Todo por ti
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~Confesiones silenciosas
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Sakura se encontraba quieta, inmóvil. El suave movimiento de su pecho al aire ingresar era lo único que distraía la mirada intensa de Sasori de los párpados pálidos –como toda ella- por momentos.
Un suspiro, casi inaudible, quebró la monotonía.
Sasori se acarició el cabello, echando hacia atrás los mechones rojos que caían sobre su frente y comenzaban a molestarle, y entonces desvió la mirada. Se sentía extraño. El viento golpeó en la ventana una vez más, incitándolo a acercarse, y por primera vez él no dudó demasiado, aunque de hecho no fue siquiera capaz de meditarlo. Con pasos calmos, pero tan firmes como los usuales y sin embargo con aquella extraña languidez, avanzó hacia la ventana por la que la luz comenzaba a filtrarse. El solo encuentro con los rayos cálidos del amanecer le generó una extraña decepción, fue casi como una última advertencia luego de aquellas que deseó ignorar mientras observaba con interés a la pequeña criatura revolverse entre las sábanas blancas. Nuevamente suspiró. La noche no podía durar para siempre. Allí, los primeros rayos de sol acababan con la oscuridad a la que se había aferrado por horas, a aquella pequeña parte de sí que fingía ser indiferente a la verdad, y le traían con rudeza un recuerdo de la realidad.
−Ya es tarde−musitó, más para sí que para ella, que claramente ignoraba todo lo que él hacía o decía desde hace un par de horas.
El viento acarició su rostro. Todo volvía a suceder demasiado rápido para su gusto. Mientras el cielo se teñía de un extraño violáceo y la profunda oscuridad de la noche era erradicada, Sasori volvió a preguntarse por qué las horas corrían tan rápido, y si Deidara, donde fuera que estuviera, se encontraría bien –porque la última vez que lo vio el rubio le dijo que partiría en una misión con Tobi, lo cual no le hacía ninguna gracia-.
Tal vez ya era hora de volver a casa.
Probablemente Pein estuviera irritado por su prologada ausencia, incluso cuando la ligera sospecha de que el que él no estuviera le favorecía seguía presente en su mente.
Además, tenía la impresión de que Kakuzu estaría ya especulando con su desaparición, convenciendo tal vez al resto de vender sus pertenencias para recaudar fondos –y es que hacía llamaba al dinero que se guardaba más para sí que para la organización- o bien alquilar su habitación a un completo extraño que estuviera dispuesto a pagar una interesante cantidad de dinero por dormir junto con un número considerable de asesinos de complejos anormales en un lugar donde la luz jamás había llegado.
De hecho, el hipotético intento del compañero de Hidan le traía muchas más ideas, pues también imaginaba las discusiones que su locura traería…
Deidara sería sin duda el primero en negarse, armando un escándalo como de costumbre (−¡Sasori no danna no ha muerto, imbéciles!−) mientras las risas de Tobi inundarían el lugar entre comentarios absurdos y murmullos dudosos sobre la posibilidad de la muerte del pelirrojo. Hidan no perdería la oportunidad de molestar a Deidara, era irrelevante su muerte para él después de todo, pero apoyaría a Kakuzu por el simple hecho de que al rubio lo haría temblar de furia; entonces diría que finalmente Jashin-sama había demostrado ser superior a su estúpido danna, y le palmearía el hombro con aire vencedor. Deidara enloquecería. Sin embargo, solo cuando intentara lanzársele encima y hacer explotar toda la edificación subterránea, Itachi intervendría, halándolo del cabello como a un animal, y mascullando algo sobre que debía aprender a controlarse. Todos callarían abruptamente, incluso el idiota de Tobi, espantado por la velocidad inhumana del Uchiha. Entonces Kisame se reiría, sin miedo alguno, porque Itachi no le haría nada después de tantos años de compañerismo, y haría un comentario sobre todos actuando con demasiada precipitación, porque Sasori no estaba muerto. Konan contaría internamente los segundos hasta la decisión de Pein, quien siempre tenía la última palabra. Sasori podía imaginarlo diciendo que solo una vez comprobada su muerte Kakuzu tendría permiso de hacer lo que deseara con la habitación y su contenido… el aludido probablemente sonreiría, y entonces Deidara volvería a escandalizarse –puños apretados y golpes poco exitosos a diestra y siniestra- hasta que Itachi jalara con un poco más de rudeza de su coleta rubia. Probablemente Zetsu… no hiciera nada, en ningún instante, porque él siempre se mantenía al margen de todo. Sasori aún se preguntaba qué atravesaba aquella mente tan aparentemente vegetal. ¿Los detestaba a todos? ¿Estaba ahí solo por el refugio? ¿Planeaba traicionarlos alguna vez? Le parecía tan enigmático… pero, como el resto, Zetsu no era estúpido. Y probablemente también estuviera preguntándose cuál era la razón por la que ya no se lo topaba todas las mañanas.
Inspiró profundamente.
No podía seguir escapando de aquellos que eran sus compañeros, no por mucho tiempo. Es verdad que trabajaban juntos y se debían cierta lealtad, pero Sasori sabía que de sentirse traicionados no había sentimientos de por medio que defendieran el lazo –únicamente de conveniencia y costumbre- creado. Harían con él lo que fuera necesario, y olvidarían automáticamente cualquier tipo de cariño fraternal alguna vez fingido. No podía jugar con ellos, no podía fingir que lo ignorarían por siempre. Tarde o temprano lo descubrirían, es más probablemente ya dudarán de él. Y a pesar de que Deidara siempre estuviera de su lado e intentara disipar dudas… él no quería arrastrarlo consigo.
Parece que intentar devolverle el favor a la muchacha de Konoha había sido una pésima idea. Después de haberse ayudado y hecho favores mutuamente, Sasori apenas podía aceptar que había quedado involucrado con ella casi emocionalmente. La miró. El cabello rosado, desparramado por la almohada, le generaba una indescriptible y nueva sensación en el pecho. Observó con ojos casi endulzados el pequeño cuerpo enredado entre las sábanas, y volvió a sentirse extraño. Siempre que reparaba en ella volvía a hacer el mismo análisis; observaba su rostro, sus manos, e inevitablemente su mente viajaba a algún recuerdo, y siempre terminaba pensando incoherencias que solo lo hacían perder el tiempo. Y él no podía seguir desperdiciándolo.
Casi temeroso, se acercó a la cama. Ella seguía quieta. Cuando rozó con la punta de los dedos la extensión de su brazo, notó que se removía, y rodó los ojos inevitablemente, por lo difícil que se le hacía despedirse incluso cuando ella estaba inconsciente. El brazo que había intentado acariciar se alejó, y ahora la mitad del torso de ella se había girado; la mitad de su rostro se había escondido en la almohada y la mano del brazo opuesto yacía sobre su vientre aún. Con los labios curvados, casi divertido con lo cómica y torpe que podía llegar a resultar ella aún dormida, tomó la mano a su alcance. Se inclinó ligeramente, halando con suavidad de ella, y besó el reverso de la palma de su mano lentamente. Sakura entreabrió sus ojos, al menos aquel que él podía apreciar. Automáticamente, medio-sonrió, y se giró hacia él con lentitud; Sasori se supo encontrado culpable.
−¿Te… ibas?−musitó ella lánguidamente.
Hubiera deseado poder decir que no, y quedarse a observarla por un tiempo más. Lamentablemente, los rayos del sol le recordaban lo inminente. Antes de que la aldea de la Hoja despertara, Sasori debía marcharse.
−Tienes el sueño más liviano que he visto en mi vida−le dijo como respuesta, medio irritado, medio socarrón.
−Sin embargo me has visto dormir por dos o tres días completos.
La mención de aquel recuerdo le robó una notoria sonrisa. De solo ver la manera en la que su blanca dentadura se asomaba por sus labios, Sakura le imitó, aún medio dormida.
−Víctima de una droga, por supuesto.
Ella desvió la mirada y chasqueó la lengua, como restándole importancia al tan pequeño detalle que en realidad era el motivo principal por el que todo había sucedido. Sasori arqueó ambas cejas.
A veces, cuando la observaba, calma, tenía la impresión de que era sencilla y natural, algo tan poco dañino y simple como respirar. Cuando se sonrojaba, la recordaba a una inocencia infantil que él mismo ya había perdido y curiosamente ella albergaba. Cuando se alejaba, ofendida, volvía a parecerle complicada y difícil de complacer. Sin embargo, otras veces, cuando sonreía, le recordaba a aquello que alguna vez soñó para sí, a lo que alguna vez deseó ser… Tal vez simplemente normal. Y feliz. Sakura parecía viva. Lo estaba. Y a veces le hacía pensar que dejar los días pasar no era precisamente vivir –y lo que alguna vez deseó-, y ella podía enseñarle a hacerlo correctamente, tal vez. Y entonces Sasori volvía a preguntarse si eso era lo que verdaderamente quería. Y simplemente no sabía. No aún.
−¿Vendrás esta noche?−inquirió una vez más para sorpresa de él.
Cuando lo miraba fijamente, como entonces –a pesar de que una parte de sus ojos se escondía debajo de los pesados párpados-, una parte de su voluntad se doblegaba. Cuando le hablaba, su decisión dudaba. Aún no lo comprendía, o eso fingía. ¿Por qué estaba tan pendiente de ella? ¿Por qué… le importaba tanto lo que pensara o hiciera? Se mordía la lengua para no mentirse.
−Aún no me marcho−le recordó volviendo a arquear las cejas.
−Y yo quiero saber si volverás luego de marcharte−Sakura se frotó con el reverso de la mano los ojos.
Una vez que pudo enfocar correctamente la vista, tuvo que hacer un gran esfuerzo para regularizar los latidos de su corazón, que se apresuraban sin verdadero deseo de ella misma. Sasori, ligeramente inclinado hacia la cama en la que ella se mantenía tumbada, le robaba el aliento. La escena, en la que hasta el sol iluminaba al pelirrojo filtrándose por la ventana, le pareció simplemente encantadora. Y una parte de sí se preguntó qué tan real podía ser aquello.
−Y yo no puedo responderte porque no lo sé−concluyó él. −¿Está bien así?
Sakura se incorporó lentamente luego de bufar, obligando al pelirrojo a retroceder tan solo un poco, lo necesario para que sus labios no se unieran, manteniendo sin embargo una ligera cercanía. Sasori no desvió la mirada ni por un instante.
−No−replicó con cierta pereza− pero no voy a sonsacarte nada más. ¿Verdad?
−¿Quieres que te sea sincero?
Ella cerró los ojos adormilada con una ligera sonrisa antes de golpear su hombro con su puño. Para Sasori la fuera empleada fue más de la necesaria, a menos que realmente hubiera deseado dejarle un hematoma, pero no dijo palabra alguna mientras intentaba disimular la mueca en la que su rostro se había comprimido al ella fingir juguetear. Haruno se fregó los ojos con lentitud.
−Cuando nos veamos, la próxima vez, voy a hacer que…−bostezó suavemente−pruebes algo… que va… a gustarte.
Sasori arqueó ligeramente una ceja. ¿Algo que iba a gustarle?
−¿Cómo qué?−inquirió medio divertido antes de apoyar la palma de su mano en el hombro de Sakura, obligándola a acostarse sin demasiado esfuerzo. Después de todo, ella parecía de acuerdo.
−Iremos al Ichiraku ¿si?
La inocencia de su propuesta dolió tanto como un mismo golpe. Lo dijo con tanta naturalidad que Sasori tuvo la impresión de que había olvidado que no había manera de que él la acompañara…
−¿Es ese el lugar donde dices que va el Jinchuriki?−la cubrió con las sábanas, ella lo observaba por entre los pesados párpados.
−Así…−volvió a bostezar torpemente− así es.
Intentó disimular la congoja que no ser el indicado para acompañarla le generó sonriendo con languidez. Delineó su cuerpo por sobre las sábanas con manos cálidas, haciendo a un lado cualquier pensamiento morboso, y se aseguró de que no fuera a tener frío. Antes de incorporarse completamente, la sintió halar de su brazo izquierdo suavemente, atrayéndola a la cama de forma inminente; a pesar de la delicadeza de ella, tuvo que apoyar el brazo opuesto sobre el colchón para no írsele encima accidentalmente. Sakura giró un poco el rostro para besarle la mejilla, Sasori casi se aleja por reflejo, pero solo sentir la suavidad de sus labios sobre su piel lo dejó extrañamente relajado y estúpidamente perturbado. Al alejarse, sonrió:
−Iremos donde quieras.
Y no tenía intenciones de mentir, pero lo hizo, porque supo desde el comienzo que sería capaz de apreciar esa sonrisa dulce suya en la penumbra de la habitación. Sakura cerró los ojos con los labios curvados mientras él se alejaba de la cama.
Otro suspiro. Deidara se habría burlado, diciéndole que acallara a ese corazón de adolescente, por lo que Sasori agradeció que el rubio no se encontrara cerca. Aún intentaba convencerse de que había otras razones para los constantes suspiros –pero no.
Toda la habitación de Sakura estaba bañada en un dulce aroma, fresco y casi tan atractivo como el de sus hebras rosadas, e irremediablemente le invitaba quedarse por un tiempo más, por más imposible que aquello fuera. Ella caía rendida entre los brazos de Morfeo mientras él se debatía entre provocarle un problema a ambos o hacer lo que realmente debía, y marcharse. Optó por hacer lo correcto; podría venir a verla en otra ocasión.
Antes de acercarse a la ventana, la observó por sobre su hombro.
A veces, cuando observaba la encontraba quieta y relajada, Sasori volvía a plantearse su definición del arte, aquello que merecía ser llamado bello. Y se preguntaba si ella podría mantenerse así eternamente, sólo para su deleite, y dejarse considerar una pieza de arte de su propia colección. Y sonreía porque aquello era sumamente absurdo.
Mientras se retiraba, sigiloso, de techo en techo, de rama en rama, tuvo la impresión de que esta vez podía marcharse y no volver hasta dentro de una semana -el último tiempo paraba en un lugar cercano durante el día y la visitaba de noche- porque tal vez necesitaba ese tiempo para meditar ciertas cosas o se le ocurrió que ella necesitaba algo de espacio, y claramente dejar de desvelarse por sus visitas inoportunas horas antes de que tuviera que levantarse para encargarse del hospital de Konoha. Tal vez él lo necesitaba. Y tal vez ya era hora de que admitiera que el último tiempo visitarla era lo único que deseaba hacer. Se mordió la lengua ante la estupidez más cursi pensada en mucho tiempo.
Para el momento en el que Sasori deseó aceptar la verdad, y dejar de engañarse con tan poco éxito, creyó oír una voz dentro de su cabeza gritarle que todo se había ido a la mierda –y casi cae estrepitosamente al suelo, porque verdades como aquella lo ponían demasiado nervioso y las ramas de los árboles estaban ridículamente delgadas. El extremo que creía haber fijado entre lo importante y lo irrelevante se desquebrajó, se agrietó y cayó como un delgado muro de cemento bajo las manos de Sakura o Tsunade. Débil e insignificante. Descubrirlo lo llevó a la locura, la desesperación. ¿Cuándo fue que se lo permitió? Bajo su propia mirada acusadora el viaje se volvía insoportable…
Sakura era dulce. Era inocente y simpática, y tenía un humor cambiante y una fuerza de fenómeno de la que apenas se percataba cuando se encontraban juntos, porque era delicada y calma. Y era casi bonita.
Los dedos de Sakura eran delgados y cálidos, y cuando lo acariciaba… lo obligaba a encogerse, tan delicada y suave que en ocasiones temía lastimarla. Si la tocaba, lo hacía siempre de manera superficial, con la yema de los dedos, y se ocupaba de prestarle toda su atención cada vez que sus miradas se encontraban. La seguía con los ojos incluso cuando ella no lo sabía. Sentía una extraña devoción por la pequeña criatura de cabellos rosados que de vez en cuando se dejaba caer entre sus brazos, y murmuraba cosas sin sentido –como que Naruto era un estúpido, o que quería que Deidara viniera junto a él a visitarla- y acariciaba su rostro anonadada y, en ocasiones, a pesar de que él intentaba alejarse, le besaba los párpados con dulzura.
Y era extraño porque a pesar de ser evidente se lo negaba, pero tal vez ella le atraía. Tal vez le gustaba.
Y no lo habría aceptado, jamás -porque no se habría enterado- de no ser porque Deidara se lo había medio gritado-gruñido un día que, fingiendo sentirse ultrajado, había encontrado a su mejor amigo listo para partir durante la madrugada. Deidara no solía dormir mucho, y Sasori era una persona muy nocturna –incluso más cuando descubrió que algunos de los shinobi de Konoha tenían etapas de vagancia por la noche-, por eso es que todo coincidió aquella vez. ¡Y Deidara de verdad que se sintió ofendido! Sasori nunca estaba con él. No como antes. Y, no debía nadie malinterpretarlo, claro, ¡pero de verdad lo necesitaba! Era su compañero después de todo, ¡una de sus mitades! –o así le decía para apelar a su lado bueno. Cuando lo oyó, exasperado, gritarle que si bien amaba a "Konoha" no permitiría que lo alejara de sus principios, Sasori frunció el ceño. Porque él tenía bien claros sus principios y metas. Deidara se medio arrodilló pidiéndole que se quedara, y para el pelirrojo aquello fue extraño, sumamente extraño. Y cuando creyó que comenzaría a lloriquear, medio ahogarse entre lágrimas inexistentes y jadeos angustiados, hizo ademán de continuar caminando…
Entonces Deidara lo dijo.
–Soy despistado, pero no tanto. Ella te gusta, danna- y su afirmación había sonado como una condena de muerte o algo por el estilo bajo el agudo oído del pelirrojo.
Las palabras de Deidara hacían eco en sus oídos. Lo hicieron por horas. Y el viaje fue insufrible. Y entonces no solo oía a una parte de su consciencia recordarle que Pein podría asesinarlo, que Konan era una mujer violenta que podía quitarle la vida con estúpidas aves de papel, que Hidan ya lo odiaba y no tendría problemas de atravesarlo con su guadaña, que Kisame podía ahogarlo a pesar del respeto que le tenía, que Itachi lo haría sufrir de mil y un maneras con su Genjutsu, que Zetsu era bastante rudo a pesar de su silencio, que Deidara moriría con él y que Kakuzu alquilaría su habitación; sino que también oía a Deidara burlarse de los sentimientos blandos que había desarrollado, y de vez en cuando un grito adolorido de su parte, tal vez porque tenía la impresión de que realmente a él también podían lastimarlo.
Y sentía el corazón temblar, por primera vez.
Y era estúpido, o esa era la opinión que tenía de su propio temor.
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−Sasori no danna…
El suave murmullo lo despertó de su ensoñación.
El cuello le dolía horrores, tal vez por el hecho de que durmió horas en la posición más incómoda jamás habida, y tenía el cuerpo helado. La espalda claramente contracturada. Se puso lenta y silenciosamente de pie.
−Sasori no danna, hum… −volvieron a murmurar del otro lado de la puerta, sigilosamente.
Casi con frustración se pasó la mano por el rostro, terminando sus dedos pulgar e índice sobre su barbilla, envolviéndola. Se preguntó por qué razón Deidara le parecía tan irritante mientras contenía el deseo de abrir la puerta y golpearlo hasta conseguir su silencio. ¿Era porque solía ser demasiado inoportuno? ¿Porque era terco? ¿Le irritaba porque jamás escuchaba a los demás?
−Sasori, tsk…
¿Porque era demasiado ruidoso y escandaloso para su gusto? ¿Porque no era discreto? ¿O era porque era sumamente impulsivo y más de una vez le había echado a perder una maniobra maestra?
−¿Estás ahí, maestro del infierno?−le oyó mascullar ahora un tanto molesto.
No tenía idea de por qué le molestaba tanto, pero simplemente le molestaba. Su voz, su presencia, su existencia. Frunció el ceño. Ir por ese crío era lo peor que Akatsuki jamás pudo haber hecho. Es cierto que era fuerte y sorprendente, pero ni modo ¡ellos lo habrían hecho igual de bien en su ausencia! Era tan confiado y prepotente… creía que estaba por sobre todos. Afortunadamente, él mismo le había demostrado lo contrario en su primer encuentro pero… el niñato seguía creyéndose un dios de la pelea. Le sacaba de sus cabales.
−Sasori no danna, ¡voy a tirar la puerta abajo si no me abres!
Lo más lógico era que ya hubiera asumido que no estaba dentro, pero Deidara era demasiado irracional. No dejaría de blasfemar en su contra hasta que la puerta fuera abierta y su ausencia comprobada. Bufó, tronándose los dedos como último recurso, en busca de algo de paciencia.
Afortunadamente, y por más extraño que sonara luego del razonamiento previo en el que solo se preguntaba la razón por la que lo despreciaba tanto, sentía una ligera simpatía por él. Era leal y confiaba hasta puntos impresionantes, realmente creía en algo y en alguien, a diferencia de él mismo. Y no tenía miedo de exteriorizar lo que pensaba a pesar de que eso siempre hacía explotar al resto de la organización. Deidara era sin duda interesante. Y bastante admirable. Y era un niño, y no temía actuar como uno. Tal vez no tenía tanto que juzgar.
−Voy a entrar, y si estás adentro, hijo de…−su nuevo intento de amenaza acabo con los halagos y la paciencia, simultáneamente.
La puerta se abrió bruscamente, y Deidara se sorprendió al verse prácticamente arrastrado dentro de la habitación por una mano desconocida desde la penumbra. Ahogó un chillido de espanto con dificultad. Y la puerta se cerró tan pronto como se abrió. El rubio estaba exaltado. Solo cuando el corazón comenzó a latirle a una velocidad decente, pudo enfocar correctamente la vista y relajarse. Y allí la silueta de brazos cruzados que le observaba le sorprendió –sorpresa no muy grata.
−¿Itachi?−seguía hablando en susurros.
−Eres tan irritante.
Su voz, grave, casi hace que Deidara retroceda, pero le motivó a fingir valentía, por lo que el rubio se mantuvo quieto con el ceño casi fruncido y una actitud casi intimidante que a Itachi le causó más risa que miedo.
−¿Cómo entraste a la habitación de Sasori no danna? ¿Qué haces aquí?−le gruñó, dando uno o dos pasos hacia él.
−¿Sabías que Kisame puede crear unos maravillosos clones de agua que se deshacen y rehacen a conveniencia?−inquirió, el sharingan brillando en sus ojos. –El agua puede deslizarse debajo de la puerta de tu danna, es una lástima que Kisame no lo sepa.
Ante lo último, el rubio frunció el ceño. ¿A qué se refería con que no lo sabía?
−¿Qué?
−Apuesto a que no le molesta en lo absoluto que haya utilizado el sharingan para convencerlo de que entrara en la habitación y abriera la puerta por mí, y además creo que deberías agradecérmelo−masculló Itachi. –Es decir, es mejor que la capacidad de Kisame de irrumpir en las habitaciones del resto de la organización sea un secreto que ni el mismo sepa. Y que espero calles.
Por un instante, Deidara tuvo miedo de lo increíblemente astuto, macabro, retorcido e inteligente que Itachi podía ser. Porque a él jamás se le habría ocurrido utilizar un clon de agua para eso. Por otro lado, se preguntaba la razón por la que deseaba entrar en la habitación de su danna. Respuesta que aún no le había dado.
−¿Qué quieres aquí?−lo miró con gélidos ojos azules.
−Necesito hablar con Sasori.
−¿De qué, hum?
−Te advertí que no los cubriría por mucho tiempo, y a mí ya no me quedan dudas−masculló, él dando un paso hacia adelante ahora. Deidara se encogió. –Si Sasori sigue involucrándose con la Hoja, puede que Pein sospeche que está vendiéndonos. Y ante la más mínima sospecha de ello actuará como yo mismo lo haría. Va a atacar a Konoha y a hundir con la aldea a su amor clandestino justo después de asesinarlo.
Las palabras de Itachi le sacudieron el pecho. Lo observó fijamente, perturbado y asustado, y se preguntó qué podía él hacer para detenerlo mientras sentía la garganta cerrársele.
−¿A-Ase-sinarlo?
−¿Sasori está listo para eso?
Y el silencio de la habitación le sopló a Itachi una respuesta al oído.
Ninguno de los dos estaba listo.
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¿Reviews?
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Después de una larga espera, finalmente, el capítulo 17. Ya no voy a disculparme por el tiempo que me tomé en actualizar, supongo que van a tener que acostumbrarse, ya que por más que intento corregirlo siempre termino actualizando semanas tarde. Esta vez, tengo una excusa, aunque no estoy segura de que sea válida. Tenía intenciones de publicar un one-shot por el cumpleaños de Sasuke, un SasuSaku, y desafortunadamente no conseguí lo que deseaba y me encontré reescribiéndolo y mejorándolo incluso semanas después de la fecha. Cuando me rendí, y decidí que lo mejor era continuar con este fic y mi otro ItaSaku, me encontré con nula inspiración. Afortunadamente, algo tarde, tengo la continuación de este fic.
Por otro lado, de verdad quiero agradecerles a aquellos lectores que dejan reviews. Los del último capítulo me dejaron sumamente emocionada, y de verdad me alegra que les haya gustado. Hoy estoy el doble de ansiosa.
¿Les parece demasiado repentina la confesión de Sasori? ¿La intromisión de Itachi? Supongo que tengo que aclarar que esto sucede un tiempo después del último encuentro de Sasori y Sakura narrado, y que para este punto los de Akatsuki deben haber comenzado a notar la ausencia prolongada de Sasori.
Espero saber qué opinan. ¡Ojalá les haya gustado!
¡MUCHAS GRACIAS POR LEER HASTA EL FINAL!
Ki: ¡Hola! Me alegra mucho que el capítulo anterior te haya gustado y lamento mucho que hayas sufrido tanto la espera; te agradezco de todas formas los constantes comentarios. ¿Te gustó la escena del beso? Es un alivio, temía que les pareciera demasiado pronto. Estoy muy agradecida con tu seguimiento de la historia y el entusiasmo por cada capítulo, de verdad, me satisface mucho saber que cumplo con tus expectativas y compartes la emoción con los personajes del fic. Lectores como vos suelen motivarme demasiado, así que -hey, no cambies esa actitud. No me molesta en lo absoluto que dejes reviews seguido, al contrario te agradezco que compartas con tanta emoción tu opinión sobre la historia. Gracias por cada uno de los halagos, no puedes inflar más mi autoestima. Espero que ruedes por el piso y grites de la emoción con esta actualización. Nos leemos. ¡Cuidate mucho! Gracias.
Xiime: ¿Qué tal? Estoy feliz de que te haya gustado el capítulo, de verdad. Decidí dedicar completamente el capítulo anterior a ellos porque era algo que venía prometiendo desde hace rato y sabía dejaría felices a los lectores; así que me alegra que hayas disfrutado de cada escena de éstos dos y los gestos de Sasori. Te agradezco mucho por todo :)
VanessaJane: ¡Muchísimas gracias! No hay muchos SasoSaku -a pesar de que ahora están creciendo en número- y esa debe ser una de las razones principales por las que decidí escribir éste. Me alegra mucho que te haya gustado, y espero que este capítulo también lo haga. Nos leemos.
Abril Alice N: 16 capítulos de espera valieron la pena ¿verdad? Me alegra mucho. No sé si el SasoSaku es mi pareja preferida, pero sin duda está en mi top 10. Espero que el capítulo te haya gustado, y me dejes saber tu opinión tan pronto como puedas. ¡Cuidate!
Dreams: ¡Hola! Supuse desde el comienzo que la mejor parte del capítulo sería el final pero... ¿quién no estaba esperando por eso? xD Te agradezco mucho que destaques tu agrado por la redacción del fic y el trabajo con los personajes, sin duda reviews como el tuyo son los más motivadores. Gracias por cada uno de los halagos. Ojalá este capítulo te guste :) Gracias, devuelta.
