Planes


Sumary: El plan de Donald era sencillo, prepararía la cena y se relajaría en su hamaca, pero las casi nunca salen de acuerdo con sus planes y esa no fue la excepción.


Lo primero que hizo Donald al salir del trabajo fue correr en dirección a su casa. Su jornada laboral había terminado dos horas antes, pero por un problema en la carretera el último camión llegó media hora antes de que la bóveda cerrara. Si hubiera dependido de Donald hubiera pospuesto la descarga para el día siguiente, pero el gerente tenía otros planes en mente y dejó en claro que, si alguien se iba antes de que el camión hubiera sido descargado, su salario sería disminuido.

Ver a Webby y a los trillizos en la sala de la casa fue algo que lo tomó por sorpresa. A pesar de que acostumbraban a dormir en la mansión no le resultaba extraño que lo visitaran, lo que lo confundía era el hecho de que estuvieran tan tranquilos. Conocía a esos pequeños lo suficiente como para saber que cuando más calmados estaban era porque estaban planeando una travesura.

—¿Es para mañana? —fue la pregunta que Donald hizo al ver los libros sobre la mesa.

—No, pero mañana saldremos en una aventura con el tío Scrooge y Huey insistió —comentó Louie con fastidio.

Aunque Donald estaba un tanto molesto al enterarse de ese modo de la nueva aventura que tendrían, no diría nada. No era la primera vez que su tío Scrooge se llevaba a sus sobrinos sin decirle nada y sabía que tampoco sería la última vez por lo que prefería dejarlos ser. Confiaba en que su tío sabría cuidarlos y les enseñaría a salirse de los problemas.

—Era necesario —se defendió Huey —, si no la hacemos hoy, no tendremos tiempo para hacerla.

—Si me necesitan estaré en la cocina —les dijo Donald antes de hacer lo que había dicho.

Después de darle un rápido vistazo a la cocina decidió que iría al supermercado ese fin de semana para reabastecer la alacena. También llegó a la conclusión de que prepararía arroz frito, había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo había preparado. Después de unos cuantos minutos la cocina se llenó de varios patitos, Donald pensó que era el olor lo que los había motivado, pero esa idea desapareció cuando el mayor de los trillizos le contó el motivo de la visita a la cocina.

—¿Qué estás cocinando? —le preguntaron los más pequeños.

—Arroz frito.

Huey, Dewey y Louie comenzaron a celebrar en cuanto escucharon las palabras de su tío. Donald sabía que era una de las comidas favoritas de sus sobrinos y ese era el motivo por el que decidió prepararlo en esa ocasión.

—Sí, arroz frito —comentó Webby con un tono de voz que pretendía ser animado, pero resultaba demasiado evidente que era falso.

—Cierto, todavía no has probado el arroz frito de tío Donald.

—Cuando lo hagas, entenderás porque estamos tan emocionados.

—Tío Donald prepara el arroz frito del mundo.

—Exageran niños —escuchar esas palabras de sus sobrinos hacían que Donald se sintiera alagado —. ¿Por qué tan sucios? —agregó al notar los rostros de papel que los patitos tenían pegados.

—Tuvimos unos problemas con la maqueta —respondió Huey después de intercambiar miradas con sus hermanos y con Webby.

—En unos minutos la cena estará lista y podré revisar su proyecto.

Aunque los patitos quisieron quedarse con Donald mientras este preparaba la cena, el mayor no les permitió quedarse. Habiendo tantos utensilios calientes no quería arriesgarse a que uno de ellos terminara lastimándose.

—Pueden preparar la mesa mientras espera —agregó Donald.

Aunque los patos más pequeños se quejaron al escuchar las palabras del mayor, ninguno de ellos hizo caso omiso de esas palabras. Pusieron todos los papeles en el suelo y como la maqueta estaba en terribles condiciones no tuvieron que preocuparse por ser cuidadosos. Lo único que no pudieron hacer fue retirar los restos de goma y de pintura de la mesa.

Donald tuvo un pequeño ataque de pánico al descubrir el desastre que sus patitos habían causado. Si no los conociera le hubiera resultado imposible de creer que hubieran creado tanto desorden en tan poco tiempo.

—¿Qué hicieron?

—Se supone que es un volcán a escala —respondió Huey mientras trataba de unir dos piezas de algo que carecía por completo de forma.

—Creo que puedo verle la forma —eso era una mentira y los patitos lo sabían —. Por ahora, cenaremos.

Estaban por cenar cuando el sonido de la puerta los distrajo. Ninguno de ellos esperaba que Scrooge estuviera del otro lado de la puerta.

—¿Qué te trae por aquí? —le preguntó Donald. No quería ser grosero, pero le resultaba extraño ver a su tío en la casa bote. Era la primera vez que lo hacía desde que se había mudado a la piscina.

—¿Necesito motivos? —preguntó Scrooge, no parecía importarle la reacción de Donald o el dar explicaciones. Parece que llegué en buen momento —agregó Scrooge antes de sentarse en la mesa y tomar la comida que Donald había servido para sí mismo. Luego se dirigió a los menores —. ¿Están listos para la aventura de mañana?

—Se podría decir que sí.

—Solo nos falta terminar la tarea.

—Pueden hacerla cuando regresen.

—Eso fue lo que le dije a Huey.

—No sabemos cuánto nos puede tomar regresar.

—Recuerden que nos vamos después de que termine la escuela.

Donald se dirigió a la cocina para servirse algo de comer. Estaba demasiado cansado para discutir y aún si no lo hiciera consideraba que era absurdo. Scrooge se había comido más de la mitad del contenido del plato.

Antes de que pudiera regresar a la sala/comedor se encontró con Webby quien le pidió más arroz. Ver lo mucho que le había gustado la comida a esa pequeña lo hizo sentir muy alagado.

—No es necesario que preguntes, eres parte de la familia.

Webby se alegró al escuchar esas palabras y casi de inmediato se sirvió más comida. No había terminado cuando los trillizos y Scrooge se encontraban detrás de ella con intenciones de imitarla.

Cuando regresaron a la mesa, Donald se dedicó a escuchar a los patitos y a Scrooge conversando acerca de la aventura que les esperaba. En más de una ocasión se preocupó por los peligros a los que pudieran enfrentarse y en cada una de esas aventuras se recordó que Scrooge estaría con ellos y que su tío los protegería, incluso si en ocasiones no era del todo sincero con él.

—¡Espero que encontremos un enorme tesoro! —comentó Louie con ilusión.

—No será enorme, pero sí valioso —fue la respuesta de Scrooge —, es una pena que tenga que donar al museo una parte.

—¿Donar?

—Sí, eso disminuye los impuestos.

—Tiene sentido.

—Tengan cuidado de no tocar nada extraño.

—No te preocupes, tío Donald —Huey le mostró la guía de los Jóvenes Castores —, en este libro hay una lista bastante completa sobre las plantas venenosas o trampas que podríamos encontrarnos.

—Y tío Scrooge nos acompañará.

—Tío Scrooge, recuerda que la familia es lo primero —le regañó Donald, aunque parte de él consideraba que no era necesario que le dijera esas palabras a su tío.

—Te preocupas demasiado —Scrooge hizo un gesto con la mano, como si les restara importancia a sus palabras.

Después de que los menores comenzaran a cabecear, Donald decidió que era momento de que se fueran a dormir. Con ayuda de Scrooge los llevó a su cama y aunque planeaba hacer lo mismo supo que no podría hacerlo mientras que la sala se encontrara desordenada y que, limpiar y terminar la tarea de los niños, eran dos actividades para las que tendría que invertir bastante tiempo.