Todo por ti

.

.

.

~ Caramelo ~

.

.

.

Sakura se mantenía en silencio.

Él la observaba, no aburrido, no interesado.

De hecho, no tenía idea de cómo es que la observaba, ella solo seguía los ojos mieles pendientes de sus movimientos, imperceptibles pero presentes. La atención de él la ponía nerviosa, y sin embargo le encantaba. Notó que Sasori suspiraba, desviando por unos segundos la mirada. Se sintió incómoda. Y el ceño se le frunció.

−Si no quieres esperar, podrías…

−¿Dije yo que no quería?−la interrumpió.

Sentado sobre la mesa de la cocina echó ligeramente los brazos para atrás, para sostenerse con mayor firmeza.

Sakura bufó. Él mantuvo la ceja arqueada.

Los delgados brazos de ella se movieron con mayor velocidad, tomando el utensilio con el triple de la fuerza necesaria. Sasori notaba sus nudillos blancos, su expresión casi frustrada, y la lengua, rosada –como toda ella-, asomándose tímidamente por entre sus labios. Sonrió suavemente.

−No se me ocurrió jamás que cocinar requeriría de tanta concentración−se atrevió a soltar con burla.

Sakura se detuvo. Hizo una mueca de desagrado, procurando no voltearse para insultarlo, y reanudó con mucha más tranquilidad la acción de preparar su cena. Bueno, sí, para ella era necesario hacerlo con cuidado, y es por eso que momentáneamente dejaba su lengua asomarse en un inocente hábito, o que no se daba el lujo de mirarlo o distraerse con algo más. Si tan sencillo era según el pelirrojo, entonces que él lo hiciera.

−Cállate.

Lo miró de reojo, por una fracción de segundo, y él soltó otra risa irónica. Se sentía perdido en el tiempo, años antes, mucho antes, sentado en la mesada de la cocina de la abuela Chiyo, la misma cocinando y él estorbando, solo porque sí.

Chiyo siempre fue una anciana algo obstinada, con claro corazón maternal, pero un gusto innegable por la tradición y las cosas monótonas. Por eso cocinaba paso a paso, procurando hacerlo todo como la receta decía, y sin siquiera atreverse a improvisar, en lo que fuera. A Sasori le parecía fastidioso, pero estaba acostumbrado. Sakura le recordaba a ella en el arte de la cocina.

−No eres buena en esto ¿verdad?

Aquello era demasiado estructurado como para ser natural, sin embargo le pareció dulce su esfuerzo.

Los hombros de Sakura se tensaron. Sasori lo tomó como una respuesta; movió las piernas de adelante hacia atrás, en un suave vaivén, como cuando era niño y los pies le quedaban a metros del suelo desde su infantil perspectiva. Le abuela Chiyo habría tomado sus pies de estar ahí… Sonrió con nostalgia.

−¿Q-quién dijo que no?−respondió Sakura a la defensiva.

Podía percibir el sabor picante de la mentira arriesgada en su lengua.

−Es solo una impresión…

−Pues no deberías guiarte por las apariencias−soltó, obstinada. –Tampoco hablar sin pensar.

−¿Crees que hablo sin pensar?

Sakura se mordió la lengua. Sasori la escrutaba con la mirada.

−A veces.

−¿A veces?−insistió el pelirrojo.

Mirándolo por sobre su hombro, durante una fracción de segundo y sin dejar a un lado su tarea, asintió, con la expresión más neutra que pudo dibujar. Creyó que lo intimidaría, que él asentiría y se cuestionaría cómo debía modificar su actuar; sin embargo, volvió a oírlo reír. Esas risas cortas, entre dientes, que apenas suenan como una exhalación y la hacen pensar en Sasuke, que siempre parece soltarlas como una burla hacia ella.

Sasori reía como él.

−Intentaré ser más cuidadoso−soltó rápidamente, sorprendiendo a la Haruno. –Se me parte el alma solo de imaginar que despierto tu odio, Sakura.

Estuvo a punto de creer que hablaba de verdad –lo cual ya de por sí la sorprendía- y casi hizo ademan de disculparse o decirle que no era necesario. Luego vio la ironía tallada en su rostro y volvió a apretar el utensilio como si la vida le fuera en ello. Nudillos blancos.

¿Por qué los hombres eran tan estúpidos?

Con filosos ojos jades lo observó, y orgullosamente desvió la mirada, moviendo el cabello con el marcado y decidido movimiento.

Sasori apreció atento la forma en la que las hebras rosadas cambiaban de lugar, alzándose por unos segundos y cayendo sobre el hombro pálido de ella…

Echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos momentáneamente.

−No tienes que ser tan susceptible.

Y tenía incluso el descaro de llamarla susceptible.

El ceño de la Haruno se frunció.

Los nudillos más blancos. Los labios apretados.

El reloj marcó las ocho.

−¿Susceptible, dices?

Más rápido que cualquier otro imbécil, Sasori la sacaba de quicio. No comprendía por qué, siendo tan calmo y relajado, con aquella apariencia tan fina, podía llegar a ser tan maleducado y hosco, prepotente. Idiota. Bastaba con que le agradeciera su buena predisposición, y no interfiriera en su trabajo. Quería preparar algo para que pudieran compartir, pero él… Sasori…

Chasqueó la lengua.

−¿Te molestaste?

De entre todas las cosas que podría haber dicho para romper el hielo, otra idiotez. Sakura no se volteó para repetirle que era un idiota con la mirada.

Luego de una vaga exhalación, el pelirrojo se bajó de la mesa.

No tenía idea de por qué ella se ofendía ante un comentario tan inocente, pero tampoco es como si al hablar hubiera tenido en cuenta que las mujeres resuelven asuntos como un orgullo herido de manera diferente que los hombres. Si Deidara oía de su parte que su jutsu era una porquería, lo más probable era que lo buscara y le partiera la cara a patadas, o que sencillamente lo hiciera explotar lentamente, víctima de pequeñas arañas de arcilla. Por otro lado, sospechaba que Sakura no lo buscaría y… le desgarraría el cuerpo con su fuerza de fenómeno, probablemente tuviera ideas mejores. Ideas que implicaban cierta extorsión, esas ideas retorcidas que solo tienen las mujeres que siempre hacen doblegar la mentalidad inocente de los hombres. Era inexplicable lo dominado que se sentía por el otro género. Tal vez por el hecho de que Chiyo siempre fue una anciana seria y particularmente ruda…

Avanzó hacia ella lentamente. Pisó con la punta de los pies, probablemente temeroso de que el suelo debajo se quebrara repentinamente, e intentó encontrar su rostro antes de acercarse definitivamente, tan solo para comprobar que la mueca no era de profundo enfado o furia, la suficiente para realmente voltearse y hundirle los nudillos en el rostro. No tenía ni el ceño fruncido. Sin embargo sus nudillos seguían blancos.

−Si me lo preguntas,−le dijo una vez que pudo alcanzarla, rostro asomándose cuidadosamente por sobre el delicado hombro− velocidad no implica eficiencia.

De solo sentirlo cerca, Sakura se tensó. Cuello y brazos tiesos. Lo miró de reojo, y comprobó la situación al encontrarse con su rostro. La casi imperceptible exhalación de él sobre su hombro hizo correr una extraña corriente eléctrica por su cuerpo, el impulso de alejarse. Se contuvo. Quieta.

−Es una lástima que no te haya preguntado.

Sasori observó como ella desviaba la mirada. Ni un centímetro se alejó. Supo que estaba intrigada cuando continuó:

−Y, de una u otra forma, ¿por qué lo dices?

Lo volvió a mirar de reojo. El pelirrojo intentó disimular la gracia que le hacía ella en curioso enojo. Con la diestra recorrió la longitud del pálido antebrazo procurando solo rozarla con la yema de los dedos, y alcanzó con maravillosa delicadeza la muñeca de ella, la cual rodeó con sus dedos, largos. Sakura creyó sentirse inquieta. Él demasiado cómodo.

−Lo digo porque…−en la pausa ejerció algo de inofensiva fuerza, deteniendo el movimiento no tan histérico de ella con el utensilio a causa del nerviosismo− no te va a dar un buen resultado batir como una salvaje.

Se mordió la lengua al comprender que ella volvería a ofenderse, y no era muy ventajosa la posición en la que se encontraba. Un codazo bastaba para que le quebrara una o dos costillas, podía bien dejarlo pegado a la pared si quería. Tarde para comprender que Sakura era más peligrosa que una mujer normal.

Fingió a pesar de todo no titubear. Y marcó una nueva velocidad en el movimiento de ella. Sudó frío por el terror que le generaba su silencio.

−Entonces…−la oyó decir− ¿ahora también vas a enseñarme a cocinar?

La ceja ligeramente arqueada. Haruno sin embargo se dejó hacer.

−Fui criado por una mujer, Sakura−le recordó lentamente. Otra risa similar a la de Sasuke. –Que sepa de cosas como ésta no debería sorprenderte.

−Y sin embargo todos los hombres tienen una madre−la pelirrosada observó atentamente el movimiento circular que realizaba su mano. Los dedos de Sasori…

−Las abuelas son especiales.

El recuerdo de Chiyo volvió a su mente.

Cierto−musitó. –No voy a negarte entonces que siento curiosidad. Con tanta habilidad para estas cosas, ¿por qué te conformas con frutas y demás? Tengo entendido que después de todo ustedes no tienen una alimentación demasiado digna.

El pelirrojo no pudo evitar pensar que él mismo se dejó en evidencia cuando, al ella despertar, pobremente, le ofreció una manzana. Y luego le pidió que los acompañara a él y a Deidara por… frutas y todo menos algo de carne. Podía excusarse con que eran vegetarianos pero… por favor, Deidara no podía ser vegetariano.

−Supongo que es la costumbre−soltó rápidamente.

−Tal vez−los ojos vivaces de ella lo siguieron, divertidos, y él intentó disimular la incomodidad que le provocaba.

Una vez que Sakura hubo captado que él se encontraba igual de incómodo que ella, o algo por el estilo siendo que desviaba por poco asustado la mirada, se sintió mucho más relajada. Las comisuras de los labios se le alzaron, inevitablemente, mientras mantenía los ojos en la mano de él.

Se percató horrorizada, por segunda vez, de la suave respiración de él, intentando torpemente contener la propia. La escasa distancia entre ambos, tan repentina e inusual, le erizaba inevitablemente la piel. Pestañeó, comprendiendo que si justo en aquel instante comenzaba a temblar él se percataría de ello. No iba a permitírselo.

Sasori estaba más concentrado en recordar las cosas que hacía Chiyo en la cocina que en las reacciones de ella… Fue incapaz aún así de no sentirse embriagado por el siempre encantador aroma de ella. Sospechaba que incluso después de los entrenamientos, luego de las peleas, lo que fuese, Sakura seguía oliendo fresco y dulce. En silencio admitió que era una de las cosas que más le gustaba de ella. También tenía una bonita piel, recordó cuando sus dedos resbalaron tan solo un poco más hacia debajo por la muñeca de ella.

El sonrojo de ella se incrementó. Las orejas le ardían.

Sakura agradeció una infinidad de veces que él hubiera vuelto a su forma… real. Es decir, imaginarse a Naruto en la misma situación la ponía incómoda –si es que podía estarlo incluso más- e… histérica. No tenía intenciones de mezclar sentimientos así con Naruto. Pensó en Sasori tomando la forma de Sasuke… ¡de ninguna forma! Además, Sasuke…

Frunció el ceño. No quería pensar en Sasuke.

Por alguna razón, cada vez que recordaba al Uchiha, la presencia de Sasori tenía un sabor amargo. No solo la de Sasori, la sola mención de Deidara se oía espantosa a decir verdad. Pensó en Itachi. La ponía nerviosa la posibilidad de que Sasuke supiera que ella sabía dónde y con quién estaba Itachi, concluyó tiempo después. Él… no la perdonaría. Nunca. Y, sin embargo, ella… no estaba traicionándolo ¡de verdad!

La palabra traición le recordaba más a Naruto, y pesaba más que el plomo.

−¿Te…pasó algo la semana pasada?−inquirió con fingido desinterés.

Al pelirrojo le tomó unos segundos comprenderlo. Casi sin poder contenerse, volvió a reír, una milésima de segundo. La presión sobre la pequeña mano de la Haruno desapareció, y se alejó uno o dos pasos, tan solo para acomodarse a su lado, ligeramente apoyado en la mesada donde ella hacía su intento con la cocina. La miró de soslayo antes de responder:

−Entonces sí me extrañaste.

Ella apretó los labios para no soltar un insulto. Y él volvió a reír. Irritante.

−¿Sucede algo con Konoha?−inquirió antes de que la pelirrosada pudiera realmente decirle algo de lo que se arrepentiría.

Sakura sintió curiosidad. ¿Qué sucedería con su aldea? Y ¿por qué haría esa pregunta? Se giró suavemente para observarlo con ojos inquisitivos.

−La última vez que me acerqué a Konoha tuve un contratiempo. Escuadrones de shinobi estaban dispersos por todo el lugar. No había ANBU, pero eso no hace mucho más sencillas las cosas, Sakura.

−¿Shinobi, dices?

Frunció el ceño. No estaba enterada de ningún movimiento que implicara tantos escuadrones como él decía por parte de Tsunade. Es más, ignoraba cualquier tipo de amenaza que la llevara a tomar esas medidas. Se preguntó si Sasori habría alucinado todo aquello. Imposible.

−No eran un número reducido porque, de serlo, sabrás, no me habría echado hacia atrás.

Le creía. Sin embargo, ¿por qué escuadrones alrededor de la aldea? La idea atravesó su mente durante una fracción de segundo. Dejó a un lado todo trabajo. ¿Podría ser que…?

−Sasori, ¿crees que…?

−¿Está asociado conmigo?−la interrumpió sin más. –Eso es ser algo paranoicos−Sasori negó lentamente con la cabeza.

−Sin embargo…

−No soy yo, Sakura. Pero debo admitirte que me genera curiosidad qué clase de amenaza obliga a tu Hokage a desperdiciar fuerzas shinobi en formaciones a las afueras de la aldea−cejas ligeramente arqueadas.

−No me he enterado de nada aún.

−¿Crees que quieran atacar Konoha?−observó de reojo lo que Sakura dejó a medio preparar. −¿O es la Godaime tan paranoica como su alumna?

La ojijade gruñó. Él sonrió con sorna.

−A decir verdad, no lo sé. Las últimas semanas nada raro ha pasado. Estuve en el hospital, la oficina de Tsunade-sama, con Kakashi-sensei… pero no noté nada extraño.

−El número de hoy está reducido por lo menos en una cuarta parte de la última vez, a menos que algunos hayan escondido su chakra esta vez−le informó lentamente.

Sakura intentó mantenerle la mirada. Sasori volvía a ser completamente serio a la hora de hablar. Racional, cauto. ¿Por qué le hablaba de los ninja alrededor de la aldea? ¿Intentaba alertarla de algo? ¿O era un comentario casual? ¿Esperaba que ella se inquietara incluso siendo aquello nada? Comprender al pelirrojo era lo más difícil que jamás se había propuesto.

−¿Debería preocuparme por todo esto?

Él se encogió de hombros.

−¿Intentas… decirme algo en especial?

Se sentía incómoda. Unió lentamente sus manos, entrelazando los dedos entre sí; sus ojos fijos en los de Sasori. La mirada de él aburrida e indiferente.

−¿Crees que quiero decirte algo?−replicó con otra pregunta.

Ella bufó. Bueno, por un instante, pensó que… tal vez… Él estaba al tanto de algo que ignoraba. La posibilidad estaba, sin embargo, si él lo negaba, entonces de una u otra forma tendría que encarar a Tsunade. Sentía curiosidad luego de él habérselo informado… ¿Sucedería algo importante realmente? ¿Estaba acaso alguien ocultándoselo?

−No…−musitó insegura− olvídalo.

Él le mantuvo la mirada.

−¿Debería ayudarte con eso?

La misma sonrisa socarrona. Sakura observó fijamente por unos instantes su trabajo en la cocina, él la imitó. Cuando ella volvió a mirarlo, sonrió.

Sasori era agradable.

Antes de que su mente comenzara a darle más vueltas a lo dicho por el Akasuna, Sakura se permitió distraerse con el casi pacífico dominio que tenía él sobre la cocina. Volvió a indicarle cómo batir, y la ayudó atento en cada paso. Se encontraba más que sorprendida. Si bien ella no era un absoluto desastre, así la hizo ver el pelirrojo. A lo largo de todo el proceso, el contacto físico fue algo de lo que simplemente no huyeron –Sakura no admitiría que ella lo buscaba. Y entre miradas, a veces burlonas, a veces intensas, consiguieron algo como un buen resultado.

En la espera por que lo preparado terminara de cocinarse, él volvió a apoyarse ligeramente sobre la mesa, la pelirrosa lo siguió, acomodándose justo frente a él. La miraba de soslayo…

−Si esperas que te agradezca, no voy a hacerlo−soltó Sakura con aire pícaro, la cabeza ligeramente inclinada y las mejillas ardiendo.

A él le pareció secretamente tierno.

−Sospechaba que no lo harías…

−E igual me ayudaste−remarcó ella. –Parece que tu bondad no tiene límites−bromeó; él arqueó una ceja antes de reír bajo.

−Parece que utilizas ese tono irónico más de lo que creí, Sakura.

−¿Y te molesta?−inquiriódivertida, tan solo inclinándose ligeramente hacia él.

Sasori pareció pensárselo. La miró fijamente, y luego medio frunció el ceño confundido, desviando la mirada. Sakura arqueó ambas cejas. ¿Le molestaba? Cuando volvió a mirarla, socarrón, supo la respuesta.

−Creo que no. Pero podría llegar a cambiar de opinión−agregó.

−¿De verdad?−batió las pestañas un poco.

Sasori suspiró antes de salirse grácilmente de la sutil manera que había tenido ella de acorralarlo entre la mesa y ella misma, sus preguntas y la proximidad física.

Con cierta duda se salió de la cocina, siguiendo el mismo camino que ella le había enseñado desde el umbral de la puerta de entrada hasta la misma. En medio había una pequeña sala de estar, igual de cálida y alegre que la Haruno, con un aire un tanto más viejo y tradicional que ella, tal vez. Notó que lo seguía curiosa. Se detuvo, examinando con la mirada el lugar, el aparentemente cómodo sofá y la mesa ratona la frente, los muebles repletos de fotografías… Dando unos pasos se aproximó al sofá, la miró atento al hacer ademan de sentarse.

−¿Te molesta…?−inquirió, medio inclinado, medio erguido.

−Para nada−Sakura lo miró alegre.

Al sentarse, otro suspiro abandonó sus labios. La de cabellos rosados solo esperaba, como si observarlo se hubiese convertido repentinamente en algo increíblemente interesante. El Akasuna carraspeó.

−Puedes acompañarme−le recordó arqueando ligeramente ambas cejas.

−Oh−musitó simplemente, apresurándose a sentarse a su lado.

Por unos instantes se mantuvieron en silencio.

No supo cuando es que la confianza aumentó entre ambos, de hecho le parecía que aún la misma era escasa, sin embargo creyó sentir lo contrario cuando ella cambió de posición, echando delicadamente su cabeza sobre las piernas del Akasuna, sus ojos jades fijos en el techo. Sasori se sintió extraño mas no incómodo. ¿Por qué? La miró atentamente. Parecía tan ensimismada y cómoda, como si a la hora de acercarse ni siquiera se le hubiera ocurrido dudar por la relación tan bien establecida.

Ignoraba por supuesto Sasori los latidos apresurados de su pequeño corazón. Sakura temió que fuera a alejarse… No lo hizo. Estúpidamente nervioso, intentó no mirarla, con temor tal vez de parecer intimidante o algo por el estilo.

Por momentos, la de cabellos rosados se removía, y el sentía una presión insoportable en la boca del estómago. Por momentos no respiraba, temiendo que el movimiento de su abdomen fuera a resultarle incómodo y deseara salirse. Por momentos… Sasori no comprendía por qué. ¿Por qué sentía que deseaba con tantas ansias sentirla cerca? Inspiró profundamente y su dulce aroma se impregnó en su nariz. Sakura tenía los ojos fijos en el techo; por momentos lo miraba, de solo saber que lo hacía se sentía extraño.

Cuando volvió a bajar la mirada, en un impulso de valentía, la sorprendió con los grandes jades fijos en su mentón. Parecía anonadada. Antes de cerrar sus ojos, habló:

−Tócame el cabello ¿si?

Por unos instantes pareció una locura. Y sin embargo no quiso hacerla esperar por aquel deseo delirante. Sintió los dedos tiesos en el instante en el que alzó suavemente la mano, tomando torpemente un mechón rosado entre los dedos índice y pulgar. El pecho de Sakura se movió como en un suspiro; él hizo todo lo posible por ignorarlo. Primero dejó correr los dedos a lo largo de las hebras, lento y delicado, con temor de ir a jalarle el cabello o incomodarla. De verdad no quería hacerle saber que se sentía extraño tocarle el cabello a una mujer, o más bien que él se sentía extraño haciéndolo, pero ¡por favor! Era demasiado inexperto como para poder ocultarlo. Soltó el mechón del comienzo, y hundió casi asustado sus dedos en el cabello de ella. Estaba corto, entonces no era tan largo el tramo que corría con los dedos, pero era… suave y agradable. Acarició el comienzo de las hebras rosadas cerca de la pálida frente, y volvió a jugar con sus dedos dentro de aquel claro rosado. Ella parecía cada vez más calma.

Al mirarla nuevamente, los ojos cerrados, no pudo evitar reafirmar aquello que torpemente tiempo atrás había pensado. Era bonita. Tenía una nariz delgada, casi tan pálida como toda ella, y unos grandes ojos jades que conocía como una de las cosas que más le gustaba. Tenía una piel suave, tiesa, y unos labios no demasiado carnosos mas sí lo suficiente como para resultar atractivos. Un rostro innegablemente femenino y… lindo. Ella en conjunto era linda.

Se sorprendió observándola demasiado ensimismado antes de desviar la mirada.

Había muchas fotos en la pequeña sala. Las únicas que le importaban eran las que la tenían a ella, por eso las buscaba con disimulo. Desde muy pequeña podía verla en diferentes marcos. Algunas fotos eran caseras, otras claramente tenían que ver con actos oficiales de los shinobi de Konoha, y en otras podía verla con sus amigos y cosas así –le fue incómodo saber que había alguna vez atacado a más de la mitad de todos los fotografiados con ella.

Se detuvo en una foto en particular.

Sakura estaba sentada en el techo de alguna edificación que no supo reconocer con la banda de Konoha colgando de su mano derecha. Por supuesto, era mucho más pequeña. Pudo rápidamente imaginarse que había sido el mismo día que la recibió, los colores de la banda eran azules; Sakura la usaba entonces roja… Parecía tan feliz, eufórica, no estaba seguro de con qué comparar el sentimiento que ella transmitía. ¿Se sentía uno tan… conforme cuando recibía aquella placa? Él nunca tuvo una. Significaba que pertenecías al cuerpo ninja de tu aldea, que ofrecías tu vida por ella. Sintió curiosidad. ¿Por qué dedicaría alguien su vida a una aldea? ¿Qué tanto valía el simbolito en el medio? Sus padres cargaron alguna vez con el irónico reloj de arena en la banda de Suna. ¿Habrían ellos sabido lo que implicaba ser un shinobi? ¿La posibilidad de… dejar a su único hijo? Desvió la mirada. No había sido culpa de ellos después de todo.

Bajó la mirada y notó que ahora ella lo observaba con un ojo cerrado.

−¿Por qué te convertiste en una kunoichi?−inquirió rápidamente.

Sakura lo miró. Los dedos de él seguían jugando con su cabello, se sentía bien. Por unos segundos lo pensó.

−Porque siempre creí que estaba preparada para ello−replicó con simpleza. –Verás, quiero… crecer, y superarme, algún día.

−¿Y no te has superado aún?−Sasori soltó una risa baja.

−Aún hay más.

Él asintió en silencio. Con los ojos mieles volvió a observar los marcos esparcidos por el lugar.

−¿Te gustan?−inquirió Sakura con torpeza.

−¿Qué cosa?

−Las fotos−apuntó con aire infantil las diferentes ocasiones en las que había sido fotografiada. Sasori siguió observándolas, ahora siendo su atención captada por una tomada en otoño a juzgar por las hojas de los árboles; Sakura se encontraba en una de las ramas más alta de uno firme. –Konoha es hermosa ¿verdad?−la oyó a ella inquirir.

Por unos instantes de tuvo. Se refería a la aldea como si realmente fuera el paisaje lo que el pelirrojo con tanto interés apreciaba… Le importaba poco el aspecto de la aldea, ¡él la observaba a ella! No pudo decírselo, por eso con recelo guardó las palabras. Sakura parecía adorar tanto la estúpida aldea que… no notaba cosas tan básicas como aquella.

−¿Por qué te gusta Konoha?−preguntó ahora él.

−Nací aquí.

−Y yo en Suna.

−Creo que me siento agradecida con esta aldea−soltó ella al comprender. −Quiero… protegerla, porque deseo proteger lo que hay en ella, a quienes aprecio.

Con intensos ojos inquisitivos, la de cabellos rosados lo observó. Sasori se sintió extraño. No la comprendía. ¿Era porque… el no tenía nada que proteger? Pestañeó.

−Eso suena mejor.

Otro profundo silencio.

Las preguntas cesaron. Las caricias de Sasori no.

La Haruno intentaba disimular el contento que la presencia de él le generaba. No era ni siquiera necesario que hablara, saberlo allí le bastaba. Le gustaba saber que… él desperdiciaba su tiempo en ella. Era extraño, pero le parecía que no podía haber muestra de cariño más clara que aquella en tipos como Sasori.

Él bajó la mirada lentamente. Y ella le sonrió.

−¿No te… incomoda estar conmigo?

−¿Por qué lo dices?−pareció sorprendida por la pregunta.

Él volvió a preguntarse qué tan estúpida era.

−Soy tu enemigo después de todo−le recordó.

Ella medio frunció el ceño.

−No puedo reconocer como un enemigo a quien me salvó, Sasori.

−Sin embargo entonces me mirabas como si temieras que fuera a matarte−remarcó.

Luego de haberlo analizado, Sakura se irguió. Él intentó ocultar una extraña culpa por haber mencionado lo que no debía mencionar. Con ojos desafiantes, esperó que se retractara o algo. Secretamente sabía que era verdad, pero no iba a aceptarlo. Estaba asustada entonces, pero era lo más común. No sabía… el tipo de persona que él era. Lo descubrió más tarde. El pelirrojo parecía demasiado afectado por el temor que pareció ella demostrar entonces.

−¿Y qué?−inquirió mirándolo con el ceño fruncido− Te juzgué mal.

−¿De verdad?−replicó él, expresión resignada.

−Y-yo… ¡Claro que sí! No seas estúpido.

−Tú eres la que invita a un renegado a su casa−masculló, ahora más ofendido por el insulto que por cualquier otro asunto.

Por unos instantes, volvieron a mirarse. A Sasori no le molestaba, tenía la mirada más intensa, sin embargo ella de vez en cuando titubeaba, incapaz de mantener sus ojos fijos en los mieles. Armada de coraje, alargó el cuello acercándose un poco más al rostro de él.

−Tú eres el que visita la aldea enemiga solo.

−Sin embargo sabemos que contra mí no tienes oportunidad−dijo con convencimiento.

Sakura se sintió ultrajada.

−¿Eso crees?

Él rió bajo. Volvía a sonar… extrañamente atractivo.

−Temo decirte que no me caben dudas.

−Entonces ahí está parte de tu respuesta−musitó ella, su expresión relajándose. Sasori parecía confuso.

−¿Qué?

−¿Por qué crees que permito todo esto si… aún así sé que si quisieras matarme podrías hacerlo?

La inquisición pareció una locura. ¿Él? ¿Lastimarla? ¿Por qué lo haría? No se atrevió a negarlo, sin embargo… Supo solo cuando ella expuso la idea que era imposible. Él no la lastimaría.

Los grandes ojos jades lo observaban, ligeramente afligidos.

−Creo que te corresponde decírmelo−sonó casi como un susurro.

−Es porque… a pesar de todo…

Todo se detuvo por un instante. A Sasori le dio a impresión de que lentamente ella se acercaba, tal vez solo deliraba. Sintió el corazón acelerarse y un inexplicable sentimiento de ansias en el pecho. La sensación extraña acabó. Tal vez no se acercaba. Tal vez dejó de hacerlo.

−Confío en ti.

Entonces creía en él hasta ese punto. Hasta el punto en el que lo dejaba entrar a su aldea teniendo su equipo el deseo de acabar con la misma y su mejor amigo, hasta el punto en el que le permitía entrar en su casa siendo él un asesino, hasta el punto en el que… la distancia parecía ser escasa.

Pestañeó una única vez.

Lo miraba fijamente, e inevitablemente él le devolvía la mirada.

Las manos de la Haruno, justo sobre sus propios muslos, se mantenían quietas, la suave caricia de su dedo pulgar sobre su otra mano la delataba de todas formas.

Le parecía dulce.

Los labios de ella estaban entreabiertos.

Sasori tenía la impresión de que con un poco más de oído podría haber oído los apresurados latidos de su corazón.

Todo volvía a parecerle delirante. La miró y lo supo.

Los labios se le curvaron de manera enigmática, breve, y la mirada que le lanzó le dio a Sakura una pequeña certeza que fue incapaz de captar.

Ante una mirada perdida de ella, se acercó un poco más.

Alientos mezclándose. Los labios de ella entreabiertos aún y los suyos igualmente por la seductora sonrisa.

Ella se mantuvo quieta.

Bajo el seguimiento de unas pupilas pequeñas, Sasori alzó su diestra hasta el mentón de Sakura, que parecía adormecida. Solo la acercó un poco, dándole la oportunidad de retroceder. No lo hizo.

Con la gracia usual, arrimó un poco más el rostro de ella al suyo.

Y corroboró lo que llevaba tanto tiempo pensando.

Inexplicablemente, Sakura sabía a caramelo.

.

.

.

¿Reviews?

.

.

.

¡Finalmente! Bueno, sé que he vuelto a tomarme una cantidad bastante larga de tiempo, pero por primera vez en unos cuántos capítulos me siento completamente conforme con el resultado. De verdad, no estoy segura de la razón, pero siento que este capítulo quedó justo como deseara que fuera. Después de unos dolorosos 16 capítulos, sin los acercamientos suficientes, decidí que Sasori debía tomar la iniciativa. ¿Les gustó? de verdad espero que sí. No tenía pensado poner la última escena, de hecho prefería ingeniármelas con algo más, pero luego de leer los reviews del capítulo anterior y la gran expectativa que había generado tomé la decisión de por una vez en lo que lleva este fic darles lo que piden (xD).

Me gustaría agradecerles, tal vez con una mención, a Ley-83 -quien con el seguimiento y la comprensión en mis distintos fics no hace más que hacer que me sienta importante-, a Lalyys -que en más de una ocasión me ha hecho cambiar la ruta de este fic con unos cuántos reviews interesantes y de los que usualmente saco muchas ideas-, a Utau Kagamine, a Sirone Aphrody, a Akasuna no Arika, a Tsuki511 y a los demás lectores que de vez en cuando dejan ideas que me ayudan a hacer este fic progresar. ¡Muchísimas gracias!

Estoy realmente muy ansiosa por saber lo que piensan en esta ocasión, ¡así que por favor dejen reviews!

Ojalá les haya gustado :D

¡MUCHAS GRACIAS POR LEER HASTA EL FINAL!

Ki: ¡Hola! Me alegra mucho que te haya gustado tanto. De verdad te agradezco mucho todo el apoyo a lo largo de este fic, tus reviews me han alentado más de una vez y, de vez en cuando, me has recordado la importancia de no hacer esperar tanto a mis lectores. Ojalá este capítulo haya cumplido con tus expectativas y tenido lo que deseabas. ¡Nos leemos, ¿sí?! Cuidate mucho.