Todo por ti

.

.

.

~ Un favor ~


Escuchó los suaves suspiros de Deidara en el rincón de la habitación, parecía que estaba casi roncando. Se preguntó por qué no habría vuelto aún a su hogar, y qué rayos hacía refugiándose donde Sasori.

Se le hacía bastante incómodo estar encerrada, ahora, con dos hombres

A su lado, Sasori, sentado en el borde de la cama y con la espalda en la pared, mantenía una respiración regular. Tenía la cabeza ligeramente en caída, y Sakura supuso que al día siguiente el cuello le dolería. Los cabellos rojos le caían por el rostro, y la expresión relajada que presumía hizo que sonriera. Por primera vez, la arrogancia parecía haber sido borrada sin dejar rastro alguno.

Se observó, entre las sábanas ásperas de la cama, cubierta por la gruesa manta de lana. Mientras Sasori dormía contra la pared, ella se encontraba cubierta entre sus sábanas. Debería ser ella la que se encontrara fuera de la cama, no el mismo dueño. Lo observó avergonzada.

Después de todo, la estadía no se le había hecho tan mala. Tenía donde dormir, fuego para calentarse, comida, y… algo de compañía. Se preguntó cuántos días habrían pasado ya desde la última vez que vio a sus compañeros, y qué tanto la extrañarían. Se preguntó si estarían bien, y si la rehén de la misión habría vuelto ya a casa. Apostaba a que sí. Lo más probable era que el tipo que le inyectó veneno se encontrara en Konoha, con una condena de años y a un lado de los otros mercenarios que habían capturado. Solo quería saber cuánto tiempo les tomaría encontrarla…

La guarida de los Akatsuki parecía estar escondida, en donde ningún shinobi jamás había llegado, pero apostaba a que ellos llegarían. La encontrarían, de una u otra forma, y la llevarían devuelta a Konoha.

Por el momento, solo le restaba esperar…

Repentinamente, algo comenzó a sonar dentro de la pequeña habitación. Estaba del otro lado, en el rincón opuesto al de Deidara. Era un pequeño objeto que le recordó vagamente a su… propio despertador.

-Ah, ¿Qué mierda…?

El rubio se removió, irritado, y ella ahogó una risa.

-¡Apaga eso, desgraciado!

El sonido era, precisamente, el de un despertador. Entonces incluso los Akatsuki los utilizaban… Sonrió divertida, al ver como el rubio tanteaba el terreno con la mano en busca del aparato.

-¿Dónde estas? Infeliz…

Deidara se arrastró por el suelo, aún con la mano adelante buscando el aparato. Vio cosas estúpidas en su vida, Sakura estaba segura de conocerlo todo, pero esto… acababa de excederla.

En el borde de la cama, en la parte donde los pies de la ojijade se encontraban, Sasori se removió. Lo escuchó suspirar, y no sintió la necesidad de observarlo para imaginar la mueca irritada.

Por alguna razón, Sasori y Deidara la recordaban a Naruto y Sasuke.

-¡Que lo apagues, Sasori no danna!

Con paso vago, el pelirrojo se salió de la cama. Sakura siguió sus pasos divertida, expectante, preguntándose si lo golpearía con el puño o si le daría una patada.

Sasori tomó el despertador, y con suavidad lo apagó.

-Salte antes de que te mate. Estúpido escandaloso.

-¿A quien llamas escandaloso, eh? No entiendo para qué putas conservas ese jodido…

-Si tienes algún problema con el jodido aparato, deberías dormir en tu habitación. No en la mía. Así que, ponte de pie, y corre antes de que Kakuzu despierte.

-Oh, no, Sasori no danna, si saben que estoy ahí… Entraran, y me golpearan. Peor aún, se llevarán mi arcilla y…

-Le harán un favor a la humanidad.-interrumpió Sasori con sorna- No tendrás que andar por ahí moldeando cosas sin sentido por un tiempo.

-¿Cosas sin sentido?

El rubio se puso de pie, bruscamente, y Sakura arqueó una ceja. Parecía estar muy cansado como para apagar el reloj, pero no lo suficiente como para hacerse el rudo y enfrentar a Sasori. ¿Quién podía entender eso? Ella, en su lugar, habría aceptado la crítica… más aún teniendo en cuenta que Sasori era el único idiota que defendía a Deidara.

-Tenemos esta discusión desde el primer momento, hombre, así que es mejor que lo aclaremos.-gruñó, quitándose el polvo de la capa- La belleza está en aquello que alegra el alma, que marca al hombre por un instante. ¡Lo más efímero! La belleza eterna no existe, hum. ¡Al cabo de un tiempo pierde lo bello aquello que se irgue frente a nosotros por años! Por eso solo lo que desaparece es bello. Sasori no danna, el arte es belleza. Y la belleza debe desaparecer.

Durante unos segundos, Sasori lo observó, tal vez analizando las palabras. Torpemente, Sakura asintió, convencida por su hipótesis. ¡Pero qué sentimental podía ser un tipo que explotaba cosas!

Sasori chasqueó la lengua, negando con la cabeza.

-Pero qué triste, Deidara. Dices eso porque tú, con tu prosaico gusto, no has llegado jamás a ver lo eternamente bello. El arte es aquello que se muestra frente a nosotros de manera perfecta, algo que siempre lo es. Si hablara como tú, diría que todo es entonces arte, porque hasta la cosa más hosca puede hacer feliz a un maldito humano. Es arte es belleza en su máximo punto de forma eterna, por eso solo algunas cosas son consideradas piezas de arte.

La Haruno entrecerró los ojos y, al cabo de unos segundos, volvió a asentir efusivamente. Sasori también tenía un punto.

-De acuerdo, suponiendo que estamos de acuerdo, ¿está la verdadera belleza eterna en tus payasitos de madera? Hum.

Payasitos de madera. Sakura apretó sus labios para no reír.

-Puedo garantizarlo. ¿Garantizas tú que hay siquiera belleza en tus pelotitas de arcilla?

Deidara apretó la mandíbula.

-Por supuesto.

-A veces me lo cuestiono. ¿Qué es lo bello de unos pterodáctilos voladores de plastilina?

Pterodáctilos de plastilina, Sakura bajó la mirada para no dejar en evidencia la gracia que le hacían los absurdos apodos. La parte más triste, era que era cierto. Ambos estilos parecían lo que el otro decía.

-Te pasas, Sasori no danna. Déjame decirte que los pinochos que tienes en la otra habitación no se comparan con mis pterodáctilos, hum.

-Si eso llena de felicidad tu alma… considera este momento bello, porque es la única vez que no voy a replicar nada.

-Ah,-el rubio caminó hasta la cama- púdrete Sasori.

Tan pronto como Sakura lo vio sentarse a su lado, se alejó ligeramente sobresaltada. Pestañeó un par de veces, y observó a Sasori confusa. Notó que el pelirrojo ignoró la acción de Deidara y reía con el último insulto.

-Oi, ¿qué tal todo?

Quiso gritar. Tal vez golpearlo, y gritar. Lo tenía a su derecha, a centímetros de su rostro sonriendo efusivo. Se le hizo como que no conocía el significado de las palabras "espacio personal" y quiso enseñárselo desfigurándole la cara con algo de chakra.

-¿Cómo crees tú?

Casualmente, la misma pregunta que le hacía Sasori seguido, se la hizo ella al rubio. Deidara la observó, ofendido.

-Ya, solo quería ser amable. Deberías tener un mejor humor, mujer.

-¿Mejor humor? Disculpa, pero…

-No me importa, hum.-desvió la mirada- ¿Cuándo la vas a sacar de aquí, Sasori no danna?

-Tan pronto como…

-¡DEIDARA!

La mención de su nombre, en la voz agria, ácida y grave del hombre pez hizo que el rubio temblara. Sakura pudo deducir con facilidad que parecía meterse en problemas seguido. Jamás se le había ocurrido que los Akatsuki tendrían tantos problemas entre ellos.

-¿Qué hice ahora, hum?

-Las vendas. ¿Dónde están las vendas, Deidara?-gruñó junto a la puerta Hoshigaki.

-¿Vendas?-inquirió en un susurro- ¿De qué vendas me habla, Sasori no danna?

-Las que usaste para envolver algo de arcilla.

Desde una de las puntas de la habitación, junto a la mesada, Sasori se llevaba algo a los labios. Sakura pudo deducir que era una cereza. ¡Qué adorable! ¡También le gustaban las cerezas! Tuvo el impulso de pedirle una, de hecho, tenía mucha hambre… Por alguna razón, no se atrevió.

-Ah, etto,-Deidara se puso de pie- no sé de qué me hablas, Kisame…

-¡NO SEAS ESTÚPIDO DEIDARA! ¡ACABO DE OIR A SASORI HABLANDO!

-Mierda.-el rubio se llevó una mano a las sienes- ¿Cómo putas hace para escuchar? ¡Es un pez!-murmuró con cierta desesperación- ¿No se supone que tiene orejas de pez?

-Los peces no tienen orejas.

-¡Por eso mismo, Sasori!

-Deidara, dame las vendas.-gruñó al otro lado de la puerta.

-Yo… se las di a Tobi.

Los pasos de Kisame comenzaron a hacerse lejanos, casi hasta desaparecer. Deidara suspiró, aliviado, y Sasori lo observó con ojos inquisitivos.

-¿Tiene Tobi las vendas?

-No.

Sakura pudo apreciar una sonrisa, ligeramente socarrona, de Sasori y luego la fría expresión que siempre presumía. Durante unos segundos, se sumieron en un silencio que parecía eterno. Sasori y Deidara no decían palabras, y ella no quería ser precisamente quien rompiera el silencio.

A decir verdad, creía que era el momento correcto para preguntarle a Sasori qué debía hacer para que la dejara ir. Quería saber cuánto tiempo planeaba tenerla aquí, quería saber si era la carnada para una emboscada a los demás, o si esperaba que enviaran algo de dinero por ella. No tenía ni la más mínima idea de la razón por la cual Sasori la tenía encerrada, pero quería averiguarlo. El momento para hacerlo no parecía llegar jamás.

-Oi, ¿qué haremos hoy? Quiero entrenar pero está lloviendo y…

-¿Han planeado algo los demás?

La conversación se desarrolló con tranquilidad, como si Sakura no estuviera ahí. Sasori parecía ignorar completamente que ella era una enemiga de Konoha, no es común que un asesino se comporte tan tranquilo frente a su víctima. Incluso más cuando la posibilidad de que ella lo revelara todo en Konoha estaba presente.

-Itachi dijo que iba a dormir.

-¿Y eso a ti qué?

-Kisame por consiguiente no saldrá de aquí.

¿Qué eran esos dos? ¿Acaso no podía Kisame moverse sin Itachi? Parece que en Akatsuki se habían tomado el concepto de "compañeros de equipo" más que a pecho. Incluso en Konoha, donde se insistía en que debía haber una unión fuerte entre aquellos que fueran compañeros, se dejaba que los integrantes se separaran de vez en cuando.

-¿Qué hay de Hidan?

-Maldito infeliz, ¡no te atrevas a nombrarlo!-ordenó el rubio, apuntándolo fieramente con su dedo índice. Las llamas parecían dibujarse en los ojos azules… Pero qué dramático.

-Hmph. ¿Y Konan?

-Tsk. Perra.

El insulto a la compañera de Pein, y la indignación con la que los labios de Deidara lo pronunciaron hizo que Sakura soltara una risa.

Sasori la observó con disimulo.

-Deberíamos ir por algo de comer.

-No puedo creer que aún siga compartiendo mi comida contigo.

-Sasori no danna, llevamos tiempo compartiendo las provisiones. Es tarde para quejarse.

-Hecho. Iremos por más frutas y ese tipo de cosas…

-Correcto.-Deidara se encaminó hacia la puerta- Oi, ¿vienes?

Sakura alzó la mirada, y la luz que se filtró por el pasillo iluminó los ojos jade.

[…]

-¿Y bien? ¿Se supone que ya desistiremos?

El azabache gruñó. Sentía que la Hokage no le encontraba al asunto la mitad de la seriedad que él y los demás veían. Era una kunoichi. Su compañera. ¡No podían dejarla atrás! Es cierto que la búsqueda no mejoraba, pero no iban a irse de misión con la consciencia limpia.

-Creo que esto es una locura.-expuso, con tranquilidad, el Nara- Tsunade-sama, mi equipo no va a ir de misión.

Los chuunin, y algunos jounin, observaron a la Godaime con semblantes serios e intimidantes. Todos estaban ahí. Hinata, Kiba y Shino fueron los primeros, gracias a Neji, en enterarse de que tenían intenciones de enviar a un equipo a cumplir una misión cerca del Norte. Evidentemente, el rumor corrió con velocidad. Naruto y Sasuke se sentían completamente relajados, principalmente porque, de ser ellos los desafortunados, declinar sería completamente sencillo. Por otro lado, el equipo de Ino, Shikamaru y Chouji se sentía afligido. Al igual que el de Lee, Tenten y Neji. Uno de ellos tendría que ir de misión. Aquella mañana le informaron a Shikamaru que el equipo 10 debía irse.

-¿Desde cuándo tú tomas decisiones?

Por la puerta de la oficina, un hombre alto y firme se asomó. El olor a cigarrillo que desprendían sus ropas lo habían delatado minutos antes, Kiba lo había dicho, pero Shikamaru esperó pacientemente.

-Tsunade-sama nos está enviando como un trío, Asuma.

La risa, relajada y suave, de su profesor quitó algo de tensión al ambiente. Asuma sabía a la perfección que, desde hace ya un par de años, el líder de su antiguo grupo era Shikamaru. Ino y Chouji seguían sus órdenes al pie de la letra, y él…mientras no se lo asignara como el líder, no podía hacer nada. Compartía rango con su antiguo alumno.

-Lo siento mucho, pero nosotros declinamos.

Los ojos de la Godaime observaron el gesto de Shikamaru, y la forma lenta en la que depositaba, nuevamente, los papeles con los datos que ella le había entregado sobre el escritorio. Unió ambas manos, y las acomodó debajo de su mentón, aún escrutando al Nara. Sabía que los presentes solo tenían sus ojos puestos en ella, pero no dejó que aquello la intimidara. Alargando sus pestañeas, miró de soslayo a los demás shinobi en su oficina.

-Necesito alguien que se encargue de esta misión. Sinceramente, no…

-El equipo de Kurenai contará con un integrante menos si lo envían. Lo siento mucho, Tsunade-sama. Tan pronto como este asunto sea resuelto, nos encargaremos de ellos.-informó, firme pero relajadamente, el hermano de Hana Inuzuka.

-Ninguno de nosotros irá, Tsunade-sama.-Neji hizo una pausa- Debemos encargarnos de otras cosas.

Y ese otras cosas, tenía un nombre en ese instante.

Bajo la máscara, Kakashi sonrió. Sus alumnos. Todos tan sensatos, prudentes, y de corazones colosales. Fueron diplomáticos y gentiles, pero firmes y decididos. Estaba completamente orgulloso. Tenía la certeza de que la Godaime no se tomaba el asunto de Sakura con ligereza, y la sospecha de que, de haber aceptado alguno de ellos, la confianza en el mismo habría descendido. Tsunade se basaba en lo mismo que el propio Kakashi a la hora de formar un shinobi. El amigo, el compañero, siempre va por delante de las normas. Sakura valía una discusión con la Hokage o quien fuera.

-Después de todo, tal vez la juventud no esté tan perdida, Tsunade-sama.

La sonrisa que curvó los labios de Tsunade pareció desconcertar al resto de los presentes.

[…]

-Yo quiero… 6 de esas.

Sasori observó con fastidio, por debajo del sombrero de paja, como Deidara se debatía qué tipo de fruta era más conveniente llevar. Tan pronto como decidió, la mujer detrás del pequeño puesto se apresuró a responder a su pedido.

Era difícil de creerlo, pero se encontraban, en ese preciso instante, en una pequeña aldea. Sakura no se había atrevido a preguntar su nombre, suponiendo de antemano que Sasori no se lo diría, y por alguna razón no parecía haber ningún cartel que enunciara el nombre de la misma. ¡Era tan frustrante! No se había topado con ningún shinobi, lo cual solo reafirmaba en su mente la idea de que no sería capaz de escapar. No había quien pudiera ayudarla…

Aparentemente, no se libraría de Sasori hoy.

-¡Y también otras 9 de esas!

Sakura alzó la mirada, volviendo a fijar su atención en Deidara. Sasori la observó de reojo, y ella pareció debatirse qué era lo conveniente. ¿Debía sonreírle? ¿O desviar la mirada de forma resentida? Bajó la mirada tímidamente.

-Ya son suficientes, Deidara. Aún hay algunas en… casa.

-De acuerdo, tenemos muchas manzanas, pero debo admitir que las adoro.

-Lo sé.

Sakura escuchó atentamente la conversación, sin despegar los ojos del suelo. No quería alzar la mirada. Se percató, observando de reojo, de que Deidara se llevaba la fruta a los labios, mordiendo despreocupado uno de los lados. Observó la fruta fijamente. Acababa de recordar que tenía hambre.

-¿Quieres una, Konoha?

No sin antes observar a Sasori, Sakura asintió fervientemente. ¡Claro que tenía hambre! Llevaba días sin probar bocado, y a pesar de que había tenido la oportunidad de hacerlo, no lo hizo en su momento por temor. Aparentemente, estas manzanas no podían tener nada… acababan de recibirlas.

-¿Acaso no te alimentaron?-el rubio hizo una mueca.

Sakura negó con la cabeza.

-¿Que no te alimenté?-Sasori arqueó una ceja- No quiso aceptar mi manzana.

-Etto, yo también pensaría dos veces antes de aceptar algo de tu parte, danna.

Rodando los ojos, Sasori le pasó una manzana. Sakura la atajó, dedicándole una corta sonrisa al recibirla. Él ignoró el gesto.

-Hazte a la idea de que no volveré entonces a ofrecerte nada, Deidara.

Con eso último, los labios de los dos renegados parecieron ser sellados. No pronunciaron palabras entre ellos, y solo se limitaron a comprar lo necesario. No hubo más conversaciones en las que concentrarse, y por lo tanto Sakura se permitió comenzar a tramar nuevas tácticas; a partir de la poca información recaudada, comenzó a trabajar. Dentro de la aldea, habría sido algo desconsiderado comenzar una pelea, y se temía que esa era la única manera de escapar. Si intentaba correr, posiblemente de un movimiento certero la detendrían; sería inútil dejarles saber que aún tenía intenciones de escapar para terminar fracasando en el intento. Por eso mismo, su plan debía ser perfecto. Sin falla alguna. Tal vez, en las afueras del pequeño lugar, en el tramo que debían recorrer hasta el bosque, podría revelarse. Sabía en la dirección que debía correr para acercarse a Konoha, tal vez incluso a alguna aldea cercana a la misma. Las posibilidades estaban. Podría quebrar el suelo, y enterrarse en el bosque. Distraerlos con un par de clones, y esconderse en algún lugar hasta asegurarse de estar a salvo. Tal vez lo lograría. Había, aún así, un problema. Su nivel de chakra no alcanzaba aún su máximo. Lo más probable era que el veneno inyectado se encargara de disminuir el chakra, era preocupante aún así saber que todavía no lo recuperaba.

Las risas descontroladas de Deidara parecieron distraerla; no pudo suprimir una sonrisa al verlo lanzándose al césped a las afueras de la aldea. Sasori parecía resignado, simplemente se cruzó de brazos, observando fijamente su acto de estupidez.

-De entre todos los inútiles que conozco, tú, Deidara, has de ser el más sorprendente.

-Ah, ¡deseaba tanto poder recostarme un rato! Dormir sentado es incómodo, y no hay nada más suave que el césped de estos lugares.

El rubio se llevó ambas manos a la nuca, cerrando los ojos relajado.

A Sakura se le hizo una de las cosas más extrañas con las que jamás había imaginado toparse. No se supone que los Akatsuki fueran así. No se supone que Deidara fuera tan distraído, tampoco que Sasori fuese una persona que hiciese las cosas tan amenas…

¿Realmente estaba junto a un par de asesinos?

-Deberíamos…

-Si van a hablar, háganlo lejos. Dificultan mi siesta.

A pesar de mantener una expresión seria, y completamente inescrutable, Sakura pudo descubrir la diversión en los ojos miel.

-Voy a comer algo. ¿Vienes, Haruno?

Observó sus pasos, ligeros y relajados, y no pudo contenerse. Habría sido, tal vez, más seguro quedarse a un lado del moribundo Deidara, pero tenía curiosidad. Quería ir junto a Sasori, y observar atentamente sus gestos. Quería entablar una conversación, y descubrir qué tanto podía esconder una persona que parece tan poco interesada en los motivos de los que lo rodean. Quería llegar a conocer la razón por la que dijo que no tenía intenciones de asesinarlos, descubrir qué se supone que hacía en el bosque el día en que le inyectaron veneno. Tenía un millón de incógnitas acerca de ese hombre y, por alguna razón, confiaba en que él podría darle respuestas.

-H-hai.

Siguió sus pasos unos pocos metros, los suficientes para que la conversación no llegara a los oídos de Deidara y los justos para seguir divisando su silueta en el césped.

Los árboles rodeaban el verde prado, pero ellos parecían estar justo en el centro del mismo. Sasori se desplomó en el suelo tan pronto como tuvo la oportunidad; mientras que, fingiendo ser civilizada, la Haruno se sentó lentamente. En el proceso sus miradas chocaron, y ella fue la primera en cortar la conexión. Y es que, aparentemente, aún faltaba mucho para que los ojos, tan intensos y fríos, del Akasuna dejaran de intimidarla.

El cielo, hacia donde escaparon sus ojos, se encontraba completamente despejado. Celeste, tan intenso y puro que causaba admiración. Los rayos del sol parecían iluminarlo todo a su paso, causando a su vez un agradable calor en el cuerpo expuesto. La brisca, fresca, llegó al rostro de la Haruno, y ésta sonrió inconscientemente. Porque le agradaban esas situaciones. Se le hacía relajante encontrarse en el suave césped, tan solo disfrutando del paisaje y la naturaleza. Era una situación amena que llevaba tiempo sin experimentar… Pensar que estaba disfrutándola junto a un asesino se le hizo ridículo.

Volvió a observarlo.

Con los ojos cerrados, mantenía su cabeza echada hacia atrás ligeramente. El cabello rojizo caía hacia atrás con delicadeza, y daba la impresión de que alguien lo había ordenado previamente. Sus labios, ligeramente curvados, eran parte de la solemne armonía que presumía su rostro.

Atractivo. Muy atractivo.

El pelirrojo abrió sus ojos lentamente, pestañeando un par de veces antes de percatarse de los jades que lo observaban curiosos. No sonrió, pero tampoco hizo una mueca de disgusto. Solo la observó. Sakura habría dado su vida por saber qué tanto atravesaba la mente de Sasori en ese momento, pero algo le decía que jamás lo sabría. Intimidada, volvió a bajar la mirada… y solo entonces él sonrió.

-¿Qué hacías en el bosque el día que me encontraste?

La pregunta sonó como un débil susurro, pero Sasori alcanzó a oírla. Sonrió arrogante, nuevamente sabedor de que la muchacha a su lado seguía desconcertada por su accionar. Era la segunda vez que lo encontraba en una situación que no hacía justicia a su fama de asesino.

-¿Qué crees tú?

-No puedo suponer nada. Yo… no te comprendo.

Él arqueó una ceja.

-¿Qué tanto debes comprender?

-No creí que tú serías…

-¿Una persona normal? ¿Creías acaso que no dormía como un vampiro o algo por el estilo?

-No, idiota.-negó por lo bajo- Me refiero a que yo… no te imaginaba así.

-¿Y cómo entonces?

-¿Por qué curaste mi pierna?-inquirió, alzando nuevamente la mirada con todo el valor que pudo reunir.

-Es lo más natural.

-¡No! No de ustedes. Habría sido más normal que utilizaras el veneno que tenía en la sangre a tu favor, que incluso me inyectaras uno más hiriente. ¿Por qué tú…?

-No voy a responder. No tengo qué. Yo no te di el antídoto porque esperara algo de ti.

-¿Antídoto?

La palabra resonó en su mente. Antídoto. Entonces Sasori le había inyectado algo para contrarrestar el veneno. ¿Lo había preparado él? ¿O era el antídoto conocido al veneno? ¿Cómo supo que tenía veneno? De responder a esas preguntas, una seguía vigente. ¿Por qué?

-Debes tomar un cuarto más esta noche. Luego de eso… tu sangre estará limpia.

-¿Preparaste tú el antídoto?

-El tipo ese usó un veneno similar al de mis marionetas.

-¿Por qué utilizaste el antídoto que tenías en mí?

-Porque tengo litros de la cosa esa.-replicó, indiferente.

-¿Qué hacías en el bosque?

Ante de dar una respuesta, desvió la mirada. Pareció tomarse su tiempo para formular una réplica creíble, y eso solo pareció irritar a la Haruno. No es que fuera una mujer demasiado impaciente pero, por alguna razón, él provocaba su irritación con sus silencios.

-Haruno, los miembros de Akatsuki salimos del lugar recóndito en el que despertaste. No vivimos bajo tierra como creías, y juro que también necesitamos aire libre.-gruñó, tal vez intentando disimular la molestia que los pensamientos inmaduros de ella le provocaban.

-¿Cómo… me viste?

-Escuché los gritos del Jinchuuriki mientras peleaba. No me atreví a acercarme para observar, sabiendo que había otro tipo controlando el lugar.-rió irónico- Parece que tú te escapaste de su rango de vista. Cuando te vi arrastrándote… solo opté por sacarte de ahí.

-¿Por qué?

-Porque te lo debía.

-¿Por qué?

-Porque te lo debía.

Bajo la mirada del pelirrojo, Sakura tembló. Intentó seguir observándolo, fijamente, defendiendo su lugar, pero se le hizo imposible. Los ojos jade parecieron derretirse lentamente bajo los miel de él…

Un favor. La había salvado porque ella había hecho lo mismo con él. Ligeramente conmovida, sonrió. Porque, incluso cuando era temido -y considerado un asesino-, Sasori se había tomado la molestia de cuidarla. Observándolo con sorprendente ternura, ladeó su cabeza inconscientemente.

-¿Acaso quieres saber algo más?

-Etto… el chico de allá…

-¿Deidara?

-Hai.

-¿Qué sucede con él?

Inevitablemente, Sasori le dedicó una mirada. En el pasto, con los ojos cerrados, y profundamente relajado, Deidara se estiraba.

-Es… extraño. Y tú…

-Te preguntarás por qué Deidara es mi compañero.-Sakura observó a Sasori, y luego asintió con suavidad- Es cierto que es el más opuesto a mi. Pero también que es uno de los más sinceros.

-¿nani?

-Lo acepto porque no es alguien de quien se deba desconfiar.

Con sencillez, Sasori esbozó una sonrisa, aún observando al muchacho rodando en el césped. Pareció ser de forma inconsciente, como si no hubiera sido capaz de esconder el aprecio que le tenía. Sakura frunció el ceño. Algo, por alguna razón, seguía sin encajar. ¿Era acaso la hiperactividad de aquel asesino rubio? ¿O la ternura que exhalaba el pelirrojo a su lado?

-No lo comprenderías, pero estar aquí no es el sueño de mi vida. Intento hacer las cosas amenas.-indicó, en un tono ronco- Me gustaría poder irme.

Sinceridad. De entre todas las cosas que Sasori transmitía, curiosamente sentía que aquella era la más notoria a la hora de hablar. Apretó los labios. ¿Qué tan sincero podía ser un asesino?

-¿Por qué no te vas?

-Porque nadie aceptaría en su aldea a un asesino.

Asesino. La palabra se repitió en su mente, e inevitablemente la Haruno desvió la mirada para esconder su descontento. Era verdad. Llevaba horas repitiéndoselo; Sasori era un asesino. Incluso si la Hokage lo recibía, con toda la bondad presente en su corazón, nadie garantizaba que el pueblo lo adoraría. Todos serían capaces de juzgarlo por sus acciones, tal como ella lo había hecho. Desde que despertó, no hizo más que temerle. Y él… aún no la había tocado.

Lo hecho, hecho estaba; y algo le decía a Sakura que no había manera de que lo que Sasori había hecho -en particular- fuera olvidado.

-Y, Haruno, eso es lo que soy.

La manera en la que la observó, hizo que algo en su estómago se revolviera. Tragó saliva, con cierta dificultad, e hizo todo lo posible por no desviar la mirada.

Era triste pensar que el mismo Sasori se consideraba un asesino; más aún pensar que cargaría con ello el resto de sus días.


¡Hola! Primero que nada, estoy muy agradecida por los reviews :3 Por alguna razón, creo que la aparición de Deidara acaba de salvar este fic, así que lo mantendré cerca en cada capítulo. Mi intención con este capítulo era comenzar a darle forma a la relación entre Sasori y Sakura; iba a ser más largo, y me temo que las cosas más importantes están en los proximos párrafos. Probablemente, como disculpa, actualice antes de que los siete días habituales hayan pasado, ¡estén atentos!

Ojalá les haya agradado el capítulo, y consideren que vale la pena seguir leyendo el fic :) ¡Déjenme sus opiniones! -sean positivas o negativas, todo es un aporte:3-.

Gracias por leer :D

Guest: Hola! Bueno, supongo que podría haberme esforzado un poco más, ¡pero prometo que el próximo realmente tendrá algo de SasoSaku! . Espero que este capítulo te haya agradado :) un beso, y cuidate.

.

.

.

¿Reviews?