Todo por ti
.
.
.
~ Silencios
.
.
.
Mientras el silencio invadía la habitación, creando el ambiente más tenso que Deidara jamás había presenciado, la casi imperceptible respiración de Itachi rozaba su rostro.
Los ojos azules bajaron lentamente al suelo, encontrándose con más oscuridad, e Itachi oyó un murmullo inentendible mientras la fuerza empleada en ambos puños –a los costados de su cuerpo- descendía.
El rubio exhaló lentamente, pupilas pequeñas.
−¿Yo qué… puedo hacer?−su susurro le dejó a Itachi una sensación amarga, tal vez pena.
Después de todo, no era su culpa que Sasori estuviera siendo imprudente. Deidara solo deseaba lo mejor para su maestro; a veces se preguntaba si Kisame también albergaba tan buenos sentimientos para con él –probablemente no. Suspiró resignado. Si Sasori moría, Deidara debería afrontarlo. La muerte era la realidad más natural de cualquier ser humano. Era simplemente inevitable, habría dicho un Hyuga del Bouke. Lamentaba que Sasori se estuviera adelantando al hecho. Pero era lo justo ¿verdad?
Frente a Itachi, el rubio tragaba en seco. Con el sharingan, en profunda oscuridad, captaba el movimiento de su garganta. Supuso que no debió haber hablado tan rápido; pero él no tenía nada que guardar o esconder. No se le ocurrió que se asustaría tanto…
−Si tan rápido vas a espantarte creo que no tiene remedio−le dijo con tanta ligereza como pudo. El rubio fue incapaz de captar su intento por relajar el ambiente. Tembló, e Itachi se acarició los cabellos azabaches con frustración. –No es como si estuviera hablándote sobre tu propia muerte, Deidara.
Al más joven le pareció que el Uchiha no tenía idea de lo que decía. ¿Que no era su muerte? Repentinamente fingía ignorar que Sasori era parte crucial de su vida. Tal vez su lazo con Kisame no fuese el mejor, tal vez discutieran y tal vez no se apreciaran en lo más mínimo, ¡como todos los imbéciles en esa estúpida guarida! Pero Sasori y él eran los mejores amigos –o esa era su impresión, y poco le importaba que el pelirrojo no lo valorara, él lo hacía como a nadie. Si la muerte de Sasori no era la suya, ¿entonces cuándo moriría su alma? ¿Cuándo dejaría de sonreír sino era por él? Una vida sin Sasori no se le antojaba igual de divertida.
(−Creí que… éramos mejores amigos, Sasori no danna−)
(−De acuerdo, lo somos−)
Él era, verdaderamente, su único amigo.
−Tú no lo entiendes−susurró, mejillas cálidas por lo estúpidamente sentimental que lo siguiente sonaría: −Si Sasori muere, una parte de mí también.
Desvió la mirada con torpeza en todo momento, aunque no estaba seguro de dónde mirar por la densa oscuridad. Tenía la impresión de que a pesar de todo Itachi seguía cada uno de sus movimientos, y eso le incomodaba. Estúpido sharingan. Con timidez se rascó la mejilla, entre preocupado y abochornado, y sonrió tristemente de solo pensar en Sasori y su agrio trato. Cuando lo conoció, no se imaginó que serían tan cercanos. ¡Ni en mil años!, habría gritado ante la idea, porque el pelirrojo era intimidante y poco hablador y opuesto a él en todos los sentidos… Irónico que lo apreciara tanto teniendo ambos tantas diferencias. Sasori era una buena persona. Otra sonrisa nostálgica.
−Ahórranos el problema de ir contra las órdenes de Pein, y aléjalo de Konoha−masculló Itachi, y sonó casi como una amenaza.
Deidara se encogió.
−No tienes idea de lo necio que es…−le confesó con suavidad, incómodo de tener que ofrecer otra excusa.
Itachi no tenía idea de lo que se sentía. Tratar a Sasori era complicado; convencerlo de algo que no deseaba oír, imposible. Y, si él deseaba estar con Konoha, entonces alejarlo era algo que no tenía sentido intentar. Deidara tuvo la impresión de que Sasori siempre lo supo. Tal vez se arriesgó sabiendo que Pein podría desear asesinarlo, tal vez no le importó. ¿Qué podía hacer él para protegerlo de su propia voluntad? Cerró los ojos para evitar derramar una lágrima absurda frente al estúpido yo-lo-veo-todo de Itachi.
−Convéncelo con violencia, ¡me da igual cómo lo hagas!−el paso que él avanzaba, Deidara lo retrocedía, irónicamente pequeño. −¡Su imprudencia nos va a generar un problema a todos!
La nota de inesperada desesperación en su voz inquietó a Deidara; sus ojos azules brillaron de curiosidad en la oscuridad. Itachi parecía frustrado, por primera vez realmente interesado en algo. Jamás en su vida le había visto perder la calma y… ahí estaba, casi gritándole que encontrara una solución a un asunto que no lo afectaba en lo más mínimo. ¿O sí?
−Itachi…−le llamó, con un atisbo de malicia en la oscura mirada− ¿Cuál es la razón por la que te importa?
El Uchiha se mantuvo estoico. ¿Por qué le importaba? Frunció el ceño. No iba, bajo ninguna condición, a decir que Deidara era astuto.
−Estoy diciéndote que Sasori va a causarnos un problema y…
−No−le interrumpió. –No sería un problema intentar matarlo bajo las órdenes de tu líder. Sasori no te importa.
Itachi era una perfecta mano derecha, de no ser por lo necio y rudo e idealista que de vez en cuando podía ser. Si estaba de acuerdo con el fin de su superior, entonces el medio le era indiferente. Cualquier deseo en común que Pein tuviera con él, terminaba siendo realidad. Así era como Deidara lo veía. Sin embargo, cuando el azabache no estaba de acuerdo con los movimientos de Pein, entonces la situación era diferente. Porque si no era capaz de convencerlo de que lo que deseaba hacer estaba mal, entonces simplemente soberbio cruzaba los dedos porque el plan en el que él no estaba interesado fracasara, a pesar de que participaba tan activamente como siempre, no tan apasionada pero activamente. Itachi era hábil, perspicaz, sensato e inteligente. Pero Deidara sospechaba que deseaba ser el verdadero líder. O simplemente no tener nada que ver con ellos…
−Yo no voy a atacarlo−masculló con el ceño fruncido. –Y si tú no vas a quitarnos el peso de encima porque tienes miedo de lidiar con él…−medio-amenazó, Deidara lo observó airado.
−¿Por qué no lo atacarías? Su existencia te es indiferente, ¡todos los demás se volverían contra Sasori sin dudarlo! ¿Por qué tú no?−sus pies lo hicieron avanzar hacia él.
La última vez que habían hablado de Sasori, Hidan había propuesto mil y un formas de traicionarlo, y a pesar de todo algunos se habían negado. Porque tenían respeto por Sasori. Sin embargo, ¿se negaría alguien si Pein daba órdenes de ir en su contra? Todos eran, irónicamente, marionetas bajo las manos de Pein. Aceptarían. Deidara tembló. No podía permitirlo.
−No me… compares con el resto, Deidara−apenas podía creer que había titubeado al responder. Mantuvo la mandíbula apretada.
−¿Por qué lo haces?−insistió.
Itachi perdía la paciencia.
−Respeto a Sasori. Tiene valores. Y buenas intenciones.
De momento, aquello fue demasiado para el rubio. ¿Valores? ¡Buenas intenciones! Se sintió ultrajado, medio incrédulo e histérico. Hablaba sobre valores… ¡él había asesinado a su familia! Sonó como una locura. Lo respetaba porque era un buen tipo, ¡rodeado de asesinos! ¿Lo peor de todo eso? ¡Que él también lo era! Sasori había matado, y Sasori había torturado, y había hecho cosas imperdonables. Sin embargo, creyó que solo él podía notar que aspiraba a algo más; una nostálgica infancia frustrada se reflejaba en su mirada cuando observaba el cielo, y solo entonces Deidara lo sabía. (−¿Te carcome la conciencia, danna?−) Tal vez Sasori no estaba conforme. Itachi no observaba las nubes con ellos.
−¿Es solo eso?−el rubio rió, histérico, irónico. −Hay algo más. ¿Por qué nos encubriste? No por respetarlo ibas a ponerte de su lado.
−Porque él me agrada−gruñó, y no sonó como una mentira pero parecía una excusa. −Los problemas entre colegas, la desconfianza, son una desventaja en la batalla. No debemos generarlos.
−Sasori dejará de ser un colega tan pronto como Pein lo diga. Y todos tendremos la obligación de hacer lo imposible por asesinarlo, para que no nos entregue, si eso es lo que tu líder teme−Itachi tuvo la impresión de que era mucho más perspicaz de lo que parecía. −¿Entonces? No habrán dudas ni desconfianza, porque nadie deberá volver a confiar en él, solo lo expulsarán, si.
Sonaba tan seguro y convencido de sus palabras, de lo que defendía y creía, que por un instante creyó tener que respetarlo a pesar de toda esa actitud infantil que a veces proyectaba. El Uchiha arqueó ligeramente una ceja. Jamás se le ocurrió que discutir y evadir las preguntas de Deidara fuera tan complicado.
Jamás perdió la calma. Deidara sí.
−¿Y ahora? ¿Por qué… me amenazas, hum? ¿Que aleje a Sasori de Konoha?−inquirió dando otro paso hacia él, inquietándolo. − ¿Que lo haga cambiar de parecer? ¿Por qué?
Itachi se tensó. No iba a responder. Tal vez debió haber hablado con Sasori desde el comienzo, para evitar las hipótesis estúpidas del rubio. No soportaba su curiosidad, esa actitud tan entrometida e irónicamente sagaz.
−Solo haz lo que te digo. Que se aleje de la Hoja antes de que Pein nos dé la orden de matarlo. Si tiene una alianza con Suna y otras aldeas…
Y era claramente imposible porque había más gente que deseaba matarlo en esas aldeas que tenerlo como aliado pero... por un instante Deidara dudó. Tal vez sí había algo que Sasori no le había dicho. Tal vez guardaba el secreto de todo el mundo. ¿Sería Sasori capaz de traicionarlos? ¿De traicionarlo a él? Tembló, ante la sola idea, y buscó algo de duda en la mirada de Itachi, pero no pudo encontrarla en la penumbra. ¿Lo sospechaba o tenía la certeza? ¿Sasori sería capaz de hacerlo? Tal vez la pelirrosada de Konoha no era más que una excusa…
Mentira, se dijo, afligido. Tenía que haber algo más.
Una razón por la que Itachi se comportara como un histérico.
Una razón por la que Sasori repentinamente le importara.
Una razón por la que la condena de Pein sonara tan espantosa.
¿Dijo que podían destruir Konoha?
−Itachi…−susurró suspicaz. −Es porque sabes que tu hogar estaría implicado ¿verdad? ¿Temes que nos obliguen a acabar con tu aldea?
No era Sasori, era Konoha.
No era su muerte, era el hecho de que su hermano estaba implicado.
Por un instante todo tuvo tanto sentido. (−Va a atacar a Konoha y a hundir con la aldea a su amor clandestino justo después de asesinarlo−) Tan claro como el agua. Oyó a Itachi chasquear la lengua, pero no se arrepintió ni por un instante.
−Cállate, Deidara, y deja de inventar estupideces. Lo que dices no tiene sentido.
El rubio sonrió, prepotente. La situación estaba tan a su favor que era abrumador. Jamás creyó que podría comprender tanto de Itachi, que sería capaz de encontrar, por sí mismo, una justificación a sus actos. Itachi… era algo mucho menos complejo de lo que parecía –o tal vez solo un poco.
−Intentas protegerlo−soltó en una afirmación, dándole a saber exactamente lo que pensaba: Todo era por Sasuke.
Itachi frunció el ceño.
−Yo no protejo a nadie−susurró con esa voz sombría suya.
Y a pesar de que lo negaba, Deidara supo que era cierto.
.
.
.
Cuando se encontró finalmente cerca de aquello que podía –no correctamente- llamar su hogar, el sol se debatía entre aguardar por un rato o marcharse, y darle su espacio a la luna. El viento que soplaba era caliente y seco, y él estaba agotado de tanto viaje. Su primera intención fue llegar y, sin siquiera encargarse de anunciar su regreso, internarse en su habitación para dormir por unas cuántas horas. La falta de horas de sueño comenzaba a fatigarlo. Pero entonces tuvo una segunda mejor –tal vez no tanto- idea: debía primero ver a Deidara.
Avanzó con la cabeza erguida por el largo pasillo, donde las puertas de las habitaciones estaban dispuestas, e intentó ser más cauteloso que de costumbre. Lo más probable era que todos estuvieran despiertos, pensando en una nueva estrategia o impacientes por embriagarse una vez llegada la noche, pero no había ni una sola persona ahí. En silencio lo agradeció. La puerta de la habitación de Deidara estaba cerrada, como supuso sería, y simplemente no pudo abrirla al acercarse, porque oyó repentinamente cómo otra se abría. Se giró bruscamente. Era su puerta. Y Deidara salía con esa sonrisa estúpida suya, con los ojos fijos en el suelo y tarareando alguna canción que jamás había oído, de su habitación. Actuaba como si aquello fuera lo más natural. Sasori se preguntó cuántas veces había Deidara dormido en su habitación durante su ausencia.
−¡Sasori no danna!
De todo lo que podía hacer, optó por lo más inadecuado. El pelirrojo lo miró mordaz; un explícito cállate en los orbes.
−Lo siento…−susurró entonces el rubio, comprendiendo que parecía ser un secreto. Con esa cara cómplice más absurda que astuta, sonrió:−¿Recién llegas?
−Lógico− Sasori arqueó ambas cejas.
Deidara acababa de salir de su habitación. Y él acababa de llegar. De haber arribado hace unas horas claramente ya habría intentado atravesar esa puerta, ¿dónde creía Deidara que había aguardado? ¿En la habitación de Itachi? A veces las preguntas estúpidas lo irritaban; otras veces lo divertían.
−¿Dónde has estado?−murmuró acercándose un poco.
−Podríamos hablar…−Sasori observó a ambos lados con disimulo− ya sabes, por allá.
La invitación era clara. Deidara asintió con una sonrisa -no tan feliz, no triste- y comenzó a caminar hacia la salida. A Sasori le gustaba mucho tomar aire fresco. Alguna vez se le había ocurrido que el Akasuna era una de esas personas capaces de pasar días y días en la oscuridad, solo, sin compañía alguna; pero había descubierto que la oscuridad le agradaba menos de lo que parecía, y que era quien más habituaba salir de la guarida de Akatsuki. Tenía la ligera sospecha de que la primera vez lo había juzgado mal.
Afuera, todo se encontraba calmo. La misma brisa seca seguía corriendo. El rubio miró atentamente a Sasori por unos segundos. Lo sentía estúpidamente distante. La luz del día comenzaba a marcharse –ya no había cielo con nubes que observar junto a Sasori- y el cielo comenzaba a teñirse de violetas, que se fundían en un azul oscuro y denso. Ni una sola estrella. Suspiró con pesar.
−¿Vas a contarme?
Como era usual, Deidara era impaciente. A Sasori no le sorprendió lo directo de su pregunta, ni el hecho de que no intentara disimular la curiosidad que sentía. Lo miró por unos segundos. No estaba precisamente seguro de lo que debía decir, pero sospechaba que él ya lo sabía.
−No creo que sea necesario que te diga dónde he estado…−susurró, mirándolo de reojo. Deidara asintió lánguidamente.
−Esta vez te tardaste más.
−Hay una pequeña aldea cerca de Konoha donde pude pasar algunas noches−confesó Sasori, ahora desviando la mirada.
−¿No ha habido problemas?
−Ninguno.
−Bien−tragó, con la garganta seca.
Tener a Sasori cerca lo aliviaba. Por lo menos no estaba aguardando indefenso –exageraba, solo un poco- por algún amigo –no tan amigo- de Akatsuki que terminaría asesinándolo. Sabía que no podían desaparecerlo aún, que él tendría la oportunidad de defenderlo… aunque no fuera una amenaza para el resto de los miembros de Akatsuki. Se pasó la mano por la sien derecha frustrado, ¡Itachi bastaba para acabarlo! No se imaginaba luchando contra Kisame, o Kakuzu, o Hidan, o Pein. No tenía oportunidad. No existían maneras de explicar la aflicción que sentía. Porque él quería a Sasori, pero no sabía cómo cuidarlo. Y no iba a hacer nada de lo que Itachi había dicho.
−Eso es bueno−repitió, esbozando una suave sonrisa. −¡Burlas a los jefes de otras aldeas! ¡Siempre has sido tan grande, Sasori no danna!
Ante el halago, que no sonó tan socarrón como de costumbre, el pelirrojo soltó una suave risa. Deidara no podía evitar soltar alguna burrada en cada una de sus conversaciones.
−Por eso te elegí como compañero.
−Te asignaron como mi compañero.
−Pero yo podría haberme negado.
−Mentira.
Deidara golpeó su hombro derecho con el puño.
−Verdad.
Su risa, suave, tentó la de Sasori, y la del mismo sólo hizo intensificar la suya. El rubio rió abiertamente por unos segundos, intentando golpear al otro con algo de dificultad. Sasori apenas dejó que lo rozara con las manos. De un momento a otro, Sasori tuvo entre sus manos los dos puños de Deidara. Se dio lentamente por vencido, y las risas cesaron. Se sentó en el césped con agilidad, y Sasori lo imitó.
Al cabo de un rato, habló:
−Sasori no danna…−musitó casi sin mirarlo.
Sasori le devolvió la mirada.
Era extraña el aura de tristeza del momento. No comprendía por qué el rubio lucía tan nostálgico, pero estaba feliz de que finalmente hubiera callado, y sonrió imperceptiblemente al percatarse del sol escondiéndose en el horizonte. Cuando lo miró, Deidara jugaba con una pequeña bola de arcilla entre sus dedos índice y pulgar.
−¿Qué?
Le gustaba el silencio de su compañero pero extrañamente necesitaba su aire quejumbroso y el palabrerío incesante que siempre era increíblemente absurdo.
−Necesito que conversemos−y a pesar de que aquello sonó como algo que diría la fémina de una pareja, y usualmente habría convencido a Sasori de hacer un comentario insulso, esta vez no le hizo gracia. Y sintió preocupación por aquello que parecía afligir tanto a Deidara, quien usualmente no era para nada así.
−¿Te sucede algo?−inquirió con el ceño medio fruncido.
−Sasori no danna…
Con dificultad podía hablar. Sentía la garganta seca, y el corazón acelerado, y un insufrible terror. ¿Cómo explicárselo? Ni siquiera podía mirarlo. ¿Era correcto decirle que podrían querer matarlo? ¿Que lo acusaban de traidor? ¿Cómo podría explicarle que él también dudaba de él? Se mordisqueó el labio inferior. No quería que pensara que ya no creía en su palabra, pero después de oír a Itachi… Se sentía confundido. No confundido porque fueran a matarlo –a pesar de que también lo afligía- sino por el hecho de que las acusaciones y sospechas podían ser ciertas, porque era natural que pensaran que podía entregarlos a Konoha. Fácilmente, si él estaba enamorado, Sakura –que era una kunoichi- podía convencerlo de que trabajara para ellos. ¿Y entonces qué? Comenzó a tener miedo. De él. De su mejor amigo.
−Te estoy escuchando−repitió, intentando hacer que hablara.
El silencio de Deidara lo abrumó. Con el ceño fruncido y una inexplicable preocupación le dio un golpe con su codo, invitándolo a continuar. El rubio seguía con los ojos fijos en su pequeña bola de arcilla. Lucía afligido y… triste. Y jamás lo había visto triste o algo por el estilo. Fue tan inusual que no tuvo idea de qué decir o pensar. ¿Qué podía sucederle? Deidara naturalmente vivía sin preocupaciones, y era hiperactivo y sonriente y… no era así.
Repentinamente se volteó y lo miró:
−Nada, olvídalo−y sonrió.
Y Sasori se sintió satisfecho.
Deidara volvió a desviar la mirada.
Simplemente no pudo decírselo.
.
.
.
¿Reviews?
.
.
.
¡Muchísimas gracias por los reviews del capítulo anterior! Vuelvo a lamentar haberme tomado tanto tiempo para publicar este capítulo, es algo corto -creo- pero de verdad espero que les guste. Tengo la impresión de que a algunos se les hizo extraña la intervención de Itachi en este asunto, pero es algo que estaba pensado desde el comienzo; ya que es desde que todos comienzan a dudar de Sasori, incluso antes de que Sakura lo curara por segunda vez, que Itachi y Deidara hacen alusión a este "encubrimiento" curiosamente desinteresado de su parte. Espero que ahora esté mejor justificado. Por otro lado, tengo que admitir que me siento muy conforme con este capítulo, con la actitud de Deidara y la de Sasori. Espero que les ocurra lo mismo. Eso es todo.
¡GRACIAS POR LEER HASTA EL FINAL!
VanessaJane: Me alegra mucho que te haya gustado el capítulo y agradezco mucho tu comprensión. Graciaspor el halago con respecto a la trama y la narración, de verdad. Estoy muy feliz de que estés conforme con ambas. La actualización ha vuelto a tomarme tiempo, pero espero que te guste. Un abrazo.
