquilamente y con un toque romántico, mientras nuestra querida pelirroja sentía que el corazón se le rompía en mil pedazos. Por último, Isabel agregó con una mirada significativa que Petra no supo cómo interpretar. – Más nos vale a nosotras no interferir con esos asuntos. Cuando se trata del corazón, sólo se trata de dos personas. Nadie más, ni nadie menos.

Así que era por eso… con dolor, llegó a la conclusión de que el amor que Eren sentía por ella aunque sincero, no era constante ni suficiente como para llevar una vida juntos. Habían pasado de estar enamorados hasta la muerte al terrible giro del destino de separarse. Y esa separación, pensaba ella con la respiración entrecortada, fue más que conveniente como para que sus sentimientos hacia ella mermaran y los dirigiera a otra persona. Otra persona más bella, más rica y de familia menos rancia que la de ella.

Y ya no pensó más, pues todo se puso oscuro de repente, y sólo escuchó los gritos de Isabel mientras caía desmayada.


Cuando recuperó la conciencia, estaba en su habitación, bajo las miradas preocupadas del médico, Traute y Levi. Isabel y Mikasa la observaban desde la puerta sin expresión en los rostros, mientras que Eren, detrás de ella, le lanzó una mirada de alivio y advertencia. Aquello sólo confirmaba las sospechas de la pelirroja. Se echó a llorar alterada y sin poder hablar, y el médico le administró un calmante que la haría dormir durante toda la noche.

Levi moría por dentro. No tenía ni por asomo las mismas sospechas que ella, pero sabía que Eren era el culpable de su estado. Con semblante peligroso, como un animal protector, se dirigió a los demás.

-Tienen prohibido entrar aquí. – dijo con voz de ultratumba – Todos, salvo el médico o yo. Sin excepción.


A la mañana siguiente, Petra despertó con el ruido de tumulto en la casa. Se incorporó de repente y se ganó un buen mareo por eso, pero al recordar que todo lo sucedido el día anterior no fue una pesadilla, sintió su rostro perder calidez y las lágrimas amenazaron nuevamente con salir.

Por el rabillo del ojo, vio que había una nota bajo su puerta, que alcanzó lentamente debido a su debilidad. Cuando la leyó, esas lágrimas empezaron a caer desesperadamente de sus ojos, como si no tuvieran fin. La angustia del rechazo y el abandono apretaron su pecho de tal manera que apenas podía respirar. Temblaba de pies a cabeza deseando con todas sus fuerzas que aquello no fuera más que una horrible alucinación.

Perdóname, Petra.

Dos palabras. Dos palabras que lo decían todo y terminaban de destruir su alma. Se sentía un recipiente vacío, ya no quedaba nada en su interior. La joven entendía perfectamente la carga emocional de esa simple nota, lo que decía de manera implícita, lo que escondía.

Todo su sacrificio había sido en vano.

Ahora estaba sola en el mundo.

Pero ahí no terminaba la cosa…

Una de las sirvientas, con el rostro agitado y resoplando como un caballo, entraba para ver si había despertado al fin, y al verla, la sentó para contarle las novedades mientras la obligaba a comer.

-¡Ha ocurrido un escándalo! ¡La vergüenza para la familia Ackerman! – exclamaba - ¡El amo Kenny está desesperado y furioso con su hija! ¡La señora Traute se descompensó! ¡Y el amo Levi ni qué decir, está que echa fuego por la boca y los ojos! – se la veía asustada al nombrar a este último.

-¿Qué sucedió? – preguntó Petra, olvidándose por un momento de sus propias desgracias.

Nada la preparó para lo que se le vino encima.

-¡La señorita Mikasa y el tal Eren Jäger huyeron anoche! – graznó la criada - ¡¿Puedes creerlo?! Según le explicó la señorita Isabel a los señores, ellos ya habían comenzado un romance poco antes de volver del internado. Al parecer, el amor floreció mientras ella lo cuidaba en su convalecencia. ¡Pero qué horror! ¡¿Tener que huir?! ¡El amo Levi está ahora moviendo contactos para encontrarlos como sea! La cuestión es que ahora están obligados a casarse debido al escándalo, ya sabes, ante la duda de si consumaron o no su amor en el interín…

Pero Petra ya no escuchaba. Sentía como si mil dagas atravesaran su cuerpo. Pero no dejó escapar ni una sola lágrima más. Se levantó decidida, y con la mirada opaca y voz monótona, agradeció a la sirvienta por el desayuno y subió a la habitación de Isabel.

La joven Ackerman se encontraba preocupada por la joven pareja. Aunque también se sentía algo culpable por encubrirlos, confiaba en que las cosas se pudieran arreglar de la mejor manera posible. Estaba recostada en su cama pensando en su prima cuando su dama de compañía entró a su cuarto con una mirada sin vida y pálida. Parecía como si estuviera muerta.

-Petra…

-Buenos días, señorita Isabel. – saludó la aludida secamente y con un alemán severo – Le voy a pedir por favor que se levante, hoy leeremos un nuevo libro. Cumbres borrascosas…

Era el libro menos favorito de Isabel, pero a Petra le parecía perfecto. Representaba tal cual cómo se sentía por dentro. Cruda y sin esperanzas.


En menos de un día, habían dado con la pareja de enamorados. Casualmente estaban parando en la cabaña que Mikasa tenía con Isabel en los límites del internado. Unos furiosos Levi y Kenny se preparaban junto a sus hombres para ir en su búsqueda, y una decidida Petra insistió en acompañarlos. Tenía que verlo con sus propios ojos y oírlo de la misma boca de Eren.

Levi percibió que, lejos de estar destruida o enojada, ella lucía impasible y hasta fría.

Cuando llegaron al dichoso nidito de amor, Eren y Mikasa salieron cautelosamente a enfrentarlos. Detrás de los demás, Petra escuchaba con tristeza cómo el castaño defendía su amor por Mikasa y prometía cumplirle mientras la azabache se interponía entre él y las armas de Levi y Kenny a los gritos. Le recordaba fuertemente la vez que el muchacho hizo lo mismo pero con su propio padre, pero esta vez había más vehemencia en la defensa de sus actos de amor.

Si había alguna última y mínima esperanza para recuperarlo, eso hizo que se esfumara.

Suspirando, la chica salió para encararse con su antiguo amante. Eren la miró pasmado.

-¿Por qué, Eren? – quiso saber con ojos llorosos. Levi observaba atento y en silencio.

-Petra… yo te amaba. – balbuceaba el joven de igual manera – Lo que sentía por ti era lo más verdadero en ese entonces, te lo juro. Pero Mikasa apareció y…

-Lo cambió todo. – terminó la pelirroja con semblante cansado. Ahí lo tenía.

-Sí… ella ha despertado en mí sentimientos que no pensé que existían.

-Sentimientos que yo no desperté en ti jamás. – prosiguió ella - ¿Sabes qué es lo peor? Que por ese amor insuficiente que sentías por mí, yo perdí a mi familia. Ya no tengo adónde regresar y nadie que me reciba. Todo lo que hice fue en vano.

-Perdóname, Petra… - murmuró Eren con lágrimas en los ojos.

-Cállate, basura. – le espetó Levi, harto de la tortura que la pelirroja se autoinfligía con ese idiota. – Listo, le dijiste que no la quieres y que a mi hermana sí. ¿Acaso piensas que voy a permitir semejante cosa? ¿Qué me garantiza que no le harás lo mismo?

-¡Entienda, Señor Levi, yo la amo! – exclamó Eren desafiante. - ¡Y si no me cree máteme ahora mismo! – dicho esto, se acercó al azabache, y tomándolo por sorpresa, colocó la boca de su escopeta en su propia frente. - ¡Dispare! – apremió el castaño.

Levi se quedó estático. Ganas no le faltaron de apretar el gatillo, viendo lo que le había hecho a Petra y lo que estaba haciendo con Mikasa. Pero en el fondo, reconocía el valor del muchacho para morir allí mismo si tanto no lo querían con su hermana. Pero, como si del toque de un ángel se tratara, sintió la mano de Petra colocarse sobre su hombro.

-Por favor, Levi, no dispare. – le pidió dulcemente – Recuerdo que sucedió lo mismo cuando mi padre nos descubrió, y en ese entonces, Eren huyó. Ahora está más que dispuesto a morir por Mikasa. Creo que es un amor sincero y hay que dejarlo ser. Me dejé llevar por el desengaño y empecé a actuar de manera fría, de una manera que no era yo. Pero mi naturaleza no me permitió seguir de ese modo, soy una persona con sed de comprender la mente del otro y sus razones. Y ahora comprendo el amor de Eren hacía su hermana, más grande que el que sintió por mí. – intentó que aflojara el agarre de su rifle – Déjelos. No haga como mi padre y provoque algo de lo que se pueda arrepentir.

Levi la miraba a los ojos con confusión y amor, y un instante después bajó el arma. Miró a Eren y a Mikasa y les dijo – Está bien. – Kenny lo miró perplejo – Se casarán ahora mismo y se irán a vivir en Nueva Jersey en una de nuestras casas. Odio admitirlo, Eren, pero se te da bien esto de los negocios. Así que allá ayudarás a mi representante Mike Zacharius con mis negocios. No tengo nada más que decir. – terminó cansado.

-¿Estás seguro, mocoso? – le preguntó Kenny, desconfiado.

-Seguro, Kenny. No te preocupes, no dejaré que esto se sepa y afecte el compromiso de Isabel con Farlan. Además, sabes que los Church son algo extravagantes y no les interesa mucho lo que digan los demás.

Kenny respiró tranquilo.

Levi miró fijamente a su hermana. Había una mezcla de decepción y malestar en su mirada. Pero también de amor y admiración.

-Mocosa. – le dijo – No me decepciones más.

La joven se lanzó en brazos de su hermano.

-No lo haré. – dijo entre lágrimas – Gracias, Levi. Y perdón.

-Ya basta. – le regañó su hermano mayor – Odio ver a las mujeres llorar. Ahora váyanse y tranquilicen a Traute y a Isabel.

Mikasa le dio un beso en la mejilla y corrió hacia Eren. Se adelantaron a la ciudad en uno de los carruajes junto a Kenny.

Sólo quedaban él y Petra.

El azabache tenía un mal presentimiento con lo que sucedería a partir de ese momento.

-¿Qué harás ahora? – preguntó con voz ronca.

-Terminaré mi trabajo con la señorita Isabel hasta el mes que viene que viajará a Alemania. – respondió tranquilamente la pelirroja – Después me iré.

-¿Adónde? ¿Volverás con tu familia?

-No. Ya me hice la idea de que no me aceptarán más como su hija.

-Pero…

-Creo que me quedaré en esta ciudad y saldré adelante sola como profesora de idiomas o música. Lo que gano actualmente con ustedes me servirá para empezar. – y sin darle lugar a Levi para replicar, Petra volvió rápidamente al carruaje.

Volvieron en silencio a la mansión Ackerman.


El mes pasó demasiado rápido para el gusto de Levi. Por medio de una pequeña y discreta ceremonia, Eren y Mikasa se casaron y partieron de inmediato para Nueva Jersey. Por suerte, el escándalo no salió de las cuatro paredes del hogar y no se propagó, por lo que Traute, quien era el miembro de la familia más social de todos, esparció la noticia de la boda de su sobrina con un joven de la alta sociedad extranjero, cuyo matrimonio se dio de sopetón por los negocios de él en otra ciudad. Ésa fue toda la explicación.

Pero lo que más inquietaba a Levi, más aún que todo el asunto con su hermana, era la inminente partida de Petra Ral. Partida que a ella también le estaba empezando a pesar a causa de él.

El joven patrón había sido muy protector y atento con ella, le había comprendido y dado su espacio luego de lo de Eren y Mikasa. Ella sabía de sus sentimientos desde esa declaración tácita en el jardín tiempo atrás, pero aún no se sentía preparada para albergar a alguien más en su corazón. No con todo lo que había sufrido. Pero aquello no evitaba que no dejara de pensar en él, pues en el fondo le dolía no verlo más y no se explicaba ese vacío en su interior que le generaba tal expectativa.

Pero ella se lo negaba a sí misma. Tenía que sanar primero antes de considerar volver a entregar su corazón. Aunque el nuevo dueño de sus pensamientos estuviera más que entregado a ella.


Llegó el día de la partida de Isabel (quien no había parado de pedirle perdón a su joven dama de compañía), y con ello al día siguiente sería la de Petra. Esa última semana la pelirroja se había dedicado a buscar un nuevo lugar en donde vivir, llegando a dar con una pequeña pero acogedora residencia de señoritas, a pesar de la insistencia de la familia Ackerman en que siguiera trabajando para ellos. Petra estaba más que decidida a dejar todo su pasado y presente atrás.

Ese día, Levi estaba sentado con la mirada perdida en el hermoso jardín, que a él se le antojaba terrorífico. Sintió un tenue aroma a jazmín, y se volteó para ver a Petra preparada para marcharse.

-Me voy, Levi. – se despidió dulcemente ella.

Él no respondió.

-¿Sabes? – habló el muchacho después de un instante – En el Valle de Napa en California, tengo unos viñedos que heredé de mi padre. Ahora están descuidados con todo esto de la Ley Seca, pero me gustaría cultivar flores y luego uvas cuando termine esa mierda. Si tú quieres…

-Levi, necesito estar sola por un tiempo. – le interrumpió Petra – Tú no mereces a una persona rota como yo, no mereces las sobras de un amor fracasado. Tú mereces más que eso…

-¡PERO YO TE QUIERO A TI! – bramó él sacando sus emociones a flor de piel, algo inaudito. – Yo quiero que sanes a mi lado, quiero recibir esas sobras, porque sé que haré que sientas algo más fuerte por mí en el futuro. Ven conmigo, Petra. – le pidió angustiado.

-Lo siento, Levi. – gimió la pelirroja – Adiós.

-Tienes derecho a rehacer tu vida como yo tengo el derecho a amarte. – se despidió él con el rostro descompuesto. Luego se levantó y se fue de allí, dejando a Petra llorando.

Era una separación necesaria.


3 años después

En su finca en el Valle de Napa, Levi despertaba a un nuevo día. Se había mudado de la gran ciudad al campo californiano y lo había puesto a punto para dedicarse a la agricultura. Sus negocios en la ciudad estaban a cargo de Kenny, Mike y Eren (con el cual la relación mejoró) y en Europa bajo el competente control de su socio Erwin Smith. Mientras, él pasaba sus días trabajando la tierra y su propio interior.

Petra, por su parte, había trabajado en Nueva York como profesora de idiomas de las pequeñas hijas de una familia acaudalada, por lo que gracias a ello, vivía holgadamente. Poco a poco fue olvidándose de su pasión por Eren, a quien deseaba la mayor de las felicidades. Hasta que llegó el momento en que su corazón estaba listo para volver a amar, tal vez con mucha más intensidad.

A pesar de todo, Levi y Petra siguieron mandándose correspondencia durante esos tres años. La negativa de ella a irse a vivir con él y la posterior mudanza del joven Ackerman no mermó las ganas de mantener contacto y amistad a través de las misivas. Para ambos era un bálsamo para sus almas y una manera de allanar el camino para un posible futuro juntos.

Y el día llegó. El día en que Petra, por medio de su hermosa caligrafía, le confesaba su más profundo amor y admiración, respondiendo por fin de manera afirmativa a las constantes propuestas del azabache de mudarse con él a California.

Finalmente era una mujer dispuesta a amar y a entregarse por completo. A ese hombre que a su vez la adoraba sin reservas.

El hombre, emocionado a morir, corrió frenético y loco de alegría para agarrar papel y pluma y responder a esa carta de amor con otra. Días después, mientras preparaba sus pertenencias, Petra recibió la carta y se dispuso a leer la respuesta de su nuevo amor:

Mocosa, mi querida mocosa:

Tu carta me dio mucha alegría, me ha traído una gran esperanza de cara al futuro. ¡Me amas! Finalmente, unas pocas palabras me devolvieron tu voz, tu mirada, tu silueta conmovedora de mis días y noches de soledad. Dios permita que mi mensaje llegue a Nueva York antes de tu partida a San Francisco, pues he de ir personalmente en tu búsqueda una vez arribes. ¿Cómo te encontraría allí si fueras tan imprudente como para perderte?

"Nueva vida" dices, "nuevo comienzo". ¿Necesitas de toda esa novedad, tú, que renuevas todas las cosas y en particular el corazón de este esclavo tuyo?

Confieso que todavía estoy temblando por tu inmensa ternura y tu vehemencia, esa llama tuya que me paralizó apenas te vi hace años. Recuerdo esa confesión que te hice en el jardín una vez, que no terminó de ser confesión, pues no había podido decirte esas dos palabras, ya que no lo permitiste y quedé en silencio mientras huías de mí. Hoy, lo grito cien veces al día, con toda la fuerza de la que soy capaz, deseando que se extienda a través de la distancia formidable que nos separa: Te amo, Petra, te amo para siempre.

Esto puede hacerte reír después de tantos años de separación. Me alivia. Me asegura que estoy vivo, en paz conmigo mismo. El resto no es nada. Y tú lo eres todo.

Como te he ido contando a lo largo del tiempo, hice grandes cambios. Sabes que no tengo gusto por las ciudades y los lazos, por lo que me mantengo en la finca de mi padre, una casa familiar rodeada de grandes jardines y viñedos. Te ofrezco, desde el fondo de mi corazón, esta irrisoria realeza.

Son las diez de la noche. El aire huele a petricor, menta y caramelo porque dejé caer el azúcar de mi té negro en la estufa. No sabes la ilusión que me hace tenerte. Mañana por la mañana iré a ver los jardines y las huertas y comenzaré a esperar, a esperarte. Ya estoy esperando.

Para ti, mi vida…

Tuyo por siempre,

Levi Ackerman

Días después, mientras Levi terminaba con su habitual recorrido por los campos, vio una silueta que se acercaba a él con un par de maletas. Él sonrió, con el corazón a mil por hora. Mocosa desobediente, pensó, había adelantado su viaje y hecho el trayecto ella misma hasta su finca. Todo para que el encuentro fuera más privado, más cercano. Y era verdad. Para qué reunirse rodeados de personas en una estación si podían tener de testigos a la fauna y flora del lugar. No lo dudó ni un segundo y corrió a abrazarla.

-Viniste, Petra. – gemía él escondiendo su rostro en el cuello de la mujer que recibió su abrazo con emoción y ternura – Te amo, te amo tanto que he estado muerto y ahora vuelvo a la vida.

-Levi… - lloraba Petra de felicidad – Te amo, y ahora sí lo digo sin dudar y con el corazón en la mano. Es tuyo… - fue sorprendida por el beso de Levi, quien estaba a punto de colapsar debido a su aroma y a sus labios que siempre había anhelado. Ella le correspondió rápidamente con la misma pasión.

Por fin, después de pasar por tanto, podían estar juntos para siempre.


Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección... - Antoine de Saint-Exupéry