Todo por ti
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~ Pasado ~
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-¿Sasori?
Avanzó lentamente hacia él. Y mordisqueó su labio inferior casi sin poder evitarlo. Sasori tenía el cabello desalineado, por primera vez lo veía de aquella manera. En aquel rincón, sumido en la oscuridad de la pequeña habitación, con cierta dificultad podía apreciar la curvatura sobre sus finos labios. Y sintió que algo temblaba en su interior.
-Te presentaste.
Fue una afirmación, a él parecía hacérsele divertida la idea. Aún sin observarla, con ambos ojos cerrados, Sakura podía leer la diversión en su expresión. Y eso la hizo sentirse ligeramente mejor. En unas cuántas zancadas alcanzó su cuerpo, y allí se arrodilló a su lado, examinándolo con los ojos.
-Por supuesto.
No tenía la capa encima, de hecho se preguntó automáticamente dónde es que la había dejado, no llevaba tampoco puesta una sudadera, la suya parecía haberse convertido en jirones, y por eso tenía uno grueso descansando sobre su abdomen. El resto de su vestimenta estaba intacta; pero no era su ropa lo que la preocupaba. Podía ver el comienzo de un corte, no del todo profundo, naciendo en el centro de su pecho, tal vez un poco más arriba; entonces se percató de que seguía hasta su ombligo, a pesar de que una parte estaba cubierta por el jirón. La sangre resbalaba lentamente…
-Sasori…-musitó, sintiendo como un nudo trepaba por su garganta.
Detestaba la sangre.
-Gracias por venir.-dijo él, aún sin mostrar sus ojos miel- No creí que… aparecerías.
-C-cuando lo supe, no dudé.
A pesar de haber titubeado, sonó suave, y lo suficientemente decidida. Eso bastó para que él abriera ambos ojos, topándose con los de ella que ansiaban por encontrarse con los suyos. Leía el miedo y la preocupación en los ojos jades, y se preguntó entonces qué tan mal se vería. Por supuesto, probablemente luciera peor de lo que otras veces había estado, y es que rara era la vez en la que Sasori se sentía tan débil como para no ponerse de pie… probablemente luciera devastado. Algo en su interior dijo, aún así, que no eran las heridas las que le quitaban la voluntad para ponerse de pie. Tenía que ver con aquellos ojos…
-Deidara ha de haber sido muy insistente.
Antes de que pudiera concluir con aquella oración, ella se acomodaba frente a él, con una rodilla a cada lado de su extendida pierna derecha; resultó desconcertante su cercanía en un principio, sin embargo se relajó al notar que ella reunía ya chakra sobre sus pequeñas manos, dispuesta a encargarse del corte en su abdomen. Seguía con los ojos sus movimientos…
-¿Te cabe alguna duda?
La respuesta de ella fue escueta, sin embargo Sasori creyó percibir cierto humor en ella, soltó una suave risa y negó con la cabeza imperceptiblemente.
-Él es… un idiota.
Y ella le imitó.
Deidara era escandaloso, muy hablador, lo suficientemente impulsivo como para siempre meter la pata, y una de las personas con las que –probablemente- mantener una conversación seria era casi imposible. Pero ella lo adoraba, a pesar de que no tenía intenciones de admitirlo. Le recordaba, no vagamente, a un rubio que la acompañaba diario. Era una pena que aquellos dos tuvieran que enfrentarse en aquel entonces, pues de otra manera podrían haber sido grandes amigos, y aquello lo aseguraba. Una dupla como aquella no tendría límites. Y a ella le parecía adorable.
Si Deidara era como Naruto, ¿era ella como Sasori?
Sasori era reservado y callado, para nada impulsivo, y por supuesto la persona que más debía contrastar con Deidara sobre la fas de la Tierra. Pensaba con detenimiento la mayoría de las cosas, y jamás lo había visto de otra manera que no fuera relajado y calmado, indiferente a todo… Por supuesto, no. Sasori se asemejaba más a Sasuke. Y sin embargo a ella le generaba una curiosidad que Sasuke ya no.
Alzó, lentamente, la mirada. Tenía las manos en el bajo abdomen del pelirrojo, donde el corte finalizaba, y reconoció que tendría que recorrer con más velocidad el resto de su torso, porque probablemente a ese paso no llegaría jamás. Y no tenían mucho tiempo. Casi sin poder evitarlo, soltó un suspiro.
Y él arqueó ambas cejas.
Las hebras rosadas caían a los costados del rostro de Sakura, dificultándole ahora al pelirrojo la vista. Pudo apreciar, en la penumbra, que algunas de las puntas del corto cabello estaban manchadas, con barro. Y casi frunció el ceño. Bajó la mirada por sus delgados hombros, y se encontró apresurado en sus piernas. También parecía estar herida. Tenía unas cuántas marcas moradas sobre los muslos, casi sobre la articulación, lo cual le pareció curioso; restos de sangre seca sobre uno de sus brazos se definían con claridad. Se preguntó entonces si él era realmente a quien se debía curar.
Entreabrió sus labios, para inquirir algo, pero ella le ganó de antemano:
-¿Cómo te hiciste esto?
Rozó el borde del corte con ligereza, de manera que a él no pudiera dolerle. Sin embargo, Sasori mantenía ambos labios apretados, y el cuerpo tenso. Sakura fingió no notarlo, y con descaro afirmó el dedo sobre la herida.
-Shinobi de Kumogakure.
La respuesta pareció lógica, de hecho sabía que eran todos una gran fuerza shinobi; comenzando con el Raikage, por supuesto. Las veces que había visitado aquella aldea, de paso, siempre se había sentido admirada por la fuerza de todos los niveles de shinobi; esperaba que así pensaran los demás de Konoha. Se preguntó, aún así, cómo es que habían hecho para…
-Es un corte profundo,-indicó- ¿Cómo…lo hicieron? ¿De qué manera te desprendieron de Hiruko?
La mención de su mayor arma, hizo que Sasori soltara una risa. Lo cual le generó a la Haruno cierta incertidumbre. Después de todo ¿qué era lo divertido?
-Hiruko, ¿dices?-soltó con sequedad- ya no puedo utilizarlo.
¿Por qué no podría? ¿Acaso debía repararla por alguna razón? Hasta donde recordaba, aquella vez… Súbitamente una imagen de Hiruko, incinerada, atravesó su mente. Pestañeó atónita, por haberse atrevido a olvidar algo como aquello. ¡Por supuesto que no podía utilizarla! Sasuke la había reducido a cenizas. Si Sasori aún poseía una marioneta que pudiese llamar Hiruko, la misma no era la mitad de lo imponente que pudo resultar en un pasado. Casi se sintió culpable por sus heridas… Era de esperarse, después de todo. ¡Hiruko lo era todo en una pelea! Y…¡Se había acaso presentado a Kumogakure sin Hiruko! Todo tuvo repentinamente sentido. Y Sakura sintió deseos de golpearlo, y destrozarle sin piedad alguna los huesos que aún albergaba intactos. ¡Pero qué estúpido! Sasori jamás le pareció tan imbécil. Él, que se jactaba de ser tan sabio, ¿se había atrevido a luchar sin su única armadura? Idiota. Llegó a creerlo indestructible, tal vez por su innegable talento. Y ahora comprendía por qué es que se le había hecho tan sencillo a Kumo obligarlo a huir; había sentido curiosidad en un principio pero… ¡por supuesto que ahora era obvio!
Apretó la mandíbula.
-Desde mis primeros enfrentamientos con Konoha, la mayoría de las aldeas ocultas sabe de él-masculló repentinamente, desviando la mirada.
-¿Y qué hay con eso?
-Antes, solía ocultarlo debajo de la capa de la organización; nadie sospechaba que era una marioneta y una armadura clave para mi victoria en la batalla. Luego, no pude esconderme más bajo la capa. Y finalmente utilizarlo en ciertos lugares perdió su utilidad. Creí que sin él no me encontrarían.
A partir de eso, se sintió un tanto menos culpable. Entonces Hiruko seguía siendo útil para la batalla, mas no para una infiltración exitosa. Aún así…
Fingió seguir concentrada en su trabajo, y expulsó el chakra con tanta tensión y molestia –particularmente hacia él- que creyó que podría quemarle. Le fastidiaba la idea de que fuera arrogante, lo suficiente como para presentarse a una aldea shinobi sin lo único en lo que se refugiaba a la hora de tener una pelea.
Escuchó una risa abandonar sus labios.
-Pero parece que la ausencia de Hiruko les facilitó reconocerme.
Bufó. No era divertido. Para nada. Esas heridas no eran divertidas. ¡Por supuesto que lo había hecho todo más sencillo para Kumo! Es decir, lo más probable era que más de una kunoichi se hubiera sentido atraída a ese muchacho de cabellos rojos, masculino, que avanzaba soberbio por la aldea hasta que una lo reconoció como… oh, claro ¡uno de los que figuraba en aquel libro con los peores criminales en el mundo shinobi! La Haruno se mordisqueó el labio inferior para no hacer un comentario irónico que más tarde lamentaría.
Sasori leía la tensión en su anatomía…
¿Podía acaso yo hacer algo más?, pensó sin inmutarse; después de todo, era él el herido. La molestia de ella no cabía allí. Obstinado, ignoró el enojo de ella. ¡No era su culpa! ¿Por qué se lo tomaba tan en serio? Era él quien sentía que los brazos le temblaban sin motivo, quien sentía el kodachi rasgando su cuerpo. Ella no había sido víctima de nada, ¡que simplemente se limitara a curarlo!
Sasori chasqueó la lengua.
-Idiota.
Y Sakura alzó la mirada por una fracción de segundo al ver que no respondía. ¿Por qué tanta soberbia, Sasori-kun?, se sintió tentada de decirle, luces hasta ofendido. Y realmente esperaba que lo estuviera. Porque le había dicho idiota. No era para menos ¿verdad? Esperaba que por lo menos le importara su opinión sobre él, y se hubiera sentido herido al oír su palabra. De una u otra forma, si no era así, tenía otras ideas para lastimarlo. Tal vez no tan emocionalmente…
-Puedes llamar así a tus compañeritos de la academia genin, si gustas –gruñó él.
Ella hizo un increíble esfuerzo para no hundir los dedos en el corte con rudeza, robándole el grito de su vida. Imbécil.
-Estás, te recuerdo, –masculló llevándose una mano a las hebras rosadas para quitárselas del rostro- siendo sanado por una kunoichi que cursó en esa misma academia.
-Y que probablemente haya obtenido un título superior a partir de la ayuda de sus compañeros.
Sintió sus hombros tensarse con brusquedad.
Nadie la había ayudado. Había sido mérito suyo. ¿Por qué es que todos…?
-No estás siendo prudente, Sasori.
-¿Por qué no lo sería?
-Discutes con la misma persona que cuida de tus heridas.
Él suspiró.
-He estado peor. Y he sanado solo, Sakura.
Orgulloso. Soberbio. ¡La necesitaba! Solo deseaba que lo admitiera. ¿Por qué no decirlo? Simplemente pedirle que se quedara a ayudarle… No esperaba más de él. Pero no iba a complacerla. Chasqueó la lengua y continuó con su labor.
-No vayas a moverte.
-No tengo prisa.
Y con eso último, echó la cabeza hacia atrás, dejando a Sakura continuar sin ningún estorbo. Ella aún deseaba golpearle. ¿Pero qué le pasaba? Se había comportado como un inútil al ir a Kumo tan despreocupado, no merecía menos que un insulto. Luego se ofendía. Y la insultaba. ¿Por qué la insultaba aquel imbécil? ¡Era todo culpa suya! ¡Cómo si le hubiera estado mintiendo! Era un idiota después de todo. O se había comportado como uno. Y no tenía derecho a negarlo. Hubiera sido tan simple que aceptara que era un imbécil y simplemente callara… Pero no. Quería replicar con la misma audacia. ¡Le había llamado genin! Desgraciado. No era ninguna recién graduada, y le molestaba sobremanera que se atreviera a acusarla de serlo. Podía hablar de recién graduados con alguien más, no con la misma nin-médico que le estaba salvando la vida. ¡Pero qué descaro! Hizo un esfuerzo sobrehumano por no gruñir.
Pudieron pasar minutos, e incluso horas, para ella fue indiferente. El silencio lo consumió todo. Se sentía tan concentrada que el tiempo pareció simplemente detenerse. La herida mejoraba con facilidad, reconoció con alivio, y sin embargo algo le decía que no merecía esta vez ser curado. Por supuesto seguía ofendida por la crítica a sus conocimientos…
Notó que él suspiraba, con la mirada perdida en el techo. ¿Se estaba acaso tomando demasiado tiempo? Le daba igual. Volvió a suspirar. Y supo que era una prueba a su paciencia. Con rudeza, y fingiendo ignorar su juego, hundió los dedos en su piel.
Él gimió.
-¿Qué te…?
-Lo siento –se apresuró a decir.
Por supuesto que no lo hacía.
Y nuevamente todo fue quietud.
En el profundo silencio en el que se había sumido la habitación, Sakura habló:
-¿Qué hacías en Kumogakure?
La pregunta pareció tomar desprevenido al Akatsuki, quien automáticamente alzó la mirada, desde el trabajo de ella hacia su femenino rostro. Ella parecía demasiado concentrada como para notarlo.
-¿Por qué habría de decírtelo?
-Tengo derecho a saber por qué he de curarte, ¿no?-inquirió, audaz- ¿Por qué estabas allí?
No había nada que pudiera replicar. Sasori inspiró profundamente. Porque no tenía sentido comportarse hosco con ella, más cuando sus heridas estaban a su merced. Se relamió los labios…
-Yo…
Calló cuidadoso. Y ella le observó con disimulo, sin alzar la mirada por temor a que él no fuera a continuar. El Akasuna mantenía los ojos sobre el marco por el que la luz se filtraba.
-¿Sabías tú que el Kazekage y el Raikage de la generación anterior eran grandes amigos?-inquirió decidido, desconcertándola.
-No-musitó, casi deseando poder mirarle al rostro.
-Por años, el Raikage recorrió las calles de Suna en compañía del verdadero veterano, encantado con la apariencia de la ciudad del Kage. Por supuesto, asumo que la aldea de la arena es una novedad para otros, mas nosotros estamos acostumbrados a la inusual atmósfera -hizo una pausa- Apuesto a que también te despertó curiosidad la primera vez.
Casi sonrió, pero no le permitió notarlo. Según recordaba, la primera vez que pisó Suna no fue precisamente encantadora. Él continuó:
-En una de sus cuántas visitas, una… una pintura del museo de Suna pareció cautivarlo.
Entonces fue él quien sonrió, y ella no supo por qué. Y creyó poder sentir sus brazos temblar, en cólera o tristeza, mas no supo reconocerlo.
-Largas pinceladas, una de las obras más realistas de Suna. Era…maravillosa. Su autor no era muy conocido, pero aquel primer marco prometía mucho. El Raikage la recibió como regalo unos años luego… una vez que el autor murió.
Bajó la mirada torpemente, y las hebras rojizas le cubrieron los ojos, y parte de su expresión. Sakura contuvo el aire, aún confusa. Él no había dicho ni la mitad de la historia, y lo restante parecía divagar en su mente, como si realmente no deseara decirlo. Y aún así volvió a hablar, porque pareció sentirse obligado por alguna razón:
-¿Por qué crees que pinto? O ¿te has preguntado el por qué mi devoción al arte?
Por supuesto que no lo había hecho, jamás. Y su pregunta volvía a generarle curiosidad.
-No lo sé, Sasori.
Y sonrió.
Silencio.
-Mi padre… era un gran artista.
Las palabras se ordenaron en la mente de la de ojos jade, quien momentáneamente dejó caer sus manos sobre el cuerpo de él. Había asociado Kumo y Suna, ambas tierras, y a éstas con la obra de un artista. Luego a sí mismo con el arte. Finalmente a su padre con la misma palabra. Al comprenderlo, alzó la mirada lentamente. Y se topó con unos nostálgicos ojos miel, que automáticamente escaparon de ella.
-Lo siento… tanto -musitó lentamente.
-Es irónico que siendo él tan bueno con la pintura yo me aferrara tanto a otros estilos –suspiró- Pero juro que… jamás he sido capaz de igualarle.
En su mirada, creyó poder leer un contenido dolor, una nostalgia y frustración que jamás había notado en su tan despreocupado actuar. Casi como si se fuese a largar a llorar, -lo cual le enterneció sobremanera- se llevó una mano al rostro, fregando los ojos con disimulo y fingida molestia. Se pasó la mano por el rostro detenidamente, y eventualmente la quitó. Sakura seguía expectante a su llanto, su quiebre.
-Quería esa pintura para poder intentar imitarla. De pequeño, lo deseaba con tanto… fervor. Lo intenté, innumerables ocasiones, pero… nunca…
Eso bastó. No quiso que dijera más. Porque por primera vez el asunto no le generaba la curiosidad suficiente para… lastimarlo. No quería que continuara, comprendía claramente que cada palabra le recordaba a algo que esperaba poder dejar atrás alguna vez. Estaba bien.
-Comprendo.
Le interrumpió con un murmullo, que él alcanzó a oír después de todo. La miró, con profundos ojos inquisitivos, y ella le sonrió. Sin reparar en la herida, se acercó un poco más a su anatomía… Y con brazos suaves le abrazó. Temió, al principio, que fuera a alejarla, que rechazara su contacto, porque realmente no esperaba más; sin embargo, él se mantuvo inmóvil, reconfortándola. Nadie jamás creería el calor que el cuerpo de Sasori despedía, Sakura no lo habría imaginado. Su aroma, embriagador, mezclado con tierra y frutos de los más raros, la invitaba a aferrarse un poco más a él, a desear retenerlo por la eternidad. A pesar de que estaba a una altura ligeramente más alta que la de él por el simple hecho de estar sentada sobre una de sus piernas, dejar su mejilla reposar sobre los cabellos rojos y parte del costado izquierdo del rostro de él fue de lo más cómodo que jamás había hecho. Algo simplemente tan adorable que deseó poder repetirlo. Casi sentía el deseo de frotar su mejilla con la suavidad de sus cabellos, de percibir la textura con su piel. Él no hizo nada.
-¿Te duele?-musitó, repentinamente ella.
Él no respondió tampoco. De haber dicho él que sí, Sakura probablemente tampoco se habría alejado, tuvo que admitir. Inspiró profundamente cuando creyó que era suficiente. Probablemente, no estuviera reconfortándolo cómo deseaba, y su abrazo fuera antes que nada para… deleite propio. Sonrió para sí. Por supuesto que era para deleite suyo. Deseaba sentirlo cerca desde… hace rato. Qué egoísta. En su mayoría se había acercado porque siempre lo había querido, no porque su llanto la motivara.
Se hizo hacia atrás lentamente, quedando de rodillas. Después de todo…
Y entonces, sintió sus brazos envolver su cintura.
Al principio, se alarmó ante su repentino movimiento, y luego notó que se aferraba a su vientre con ambos ojos cerrados, con la expresión bañada en dolor. Fue… lo más dulce que jamás había visto. Con una suave sonrisa, nostálgica, le acarició el cabello. Le recordaba tanto a Naruto…
Sasori no tembló, como el rubio lo hacía. No jadeó con angustia tampoco. Si lloraba, Sakura no lo supo. Creyó que lo haría antes, pero finalmente jamás percibió nada que lo hiciera evidente. Tal vez un abrazo bastaba para presar su angustia. Se sintió útil. Al cabo de unos minutos, él hizo el agarre más suave. Y finalmente dejó caer ambos brazos. Ella comprendió.
Para su descontento, cuando se alejaron, no había prueba de su llanto. Ya nada. Ni siquiera una mueca de angustia. La expresión inescrutable, esta vez bañada en cierta ternura… Le observaba mucho más relajado.
-Ya casi termino con… eso –musitó para evitar el incómodo silencio.
Él asintió.
Antes de sentarse nuevamente sobre la pierna de él –con la cuál no fue demasiado considerada- se llevó ambas manos al cabello, para acomodar las hebras rosadas detrás de su oreja. Y él volvió a percatarse de un corte en su brazo.
-También estás herida.
Su primer error fue creer que no lo notaría. Desvió la mirada disgustada; no necesitaba que se lo recordara. Bufó.
-Ya me encargaré de eso.
-¿Por qué no ahora?
Le ignoró. Un poco más de chakra selló lo que restaba de la herida, generándole al pelirrojo un dolor similar al de un corte que le robó un gemido. La herida en su abdomen fue solo una cicatriz. Sakura sonrió orgullosa. ¿Por qué eres tan buena con esto? Se preguntó con profundo orgullo. Sasori leía la satisfacción en su rostro. Si su sonrisa había sido causada particularmente por el jadeo de dolor que le había robado, probablemente aquella mujer fuera algo sádica, o eso es lo que pensó. Y decidió que tal vez, sus heridas podía tratarlas…
-Creo que ya está –le oyó musitar- ¿estás bien?
-Sí –el pelirrojo desvió la mirada, sintiendo un extraño calor sobre su rostro. Sakura rió por lo bajo. Por supuesto que le había dolido…
En su descuido por girar el rostro descubrió algo –como si lo demás fuera poco- que le disgustó.
El costado izquierdo de su rostro se teñía lentamente en un espantoso morado, crecía desde su mandíbula peligrosamente hacia arriba, a pesar de que aún no había alcanzado la altura de su labio superior. Sakura se preguntó cómo es que se lo había hecho. Llevó su mano derecha hacia allí casi sin pensarlo, rozando cuidadosa con la yema de sus dedos su piel, su tersa piel. Sin embargo, y a pesar de su delicadeza, el contacto pareció disgustar a Sasori, quien ubicó su mano sobre la pequeña de la Haruno, y con cierta hosquedad la quitó de su rostro.
-¿Te duele?
Sakura tragó saliva.
-No, -masculló él con los ojos fijos en algún punto detrás de ella- está bien.
Siempre indiferente, soberbio y autosuficiente. Sakura sonrió. Probablemente el solo entreabrir los labios para respirar le generara un insoportable dolor en la mandíbula, mas no lo admitiría. A ella solo le generaba más ternura; y por eso insistió:
-Puedo aliviarlo.
Intentó volver a alzar la mano, él volvió a ejercer fuerza sobre su antebrazo. Forcejearon. Ella desistió.
-Te lo agradezco.
Sakura no pudo evitar pensar que tendría mucho más que agradecerle si le quitara aquel espantoso morado del rostro, sin embargo sonrió, y sus mejillas se tiñeron de un furioso escarlata.
-¿Qué cosa?
Él no respondió.
¿Se refería a las heridas? No pudo evitar sentir ternura. Le había ayudado aquella vez, y no dudaría en hacerlo una vez más. Le parecía que él… lo valía tanto. Le generaba una indescriptible curiosidad, una necesidad que no creía haber sentido jamás, un sentimiento de conformidad abrasador. Sentía que cada vez que lo veía había algo más que conocer, saber, y ella lo quería saber todo. ¿Tenían razones las malas decisiones que había tomado? Si era tan estúpidamente noble como se mostraba ¿por qué? ¿por qué Akatsuki? Por alguna razón, había decidido en secreto que deseaba ser ella quien le ayudara a trazar un nuevo futuro, a mostrarles a todos que… puede ser diferente. Él podía serlo. Pero nadie jamás lo habría visto a pesar de ser evidente; naturalmente, nadie ve el potencial de las personas, las esencias verdaderamente bondadosas. Ella creía haber visto algo así detrás de toda esa amargura y frialdad. Quería verlo… feliz.
-Todo.
Esa sola palabra le aceleró el corazón.
Ladeó la cabeza ligeramente, y le sonrió con inusual timidez. Él observó por una fracción de segundo la mano de ella afirmándose sobre su muslo, y la imperceptible inclinación de su anatomía hacia la de él. Sonrió, entre soberbio y dulce, Sakura no pudo decirlo. Y se observaron durante unos segundos. Creyó poder perderse en aquellos ojos miel, en la profundidad de él que jamás había explorado. Su mano, sus dedos, envolviendo su pálido antebrazo despedían un calor encantador. Pero no quiso bajar la mirada para apreciarlo; prefería solo mirarlo. Mirar sus ojos. Él parecía tan anonado como ella. Tenía los labios entreabiertos. Sakura creía poder percibir su aliento, cálido, rozar su rostro. Sus ojos jade viajaron velozmente hacia sus labios, con vergüenza los alejó; él pareció no notarlo. El pecho de la Haruno se comprimía con cada segundo, a medida que el deseo de disminuir, tan solo un poco, la distancia entre ambos crecía en su anatomía, como una desesperante corriente que le incitaba a acercarse. Solo un poco.
-Deberías… cuidarte un poco más.
-Lo sé.
Su réplica fue escueta, mas no creía que le molestaría a él. Estúpidamente perdida en su mirada fue todo lo que pudo pronunciar. Llegó a la conclusión de que podría pasar horas observándole de aquella manera; sin detenerse en su nariz, ni sus labios, ningún otro rasgo más que sus ojos. Solo eso. Jamás creyó sentirse tan cerca de Sasori, no física pero emocionalmente. Se sentía conectada a él por algo que… no estaba segura de cómo llamar. Deseaba que… él también lo sintiera.
Y tal vez si lo sintió.
O estuvo por hacerlo.
Porque en la intimidad que aquella situación proponía Sakura creyó comprenderlo, completamente. Y estaba casi segura de que él también comenzaba a descifrar cada rincón de su corazón. Todo única y simplemente a partir de la mirada del otro.
Pero aquello requería tranquilidad. El silencio en el que estaban sumidos. Y…
-¡Sasori no danna!
La intromisión fue tan brusca, que Sakura se hizo hacia atrás con brusquedad, espantada en un principio.
-¡Sasori no danna!
Y la atmósfera, de profunda tranquilidad, se perdió.
El rubio, inquieto, enfocaba la vista con dificultad, Sakura lo notó; agitó su mano para llamar su atención.
-¡Konoha! ¿Qué tal todo? -inquirió, exaltado- ¿Y las heridas de mi danna?
Se arrodillaba, exagerado, a un lado de ambos, y buscaba con desesperación la mano del pelirrojo cuando Sakura le dedicó una sonrisa tranquilizadora. Apretó con fervor los pálidos dedos de Sasori y los llevó hacia su pecho, con una clara dramatización de un orgullo y emoción que no sentía. Fingió quitarse una lágrima de la mejilla, y con la misma mano le dio una palmada en el rostro al Akasuna. Éste arqueó una ceja.
-¡Sabía que aún no morirías, danna!
La sola idea de que en algún momento lo hubiera considerado hizo que Sasori se sintiera irritado.
-También confiaba en ti, Konoha, ¡siempre supe que tú eras la única que podría curar a mi danna!
-A Sasori y a quien sea, Iwagakure.
Deidara sonrió, e inclinó ligeramente la cabeza, aceptándolo. La Haruno jamás se sintió tan halagada. Y el pelirrojo suspiró. Probablemente, de entre todas las personas que jamás había conocido, Deidara siempre era la más inoportuna. Por supuesto, Tobi le pisaba los talones. Solo hizo falta que entrara para que empezara a escupir estupideces. Le miró interrogante:
-¿Sucede algo, Deidara?
-Oh, bueno…
Inspiró profundamente.
-Tenemos… algunos problemas. Menores, por supuesto, pero necesitaba avisarles. Ya sabes, en caso de que los niños de Konoha me humillen en una pelea… Necesitan saberlo.
-Explícate –masculló el Akasuna, despeinándose ligeramente el cabello de la nuca- tu imprecisión me…
-Vienen… hacia aquí.
-¿Quiénes?
-Tus compañeros, Konoha.
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¿Reviews?
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Probablemente me detesten, lo sé. No lo hacen como yo misma, así que ténganme algo de compasión. Estas vacaciones estuve algo ocupada, sé que no es excusa pero tenía que decirlo, mi ordenador murió unas tres veces -desgracia, lo sé- y el progreso de esta historia lo perdí la misma cantidad de oportunidades. Tenía el capítulo 12 escrito para antes de Navidad. No lo creerán ¡pero juro que sí! Me sentía tan frustrada con el hecho de que ninguna de las veces que quise reescribirlo quedaba bien que llegué a negarme completamente. Sigo sin estar conforme. Sin embargo, no puedo tenerlos esperando mucho tiempo más. Lo siento mucho, de veras. Espero, sinceramente, que les agrade el capítulo y que, a pesar de no estar al nivel de los otros -mi perspectiva- puedan aceptarlo como parte de la historia y comprendan la importancia que tiene D:
Por otro lado, tengo que admitir que cada vez estoy más entusiasmada con el NaruSaku. Escribí uno hace poco, el cual también terminé, me preguntaba, ¿qué parejas les atraen para un futuro fic? Normalmente, trabajo mucho con Sakura, es mi personaje femenino preferido y la única, creo, que me atrae a la hora de escribir. ¿Parejas que aprueben con ella? :D ¿Cuántos de ustedes leerían... un NaruSaku?:3
Además de eso, no sé qué tanto tengo para decir. Prometo intentar esforzarme para actualizar más seguido, ¡realmente lamento mucho haberme tardado tanto! Siempre me disculpo pero... espero comprendan que soy sincera D:
Por favor, ¡DEJEN REVIEWS! Necesito saber cuántos de mis lectores recuerdan este SasoSaku...
¡GRACIAS POR LEER!
Muren: ¡Hola! Lamento mucho lo de tu pc, hemos afrontado lo mismo u.u También te deseé una feliz navidad cuando leí este review, es algo tarde para decirlo. Adoro también a Sasori, y ¡el hecho de que no puedan estar juntos es definitivamente la razón por la que los desee juntos tanto! Comparto tus sentimientos por Deidara, por supuesto. Cuidate! Ojalá hayas disfrutado el capítulo :D
ImaginaryTrouble: ¡Hola! Sé que es mucha espera, y no me imagino lo que has pensado este último tiempo, de verdad lo siento. Me gustaría poder actualizar más seguido, pero he estado teniendo tantos problemas con mi redacción e inspiración... Ojalá te alegres de ver este capítulo ya. Cuidate!
Denisse: Deidi pasión, por supuesto. Es definitivamente, un personaje del que leerás un fic, lo prometo. Hidan merece tu amor, ¡acéptalo! Tobi es bueno, lo sé. Ojalá lo hayas disfrutado, cariño.
Carlita: ¡Hola! Bueno, no sé si sentí pena por Naruto, definitivamente el no hacerle caso es algo que Sakura acostumbra, él tampoco lo sufre luego de tanto tiempo xD Espero que el capítulo te haya gustado. ¡Siento haberme tardado!
Sirone Aphrody: ¡Hola! Me alegra mucho que te guste el fic n.n Es bueno que hayas retomado, espero que aún sigas la historia. Deidara es por supuesto maravilloso, y Sasori simplemente encantador. Ojalá te haya gustado. ¡Nos leemos!
Xiime: ¡Hola! Me alegra que el capítulo te haya alegrado *-* de verdad. Gracias por comprender. Seguidores de Never Too Late siempre serán bienvenidos a los demás fics, así que... ¡te agradezco leer éste! Deidara definitivamente se ha ganado mi amor con esto último, espero también el tuyo. He aquí la continuación. ¡Dime qué opinas!
Ki: ¿Qué tal? :) Bueno, amé, definitivamente, tu dedicación para escribir una lista de lo que te gustaría ver en el fic. Responderé a cada punto. Comenzando por el principio; bueno, Sakura definitivamente siente una innegable atracción hacia Sasuke, es decir dios, ¿quién no? Lo reconoce como a un amigo, pero todos tenemos uno de aquellos que definitivamente hace que de vez en cuando fantaseemos. No prometo nada con lo de enamorarse él o no... Por supuesto, el punto tres también lo he pensado. Pero desencaja bastante con lo que he comenzado a escribir. ¡Tal vez en el próximo fic! Confórmate por favor con Deidara :) Supongo con lo siguiente, que no he hecho muy claro el vínculo de Tsunade y Sakura, prometo trabajar más con eso pronto. 6. ¿Hubo hoy suficiente SasoSaku?x3 Prometo más. Con respecto a ellos sospechando, sí, pero en el sigueinte capítulos Sakura y Deidara harán algo genial. Ya verás. Finalmente, sí. Tobi aparecerá más seguido para hacernos felices :D Me alegra que te guste el fic, y el resto de las parejas con las que he trabajado. PROMETO, definitivamente, un GaaSaku. Te agradezco mucho el que me hables sobre Never Too Late, aún siento que amo ese fic, y adoro escuchar de lectores que se sintieron cautivados por él *-* Gracias. Espero que te haya gustado este capítulo :D
nubechan: Espero, realmente, que te haya gustado :') Lamento mucho la tardanza. ¡Cuidate!
renadadas: ¿Hola? Ojalá éste capítulo te guste :D
