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Daryl entra en su habitación como un huracán descontrolado que arrasa con todo. Está lleno de ira, de rabia, de desilusión, porque la que es el amor de su vida ni siquiera soporta verlo.
Mira el libro de autoayuda asomando bajo la almohada. Lo encontró en aquel centro cuando fueron en busca de Beth. De nada le ha servido todos estos años leyéndolo y subrayando una y otra vez las frases 'Eres importante para alguien' 'Vales mucho' 'Mereces ser amado'. Mentira y más mentira. No vale una mierda, a nadie le importa su puta existencia más que para lo que le convienen: para ser el tipo duro del grupo que arriesga su vida por todo dios y que no tiene reparos en darse de hostias con cualquier enemigo.
Agarra el libro con rabia y comienza a arrancarle las hojas, lanzándolas al suelo con ira y termina por arrojarlo contra la puerta, desde donde Perro lo observa sin entender nada.
Mira la bellota doble descansando sobre la mesita de noche, la coge en un movimiento rápido y las aprieta con fuerza en su mano mientras respira acelerado. Hace el ademán de lanzarla, pero...
—Dios... —rompe a llorar, y se deja caer en la cama. No puede, no puede deshacerse de ese regalo, no puede romperlo, porque siente que así le está haciendo daño a ella, y eso es lo último que quiere. Moriría antes que hacerle daño.
Se tumba en la cama y al momento Perro se acerca a él para ofrecerle su consuelo. Al menos lo tiene a él.
Intenta relajarse, poner su mente en blanco, pero las palabras de ellas vienen una y otra vez a su mente y destrozan su corazón cada vez mas 'Me duele verte, me duele tenerte cerca, que me abraces, que me hables'.
Por lo visto su padre tenía razón y es un asco de persona que jamás podrá ser amado.
Decapita un sollozo que está a punto de escapar de sus labios.
Con lo que le cuesta abrirse y mostrar sus sentimientos... Ahora lo hará mucho menos.
Ella es la única persona en su vida a la que ha sido capaz de abrazar, la única con la que puede bromear e incluso llorar. Es la persona con la que ha podido ser él mismo ¿Y para qué? Para sentirse más dañado que nunca.
No quiere verla, no quiere oírla, no quiere...
—¿Daryl? —escucha la voz de Carol al otro lado de la puerta.
...saber nada de ella, pero su traicionero corazón da un vuelco cuando escucha su voz, incapaz de contener la alegría de saber que aún no se ha ido.
—Por favor, abre. Tenemos que aclarar las cosas.
Daryl frunce el ceño y bufa ruidosamente.
—Ya está todo aclarado —gruñe procurando ocultar el temblor de su voz.
Después de todo lo que le ha dicho... ¿Qué es lo que pretende? ¿Hundirlo más?
Carol suspira y pega la frente contra la puerta.
—No, no hay nada aclarado, no me entendiste.
—Te entendí perfectamente, Carol —dice con la voz rota.
Su nombre duele cuando sale de sus labios.
Carol acaricia la puerta con la yema de los dedos queriendo estar más cerca de él.
—Por favor... —suplica en un dolido susurro —Escúchame.
Daryl da pequeños mordiscos a su labio inferior y mira hacia la puerta meditando su decisión. Pero su voz suena tan triste.
—Qué demonios —masculla.
Se levanta lentamente de la cama y se acerca a la puerta, atraído por esa voz rota que hace que su corazón se rompa aún más. Odia verla triste.
No abre, no se atreve, porque teme que lo que vaya a escuchar sea aún peor.
Carol espera pacientemente, pero no escucha nada más allá de su propia respiración acelerada. No hay pasos, no hay gritos, sólo silencio.
Apoya la frente en la puerta y suspira.
—No sabía que me amabas, de verdad. Aunque eso explica muchas cosas —sonríe para sí recordando ese día en el que no fue capaz de decirle porqué no quería estar con Connie. Quien le iba a decir que era por ella.
—Pensé que sólo me querías como amiga —mira hacia su muñeca —. Me diste una pulsera de la amistad —reprocha.
Daryl se mesa la barba. En eso tiene razón.
Abre la puerta lo suficiente para verla, pero no para que entre.
—¿Y entonces por qué te vas? ¿Por qué no puedes verme? ¿Por qué dices que los sentimientos que yo tengo por ti no son los mismos que tú... —Ella le dibuja una sonrisa tímida y temblorosa y le mira con los ojos brillantes, y entonces cae en la cuenta: No sabía que él estaba enamorado de ella ¡Es ella la que está enamorada de él! ¿Cómo narices ha estado tan ciego?
Su boca se le seca, su corazón se le acelera a tal ritmo que teme que se le note a través de su camisa. Toda su ira, todo su dolor se va... No hay nada a su alrededor, sólo luz, y es ella la que la desprende. Todos estos años, y ellos...
Abre la puerta de par en par y da un paso adelante, tomándola de la cintura y toma su barbilla para acercar sus labios a ella. Pero entonces se detiene cargado de dudas ¿Carol quiere esto? ¿Y si no lo hace bien? ¿Y si no le gusta? No se mueve, se mantiene en su posición congelado.
Carol coloca las manos sobre el pecho de Daryl sin dejar de hacer contacto visual con él. Su corazón está tan acelerado como el suyo.
Él parece tragar saliva, cuando ella eleva su rostro y deja sus labios a ras de los de él, acariciándolos levemente, esperando a que reaccione.
Su barba le hace cosquillas sobre la barbilla, y su respiración irregular golpea su mejilla.
Un leve suspiro escapa de Daryl antes de inclinar la cabeza y recortar la pequeña distancia que los separa, fundiéndose así en un suave beso que al momento sube de nivel cuando, casi como si supiera lo que hace, su mano pasa de su barbilla a su nuca, donde hace un poco de presión para atraerla más hacia él y no dejar el mínimo espacio entre sus cuerpos.
Carol sonríe contra sus labios, sorprendida por tan inesperado movimiento.
Ella pasa una mano tras su cuello mientras que con la otra agarra con fuerza su chaleco.
¿Así que eso es besar? se pregunta Daryl mientras se deja llevar, impresionado de sí mismo. Le gusta como se siente al tenerla tan cerca, el sabor de sus labios, su olor, su respiración a quemarropa...
Empieza a notar cierto problema en el interior de sus apretados pantalones, y la sensación de sus lenguas enredándose en una danza de pasión que parecen saber mejor que él no ayuda.
Finaliza el beso, y sus labios emiten un sonido húmedo cuando se separan.
Mantienen sus frentes pegadas y continúan abrazados, no queriendo alejarse.
Sonríen. Una sonrisa llena de emoción y sentimientos. Porque son idiotas, porque llevan todos estos años enamorados y no han sido capaces de decirse nada. Y ahora... ese beso ha sido tan perfecto que demuestra que estaban hechos el uno para el otro.
—Te quiero —susurra Carol.
Jamás fue capaz de decírselo a Ezekiel, y sabía perfectamente por qué. Aunque quisiera negarlo, su corazón siempre estuvo con Daryl.
Se miran a los ojos. Cristalinos los de ella, profundos los de él, pero igualmente llenos de lágrimas de felicidad.
—Yo... yo también te quiero —devuelve él con cierta timidez. Nunca ha sido muy verbal a la hora de mostrar sus sentimientos, siempre ha tenido miedo a las burlas, a ser herido, pero cuando observa la amplia sonrisa que dibuja y como sus ojos se iluminan todo miedo se va.
—Te quiero —repite esta vez con más seguridad, y vuelve a besarla lentamente, estrechándola tanto contra él, que si fuese físicamente posible se habrían fundido en uno.
De nuevo una presión en sus pantalones que le recuerda que hay algo aún no resuelto.
—¿Qui...quieres pasar? —pregunta contra sus labios.
Carol mira a su alrededor, ya no se acordaba de que están besándose bajo el quicio de la puerta.
—Sí —dice sonriente.
Se deja guiar hasta el interior guiada por su mejor amigo, su alma gemela, el amor de su vida. La persona con la que desea estar hasta el final de sus días.
Hola, siento mi tardanza en escribir, llevo dos meses de trabajo estresante.
Espero que os haya gustado la segunda parte de este fic :) Ya sé que es cortito y puede que os sepa a poco, lo siento.
Hice una encuesta en Twitter preguntando si queríais que el canon del fic fuese sólo beso o también smut. La mayoría votaron por smut, pero quería contentar a ambos, así que los que votaron por sólo beso pueden leer hasta aquí, y los que queréis smut tendréis que esperar hasta el próximo capítulo.
