Primero:
MJ Keehl: ¡Gracias a vos por confiar en el contenido! Me pone muy contenta que gusten las historias, me salen del alma y es lindo ver que los demás lo valoran.
Katty05: Muchas gracias por tu comentario! ¡Me alegra mucho que te haya gustado!
¡Espero que les guste esta nueva entrega!
¡Estúpida Cupido!
Gritos, horror, las murallas derrumbándose, cientos de titanes invadiéndolos desde distintos puntos…
Casas destruidas, personas devoradas, todo un espectáculo dantesco bajo el manto del humo negro proveniente del caos y la catástrofe, lo que daba la impresión de ser de noche, aun siendo de día…
Era el fin de la humanidad…
-¡Kyaaa! – abriendo los ojos como platos, asustada y cayéndose de la cama, Hange Zöe despertaba a un nuevo día de febrero en el castillo que hacía de cuartel para la Legión de Reconocimiento. Mientras se abanicaba con una mano para tranquilizarse, recordó esa pesadilla tan vívida que hizo que tuviera escalofríos. Parecía profética. Y la verdad, de seguir como estaban, era un fin muy posible el que se les avecinaba. Ya no podrían pelear por la libertad, por la vida y por el amor…
El amor…
Y ahí Hange vió la luz.
¡Tenía una misión! Y esa era la de hacer que las personas enamoradas dejaran de callar sus sentimientos. Ante lo impredecible de la vida y el destino, era hora de que uno se dejara de remilgos y se hiciera cargo de su corazón. ¡Y ella haría de Cupido! Todo eso pensaba Hange mientras se cambiaba y se dirigía al comedor para desayunar.
A ver… ¿qué parejas debía unir?
Mmmm… sabía que Mike y Nanaba sentían algo el uno por el otro, y que lo negaban a todo aquel que lo hiciera notar, pero Hange también sabía que ambos dormían juntos a escondidas. Su habitación estaba junto a la de Mike, por lo que algunas noches escuchaba el ruido de las cabalgatas que llevaban a cabo y que no dejaban mucho a la imaginación. Así que no sería necesario juntar a dos tortolitos que ya estaban juntos.
¿Moblit y Nifa? Como eran sus subordinados, desde hacía un tiempo sospechaba que pasaba algo entre ellos, pero pensándolo bien, parecía más delirio y ocurrencia de la castaña que algo cercano a la realidad. Ambos jóvenes se llevaban muy bien y eran compinches, pero Nifa era demasiado discreta y Moblit demasiado tímido. No había manera de saber si se gustaban como para actuar debidamente.
¿Los reclutas? Veía que Sasha estaba siempre con esos chicos Jean y Connie, pero en vez de quedarse con uno o con los dos, la jovencita tenía una relación más sólida con las patatas. Caso perdido. Lo mismo con Jean y Mikasa: se notaba que él la adoraba, pero la otra ni por asomo. Y siguiendo con esa cadena de amores no correspondidos, estaban Eren y Mikasa nuevamente, el castaño estaba entusiasmado con otras cosas mientras la azabache besaba el piso en donde se paraba. Mmmm… ¿Ymir y Christa? Mismo caso que Mike y Nanaba. Reiner que gustaba de la rubia, pero era un Jean 2. Y después estaban Bertholdt y Armin por el amor de Annie, pero esos dos eran más miedosos que Moblit y ella tenía una cara de piedra que no se sabía qué pudiera estar pensando. ¡Ahhh, no había parejas que unir!
Un momento, quedaba una.
La bella Petra y el enano sangrón de Levi.
Desde hacía años había tensión sexual entre ese par de pigmeos, pero era más lentos que ella con Erwin. Sí, sin duda su misión era para con ellos, hacer que ese par asumiera lo que uno despertaba en el otro. Siempre había notado el brillo en los ojos de Petra al verlo, que ni se molestaba en disimular; y Levi, aunque poco expresivo, cada tanto dejaba escapar una mirada de amor cuando la pelirroja no lo miraba.
¡Y de paso le haría un gran favor a la humanidad! Si sus cálculos no fallaban, habría más soldados fuertes de sangre Ackerman de decidirse el enano a procrear. Pero para la capitana, lo primordial era el amor latente entre ellos.
Y después, tal vez… ella y Erwin…
Sonrojada, Hange se frotó las manos mientras llegaba al comedor. ¡Manos a la obra!
Primer intento para unir a los tortolitos (en el caso de esos dos gnomos, colibríes): Insinuaciones.
La capitana empezaría con algo inofensivo, que consistía básicamente en hacerle bromas a Levi respecto a la pelirroja a ver qué hacía, así como en hacer comentarios en voz alta para que Petra escuchara. Era cuestión de ver qué reacción tenían ambos para tantear terreno.
Y esa misma mañana, en el desayuno, comenzó el operativo.
-Hey, enano, ¿qué tanto le miras a Petra? – preguntó de repente, viendo cómo Levi miraba fijamente hacia la mesa donde estaba su escuadrón.
El hombre por poco se atragantó, pero rápidamente recuperó la compostura.
-¿De qué hablas, cuatro ojos? – replicó bruscamente.
-Nah, pasa que la miras mucho. – explicó Hange como si nada – Y seré cuatro ojos, pero veo muy bien: esas miraditas que le lanzas no son de capitán, son de hombre. – sentenció.
-Cosas tuyas, idiota. – resopló él algo sonrojado.
-Ay, Levi, es muy gracioso verte así de enamorado. – rió Hange.
-¡Te dije que no me pasa nada, loca del demonio! – masculló el azabache harto. – Aquí nadie tiene tiempo para esas idioteces, sólo tú viendo cosas donde no las hay.
-Di lo que quieras, pero eres demasiado obvio.
-¡Ya cállate! – y se levantó saliendo como un tornado del comedor, ante la mirada atónita de todos.
Más tarde seguía el suplicio.
Durante una reunión entre Erwin y los capitanes y mientras ellos departían, Petra les preparó té y bizcochos. Todos la felicitaron por sus cualidades en la cocina, y fue ahí que Hange aprovechó.
-¡Qué rico, enana! Para cuando te cases con Levi lo vas a tener bien atendido.
Un plato voló hacia su cabeza, cortesía del aludido, pero ella lo esquivó fácilmente.
Petra salió huyendo del cuarto, colorada hasta las orejas.
-¡Deja de decir tonterías, maldita! – se molestó Levi.
-¡No sé por qué te enojas, enano! – replicó la castaña - ¡Si te gusta!
-Eres una…
-¡Bueno, basta! – pidió Erwin con seriedad. – Sigamos con lo nuestro.
Y Hange lo dejó por la paz, obedeciendo a Erwin. A ese rubio tentación le permitía todo.
Y así avanzaban los días, con Hange haciéndose la pesada con ambos, provocando el enojo de él y la vergüenza de ella. Pero ya estaba empezando a cansarse. A pesar de las reacciones graciosas de ambos, su relación no cambiaba, seguían tan estoicos con esa farsa de capitán-subordinada, que la castaña tuvo que aceptar que tenía que buscar otros métodos.
Por lo menos gracias a eso, ahora confirmaba que entre esos dos la cosa iba a explotar. Era cuestión de que alguien les ayudara a dirigir bien esa pasión, y ella era la indicada.
Resultado: No era un fracaso, pero tampoco un éxito. Ni muy muy, ni tan tan.
Segundo intento en nombre de Eros: Celos (ay, la que se va a armar).
Como el tonto de Auruo flirteaba siempre con Petra de manera amistosa, a la capitana se le ocurrió que si le hacía notar al enano que tenía competencia seria, tal vez en un intento desesperado, se le declararía a la pelirroja obteniendo el seguro sí de ella. Así que estaba decidido: le comería la cabeza a Levi con suposiciones sobre ellos dos.
Y la hora del entrenamiento era el momento perfecto. Ya que Auruo y Petra practicaban lucha cuerpo a cuerpo.
Levi supervisaba todo con la mirada aburrida y atento a lo que hacía la pelirroja. No se fuera a lastimar su ángel pelirrojo.
-¡Hola, enano! – saludó alegremente Hange detrás de él. El azabache dio un respingo, la muy idiota le había cortado la inspiración.
-¿Qué quieres, estúpida? – le espetó él.
-Nada. Sólo pasaba a saludarte y a mirar a tu escuadrón. – explicó la castaña inocentemente – Sí que son buenos.
-Por algo son la élite, cuatro ojos. – repuso Levi como si fuera lo más obvio del mundo.
Y ahí la otra aprovechó.
-Mmmm… veo que la relación de Auruo y Petra va viento en popa. – observó mirando a los dos soldados.
Una sonrisita de satisfacción cruzó por su rostro al ver que un brillo alarmante chispeó en los ojos de Levi.
-¿Cómo que relación? – inquirió él con voz ronca.
-Ah, perdón… pensé que estabas al tanto de lo que pasaba con tus subordinados. – se disculpó Hange, sin saber que había puesto en marcha una bomba de tiempo en su colega.
-Cállate, ellos no tienen tiempo para esas cosas.
-Pero míralos, enano. – le señaló ella. En ese momento Petra había caído y Auruo le ofrecía la mano para ayudarla a levantarse, a lo que ella aceptó de buena gana mientras los dos reían – Esas miradas y esas sonrisas que se dirigen… según escuché por ahí, él está en vías de proponerle ser su novia, y a ella no la veo indiferente en cuanto a eso. Harían linda pareja, ¿no te parece? – mientras hablaba, Auruo ayudaba a la pelirroja a quitarse el polvo de los hombros, lo que hizo que Levi pegara un grito que dejó a Hange sorda.
-¡OIGAN! ¡NO ES MOMENTO DE RISAS Y TONTERÍAS! ¡O SE PONEN A ENTRENAR ESTA MIERDA O LOS CASTIGARÉ!
Estaba colérico y eso a Hange le dio infinita alegría. No pensó que sería tan fácil hacer reaccionar al enano.
-Disculpe, capitán. – balbuceó Petra, temiendo decepcionar a su superior.
-Pero si sólo… - empezó Auruo, pero Levi le lanzó una mirada asesina que le dejó al lengua congelada.
-¡¿Saben qué?! ¡Se terminó el entrenamiento! ¡Ahora se ponen a dar 200 vueltas al campo! ¡TODOS! ¡Y alguien que me haga el puto té! ¡PETRA! – obviamente era para alejarla de Auruo.
-Sí, capitán. – suspiró ella entristecida. No se explicaba por qué estaba tan nervioso.
Y la cosa no mejoró con el correr de los días. Un Levi cada vez más enfurruñado veía muestras de cariño entre sus dos subordinados en donde no las había, mientras Hange lo azuzaba cual demonio al oído, ya diciéndole que si tenía algo que decir lo dijera, que reclamara lo que le pertenecía por derecho y que dónde quedaba la dignidad del hombre más fuerte de la humanidad si no era capaz de luchar por lo que quería. Mientras, el azabache se contenía de matar a toda la Legión y secuestrar a Petra, porque para el muy bruto ésa era una opción más que tentadora. A esas alturas, él mismo ya había asumido sus sentimientos por la pelirroja, pero era Levi Ackerman, y Levi Ackerman no tenía ni la más pálida idea de cómo proceder, expresarse y abordar. Para rematar, malinterpretaba la personalidad dulce y tímida de Petra para con él con miedo y culpa, como si temiera que el capitán le hiciera algo a Auruo. Y toda esa cadena de amargura para el azabache sólo lo enloquecía.
Y Hange estaba feliz. Ella estaba ciega con lo mal encaminado que iba aquello y pensaba que el Rey tendría que nombrarla Cupido oficial de los muros. Así era su desempeño en ese atolladero emocional de los implicados.
Y como esa situación y Levi tenían una mecha muy corta, un día la catástrofe golpeó la puerta del cuartel liderado por Erwin Smith (quien por cierto, no tenía idea de la tramoya de la castaña).
Erd, uno de los miembros del escuadrón de Levi, mandaba a menudo misivas de amor para su novia, pero como no era muy especialista en palabras, siempre le pedía ayuda a Auruo, quien era más leído y tenía más facilidad de escritura, aparte de ser su compañero de habitación. Un día en particular, el rubio le había pedido a su camarada que le redactara una carta para el objeto de su afecto, a quien siempre llamaba "mi diosa de fuego" aunque fuera castaña, y que luego se la diera para que la firmara. La ardiente carta escrita por Auruo para Erd decía lo siguiente:
Mi diosa de fuego:
No puedo esperar más para estar junto a ti. Sentir tu piel, tus labios y tu sedoso cabello. Te amo tanto, amor, que me siento desfallecer sólo de pensarte. Cuando tengamos unos días libres, ten por seguro que iremos a recorrer el pueblo y los bosques alrededor. ¿Recuerdas ese lago secreto donde nos bañamos el pasado verano y que fue testigo de nuestro amor incontables veces? Pues muero por repetir la experiencia, además, es hora de que hable con tu padre al respecto. No puedo dejar de pensar en la dicha que sería que fueras mi mujer en todos los sentidos, y así como nuestros cuerpos ya se unieron, quiero que nuestras almas queden selladas en sagrado matrimonio. He de decirte que ya tengo en la mira el anillo digno de tu blanca mano.
Amor mío, por siempre tuyo.
Auruo escribía todo esto con una mueca de desagrado, pues de paso descubría detalles privados de su amigo que no hacía falta que supiera. Pero bueno, ya que confiaba en él para las cartas de su novia, lo menos que podía hacer era ignorar todo aquello y escribir. Cuando terminó, dejó un espacio para que Erd firmara la hoja del amor.
-Ya la terminé, Erd. – anunció Auruo.
-Gracias, amigo, la firmaré después. – se alegró el rubio – ¿Puedo pedirte ahora que me eches una mano? El capitán quiere esos establos limpios para el atardecer y voy retrasado. – ambos soldados se apresuraron y salieron del cuarto. La carta sin firmar de Erd quedó en el escritorio de Auruo.
Mientras, Levi buscaba a Auruo para pedirle ir al pueblo por unos víveres. ¿Y adónde se dirigió? Al cuarto que compartía con Erd.
Después de llamar sin respuesta, entró para cerciorarse de que su subordinado no estuviera haciéndose el que no escuchaba, cuando algo captó su atención. Una carta en la mesita del muchacho y escrita con su pulcra letra. Levi no era de fisgonear en los asuntos de su escuadrón, pero tenía un mal presentimiento, por lo que tomó la hoja y la leyó.
A medida que sus duros ojos azules recorrían la carta, estos se abrían descomunalmente a la vez que su pálido rostro se tornaba colorado de la ira. ¿Mi diosa de fuego? ¡Sólo había una sola mujer en la Legión con tal característica y esa era Petra! ¡¿Lago testigo de su amor?! Le estaba por dar un síncope de imaginarse la escena mientras sus manos temblaban de ira con la carta arrugándose en ellas. ¡¿MATRIMONIO?! ¡No, no podía ser verdad! ¡Petra lo quería a él, a Levi Ackerman! ¡Nunca le dijo nada pero se le notaba a la pelirroja! Lamentaba nunca haber tenido ni el valor ni las ganas de adelantarse a cualquier desgraciado en el cuartel; todo era culpa de él. No podía soportar a Petra enamorada de otro hombre, entregada a otro hombre… ¡casada con otro hombre! ¡Y encima Auruo! Pero callaría, no arruinaría la felicidad de su amada pelirroja. Seguiría manteniendo en secreto su amor, a fin de no hacerle pasar vergüenza y para ahorrársela a él también. Pero no se iría perdiendo: ahora mismo buscaba a Auruo para darle una soberana paliza. Ya buscaría la excusa para justificarse.
Los dos miembros de su escuadrón acababan de llegar de los establos y se disponían a merendar algo en el comedor. Pero Auruo ni alcanzó a meterse un pedazo de pan en la boca, viendo que su capitán caminaba hacia él velozmente y con una cara de los mil demonios. Se mordió la lengua del susto.
-¡BASURAAAA! ¡¿QUÉ ERA ESA CARTA QUE LE ESCRIBISTE A PETRA?! – bramó un descontrolado Levi mientras se abalanzaba sobre él para matarlo a golpes, olvidándose de no mencionar a Petra. Y se armó el desastre: volaron sillas y mesas, trozos de cubiertos y botellas por doquier, la gente a su alrededor estática, pues no entendían qué le pasaba al capitán, y estaban muertos de miedo con él. Soldados corrían de aquí para allá llamando a los demás que estaban afuera y buscando a Erwin, las chicas gimoteaban asustadas mirando la carnicería que se desplegaba en medio de las mesas. Auruo ya estaba inconsciente e irreconocible por los golpes, y Levi seguía masacrándolo pareciendo un poseído por Satán. - ¡TE LA VAS A LLEVAR PERO PRIMERO TE PARTO LA CARA!
-¡BASTA, LEVI! – la potente voz de un enojado Erwin Smith se hizo escuchar por encima del pandemónium, y todos callaron al instante. Levi detuvo el puño a medio camino del rostro de su soldado. Poco a poco, parecía volver en sí. Erwin levantó la dichosa carta que traía en sus manos, cual salvador de la Patria. - ¡Para que sepas, esta carta iba dirigida a la novia de Erd, y Auruo sólo la había escrito en su nombre!
Al parecer, en medio de la confusión, Erd se había avispado al escuchar los reclamos de su capitán, por lo que fue a su habitación no sólo para buscar la carta de la discordia, sino también para encontrarse con su cuarto destrozado. El ataque de locura de su superior había comenzado allí. Con rapidez, le comunicó todo a Erwin, Mike y Hange. Ellos sabían que algo había entre Levi y Petra, y no era difícil adivinar que el desbarajuste se debía a que el celoso azabache había entendido todo mal.
De repente, después de recuperarse del arrebato, Levi se vio a sí mismo rodeado de soldados que lo miraban asustados, estaba manchado con sangre de pies a cabeza, tenía a su subordinado desmayado debajo de él. Y lo peor de todo: Petra lo miraba en silencio desde un rincón, en sus ojos había una mezcla de decepción y terror. Y lo último que quería el azabache era provocar eso en su amor.
Petra se unió a los soldados que llevaron a Auruo a la enfermería, mientras Erwin le pegaba el grito de su vida a Levi, quien estaba avergonzado y furioso por tener que aguantarse la reprimenda. No recordaba la última vez que alguien le había gritado.
A un lado, Hange observaba la escena apesadumbrada. Esto de hacer de Cupido había ido demasiado lejos. Era obvio que ese brote psicótico en el azabache era consecuencia de las instigaciones que ella le había aplicado para que luchara por el amor de la pelirroja. Pero no se esperó que provocara la locura total en él y acabara casi matando a una persona. Ella sólo quería que su colega hablara con la chica y llevara las cosas de manera sana.
Días después, cuando Auruo recuperó la conciencia, sucedió algo inaudito: Levi fue a la enfermería a hacerle una visita y a pedirle perdón por todo. Ese día, todos pidieron un deseo.
Resultado: Fracaso total y rotundo.
Tercer intento (¡la tercera es la vencida!)… no, mejor no… basta de problemas…
Con los días, un poco antes de terminar el mes, se había recuperado algo de la tranquilidad de la Legión. Una vez recuperado Auruo y en bueno términos con Levi, el comandante Erwin decidió darle una semana de descanso, por lo que el muchacho se fue a su casa. El rubio seguía enfadado con Levi por dejarse dominar por esos bajos instintos, mientras que el resto de las tropas continuaba temblando de miedo sólo de ver al enano azabache.
Y Levi, aunque no lo demostrara, se sentía fatal. Tenía regresiones a la época en la que era delincuente en la Ciudad Subterránea, donde le temían y señalaban. No eran recuerdos nada gratos para él. Además, Petra no le hablaba. Para más vergüenza, se había destapado la razón del ataque de Levi a su subordinado, y no faltaba quien no le echara la culpa a la pelirroja por provocadora. Y eso la tenía nerviosa y enojada: no negaba que se sentía halagada y hasta feliz de saber que Levi se había puesto celoso por su causa, pero de ahí a agredir salvajemente a su compañero estando loco de celos y sin aceptar ninguna explicación había un gran trecho. Esas no eran maneras de expresar algún desacuerdo, no, para la pelirroja la violencia por las dudas no era el camino, y su adorado capitán había demostrado ser bastante impredecible con su ira. Además, ella no tenía nada que ver con Auruo, ni de broma. Por suerte, junto al descubrimiento, las cosas pudieron esclarecerse, aunque Erd no tuvo de otra que empezar a cultivarse más para poder escribir él mismo las cartas a su novia.
Y en medio de esa calma con destellos de tensión entre los dos protagonistas de la novela de Hange, la castaña capitana era quien más frustrada se sentía. Era apenas la primera pareja bajo su manto del amor y la misión le había fallado estrepitosamente. Se sentía una inútil y una farsa para sí misma, todo por creerse que por una pesadilla indudablemente producida por la sugestión, ella tenía la posibilidad de cambiar las cosas. Por lo menos agradecía que nadie, mucho menos Erwin, supiera que ella estaba detrás de la explosión de la dinamita de Levi, y que por lo tanto era la culpable principal del descalabro vivido. El azabache tampoco le decía nada al respecto, suponía que llevado por la pena de aceptar el hecho de que ella lo ayudaba con Petra, aunque fuera de manera indirecta. Por eso callaban.
Un día, Levi y Petra se cruzaron y el azabache no se resistió a hablarle.
-Petra. – la llamó. Ella lo miró indiferente – Quiero mi té.
-Le pediré a Erd que se lo haga. – le respondió la pelirroja – Estaré limpiando el establo y seguramente me ensuciaré.
-¿Y me acompañarás más tarde a organizar los papeles que me mandó Erwin? – quiso saber él, impaciente.
-Lo siento, capitán. Mañana tengo que levantarme temprano para comprar víveres, pero de seguro Günther no tendrá problema con ayudarlo.
Hasta en eso lo evadía. Había intercambiado sus tareas con Erd y Günther con tal de no llevarle ni té ni comida a su oficina y estar sola con él. Y Levi se había hartado de darle su espacio y esperar su perdón en silencio. Y una vez más, explotó.
-¡¿Por qué me evitas, mocosa?! – exclamó molesto.
-¡No lo estoy evitando, capitán! – le contestó al otra, también molesta. - ¡¿Acaso por ser mujer tengo que hacerme cargo de su estómago y sus papeles?!
-¡Soy tu superior y a mí me respetas! ¡No me vas a venir a contradecir, así que quiero que hagas lo que siempre hacías!
-¡¿O sino qué?! ¡¿Me golpeará como a Auruo?!
Golpe bajo para Levi. Había quedado tan turulato y furioso con el reclamo de Petra, que si un titán se aparecía justo en ese momento, aprovecharía la distracción del soldado más fuerte de la humanidad y se lo comería con facilidad.
-¡¿Qué tanto te importa Auruo?! – le cuestionó celoso. - ¿Acaso era verdad?
-¿Qué cosa?
-¡Que están juntos!
-¡Pero eso ya está claro, lo de esa carta fue producto de una confusión! – se ofendió la joven.
-¡No hablo de eso! ¡Hablo de los rumores!
-No sé de qué rumores habla, pero Auruo y yo sólo somos amigos. Yo no estaría con otro que no fuera… ¡ay, estoy muy enojada con usted! ¡¿Cómo se le ocurre atacar así a su subordinado?!
-¡Me equivoqué! ¡Ya está, le pedí perdón!
-¡Eso no justifica nada! ¡Y si todo aquello hubiese sido verdad, usted no tiene derecho a meterse en mi vida!
-¡Claro que tengo derecho, mocosa! ¡Soy tu capitán!
En un rincón desde las sombras, Hange escuchaba la discusión, mientras inevitablemente su mente se ponía a carburar a mil por hora. Y ese par de enanos imbéciles… a estas alturas todo el mundo, incluidos ellos, sabía de sus sentimientos y ni peleando se ponían de acuerdo. ¡Ya nada los detenía! La castaña estaba cabreada con esos dos y salió de su escondite para hacer lo primero que se vino a la cabeza.
-¡Oigan, ustedes dos! – gritó dando zancadas hacia ellos. - ¡Si van a pelear por todo el cuartel, háganlo en un lugar más privado! – dicho esto, abrió de una patada la puerta más cercana, que daba a un depósito de artículos de limpieza, y tomando del cogote a los sorprendidos enamorados negados, los arrojó adentro y les echó llave. A ver si de una vez se tranquilizaban.
El cuartito era muy pequeño y apenas iluminado por una pequeña lámpara que a duras penas Levi pudo encender, mientras Petra estaba aplastada contra la puerta debido al espacio reducido. Ambos pasaron de discutir afuera a quedarse en el más absoluto de los silencios allí adentro, con el agregado de la peligrosa cercanía que experimentaban. Ya empezaban a sentir cosquilleos en zonas que por pudor no se describirán, a la vez que se miraban a los ojos como si fuera la primera vez. Y sin previo aviso, Levi la besó, asaltándole la boca de una manera que la pobre chica creía que se desmayaría, pero en vez de eso, le correspondió con el mismo ímpetu. Levi ya besaba su cuello y todo lo que tenía de ella a su paso.
-¡Yo te amo, Petra! Estaba celoso de que te fueras de mi lado… soy un cobarde por no haber hablado contigo antes… - le decía entre jadeos entrecortados mientras el muy atrevido metía mano y boca por todos lados.
-Levi eres un tonto… te amo… - gemía la otra sin quedarse atrás en la exploración.
Los detalles del encuentro en ese depósito quedarán a la imaginación de cada uno.
Mientras, del otro lado, una asombrada pero feliz Hange escuchaba el despliegue de pasión que se daba en el cuchitril aquel. Con una enorme sonrisa, deslizó la llave bajo la puerta para que pudieran salir una vez que terminaran con sus asuntos de enanos. ¡Ay, por fin tendrían enanitos!
Colocó unas señales a cada lado del corredor para prohibir su recorrido, así los soldados indiscretos no los interrumpían. Y como su alma de Cupido había regresado a su cuerpo, tenía una misión más que cumplir. Una misión para consigo misma.
-¡Ahora voy por ti, Errrrrwiiiiiinnn! – exclamó sonrojada.
Y se alejó canturreando y saltando en dirección a la oficina del rubio que le quitaba el sueño.
No había sido tan mal Cupido, y ahora sería la mujer más feliz de la humanidad.
