Todo por ti
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~ ¿Naruto?
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−Sakura…
Su nombre se oía como un lejano eco, suave y calmo, y, por alguna razón, no se atrevía a reconocerlo suyo; quería ignorar que alguien la llamaba. Acarició con cuidado la falda que llevaba puesta, quitando posibles arrugas con los delgados dedos, y al alzar la mirada se detuvo por unos segundos en el horizonte, donde el sol se escondía lentamente dando paso a una gama de violetas. Era un lindo atardecer. Por las tardes, luego del entrenamiento y la ayuda que ofrecía en el hospital, solía escapar un rato. Se sentaba en una banca de madera, rodeada de nada más que verde césped, y contaba segundos en las afueras de la aldea. No era nada interesante, pero era útil para descansar la mente según ella. El último tiempo tenía mucho en lo que pensar; y a veces se descubría tomando la decisión de ignorarlo todo, y mantener la mente en blanco. Y si bien pasarse el día haciendo cosas era la mejor manera de no pensar, luego descubría que pensar en él era una manera de liberarse. Y el único lugar en el que se sentía capaz de hacerlo sin ningún remordimiento era fuera de la aldea.
−Sakura…
Cerró los ojos.
−¿Me estás escuchando?
Acercándose un poco más, la silueta de quien la llamaba se acomodó a su lado, con intenciones de tomar asiento a su izquierda. Sakura giró lentamente el rostro, y forzó una sonrisa a su improvisado acompañante. Asintió con calma. Y, bajo la máscara, él sonrió.
−Por fin te encuentro.
−¿Me buscaba, Kakashi-sensei?
−Necesito hablar contigo.
¿Hablar con ella? Sakura tragó saliva. No veía por qué debía sentirse nerviosa, y sin embargo algo le generaba una extraña sensación en el estómago. Las piernas le temblaron. Deseó alejarse, correr. Pero ¿por qué? Nada indicaba que lo que él debía hablar con ella era malo ¿o si?
−Te he notado algo dispersa el último tiempo,−sentándose lentamente él ladeó la cabeza− ¿sucede algo?
La mirada de Kakashi es algo que toda su vida intimidó a Sakura. A pesar de que él mantiene parte de su rostro escondido debajo de la mascara, y solo uno de sus ojos es el que sigue los movimientos, Sakura jamás pudo dejar de pensar que él lo puede ver todo. Incluso en ese instante todo lo veía. Tiene una mirada sagaz, perspicaz, que solo cuando sonríe parece más amable. Y a ella parece poder leerla.
−¿Por qué cree que… sucedería algo?
Kakashi suspiró.
−No te distraes con facilidad. Sin embargo, los últimos días has dejado mucho que desear en nuestros entrenamientos…
¿Mucho que desear? Frunció ligeramente el ceño. ¡De verdad estaba esforzándose! El hecho de que por momentos pensara en cosas que no eran alusivas al entrenamiento no significaba en absoluto que no pudiera sostenerlo. Es más, podría jurar que no lo estaba haciendo mal.
−Supongo que debo trabajar más duro.
Al momento de replicar, procuró mantener la mirada lejos de la de su sensei. Ya de por sí era un tanto incómodo ser observada por Kakashi, y mantenerle la mirada debía de ser algo imposible. Le escuchó reír. Y frunció el ceño.
−Sakura… no respondes mi pregunta.
−¿Q-qué cosa?
−¿Está sucediéndote algo?
¿Qué si le sucedía algo? Bueno, por supuesto que le sucedían cosas. Kakashi sonaba como un ignorante. Ya debía él haber asimilado que su alumna tenía una vida a parte de su agotador entrenamiento, y sentimientos detrás de la fuerza sobrehumana. En ocasiones lloraba, y no era por dolor físico, y daba tantas vueltas a ciertos asuntos que la cabeza le dolía otras veces. Ella era una mujer normal. ¿De verdad él lo ignoraba? Desde el principio Sakura tenía deseos, sueños, preocupaciones. Se preguntaba si él lo había notado alguna vez.
−Hace mucho que no te noto tan abatida, y eso llama mi atención.
Entonces no era tan buena fingiendo. No estaba segura de si se encontraba precisamente abatida, pero sin duda alguna sí estaba frustrada y más pensativa que de costumbre. ¡Como si fuera para menos! El rostro de Sasori la atormentaba, no particularmente por ser él -y es que soñarlo era adorable-, sino porque el temor de que alguien descubriera lo sucedido la abrumaba. Descubrir, también, la razón por la que ella misma sentía tal interés hacia él era otra cosa que la inquietaba. Demasiado para mantener la mente fría. Era natural que los demás comenzaran a notarlo.
−La última vez ha de haber sido cuando… insistías con Sasuke. O antes tal vez.
Sakura frunció el ceño.
Bueno, para ser sincera, no quería escuchar la visión de Kakashi sobre su miserable vida. Es decir, sabía que Sasuke jamás se había fijado en ella y que algunos consideraban sumamente patético que ella siempre estuviera retorciéndose por él, pero no quería oírlo abandonar los labios de su maestro. ¿Era para él también patética? Bueno, dudaba que no fuera así. A veces se preguntaba por qué es que se comportó como una estúpida por tanto tiempo. Dejando que todos la consideraran una ilusa y que el Uchiha la ignorara como si su existencia fuera de lo más irrelevante e insignificante dentro de su vida. Debió haber notado que no tenía oportunidad antes. Sin embargo, ahora, ¿por qué es que creía que él era más cercano que nunca? La duda siempre atravesaba su mente. Y la confundía. Pero daba igual. En otra ocasión se habría escandalizado, habiendo comprendido finalmente que Sasuke parecía hasta preocuparse por ella, sin embargo… no era así entonces. ¿Es que finalmente tenía los ojos jade ubicados en otro lugar? No quiso aceptarlo.
−¿Te he dicho que estoy orgulloso de ti?
Oírlo hizo que diera un suave brinco en su lugar. ¿Orgulloso había dicho? El pecho se le infló de una sensación de regocijo y emoción, algo nunca antes experimentado. Las palabras en los labios del Hatake la hacían sentir extraña. ¿Era acaso que nunca antes se las había dicho? Tal vez. Siempre quiso oírlo. Creía que él solo estaba orgulloso de sus dos diamantes en bruto, Naruto y Sasuke, quienes podían derribar un árbol con una patada incluso antes de estar bajo su tutela. Ella siempre estuvo unos cuántos pasos detrás. Y… jamás creyó que él le reconocería el esfuerzo y… el trabajo duro. Solo pensar que él finalmente lo notaba le aceleraba el corazón.
−¿D-de verdad?
−Claro que sí. Has… crecido mucho.
Un suave suspiro se oyó. Y el viento agitó los mechones rosados. Sakura observó de reojo a su profesor, quien ahora no la miraba.
−Eres una gran kunoichi ahora. Tsunade-sama te ha convertido en una excelente nin-médico, y parece que finalmente has encontrado la forma de que todos te… reconozcan, Sakura.
Tal vez sí. Le dolía pensar que su éxito no había sido basado en el trabajo del Hatake, que no había sido él quien la pulió, pero el saber que ella era fuerte para él bastaba. No es como si necesitara que alguien se lo reconociera, creía saberlo, tanto trabajo había dado frutos y fue durante cada misión que comprendió que no era la misma Sakura que había entrado en el equipo 7 con nada de experiencia y un corazón enamoradizo y vulnerable. Pero aquello era algo que había quedado pendiente, saber que él se enorgullecía de ella. Siempre quiso oírlo. Y un poco tarde él lo dijo. Pero así estaba bien. Sakura no podía sentirse más conforme.
−G-gracias, Kakashi-sensei.
−Sabes que ya no soy tu maestro ¿verdad? Es abrumador pero tú y los otros dos ya… pueden ser líderes de escuadrón y… todo lo que eso implica.
Él sonaba tan relajado y resignado…
Sakura se sentía tan extraña…
−¿Estás lista para eso, Sakura?
Para eso y más.
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−Tengo hambre.
−Eres peor que un niño.
−Solo cállate y pásame una manzana, hum.
−Ve por ella.
−Podrías ser un poco más considerado y dármela, si.
−Estamos a la misma distancia.
−Eres tan irritante, Sasori.
−¿Qué hay de ti?
El rubio suspiró.
El pelirrojo y él se encontraban echados, uno junto al otro, en el césped. De entre todas aquellas cosas extrañas que solo ellos hacían, la última que habían ejecutado era la que más energía consumía. Sasori se divertía peleando con Deidara. Y el de ojos azules se divertía enseñándole que no era tan superior como decía ser. A pesar de que no siempre lo conseguía. El viento acariciaba ambos rostros, las respiraciones eran agitadas, y ambos pechos subían y bajaban rítmicamente. Deidara se quitó el cabello del rostro. Rió.
−¿Cuándo dejaremos de hacer estas cosas?
−Yo no quise que peleáramos.
−Pero reaccionaste tan pronto como me acerqué, si.
−Porque sé que te gusta fingir que puedes conmigo.
−¡Sí que puedo, hum! Es solo que tú…−calló, buscando las palabras para continuar: −Las marionetas son un juego sucio. Juegas sucio Sasori.
−Es una pena que me haya amaestrado para ser un tramposo.
−¡Lo admites!
−Lo creas o no un ninja puede con múltiples ataques como los de mis marionetas y, el mío, es un jutsu−replicó él con suma seriedad.
−Tsk. Tramposo.
El sol ya se escondía, y la fresca brisa le recordaba a Sasori que pronto deberían volver. Sentía un extraño contento. No estaba seguro de si era porque nuevamente Deidara había gritado con desesperación que no le quebrara el brazo porque le era muy necesario, o si en realidad tenía que ver con algo sucedido mucho antes. Supuso que había sucedido antes. Después de todo, aquella mañana, no había dejado que los comentarios de Hidan lo irritaran, y había hecho caso omiso al griterío de Tobi, defendiéndolo incluso cuando la guadaña del de cabello gris había casi rozado la anaranjada máscara. Normalmente no se entrometía en ese tipo de situaciones, pero lo había hecho. ¿Existían razones? Bueno no tenía idea, simplemente lo había hecho. Tal vez estaba de buen humor. La incógnita era qué había generado ese buen humor.
−Mañana por la mañana Pein quiere que nos reunamos.
−¿De verdad?
−Hoy me lo ha dicho Hidan. Fue extraño ¿sabes? Lo dijo entre murmullos e histérico, como si temiera que alguien lo escuchara a parte de nosotros…
−¿Murmullos dices?
De reojo observó a Deidara.
−Claro. En… en el común.
−¿Por qué murmuraría en el común?
En aquel preciso instante, Sasori sintió algo extraño removerse en su anatomía, una idea cruzar su mente con una velocidad inexplicable, generándole una inquietud indescriptible.
No hay nadie que no deba escuchar cosas como esa en el común. Después de todo, quienes visitan el común pertenecen a Akatsuki, ¿no? Entonces… Algún miembro de la organización no debía oírlo, concluyó. Y él… él sabía quien era el que no debía enterarse de la reunión del jefe.
Lentamente se incorporó.
−Mañana por la mañana no estaré aquí. ¿De acuerdo?
−¿Qué?
El rubio frunció el ceño, ahora girando el rostro hacia su compañero. Ya de por sí estaba un tanto aturdido por la pelea en la que había dejado nuevamente la vida, las palabras de Sasori solo duplicaron el efecto. ¿Por qué no estaría? ¿No estaba diciéndole que tendrían que reunirse? Algo estaba mal en la cabeza de ese pelirrojo.
−Pein quiere que nos reunamos, ¿acaso no oíste?
Su confusión aumentó cuando notó que ya completamente erguido Sasori se acomodaba la capa negra, y sacudía su cabello de forma enigmática, sin siquiera dirigirle una mirada. Sentándose en el césped le observó de soslayo.
−Sasori no danna…
−Creo que Pein no quiere que me presente a esta reunión.
−¿Qué?
−¿Por qué crees que te lo dijeron en un murmullo?
Deidara rió. Se puso de pie lentamente y se quitó los restos de césped de las prendas, acariciando con cuidado luego la coleta de cabello rubio. Bostezó, una o dos veces, estirándose, bajo la mirada impasible de Sasori. Estiró los largos dedos, tronándolos, y luego de haberse tomado su tiempo en arreglar su apariencia, volvió a mirarlo.
−¿Por qué crees que eres tú quien no debe saberlo?
−¿Por qué nadie me ha informado aún?
−Creo que el asunto es que…
El rubio comenzó a caminar, dándole la espalda, el pelirrojo le escuchó soltar otra risa, misteriosa, generándole el extraño deseo de partirle la cara con los nudillos. Al girarse él nuevamente, Sasori apretó el puño.
−No tienes la consciencia limpia, danna.
Sasori se preguntó qué era lo que estaba mal con su consciencia. Después de todo, no recordaba haber hecho nada en contra del adorable Pein, quien siempre sonreía y se comportaba como un buen padre con todos… Casi sonríe el pensarlo. ¿Quién no lo traicionaría? Él no lo había hecho pero… sí, Pein era un desgraciado.
Notó que el rubio se ponía de cuclillas y tomaba del suelo una tela blanca, que escondía dentro una manzana roja. Dos. Se llevó la que tomaba entre los dedos a los labios, mordiéndola con poca fineza. Le miró antes de volver a hablar:
−¿Hoy la verás?
No tuvo que siquiera pensarlo. Sabía de quien hablaba. De hecho sabía que Deidara moría por hacerle aquella pregunta desde que despertaron, porque el rubio sabía que era solo los miércoles que él se atrevía a escapar. Y era miércoles. La semana anterior había intentado hacerlo, pero había tantos shinobi sueltos que todo pareció una misión suicida entonces.
−Tal vez tenga menos inconvenientes.
−¿No puedes con los fracasados de Konoha?
La sonrisa en los delgados labios se ensanchó, Deidara se puso de pie y le observó altanero. De ninguna manera eso demostraba que Deidara era más talentoso, pero Sasori temía partirle el corazón diciéndoselo una vez más. El rubio esperó atento una respuesta… bufó.
−Solo márchate ¿quieres?−hizo un suave gesto con la diestra− Sé que no vas a dejar que lo que diga te moleste así que…−le observó indignado− retírate.
El pelirrojo sonrió.
−Nos vemos después.
Sin mucho más, Sasori comenzó a caminar, justo en dirección opuesta al ocaso. Deidara suspiró, con los ojos fijos en la espalda de su compañero. Él siempre lo meditaba todo. Era tan estúpidamente inteligente, calculador y astuto que… parecía no haber nada en lo que pudiera fallar. Sin embargo, el rubio tenía una vaga idea de que comenzaba a ser descuidado. Y aquello… le preocupaba. Los detalles jamás deben descuidarse, personas como él y Sasori debían siempre tenerlo en cuenta. Después de todo, él lo había aprendido del pelirrojo.
¿Qué es lo que te sucede, danna?
−¿Qué se supone que le diga a Pein?−inquirió apresurado en un tono más elevado.
−No debes encubrirme.
−¿Cómo sobrevivirías si no lo hiciera?−sonrió Deidara inevitablemente− Mejor olvídalo. Yo inventaré algo.
−¿Puedo confiar en ti?
−¿Cuándo no?
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Observó atenta el cielo, ensimismada, como si por alguna razón intentara entonces ser ajena a todo lo que estaba sucediendo. La noche se abría paso por el firmamento, y la calidez de la tarde se extinguía dejando en su lugar una abrumadora sensación de soledad. No había una sola estrella en la que Sakura pudiera fijarse, lo cual solo aumentaba aquel sentimiento de oscuridad y abandono. Suspiró. En el camino a casa rara vez se encontraban las calles tan vacías, y no tuvo idea de por qué era así entonces, solo tuvo que aceptarlo, y se abrazó a sí misma con un suave temblor, causa de la fría brisa que corría. Se concentró en el sonido hueco de sus pasos sobre la calle, como único recurso para aislarse del silencio que dominaba, y dirigió su mirada al frente, ansiosa por alcanzar su hogar. Podía ya distinguir la puerta de la pequeña casa de dos pisos. Apresuró paulatinamente el paso, pudiendo casi percibir la calidez de su habitación, imaginando el posible baño que tomaría e intentando convencerse de que habría algo que comer allí dentro…
No recordaba las tardes tan frías.
Una segunda vez el viento sopló, justo a su espalda, llevando los cabellos rosados al frente, enredándolos, y ella se abrazó con mayor ímpetu.
Alcanzó apresurada su puerta, buscó la llave con torpeza. Justo cuando la tocó con su hombro, con la única intención de hacerla hacia atrás para ingresar, fue que se detuvo. Creyó oír un sonido extraño, a pesar de que no estaba segura. Sin esperar a comprobarlo se adentró en su hogar. Y en el instante en el que se giraba para cerrar la puerta desde adentro sintió un suave murmullo en su nuca, como un suspiro, una casi imperceptible exhalación.
Una figura se acomodó justo detrás de ella, dejándola inmóvil entre su anatomía y la puerta, antes de que pudiera asimilarlo. Notó sin siquiera voltearse que ella era un tanto más pequeña. Tembló, conteniendo la respiración. Y un aroma embriagador se impregnó en su nariz, confundiéndola, y deteniendo todo plan de escape. Tenía ambas manos pegadas a la puerta, plegadas, y aquellos dos brazos que se encontraban a cada lado de su rostro…
−Yo…
El color de las prendas acabó con todo temor. Naranjas. Casi sonríe, de no ser porque se sintió abrumada por no haber reconocido el familiar aroma. Pestañeó descartando la idea, y luego giró lentamente, encarando a su visita. Aún atrapada entre la anatomía de él y la puerta arqueó una ceja.
−¿Se te ofrece algo?
Naruto se mantuvo estático. Los labios ligeramente curvados. Tenía el cabello alborotado, rubio, como siempre, y las prendas más ordenadas que de costumbre; pensó que felicitarlo sería descortés. Lucía tan fresco y relajado, que Sakura se cuestionó su actuar misterioso. La miraba con los ojos vivaces y… cafés. Solo de notarlo se mostró sorprendida, generándole a él un extraño deleite.
−Ingenioso ¿no crees?
Inevitablemente sonrió. Bastante.
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¿Reviews?
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¡Hola! Bueno, nuevamente lamento mucho haberme tardado tanto tiempo. Supongo que no voy a poder mejorar este asunto, realmente estoy teniendo mucho problemas para organizarme y mi tiempo libre es cada vez más escaso. De una u otra forma, quiero que tengan en cuenta que no pienso dejar este fic y que, en el caso de hacerlo, lo informaría y no lo haría así como así.
Con respecto al capítulo, estoy no muy conforme pero algo. Quería algo más largo pero no estuve muy inspirada. Espero que lo comprendan.
¡GRACIAS POR HABER LEÍDO!
Denisse: ¡Hola! Me alegra que te haya hecho reír. No respondí explícitamente a tu pregunta, pero... ya sabrás. ¿Cumplí con tus expectativas? Es el mío, pf. Ojalá te haya gustado éste también.
Tsuki: Me alegra mucho que te haya gustado el capítulo. A decir verdad, creo que han tenido mucha suerte. Por otro lado, no sé si el final fue suficiente pero... ya sabrás decirme. Sí, Itasaku, eso has leído xD Espero que te haya gustado este capítulo.
Ki: Sé que me estoy tomando mucho tiempo, pero me alegra que te guste así xD Supongo que esta "independencia" no puede darse así como así, pero prometo que habrá algo. Por otro lado, estoy casi segura de que amarás el siguiente capítulo. ¡Nos leemos!
Dreams: ¡Hola! Supongo que sí, Deidara ha nacido para molestar al resto. Lamento haberme demorado tanto. Espero aún así que estés conforme. Cuidate :)
