El sonido de la tostadora sonó y alerto a la persona cercana a ella, quien retiro de la maquina a rebanada de pan que sobresalía y la colocó sobre un plato. A su lado, el frasco de la mermelada estaba abierto y una generosa cantidad de la mezcla fue retirada y untada sobre el pan. El olor era agradable y le provocó más de lo que ya ansiaba comer. Clara prosiguió a degustar su desayuno, acompañado de jugo de arándanos, con placer. Pensó mentalmente en que Bruno se sentiría orgulloso si la viera comiendo saludablemente, así que no le diría. No le daría la oportunidad de subirle el ego.
Eran las diez de la mañana y se acababa de despertar. Su departamento estaba desordenado y era el día de limpieza. Estaba tan tentada a contratar un servicio para ello, pero sabe que debe hacerlo por su cuenta. Tampoco puede pasarse de perezosa. Su piso era el último del edificio de ocho plantas donde estaba, un hotel precioso en el centro de la ciudad de Tokio. No se compara con Sevilla, donde vivía antes de venirse a Japón, donde era ligeramente más relajado, pero se acostumbró al cambio y ahora no le parece para nada extraño levantarse de la cama y ver un letrero en japonés de una marca estadounidense. Incluso se puede comunicar con los nipones mejor, gracias a las relaciones con ellos que Vocaloid les permite. Bruno se hospedaba en el lado izquierdo de su departamento y eso les permitía mejor comunicación. VoctroLabs había sugerido en una de las primeras reuniones que tuvieron, que viviesen juntos, pero les pareció molesto e inadecuado, compartir la cocina, el televisor y la ducha. No les agradaba.
Clara estaba mirando por el cristal la calle del edificio, y por lo visto, el tráfico estaba pesado. Bueno, los miércoles por lo general es así, lo cual es una razón por la que no sale estos días.
Su celular sonó desde la mesita frente al televisor y fue hacia el para tomarlo. Era un mensaje de su amiga, Sonika, quien le invitaba en la noche al bar a tomar algunas copas. Sabe la razón de esto. Sonika estaba haciendo su esfuerzo por hacerse notar a Big'Al, ahora que sabía que le gustaba. A decir verdad, Clara lo sospechaba desde hacía un tiempo, pero hacía falta que la chica de cabellera verdosa se diera cuenta de eso. Por los emoticonos que utilizo en el mensaje, está segura que algo muy bueno pasó y que quiere contarle. La sonrisa en su rostro está de acuerdo con la confirmación que le envía a su amiga. No puede dejar pasar las noticias de su amiga.
—Entonces es mejor que limpie ahora — Se dice a sí misma, yendo a la puerta. Tiene que ir al cuarto de limpieza en la planta baja para buscar los implementos que necesita. Sale cerrando la puerta tras de sí y se dirige al ascensor. Cuando se abre, Clara ve a Bruno frente a ella. Él estaba distraído mirando su celular, así que no la notó. Ella se hizo notar entonces hablándole.
—Despega la mirada del aparatito, tio, que ya llegaste.
Bruno miró al frente y le tomó por sorpresa ver a Clara frente a él. No habló por un par de segundos.
—Sé que mi belleza te deslumbra — Volvió a hablar la chica — pero no seas tan evidente.
Bruno rió suavemente y se hizo a un lado — ¿Qué haces aquí, Clarita? ¿No debes estar en tu quinto sueño?
Ella entró al ascensor y se recostó a la pared metálica del ascensor — Me toca limpieza. ¿No vas a bajar?
—Oh, cierto… ¿Sabes? — Apretó él, el botón de la planta baja — Te acompañare.
— ¿A qué se debe el disgusto?
Bruno sonrió. —Viste las noticias ¿cierto? Ya me lo esperaba, pero esos dos lo sacaron a la luz con tanta maestría que ahora tienen mucha publicidad.
— ¿Ah? — Clara se mostró confundida.
— ¿No agarras tu celular en la mañana?
—Sí, respondí un mensaje.
—Hablo de conectarte.
—Ah… no. ¿Es tan importante la noticia?
Bruno suspiró. A veces Clara era tan… extraterrestre. Toco la pantalla del celular y se lo pasó a su amiga. Ella leyó el artículo que él había leído pero a diferencia de Bruno, no parecía sorprendida como le paso a él.
—Ya sabía de Luki y Gakuko. Más bien tardaron en mostrarse al público.
—Sí, sí, no es eso. ¿Te das cuenta de la publicidad que van a tener ahora? Eso era lo que nos dijeron ayer, farándula, cotilleo, escándalo. Ellos lo hicieron y les va a ir muy bien.
—Llega al punto.
—Ah, Clara, entiende. Tenemos que salir en una noticia como esta. —Cuando lo dijo, el rostro de Clara se contrajo y el ascensor sonó, avisando que habían llegado a la planta baja. La fémina salió del cubículo y fue a buscar sus materiales. Bruno la siguió. — Admite que tenían razón…
La chica tomo en sus manos el cepillo y los detergentes en silencio. Bruno ayudo recogiendo una mopa y la aspiradora.
—Vamos, Clara. ¿Puedes imaginar la publicidad que tendríamos?
Ella lo miró de vuelta y regresó al ascensor.
—Clar-…
— ¡Cállate! — Exclamo Clara antes de que Bruno entrara. Cuando se hubieron cerrado las puertas volvió a hablar — No hables de eso allá. Imprudente.
—Ah, cierto.
—Mira, está bien, pongamos que si lo hacemos. ¿Qué historia sacamos? ¿Les decimos que cada cuanto nos revolcamos juntos pero no somos nada más que amigos? —Bruno iba a hablar pero ella continuó — Sabes que eso no es buena publicidad ¿cierto?.
El chico levanto las dos manos — Vale, vale, entiendo. No se lo tomaría bien la Voctro. ¿Y si entonces hacemos otra cosa? No sé, algo bueno.
—Arg, molesto. Realmente no me interesa tener más publicidad de la que tengo. Me siento bien como estoy. Mis fanáticos me quieren como estoy. Hazlo tú si quieres.
—Vamos Clarita…
—No. No lo hare.
—Eres una aguafiestas.
—Gracias.
Subieron en silencio luego de eso y Bruno la ayudo a llevar las cosas hasta el departamento de Clara. Ella no leía su mente, pero sabía que estaba pensando en otras formas de salir en las noticias. Solo espera que no quiera salir en la parte de Defunción. Allí si caería la popularidad de la empresa, y claro, sería algo trágico para ella, y eso.
—Déjalo ahí. —Le dijo y él obedeció. Se despidieron y ella se dispuso a sacarle brillo a su piso.
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Estaba frente a su espejo, mirándose muy bien, cerciorándose como siempre de su apariencia. Portaba un vestido negro hasta los muslos con un escote regular en forma de corazón en el pecho y la espalda descubierta. Era uno de sus vestidos de noche preferidos por que hacía ver su cuerpo atractivo, aunque con el ejercicio que hacía ya era de suponerse. Se recogió el cabello dejando solo el flequillo fuera y el maquillaje que se puso era uno que resaltaba sus ojos. Sabía que iba a tomar unas copas solamente, pero aun así debía mostrarse bien lucida. Le envió un mensaje a Sonika asegurándole que ya salía por ella cuando aún se miraba al espejo. Los tacones rojos que cargaba eran altos, así que en la bolsa, guardó un par de zapatillas bajas por si el cansancio le podía. Salió de su habitación y fue a la puerta para salir. Tomo las llaves del colgador y salió. Bruno estaba saliendo de su apartamento.
¿Qué pasaba con él y sus casuales encuentros?
Bruno cerró la puerta tras él y miró a Clara de arriba abajo con lentitud.
Ella notó que se hallaba sorprendido, seguramente no se la esperaba allí, o al menos, verla vestida así. Tomo unos segundos antes de que él hablara.
—Joder…
Clara frunció su expresión y fue al ascensor apretando el botón de llamado.
— ¿Eso es todo lo que dirás? Pensé que tu vocabulario era más alto.
—Tch. ¿Y qué quieres que diga? No te gusta la cursilería.
—Un cumplido no es cursilería.
—Pues entonces, te vez muy sexy. — Dijo dando dos pasos a su dirección. Ella se volteó para verlo retándolo con la mirada.
—Puedes hacerlo mejor.
Bruno entonces se acercó a ella y la tomó de la cintura apretando su cuerpo al de ella, acercando su boca a la oreja de Clara. — ¿Qué te parece si te digo que te follaría aquí y ahora?
El rubor subió al rostro de ella y sonrió con suficiencia. —Me parece… mucho mejor.
Apenas había terminado de hablar y los dos automáticamente unieron sus labios en un feroz beso. Ambos se movían y exploraban el interior del otro sin pensarlo demasiado. Clara arrojó sus brazos al cuello de Bruno y sus manos fueron inmediatamente al cabello de este, causándole una leve sonrisa al hispano en medio del beso, mientras que el mismo acercaba el torso de ella a su cercanía. El chico la aprisionaba y, en busca de tenerla aún más cerca, la empujo contra la pared, haciendo que el recogido que cargaba la hispana se hiciera nada y dejara caer su cabello a sus hombros. Bruno no lo ha dicho frente a ella, pero le encanta cuando su cabello se ve desordenado, como ahora, cuando se tuvo que separar por falta de aire y la vio bajo el. Su rostro se hundió en el cuello de ella, sacándole ligeros suspiros que le decían sin palabras cuanto disfrutaba ahora. Ella, impulsada inconscientemente le ofrecía su piel, y su cuerpo se amoldaba al de él. Sabía a donde iba todo esto y no quiso detenerse.
Pero su celular sonó, rompiendo el ambiente que los dos tenían. Seguramente era Sonika.
Por un momento Clara pensó en ignorar el mensaje, pero el tono que sonaba era de una llamada, así que, para disgusto de los dos, tuvieron que separarse para que ella atendiera la llamada.
—Aló. . . Sí, ya iba saliendo. . . ¿Qué? . . . Pues, me entretuve un poco. —Dijo mirando a Bruno quien se estaba acomodando el cabello y la camisa. — Okey, voy bajando ya. — Clara colgó el celular y dio una mirada a Bruno otra vez — Era Sonika. Quede con ella para ir al bar. Estoy segura que me contara lo que sucede con Alphonse otra vez.
—Está bien, lo entiendo. Cuídate Clara, no soy el único que deseara estar metido entre tus piernas.
Clara sonrió y entro al ascensor, el cual llevaba rato abierto. —Si esperas sentadito como buen niño, tendrás el privilegio de estarlo, esta noche.
—Joder, Clara, provocadora — Las puertas comenzaron a cerrarse y antes de que dejara de verla murmuró— Esperare.
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En la bajada del ascensor tuvo que acomodarse el cabello y en las paradas de semáforo en el auto, el maquillaje. Bruno le había provocado tanto que ahora dudaba si ir o no con Sonika. Pero ya, una promesa es una promesa. Y piensa cumplir las dos que hizo.
— ¡Clarita!
Había llegado al bar que las dos acordaron y Sonika le recibía con los brazos abiertos, corriendo a su dirección. Clara le recibió con gusto, abrazándola.
—Sonika… estas animada hoy.
—Tengo que estarlo. Ayer me pasaron cosas muy buenas.
—Pues, tendrás que contármelas. Pero vamos a la barra, aquí estamos atravesadas.
Las dos se dirigieron al interior del bar y se sentaron en dos asientos vacíos en la barra. Clara pidió un whisky en las rocas y Sonika una limonada con alcohol.
—Primero que nada ¿Cómo esta Bruno? No lo veo desde la semana pasada que salió en la tele.
—Ah. Está planeando su nueva fase publicitaria. Ya sabes, con lo que paso con Gakuko y Luki, le entraron ganas de hacer un escándalo.
—Ah, cierto, esos dos. Los vi hace dos días en Vocaloid. Les estaban dando un regaño por lo que hicieron.
—Absurdo. Estoy seguro que los de la empresa estarán más que felices con la publicidad que se les está dando.
—Lo sé, eso pensé. No estaban tan enojados cuando les retaban.
Las copas de las dos les fueron servidas y cada una le dio un sorbo a su bebida.
—Entonces… — Comenzó Clara.
— ¿Entonces? — Imitó Sonika.
—Alphonse…
Como si cayera en cuenta Sonika reacciona — ¡Oh, Claro! Escucha… ayer, en la noche, estábamos hablando sobre una canción que había estado haciendo.
— ¿Dónde estaban?
—En mi casa
— ¿Y cómo estaban los dos allí?
—Oh, cierto. Él está yendo cada tanto a mi casa después del trabajo. Como una visita. El trae comida y comemos, hablamos y luego se va, como a las doce o algo.
—Cuidadito, eh…
Sonika rió y tocó su coleta, enrollándose el cabello. — Él no es de esos. Es caballeroso, y amable y.-…
— ¡Ya, ya! Me has dicho tantas veces eso que ya lo sé de memoria.
—Oh, vamos, que mala. — Y rieron las dos. — Pero si, es muy amable. Si no, no se hubiese ofrecido a ayudarme.
—Así que él se ofreció.
— ¡Ay, ya! Sabes que no se contar bien las historias.
—Oh, sí que lo sé.
Sonika termino su bebida y pidió esta vez, lo mismo que Clara, que pidió otra vez. Comenzaron a hablar de aquella noche. Alphonse, por lo visto, le había dicho que se veía hermosa cuando reía y el rostro de Sonika al contarlo era como el de una chiquilla hablando de su muñeco favorito. Era tan tierno verla de ese modo que se alegró de no haberse perdido de su compañía. Cuando ya no hubo que contar, y a Sonika se le pasó el sonrojo de su historia, fueron a la pista de baile. Tuvieron ofrecimientos de chicos y mayores para bailar, pero prefirieron hacerlo las dos juntas. No está de más decir que a atención que llamaban de los hombres a su alrededor era mucha.
—Apuesto que si Bruno estuviese aquí, mandaría a volar a los tipos que te miran, Clarita.
—Ay, Sonika, te monta películas donde no hay.
—Claro que si las hay. Bruno te mira de una forma… pero se niegan para esconderlo.
—Sony, has visto muchos libros románticos. Tu imaginación vuela mucho.
—Gracias a las protas de esos libros, se cómo actuar con Alphonse. No las menosprecies.
—Vale, vale.
Clara sonreía y Sonika igual. Le desea que funcione la relación de ella y Al funcione. Sonika había dicho que Bruno le mirada de alguna forma, y sospecha que es del mismo modo a como ella lo mira. Se desean, es obvio entre ellos, pero no de la forma formal, si no puramente carnal. Y ellos lo saben, no se sobre limitan a prohibirse salir con otras personas o a ponerse celosos o alguna cosa de los que hacen los que tienen una relación legal, simplemente, son amigos con ventajas. Le gusta pensarlo de una forma fría.
—Oye, Clara, me perdonaras esta vez, pero yo me voy temprano. Quería darte detalles de lo de entre Al y yo, pero él viene a las diez y quiero verlo.
—Lo esperaba. Puedes irte, tranquila.
— ¿De verdad?
—Como si te lo pudiera impedir. Incluso si te amarro, eres capaz de soltarte como si nada si es por Al.
Sonika se sonrojó y sonrió levemente. —Deja de jugar. Nos vemos. —Abrazó a Clara y le entrego algo en la mano. —Pago lo que tomamos.
—No, Sonika, yo pago.
—Insisto. Sabes que no te dejare pagar.
—La mitad entonces.
—Vale
Clara tomo la mitad del dinero que le pasaba Sonika y dejó que se fuera. Se acercó a la barra y pago lo que bebieron. Mientras daba el dinero al barman vio como una mano aparecía y pagaba en su lugar.
— ¿Cómo es posible que la dama pague sus bebidas? Eso es trabajo del caballero.
La voz la reconoció al instante y volteo a ver a quien esperó que fuera.
— ¡Gakupo!
—El que viste y calza. ¿Qué haces aquí sola, Clara? ¿Dónde se metió Bruno?
—Tsk. No es mi sombra. Vine con Sonika, la que se acaba de ir por cierto. —Señaló a la puerta
—Entonces sería un pecado dejarte sola. Deja que te acompañe.
Clara sonrió— Claro.
—Dos copas cargadas, para mí y la dama —Dijo Gakupo al chico tras la barra, y miró otra vez a Clara, la cual miraba la pista de baile. — ¿Quieres bailar?
—Ah, no. Acabo de salir de allí. ¿Por qué estás aquí?
—Pues… Viste las noticias ¿cierto? — Ante el asentimiento de la hispana, prosiguió — Pues, necesitaba un descanso. La casa está rodeada de reporteros buscando información de la relación. Gakuko se fue a casa de Luki, aprovechando que nadie sabe dónde es, pero yo tuve que venir aquí.
—Claro. Nadie sospecharía que tú vendrías aquí.
—Trate de no llamar la atención. — Dijo, señalando su ropa. Clara no se había dado cuenta, pero era cierto. No cargaba su habitual kimono blanco, si no que portaba unos pantalones negros ajustados y una chaqueta negra, sobre una franela purpura. Totalmente diferente a lo usual. Pero aún seguía deslumbrando.
—No te funciono. Debo admitir que te ves muy bien y que llamas la atención, al menos de una docena de mujeres aquí.
—Y mi cabello no es fácil de ocultar.
—Sobre todo eso.
—Sí. Tendré que ir al bar Okama si no quiero parecer raro.
—Si quieres un escándalo, adelante.
—Oh, no, por favor. —Los dos rieron y tomaron las bebidas que ya tenían en sus manos cuando el de la barra se los trajo. Realmente la tenía difícil el joven de cabello violetado.
— ¿Y si te quedas en mi apartamento?
Gakupo miro a la castaña extrañado. — ¿Ah?
—Escuchaste bien.
—Me aseguro, bella, un ofrecimiento así es muy extraño.
—La oferta es limitada. Si quieres enfrentar a los reporteros, ya es tú decisión.
—Oh, Clara. ¿Cuándo caíste del cielo?
Ella rió mientras Gakupo la observaba y se levantó del taburete donde estaba sentada. —Voy ahora. ¿Vienes?
Gakupo la imito y comenzó a caminar al lado de la castaña. —Pero... ¿Bruno?
— ¿Qué pasa con él?
— ¿No se enojara? Ya sabes…
—Primero que nada, no tenemos una relación. Segundo, no muerdes ¿o sí?
—Solo si me lo pides.
—Jugador.
Se dirigieron al auto y entró Clara en el asiento piloto y dejo que Gakupo se sentara a su lado. Mantuvieron una conversación breve mientras ella manejaba. Si bien era cierto que Clara le había ofrecido quedarse esa noche en su apartamento, sus motivos no solo eran el ayudar a su amigo. Si Gakupo se quedaba en su apartamento, tendría una excusa perfecta para quedarse con Bruno en el suyo, y terminarían lo que empezaron temprano. Era bien planeado.
Cuando salieron del auto, y le dio Clara las llaves del auto al dependiente para que lo guardara, fueron directo al ascensor.
—Gracias Clara. Te devolveré el favor en breve.
—No hay de que, tranquilo. Puedo ser una buena chica de vez en cuando.
—Si me lo permites, hasta el desayuno haré.
—Suena tentador.
El ascensor se abrió y, frente a ellos, estaba Bruno, de brazos cruzados y aparentemente enojado.
— ¡Hey, amigo! ¿Cómo te va Bruno? — Exclamo Gakupo al ver al aludido.
—De. Puta. madre.
Gakupo mira en incógnita a Clara como si le preguntara que significaba esa jerga. Ella no le responde sobre eso. —Adelántate, ya voy para allá. —Le dice al de cabello largo y sale del ascensor.
Cuando Gakupo obedece y entra al apartamento, Clara comienza a hablar. — Te puedo dar un resumen.
— Me vale mierda, Clara.
—Hey, te comportas como un boludo.
—Ja. ¿Yo soy el boludo? ¿Por eso limpiaste tu apartamento hoy? ¿Planeabas traerlo?
— ¡Oye! No me gusta por donde vas.
—¡Te estaba esperando, Clara! Me asomo a la ventana cuando oigo tu carro ¿y que veo? Al gilipollas ese contigo.
—No le digas así. No la pasa muy bien ahora.
—Y vas y lo defiendes.
—Mira, si te frustraste por dejarte con el calentón, ya no es problema mío. Ni siquiera me dejas explicarte.
Bruno bufó con molestia — No necesito que me expliques una mierda.
— ¡Ni siquiera sé por qué te enojas!
—Créeme. ¡Me gustaría saberlo también!
En eso los dos quedaron en silencio. Era cierto. Los dos se preguntaban eso. Por qué Bruno estaba tan enojado. La relación que ambos mantenían no era una donde se limitaban, y por eso, no sabían que decir.
Bruno miro los ojos confundidos de su amiga y se dirigió a su apartamento, mientras que ella se quedó allí, procesando la situación.
¿Qué pasó allí?
