—¡Para ya, inútil hermano mayor!—Le volvió a gritar Choromatsu mientras le daba un golpe en la cabeza, haciendo que se aturdiera por unos segundos.
—Vamos Chororin, yo sé que tú también quieres ir— Volvió a intentar Osomatsu, llevaba todo el camino hacia el centro intentando convencer a sus hermanos de comprar un futón de segunda mano e irse a gastar lo demás al pachinko, después de todo seguramente solo sería una visita de algunos días y después se iría, así que sería un desperdicio gastarse todo ese dinero en algo que después no serviría más.
Pero sus quejas y chantajes –y unos que otros berrinches- no sirvieron de nada al ver que las puertas del centro comercial frente a ellos.
Suspiró profundamente rendido mientras que se adentraban en el edificio, dándose por rendido en su misión fallida.
—Bien, esto era lo último que faltaba— Dijo Choromatsu mientras salían de la tienda de comestibles, dobló y guardó el papel donde tenía escrita la lista de lo que necesitarían.
Osomatsu volvió a suspirar, iba deprimido pues se habían gastado el dinero entre la ropa, cosas para el aseo, el futón, y unos cuántos accesorios más, y por si fuera poco el maldito de Choromatsu al ver que sobró algo fue y se lo gastó inmediatamente en comida.
—Anímate Osomatsu nii-san, si quieres cuando juguemos la próxima vez baseball, te dejaré batear— Intentó consolarlo sin éxito Jyushimatsu.
—Gracias Jyushimatsu, pero no creo que eso pueda hacer sentir bien a tu nii-chan— Contestó mientras levantaba la vista para ver a Jyushi, pero de pronto vio como este se entretuvo con una mariposa y la perseguía hasta el parque.
—Jyushimatsu, por favor ten cuidado con las cosas, no queremos que se rompa nada— Le gritó Choromatsu.
¿Eh?, qué no él ya había visto esta escena antes?
—¡Osomatsu nii-chan! —Le gritó un niño de su edad llamando su atención.
—¿Cómo me encontraste...?— Preguntó extrañado mientras se secaba las lágrimas, estaba seguro que se había ocultado muy bien, después de todo no quería que aquél hombre malo le hallase y lo golpeara de nuevo.
—Siempre te vienes a ocultar en estos tubos cuando estás de llorón— Le contestó con una sonrisa burlona —Pero, desde que teníamos cinco años ya no lo hacías, ¿ha pasado algo acaso? — Le preguntó con genuina preocupación.
Osomatsu ya no se pudo contener y se echó a llorar encima de este mientras le contaba todo lo que le había obligado a hacer aquél tipo.
Después de terminar su trágica historia y dejar de llorar, pudo calmarse y se empezó a sentir mejor, de verdad le había ayudado a relajarse.
—De verdad a veces me alegro que tú seas el segundo mayor Choromatsu nii-san, con este inútil hermano mayor no se puede confiar uno— Dijo Todomatsu mientras que abría la puerta de su casa y entraban burlándose del mayor.
—Osomatsu nii-chan, lamento no darme cuenta antes, no sabía lo que sufrías mientras con ese tipo mientras que nos llenaba de regalos— Estaba a punto de llorar mientras que lo veía directamente a los ojos— Pero te prometo que no dejaré que te vuelva a poner las manos encima— Y con ambos viendo atravesar el parque una mariposa perdiéndose entre el atardecer selló su promesa.
—Shhh, escuchen— Dijo Ichimatsu mientras que llamaba llamaba la atención de los demás.
—Son murmullos, ¿ya habrá llegado mamá con los invitados? — Preguntó Choromatsu extrañado.
Esa noche fue trágica para ellos, Tougou se había vuelto loco pensando en que lo habían descubierto, así que agarró a Osomatsu y se lo llevó arrastrando mientras que gritaban que si lo seguían lo mataría.
Todos lloraban gritando su nombre, pero este salió del escondite de donde su hermano lo había aventado mientras que decía que estaba bien, por un momento se alegraron, pero entonces recordaron que aun así faltaba uno.
Ahora entendía del porqué de repente sintió que lo empujaron dentro del armario y se aturdió por unos momentos por el golpe, impidiendo que pudiera razonar el qué pasaba fuera.
Ese estúpido había intercambiado su lugar.
Cuando pasaron frente a la puerta del comedor pudieron ver solo a sus padres, a su papá con un semblante muy serio y a su madre intentando detener inútilmente las lágrimas, hablando con alguien a quien no podían ver pues les daba la espalda.
—Karamatsu —
—Karamatsu— No pudo evitar decir mientras que la persona se daba media vuelta para verlo directamente a los ojos.
