El Patriarca

¿Quién es Amada D' Caro?

Candice.

— ¡Rosemary!...que alegría, hacía muchos meses que no conversamos, desde que salimos de la universidad para ser exacto.

Rosemary fue mi compañera en algunas clases, compartimos cuarto en la universidad de Yale.

— Señorita Tradeau, luce usted muy bella.

Las palabras de Rosemary me pusieron nerviosa, en mi currículo no di mi primer apellido, y esto es lo que me está preocupando, ¿será que Albert lo sabe? ¿Fue por esa razón su comportamiento de esta mañana? Solo hay una manera de saberlo y es preguntándole a Rosemary.

— Rosemary, en este momento George quería verme, pero necesito hablar contigo... por favor espérame.

— No te preocupes Candy, igual estoy esperando a una persona que subirá en unos 20 minutos, regresa pronto, trata de hablar lo más rápido con George que lo que tengo que decirte es de carácter mega urgente.

Las palabras de Rosemary me han preocupado mucho más.

Ahora sí que no puedo escuchar todo lo que George tenga que decirme, tiene la costumbre de comenzar hablando de trabajo y termina hablando de la mascota de su casa.

Cuando me dirijo a su oficina, por fortuna está en un video conferencia, por lo que me hace señas y me pide que regrese después.

Al llegar a mi oficina, Weisha ya le ha ofrecido algo de beber a la hermana menor del Patriarca.

— Ahora si hablaremos, por suerte George está en video conferencia.

Weisha nos permites por favor.

Weisha se retira, cerrando la puerta para darnos más privacidad. Pero antes de irse Rosemary le da una indicación.

— Weisha, si una mujer alta de cabello rojo pregunta por mí, dígale que me espere. Gracias Weisha.

— ¿Rosemary quien esa mujer? Mi instinto de mujer me dice algo de esa pelirroja.

— De eso precisamente quiero hablar contigo, pero primero lo primero... William sabe que eres una Tradeau.

— ¿Que? Mierda por un carajo y, ¿desde cuándo lo sabe?

— Desde hace más de una semana.

— ¿más de una semana?

Me pregunto si esa fue la razón por la que se fue de viaje de improviso.

— Porque no fuiste honesta y escribiste todo en tu currículo, tampoco sabía que solo estarás aquí por tres meses.

— Oh no, eso si no lo oculté, él me contrató, ahora no se si leyó todos los documentos.

— Candice, tú le gustas a mi hermano y mucho.

— ¿Él te lo ha dicho?

— No necesita decírmelo, la noche que conversamos respecto a ti, el brillo de sus ojos era diferente.

Tengo que prevenirte, mi hermano es un poco especial, hasta ahora nadie ha podido conquistar su corazón, a sus 34 años permanece soltero, ¡por algo no crees!

La cara de Rosemary lo dice todo, el Patriarca es un Casanova.

— ¿Dijiste 34 años? No puedo creer, luce más joven.

En su biografía dice que tiene 27 años.

— No creas toda la mierda que escriben los medios, fueron capaces de decir que era gay, solo porque nunca le han visto con una mujer.

Hablando de mujer, William ha tenido un tipo de relación, "amigos con derecho" con Amanda D' Caro, es una mujer bella.

William ha evadido sus llamadas, tanto que tuvo que contactarme y pedirme que la acompañará a visitarlo.

— Rosemary, ¿porque me dices todo esto?

— Porque sé que te gusta mi hermano, desde que estábamos en la universidad.

¿Crees que no me daba cuenta la forma que lo mirabas en la revista y periódicos?

Sé que te gusta y que por eso estas aquí, bueno además de la fundación obvio.

Y... tú le gustas a él, no es necesario que me lo diga, pero contigo es diferente.

Muchas preguntas y respuestas vinieron a mi mente, cuando Weisha tocó la puerta.

— Señorita Rosemary, la Señorita D' Caro dijo que la esperaría en la oficina del Patriarca.

— Gracias Weisha.

Te lo dije está desesperada por él.

Debo irme y estar ahí con ellos...

— Gracias Rosemary, agradezco tu visita.

Rosemary se retiró y tomo el elevador que le llevaría donde se encuentra Albert.

¿Quién rayos es Amanda D' Caro? La curiosidad por no decir celos me está matando.

Tengo que conocerla, ¿Qué siente él por ella? ¿Qué siente por mí?

Demonios no podré trabajar... tengo que saber quién es...

—Weisha, puedes venir por favor...

— Candy, ¿que se te ofrece?

— ¿tu vistes la mujer que preguntó por Rosemary? ¿Es joven? ¿Es bella?

— Candy por favor, una pregunta a la vez.

Si es joven y es bella.

— mierda... tengo competencia fuerte.

Nuevamente he hablado en voz alta, pero esta vez no me importa ya que todos se enteren que estoy enamorada de él.

— Lo sabía, estas enamorada del Patriarca, ¿porque no has confiado en mí?

— Weisha, no es fácil, es el hombre más rico de Estados Unidos, y yo...

— ¿Tu que Candy?

— Soy la hermana del ministro actual de Canadá, no es fácil... los medios nos perseguirán y se hará un escándalo.

Ahora está mujer está en la vida de él y yo no lo sabía, aunque es su amiga de turno, no dejo de sentir celos.

Acompáñame, ya es casi la hora de salida, solo avisaré a George que nos vamos.

— ¿qué tienes en mente Candy?

— Nada Weisha, solo iremos por mi auto y nos estacionaremos frente al edificio hasta verla salir.

He logrado convencer a Weisha que me acompañe en esta locura, jamás pensé que haría algo así, estoy loca... en realidad este hombre me trae loca.

Cuando regresamos en el auto y nos estacionamos, esperamos una hora hasta que salieron del edificio.

Albert salió sonriente junto a ella... es una hermosa mujer alta, cabello rojo de buen cuerpo.

— Candy esa es la tipa. Y a él se le ve alegre.

— Por una mierda no me lo digas, si es obvio que está feliz, sonriendo con ella.

Donde rayos está Rosemary, no la veo salir.

Cuando la limosina del Patriarca se estaciona frente al edificio tengo que agacharme un poco ya que mi auto ha llamado la atención por estar obstruyendo el estacionamiento.

Pero están tan emocionados... él abre la puerta de la limosina para que ella entre primero.

— Soy una pendeja, ilusionándome con semejante cabrón, quien me manda a creer en todo lo que me dijo.

Weisha solo escuchaba, creo que siente mi pena, mi dolor.

Pero esta vez no lloraré.

Me suelto mi cabello, me pongo mis lentes oscuros y me dirijo al Restaurante de comida italiana que está en la avenida Washington. Sin preguntarle nada a Weisha me la llevo conmigo.

— ¿Candy estas bien?

— No te preocupes Weisha, todo está bien, mañana no se trabaja, es día festivo, tú debes estar feliz, es día de Martín Luther King.

— Oh vamos Candy, té escuchaste racista.

Quizás no debí decir que Weisha debería estar orgullosa, ella es negra de raza con un rasgo precioso, toda ella es linda.

— No fue mi intensión, lo siento...

— Tranquila, solo estaba bromeando ja ja ja.

¿Te molesta si invito a unos amigos para que nos acompañen?

— No, para nada... adelante invítalos.

Al llegar al restaurante pedí que me sirvieran una botella de vino blanco primo amore.

Es suave y me caerán bien unas copitas.

El ambiente se estaba poniendo bueno, Weisha y su novio comenzaron a bailar, por fortuna su amigo no llegó, pero a tres mesas de donde nos encontrábamos, estaba un tipo que solo era sonrisas conmigo.

Cuando de pronto se me vino a la mente la entupida pelirroja.

Seguramente está cogiendo con ella, solo de imaginarlo me hierve la sangre.

Pero le arruinare su momento y aprenda a respetar a las mujeres.

Me levanto de la silla y caminó un poco hasta donde puedo escuchar con más claridad.

El celular sonó 3 veces y lo cuelgo.

Vamos Candy no que muy fregona, vuelve a marcar, seguro no te contesto porque está dándole duro con la italiana.

Otra vez mi maldito subconsciente traicionándome como siempre.

Vuelvo a marcar, ya son las 11:00 pm y no me había dado cuenta de ello.

Para mi sorpresa esta vez contestó.

— ¡Hello! ¿Candice eres tú?

— ¡Hey! Patriarca, ¿cómo estás? Espero no interrumpir... ¿qué tal está? ¿Esta buena?

— ¿Candice estas tomando? ¿Con quién estás?

— Sabes que eres demandante, y un mentiroso... me ilusionas y después me desechas así... como si nada.

Dime ¿dónde está tu amiguita cabeza de cerillo?

— Ja ja ja... ¡te refieres a Amanda!

— Oh oh perdón, si la SEÑORITA Amanda.

— Candice no te muevas de ahí enseguida voy por ti.

— ¿Por mí? Estoy lejos de tu alcance, no me podrás encontrar.

¡Ja!...Me dejo hablando sola... ¡hello, hello!

Cuando regresó a la mesa donde está Weisha y su amigo, ya hay alguien más junto a ellos.

— Buenas noches, ¿Weisha no me presentas a tu amigo?

— Candy, él es Sebastián un compañero de la universidad.

— Sebas... gusto de conocerte... quieres bailar.

Cuando de pronto escucho una voz suave y delicada que me dice.

—Candice, he venido por ti. Y el joven no desea bailar... ¿no es así Joven?

— Patriarca, quiero decir señor William.

—Weisha me llevaré a Candy conmigo, no se preocupe por ella, puede confiar en mí.

Ahora si me he quedado sin palabras, ¿de dónde salió? ¿Cómo me encontró?

— señorita Tradeau, me acompaña.

Mierda ahora si se encendió Troya en tiempos de sequía. Obvio es el patrón, rastreó el celular, que bruta Candice... si le llamé del celular de la compañía.

Mi Ninfa me dice que debo irme con él y aprovechar a decir todo.

— Si si, vamos después de su majestad.

— Candice no soy ningún rey o Príncipe.

— Para mí lo eres, que no te das cuenta que me gustas y mucho, y si soy una Tradeau y estoy enamorada de ti... por ti... porque eres un hombre, tierno, Casanova, pero tierno, de buen corazón, y esta re guapísimo, encantador.

Sus ojos lujuriosos no dejan de observarme, con una sonrisa de medio lado le agrada todo lo que está escuchando, y es que debo de hablar ahora o callaré para siempre.

Cuando estamos a punto de subir al auto le preguntó a donde me lleva.

— Te llevaré a mi Penthouse, tomaras un baño de agua fría y descansarás...

Mañana podrás regresar a tu casa.

— ¿Pero y Weisha?

— Weisha está bastante grandecita para regresar sola, además está con su novio... no te preocupes por ella.

— ¿y la cabeza de cerillo? La pelirroja de esta tarde. ¿Qué? me llevas para hacer un trío.

— como se te ocurre semejante cosa, jamás te haría algo así Candy.

Sus ojos fijan los míos... y por la diosa Artemisa, que hombre más guapo y elegante.

Al llegar al edificio... me ayuda a bajar del auto, cuando estamos en el elevador me le acercó y le pido que me bese.

— Bésame Albert. Quiero sentir tus labios besando mi piel.

Sus ojos se han abierto como platos, no esperaba lo que le acabo de Pedir.

—Candice has bebido, yo no te tocare así, mañana hablaremos.

— Porque dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, además ya es mañana, bueno faltan 5 para la media noche.

Al entrar al enorme Pent-house, he quedado boca abierta por el lujo que he visto hasta ahora, al llegar a su habitación es todo un lujo.

Me lleva directo a la ducha con todo y ropa.

—La concha de mi madre... el agua está fría.

— lo necesitas así se te pasara más rápido el efecto del alcohol.

Aquí tienes una bata toalla, es mía... te quedará un poco larga.

Esperaré detrás de la puerta por si me necesitas.

— Albert, ayúdame a bajar el cierre de mi blusa por favor.

Cuando se acerca, quedó frente a él y me le acercó poco a poco.

— Candy espera, no te tocaré así aunque me muera por besarte en este momento.

— está bien, déjame termino de bañarme.

Él se voltea y no me observa, y yo con deseos por él.

Han pasado 30 minutos y sigo dentro de la ducha... con esta agua fría se me ha ido el Alcohol de mi sistema.

Al salir veo una camiseta de él en la cama.

Él está sentado en el sofá que está frente a la cama.

— Albert, gracias por cuidar de mí. El baño estuvo bien.

Mi comportamiento era distinto, sentía un poco de vergüenza, pero lo deseo. Estaba hermoso con ese pijama gris y playera blanca pegada a su abdomen.

La pelirroja no estaba aquí.

Me observa con esos hermosos ojos azules lujuriosos.

— ¿Estas mejor?- Me pregunta acercándose a mí.

— ¿te acuerdas de todo lo que me dijiste?

— Si- respondo un poco avergonzada, cuando en eso se acerca colocándome contra la pared...

— El beso que me pediste, ¿todavía lo quieres?

Si le respondo con mi respiración profunda y nerviosa de deseo.

Agarra mis manos y las sube contra la pared, su pelvis junto a mi vientre sintiendo el grosor de su miembro dotado.

Cuando comienza a besarme apasionadamente.

Continuará...

Bendiciones chicas.. feliz fin de semana.

XO!