Angustia


Sumary: Louie se siente ansioso cuando escucha el timbre del teléfono. Donald se ha ido a la guerra y la falta de noticias resulta axficiante.

Al principio Louie había creído que se trataba de un chiste e incluso se había reído de varios de los memes que se había encontrado en internet. Incluso cuando su tío Donald le había hablado acerca de las posibilidades de que fuera reclutado para el ejército no se lo tomó en serio. Varias semanas después, mientras veía los noticieros no podría seguir negándolo por más que lo deseara.

Cuando el teléfono sonó, se apresuró en contestar. Siempre tenía la esperanza de que fuera su tío el que llamara. En esa ocasión estaba en lo correcto. Había pasado días desde la última vez que tuvo noticias de él y comenzaba a pensar en lo peor. Mil veces se dijo que era normal que Donald no llamara con la frecuencia que le gustaría y trató de convencerse de que estaba bien pues había llegado una carta. No podía hacerlo, sabía que las cartas llegaban con retraso y que cualquier cosa podría pasarle a su tío estando en medio del campo de batalla.

—¡Llamada de tío Donald! —gritó en cuanto confirmó la identidad de la persona que llamaba.

Sus hermanos, Webby, su tío Scrooge, su madre y la señora Beakley no tardaron en aparecer. Solían hacer lo mismo cada vez que recibían una llamada del pato que semanas atrás se había ido a la guerra. Louie colocó el altavoz sabiendo que todos ellos querían formar parte de la conversación.

—¿Cómo estás? —preguntó Louie e inmediatamente se arrepintió. La respuesta le parecía más que obvia.

—Tomando un descanso. Acabamos de movilizarnos y aproveché para hacer una llamada ¿Han recibido mis cartas?

—Sí, aunque no entiendo por qué las escribes si es más fácil hacer una llamada.

—No siempre, a veces debemos ser silenciosos o no hay señal.

—¿Has matado a alguien? —preguntó Dewey tratando de mostrar una fortaleza que no sentía.

—Soy un francotirador en medio de la guerra.

Louie no era tan aficionado a la lectura como lo era su hermano. Solo acostumbraba a leer cómics y todo aquello que entraba en la categoría de lectura obligatoria, en caso de que no pudiera evitarlo. Pero cuando su tío se marchó a la guerra, quiso informarse sobre el asunto y lo que encontró no fue nada alentador. Sabía lo que hacían los francotiradores y el hecho de saber que su tío era uno no lo hacía sentir menos tranquilo.

—Creí que eras marinero.

—Lo soy, pero no siempre estoy en el mar y hace dos días uno de los francotiradores… no pudo retirarse a tiempo y fue... Panchito y yo nos cuidamos las espaldas… supongo que estaremos bien.

Louie no necesitó de palabras para entender a lo que Donald se refería. La forma en que habló y el largo silencio que hizo le indicó que el soldado del que hablaba no regresaría a su casa cuando la guerra finalizara. Si es que lo hacía, varios meses había pasado y comenzaba a perder la esperanza.

—Ten cuidado —le pidió Della, a ella le parecía injusto que su hermano tuviera que irse poco después de que ella regresara y le asustaba la idea de no volver a verlo.

—Siempre lo hago. Además, los francotiradores no suelen entrar al campo de batalla, supongo que tuve suerte. Debería ser yo quien les diga eso a ustedes, con tantas aventuras y sin que esté allí para frenarlos podrían meterse en problemas.

Louie escuchó a Donald reír, pero supo de inmediato que se trataba de una sonrisa forzada. Louie no quiso decirle que las aventuras se habían hecho menos frecuentes. Cada vez que salían no podían deshacerse de la idea de que Donald podría llamar en cualquier momento o que en la televisión estaban por anunciar el tan esperado fin de la guerra.

—Promete que volverás —insistió Della.

El que Donald callara por unos instantes hizo que todos los que estaban participando de esa llamada telefónica se sintieran aterrados y comenzaran a pensar en lo peor. La línea no sonaba cortada, pero eso no era garantía de que el pato que se encontraba del otro lado estuviera bien.

—Lo haré —respondió Donald, solo fueron unos instantes, pero para su familia la pausa fue eterna —, debo colgar, pronto servirán la comida y mi rango militar no es una excusa para faltar.

—Llámanos pronto —susurró Louie, toda la respuesta que obtuvo fue el sonido que hace el teléfono cuando la llamada es terminada.